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domingo, 20 de octubre de 2019

¿Autorizó Franco el rescate de los judíos de Budapest al diplomático Sanz Briz? 20102019

¿Autorizó Franco el rescate de los judíos de Budapest al diplomático Sanz Briz?

 
             El pasado día 8 de octubre acudí al interesantísimo simposio que sobre el Holocausto había organizado el CITMA (Centro de Investigaciones sobre Totalitarismos y Movimientos Autoritarios) en los salones de la Comisión Europea de Madrid.
             En ella participaba D. Juan Carlos Sanz Briz, hijo del gran protagonista de la proeza en la que consistió el rescate de judíos húngaros durante los tiempos del Holocausto nazi en una cantidad que él mismo fijó en 5.200, siendo ésta, efectivamente, la cifra que parece más probable y sobre la que existe el acuerdo más amplio entre los estudiosos del tema.
             La tesis defendida por D. Juan Carlos Sanz Briz fue aquélla según la cual, ante el giro que había tomado la guerra mundial, con unas tropas nazis que se enseñoreaban de la capital húngara e iniciaban en Hungría, como habían hecho ya en el resto de Europa, la campaña sistemática de exterminio de los judíos, su padre, Angel Sanz Briz, encargado ocasional de la embajada española en Budapest ante la llamada a consultas a España del embajador Muguiro, pidió instrucciones a su ministro (Asuntos Exteriores) sobre qué hacer con los numerosos judíos víctimas de las sacas nazis. Y que ante la inexistencia de respuesta, procedió motu proprio, es decir, sin instrucciones del ministerio, -en definitiva, del Régimen-, al rescate de las víctimas de aquella infame persecución.
             La versión de Juan Carlos Sanz Briz se coloca, indiscutiblemente, al abrigo de dos importantes circunstancias, igualmente convenientes cada una de ellas en los tiempos que corren.
             Por un lado, la circunstancia que llamaríamos “política”, evitando vincular la persona de su padre a la de quien de un tiempo a esta parte se ha convertido en el verdadero "satán" de la historia española, Francisco Franco, cuya figura se intenta asimilar a la de un dictadorcillo no sólo cruel, sino además incapaz, tan incapaz que ni siquiera se enteraba de lo que pasaba en sus embajadas europeas (pues por cierto, la de Budapest en la que regía D. Angel Sanz Briz no era la única en la que se estaban salvando judíos). Y todo ello a pesar de que toda la carrera diplomática de D. Angel Sanz Briz, que llegó a ser nombrado por el Régimen primer embajador de España ante la República Popular China, se desarrolló al abrigo de dicho régimen.
             Por otro lado, la circunstancia que llamaríamos “filial”, deseoso el ponente –no lo olvidemos, hijo del protagonista de los eventos- de atribuir todo el mérito de la heroica acción única y exclusivamente a su padre, desconociendo, quizás por exceso de celo, que compartir el mérito no tiene por qué reducir el bien ganado de su progenitor.
             Y todo ello estaría muy bien de no ser porque los hechos, -y lo que es peor, los hechos demostrados y probados hace ya tiempo y puestos ya negro sobre blanco- desmienten una versión, no por conveniente desde el punto de vista tanto político como filial, menos falsa de toda falsedad y absolutamente inconsistente desde el punto de vista histórico.
             Para desmentirlas debería bastar la mera constatación de que los componentes del cuerpo diplomático de los países no actúan a espaldas de los gobiernos a los que representan, primero por una cuestión de mera lógica, segundo por una cuestión de imposibilidad casi metafísica: nada es más fácil que cesar a un diplomático díscolo o poco afecto o leal. Pero por si dicha evidencia no fuera suficiente, las pruebas bien conocidas y contrastadas al día de hoy desautorizan la versión de Juan Carlos Sanz Briz hasta convertirla en ridícula, dejando en situación algo más que delicada a quien la defiende.
             Están en primer lugar esas “embarazosas” declaraciones realizadas por D. Angel Sanz Briz que recoge uno de las obras más importantes escritas hasta la fecha sobre el tema, “Franco y el Holocausto”, del Profesor Bernd Rother, miembro del Centro Moses Mendelssohn de Estudios Judíos Europeos de Potsdam e investigador en la Fundación Willy Brandt, quien, por cierto, no se declara precisamente ferviente admirador de Francisco Franco.
             Pues bien, en dicha obra y sobre el tema que nos ocupa, puede leerse que D. Angel Sanz Briz “sostuvo en 1964 que Franco, después del derrocamiento de Horthy, le había encargado a través del Ministerio de Asuntos Exteriores salvar a tantos judíos como fuese posible” (op. cit. pág 370).
             Y luego, en nota a pie de página que hace la número 39, el texto que sigue:
             "MOLHO, Isaac R. “Un hidalgo español al servicio de Dios y la Humanidad: D. Angel Sanz Briz” en Tesoro de los judíos sefardíes, VII (1964), pp. XXXII-XL, p. XXXIV”
             En su obra “En nombre de Franco” presentada en 2013, el escritor y periodista Arcadi Espada, al que pocos en España tildarían de franquista, en colaboración con Sergio Campos, nos da una pista sobre las declaraciones de D. Ángel Sanz Briz en aquella ocasión, que serían las que siguen:
             “Si para algo sirve mi narración le ruego que no la utilice dando mi nombre ya que ningún mérito tengo en ella, pues me limité a cumplir las órdenes de mi Gobierno y del General Franco” (op. cit. pag. 144).
             Alguien podría afirmar que qué iba a hacer Sanz Briz en 1964 ante un dictador “tan feroz” (aunque por otro lado tan estúpido e incapaz, según hemos visto más arriba) como Franco, -al que, sin embargo, servía como diplomático-, sino alabarle un mérito aunque no lo tuviera, cobarde actuación que dejaría, convengamos, a nuestro diplomático en una posición poco airosa, difícilmente compatible con la valerosa y arriesgada que se supone mantuvo en los difíciles días de su misión en Budapest.
             Sin embargo, no es eso todo, y al día de hoy, ni siquiera lo más importante. Porque gracias al impecable trabajo desarrollado por los mismos Arcadi Espada y Sergio Campos, hoy sabemos perfectamente que esa respuesta del Ministerio de Asuntos Exteriores, y bien al contrario de lo que, contra toda evidencia, afirma D. Juan Carlos Sanz Briz, SÍ EXISTIÓ, y fue muy clara.
             Nos lo cuentan ellos mismos en la página 92 de su libro ya citado “En nombre de Franco”, en el que podemos leer:
             “El ministro Lequerica [a la sazón ministro de Asuntos Exteriores de Franco, la nota es mía] no tardó en reaccionar, enviando precisas instrucciones tres días después a Sanz Briz. Su prosa era como una alfombra:
             “Embajador Washington a petición representante Congreso Judío Mundial ruega se extienda protección a mayor número judíos perseguidos. Sírvase V.E [es decir, Sanz Briz] informar en qué forma se puede atender a lo solicitado con mayor espíritu de benevolencia y humanidad y tratando de buscar soluciones prácticas para que la actuación de esa Legación resulte lo más eficaz posible y abarque en primer lugar a los sefarditas de nacionalidad española, en segundo lugar a los de origen español y finalmente, al mayor número posible de los demás israelitas”.
             […] Sanz Briz contestó rápidamente al ministro que en Hungría no había sefardíes y que la única fórmula de protección eficaz de los perseguidos era la de proveerlos de pasaportes españoles. El 27 de octubre el ministro autorizaba sus planes, y con entusiasmo:
             “Muy urgente. Apruebo fórmula que propone, poniendo el mayor empeño en que la protección sea eficaz y autorizándole ampliamente para hacer lo necesario para ello”.
             Corren tiempos tristes en los que la historia se escribe al albur de felices ocurrencias repetidas miles de veces y elevadas a oficiales por ley. No sería de extrañar que una nueva Ley de Memoria Histórica establezca en su articulado que la labor de salvamento de judíos de los numerosos diplomáticos en las embajadas españolas de toda Europa fue realizada a espaldas del Régimen y contra su expresa y manifiesta voluntad, castigando a cuantos intenten demostrar -y demuestren- que eso no fue así.
             Pero entretanto eso ocurre y la historia la sigan escribiendo las personas llamadas historiadores –situación que no sé cuánto tiempo puede durar ya- NO NOS QUEDA SINO ACEPTAR QUE EL VALIENTE DIPLOMATICO ESPAÑOL D. ANGEL SANZ BRIZ ACTUO CON INSTRUCCIONES MUY CLARAS, NITIDAMENTE CLARAS, DEL REGIMEN AL QUE SERVIA Y EN EL QUE, POR CIERTO, DESARROLLÓ SU ENTERA Y NO POCO BRILLANTE CARRERA.
             Intentar defender otra cosa sólo puede ser resultado de un ejercicio deliberado y obstinado de oportunismo, mala fe, mala voluntad, falsificación o desconocimiento inexcusable.
             Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

             ©L.A.
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sábado, 17 de diciembre de 2016

Carta abierta del Presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, Isaac Querub, al diputado Pablo Iglesias.16122016

Carta abierta del Presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, Isaac Querub, al diputado Pablo Iglesias.

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16 diciembre 2016
“Carta abierta del Presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, Isaac Querub, al diputado Pablo Iglesias
Madrid, 14 de diciembre de 2016
Sr. D. Pablo Iglesias Turrión
Diputado por Madrid
G.P. Podemos-En Comú Podem-En Marea (GP-EC-EM)
Congreso de los Diputados
Carrera de San Jerónimo s/n
Madrid-28014
España
Diputado Iglesias,
El motivo de esta misiva es su argumentación acerca del Holocausto vertida en el artículo “El Lector y el Holocausto. Un diálogo con mi amigo Norman Radcliffe” publicado en el blog “El Gesto de Antígona” el 28 de febrero de 2009 y que sólo ahora sale a la luz, a través del diario digital OKDIARIO.
Dice que “[…] el Holocausto era fundamentalmente una decisión administrativa, un mero problema burocrático […]” interpretando las tesis de, entre otros, Zygmunt Bauman, para defender, al final de su exposición, que “[…] no hay tanta diferencia entre los policías que eficientemente detienen migrantes en nuestras metrópolis globales y los guardias de las SS.”
El Holocausto no puede reducirse a la acción de funcionarios carentes de moral debido a la institucionalización del odio al prójimo construida por el Nazismo. El Holocausto fue un proceso perfectamente planificado por los jerarcas nazis en el cual la ausencia de conciencia del individuo y su nula moralidad jugaron un papel central y determinante en la consecución del asesinato masivo e industrial de 6 millones de judíos, programa específico conocido como Solución Final.
Tal como falló el Tribunal de Nuremberg —y en el mismo sentido el Tribunal de Jerusalén que juzgó a Adolf Eichmann— en la comisión de crímenes de guerra y contra la Humanidad, el hecho de que una persona haya actuado por orden de su gobierno o de sus superiores, bajo la cadena de mando o por obediencia debida, no le quita su responsabilidad bajo el derecho internacional, debido a que todavía tenía una opción moral.
Resulta totalmente desconcertante que usted crea que la instrumentalización legislativa y burocrática pueda convertir a un ser humano en el ejecutor del peor crimen de la historia sin más. Ni fue un problema burocrático, ni en ningún caso puede considerarse nunca como un “mero” problema. En este sentido, consideramos que sus afirmaciones son aberrantes e impropias de un representante de la soberanía popular de los españoles comprometido con la Democracia y con los Derechos Humanos.
Su pensamiento alimenta a aquellas fuerzas y movimientos que, en mayor o menor medida, intentan, con intenciones claramente totalitarias, antidemocráticas e intolerantes —y por supuesto antisemitas— vaciar de contenido y negar el Holocausto, y por tanto, debe ser rectificado públicamente.
Por ello, exigimos que aclare su posición actual al respecto.
Frente al Holocausto, a la incitación al odio y a la lucha contra el antisemitismo no cabe la ambivalencia intelectual ni los razonamientos peregrinos.
Atentamente,
Isaac Querub Caro
Presidente”
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miércoles, 2 de noviembre de 2016

No fue en sus embajadas donde más judíos salvó Franco 02112016

No fue en sus embajadas donde más judíos salvó Franco

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2 noviembre 2016

            Dado que ignorar y seguir silenciando la política del Régimen franquista hacia los judíos se había convertido ya en una labor quimérica imposible, los argumentos esgrimidos por los censores de la Memoria Histórica para seguir desvinculando al Régimen de su política de salvamento de judíos han venido siendo tres: primero, que dicho salvamento era obra personal, y hasta contraria a las directrices marcadas por su Gobierno, de los diplomáticos que trabajaban en las embajadas españolas en Europa y particularmente Hungría, Grecia, Rumanía y Bulgaria; segundo, que dicha labor de rescate de judíos se realizaba exclusivamente en las embajadas españolas y que no conoció otras manifestaciones; y tercero que la misma se realizó exclusivamente al final de la guerra Mundial, cuando ya era más que evidente que los nazis la perdían y no eran sino una suerte de brindis al sol para recabar la simpatía de las potencias que iban a ganarla, argumento que, por cierto, invalida al primero, porque o el Gobierno no había dado instrucciones de salvar judíos, a pesar de lo cual sus diplomáticos lo hacían, o bien el Gobierno había dado instrucciones de salvar judíos para congraciarse con los que ya se preveían como seguros vencedores de la contienda… pero lo uno y lo otro a la vez… Es una de las cosas más fascinantes que tiene la crítica a Franco, que admite una cosa y su contraria… ¡Si Aristóteles levantara la cabeza!

            Pues bien, suficientemente demostrada la falacia que se contiene en el primero de los argumentos, es decir, que los diplomáticos españoles actuaron a espaldas del Gobierno (pinche Vd. aquí si le interesa el tema), toca hoy desmontar también la falacia no menor que se esconde en los dos segundos. Y como siempre, para hacerlo vamos a ir a las fuentes más autorizadas sobre el tema.

            Haim Avni en su obra “España, Franco y los judíos”, la Biblia por lo que al rescate de judíos por España durante la Segunda Guerra Mundial se refiere, realiza el siguiente balance:

            “El número total de judíos salvados como consecuencia de la protección española en Hungría, Bulgaria y Rumanía fue de unos tres mil. A esta cifra hay que añadir los 235 súbditos espñaoles de Atenas que se salvaron por medio de la protección que Sebastián Romero Radigales, en nombre de España, les proporcionó de manera desinteresada. De ahí que el número máximo de judíos que protegió España, y así se salvaran quizá del Holocausto, fue de 3.235” (op. cit. pág. 172).

            De aceptar como cierta la cantidad que en sus memorias expresa el italiano Perlasca que trabaja codo a codo con Sanz Briz en la Embajada de Budapest declarando haber salvado gracias a las gestiones en esta realizada 5.200 judíos, entonces estaríamos hablando de unos 7.500 judíos salvados en las embajadas españolas. ¿Fueron éstos todos los judíos salvados gracias a las gestiones del Gobierno de Franco?

            Ni muchísimo menos. Del propio Haim Avni volvemos a recabar un balance:

            “Según los informes oficiales del American Join Distribution Comitee, se puede llegar a al conclusión de que por España pasaron entre 53.000 y 63.000 refugiados[judíos]. Sin embargo, parece que estas cifras son muy exageradas” (op. cit, pág. 88).

            Tan “exageradas” que Havni realiza una serie de consideraciones que yo les voy a ahorrar a Vds. para al final obtener su propia conclusión, que él estima más acertada:

            “De lo antes expuesto se puede calcular que se salvaron pasando por España durante la primera mitad de la guerra unos 30.000 judíos” (op. cit- pág. 89).

            Afirmación en la que invito a Vds. a anotar la fecha: “durante la primera mitad de la guerra”, es decir, hasta 1942, cuando todo apuntaba a que el seguro vencedor de la contienda sería Hitler.

            No es esto todo, porque según el propio Avni, “a partir de noviembre de 1942 y hasta la liberación de Francia en agosto de 1944, España dio asilo a todos los refugiados judíos que llegaban ilegalmente” (op. cit. pág. 122).

            Y trata de evaluar en cifras lo que es la labor rescatadora del período:

            “El número de judíos salvados por España durante 1944 puede llegar a lo sumo a 1.500, y por tanto, entre el verano de 1942 y el otoño de 1944, el máximo será de 7.500. Merecen especial mención unos 600 jóvenes y niños que el ejército judío de Toulouse pasó clandestinamente a España. 

            A lo que añade una interesante coletilla:

            “Si no se salvaron más fue por efecto de las fuerzas de la naturaleza y de los nazis que patrullaban las laderas rocosas y heladas de los Pirineos” (op. cit. pág. 122).

            Y aún una segunda no menos reveladora:

            “Sin embargo, […] la lentitud con la que se evacuó a estos refugiados judíos de España afecto al salvamento legal de los judíos” (op. cit. 122)

            ¿A qué se refiere Avni? Nos lo explica el otro gran experto en el tema, el historiador alemán Bernd Rother, autor de “Franco y el Holocausto”:

            “No se encontraron países dispuestos a acoger a estos judíos tan rápidamente como España había esperado” (op. cit. pág. 407).

            Al propio Rother debemos estas cifras que sirven para poner en contexto la labor humanitaria de la España franquista por lo que hace a los judíos. Son cifras que se refieren a las dos grandes “potencias” por lo que hace al mismo tema, Suecia y Suiza. Pues bien:

            “Suecia acogió a la mayoría de los judíos noruegos, daneses y finlandeses, en total unos 10.000. En Hungría se distribuyeron 20.000 pasaportes de protección suecos […] Suiza dio asilo a 230.000 personas durante la guerra, de los cuales 22.000 eran judíos”(op. cit. pág. 409).

            Y añade aún algo no menos significativo que puede Vd. colocar en los corchetes que he emplazado en la cita anterior:

            “Según los cálculos de los archivos estatales de Suiza, en este país se negó la entrada a un mínimo de 40.000 personas que buscaban asilo político, en su mayoría judíos” (op. cit. pág. 409)

            España pues, el Gobierno franquista de España para ser más precisos, no solo redimida como salvadora de judíos, sino convertida en el gran campeón del rescate: en un cálculo que su autor, Haim Avni presenta como deliberadamente escueto frente al que realizan otras instituciones más “generosas”, España salva 37.500 judíos a los que acoge como refugiados, a los que añadir esa cifra indeterminada que se halla entre los 3.000 y los 7500 que salva en sus cancillerías europeas. En total, un mínimo de 40.000. Suecia, según Rother, 30.000. Suiza 22.000 (1).

            Y con dos datos bien significativos. Primero, se habrían salvado más si las potencias hubieran colaborado. Y segundo, hasta un 75% de los salvados de la muerte lo son en la primera mitad de la guerra, repitámoslo, cuando todo apunta todavía a un seguro triunfo de los nazis.

            Esta es la rigorosa verdad histórica. Lo demàs es política, es manipulación y son intereses creados... pero no historia.

            Disculpen Vds. la insistencia en el tema. La mentira me subleva. Y que la repitan millones de personas haciéndose encima pasar por cultos y modernos poniendo la boca gorda para hablar, aún más. Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.


 
  1. En la misma línea de lo realizado con los diplomáticos, no faltará quién esgrima que los controladores de fronteras no trabajaron menos a espaldas del Régimen que su cuerpo diplomático, dejando pasar judíos por los Pirineos en abierta rebeldía con las instrucciones recibidas por las autoridades. ¡Vamos, que pocas veces en España ha hecho todo el mundo lo que le ha salido del ombligo como en los tiempos de Franco!



            ©L.A.
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domingo, 23 de octubre de 2016

Más sobre Franco y el Holocausto: de la película "El ángel de Budapest" 23102016


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Más sobre Franco y el Holocausto: de la película "El ángel de Budapest"

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23 octubre 2016


            Empeñado como me hallo en restablecer en lo que sea posible la verdad de este bello episodio de la reciente historia de España cual es el de la participación del Gobierno español de los años 40 en el rescate de judíos del Holocausto, hasta 35.000 como poco según los historiadores más reconocidos en el tema, he tenido ocasión de ver hace unos días la película “El ángel de Budapest”, dirigida en 2011 por Luis Oliveros y con Francis Lorenzo en el papel del diplomático español destinado en la Embajada española en Hungría, Angel Sanz Briz.

            La película, que no es sino la réplica española de “La lista de Schindler” –película, por cierto, mal traducida en su título, que debería ser “La nómina de Schidler”, puesto que esa es la acepción del inglés “list” que mejor se corresponde con su argumento-, no es una mala película. El solo hecho de que se dedique a reivindicar la figura de un español, entre banderas de España y sin hablar mal de España, ya representa un rara avis en una cinematografía española de la que lo menos que se puede decir es que es profundamente antiespañola. De hecho, de los ciento diez minutos del filme, he pasado cien muy buenos, sorprendido de una ecuanimidad a la que sólo se le pueden reprochar las no por ello menos aconsejables y siempre bien recibidas licencias cinematográficas que sirven para estimular las emociones del respetable, aunque no siempre se hayan de corresponder con la cotidiana y a menudo más aburrida, estoica o burocrática realidad histórica.

            En el minuto cien, sin embargo, más de lo mismo… los consabidos complejos, las consabidas consignas historiográficas, las consabidas manipulaciones y distorsiones… el disparate, la grosería, la ordinariez, el chiste fácil, la concesión a la galería, el buen rollito… que nunca falte nada de eso en una película española, por Dios. Y es que no hay como que salga a escena la figura del Caudillo, para que cineastas, novelistas, periodistas y poetas españoles se lo hagan en los pantalones y empiecen a soltar tonterías con la misma fruición del que se ventosea con una gastritis de las malas.

            Presenta la que es una de las últimas escenas del filme el fin de la misión de Sanz Briz en Budapest como un cese repentino, inesperado e indeseado por su protagonista, D. Angel Sanz Briz… en realidad, una especie de represalia del mismísimo Franco en persona. Cuando la realidad es que el inteligente y valiente Sr. Sanz Briz, que ni era tonto ni adolecía de instintos suicidas, no sólo no es cesado, sino que escribe varias veces a su ministro solicitando permiso para abandonar la legación española ante la inminencia de la llegada de los rusos, cuyo gobierno no sólo no aceptaba la neutralidad española, sino que miraba al Régimen de Franco con algo más que la comprensible animadversión del enemigo que ha enviado 25.000 soldados a luchar contra él.

            Si yo hubiera sido Sanz Briz, con una familia en España como tenía y una niña a la que ni siquiera conocía todavía por haber nacido mientras él estaba en Hungría, con el enemigo a las puertas de la ciudad, y sin que ello imprima la menor mácula a la impecable trayectoria, también habría urgido a mi gobierno a darme urgente permiso para abandonar el puesto: ni los héroes se inmolan si pueden evitar hacerlo. Pero es que más allá de que lo dicho se corresponda muy bien con la lógica de los hechos de la que debe partir todo buen historiador o con lo que yo mismo habría hecho, eso y no otra cosa es exactamente lo que con toda rotundidad afirman los documentos que conocemos, como bien demuestran los despachos que extraigo del interesante libro de Arcadi Espada “En nombre de Franco”. Primero el que dirige Sanz Briz al ministro de Asuntos Exteriores, su jefe natural:

            “Por haber comenzado las nevadas y ser el transporte ferrocarril prácticamente inutilizable, con riesgo personal de quedar aquí bloqueado, ruego a V.E. se sirva telegrafiar si puedo trasladarme Viena en automóvil máxima urgencia para poner a salvo mis equipajes y mi propiedad. La columna rusa que avanza desde el este se encuentra actualmente a unos 40 kilómetros de Budapest”. (op. cit. pag. 133)

            Ahora el que le envía el ministro al diplomático:

            “Ante la situación militar, queda autorizado a tomar las medidas que considere oportunas para poner a salvo archivos y efectos Legación preparándose para que si la ocasión de peligro inminente llega pueda entregar gerencia Legación a representante Suecia previa consulta a este ministerio retirándose a Viena luego” (op. cit. pág. 90).

            Abandonando, efectivamente, D. Angel Budapest el 7 de diciembre de 1944 y, por cierto, no en dirección a Viena, sino camino de Suiza.

            Como licencia cinematográfica, el abandono de la legación contra su voluntad y en cumplimiento de una orden no es inadmisible, y sirve para adornar cinematográficamente una figura que desde el punto de vista histórico se hallaba ya suficientemente adornada. A decir verdad, la Roma del cine, Hollywood, no lo habría hecho de otra manera.

            Lo que sí es inadmisible es que del recurso, hasta ahí meramente cinematográfico, se sirva el guionista para pedir perdón a los dictadores de la memoria histórica, -horrible oxímoron que ya tuve ocasión de denunciar en alguna ocasión-, que como los puntuales lectores de esta columna sobradamente conocen, pretenden convertir a Sanz Briz en una especie de francotirador contra el Gobierno de Franco, salvando judíos contra las instrucciones emanadas del mismo, cuyo titular, fiel a la perversidad de todos conocida, lo único que quería es que murieran tantos judíos como posible fuera.

            La escena a la que aludo es aquélla en la que después de haberse mostrado cómplice leal en el rescate de judíos que lleva a cabo el diplomático, el ministro de Asuntos Exteriores, -al que por cierto, nunca se menciona por su nombre, pero que es José Félix De Lequerica-, recibe una llamada telefónica del Caudillo. A éste ni siquiera se le escucha hablar en la escena, en la que apenas se ve y escucha a un contrariado y visiblemente nervioso ministro que repite maquinalmente “sí, Excelencia”, “por supuesto Excelencia”, “asumo toda la responsabilidad, Excelencia”, “no se preocupe Excelencia”, y al que su ineducado interlocutor hasta deja con la palabra en la boca, para justo en la siguiente escena, aparecer Sanz Briz recibiendo la carta que le obliga a abandonar la legación española ante el Gobierno húngaro, como si de un cese se tratara.

            El guionista actúa con una doble cobardía, porque si de un lado la sucesión de escenas que nos propone invita groseramente a interpretar el final de la misión como un cese, casi como una represalia, según ya he dicho, de Franco en persona contra el funcionario que, después de todo, ha cumplido las instrucciones recibidas al pie de la letra y con sobrada eficacia y valor, la presentación es lo suficientemente sutil como para que los documentos que hoy conocemos, -y que sin duda conoce también él, porque de no haberlo hecho no se habría mostrado tan sutil-, no le hagan quedar en ridículo, y todavía le permitan una defensa in extremis sosteniendo que el final presentado no es necesariamente el del cese.

            En fin, amigos, en estas estamos, que se le va a hacer. Pero Vds. ya saben: a hacer mucho bien y a no recibir menos. Eso no cambia. Nos vemos por aquí. Y siempre que podamos, restableciendo la verdad de los hechos históricos. Pase lo que pase, pese a quién pese, y pise a quien pise.

            Dedicado a mi primaMati.


            ©L.A.
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