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lunes, 28 de septiembre de 2020

Testimonio sobre Barrett, la juez de Trump para el Supremo: «Ella fue una respuesta a mis oraciones» 27092020

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Anunciada oficialmente su nominación: católica y madre de siete hijos

Testimonio sobre Barrett, la juez de Trump para el Supremo: «Ella fue una respuesta a mis oraciones»

Amy Coney Barrett, este sábado en la Casa Blanca, aceptando la nominación tras ser presentada por Donald Trump, quien destacó su condición de heredera intelectual del juez Antonin Scalia.
Amy Coney Barrett, este sábado en la Casa Blanca, aceptando la nominación tras ser presentada por Donald Trump, quien destacó su condición de heredera intelectual del juez Antonin Scalia.

ReL

Confirmando los pronósticos y lo que el propio presidente había dado a entender, Donald Trump anunció este sábado que propone a la juez Amy Coney Barrett, de 48 años, como magistrada del Tribunal Supremo en sustitución de Ruth Bader Ginsburg, fallecida el 18 de septiembre. 

El nombramiento deberá ser confirmado por el Senado, donde el jefe de la mayoría republicana, Mitch McConnell, se ha asegurado la mayoría suficiente para hacerlo. Si finalmente la designación se aprueba, la más alta corte estadounidense, llamada a interpretar la Constitución, constará de una sólida mayoría de 6 a 3 de jueces nombrados por presidentes republicanos, tres por Trump, todos ellos firmemente provida.

La elección de Barrett es una promesa cumplida por el actual inquilino de la Casa Blanca, quien tanto en 2016 como ha recordado a los electores que con la presidencia también está en juego la capacidad de definir durante decenios la orientación del Tribunal Supremo, dado que los cargos son vitalicios.

Amy Conney Barrett es católica y madre de siete hijos, dos de ellos adoptados. Está vinculada a un grupo carismático, donde su padre ejerce como diácono permanente. Mantiene una sólida posición provida y como jurista forma parte de la corriente originalista, como el juez Antonin Scalia (1936-2016), con quien trabajó. Defiende que la Constitución debe ser interpretada según la voluntad de quienes la hicieron, y que cambiarla, si es preciso, corresponde al poder legislativo, y no a los jueces. La interpretación contraria, que convierte a los jueces de facto en legisladores e intérpretes de la voluntad popular sin haber sido elegidos, es la que ha permitido en las últimas décadas amparar constitucionalmente el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo frente a las leyes estatales contrarias. [Pincha aquí para leer en ReL un completo perfil de la juez Barrett.]

La juez Barrett fue atacada por su fe por los senadores demócratas en 2017, durante las audiencias para su confirmación como juez federal. "El dogma vive fuertemente en usted. Y esto es algo preocupante", llegó a decirle la senadora Dianne Feinstein.

A las insinuaciones anticatólicas de Feinstein en 2017, la juez Barrett responde con contundencia que siempre ha sentenciado aplicando la ley: "Si se diera el caso de que tuviese una objeción de conciencia a la ley, recusaría, nunca impondría mis convicciones personales sobre la ley".

Y es probable que esos ataques se intensifiquen ahora, en plena campaña para las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. Eso sí, ni los medios más opuestos a su nombramiento pueden encontrar nada en su reconocido currículum académico y jurisprudencial que permita cuestionar su idoneidad.

También salen a la luz testimonios relevantes sobre su personalidad. Como el de Laura Wolk, la primera mujer ciega que trabajó como asistente en el Tribunal Supremo, coincidiendo precisamente con Barrett en el despacho de Scalia. 

Wolk ha relatado su experiencia en First Things, unas palabras que reproducimos porque definen el comportamiento personal de la virtual nueva juez del Tribunal Supremo.

Laura Wolk se licenció como abogada en la Universidad de Notre Dame.

Lo que aprendí de Amy Coney Barrett

A lo largo de la pasada semana se han publicado numerosos artículos sobre diversos aspectos del carácter de Amy Coney Barrett: la idoneidad de su designación como juez, su inteligencia como profesora y su desacomplejado compromiso con la fe católica. Pero mucho antes de considerar cualquiera de esas cualidades, yo pensaba en la juez Barrett simplemente como una respuesta a mis oraciones.

Llegué a la Universidad de Notre Dame en 2013. Como cualquier nuevo estudiante de Derecho, en mi cabeza se arremolinaban esperanzas, pensamientos, sueños y temores. Pero, a diferencia de muchos otros estudiantes, como persona completamente ciega yo necesitaba además asegurarme de que podía acceder sin ayuda de nadie a los instrumentos y las tecnologías necesarios para conseguir mis objetivos.

Lamentablemente, las cosas tuvieron un comienzo accidentado. La tecnología adaptada adquirida por la universidad, que tendría que haberme permitido competir en igualdad de condiciones con mis compañeros con visión, no llegó a tiempo. Acto seguido, en cumplimiento de la Ley de Murphy, mi ordenador portátil se estropeó, dejándome de la noche a la mañana sin forma de acceder a mis textos, tomar notas o seguir el ritmo de las clases. Necesitaba ayuda, y la necesitaba rápidamente.

Para esa ayuda me dirigí a la entonces profesora Barrett. Aunque solo la conocía desde hacía dos semanas, confiaba en que esa mujer preparada y capaz no se desentendería de mis preocupaciones y me aconsejaría sobre cómo dirigirme a la universidad para conseguir lo antes posible la tecnología adaptada que necesitaba.

Pero ella no solamente me ayudó a colocar mejor la carga sobre mis hombros: me la descargó y la asumió ella misma. Nunca olvidaré el momento en el que me miró al otro lado de la mesa de su despacho y, con tanta serenidad como naturalidad, me dijo: “Laura, éste ya no es un problema tuyo. Es mío”.

Para muchos, esto puede parecer un gesto insignificante. Después de todo, ¿qué trabajo podía suponer para un profesor de Derecho enviar unos correos electrónicos y hacer algunas llamadas? Pero, como persona discapacitada que soy, como alguien acostumbrado a la tarea, a menudo solitaria y casi siempre ingrata, de valerme por mí misma, me cogió por sorpresa. Sus palabras, más allá de lo que yo le había pedido, fueron un bálsamo para mi alma. La rara oferta bastó para impresionarme, pero la sinceridad y la convicción con la que hablaba apuntaban que no me abandonaría. Demostró, como yo sabía que iba a suceder, que es una mujer de palabra.

Cuando ya estaba en mi tercer año de tutoría, durante mi último semestre en la facultad, me encontré de nuevo ante la puerta de la oficina de la profesora Barrett. Habíamos quedado para hablar de mis incipientes planes de presentarme como asistente de un juez del Tribunal Supremo. Pero yo tenía otra noticia preocupante que compartirle. Por un reciente problema de salud, mi último semestre en la facultad lo iba a pasar, por el contrario, sufriendo múltiples cirugías oculares y recuperándome de ellas. Esto amenazaba con poner en peligro la titulación que necesitaba para perseguir mis sueños.

Pero esto suscitaba interrogantes más profundos –y mucho más importantes– sobre mi propio lugar en el mundo, el sentido del sufrimiento y cómo afrontar lo desconocido. La profesora Barrett quiso escucharlo todo. Me dejó tiempo para llorar todo lo que quise y recorrer todos los “¿Y si..?”, y me dejó quedarme hasta que de nuevo me sentí dispuesta a afrontar todos los desafíos que tenía por delante.

Conseguí sacar adelante el semestre y, por la gracia de Dios, me convertí en la primera mujer ciega asistente en el Tribunal Supremo. La cordialidad y la compasión que la juez Barrett me mostró en tantas ocasiones fluyen del mismo manantial de fe que ahora tanto le reprochan. La facilidad con la que entrega su tiempo y sus energías al servicio de los demás proviene de años amando al Señor con todo su corazón, con toda su mente, con toda su fuerza, y amando al prójimo como a sí misma. Y para una mujer joven y discapacitada como yo, luchando por encontrar mi asidero y mi lugar en este mundo, esa fe fue la que marcó la diferencia.

Traducción de Carmelo López-Arias.

jueves, 24 de septiembre de 2020

Lo que debes saber sobre Amy Barrett, posible nominada para Corte Suprema de EEUU (23092020)

 

23 de setiembre de 2020 - 4:26 PM

Lo que debes saber sobre Amy Barrett, posible nominada para Corte Suprema de EEUU

Redacción ACI Prensa


Tras el fallecimiento de la jueza de la Corte Suprema Ruth Bader Ginsburg el 18 de septiembre, se especula que el presidente Donald Trump nombraría como su reemplazo a Amy Coney Barrett, jueza católica, profesora de la Facultad de Derecho de Notre Dame y madre de siete hijos que actualmente trabaja en el Tribunal de Apelaciones del Séptimo Circuito de los Estados Unidos.

¿Quién es Amy Coney Barrett? Esto es lo que necesita saber:

Fama: La cuestionaron como profesional por su fe

Barrett se convirtió en una figura nacional en septiembre de 2017, cuando la senadora Dianne Feinstein, demócrata de California, la cuestionó sobre su fe católica durante su audiencia de confirmación.

“¿Por qué tantos de nosotros desde este lado tenemos esta sensación tan incómoda de que el dogma y la ley son dos cosas diferentes? Pienso que sea lo que sea una religión tiene su propio dogma. La ley es totalmente diferente”, dijo Feinstein.

“Pienso que en su caso, profesora, la conclusión a la que uno llega cuando se leen sus discursos es que el dogma vive fuertemente en usted. Y eso es algo preocupante”, añadió.

Poco más de dos semanas después de que Barrett fuera confirmada en la Corte de Apelaciones del Séptimo Circuito, se le añadió a la lista de posibles candidatos a la Corte Suprema del presidente Donald Trump, y se empezó a comentar que era una de las finalistas para reemplazar al juez Anthony Kennedy que se retiró del cargo en 2018.

Si bien el presidente eligió al juez Brett Kavanaugh en ese tiempo, en 2019 apareció un informe donde Trump dijo que estaba “guardando” a Barrett para ocupar una posible vacante en caso se diera el fallecimiento o el retiro de la jueza Ginsburg, miembro de mayor edad de la corte en ese año. Tras su deceso, una vez más se piensa que Barrett podría ocupar un cargo en el tribunal más alto del país.

Vida personal: Profesional destacada y familia numerosa

Barret nació en Nueva Orleans y creció como la mayor de siete hermanos, se graduó deL Rhodes College y luego recibió una beca completa para la Facultad de Derecho de Notre Dame, donde se graduó como la primera de su clase.

Fue asistente legal del juez Laurence Silberman y del juez de la Corte Suprema Antonin Scalia. Luego se dedicó a ejercer su profesión de forma privada. En 2002 regresó a la Facultad de Derecho de Notre Dame para dictar clases y en 2010 se hizo catedrática.

Desde la muerte de Ginsburg, Barrett ha sido investigada por su fe católica y el tamaño de su familia, pues la jueza católica y su esposo tienen siete hijos, de los cuales dos fueron adoptados en Haití tras el devastador terremoto de enero 2010.

Catolicismo: Asociación con People of Praise

Luego de su último nombramiento judicial, las críticas a Barrett se centraron en el tamaño de su familia y su fe católica, lo que devino en el rechazo de algunos comentaristas y la volvió una figura popular entre muchos católicos.

“Uno habría esperado que, habiéndose avergonzado de sí mismos la última vez tras arrojar su lanza sobre la jueza Barrett para atacar su religión, esta vez tuvieran más cuidado de exponer su intolerancia a la vista del público. Pero no”, dijo Robert George, profesor de la Universidad de Princeton, en Twitter.

Durante las audiencias de confirmación de Barrett, muchos se preguntaron sobre la asociación de Barrett con la organización laica People of Praise (Pueblo de alabanza).

Los medios de comunicación llamaron a People of Praise un “culto” y criticaron a la organización debido a una práctica, modificada desde ese entonces, que consistía en llamar a los líderes “cabezas” y “doncellas”, que son referencias a pasajes bíblicos.

El Arzobispo de Southwark y miembro de la organización, Mons. Peter Smith, dijo a CNA, agencia en inglés del Grupo ACI, que People of Praise fue fundada en 1971 como parte de un “gran surgimiento de ministerios laicos y movimientos laicos en la Iglesia Católica” después del Concilio Vaticano II.

El grupo inició con 29 miembros que formaron una alianza o acuerdo, no un juramento, de seguir principios comunes como dar el cinco por ciento de los ingresos anuales al grupo y reunirse regularmente para proyectos espirituales, sociales y de servicio.

Las comunidades de alianza, protestantes y católicas, surgieron en la década de 1970 como parte del movimiento de Renovación Carismática del cristianismo de Estados Unidos.

Mons. Smith aclaró que si bien la mayoría de los miembros de People of Praise son católicos, el grupo es oficialmente ecuménico; es decir, pueden unirse personas de una variedad de denominaciones cristianas. Los miembros del grupo son libres de asistir a la iglesia de su elección, incluidas diferentes parroquias católicas.

¿Qué pasará después?

El lunes 21 de septiembre, el presidente Donald Trump anunció que espera nominar al nuevo miembro de la Corte Suprema el fin de semana, luego de que se realicen los servicios conmemorativos y funerarios de la jueza Ginsburg.

El ataúd de Ginsburg permanecerá en la Corte Suprema hasta el jueves 24 y el viernes 25 será trasladado delante del pórtico del Salón Nacional de Estatuas del Capitolio de los Estados Unidos para que el público pueda verlo.

Según la tradición, los antiguos asistentes legales de Ginsburg serán los portadores honorarios del féretro, que será enterrado junto al ataúd de su esposo en una ceremonia privada en el Cementerio Nacional de Arlington.

Traducido y adaptado por Cynthia Pérez. Publicado originalmente en CNA.

Etiquetas: Estados UnidosJuecesAbogados católicosCorte SupremaDonald TrumpAmy Barrett

miércoles, 10 de junio de 2020

Se hace viral una carta del arzobispo Viganò a Trump sobre la lucha entre el bien y el mal 08062020

Se hace viral una carta del arzobispo Viganò a Trump sobre la lucha entre el bien y el mal

La carta del exnuncio en EEUU al presidente Trump se ha hecho viral.
La carta del exnuncio en EEUU al presidente Trump se ha hecho viral.
El arzobispo Carlo Maria Viganò, exnuncio en Estados Unidos y anteriormente un alto cargo en la Santa Sede y actualmente sin destino, ha escrito una carta al presidente de EEUU Donald Trump a raíz de la oleada de disturbios que se están produciendo en el país y en todo el mundo tras la muerte de una personas de raza negra durante una detención policial.
La carta –publicada en LifeSiteNews, va más allá de los hechos para centrarse en los hijos de la luz y los de la oscuridad, y la ofensiva de estos últimos en todos los ámbitos tanto de la política, la sociedad, los medios de comunicación y hasta de la propia Iglesia.
En la carta enviada al presidente de EEUU, Viganò le explica a Trump que "en un lado están aquellos a quienes, aunque llenos de defectos y debilidades, les mueve el deseo de hacer el bien, de ser honrados, de educar a una familia, de trabajar duro, contribuir a la prosperidad de su patria, ayudar a los necesitados y, obedeciendo a la Ley de Dios, merecer el Reino de los Cielos. En el otro lado están quienes se sirven a sí mismos, carecen de principios morales, quieren destruir la familia y la nación, explotar a los trabajadores para enriquecerse injustamente, fomentar las divisiones internas y las guerras, y acumular poder y dinero: a ellos, la ilusión falaz de un bienestar temporal les conducirá un día –si no se arrepienten- al destino terrible que les aguarda, lejos de Dios, en la condenación eterna.
Estos poderes ocultos de todos estos ámbitos, incluso en la Iglesia –asegura el arzobispo-"están al servicio del “deep state”, del globalismo, del pensamiento único, del Nuevo Orden Mundial al que invocan cada vez con mayor frecuencia en nombre de una fraternidad universal que no tiene nada de cristiano, sino que evoca los ideales masónicos de quienes pretenden dominar el mundo expulsando a Dios de los tribunales, de las escuelas, de las familias, quizá incluso de las iglesias".
Esta es la carta íntegra de Carlo Maria Viganò a Donald Trump:
Señor presidente:
En los últimos meses hemos sido testigos de la formación de dos bandos opuestos que denominaría “bíblicos”: los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas. Los hijos de la luz constituyen la parte más visible de la humanidad, mientras que los hijos de las tinieblas representan una absoluta minoría. Y, sin embargo, aquéllos son objeto de una especie de discriminación que los coloca en una situación de inferioridad moral respecto a sus adversarios, que gozan de posiciones estratégicas en el gobierno, en la política, en la economía y en los medios. De forma aparentemente inexplicable, los buenos están supeditados a los malos y a quienes son sus cómplices por interés o por temor.
Estos dos bandos, de naturaleza “bíblica”, responden a la clara separación entre la descendencia de la Mujer y la descendencia de la Serpiente. En un lado están aquellos que, aunque llenos de defectos y debilidades, se mueven por el deseo de hacer el bien, de ser honrados, de formar una familia, de trabajar duro, de contribuir a la prosperidad de su patria, de ayudar a los necesitados y, obedeciendo a la Ley de Dios, de merecer el Reino de los Cielos. En el otro lado están quienes se sirven a sí mismos, carecen de principios morales, quieren destruir la familia y la nación, explotar a los trabajadores para enriquecerse injustamente, fomentar las divisiones internas y las guerras y acumular poder y dinero: a ellos, la ilusión falaz de un bienestar temporal les conducirá un día –si no se arrepienten- al destino terrible que les aguarda, lejos de Dios, en la condenación eterna.
Estas dos realidades opuestas, Sr. Presidente, coexisten en la sociedad como enemigos a perpetuidad, del mismo modo que Dios y Satanás son enemigos a perpetuidad. Y da la impresión de que los hijos de las tinieblas –a quienes podemos identificar sin dificultad como el deep state al que usted sabiamente combate y que se ha lanzado en estos días a una guerra brutal contra usted- han decidido "mostrar sus cartas", revelando ahora sus planes. Parecen estar tan seguros de que ya lo tienen todo bajo control que han abandonado esa cautela con la que hasta ahora ocultaban, al menos parcialmente, sus verdaderas intenciones. Las investigaciones ya en curso desvelarán la verdadera responsabilidad de quienes manejaron la emergencia de la Covid no solo en el área sanitaria sino también en la política, la economía y los medios. Descubriremos probablemente que en esta colosal operación de ingeniería social hay personas que han decidido el destino de la humanidad arrogándose el derecho  a actuar contra la voluntad de los ciudadanos y de sus representantes en el gobierno de las naciones.
Descubriremos también que los disturbios de estos días estaban provocados por quienes, viendo que inevitablemente el virus se debilita y decae la alarma social por la pandemia, necesariamente tenían que provocar trastornos civiles para que a ellos siguiese una represión que, aunque legítima, podría condenarse como una agresión injustificada contra la población. Lo mismo está sucediendo en Europa, en perfecta sincronía. Es meridianamente claro que las protestas callejeras sirven a los propósitos de quienes buscan que en las próximas elecciones presidenciales resulte elegido alguien que asuma los objetivos del deep state y los encarne fielmente y con convicción. No será una sorpresa si, dentro de pocos meses, descubrimos de nuevo que, ocultos tras estos actos de vandalismo y violencia, están aquellos que aspiran a sacar provecho de la disolución del orden social para construir un mundo sin libertadSolve et Coagula, según enseña el lema masónico.
Aunque pueda parecer desconcertante, los mismos frentes opuestos que acabo de describir se encuentran también en círculos religiosos. Hay pastores fieles que cuidan del rebaño de Cristo, pero también hay mercenarios infieles que pretenden dispersar el rebaño y entregar a la oveja para que sea devorada por los lobos hambrientos. No es extraño que esos mercenarios sean aliados de los hijos de las tinieblas y odien a los hijos de la luz: al igual que existe un deep state, existe una deep church que traiciona sus obligaciones y  abjura de sus compromisos con Dios. Es así como el Enemigo Invisible, contra el que luchan los buenos gobernantes en los asuntos públicos, también es combatido por los buenos pastores en la esfera eclesiástica. Es una batalla espiritual, a la que me he referido en mi reciente Llamamiento publicado el 8 de mayo.
Por primera vez, Estados Unidos tiene en usted un presidente que defiende valientemente el derecho a la vida, que no se avergüenza de denunciar la persecución de los cristianos en todo el mundo, que habla de Jesucristo y del derecho de los ciudadanos a la libertad de culto. Su participación en la Marcha por la Vida, y más recientemente su proclamación del mes de abril como el Mes Nacional de Prevención del Abuso Infantil, son acciones que confirman en qué bando desea usted luchar. Y me atrevo a creer que ambos libramos esta batalla en el mismo bando, aunque con diferentes armas.
Por este motivo, creo que el ataque del que usted ha sido objeto tras su visita al Santuario Nacional de San Juan Pablo II forma parte de un “relato” orquestado por los medios que no busca combatir el racismo y restaurar el orden social, sino agudizar las tensiones; no hacer justicia, sino legitimar la violencia y el crimen; no servir a la verdad, sino favorecer a una facción política. Y resulta desconcertante que haya obispos –como aquellos a quienes recientemente denuncié- que, con sus palabras, demuestran alinearse en el bando opuesto. Están al servicio del deep state, del globalismo, del pensamiento único, del Nuevo Orden Mundial al que invocan cada vez con mayor frecuencia en nombre de una fraternidad universal que no tiene nada de cristiano, sino que evoca los ideales masónicos de quienes pretenden dominar el mundo expulsando a Dios de los tribunales de las escuelas, de las familias, quizá incluso de las iglesias.
El pueblo estadounidense es maduro y ha comprendido ahora hasta qué punto los medios de comunicación sistémicos no quieren difundir la verdad, sino silenciarla y distorsionarla, difundiendo una mentira útil para los propósitos de sus amos. Sin embargo, es importante que los buenos –que son mayoría- despierten de su modorra y rechacen que una minoría de personas deshonestas las engañe con intenciones inconfesables. Es necesario que los buenos, los hijos de la luz, se unan y hagan que su voz se escuche. ¿Qué forma más eficaz de hacerlo, Sr. Presidente, que la oración, pidiendo a Dios que le proteja a usted, a los Estados Unidos y a toda la humanidad de este gran ataque del Enemigo? Ante el poder de la oración se derrumbarán los engaños de los hijos de las tinieblas, sus conjuras serán desveladas, sus traiciones sacadas a la luz, y su temible poder se reducirá a la nada, al ser iluminado y expuesto como lo que es: un engaño infernal.
Sr. Presidente, mi oración pide constantemente por la querida nación estadounidense, a la que tuve el privilegio y el honor de ser enviado por el Papa Benedicto XVI como nuncio apostólico. En esta hora decisiva y dramática para toda la humanidad, rezo por usted y también por todos los que le acompañan en el gobierno de Estados Unidos. Confío en que el pueblo estadounidense se una a usted y a mí en oración a Dios Todopoderoso.
Unidos contra el Enemigo Invisible de toda la humanidad, bendigo a usted y a la Primera Dama, a la querida nación estadounidense y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Traducción de Carmelo López-Arias.

domingo, 15 de marzo de 2020

Presidente Trump declara un Día Nacional de Oración ante coronavirus 15032020

Presidente Trump declara un Día Nacional de Oración ante coronavirus
Donald Trump. Crédito: The White House / dominio público
Donald Trump. Crédito: The White House / dominio público
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró como Día Nacional de Oración el domingo 15 de marzo, en medio del avance en el país del coronavirus o COVID19.
“Es mi gran honor declarar el domingo 15 de marzo como Día Nacional de Oración. Somos un país que, en toda nuestra historia, ha mirado a Dios para pedir protección y fortaleza en tiempos como estos”, escribió el mandatario en su cuenta de Twitter el 13 de marzo.
“Sin importar donde estés, te aliento a ponerte en oración en un acto de fe. Juntos, fácilmente prevaleceremos”, agregó Trump.
“Para lanzar toda la fuerza del gobierno federal en este esfuerzo hoy, oficialmente declaro la emergencia nacional”, dijo el presidente en conferencia de prensa en la Casa Blanca.
El mandatario también precisó que “no se escatimará ningún esfuerzo” en la lucha contra la enfermedad.
Con la declaración de emergencia, el gobierno de Trump destina unos 50 mil millones de dólares en fondos para hacer frente al coronavirus.
Además de las diversas medidas que se tomarán en hospitales y centros de salud, Trump explicó que Google, el gigante de Internet, creará un sitio web que ayudará a las personas a decidir si deben hacerse el test para saber si tienen el coronavirus y cómo pueden adquirir la prueba.
Trump explicó además que el lunes 16 de marzo ya se tendrán disponibles medio millón de estas pruebas. A fin de mes serán en total 5 millones de tests los que estarán a disposición de los estadounidenses.

sábado, 4 de mayo de 2019

Trump garantiza a todo el personal sanitario la objeción de conciencia ante el aborto o la eutanasia 04052019

Trump garantiza a todo el personal sanitario la objeción de conciencia ante el aborto o la eutanasia

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Donald Trump anunció sus nuevas medidas provida en el Día Nacional de Oración.
Donald Trump anunció sus nuevas medidas provida en el Día Nacional de Oración.
Donald Trump ha dado un paso más en favor de la causa provida al proteger con un reglamento federal la objeción de conciencia de todo el personal sanitario en cualquier proceso relacionado con el aborto, las esterilizaciones, la eutanasia o el suicidio asistido. Teóricamente ese derecho ya estaba garantizado, pero en la práctica el acoso contra el personal provida era continuo y al Departamento de Salud llegaron por ejemplo, solamente el año pasado, 1300 quejas en ese sentido.
Por ese motivo, el secretario de Sanidad, Alex Azar (ya vinculado al departamento durante la presidencia de George Bush hijo), promulgó esta semana un detallado Estatuto de protección de los derechos de conciencia en la atención sanitaria que sistematiza las regulaciones existentes para "garantizar una firme aplicación de las leyes federales de objeción de conciencia y anti-discriminación aplicables al Departamento, a sus programas y a los beneficiarios de sus subvenciones, para delegar la responsabilidad de su aplicación y supervisión a la Oficina de Derechos Civiles" y para asegurar la "autoridad de la Oficina de Derechos Civiles para supervisar, investigar conductas y supervisar y coordinar su cumplimiento, afrontar sus violaciones y resolver las quejas".
Según explicó Roger Severino, director de la Oficina de Derechos Civiles en el Departamento de Sanidad, "la norma garantiza que los profesionales y las entidades que prestan servicios de salud no serán acosadas por el sistema sanitario por su rechazo a participar en actuaciones que violan su conciencia, entre ellas quitar la vida a personas".
Se invierte así la situación existente durante la presidencia de Barack Obama, que persiguió abiertamente a cualquier persona o institución que se negase a aplicar las políticas abortistas que caracterizaron su Administración. "Las leyes que prohíben al gobierno practicar la discriminación contra la libertad religiosa y de conciencia se cumplirán a partir de ahora como cualquier otra ley concerniente a los derechos civiles", afirmó Severino.
El mismo Trump quiso dar el máximo respaldo a esta normativa presentándola él mismo el jueves en la Casa Blanca, con motivo del Día Nacional de Oración.
"Precisamente hoy", dijo Trump, "hemos establecido nuevas protecciones para los derechos de conciencia de médicos, farmacéuticos, enfermeros, profesores, estudiantes e instituciones religiosas de caridad. Llevaban mucho tiempo esperando esto, hasta hoy. Juntos estamos construyendo una cultura que celebra la dignidad y valor de toda vida humana. Todos los niños, nacidos y no nacidos, son un regalo sagrado de Dios" (minutos 17:59-18:36).
Agradecimiento del movimiento provida
El aplauso del movimiento provida a esta nueva reglamentación ha sido general, según recoge Life News
"En este Día Nacional de Oración", afirmó Tony Perkins, presidente del Family Research Council, muchos prestadores de servicios de salud han tenido una respuesta a sus oraciones. Los profesionales sanitarios ya no se verán forzados a elegir entre sus convicciones morales y su deseo de ayudar a los pacientes".
Ashley McGuire, de The Catholic Association, celebró también que "ningún trabajador de la salud pueda ya ser obligado a escoger entre su profesión y su fe. Este principio ya estaba consagrado en numerosas leyes y reglamentaciones pero ha sido violado desde hace demasiado tiempo. Este nuevo reglamento restaura el compromiso de nuestra nación con los derechos de conciencia en los servicios de atención sanitaria".
La presidenta de National Right to LifeCarol Tobias, recordó que el gobierno de Obama "miraba hacia otro lado" cuando esos derechos eran violados: "Agradecemos al presidente Trump y a su gobierno por aplicar estas leyes y proteger a los trabajadores de los servicios de salud que se oponen a participar en la muerte de un ser humano inocente".
"Mientras algunos estados intentan ampliar el aborto hasta el momento del nacimiento, sin protección alguna de los derechos de conciencia, esta normativa subraya la seriedad de la Adminstración Trump situándose al lado de los trabajadores e instituciones provida. Agradecemos al presidente Trump y al secretario Azar por su compromiso en la lucha contra la discriminación", aplaudió Marjorie Dannenfelser, presidenta de la Susan B. Anthony List.
Jeanne Mancini, presidenta de la Marcha por la Vida, recalcó que "nadie debe ser obligado a participar en procesos que acaban con la vida, como el aborto o actividades similares que van contra sus creencias religiosas o sus convicciones morales".

jueves, 13 de diciembre de 2018

Trump, acompañado por obispos, firma la ley que reconoce el «genocidio» cristiano en Irak y Siria 12122018

Trump, acompañado por obispos, firma la ley que reconoce el «genocidio» cristiano en Irak y Siria

Trump estuvo acompañado en la firma por obispos de Irak y otros líderes religiosos y políticos
Trump estuvo acompañado en la firma por obispos de Irak y otros líderes religiosos y políticos

Donald Trump firmó este martes una importante ley a favor de los cristianos perseguidos, especialmente en Irak y Siria. Se trata de una normativa por la que Estados Unidos define oficialmente como “genocidio” los crímenes cometidos en los últimos años por grupos yihadistas contra las minorías cristianas y yazidíes en Irak y Siria.
Con la ley firmada por el presidente de Estados Unidos, el gobierno federal se compromete a brindar asistencia humanitaria a los grupos afectados por la violencia y enjuiciar a los terroristas y responsables de estas barbaridades.
Varios líderes religiosos presentes en la firma
Según recoge la agencia Fides, a la ceremonia de la firma del presidente de los Estados Unidos asistieron, entre otros, el arzobispo caldeo de Erbil Bashar Warda; el Caballero Supremo de los Caballeros de Colón, Carl Anderson; la embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede, Calista Gingrich, y el Arzobispo Timothy Broglio, Ordinario militar en los Estados Unidos de América.
La ley supone una mayor ayuda financiera de Estados Unidos para proyectos humanitarios, de estabilización y reconstrucción en favor de las minorías religiosas en Irak y Siria. La asistencia vendrá proporcionada o por el gobierno federal o mediante otras organizaciones, incluidas las de carácter eclesial y religioso.
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El presidente de Estados Unidos saluda al arzobispo católico de Erbil tras la firma de la ley
Además, la ley permite al Departamento de Estado de los EEUU realizar investigaciones criminales y arrestar a individuos identificados como presuntos miembros de los grupos yihadistas, para castigar o prevenir actos violentos contra minorías religiosas.
Una normativa con gran consenso en EEUU
El propio presidente Trump, después de firmar la nueva ley, confirmó el compromiso del gobierno de los Estados Unidos de implementar los procedimientos que comprometen a las instituciones estadounidenses a procesar a los responsables de los delitos.
La Cámara de Representantes de los Estados Unidos, el 27 de septiembre, aprobó por unanimidad el proyecto de ley, identificado con la abreviatura HR 390. Anteriormente, el Senado de los Estados Unidos también expresó su apoyo unánime a la nueva ley.
La firma de la ley por parte del presidente Trump es el resultado de la actividad de la presión ejercida durante la administración anterior por organizaciones estadounidenses como los Caballeros de Colón, Defense of Christians, el Family Research Council, la Comisión de ética y de libertad religiosa de la Convención Bautista del Sur, la Iniciativa Wilberforce del siglo XXI y el Centro para la Libertad Religiosa del Instituto Hudson.
Con motivo de la firma, los medios estadounidenses reiteraron las palabras del arzobispo caldeo Bashar Warda, que explica que “los cristianos en Irak todavía están al borde de la extinción. Por eso la HR 390 es vital para nuestra supervivencia. Su implementación debe ser completa y rápida, de lo contrario, la ayuda que se proporcione llegará demasiado tarde para nosotros”.
La Comisión de Estados Unidos sobre Libertad Religiosa Internacional (USCIRF, por sus siglas en inglés), un organismo federal y bipartidista independiente establecido por el Congreso, ha elogiado al Presidente Trump por firmar el proyecto de ley. “En este proyecto de ley también advertimos de que los responsables de estos crímenes no escaparán a la justicia”, dijo la vicepresidenta de USCIRF, Kristina Arriaga.