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domingo, 19 de julio de 2020

Torres Quevedo, el genial inventor español precursor de la informática que siempre se guió por su fe 18072020

El mando a distancia, el teleférico o los dirigibles flexibles son invención de este católico

Torres Quevedo, el genial inventor español precursor de la informática que siempre se guió por su fe

Leonardo Torres Quevedo con uno de sus exitosos diseños de dirigible flexible
Leonardo Torres Quevedo con uno de sus exitosos diseños de dirigible flexible

De arraigada fe católica, Leonardo Torres Quevedo (1852-1936) desarrolló hace 100 años el aritmómetro, el antecesor del ordenador moderno.  Hay nueve aspectos esenciales de su vida y obra, que van desde sus inventos a su fe católica, por los que conviene recordarle.
1. Pionero del campo de la robótica y la automática
Su obra titulada Ensayos sobre Automática dejaba constancia de que una nueva ciencia, la Automática, iba a revolucionar la sociedad en las siguientes décadas. En aquel trabajo describía los autómatas tal y como lo hacemos en la actualidad, con unos sentidos que hoy llamamos sensores, con unos miembros que se conocen como actuadores, con energía para ejecutar las tareas y con capacidad de discernimiento.
 Como demostración práctica del potencial de esta nueva ciencia, desarrolló el autómata ajedrecista, es decir, un robot capaz de jugar una partida de ajedrez contra una persona. La partida se disputaba, por parte del autómata, con una torre y un rey, mientras que el humano disponía de un rey. Sea cual fuera la posición de las piezas del autómata, este ganaba la partida tarde o temprano. El sistema también incluía la opción de que si la persona efectuaba un movimiento ilegal se encendía una luz roja.
torresquevedo
Leonardo Torres Quevedo fue el gran inventor de su tiempo. Este científico, que no tiene en España el reconocimiento social que se merece, patentó los teleféricos o los dirigibles flexibles, y es considerado además como el inventor del mando a distancia. Sus creaciones se consideran precursoras de la cibernética, del cálculo analógico y de la informática. Pero además, Torres Quevedo era un devoto católico, que vivió y murió amando al Señor.
Leonardo incluso se preocupó de llevar la cuenta del número de infracciones; si el humano ejecutaba tres movimientos falsos el autómata apagaba sus lámparas y colocaba sus piezas en posición de inicio. Fue la primera manifestación de inteligencia artificial en una máquina; también el antecesor de los videojuegos. Leonardo se adelantó varias décadas al futuro.
2. Diseñó el precursor del ordenador moderno
En línea con los autómatas, Leonardo desarrolló en el año 1920 su obra cumbre, el aritmómetro. Se trata de la primera calculadora digital, el antecesor del ordenador moderno. Este equipo constaba de memoria, unidad aritmética-lógica que incluía totalizador, multiplicador y comparador, y unidad de control con la que elegir el tipo de operación. Por último, una máquina de escribir hacía las veces de interfaz gráfica, ya que los datos para las operaciones se introducían mediante su teclado y los resultados se imprimían en un papel.
¿Qué tenía por dentro esta prodigiosa máquina? Pues circuitos lógicos basados en relés, es decir, elementos que combinaban la mecánica con la electricidad. Esta máquina fue la joya que coronó la carrera profesional de Leonardo.
3. Inventó el mando a distancia.
Otra de sus creaciones fue el telekino, un aparato con el que logró mover en cualquier dirección y hasta una distancia de dos kilómetros una embarcación en Bilbao, ante los atónitos ojos de una multitud de personas entre las que se encontraba el mismísimo rey de España. La prestigiosa Institution of Electrical and Electronic Engineerings (IEEE) ha reconocido que Leonardo es el inventor del mando a distancia porque, si bien existían en su época otros dispositivos para dar órdenes de forma remota, ninguno era capaz de transmitir más de un solo mandato, con lo que se conseguía un solo efecto. Leonardo podía enviar una amplia variedad de órdenes, un hito que también demostró con un triciclo que movía mediante control remoto por el frontón de Bilbao.
telekino
El telekino de Torres Quevedo abrió el camino a lo que hoy conocemos como mando a distancia
4. Revolucionó el diseño de dirigibles
Los dirigibles flexibles, tipo Zeppelin, estaban previstos de una armadura rígida de la que suspendía la barquilla y sobre la que se colocaba la cobertura para encerrar el aire. Esta armadura no permitía su plegado una vez desinflado el vehículo, lo que dificultaba la ejecución de un aterrizaje forzado en caso de romperse la cobertura. La alternativa eran los dirigibles flexibles, que se pueden plegar y transportar, pero la suspensión de la barquilla tendía a doblar el globo por el centro.
Leonardo ideó una solución intermedia que generó tal revolución tecnológica que prácticamente todos los modelos construidos a lo largo del siglo XX y XXI se basan en la patente que publicó en 1902, que posteriormente mejoró para dar lugar a una versión final. Esta consistió en suspender la barquilla con una viga interior compuesta solamente de cuerdas, con una sección triangular que determina la forma trilobulada de la envolvente cuando ésta se autorigidiza por la sobrepresión del gas en el interior.
 5. Inventó el teleférico
En 1907 Leonardo logró poner en marcha el primer teleférico de la historia en la localidad de San Sebastián, con un recorrido de 280 metros que permitía ascender el monte Ulía y que incluía un sistema de protección por el que, en caso de romperse alguno de los cables que sostenían la barca, la tensión de los restantes cables no aumentaba, evitando así el colapso del sistema. Posteriormente la empresa norteamericana Whirpool decidió contratar los servicios del ingeniero español para implantar en las cataratas del Niágara otro teleférico que todavía sigue funcionando en pleno siglo XXI, sin que haya habido un solo accidente en toda su historia.
teleferico-niagara
El conocido como Spanish Aerocar es el teleférico o aerotransbordador más antiguo en funcionamiento del mundo ubicado en las cataratas del Niágara, Ontario, que transporta pasajeros a una zona del río Niágara.
 6. Las máquinas analógicas
En 1893 publicó su Memoria sobre las Máquinas Algebraicas, en la que demostraba cómo resolver de forma mecánica ecuaciones de cualquier grado, un hecho sin precedentes. A los anteriores científicos, entre ellos el célebre Lagrange, se les había escapado la idea de que era preciso utilizar mecanismos sin fin como los discos giratorios o husillos. Estos hacían posible que las variables aumentaran o disminuyeran de forma ilimitada en ambos sentidos. Así, Leonardo consiguió incluso hacer cálculos de números complejos, resolver ecuaciones de segundo grado y también algunos tipos especiales de ecuaciones diferenciales de primer orden.
7. Destacó en el campo de las letras
Llegó a ocupar la silla de Benito Pérez Galdós en la Real Academia Española de la Lengua. Desde esta posición impulsó la compilación de un diccionario de español tecnológico, con el objetivo de unificar los términos en el campo de la ciencia en este idioma. Le motivaba su anhelo por que los pueblos de habla hispánica, a los que les une la raza y la espiritualidad, recuperaran el puesto internacional que les corresponde.
Monumento a Leonardo Torres Quevedo en Iguña - TorresQuevedo
8. Sus valores humanos
Ante los elogios de un amigo suyo por los éxitos que había cosechado, Leonardo se limitó a contestar: “Yo solo he aprendido a estudiar”. Humilde, sencillo y con una sonrisa en el rostro; así lo describen quienes le conocieron. Como anécdota, cuando le tocó presentar el autómata ajedrecista en la ciudad de Valladolid, en el púlpito dijo que lo que tenía que decir era árido y difícil y “no me perdonaría molestar a ustedes con su exposición. No obstante, quien esté verdaderamente interesado por esta máquina, puede venir esta tarde por esta misma sala y le daré cuantas explicaciones desee y solicite”.
Por otro lado, el escritor José María Cossio destaca “que participaba en las conversaciones de sus hijos y de nosotros, muchachos todos, como si le importaran verdaderamente. Jamás aludía a sus preocupaciones de inventor, ni hablaba de nada relacionado con sus inventos”. Asimismo, tenía capacidad para el disfrute de la vida. Le gustaba conversar, participar en juegos, deportes y contemplar las corridas de toros.
9. Católico hasta la médula
El auténtico motor de su vida fue su honda espiritualidad. Su hija, Valentina, le encontró una vez leyendo el catecismo con tanto interés que le dijo: “Papá, a lo mejor no comprendes del todo los misterios que la fe nos ofrece, como yo tampoco entiendo tus inventos”. Don Leonardo se quedó mirándola y respondió cariñosamente, con voz en la que vibraban la convicción y la veneración hacia las sublimes realidades con que se enfrentaba:
"¡Ay, hija, es que de Dios a mí hay una distancia infinita!"
 Valentina confesaba, años después de la muerte de su padre, que este murió como un buen cristiano, tal y como había vivido. Por ejemplo, tenía por costumbre comulgar todos los Primeros Viernes de mes, una tradición que encuentra su origen en las apariciones del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita de Alacoque. En ellas prometió una serie de gracias y bendiciones para quienes siguieran esta costumbre.
Alfonso Carrascosa, otro biógrafo suyo, también destaca la profunda fe del inventor español. Supo, a través de una entrevista a una de sus nietas, que Leonardo era “católico, apostólico y romano hasta la médula”.
Los últimos días de vida del genio coincidieron con la Guerra Civil Española. El hijo cuenta que a pesar de que caían bombas, se evacuaban barrios y los asesinatos eran frecuentes, se le administraron los sacramentos y, en varias ocasiones, repitió estas palabras: “Memento homo, quia pulvis eris et inpuvereme reverteris”. “Recuerda, hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás”.
Es una cita bíblica que se recita muy habitualmente en la Cuaresma, tiempo especial de preparación para la vida eterna del cristiano. Por muchos logros que hubiera obtenido, Leonardo sabía bien que nada material nos vamos a llevar de este mundo para el otro. Su principal tesoro era ese corazón sencillo, en comunión con Cristo, que había pulido y trabajado a lo largo de tantos años, y por supuesto todas las amistades que había cosechado fuera y dentro del laboratorio, en especial su familia, el otro gran motor de su vida.
Ignacio Del Villar es Doctor Ingeniero de Telecomunicación y profesor en la Universidad Pública de Navarra. Es autor del libro Sacerdotes y científicos.

[1] Rodríguez Alcalde, L.: «Biografía de D. Leonardo Torres Quevedo», Institución Cultural de Cantabria, 1974.
[2] González Redondo, F. A.: “Leonardo Torres Quevedo (1852-1936). El más prodigioso inventor de su tiempo”
[3] Puig Adam, P. (1953): “Torres Quevedo.- El cálculo mecánico y la automática”. Revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid XLVII, 11-47.
[4] González Redondo, F. A.: “Leonardo Torres Quevedo (1852-1936): Su contribución a la historia de la aeronáutica”, Divulgamat, 2015.
[5] González de Posada, F.; González Redondo, F. A.; Gavilán Pimentel, E.; González Cascón, A.; Trujillo. D.; Del Castillo, J.: “Leonardo Torres Quevedo y la conquista del aire, Centenario de la botadura del dirigible “Torres Quevedo”, 1907 – Guadalajara 2007”, Exposiciones.
[6] Torres-Quevedo, L.: “Ensayos sobre Automática. Su definición. Extensión teórica de sus aplicaciones”, Revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (XII), 1914, pp. 391-419.
[7] Perez-Yuste A.: “Early Developments of Wireless Remote Control: The Telekino of Torres-Quevedo”, Proceedings of the IEEE, 96(1), 2008, pp. 186-190.
[8] Torres-Quevedo, G.: “Torres Quevedo y la Automática”, Real Academia de Ciencias Físicas y Naturales de Madrid, Tomo 45, Cuaderno 1.
[9] “Torres and His Remarkable Automatic Devices”, Scientific American, 2079, 1915, pp. 296-298.
[10] Barceló, M.: “Una historia de la informática”, Barcelona, Editorial UOC, 2008.
[11] Carrascosa, A.: “Iglesia Católica y ciencia en la España del Siglo XX”, Editorial Bendita María, 2019.

domingo, 28 de julio de 2019

JÉRÔME LEJEUNE

JÉRÔME LEJEUNE

Dr. Jérôme LejeuneJérôme Lejeune nació en París en 1926. Estudió medicina y a los 32 años de edad, en 1958, publicó su descubrimiento sobre la causa del síndrome de Down, la trisomía 21. Este descubrimiento le valió ser galardonado con el prestigioso premio Kennedy en 1962.

En ese mismo año, fue designado como experto en genética humana en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en 1964 fue nombrado Director del Centro nacional de Investigaciones Científicas de Francia y en el mismo año se crea para él, en la Facultad de Medicina de la Sorbona, la primera cátedra de Genética fundamental.

El Dr. Jérôme Lejeune era reconocido por todos, tanto por su fidelidad a la Iglesia como por su excelencia como científico. Se esperaba que recibiera el Premio Nobel. Pero en 1970 se opuso firmemente al proyecto de ley de aborto terapéutico de Francia. Esto causó que cayese en desgracia ante el mundo progresista. Prefirió mantenerse en gracia ante la verdad y ante Dios: matar a un niño por estar enfermo es un asesinato. Siempre utilizó argumentos racionales fundamentados en la ciencia.

Llevó la causa pro vida a las Naciones Unidas. Se refirió a la Organización Mundial de la Salud diciendo: “he aquí una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte”. Esa misma tarde escribe a su mujer y a su hija diciendo: “Hoy me he jugado mi Premio Nobel”. Tenía razón, ya que nunca se lo dieron. No querían a un científico que se opusiera a la agenda abortista.

Lejeune también rechazó los conceptos ideológicos que se utilizan para justificar el aborto, como el de "pre-embrión".

Juan Pablo II reconoció la excelencia del Dr. Lejeune nombrándolo Presidente de la Pontificia Academia para la Vida, el 26 de febrero de 1994. Murió el 3 de abril del mismo año, un Domingo de Pascua.

Con motivo de su muerte, Juan Pablo II escribió al Cardenal Lustinger de Paris diciendo: “En su condición de científico y biólogo era una apasionado de la vida. Llegó a ser el más grande defensor de la vida, especialmente de la vida de los por nacer, tan amenazada en la sociedad contemporánea, de modo que se puede pensar en que es una amenaza programada. Lejeune asumió plenamente la particular responsabilidad del científico, dispuesto a ser signo de contradicción, sin hacer caso a las presiones de la sociedad permisiva y al ostracismo del que era víctima”.

El 22 de agosto de 1997, el Papa Juan Pablo II quiso acercarse al cementerio de Chalo-Saint-Mars, para orar ante el sepulcro del Dr. Lejeune. Cuando su esposa agradeció a Juan Pablo II ese gran gesto, el Papa le respondió: “Señora Lejeune: doy gracias a Dios por todo el bien que hizo su esposo, y por haber podido realizar hoy aquí, mi deseo de rendirle homenaje”. La sintonía con el Papa Juan Pablo II era bien conocida. El día en que Juan Pablo II sufrió un atentado, el 13 de mayo de 1981, habían almorzado juntos el Papa y el matrimonio Lejeune. Cuando la pareja regresó en avión a su país, se enteraron del atentado y el Dr. Lejeune cayó enfermo. Curiosamente, fue dado de alta el mismo día en que el Pontífice dejó el hospital.

El doctor Jérôme Lejeune fue invitado por el Senado de Francia tres años antes de su muerte, para que ofreciese su documentada opinión sobre el tema del aborto. Una de las opiniones fuertemente arraigada en dicha cámara, era la que sostenía que hay embarazos que deben ser interrumpidos, cuando los antecedentes o el pronóstico parecen ser irreversiblemente malos. Cuando se le otorgó la palabra al Dr. Lejeune, planteó un caso: "Tenemos un matrimonio en el que el marido es sifilítico terciario incurable, y además decididamente alcohólico. La mujer está desnutrida y sufre tuberculosis avanzada. El primer hijo de esa pareja muere al nacer; el segundo sobrevive, pero con serios defectos congénitos. Al tercer hijo le ocurre lo mismo y se le suma el hecho de ser infradotado mentalmente. La mujer queda embarazada por cuarta vez. ¿Qué aconsejan ustedes hacer en un caso así?". Un senador del bloque socialista manifestó categóricamente que la única solución para evitar males mayores, era practicar un "aborto terapéutico" inmediato. Lejeune hizo un largo y notorio silencio; bajó la cabeza por unos segundos en medio de su expectante mutismo; volvió a alzarla y dijo: "Señores Senadores, pónganse de pie, porque este caballero acaba de matar a Ludwig van Beethoven".

En la XIII Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida, el 25 de Febrero de 2007, se anunció la apertura de la causa de beatificación del Profesor Jerome LeJeune.

El 11 de abril de 2012, en la catedral de Notre-Dame, la diócesis de París celebrará el final de la encuesta diocesana de la causa de beatificación y canonización de Jérôme Lejeune.
ENTREVISTA
Clara Lejeune-Gaymard
En 2011, Clara Lejeune-Gaymard, hija del doctor Lejeune, concedió una entrevista a Carrie Gress, de Zenit, con motivo de de la publicación del libro "Life is a blessing: Biografía de Jérôme Lejeune", cuya autora es Clara. "Mi padre siempre dijo que un niño con Síndrome de Down es más niño que otros", dice la hija de quien fue íntimo amigo y colaborador de Juan Pablo II. Y asegura que "se gasta mucho dinero en realizar el diagnóstico y en matarlos, hasta tal punto que si pudiéramos tener sólo un 10% de este dinero para investigación,podríamos haber conseguido ya lacura". Jérôme Lejeune había comido y departido con Juan Pablo II los trazos de la Evangelium vitae el 13 de mayo de 1981, el fatídico día del atentado. A continuación, podrán leer el artículo.
- Su padre fue el renombrado científico de genética de Francia, quien viajó por el mundo dando a conocer sus numerosos descubrimientos científicos, incluyendo el origen genético del Síndrome de Down. ¿Por qué su nombre no es muy conocido por su importante trabajo?

Clare Lejeune: Es una buena pregunta.

Cuando él hizo el descubrimiento de la trisomía 21 lo podría haber llamado “Lejeune” como hacen muchos científicos cuando realizan descubrimientos. Pero él no era ese tipo de hombre y pretendía realizar dos cosas.

La primera tenía que ver con todas las cosas humillantes que se decían sobre los niños con síndrome de Down, como que la madre había tenido un mal comportamiento sexual o que su herencia familiar era mala.

Estos niños eran escondidos, especialmente en Francia o el resto de Europa. Él quiso devolver su dignidad a estos niños y a sus padres diciéndoles que estaba en su código genético y que no venía de familia ni de un mal comportamiento.

También fue la primera vez que se descubrió que una enfermedad podía venir del código genético, de manera que se abría la puerta a la medicina genética y a la comprensión de que un cromosoma podía ser la causa de una enfermedad.
Sólo seis meses antes del descubrimiento, se decía que era imposible que el código genético pudiera causar una enfermedad. Así que él consiguió la prueba de lo contrario.

Y la segunda cosa que quería era proteger a los no nacidos.
Era muy conocido en Francia y muy conocido también en la comunidad científica porque ayudó a construir la primera cátedra conocida en genética en Israel y en España y trabajó con científicos en Estados Unidos. En Francia participó siempre como columnista en la prensa sobre cuestiones genéticas.

En 1969, comenzó la campaña del aborto en Europa, Francia y Estados Unidos. Y desde que él se declaró en contra, se le cerraron todas las puertas. Ya no formó parte de la actualidad. Nadie lo quiso entrevistar cuando realizó su descubrimiento.
Creo que en 1971fue a Estados Unidos y realizó un discurso en el National Institute for Health y después de esto mandó un mensaje a mi madre diciendo: “Hoy he perdido mi Premio Nobel”. En el discurso él habló sobre el aborto, diciendo, “ustedes están transformando su instituto de salud en un instituto de muerte”. Y esto no fue bien acogido.
- El libro sobre la vida de su padre es una serie de instantáneas de la vida de su familia que ilumina no sólo el trabajo científico de su padre, también su profunda fe. ¿Qué le hizo decidir escribir sobre él con este estilo?

Clare Lejeune: Yo estaba embarazada cuando él estaba enfermo, esperando a mi sexto hijo, y durante este tiempo esperaba que él pudiese vivir los suficiente para poder conocer a mi hija. Él murió el 3 de abril y ella nació el 13 de abril, así que nunca llegó a conocer a su abuelo.
Antes de morir le pregunté si me daba permiso para escribir un libro sobre él. Aunque temía que dijese que no ya que era un hombre muy humilde, sin embargo él contestó: “Haz lo que quieras. Si quieres dar testimonio de la vida del niño con síndrome de Down, haz lo que quieras”.

Tenía claro que quería escribir algo para mi pequeña. Al principio escribí treinta hojas y cuando fuimos de vacaciones con un periodista le conté que estaba escribiendo un libro para que mi hija pudiese conocer a su abuelo. Él las leyó y me dijo que debería escribir un libro.

El modo en que quería escribirlo no era el de la biografía cronológica, sino como retratos diferentes de una persona. Hay un capítulo sobre nuestra vida en Dinamarca, uno sobre él como médico, otro como cristiano.

Cada capítulo es una pieza diferente del puzzle y al final te encuentras con el retrato de la persona entera.
- Su padre sufrió mucho en su carrera por su postura pro-vida.
¿Se basaban sus convicciones sólo en su fe o también se apoyaba en su investigación científica?

Clare Lejeune: Principalmente en que era médico, no en su fe. Cuando eres médico has jurado el Juramento Hipocrático de no hacer daño. Y él siempre decía que el respeto a la vida no tenía nada que ver con la fe, aunque, por supuesto, está en la fe el respetar la vida.

Por eso fue tan odiado por los partidarios del aborto. Era difícil luchar contra él porque sus argumentos eran de base científica.
Quiso explicar que la vida comenzaba en la concepción, él quiso contar una historia que fuese inteligible para todos, como Pulgarcito. Esta es una historia para niños o una leyenda, pero es una realidad.

Es muy raro que la humanidad haya sido capaz de contar una historia así sin saber si era verdad, porque cuando se escribió no había fotos de bebés en el útero.

La vida comienza en el mismo instante de la concepción cuando los genes de la madre y los del padre se unen para formar un nuevo ser humano que es absolutamente único.

Todo el patrimonio genético está ya allí. Es como la música de Mozart en la partitura. La vida entera está ya ahí.
A los dos meses, el embrión lo tiene todo, las manos, los ojos, el cuerpo. Es un cuerpo muy pequeño, pero después de dos meses lo único que hace es crecer. Si se pudiese coger el mismo dedo pequeño, se podría observar su huella dactilar.
Muchos investigadores mantienen distancias con aquellos cuya vida afecta a su trabajo. Su padre parecía tener un enfoque distinto. ¿Cómo era su relación con los pacientes y sus familias? 

Clare Lejeune: Cuando él se convirtió en doctor, su primer trabajo fue en un hospital donde él vio a un niño con síndrome Down.

Entonces fue cuando decidió que quería saber por qué tenían una cara especial y todo lo demás. Se podría decir que esta fue realmente su vocación. Realmente quería encontrara una manera de tratarlos y a esto dedicó su investigación.

El hizo este descubrimiento porque amaba a estos niños y a sus familias y quería ayudarles.

No fue consecuencia de este descubrimiento el querer cuidar a los niños de síndrome Down, sino que fue al revé, porque él quería cuidar a estos niños, realizó este descubrimiento. Y esto explica su relación con ellos.

Después de su muerte, su familia creó una fundación para continuar su trabajo, especialmente el de encontrar una cura para el síndrome Down. ¿Qué hace esta fundación y cómo trabaja?

Clare Lejeune: Mi padre quiso crear esta fundación cuando todavía estaba vivo, porque él sabía que tendría que retirarse y quería que su investigación continuase. Al principio fue su proyecto.

El día antes de morir, fui a verlo y me dijo que estaba muy triste por sus pacientes, porque ellos no entenderían que los había tenido que dejar. Dijo: “los estoy abandonando y ellos no van a entender porque ya no estaré con ellos nunca más”.

Yo le contesté: “Ellos lo entenderán. Lo entenderán mejor que nosotros”.

Y me dijo: “No, ellos no lo entenderán mejor, pero si más profundamente”. Y después de esto, cuando él murió, nosotros pensamos que podríamos hacer algo más por ellos.

Después de año y medio pusimos en marcha una fundación dedicada al la investigación y tratamiento no sólo del síndrome Down sino también de otros síndromes de enfermedades mentales de origen genético.

Creamos un centro en Francia de investigación genética y tenemos un comité que distribuye las ayudas a los diferentes grupos que están en todo el mundo.

Hemos fundado 60 proyectos con 32 equipos en los Estados Unidos, y estamos en proceso de comenzar una fundación en los Estados Unidos que se encargará de más investigación y tratamiento.

El tratamiento real no existe en la actualidad, ya que los investigadores están trabajando en solucionar este problema genético. El patrimonio genético de los niños es correcto, simplemente se repite como un disco rallado. Mi padre siempre decía que un niño con síndrome Down es más niño que otros; es cómo si no estuviese acabado del todo. Así que si ese gen pudiese ser silenciado el niño podría ser normal.

Y este es realmente el futuro de la medicina, reparar el código genético. Por tanto no es descabellado que podamos tratarlos algún día.

La dificultad estriba en que se gasta mucho dinero en realizar el diagnóstico y en matarlos, hasta tal punto que si pudiéramos tener sólo un 10% de este dinero para investigación, podríamos ya haber conseguido la cura.

Su padre fue amigo de Juan Pablo II, sirviendo muchos años como miembro de la Academia Pontificia de Ciencias y como el primer presidente de la Academia Pontificia para la Vida.
¿Cómo era su relación con Juan Pablo II ? 
Lejeune-Gaymard: Él no diría que fue un amigo cercano del Papa. Pero así fue en verdad.

La historia comenzó cuando fue elegido para la Academia Pontificia de Ciencias por Pablo VI, no Juan Pablo II. Pero cuando este llegó a Papa, le pidió a mi padre que acudiese allí porque quería saber todo sobre la clonación, investigación en embriones, etc...

Así que desayunaron juntos y desde entonces él le llamaba cada vez que necesitaba explicaciones particulares. Comían juntos cada seis meses.

En 1981, el 13 de mayo, mi padre comió con mi madre y con el Papa. Después cogieron un taxi para ir al aeropuerto, volaron a casa y cuando aterrizaron, se enteraron de que el Papa estaba entre la vida y la muerte porque le habían disparado. Ellos fueron los últimos con los que estuvo antes de ir a la plaza.

Mi padre, aquella tarde, sufrió unos dolores inexplicables, tanto que fue hospitalizado durante tres días. Experimentó sufrimientos similares a los del Papa y una fiebre que desembocó en piedras en el riñón.

Nunca le gustó hablar de la conexión entre su enfermedad y la del Papa, pero ésta realmente existió.

Antes de que mi padre muriese, recibió un telegrama del Papa que decía que esperaba que se encontrase mejor. Cuando él murió, el domingo de Pascua, llamamos para decirle al Papa que mi padre había muerto.

Teníamos un buen amigo, el ex ministro de justicia de Francia, que nos llamó aquel día porque al ver en la televisión, la bendición del Papa, notó que el Papa parecía muy triste. Dijo, “creo que Jerome ha muerto”.

Cuando Juan Pablo II vino a Francia en 1997, quiso visitar y rezar ante la tumba de mi padre.

En ese momento, flanqueados por muchos guardias y miembros de seguridad, nos dejaron estar presentes a nuestra familia.

Tuve que negociar para que se permitiese estar presente a personas discapacitadas, ya que mi padre no entendería que el Papa viniese sin dar permiso a sus otros niños, los discapacitados, de estar allí también.

Web católico de Javier

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Los científicos católicos del CSIC y la descentralización de la ciencia española: grandes hombres 27122017

Importantes figuras históricas del CSIC en Cataluña y Andalucía que compaginaban ciencia y fe

Los científicos católicos del CSIC y la descentralización de la ciencia española: grandes hombres

Los científicos católicos del CSIC y la descentralización de la ciencia española: grandes hombres
La historia del CSIC muestra a grandes hombres de ciencia que también lo eran de fe, también en Andalucía y Cataluña

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27 diciembre 2017
El CSIC (www.csic.es), el mayor centro de investigación pública en España, fue fundado por los católicos Ibáñez-Martín y Albareda. Hizo un esfuerzo por potenciar la ciencia también fuera de Madrid, y logró una importante descentralización con instituciones muy importantes fuera de la capital que este año 2017 han cumplido su 75 aniversario.

Sin duda la que probablemente más recibió del esfuerzo descentralizador llevado a cabo por científicos católicos del CSIC fue la comunidad autónoma catalana, donde hace ahora 75 años el CSIC creó una de sus primeras delegaciones. Esto parecen ignorarlo en el colectivo independentista 'Científicos por la República' de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), que dicen que la independencia es necesaria para separarse de España, "un país agrícola".

Solé Sabarís y la geografía española
Solé Sabarís, autoridad en investigación geográfica, formó parte del elenco descentralizador del CSIC. Amigo de los también católicos y científicos Manuel de Terán, Casas Torres y Alfredo Floristán, se  licenció en geografía y en ciencias naturales, y leyó su tesis en plena Guerra Civil en 1937, sobre el tema “Los corales fósiles del eoceno catalán”.



Fue director fundador del Instituto Jaume Almera de Investigaciones Geológicas (IJAIG) creado en 1965, hoy denominado Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera ( o Jaime Almera, www.ictja.csic.es), domiciliado en la calle Solé Sabarís de Barcelona, donde le reclutó el también católico y científico Jose Mª Albareda –del Opus Dei– y José Ibáñez Martín – de la Asociación Nacional Católica de Propagandistas- fundador con Albareda del CSIC, y con quienes aparece en la foto superior. Los orígenes de la moderna geografía española fueron, por ello, muy católicos y catalanes. Fue además maestro de Carmina Virgili (geóloga y senadora socialista) y Ernest Lluch (socialista Ministro de Sanidad y Consumo entre 1982 y 1986, asesinado por ETA en el año 2000).

Santiago Alcobé: cuando nadie estudiaba genética ni estadística
Otro científico católico catalán que impulsó la descentralización en el ámbito de la antropología fue Santiago Alcobé Noguer (1903-1977).



Fue un importante antropólogo español que ocupó la Cátedra de Antropología de la Universidad de Barcelona tras dejarla el también católico y científico Telesforo Aranzadi. Fundador de la denominada Escuela de Antropología de Barcelona, Santiago Alcobé fue Catedrático de antropología en la Universidad de Barcelona desde 1941 y rector desde 1963 hasta 1965. Director del Centro de Genética Animal y Humana del CSIC, tuvo el mérito de introducir la Genética y la Estadística en los estudios y en la investigación de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Barcelona: ninguna de estas dos materias se impartía en la licenciatura de Ciencias Naturales en aquella época, en 1941.

Antoni Prevosti: genética y evolución
Antoni Prevosti fue una autoridad en genética. Nació en Barcelona en 1919 y murió allí en 2011. Licenciado en Ciencias, Sección Naturales, en la Universidad de Barcelona, obtuvo el premio extraordinario final de carrera en 1942, cuando comenzó a colaborar con el CSIC.“Estudio del crecimiento en escolares barceloneses” fue el título de su tesis doctoral, que fue dirigida por Santiago Alcobé Noguer.



Prevosti fue el primer catedrático de genética de España, estudiante en 1955 de Cold Spring Harbor Symposia on Quantitative Biology, auténtica capital mundial de la ciencia. Es otro ejemplo de cómo la denominada Escuela Catalana de Antropología fue erigida y mantenida por científicos católicos y coordinada por la Delegación Institucional del CSIC.

En un reciente estudio publicado en 2013, Clara Florensa habla de Prevosti y sus creencias en profundidad.

Fue sensible desde 1950, cuando el Papa Pío XII dictó su encíclica Humanis Generis dando permiso a los hombres doctos para hablar de evolución, a estudiar dicha teoría desde la perspectiva de la fe católica. Prevosti fue alguien religioso, colaborador asiduo de medios, revistas, asociaciones e instituciones religiosas, que se ocupaba de la relación entre ciencia y religión.

Tomás Carreras y la delegación catalana del CSIC
Tal vez en quien más merezca la pena pararse es en el que fue artífice de este esfuerzo descentralizador que tanto benefició a los catalanes: Tomás Carreras Artau (1879-1954). Estudió religión en la escuela y llegó a ser catedrático de ética en la Universidad de Barcelona desde 1912 hasta 1949. Creó el Archivo de Etnografía y Folklore de Cataluña. Además, fue miembro de la Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona.



Junto con Jaume Serra i Húnter y Ramon Turró i Darder, fundó en el año 1923 la Sociedad Catalana de Filosofía, filial del Instituto de Estudios Catalanes. Junto con su hermano Joaquín Carreras Artau, obtuvo el premio de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, por la publicación entre 1939 y 1943 de la Historia de la filosofía española: Filosofía cristiana de los siglos XIII al XV. 

En 1946 se convirtió en el primer presidente del Instituto de Estudios Gerundenses y redactor de los Anales del Instituto de Estudios Gerundenses. Quien echara a andar la Delegación Catalana del CSIC fue, como tantos otros intelectuales catalanes no nacionalistas depurado por Companys siendo Bosch Gimpera el brazo ejecutor de tal desatino. Fue militante de la Lliga Regionalista y diputado por Gerona del Parlament catalán en 1932. Tuvo que escapar de Cataluña al inicio de la Guerra Civil por su compromiso católico y su archivo se dispersó. Dijo de él Joaquim Pla: “fue hombre de profundas convicciones religiosas, con un espíritu cristiano claro y optimista, […] una sana alegría franciscana vivificaba toda su persona, alma y semblante”.

Vicente Rodríguez Casado: los Estudios Hispanoamericanos del CSIC en Sevilla
Otra de las regiones agraciadas por el esfuerzo descentralizador de eminentes científicos católicos fue Andalucía, sumergida en 2017 en multitud de efemérides, alguna de las cuales son científicas. Se conmemora el 75º aniversario de la creación en Sevilla de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos (EEHA, www.eeha.csic.es) del CSIC. Este centro de investigación supuso un importante avance en la institucionalización de la actividad científica americanista, y también un impulso a la descentralización de la misma, algo que el CSIC se marcó como objetivo prioritario desde su creación.

La EEHA la pusieron en marcha fervientes católicos. Empezó la EEHA Vicente Rodríguez Casado (1918-1990), historiador, fundador y rector de la Universidad Hispanoamericana de Santa María de La Rábida, que era miembro del Opus Dei.



Recibió clase religión en la escuela, en el Colegio del Pilar de Madrid, de los padres marianistas. Durante la Guerra Civil pidió asilo político en la embajada de Noruega, para evitar ser asesinado en la persecución religiosa. Allí estuvo como cónsul el primer año de la Guerra Civil Félix Schlayer, autor de "Diplomat im roten Madrid" («Un diplomático en el Madrid rojo»), que cuenta su experiencia como testigo de la persecución religiosa y la guerra en el Madrid republicano. Más de 900 personas, entre ellas Rodríguez Casado, se refugiaron en los edificios del consulado noruego. (Se puede leer aquí en español).

Rodríguez Casado fue doctor en Filosofía y Letras y el 3 de junio de 1942 obtuvo por oposición la cátedra de Historia Universal Moderna y Contemporánea de la Universidad de Sevilla. Renovó los estudios históricos del siglo XVIII español sobre el reinado de Carlos III.

Calderón Quijano y Morales Padrón: más promotores de la EEHA
En 1995 murió José Antonio Calderón Quijano, otro promotor de la creación de la EEHA.En 1996 se dio su nombre a una nueva Aula inaugurada entonces con un exposición de la ingente cantidad de obras suyas, algunas publicadas durante su fecundo mandato como Director de la EEHA.

Fue entonces cuando la Dra. Lourdes Díaz-Trechuelo dio testimonio de la fe de su maestro del siguiente modo: “Quedaría incompleto este mal trazado cuadro si no hiciera referencia a su fe católica, raíz fecunda de la que brotaban sus virtudes humanas y sobrenaturales. Una fe que él vivió hasta sus últimas consecuencias, sin ningún alarde y con total sencillez”.

Añade Díaz-Trechuelo que en 1949 José Antonio Calderón obtuvo por oposición la cátedra de Historia de América de la Universidad de Barcelona, pero a los pocos meses, para el curso 1949-1950, era ya catedrático de la misma disciplina en Sevilla, donde comenzó un fecundo magisterio que sólo la muerte pudo interrumpir: al mismo tiempo que enseñaba en la Universidad tuvo en la Escuela los cargos de jefe de publicaciones y de la Biblioteca, secretario de la institución y Director de esta casa durante veintidós años


 
  Calderón Quijano (a la izquierda) y Morales Padrón (a la derecha)

Otro de los creadores de la EEHA fue Francisco Morales Padrón (1923-2010). Cuenta su discípulo Ramón María Serrera en su necrológica: “En su calidad de católico y de creyente, mi antiguo profesor y siempre amigo también se interesó –y se integró- en el sevillano mundo de las cofradías. Él ingresó en la Hermandad de las Penas de San Vicente, que también es la mía, el día 28 de marzo de 1966. Don Francisco fue siempre un hombre de Fe, un profundo creyente que supo conjugar Razón y Fe como buen intelectual. Llegó a escribir una monografía, que incluso ha sido reeditada, sobre la figura histórica de Jesús de Nazaret”.

Licenciado en Historia de América por la Universidad de Sevilla y doctor en Historia de América por la Universidad de Madrid (1952) fue catedrático de la Universidad de Sevilla en la cátedra de Historia de los Descubrimientos Geográficos entre 1958-1988 y profesor emérito de la Universidad de Sevilla desde 1989. Es autor de casi medio centenar de libros, casi todos sobre Historia de América 

López-Neyra: 75 años del Instituto de Parasitología y Biomedicina
Siguiendo con esta tarea CSIC descentralizadora de la ciencia hacia Andalucía, esta vez en el plano de la ciencia experimental, se cumplen 75 años de la fundación del Instituto  de Parasitología y Biomedicina López-Neyra (IPBLN, www.ipb.csic.es), localizado en Armilla, Granada. Es una efeméride que sorprendentemente ha pasado totalmente desapercibida y de la que apenas sí hay un logotipo que incluimos en este artículo.



El cordobés Carlos López Neyra (1885-1958) fue uno de los parasitólogos más importantes del mundo en su época. Hay quien sostiene que es el científico español más citado de todos los tiempos, por encima incluso de Santiago Ramón y Cajal. Gran experto en helmintología –ciencia dedicada a los gusanos parásitos humanos- señaló a San Isidoro de Sevilla (556-636), autor de las 'Etimologías' y patrono del CSIC, como el padre español y acaso universal de dicha disciplina.

Bautizado a los seis días en la parroquia de San Andrés, se casó en 1917 en la parroquia de San José. Destacó su humildad y sentido de la justicia, que le llevaron a ayudar a los pobres del barrio de San José de Córdoba. Aprendió a tocar piano con el organista de la Catedral de Córdoba.

En 1947 al celebrar la Facultad de Veterinaria de Córdoba el primer centenario de su creación, se le invitó a dar una conferencia que tituló “Conexiones cordobesas con la parasitología”, en la cual, al referirse a su llegada a Madrid tras quedarse huérfano de padre dijo “…bien pronto me decidí por la farmacia, y marché con mi buenísima madre y tres hermanos a Madrid, sin otros valimientos que una modestísima viudedad, y la protección divina que nunca me faltó”.

En su discurso de entrada en la Real Academia de Medicina de Granada el 24 de enero de 1948 se refirió a España como tierra de María Santísima. Cronistas de su vida tras su fallecimiento indicaron “El cumplimiento de su deber científico no le distrajo, hasta el último momento, hasta el último instante, de su deber como cristiano. Lección magistral la que ha legado a la posteridad. Todo, hasta el último momento de su permanencia entre nosotros, ha sido humilde. Lo ha sido su mortaja, sencilla sábana blanca…”.

En el libro “El profesor López-Neyra. Sabio Andaluz” (1999) Constantino M. Pleguezuelos recoge todo lo que se puede decir de López-Neyra y que está accesible también por internet. En dicha obra se afirma que la actividad de López Neyra echaba por tierra por sí sola la desacertada frase de Masson de Moviliers sobre que España no había aportado nada a la ciencia y que desencadenó la famosa polémica de la ciencia española en la que tan brillantemente intervino Menéndez Pelayo.

Los católicos y científicos fundadores del CSIC, Albareda e Ibáñez-Martín, le rindieron también sentido reconocimiento y homenaje en vida, aparte de dotarle de medios para el mantenimiento de su escuela y sus laboratorios, cuya actividad le llevaron a mantener una extraordinaria relación incluso con la Rusia de la época, donde todavía hoy se le profesa admiración.

(El autor, Alfonso V. Carrascosa, es científico del CSIC)

miércoles, 11 de octubre de 2017

¿Sabías que científicos católicos crearon los parques nacionales o promovieron la fiesta del árbol? 07102017

Repaso de la gran aportación de católicos españoles a la Ecología

¿Sabías que científicos católicos crearon los parques nacionales o promovieron la fiesta del árbol?

¿Sabías que científicos católicos crearon los parques nacionales o promovieron la fiesta del árbol?
Pedro Pidal impulsó la creación del primer parque nacional español, el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga

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7 octubre 2017
Las cosas que el Papa Francisco dice sobre el medio ambiente tienen una larguísima tradición en la Iglesia católica, que incluye a sus actuales científicos. El invento de  Lynn White Jr. en 1967 de que la Iglesia Católica es la causante de los desastres ambientales porque propagó el “…llenad la Tierra y sometedla…” – que ya es no entender nada de nada- está muy lejos de la verdad científica, al menos en España, a pesar de ser un mantra para cierto tipo de los autodenominados intelectuales progresistas, que no pierden un minuto en denunciar que  países donde se practica el ateísmo y se persigue el pensamiento occidental como China, son de los que más daño hacen al medio ambiente y menos caso a las recomendaciones de los estamentos internacionales en cuanto a respeto al medio ambiente y sostenibilidad se refiere.

Pero nada mejor que hechos concretos para situar la cuestión, porque son muchas las conexiones históricas entre la Iglesia Católica y la ciencia y, en mi opinión, de entre las más sorprendentes aquellas que tienen que ver con personas no consagradas, contemporáneas, que se han dedicado a la profesión científica al más alto nivel, y la han compaginado con su fe sin ningún problema, personas cuya religiosidad no incluye el discurso laicista, que propaga la mentira de que ciencia y fe no son compatibles, o que la Iglesia Católica es enemiga de la ciencia. Esto se incumple en los siguientes personajes.

Pedro Pidal y los parques naturales
Pedro José Pidal y Bernaldo de Quirós (1870-1941), marqués de Villaviciosa de Asturias, fue un noble español que impulsó la creación del primer parque nacional español, el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, del que se le considera fundador. Como político y jurista, fue determinante en las proposiciones de la nueva Ley sobre Parques Naturales. Era un ferviente católico.


En sus propias palabras podemos entender cómo integraba sus deseos conservacionistas con sus acendradas creencias: “Y eso es lo que significa el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, el marco excelso puesto por la Naturaleza misma al cuadro único, sin par, sublime, en que las esperanzas de la Religión se funden con los recuerdos de la H, en que el Santuario celebra sus esponsales con la Epopeya en una gruta, en que la Inmortalidad en la contemplación de la Belleza, que es la Religión, parece arrancar el Renacer o la Reconquista de España, nación descubridora y conquistadora de mundos”.

Para Pidal el conservacionismo de la naturaleza formaba parte de los valores esenciales para la salud espiritual de la nación, por lo que se refería a los parques nacionales como un "verdadero templo del Altísimo, en que se oxigenan el alma y los pulmones y se cobran alientos, fuerzas, para seguir con la vida de trabajo por las grandes urbes y por entre casas de veinte, treinta, cuarenta y hasta cincuenta pisos...".

Su epitafio
El epitafio de su tumba esta tomado del libro de Julián Delgado Úbeda sobre Covadonga y dice así:

“Enamorado del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, en él desearíamos vivir, morir y reposar eternamente, pero, esto último, en Ordiales, en el reino encantado de los rebecos y las águilas, allí donde conocí la felicidad de los Cielos y de la Tierra, allí donde pasé horas de admiración, emoción, ensueño y transporte inolvidables, allí donde adoré a Dios en sus obras como Supremo Artífice, allí donde la Naturaleza se me apareció verdaderamente como un templo”.

El mismo año 1918 se creó también el Parque Nacional de Ordesa gracias a su impulso y amor a la naturaleza. Detrás de su puesta en marcha está Pedro Pidal, católico gracias al cual disfrutamos hoy de ellos. Pero la cosa de los católicos españoles y el medio ambiente no queda aquí: los principales científicos creadores en España de la ciencia de la ecología fueron también católicos practicantes, y no ateos o materialistas o laicistas de los que siguen de rodillas consignas sin fundamento científico alguno como las de  Lynn White Jr. Ese es el caso del siguiente personaje.

Cuenta el pedagogo católico Ezequiel Solana en el primer libro dedicado a la superconocida en la actualidad Fiesta del Árbol, libro de su autoría y de título homónimo La Fiesta del Árbol (1927), que la primera vez que se celebró fue en 1805 promovida por el cura católico Ramón Vacas Roxo en Villanueva de la Sierra un martes de carnaval. Cien años después un Real Decreto de 11 de mayo de 1904 establecía la Fiesta del Árbol en España, obligando a los ayuntamientos, junto a los maestros y cura del pueblo a promocionar dicha celebración, plantando árboles en zonas húmedas, fundamentalmente por alumnos, ya que ellos serían en el futuro los mayores beneficiarios de tal actividad. Precisamente este 2017 la Fiesta del Árbol en Villanueva de la Sierra (Cáceres) ha sido declarada Bien de Interés Cultural con carácter de Bien Inmaterial en el Diario Oficial de Extremadura (DOE). Pero hay más.


Celso Arévalo fue el primer español que hizo investigación científica en ecología, y trabajó en el Museo Nacional de Ciencias Naturales del Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC), mayor organismo público de investigación española de la historia, fundado por el propagandista Ibáñez-Martín y por el miembro del Opus Dei Jose Mª Albareda,  que acabaría institucionalizando dicha disciplina con la creación del  Instituto de Edafología, Ecología y Biología Vegetal del  CSIC.

Celso Arevalo, pionero en la ecología
Celso Arévalo  nació en Ponferrada en 1885, donde pasó su infancia. Finalizó en Madrid los estudios de Ciencias Naturales con premio extraordinario de carrera, doctorándose en 1904. Cursó después Farmacia y fue pensionado para iniciarse en la investigación en la Estación Marítima de Santander. De profesor de prácticas de Zoología en Madrid, pasó a auxiliar de ciencias naturales en Zaragoza, ganando el puesto de catedrático de instituto de Mahón en 1909 y dejando así la universidad, donde por aquella época se ganaba menos.

En 1918 llegaría a Madrid, nuevamente como Catedrático del Instituto Cardenal Cisneros, y se incorporaría al Museo de Ciencias Naturales hoy del CSIC, como investigador naturalista, donde dada la valía y el prestigio del candidato se le asignó una Sección de Hidrobiología, a la que trasladó su laboratorio valenciano. Fue presidente honorario de la Real Sociedad Española de Historia Natural: sección Valencia, iniciador de la investigación en Historia de las Ciencias Naturales en España, y de la Ecología.

Profundo admirador del también católico y científico Marcelino Menéndez-Pelayo, su biógrafo Santos Casado de Otaola afirma con rotundidad que, además de pionero en la ecología, era católico convencido. Su discípulo Luis Pardo García, en su necrológica, abundaría en la misma línea al afirmar que su primera religión era la católica, y la segunda enseñar, resaltando la ejemplaridad cristiana con la que vivió su dolorosa enfermedad, y cómo innovó en las tareas pedagógicas de las ciencias naturales favoreciendo el uso de las colecciones como material de prácticas. Pero esto es sólo el principio de la saga de ecólogos catolicos españoles.

Ramón Margalef, el más importante 
Ramón Margalef (1919-2004) fue el primer catedrático de ecología de la universidad y el científico especializado en ecología más importante de la historia de España. Además fue un católico convencido, que murió santamente tras una dolorosa enfermedad. Las bases científicas del respeto al medio ambiente fueron asentadas desde España, para toda la humanidad, por este extraordinario científico en el que convivieron, de forma natural, la fe y la razón, la ciencia y la religión católica.



La condición de católico de Margalef sorprendió a algunos de sus más allegados discípulos que confesaron tras su fallecimiento desconocerla en absoluto. El Padre J. Ynaraja  que conoció a Margalef en los años 60 y mantuvo su amistad hasta su muerte, comentó que Margalef era un hombre profundamente religioso,  que se sentía sumergido en un cosmos bien proyectado, preparado para superar cualquier intento de destrucción.

Decía que a Margalef le encantaba la sabiduría de los libros sapienciales, especialmente el de Job, hasta el punto de releerlos con asiduidad. Bartomeu Margalef, uno de los cuatro hijos de Margalef, recordaba que su padre le regaló a su madre Maria Mir, de novios, La imitación de Cristo, de Tomás Kempis, uno de sus libros favoritos. Un día en un encuentro juvenil, preguntado por su fe contestaba: “Los científicos creemos más fácilmente en Dios que los intelectuales especulativos” y “como decía Einstein, Dios es misterioso pero no engaña nunca”.

Mirar la naturaleza con ojos de niño
Margalef dijo que “la ecología demanda que miremos a la naturaleza una y otra vez con ojos de niño, y no hay nada más opuesto a los ojos de un niño que un pedante”. Congruentemente con su fe y su visión del cosmos, cuando supo que su enfermedad era irreversible no aceptó ningún tratamiento agresivo para alargar su vida, al igual que haría Juan Pablo II.

En sus notas autobiográficas va a escribir: “La misma caducidad de la vida individual no hace indispensable amoldarse a las novedades que llevan los tiempos que corren y permiten contemplar con una paz de raíz metafísica quizá la manera como uno puede aproximarse a la muerte, no con ira, sino con la satisfacción de haber disfrutado de un episodio universal apasionante”. Cuando sintió cercana la propia muerte, se emocionó tanto que lloró dando gracias a Dios por la vida vivida. No tenía miedo a la muerte: la esperó con serenidad. Se despidió serenamente de todos sus familiares y les pidió que rezasen por él. Llamó al Padre Ynaraja el día antes de morir y le pidió la Unción de enfermos, algo que el Padre comentó que nunca antes le había ocurrido, quedando impresionado por su serenidad frente al trance.  A su mujer María Mir le dijo que pronto se volverían a ver, y murió una semana después.

Poco antes de morir, Margalef reclamaba un cambio de actitud en el discurso ecologista habitual – lleno de tantas idolatrías que promueve en algunos casos el crimen del aborto- formulándolo en términos autocríticos, afirmando que se había cometido una cierta perversión del término ecología según como se mirase. La ecología debería de ser un conocimiento profundo de la tierra y una toma de conciencia de la capacidad del hombre. “Si Dios nos ha puesto aquí en la Tierra, tenemos derecho a manejarla, pero hemos de hacerlo con una pizca de sentido común. Todos estos aspectos no están en el discurso ecológico habitual”.

Preguntado sobre las soluciones posibles a la crisis ecológica global, respondía: “Un cierto éxito, o al menos una cierta paz interior en relación a estos problemas, pide ver la naturaleza con reverencia o con espíritu religioso… esta actitud debe ser la base de una ética de conservación que mueva a la gente”. Sería bueno que admiradores y discípulos tuviesen muy en cuenta este consejo. Y que los católicos y hombres de buena voluntad creyesen que razón y fe no sólo son compatibles, si no hasta sinérgicas.

González Bernáldez destacó en ecología terrestre
Fernando González Bernáldez  (Salamanca, 8 de marzo de 1933 - Madrid, 16 de junio de 1992) fue otro gran científico de la ecología, catedrático universitario, ecologista…y católico practicante. En su vocación por la ecología científica tuvo mucho que ver otro católico y científico, el padre Ambrosio Fernández, experto en mariposas, con quien se carteaba con menos de veinte años: le mandaba dibujos de mariposas y el agustino las clasificaba taxonómicamente.



En 1965, siendo ya doctor en biología, consiguió plaza de científico en el CSIC, y trabajó en colaboración con Jose Mª Albareda -cofundador de dicho organismo público de investigación, el más grande de la historia de España- institucionalizador de la ecología española además de presbítero católico y miembro del Opus Dei. Se relacionaba con el más prestigioso ecólogo español de todos los tiempos, Ramón Margalef, con quien llegó a firmar en 1969 un artículo legendario sobre fitoplancton marino. En 1970 obtuvo la cátedra de ecología de la Universidad de Sevilla (fundada por la Iglesia Católica), la segunda de España después de la de Margalef en Barcelona.

Quienes le conocieron personalmente dan fe de su apasionado catolicismo. Así su compañero Miguel Moleu Andreu testimonia “…una de las cosas que llamaba inmediatamente la atención de Fernando era su profunda espiritualidad, que trascendía en su mirada, en sus gestos y en su conversación. Tenía un profundo sentimiento religioso, cosa poco frecuente en aquel tiempo entre los estudiantes destacados. No sólo era infrecuente, sino que incluso era mal visto…”. González Bernaldez empezó a hacer escuela de ecología terrestre, como Margalef la hizo de ecología marina, la conocida “escuela bernaldiana” iniciada en Sevilla. Luis Ramírez-Díaz comenta “…la semblanza de Fernando para mí podía ser la de un científico profundamente religioso…”.

Uno de los fundadores de la bioespeleología moderna
Enrique Balcells Rocamora (1922-2007) fue un científico del CSIC dedicado a la investigación en ecología. Celso Arévalo, pionero de la ecología española, y Jose Mª Albareda, su institucionalizador, compartieron con Balcells sus profundas y arraigadas convicciones religiosas, dando así muestra de que razón y fe, o ciencia y religión, conviven en perfecta armonía en quienes ambos modos de conocimiento no buscan el enfrentamiento sino la complementación.



Se licenció en Ciencias Naturales en 1943, obteniendo nota media de Notable y en el Examen de Grado Sobresaliente. En 1950 obtuvo su Doctorado en Ciencias por la Universidad de Madrid, en el que mostró su habilidad para el dibujo naturalista. Al año siguiente, tras superar un concurso-oposición, fue nombrado Colaborador Científico del CSIC. En 1951 publicó un trabajo sobre crustáceos de agua dulce con Ramón Margalef, y más tarde se especializó en zoogeografía.

Fue uno de los fundadores de la bioespeleología moderna, en parte por sus estudios de murciélagos. Jose Mª Albareda le encomendó por su ya gran prestigio la creación del Centro Pirenaico de Biología Experimental del CSIC, que fundó en Jaca en 1963. Simultaneó su actividad científica con la docente y en 1983 comenzó a dirigir el Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC), contribuyendo de manera definitiva a la institucionalización de dicha disciplina. En su nota necrológica sus autores no dejan lugar a duda cuando comentan: “Aunque él nunca lo pregonase, Balcells era un hombre religioso, por formación y por convicción, devoto católico, de misa y comunión diarias. Su posición religiosa podía considerarse próxima al Opus Dei,  congregación de la que era simpatizante…Tampoco puede decirse en modo alguno que la posición religiosa de Balcells haya tenido que ver con la elección de sus colaboradores.

Entre sus alumnos los había religiosos, agnósticos y hasta abiertamente antirreligiosos…por lo que nosotros sabemos, jamás reclutó, discriminó ni descartó a nadie por afinidad o diferencia religiosa”.

Pedro Montserrat, experto en agroecología
El profesor Pedro Montserrat Recoder, que desarrolló su carrera científica en el Instituto Pirenaico de Ecología del que fue fundador, desde el año 1968 hasta su jubilación en 1985, impulsó la investigación en ecología terrestre en España,  promovió  la agroecología y fundó el Herbario JACA. Forma parte por méritos propios del elenco de científicos católicos que introdujeron y desarrollaron en España la ciencia de la ecología.



Entusiasta de su trabajo, lo continuó hasta hace unos meses, cumplidos ya los 97 años. Recibió, entre otros, el premio  “Medioambiente de Aragón” en 1999 y fue nombrado “Sueldo Jaqués” por la ciudad de Jaca en 2007, siendo además miembro de las Reales Academias de Ciencias de Barcelona y Zaragoza. A mí me ayudó personalmente a localizar documentos que acreditasen las creencias y la arraigada fe de Ramón Margalef, del que fue amigo, y no dudó en comentarme y escribirme en sus cartas que compartía con Margalef la fe católica.

El Profesor Doctor Pedro Montserrat Recoder nació en Mataró el 8 de agosto de 1918. Estudió Ciencias Naturales en la Universidad de Barcelona durante los años difíciles de la Guerra Civil y apenas obtenida la Licenciatura (1945) se dedicó con ahínco a la Botánica.Realizaría a mediados de los 40 campañas de estudio pioneras por el Valle de Ordesa (1946) –fundado como hemos visto más arriba por su hermano en la fe, Pedro Pidal- , Sierra de Guara (1947), Soria (1948), Andorra (1947-1951), Pirineo Aragonés, la Cordillera Cantábrica, por Sanabria, Zamora (1948), y los Montes Cantábricos, 1949-1953, Menorca, etc.

En 1953 ingresó en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y a instancias del Profesor Albareda pasó varios meses en Inglaterra, donde se especializó primero en Palinología y luego en Praticultura.
José María Albareda instituyó el primer centro con la palabra ecología
Sólo nos queda hacer mención breve del farmacéutico español más importante de todos los tiempos, aragonés de pro -como lo fuera el rey español Fernando el Católico fundador de la primera institución científica de la Europa Moderna, la Casa de Contratación-, cuyo padre y hermano fueron asesinados en la Persecución Religiosa Española, y que huyó de España con san Jose María Escrivá atravesando el bosque Rialp: Jose María Albareda Herrera.



Volvió a España tras la Guerra Civil, como muchos de los que huyeron de la España Republicana –Ortega, Marañón, la Escuela de Madrid de Filosofía en pleno, Severo Ochoa y su esposa…- , y colaborando con José Ibáñez Martín, de la ACdP, montó el Consejo Superior de Investigaciones Científicas  (CSIC), mayor y más longevo organismo público de investigación científica español de todos los tiempos. Impulsó de modo irrefutable la investigación en ecología, hasta llegarla a institucionalizar por vez primera en España, fundando el primer centro de investigación en cuyo nombre se incluyó la palabra ecología, el Instituto de Edafología, Ecología y Biología Vegetal, hoy Instituto de Ciencias Agrarias del CSIC.

Escribiría páginas inolvidables sobre la armonía entre ciencia y fe, como por ejemplo la siguiente: “El conocimiento es fuente de amor. Hay un conocer en el que consiste la Vida (Juan 17, 3)… La verdad es mucho más alta y optimista de lo que quieren enseñarnos todos los pobres sistemas antropocéntricos: la verdad, fundamento de nuestra indestructible esperanza, es que por encima de todo está la omnipotencia del bien infinito. Y sólo hay un poder sobre todo poder, el de quien es Verdad y Amor”. Recomiendo a todos como regalo un libro suyo 

La información contenida en este artículo bien podría haberse titulado GUIA CATOLICA PARA VISITAR LOS ESPACIOS NATURALES DE ESPAÑA. A padres y profesores les recomiendo que cuando vayan a hacer excursiones o a visitar los emblemáticos parques nacionales, que ahora se recuerdan en una magnífica exposición en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, indiquen a sus alumnos parte al menos de lo dicho hasta aquí, para deshacer la falacia de que la ciencia es incompatible con la Iglesia Católica: en la ecología española no ha sido así.