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sábado, 9 de noviembre de 2019

México: I Congreso Latinoamericano de prevención de abusos en la Iglesia

I Congreso Latinoamericano Sobre Prevención De Abusos En La Iglesia De CEPROME © María Langarica

México: I Congreso Latinoamericano de prevención de abusos en la Iglesia

Organizado por el CEPROME
(ZENIT – 6 nov. 2019).- El I Congreso Latinoamericano sobre la prevención del abuso en la Iglesia Católica se celebra en el auditorio de la Universidad Pontificia de México del 6 al 8 de noviembre de 2019, informa la agencia católica de noticias argentina AICA.
Organizado por el Centro de investigación y formación interdisciplinar para la protección del menor (CEPROME), el congreso cuenta con el apoyo de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y el Consejo Episcopal Latinoamericano.
Además, el CEPROME está respaldado por la Universidad Pontificia de México y la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
Análisis y reflexión
El tema central se desarrollará en torno al análisis y a la reflexión en materia de infancia, prevención del abuso sexual en la Iglesia, medidas cautelares, procesos integrales de prevención y discernimiento vocacional.
El padre Daniel Portillo, director del CEPROME, subrayó que “el drama del abuso sexual de menores es un problema global que requiere justamente una solución global. De ahí que el objetivo del congreso sea generar una discusión abierta y exhaustiva para crear conciencia y movilizar acciones, para ofrecer una mejor protección de los niños, niñas y adolescentes en Latinoamérica”.
“Este primer congreso latinoamericano es un primer acercamiento entre los distintos países, con la finalidad de generar sinergias interinstitucionales, diocesanas, nacionales, que favorezcan una mayor protección en nuestro ambiente latinoamericano”, agregó el sacerdote.
Formación, prevención e intervención
El padre Portillo indicó que el congreso está especialmente dirigido a “las personas que están trabajando en el ámbito de la formación, de la prevención, de la intervención en el tema del abuso sexual infantil eclesial”.
“Está destinado a aquellas diócesis, congregaciones de nuestro continente latinoamericano que pretendan favorecer o generar una reflexión sobre una acción como esta” añadió que “el congreso nos ayuda para darnos cuenta de que la prevención es un compromiso y una responsabilidad de todos. No es una acción puramente de la jerarquía, sino que es una responsabilidad de la comunidad eclesial en la que estamos involucrados todos”.
Ponentes 
Entre los ponentes del congreso se encuentra Mons. Charles Scicluna, secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, arzobispo de Malta y uno de los mayores expertos en prevención y lucha contra los casos de abusos sexuales cometidos por miembros del clero.
También estará presente el sacerdote jesuita Hans Zollner, presidente del Centro para la Protección de Menores de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
Entre otros expositores también estarán presentes el arzobispo de Monterrey y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Mons. Rogelio Cabrera; el arzobispo de México, cardenal Carlos Aguiar Retes; y el arzobispo de Chicago, cardenal Blase Cupich.

jueves, 28 de febrero de 2019

España: La Conferencia Episcopal “no tiene autoridad” para hacer un estudio sobre los abusos 28022019

Cardenal Blázquez y Mons. Argüello en rueda de prensa © CEE
Cardenal Blázquez Y Mons. Argüello En Rueda De Prensa © CEE

España: La Conferencia Episcopal “no tiene autoridad” para hacer un estudio sobre los abusos

Declaraciones del Cardenal Blázquez
(ZENIT – 27 febrero 2019).- El Cardenal Ricardo Blázquez ofreció en la Conferencia Episcopal Española (CEE) una valoración de su participación en el Encuentro sobre ‘La Protección de los Menores en la Iglesia’, celebrado del 21 al 24 de febrero en el Vaticano, convocado por el Papa Francisco.
Blázquez se dirigió a los periodistas en el marco del término de la Comisión Permanente de la CEE, celebrada durante los días 26 y 27 de febrero. Por primera vez, Mons. Luis Argüello ha participado como secretario general, tras su elección el pasado mes de noviembre.
El Arzobispo de Valladolid describió cómo se desarrolló el Encuentro, que contó con 3 jornadas –de jueves a sábado– dedicadas a la oración, la escucha de varios testimonios de personas abusadas, las ponencias de 9 expertos y el trabajo por grupos, además de la celebración de una liturgia penitencial y de la Santa Misa, después de la cual el Papa pronunció unas palabras finales.
El Cardenal español expresó que fue “muy acertado” el haber podido escuchar a víctimas de este tipo de abusos. Algunas se presentaron personalmente –relató-, otras fueron escuchadas a través de las pantallas, en el aula nueva del Sínodo. “Varias víctimas, con una narración que a uno le resulta casi suscitadora de lágrimas”.
Escuchar con respeto
“Evidentemente cada uno lo contaba con la capacidad de sugerencia, de lo que para ellas había significado el destrozo personal, alguna, incluso llegó a decir, hasta la muerte de su fe”, comentó monseñor Blázquez.
Era “estremecedor” escuchar –declaró a la prensa– “evidentemente con un respeto inmenso, a los que nos contaban, con este atrevimiento que también se necesita para poder presentarse ante un grupo muy numeroso”. Concretamente 190 sacerdotes y religiosos participaron: 114 presidentes de conferencias episcopales, patriarcas y representantes de las iglesias católicas orientales, superiores y superioras de órdenes religiosas, miembros de la Curia Romana y del Comité Organizador.
Tabú
“Contando su historia, a veces espeluznante, padeciendo lo que ciertamente durante mucho tiempo ha sido un tabú. Se conocían cosas pero no se hablaba de ellas”, narró. “Y las víctimas han sido también víctimas de este tipo de silencio –impuesto también desde las familias– impuesto a veces de manera amenazadora por parte del que estaba abusando de estas víctimas”.
El hecho de que se hayan escuchado los testimonios de estas víctimas “a todos nosotros nos ha ayudado a que la reflexión no cayera nunca en la tentación de que fuera teórica”.
La Iglesia Católica “quiere afrontar esta cuestión” y ya “viene afrontándola desde hace unos cuantos años”, señaló Blázquez. Por ejemplo, “se citó la toma de postura del Papa Benedicto XVI, pensemos, con escándalos de este tipo, en Irlanda donde aproximadamente, 2005-2004, para acá ha sido una toma de postura operativa, también de comprensión de lo que significa el sufrimiento de este fenómeno por parte de la Iglesia”, matizó.
Estudio sobre abusos
Finalmente, preguntado por la cuestión de si la Conferencia Episcopal elaborará o encargará un estudio sobre los abusos en la Iglesia en España, a través de las diferentes diócesis, Mons. Ricardo Blázquez afirmó que “La Conferencia Episcopal no tiene autoridad sobre las diócesis para hacer este tipo de estudio. Que cada diócesis haga lo que crea oportuno”.
Del mismo modo, Blázquez aseguró que no se creará una delegación dentro de la Conferencia Episcopal para atender y acompañar a las víctimas y recordó, “las normas que enviará el Vaticano serán de obligado cumplimento” y tendrá en cuenta la asistencia a las víctimas.
No obstante, el Presidente de la CEE se mostró abierto a escuchar a las víctimas y a todas las asociaciones que las representan: “Me ofrezco humildemente para charla y acompañarnos unos a otros. Y si las asociaciones quieren hablar conmigo yo no tengo ningún problema de reunirme con ellos”, afirmó.
Formación en los seminarios
Mons. Luis Argüello, por su parte, informó de que la Conferencia Episcopal Española trabaja desde el año 2017 en la adaptación de los seminarios españoles a las directrices que ha marcado la Congregación para el Clero en la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis. El Don de la vocación presbiteral (diciembre de 2016).
Para esta adaptación, se está elaborando un nuevo Plan de formación en el que se potencia la preparación de los formadores de seminarios para reforzar el acompañamiento a los seminaristas en las dimensiones humana, espiritual, intelectual y pastoral.
También se impulsará la renovación de la formación permanente del clero. Mons. Joan Enric Vives, presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, como en anteriores reuniones, ha sido el encargado de informar sobre este trabajo.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Mons. Felipe Arizmendi: Cero tolerancia a la pederastia (27 de febrero)

El Encuentro sobre protección de menores ha reunido a representantes de todos los países © Vatican Media
El Encuentro Sobre Protección De Menores Ha Reunido A Representantes De Todos Los Países © Vatican Media

Mons. Felipe Arizmendi: Cero tolerancia a la pederastia

Celebrada la reunión sobre abusos en la Iglesia
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
VER
Ha concluido, en Roma, el encuentro de los obispos presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo, convocados por el Papa Francisco para enfrentar con más eficacia la lucha contra el abuso de menores por parte de miembros de nuestra Iglesia. He leído con detenimiento todas las intervenciones que hubo, no sólo las del Papa, de los obispos y cardenales, sino también de las víctimas y de otras personas. Mucho me llamó la atención la claridad y profundidad, así como el respeto y la competencia, de Valentina Alasraki, periodista mexicana. Todo se puede consultar en la página del vaticano: www.vatican.va
No faltan voces que digan que todo sigue igual, que son puras palabras y promesas. Siguen desconfiando, porque muchos han sufrido en carne propia no haber sido escuchados a tiempo y sostienen que sus victimarios no han sido castigados como merecen. Es explicable su postura. De todo aprendemos, para no seguir cometiendo errores del pasado. Sin embargo, no se puede decir que todo quede en palabras. Se ha avanzado mucho, aunque todavía nos falta más para que este delito desaparezca.
Se resalta también que el fenómeno no se circunscribe a clérigos de la Iglesia, sino que es bastante generalizado, aunque son pocas las víctimas que se atreven a denunciarlo. Por ello, lo que la Iglesia está haciendo, debería estimular a otras instancias a profundizar en las raíces e implementar medidas más eficaces para su justo tratamiento.
PENSAR
El Papa Francisco, en su discurso conclusivo de este encuentro mundial, entre muchas otras cosas, dijo:
“Nuestro trabajo nos ha llevado a reconocer, una vez más, que la gravedad de la plaga de los abusos sexuales a menores es por desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades.
La primera verdad que emerge de los datos disponibles es que quien comete los abusos, o sea las violencias (físicas, sexuales o emotivas) son sobre todo los padres, los parientes, los maridos de las mujeres niñas, los entrenadores y los educadores. Además, según los datos de Unicef de 2017 referidos a 28 países del mundo, 9 de cada 10 muchachas, que han tenido relaciones sexuales forzadas, declaran haber sido víctimas de una persona conocida o cercana a la familia.
Estamos ante un problema universal y transversal que desgraciadamente se verifica en casi todas partes. Debemos ser claros: la universalidad de esta plaga, a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades, no disminuye su monstruosidad dentro de la Iglesia.
La inhumanidad del fenómeno a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética. El consagrado, elegido por Dios para guiar las almas a la salvación, se deja subyugar por su fragilidad humana, o por su enfermedad, convirtiéndose en instrumento de satanás. En los abusos, nosotros vemos la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los niños. No hay explicaciones suficientes para estos abusos en contra de los niños. Humildemente y con valor debemos reconocer que estamos delante del misterio del mal, que se ensaña contra los más débiles porque son imagen de Jesús. Por eso ha crecido actualmente en la Iglesia la conciencia de que se debe no solo intentar limitar los gravísimos abusos con medidas disciplinares y procesos civiles y canónicos, sino también afrontar con decisión el fenómeno tanto dentro como fuera de la Iglesia. La Iglesia se siente llamada a combatir este mal que toca el núcleo de su misión: anunciar el Evangelio a los pequeños y protegerlos de los lobos voraces.
Quisiera reafirmar con claridad: si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso —que representa ya en sí mismo una monstruosidad—, ese caso será afrontado con la mayor seriedad.
Hoy estamos delante de una manifestación del mal, descarada, agresiva y destructiva. Detrás y dentro de esto está el espíritu del mal que en su orgullo y en su soberbia se siente el señor del mundo y piensa que ha vencido. Detrás de esto está satanás.
El objetivo de la Iglesia será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren. Por lo tanto, ha llegado la hora de colaborar juntos para erradicar dicha brutalidad del cuerpo de nuestra humanidad, adoptando todas las medidas necesarias ya en vigor a nivel internacional y a nivel eclesial” (24-II-2019).
ACTUAR
Condenemos claramente estos delitos, pero no califiquemos como pedófilos a todos los clérigos. Hay casos muy deplorables, pero la inmensa mayoría es fiel a su vocación y respeta la dignidad de los niños y de la comunidad. Si vemos algún desorden, sigamos el consejo evangélico: hablar directamente con la persona, hacerlo con testigos y, si es necesario, denunciarlo ante la comunidad y las autoridades civiles y religiosas. Y oremos al Espíritu Santo, para purificar más y más a nuestra Iglesia.

lunes, 25 de febrero de 2019

Celebrada la reunión entre Dicasterios, primera acción tras la cumbre sobre abusos en la Iglesia 25022019

Alessandro Gisotti, director ad interim de la Oficina de Prensa Vaticana © Vatican Media
Alessandro Gisotti, Director Ad Interim De La Oficina De Prensa Vaticana © Vatican Media

Celebrada la reunión entre Dicasterios, primera acción tras la cumbre sobre abusos en la Iglesia

Declaraciones de Alessandro Gisotti
(ZENIT – 25 febrero 2019). Esta mañana, el Vaticano ha acogido la celebración de una reunión interdicasterial restringida, enfocada en la lucha contra el abuso infantil. Ha sido en la Sala Bolonia del Palacio Apostólico Vaticano, desde las 9 hasta las 13 horas.
Esta reunión representa un primer efecto concreto de la Reunión sobre “La protección de los menores en la Iglesia”, que terminó ayer, ha anunciado Alessandro Gisotti, director interino de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
Medidas concretas
Han participado en el encuentro los funcionarios de la Secretaría de Estado y los Jefes de Dicasterios, que están particularmente involucrados con el tema, los miembros del Comité Organizador, y el Moderador, el padre Federico Lombardi, quienes reflexionaron sobre las reacciones a la Reunión y sobre el seguimiento.
En primer lugar, se ha resaltado el acento y, por unanimidad, de lo necesario que era este encuentro, deseado fuertemente por el Papa Francisco. Además, se dejó claro que tal evento ahora debe ser seguido por medidas concretas tan fuertemente solicitadas por el Pueblo de Dios.
En este contexto, se ilustran los principios fundamentales que inspiran los documentos y grupos de trabajo, anunciados en la conferencia de prensa concluyente de la Reunión. Se afirmó que tales iniciativas deben comunicarse de la manera más clara, oportuna y detallada posible.
Escuchar a las víctimas
En las intervenciones ofrecidas por los Jefes de los Dicasterios que han participado, quienes confirmaron su compromiso de seguir el ejemplo del Papa Francisco en la lucha contra los abusos, se puso énfasis en la necesidad de escuchar a las víctimas como el punto de partida de este compromiso.
Otros puntos destacados fueron: una mayor participación de los laicos en este frente y la necesidad de invertir en formación y prevención, haciendo uso de la realidad con una experiencia consolidada en este campo. Finalmente, se destacó que, en signo de sinodalidad y sinergia, es oportuno verificar con las reuniones, a nivel interdicasterial, el progreso del seguimiento de la Reunión.

P. Lombardi: “En el sacerdocio y en la vida religiosa no hay lugar para los que podrían dañar a los jóvenes” 25022019

Intervención del padre Lombardi © Vatican Media
Intervención Del Padre Lombardi © Vatican Media

P. Lombardi: “En el sacerdocio y en la vida religiosa no hay lugar para los que podrían dañar a los jóvenes”

Palabras del moderador en la cumbre
(ZENIT – 25 febrero 2019).- “Hemos escuchado las voces de las víctimas de los terribles delitos de abuso sexual de menores cometidos por miembros del clero. Les pedimos sinceramente perdón, así como a todos nuestros hermanos y hermanas, por lo que hemos hecho mal y por lo que no hemos hecho”, afirma el ex portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi.
“Responsabilidad, rendir cuentas y transparencia son las palabras que resonaron en estos días cuando oramos” continua el jesuita.
Esto se ha traducido en acciones concretas como:
  • Un nuevo Motu propio para la protección de personas menores y vulnerables.
  • Un vademecum para ayudar a los obispos de todo el mundo a entender claramente sus deberes y tareas.
  • Creación de grupos de trabajo de personas competentes para ayudar a las conferencias episcopales y diócesis que tienen dificultades para enfrentar los problemas y producir iniciativas para la protección de los menores.
“Regresemos a nuestras diócesis y a nuestras comunidades, dispersas por todo el mundo, con una comprensión más profunda de este terrible escándalo y de las heridas que causa en las víctimas y en todo el pueblo de Dios” dijo el moderador del encuentro.
A continuación le ofrecemos la declaración íntegra del padre Federico Lombardi:
***
Declaración de Federico Lombardi
Hemos escuchado las voces de las víctimas de los terribles delitos de abuso sexual de menores cometidos por miembros del clero. Les pedimos sinceramente perdón, así como a todos nuestros hermanos y hermanas, por lo que hemos hecho mal y por lo que no hemos hecho.
Regresemos a nuestras diócesis y a nuestras comunidades, dispersas por todo el mundo, con una comprensión más profunda de este terrible escándalo y de las heridas que causa en las víctimas y en todo el pueblo de Dios. Recordemos las palabras que San Juan Pablo II dijo en 2002  que siguen siendo muy actuales y expresa nuestro compromiso: “La gente debe saber que en el sacerdocio y en la vida religiosa no hay lugar para aquellos que podrían dañar a los jóvenes”. Queremos que todas las actividades pastorales de la Iglesia Católica y los lugares donde se practican sean completamente seguros para los menores, por el respeto de su dignidad , de su crecimiento humano y espiritual.
Responsabilidad, rendir cuentas y transparencia son las palabras que resonaron en estos días cuando oramos, reflexionamos e intercambiamos nuestras experiencias bajo la guía del Santo Padre Francisco y que estamos comprometidos a traducir en acciones concretas. El espíritu de colegialidad y el camino sinodal de la comunidad eclesial nos brindarán el apoyo y el estímulo que necesitamos para continuar superando las tendencias de ocultamiento y privilegiando a la institución en relación con las personas a las que debe servir, obteniendo una renovación espiritual y estructurales, necesarios para erradicar de la Iglesia toda forma de abuso, no solo sexual, sino también de poder y conciencia.
Confiamos en que esta reunión pronto será seguida por iniciativas concretas. Entre ellas se encuentran:
Un nuevo Motu Proprio del Papa “sobre la protección de menores y personas vulnerables”, para fortalecer la prevención y la lucha contra los abusos en la Curia Romana y en el Estado de la Ciudad del Vaticano. Acompañará una nueva ley del Estado de la Ciudad del Vaticano y las Directrices para el Vicariato de la Ciudad del Vaticano sobre el mismo tema.
La publicación por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe de un vademecum que ayudará a los obispos del mundo a comprender claramente sus deberes y sus tareas.
Además, en el espíritu de la comunión de la Iglesia universal, el Papa expresó su intención de favorecer la creación de grupos de trabajo de personas competentes para ayudar a las conferencias episcopales y las diócesis que se encuentran en dificultades para enfrentar problemas e implementar iniciativas para la Protección de menores.
El lunes 25 de febrero, el comité organizador se reunirá con los líderes de la Curia Romana que asistieron a la reunión, a fin de preparar el trabajo necesario para seguir, de acuerdo con el deseo del Santo Padre, los propósitos e ideas desarrollados en últimos días.
Estos primeros pasos, señales de aliento, nos acompañarán en nuestra misión de proclamar el Evangelio y servir a todos los niños del mundo, sintiéndose en solidaridad con todas las personas de buena voluntad que quieren abolir todas las formas de violencia y abuso contra los menores.

domingo, 24 de febrero de 2019

Encuentro de Protección de Menores: El Papa expone 8 dimensiones para combatir los abusos en la Iglesia (Discurso íntegro del Papa Francisco) 24022019

Discurso final del Papa en el Encuentro sobe Protección de Menores © Vatican Media
Discurso Final Del Papa En El Encuentro Sobe Protección De Menores © Vatican Media

Encuentro de Protección de Menores: El Papa expone 8 dimensiones para combatir los abusos en la Iglesia

Discurso íntegro del Papa Francisco
(ZENIT – 24 febrero 2019).- El Papa Francisco ha pronunciado un discurso conclusivo al final del Encuentro sobre ‘La Protección de los Menores en la Iglesia’, celebrado en el Vaticano del 21 al 24 de febrero de 2019, presidido por él mismo y celebrado junto a 190 representantes de la Iglesia Católica: Los Presidentes de las Conferencias Episcopales, Superiores y Superioras Religiosos, Líderes de las Iglesias Orientales, miembros de la Curia y del Comité Organizador del Encuentro.
En su discurso, el Papa concluye que el mal de los abusos un “problema universal y transversal” que desgraciadamente “se verifica en casi todas partes”. Sin embargo, reitera que “La universalidad de esta plaga, a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades, no disminuye su monstruosidad dentro de la Iglesia”.
8 dimensiones
Así, el Pontífice ha propuesto 8 espacios de trabajo para combatir los abusos en la Iglesia, en su itinerario legislativo, y gracias al trabajo de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores y a la aportación de este encuentro. El Santo Padre se ha servido de la siete estrategias para erradicar la violencia contra los menores, las Best Practices formuladas, bajo la dirección de la Organización Mundial de la Salud, por un grupo de 10 agencias internacionales, llamadas INSPIRE. 
  1. La protección de los menores: el objetivo principal de cualquier medida es el de proteger alos menores e impedir que sean víctimas de cualquier abuso psicológico y físico. Por lo tanto, es necesario cambiar la mentalidad para combatir la actitud defensiva-reaccionaria de salvaguardar la Institución, en beneficio de una búsqueda sincera y decisiva del bien de la comunidad, dando prioridad a las víctimas de los abusos en todos los sentidos.
  2. Seriedad impecable: deseo reiterar ahora que «la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso».
  3. Una verdadera purificación: a pesar de las medidas adoptadas y los progresos realizados en materia de prevención de los abusos, se necesita imponer un renovado y perenne empeño hacia la santidad en los pastores, cuya configuración con Cristo Buen Pastor es un derecho del pueblo de Dios.
  4. La formación: es decir, la exigencia de la selección y de la formación de los candidatos al sacerdocio con criterios no solo negativos, preocupados principalmente por excluir a las personas problemáticas, sino también positivos para ofrecer un camino de formación equilibrado a los candidatos idóneos, orientado a la santidad y en el que se contemple la virtud de la castidad.
  5. Reforzar y verificar las directrices de las Conferencias Episcopales: es decir, reafirmar la exigencia de la unidad de los obispos en la aplicación de parámetros que tengan valor de normas y no solo de orientación.
  6. Acompañar a las personas abusadas: El mal que vivieron deja en ellos heridas indelebles que se manifiestan en rencor y tendencia a la autodestrucción. La escucha sana al herido, y nos sana también a nosotros mismos del egoísmo, de la distancia, del “no me corresponde”, de la actitud del sacerdote y del levita de la parábola del Buen Samaritano.
  7. El mundo digital: la protección de los menores debe tener en cuenta las nuevas formas de abuso sexual y de abusos de todo tipo que los amenazan en los ambientes en donde viven y a través de los nuevos instrumentos que usan. (…) Los seminaristas, sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes pastorales; todos deben tomar conciencia de que el mundo digital y el uso de sus instrumentos incide a menudo más profundamente de lo que se piensa.
  8. El turismo sexual: la conducta, la mirada, la actitud de los discípulos y de los servidores deJesús han de saber reconocer la imagen de Dios en cada criatura humana, comenzando por los más inocentes.
Sigue el discurso íntegro del Papa Francisco, pronunciado al final de la Misa, celebrada esta mañana, domingo 24 de febrero de 2019:
***
Discurso del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas:
En la acción de gracias al Señor, que nos ha acompañado en estos días, quisiera agradeceros también a vosotros por el espíritu eclesial y el compromiso concreto que habéis demostrado con tanta generosidad.
Nuestro trabajo nos ha llevado a reconocer, una vez más, que la gravedad de la plaga de los abusos sexuales a menores es por desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades. Solo de manera relativamente reciente ha sido objeto de estudios sistemáticos, gracias a un cambio de sensibilidad de la opinión pública sobre un problema que antes se consideraba un tabú, es decir, que todos sabían de su existencia, pero del que nadie hablaba. Esto también me trae a la mente la cruel práctica religiosa, difundida en el pasado en algunas culturas, de ofrecer seres humanos —frecuentemente niños— como sacrificio en los ritos paganos. Sin embargo, todavía en la actualidad las estadísticas disponibles sobre los abusos sexuales a menores, publicadas por varias organizaciones y organismos nacionales e internacionales (OmsUnicefInterpolEuropol y otros), no muestran la verdadera entidad del fenómeno, con frecuencia subestimado, principalmente porque muchos casos de abusos sexuales a menores no son denunciados,[1] en particular aquellos numerosísimos que se cometen en el ámbito familiar.
De hecho, muy raramente las víctimas confían y buscan ayuda.[2]Detrás de esta reticencia puede estar la vergüenza, la confusión, el miedo a la venganza, los sentimientos de culpa, la desconfianza en las instituciones, los condicionamientos culturales y sociales, pero también la desinformación sobre los servicios y las estructuras que pueden ayudar. Desgraciadamente, la angustia lleva a la amargura, incluso al suicidio, o a veces a vengarse haciendo lo mismo. Lo único cierto es que millones de niños del mundo son víctimas de la explotación y de abusos sexuales.
Sería importante presentar los datos generales —en mi opinión siempre parciales— a escala mundial,[3]después europeo, asiático, americano, africano y de Oceanía, para dar un cuadro de la gravedad y de la profundidad de esta plaga en nuestras sociedades.[4]Para evitar discusiones inútiles, quisiera evidenciar antes de nada que la mención de algunos países tiene el único objetivo de citar datos estadísticos aparecidos en los informes mencionados.
La primera verdad que emerge de los datos disponibles es que quien comete los abusos, o sea las violencias (físicas, sexuales o emotivas) son sobre todo los padres, los parientes, los maridos de las mujeres niñas, los entrenadores y los educadores. Además, según los datos de UNICEF de 2017 referidos a 28 países del mundo, 9 de cada 10 muchachas, que han tenido relaciones sexuales forzadas, declaran haber sido víctimas de una persona conocida o cercana a la familia.
Según los datos oficiales del gobierno americano, en los Estados Unidos más de 700.000 niños son víctimas cada año de violencia o maltrato, según el International Center For Missing and Exploited Children (ICMEC), uno de cada diez niños sufre abusos sexuales. En Europa, 18 millonesde niños son víctimas de abusos sexuales.[5]
Si nos fijamos por ejemplo en Italia, el informe del Telefono Azzurro de 2016 evidencia que el 68,9% de los abusos sucede dentro del ámbito doméstico del menor.[6]
Teatro de la violencia no es solo el ambiente doméstico, sino también el barrio, la escuela, el deporte[7]y también, por desgracia, el eclesial.
De los estudios efectuados en los últimos años sobre el fenómeno de los abusos sexuales a menores emerge que el desarrollo de la web y de los medios de comunicación ha contribuido a un crecimiento notable de los casos de abuso y violencia perpetrados online. La difusión de la pornografía se está esparciendo rápidamente en el mundo a través de la Red. La plaga de la pornografía ha alcanzado enormes dimensiones, con efectos funestos sobre la psique y las relaciones entre el hombre y la mujer, y entre ellos y los niños. Un fenómeno en continuo crecimiento. Una parte muy importante de la producción pornográfica tiene tristemente por objeto a los menores, que así son gravemente heridos en su dignidad. Los estudios en este campo documentan que esto sucede con modalidades cada vez más horribles y violentas; se llega al extremo de que los actos de abuso son encargados y efectuados en directo a través de la Red.[8]
Recuerdo aquí el Congreso internacional celebrado en Roma sobre la dignidad del niño en la era digital; así como el primer Fórum de la Alianza interreligiosa para Comunidades más seguras sobre el mismo tema y que tuvo lugar el pasado mes de noviembre en Abu Dhabi.
Otra plaga es el turismo sexual: según los datos de 2017 de la Organización Mundial del Turismo, cada año en el mundo tres millones de personas emprenden un viaje para tener relaciones sexuales con un menor.[9]Es significativo el hecho de que los autores de tales crímenes, en la mayor parte de los casos, no reconocen que están cometiendo un delito.
Estamos, por tanto, ante un problema universal y transversal que desgraciadamente se verifica en casi todas partes. Debemos ser claros: la universalidad de esta plaga, a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades,[10]no disminuye su monstruosidad dentro de la Iglesia.
La inhumanidad del fenómeno a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética. El consagrado, elegido por Dios para guiar las almas a la salvación, se deja subyugar por su fragilidad humana, o por su enfermedad, convirtiéndose en instrumento de satanás. En los abusos, nosotros vemos la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los niños. No hay explicaciones suficientes para estos abusos en contra de los niños. Humildemente y con valor debemos reconocer que estamos delante del misterio del mal, que se ensaña contra los más débiles porque son imagen de Jesús. Por eso ha crecido actualmente en la Iglesia la conciencia de que se debe no solo intentar limitar los gravísimos abusos con medidas disciplinares y procesos civiles y canónicos, sino también afrontar con decisión el fenómeno tanto dentro como fuera de la Iglesia. La Iglesia se siente llamada a combatir este mal que toca el núcleo de su misión: anunciar el Evangelio a los pequeños y protegerlos de los lobos voraces.
Quisiera reafirmar con claridad: si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso —que representa ya en sí mismo una monstruosidad—, ese caso será afrontado con la mayor seriedad. De hecho, en la justificada rabia de la gente, la Iglesia ve el reflejo de Dios, traicionado y abofeteado por estos consagrados deshonestos. El eco de este grito silencioso de los pequeños, que en vez de encontrar en ellos paternidad y guías espirituales han encontrado a sus verdugos, hará temblar los corazones anestesiados por la hipocresía y por el poder. Nosotros tenemos el deber de escuchar atentamente este sofocado grito silencioso.
No se puede, por tanto, comprender el fenómeno de los abusos sexuales a menores sin tomar en consideración el poder, en cuanto estos abusos son siempre la consecuencia del abuso de poder, aprovechando una posición de inferioridad del indefenso abusado que permite la manipulación de su conciencia y de su fragilidad psicológica y física. El abuso de poder está presente en otras formas de abuso de las que son víctimas casi 85 millones de niños, olvidados por todos: los niños soldado, los menores prostituidos, los niños malnutridos, los niños secuestrados y frecuentemente víctimas del monstruoso comercio de órganos humanos, o también transformados en esclavos, los niños víctimas de la guerra, los niños refugiados, los niños abortados y así sucesivamente.
Ante tanta crueldad, ante todo este sacrificio idolátrico de niños al dios del poder, del dinero, del orgullo, de la soberbia, no bastan meras explicaciones empíricas; estas no son capaces de hacernos comprender la amplitud y la profundidad del drama. Una vez más, la hermenéutica positivista demuestra su proprio límite. Nos da una explicación verdadera que nos ayudará a tomar las medidas necesarias, pero no es capaz de darnos un significado. Y hoy necesitamos tanto explicaciones como significados. Las explicaciones nos ayudarán mucho en el ámbito operativo,pero nos dejan a mitad de camino.
¿Cuál es, por tanto, el “significado” existencial de este fenómeno criminal? Teniendo en cuenta su amplitud y profundidad humana, hoy no puede ser otro que la manifestación del espíritu del mal. Si no tenemos presente esta dimensión estaremos lejos de la verdad y sin verdaderas soluciones.
Hermanos y hermanas, hoy estamos delante de una manifestación del mal, descarada, agresiva y destructiva. Detrás y dentro de esto está el espíritu del mal que en su orgullo y en su soberbia se siente el señor del mundo[11]y piensa que ha vencido. Esto quisiera decíroslo con la autoridad de hermano y de padre, ciertamente pequeño, pero que es el pastor de la Iglesia que preside en la caridad: en estos casos dolorosos veo la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los pequeños. Y esto me lleva a pensar en el ejemplo de Herodes que, empujado por el miedo a perder su poder, ordenó masacrar a todos los niños de Belén.[12]
Y de la misma manera que debemos tomar todas las medidas prácticas que nos ofrece el sentido común, las ciencias y la sociedad, no debemos perder de vista esta realidad y tomar las medidas espirituales que el mismo Señor nos enseña: humillación, acto de contrición, oración, penitencia. Esta es la única manera para vencer el espíritu del mal. Así lo venció Jesús.[13].
Así pues, el objetivo de la Iglesia será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren. La Iglesia, para lograr dicho objetivo, tiene que estar por encima de todas las polémicas ideológicas y las políticas periodísticas que a menudo instrumentalizan, por intereses varios, los mismos dramas vividos por los pequeños.
Por lo tanto, ha llegado la hora de colaborar juntos para erradicar dicha brutalidad del cuerpo de nuestra humanidad, adoptando todas las medidas necesarias ya en vigor a nivel internacional y a nivel eclesial. Ha llegado la hora de encontrar el justo equilibrio entre todos los valores en juego y de dar directrices uniformes para la Iglesia, evitando los dos extremos de un justicialismo, provocado por el sentido de culpa por los errores pasados y de la presión del mundo mediático, y de una autodefensa que no afronta las causas y las consecuencias de estos graves delitos.
En este contexto, deseo mencionar las Best Practices formuladas, bajo la dirección de la Organización Mundial de la Salud,[14]por un grupo de diez agencias internacionales que ha desarrollado y aprobado un paquete de medidas llamado INSPIRE, es decir, siete estrategias para erradicar la violencia contra los menores.[15]
Sirviéndose de estas directrices, la Iglesia, en su itinerario legislativo, gracias también al trabajo desarrollado en los últimos años por la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores y a la aportación de este encuentro, se centrará en las siguientes dimensiones:
  1. La protección de los menores: el objetivo principal de cualquier medida es el de proteger alos menores e impedir que sean víctimas de cualquier abuso psicológico y físico. Por lo tanto, es necesario cambiar la mentalidad para combatir la actitud defensiva-reaccionaria de salvaguardar la Institución, en beneficio de una búsqueda sincera y decisiva del bien de la comunidad, dando prioridad a las víctimas de los abusos en todos los sentidos. Ante nuestros ojos siempre deben estar presentes los rostros inocentes de los pequeños, recordando las palabras del Maestro: «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos, ¡pero ay del hombre por el que viene el escándalo!» (Mt18,6-7).
  2. Seriedad impecable: deseo reiterar ahora que «la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso» (Discurso a la Curia Romana, 21 diciembre 2018). Tiene la convicción de que «los pecados y crímenes de las personas consagradas adquieren un tinte todavía más oscuro de infidelidad, de vergüenza, y deforman el rostro de la Iglesia socavando su credibilidad. En efecto, también la Iglesia, junto con sus hijos fieles, es víctima de estas infidelidades y de estos verdaderos y propios delitos de malversación» (ibíd.).
  3. Una verdadera purificación: a pesar de las medidas adoptadas y los progresos realizados en materia de prevención de los abusos, se necesita imponer un renovado y perenne empeño hacia la santidad en los pastores, cuya configuración con Cristo Buen Pastor es un derecho del pueblo de Dios. Se reitera entonces «su firme voluntad de continuar, con toda su fuerza, en el camino de la purificación. La Iglesia se cuestionará […] cómo proteger a los niños; cómo evitar tales desventuras, cómo tratar y reintegrar a las víctimas; cómo fortalecer la formación en los seminarios. Se buscará transformar los errores cometidos en oportunidades para erradicar este flagelo no solo del cuerpo de la Iglesia sino también de la sociedad» (ibíd.). El santo temor de Dios nos lleva a acusarnos a nosotros mismos —como personas y como institución— y a reparar nuestras faltas. Acusarnos a nosotros mismos: es un inicio sapiencial, unido al santo temor de Dios. Aprender a acusarse a sí mismo, como personas, como instituciones, como sociedad. En realidad, no debemos caer en la trampa de acusar a los otros, que es un paso hacia la excusa que nos separa de la realidad.
  4. La formación: es decir, la exigencia de la selección y de la formación de los candidatos al sacerdocio con criterios no solo negativos, preocupados principalmente por excluir a las personas problemáticas, sino también positivos para ofrecer un camino de formación equilibrado a los candidatos idóneos, orientado a la santidad y en el que se contemple la virtud de la castidad. San Pablo VI escribía en la encíclica Sacerdotalis caelibatus: «Una vida tan total y delicadamente comprometida interna y externamente, como es la del sacerdocio célibe, excluye, de hecho, a los sujetos de insuficiente equilibrio psicofísico y moral, y no se debe pretender que la gracia supla en esto a la naturaleza» (n. 64).
  5. Reforzar y verificar las directrices de las Conferencias Episcopales: es decir, reafirmar la exigencia de la unidad de los obispos en la aplicación de parámetros que tengan valor de normas y no solo de orientación. Ningún abuso debe ser jamás encubierto ni infravalorado (como ha sido costumbre en el pasado), porque el encubrimiento de los abusos favorece que se extienda el mal y añade un nivel adicional de escándalo. De modo particular, desarrollar un nuevo y eficaz planteamiento para la prevención en todas las instituciones y ambientes de actividad eclesial.
  6. Acompañar a las personas abusadas: El mal que vivieron deja en ellos heridas indelebles que se manifiestan en rencor y tendencia a la autodestrucción. Por lo tanto, la Iglesia tiene el deber de ofrecerles todo el apoyo necesario, valiéndose de expertos en esta materia. Escuchar, dejadme decir: “perder tiempo” en escuchar. La escucha sana al herido, y nos sana también a nosotros mismos del egoísmo, de la distancia, del “no me corresponde”, de la actitud del sacerdote y del levita de la parábola del Buen Samaritano.
  7. El mundo digital: la protección de los menores debe tener en cuenta las nuevas formas de abuso sexual y de abusos de todo tipo que los amenazan en los ambientes en donde viven y a través de los nuevos instrumentos que usan. Los seminaristas, sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes pastorales; todos deben tomar conciencia de que el mundo digital y el uso de sus instrumentos incide a menudo más profundamente de lo que se piensa. Se necesita aquí animar a los países y a las autoridades a aplicar todas las medidas necesarias para limitar los sitios de internet que amenazan la dignidad del hombre, de la mujer y de manera particular a los menores: el delito no goza del derecho a la libertad. Es necesario oponernos absolutamente, con la mayor decisión, a estas abominaciones, vigilar y luchar para que el crecimiento de los pequeños no se turbe o se altere por su acceso incontrolado a la pornografía, que dejará profundos signos negativos en su mente y en su alma. Es necesario comprometernos para que los chicos y las chicas, de modo particular los seminaristas y el clero, no sean esclavos de dependencias basadas en la explotación y el abuso criminal de los inocentes y de sus imágenes, y en el desprecio de la dignidad de la mujer y de la persona humana. Se evidencian aquí las nuevas normas “sobre los delitos más graves” aprobadas por el papa Benedicto XVI en el año 2010, donde fueron añadidos como nuevos casos de delitos «la adquisición, la retención o divulgación» realizada por un clérigo «en cualquier forma y con cualquier tipo de medio, de imágenes pornográficas de menores». Entonces se hablaba de «menores de edad inferior a 14 años», ahora pensamos elevar este límite de edad para extender la protección de los menores e insistir en la gravedad de estos hechos.
  8. El turismo sexual: la conducta, la mirada, la actitud de los discípulos y de los servidores deJesús han de saber reconocer la imagen de Dios en cada criatura humana, comenzando por los más inocentes. Solo aprovechando este respeto radical por la dignidad del otro podemos defenderlo del poder dominante de la violencia, la explotación, el abuso y la corrupción, y servirlo de manera creíble en su crecimiento integral, humano y espiritual, en el encuentro con los demás y con Dios. Para combatir el turismo sexual se necesita la acción represiva judicial, pero también el apoyo y proyectos de reinserción de las víctimas de dicho fenómeno criminal. Las comunidades eclesiales están llamadas a reforzar la atención pastoral a las personas explotadas por el turismo sexual. Entre estas, las más vulnerables y necesitadas de una ayuda especial son ciertamente las mujeres, los menores y los niños; estos últimos, necesitan todavía de una protección y de una atención especial. Las autoridades gubernamentales deben dar prioridad y actuar con urgencia para combatir el tráfico y la explotación económica de los niños. Para este fin, es importante coordinar los esfuerzos en todos los niveles de la sociedad y trabajar estrechamente con las organizaciones internacionales para lograr un marco legal que proteja a los niños de la explotación sexual en el turismo y permita perseguir legalmente a los delincuentes.[16] 
Permitidme un agradecimiento de corazón a todos los sacerdotes y a los consagrados que sirven al Señor con fidelidad y totalmente, y que se sienten deshonrados y desacreditados por la conducta vergonzosa de algunos de sus hermanos. Todos —Iglesia, consagrados, Pueblo de Dios y hasta Dios mismo— sufrimos las consecuencias de su infidelidad. Agradezco, en nombre de toda la Iglesia, a la gran mayoría de sacerdotes que no solo son fieles a su celibato, sino que se gastan en un ministerio que es hoy más difícil por los escándalos de unos pocos —pero siempre demasiados— hermanos suyos. Y gracias también a los laicos que conocen bien a sus buenos pastores y siguen rezando por ellos y sosteniéndolos.
Finalmente, quisiera destacar la importancia de transformar este mal en oportunidad de purificación. Miremos a Edith Stein – santa Teresa Benedicta de la Cruz, con la certeza de que «en la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que solo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado». El santo Pueblo fiel de Dios, en su silencio cotidiano, de muchas formas y maneras continúa haciendo visible y afirmando con “obstinada” esperanza que el Señor no abandona, que sostiene la entrega constante y, en tantas situaciones, dolorosa de sus hijos. El santo y paciente Pueblo fiel de Dios, sostenido y vivificado por el Espíritu Santo, es el rostro mejor de la Iglesia profética que en su entrega cotidiana sabe poner en el centro a su Señor. Será justamente este santo Pueblo de Dios el que nos libre de la plaga del clericalismo, que es el terreno fértil para todas estas abominaciones.
El resultado mejor y la resolución más eficaz que podamos dar a las víctimas, al Pueblo de la santa Madre Iglesia y al mundo entero, es el compromiso por una conversión personal y colectiva, y la humildad de aprender, escuchar, asistir y proteger a los más vulnerables.
Hago un sentido llamamiento a la lucha contra el abuso de menores en todos los ámbitos, tanto en el ámbito sexual como en otros, por parte de todas las autoridades y de todas las personas, porque se trata de crímenes abominables que hay que extirpar de la faz de la tierra: esto lo piden las numerosas víctimas escondidas en las familias y en los diversos ámbitos de nuestra sociedad.
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  • María Isabel Martínez Pérez, Abusos sexuales en niños y adolescentes, ed. Criminología y Justicia, 2012: se denuncia solo el 2% de los casos, sobre todo cuando los abusos ocurren en el ámbito familiar. Calcula de un 15 a un 20% de víctimas de pedofilia en nuestra sociedad. Solo el 50% de los niños revela el abuso sufrido y, de esos casos, solo el 15% llega a ser denunciado. Solo el 5% acaba en un proceso.
 
  • Una de cada tres víctimas no habla de ello con nadie (Datos 2017 recogidos por la organización sin ánimo de lucro THORN).
 
  • A escala mundial: en 2017, la OMS ha estimado que hasta mil millones de menores en una edad comprendida entrelos 2 y los 17 años han sufrido violencias o negligencias físicas, emotivas o sexuales. Los abusos sexuales (desde las caricias a la violación), según algunas estimaciones de UNICEF en 2014, afectan a más de 120 millones de niñas, entre las que se registra el más alto número de víctimas. En 2017 la misma organización de la ONU ha referido que en 38 países del mundo de bajo o medio rédito, casi 17 millones de mujeres adultas han admitido haber tenido en su infancia una relación sexual forzada.
 
Europa: en 2013, la OMS ha estimado que mas de18 millones de niños han resultado ser víctimas de abusos. SegúnUNICEF, en 28 países europeos, alrededor de 2,5 millones de mujeres jóvenes han declarado haber sufrido abusos sexuales con o sin contacto físico antes de los 15 años (datos difundidos en 2017). Además, 44 millones (el 22,9%) han sido víctimas de violencia física, mientras que 55 millones (29,6%) víctimas de violencia psicológica. Y no solo: en 2017, el Informe INTERPOL sobre la explotación sexual de los menores ha llevado a la identificación de 14.289 víctimas en 54 países europeos. Respecto a Italia en 2017, el Cesvi ha estimado que 6 millones de niños han sufrido maltrato. Además, según los datos elaborados por el Telefono Azzurro, en el periodo comprendido entre el 1 de enero al 31 de diciembre de 2017, los casos de abuso sexual y pedofilia atendidos por el servicio 114 Emergenza Infanzia han sido 98, aproximadamente el 7,5% del total de los casos atendidos por este servicio. El 65% de los menores que pedían ayuda eran víctimas de sexo femenino y más del 40% eran menores de 11 años.
Asia: En  India, en el decenio 2001-2011, elAsian Center for Human Rights ha declarado un total de 48.338 casos deviolación de menores, con un aumento del 336%: de los 2.113 casos del 2001, de hecho, se llegó a los 7.112 casos en el 2011.
América: en los Estados Unidos los datos oficiales del gobierno declaran que, cada año, más de 700.000 niños son víctimas de violencia o maltrato. Según el International Center for Missing and Exploited Children(ICMEC), uno de cada 10 niños sufre abusos sexuales.
África: en Sudáfrica, los resultados de una investigación llevada a cabo en el 2016 por el Centro para la justicia y la prevención de los crímenes de la Universidad de Ciudad del Cabo, ha revelado que un joven sudafricano de cada 3, hombre o mujer, está en situación de riesgo de abusos sexuales antes de haber cumplido los 17 años. Según este estudio, el primero de este género a escala nacional en Sudáfrica, 784.967 jóvenes en edades comprendidas entre los 15 y los 17 años han sufrido abusos sexuales. Las víctimas en este caso son prevalentemente chicos, de sexo masculino. Ni siquiera un tercio ha denunciado la violencia a las autoridades. En otros países africanos los abusos sexuales a menores se insertan en el contexto más amplio de las violencias vinculadas a los conflictos que bañan de sangre el continente y son difícilmente cuantificables. El fenómeno está también estrechamente unido a la práctica de matrimonios precoces difundidos en varias naciones africanas y en otros lugares.
Oceanía: en Australia,según los datos difundidos por el Australian Institute of Health and Welfare (AIHW) en febrero de 2018 y que se refieren a los años 2015-2017, 1 de cada 6 mujeres (16%, es decir, 1,5 millones) han declarado haber sufrido abusos físicos y/o sexuales antes de los 15 años, y 1 de cada 9 hombres (11%, es decir 992.000) han declarado haber experimentado este abuso cuando eran muchachos. En el 2015-16, además, aproximadamente 450.000 niños han sido objeto de medidas de protección de la infancia, y 55.600 menores han sido alejados del ámbito doméstico para curar los abusos sufridos y prevenir otros. Finalmente, para no olvidar los riesgos que corren los menores nativos: siempre según el AIHW, en el 2015-2016, los niños indígenas han tenido 7 veces más probabilidad de ser objeto de abusos y de abandono respecto a sus coetáneos no indígenas (cf. http://www.pbc2019.org/it/protezione-dei-minori/abuso-dei-minori-a-livello-globale).
  • Los datos presentados se refieren a países tomados como muestra por la fiabilidad de las fuentes disponibles. Las investigaciones difundidas por UNICEF sobre 30 países confirman este hecho: un pequeño porcentaje de víctimas afirmó haber pedido ayuda.
[5] Cf.https://www.repubblica.it/salute/prevenzione/2016/05/12/news/maltrattamenti_sui_minori_tutti_gli_abusi                
139630223.
  • Específicamente, el presunto responsable del malestar sufrido por un menor es, en el 73,7% de los casos alguno de los padres (la madre en el 44,2% y el padre en el 29,5%), un pariente en el 3,3%, un amigo en el 3,2%, un conocido en el 3%, un profesor en el 2,5%. Los datos revelan que el porcentaje de un responsable adulto extraño es muy pequeño (2,2%) (cf. ibíd.).
 
  • Una investigación inglesa de 2011, realizada por el NSPCC (National Society for the Prevention of Cruelty toChildren), ha descubierto que el 29% de los sujetos entrevistados declaraba haber sufrido acoso sexual (físico o verbal)en los centros donde practicaba un deporte.
 
  • Según los datos de 2017 del IWF (Internet Watch Foundation), cada 7 minutos una página web envía imágenes de niños abusados sexualmente. En el 2017, han sido individuados 78.589 URL que contenían imágenes de abuso sexual concentrados en particular en los Países Bajos, seguidos por los Estados Unidos, Canadá, Francia y Rusia. El 55% de las víctimas tiene menos de 10 años, 1’86% son niñas, el 7% niños, el 5% ambos.
 
  • Los destinos más frecuentes son Brasil, República Dominicana, Colombia, así como Tailandia y Camboya. A estos, se han añadido últimamente algunos países de África y del Este europeo. Los primeros países de proveniencia de quienes perpetran los abusos son Francia, Alemania, Reino Unido, China, Japón e Italia. No se debe olvidar tampoco el número creciente de mujeres que viajan a países en vías de desarrollo, buscando sexo por dinero con menores: en total, ellas representan el 10% de los turistas sexuales en el mundo. Además, según un estudio guiado por ECPATInternational (End Child Prostitution in Asian Tourism) entre el 2015 y el 2016, el 35% de los turistas sexuales pedófilos eran clientes habituales, mientras el 65% eran clientes ocasionales (cf. https://www.osservatoriodiritti.it/2018/03/27/turismo-sessuale-minorile-nel-mondo-italia-ecpat).
 
  • «Si esta gravísima desgracia ha golpeado algunos ministros consagrados, la pregunta es: ¿Cuánto podría ser profunda en nuestra sociedad y en nuestras familias?» (Discurso a la Curia Romana, 21 diciembre 2018).
 
  • R.H. Benson, The Lord of the World, Dodd, Mead and Company, Londres 1907.
 
  • «Quare times, Herodes, quia audis Regem natum? Non venit ille ut te excludat, sed ut diabolum vincat. Sed tu haec non intelligens turbaris et saevis; et ut perdas umum quem quaeris, per tot infantium mortes efficeris crudelis […] Necas parvulos corpore quia te necat timor in corde» (S. Quadvultdeus, Sermo 2 de SymboloPL40, 655).
  • «Quemadmodum enim ille, effuso in scientiae lignum veneno suo, naturam gusto corruperat, sic et ipse dominicam carnem vorandam presumens, Deitatis in ea virtute, corruptus interitusque sublatus est» Máximo el Confesor, Centuria1, 8-13: PG, 1182-1186.
  • (CDC: United States Centers for Disease Control and Prevention; CRC: Convention on the Rights of the Child; End Violence Against Children: The Global Partnership; PAHO: Pan American Health Organization; PEPFAR: President’s Emergency Program for AIDS Relief; TfG: Together for Girls; UNICEF: United Nations Children’s Fund; UNODC: United Nations Office on Drugs and Crime; USAID: United States Agency for International Development; WHO: World Health Organization).
  • Cada letra de la palabra INSPIRE representa una de las estrategias, y la mayor parte ha demostrado tener efectos preventivos sobre diferentes tipos de violencia, además de beneficios en sectores como la salud mental, la educación y la reducción de la criminalidad. Las siete estrategias son las siguientes: Implementation and enforcement of laws: actuación y aplicación de las leyes (por ejemplo, prohibir disciplinas violentas y limitar el acceso de alcohol y armas de fuego); Norms and values: normas y valores para cambiar (por ejemplo, aquellos que toleran el abuso sexual a las chicas o la actitud agresiva entre los chicos); Safe environments: ambientes seguros (por ejemplo, identificar en los barrios los “puntos álgidos” de la violencia y hacer frente las causas locales con una política que resuelva los problemas y otras intervenciones); Parent and caregiver support: padres y apoyo del asistente familiar (por ejemplo, proporcionando formación a los padres de los jóvenes, y a los padres recientes); Income and economic strengthening: ingresos y fortalecimiento económico (como el micro-crédito y la formación sobre la equidad de género); Response andsupport services: servicios de respuesta y ayuda (por ejemplo, garantizar que los menores expuestos a la violenciapuedan acceder a cuidados de emergencia eficaces y recibir una ayuda adecuada psico-social); Education and life skills: instrucción y capacitación para la vida (por ejemplo, garantizar que los menores vayan a la escuela y proporcionar las competencias sociales).
  • Documento Final del VI Congreso Mundial sobre la Pastoral del Turismo, 27 julio 2004.