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sábado, 6 de junio de 2020

San Norberto de Magdeburgo, obispo y fundador (6 de junio)



San Norberto de Magdeburgo, obispo y fundador

fecha: 6 de junio
n.: c. 1080 - †: 1134 - país: Alemania
otras formas del nombre: Norberto de Prémontré
canonización: 
C: Gregorio XIII 1582
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: San Norberto, obispo, hombre de austeras costumbres y totalmente dedicado a la unión con Dios y a la predicación del Evangelio, que instituyó, cerca de Laon, en Francia, la Orden Premonstratense de Canónigos Regulares, y luego, designado obispo de Magdeburgo, en Sajonia, se mostró pastor eximio en la renovación de la vida cristiana y en la difusión de la fe entre las poblaciones vecinas.
Patronazgos: patrono de la región de Bohemia, de Magdeburgo, y protector para un parto seguro.
Oración: Señor, tú hiciste del obispo san Norberto un pastor admirable de tu Iglesia por su espíritu de oración y su celo apostólico; te rogamos que, por su intercesión, tu pueblo encuentre siempre pastores ejemplares que lo conduzcan a la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).


El lugar de nacimiento de san Norberto fue la ciudad de Xanten, en el ducado de Cléves. Su padre, Heriberto, conde de Gennep, estaba emparentado con el emperador; su madre, Eduviges de Guisa, descendía de la noble casa de Lorena. No obstante que el noble jovencito parecía no ambicionar nada más que una vida de diversiones y placeres, decidió de pronto abrazar la vida religiosa, recibió las órdenes menores, incluyendo el subdiaconato, y se le dio una canonjía en la iglesia de San Víctor, en Xanten, así como otros beneficios. En la corte del emperador Enrique V, quien le nombró su limosnero, Norberto participó en las diversiones, pero ya con cierto desgano, como si le preocuparan otros asuntos más serios. Cierto día, cuando cabalgaba a campo traviesa, en las proximidades de la aldea de Wreden, en la Westfalia, fue sorprendido por una tempestad violentísima. El caballo, asustado por el fulgor de un rayo, hizo caer a su jinete y Norberto quedó tirado, sin conocimiento, durante casi una hora. Las primeras palabras que pronunció al volver en sí, fueron las de San Pablo en el camino a Damasco: «¡Señor! ¿Qué quieres que yo haga?» A esta pregunta respondió una voz interior: «Apártate del mal y haz el bien: busca la paz y persigúela».
La conversión fue tan repentina y absoluta como la del gran Apóstol de las Gentes. Norberto se retiró inmediatamente a Xanten para entregarse a la oración, el ayuno, la meditación y el examen de su vida pasada. Después, hizo un retiro en la abadía de Siegburg, en Colonia, donde quedó bajo la benéfica influencia del abad Conon. Estaba entonces en la etapa de preparación para recibir las órdenes sacerdotales, las que hasta entonces se había mostrado rehacio a tomar, pese a su canonjía. Frederick, el arzobispo de Colonia, le confirió el sacerdocio y el diaconado en 1115. En esa ocasión apareció vestido con una zalea atada a la cintura con una cuerda, a fin de manifestar públicamente su determinación de renunciar a las vanidades del mundo. Al cabo de otros cuarenta días de retiro, regresó a Xanten, decidido a no apartarse ni un ápice de la vida evangélica. La forma vigorosa que usaba en sus exhortaciones, sumada a ciertas aparentes excentricidades en su comportamiento, le crearon enemigos y, durante el Concilio de Fritzlar, en 1118, fue denunciado ante el delegado del Papa, como un hipócrita y un reformador, llegándosele a acusar de haberse dedicado a predicar sin tener licencia y sin que nadie le hubiese asignado esa misión. La actitud que asumió entonces Norberto, debe haber disipado todas las dudas respecto a su sinceridad. Vendió todas sus propiedades en casas, campos y terrenos; el producto de la venta, junto con el resto de sus bienes, lo distribuyó entre los pobres y no reservó para sí más que cuarenta marcos de plata, una mula (que murió pronto), un misal, las vestiduras indispensables, un cáliz y una patena. Entonces, en compañía de dos asistentes, servidores suyos que se habían negado a abandonarle, viajó a pie y descalzo hasta Saint Guilles, en el Languedoc, donde residía el exilado pontífice Gelasio II. A los pies del Vicario de Cristo hizo una confesión general de sus errores e irregularidades y ofreció cumplir cualquier penitencia que se le impusiera. En respuesta a su solicitud, el Papa le autorizó a predicar el Evangelio en cualquier parte que eligiese. Provisto de su licencia, san Norberto reanudó su marcha, descalzo sobre la nieve, puesto que era pleno invierno, e insensible, al parecer, a las inclemencias del tiempo. Al llegar a Valenciennes, sus dos compañeros cayeron enfermos y murieron. Pero no por eso Norberto quedó solo; aún se hallaba en Valenciennes cuando recibió la visita de Burchardo, arzobispo de Cambrai y su joven capellán, el beato Hugo de Fosses. El arzobispo se mostró asombrado ante el cambio que se había operado en el hombre a quien conoció como un cortesano frivolo, mientras que la impresión de Hugo fue tan profunda, que en aquel momento decidió seguir a Norberto. Con el correr del tiempo, llegó a ser el discípulo más fiel del santo y, eventualmente, le sucedió como superior de su orden.
En 1119, cuando el Papa Calixto II ocupó el puesto que dejó vacante Gelasio II, San Norberto fue a Reims, donde el Pontífice asistía a un concilio, para obtener una renovación de las sanciones recibidas del Papa anterior. A pesar de que el santo no llegó a realizar los propósitos que perseguía, Bartolomé, el obispo de Laon, obtuvo permiso para retener al misionero en su diócesis, a fin de que le ayudara a reformar al grupo de canónigos regulares de San Martín, en Laon. Pero como los canónigos no se mostraban bien dispuestos a aceptar las estrictas reglas impuestas por san Norberto, el obispo ofreció a la elección del santo varios sitios en los que podía fundar su propia comunidad religiosa. Norberto escogió un valle solitario, llamado de Prémontré, enclavado en el bosque de Coucy, que había sido abandonado antes por los monjes de San Vicente de Laon, a causa de la infertilidad del suelo. Ahí empezó con trece discípulos, pero el número creció rápidamente y fueron cuarenta los que hicieron su profesión el día de Navidad de 1121. Llevaban hábito blanco y seguían la regla de san Agustín, con algunos reglamentos adicionales. Su manera de vivir era extremadamente austera, pero en realidad, su institución no era tanto una nueva orden religiosa, como una reforma a los cánones regulares. Con extraordinaria prontitud se extendió la institución a otros países, y muchas personas distinguidas de ambos sexos se ofrecieron como postulantes e hicieron donaciones de terrenos para nuevas fundaciones. Cuando la nueva organización contaba con ocho abadías y uno o dos conventos de monjas, san Norberto manifestó el deseo de asegurar una aprobación más formal de sus constituciones. Con este propósito, emprendió un viaje a Roma, en 1125 y obtuvo todo lo que pidió del Papa Honorio II. Los canónigos de San Martín, en Laon, que no habían querido someterse antes a las reglas, se colocaron voluntariamente bajo el mando de san Norberto, lo mismo que los monjes de la abadía de Vervins.
Otro hombre de grandes riquezas y calidad, Teobaldo, conde de Champagne, aspiraba a ingresar en la Orden, pero san Norberto, al comprobar que le faltaba la vocación, le disuadió, instándole en cambio a que se casara y continuase cumpliendo con los deberes de su alta posición. Al mismo tiempo, le entregó un pequeño escapulario blanco para que lo llevara siempre al cuello y le impuso la obligación de cumplir con ciertas reglas y devociones. Esta fue, al parecer, la primera ocasión en que una orden religiosa reconoció la afiliación de un laico que habría de seguir viviendo en el mundo exterior, y se cree que la idea de crear terciarios seculares proviene de los Premonstratenses de Santo Domingo. Cuando el conde partió a Alemania para casarse, en 1126, se llevó al santo consigo. Los viajeros visitaron, de paso, la ciudad de Speyer, donde el emperador Lotario realizaba una dieta y, al mismo tiempo que ellos, llegaron los miembros de una delegación de Magdeburgo para solicitar al monarca que nombrase un obispo para su sede vacante.
Lotario eligió a san Norberto. Los mismos delegados lo condujeron a Magdeburgo, y el nuevo prelado entró a la ciudad descalzo y tan pobremente vestido que, según se cuenta, el portero de la residencia episcopal le impidió la entrada y le mandó a colocarse en la fila de los mendigos que aguardaban su limosna. «¡Pero si este hombre es nuestro obispo! -clamaron indignados algunos de los que acompañaban al santo-. Es verdad; pero no te preocupes -explicó Norberto al azorado portero-. Tú, querido hermano, me has juzgado mejor que aquellos que me trajeron aquí».
En su nueva dignidad conservó las prácticas austeras del monje, y la residencia episcopal adoptó el severo aspecto de un claustro. Pero si bien en lo personal mantenía su humildad y no pedía más que lo estrictamente necesario para vivir, se mostró exigente e inflexible en sus resoluciones para resistir y combatir cualquier intento de despojar a la Iglesia de sus derechos. Muchos laicos poderosos y magnates locales habían aprovechado la debilidad de las anteriores autoridades eclesiásticas para adueñarse de gran parte de las propiedades de la Iglesia. San Norberto no vaciló en emprender una enérgica campaña contra ellos, considerándolos como ladrones comunes. Buen número de clérigos llevaban una existencia disipada y a veces escandalosa, dejando abandonadas sus parroquias y desentendiéndose de su obligación de mantenerse célibes. Cuando no querían entender por razones, el obispo recurría a métodos enérgicos, imponía castigos a algunos y expulsaba a otros, y a éstos los reemplazaba, a veces, con sus canónigos premonstratenses.
Como siempre, sus reformas tuvieron muchos enemigos; sus opositores unieron sus fuerzas para desacreditarlo y para instigar al pueblo a atacarlo. En dos o tres ocasiones, el obispo estuvo a punto de perecer asesinado y, una vez, la plebe le atacó mientras oficiaba en su catedral. La rebelión llegó a tal extremo, que el santo decidió alejarse de la ciudad y dejar a las gentes que se las arreglaran como mejor pudieran. La medida resultó acertada, porque el pueblo se encontró de pronto bajo la censura eclesiástica y, en poco tiempo, una delegación de ciudadanos fue a pedir a san Norberto que regresara, no sin haberse comprometido a mostrar mayor sumisión a sus mandatos en el futuro. Antes de que terminaran los días de san Norberto, ya había conseguido realizar con éxito la mayor parte de sus proyectadas reformas. Durante todo el tiempo, no cesó de dirigir sus casas premonstratenses, con la ayuda de su fiel discípulo, el beato Hugo y, durante varios años antes de su muerte, desempeñó un papel de importancia en la política de la Santa Sede y del Imperio.
Al morir el Papa Honorio II, un infortunado cisma dividió a la Iglesia. Parte del Colegio de Cardenales había elegido al cardenal Gregorio Papareschi, quien adoptó el nombre de Inocencio II, mientras que el resto escogió al cardenal Pierleone. Este último, que se hizo llamar Anacleto II, contaba con las simpatías de los romanos, de manera que Inocencio se vio obligado a huir a Francia. Ahí se le aceptó como al Pontífice legal, gracias a los esfuerzos de san Bernardo y san Hugo de Grénoble. Al concilio que este Papa convocó en Reims asistió san Norberto, quien abrazó la causa del Pontífice desterrado y le conquistó tantos partidarios en Alemania, como San Bernardo le había conseguido en Francia. Fue Norberto quien convenció al emperador para que declarase su apoyo a Inocencio. A pesar de que tanto Francia como Alemania, Inglaterra y España, reconocían al Papa exilado, era imposible enviarlo a Roma sin el respaldo de las fuerzas armadas; fue entonces cuando, por influencia directa de san Norberto, el emperador Lotario consintió en conducir un ejército hacia Italia. En mayo de 1133, el emperador y el Papa Inocencio II entraron a la Santa Sede, acompañados por san Norberto y san Bernardo.
Como una muestra de reconocimiento a sus notables servicios, san Norberto recibió el palio, pero ya para entonces sus actividades iban a cesar definitivamente. Al regresar a Alemania, tras el triunfo en Italia, el emperador Lotario rogó al santo, con más insistencia que nunca, que asintiera en ser su canciller, pero Norberto persistió en su negativa, y el emperador ya no le instó, puesto que evidentemente su salud declinaba con alarmante rapidez. En los veinte años que habían transcurrido después de su ordenación había acumulado el trabajo de toda una vida y ya era un moribundo cuando llegó a Magdeburgo. Expiró el 6 de junio de 1134, a los cincuenta y tres años de edad. En 1627, el emperador Fernando II trasladó sus reliquias a la abadía Premonstratense de Strahov, en Bohemia. El Papa Gregorio XIII lo reconoció oficialmente como santo en 1582.
Las biografías modernas son muy numerosas, especialmente las escritas en alemán y en flamenco; tal vez la mejor sea la de A. Zak, Der Heilige Norbert (1930). En francés se recomienda la de E. Maire (1922) y la de E. Madelaine (1930). Véase también a C. F. Kirkflet, History of S. Norbert (1916); F. Petit La Spiritualité des Prémontrés aux XII et XIII siécles (1947).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_1918

viernes, 3 de abril de 2020

San Francisco Coll, religioso presbítero,fundador (2 de abril)


San Francisco Coll, religioso presbítero

fecha: 2 de abril
n.: 1812 - †: 1875 - país: España
otras formas del nombre: Francisco Coll Guitar
canonización: 
B: Juan Pablo II 29 abr 1979 - C: Benedicto XVI 11 oct 2009
hagiografía: Vaticano
Elogio: En Vic, en la región de Cataluña, en España, san Francisco Coll, presbítero de la Orden de Predicadores, que al ser injustamente exclaustrado, prosiguió su firme vocación y anunció por toda la región el nombre del Señor Jesucristo.

Fundador de las Hermanas Dominicas de la Anunciata, nació en Gombrèn, diócesis de Vic y provincia de Gerona, en España, el 18 de mayo de 1812. El 19 del mismo mes y año recibió el bautismo. Desde la infancia se sintió inclinado al sacerdocio y, en orden a su preparación, se incorporó al seminario de la capital de su diócesis en 1823, donde cursó estudios humanísticos y el trienio filosófico. En 1830 ingresó en la Orden de Santo Domingo en el convento de la Anunciación de Gerona. Tras el año de noviciado y consiguiente profesión religiosa hasta la muerte, se entregó, en octubre de 1831, al estudio de la teología, y recibió las órdenes sagradas hasta el diaconado inclusive.
En agosto de 1835, con sus hermanos de comunidad, se vio obligado a abandonar el convento a causa de las leyes persecutorias contra los religiosos en España. Vivió heroicamente su consagración religiosa en calidad de fraile exclaustrado, ya que a lo largo de la vida no fue posible restaurar convento alguno de frailes de la Orden de Predicadores en el territorio de la Provincia de Aragón a la que pertenecía. Recibió el presbiterado en Solsona el 28 de mayo de 1836 y, al comprobar que no se autorizaba la reapertura de conventos, de acuerdo con los superiores, ofreció sus servicios ministeriales al Obispo de Vic. Éste lo envió como coadjutor a la parroquia de Artés, primero, y, poco después, en diciembre de 1839, a la de Moià.
Desde el comienzo de su entrega al ministerio asumió tareas que iban más allá de las estrictamente parroquiales. El celo que le devoraba lo salvó de la inercia de la exclaustración. Formó en un principio parte de la «Hermandad Apostólica » que promovió San Antonio Mª Claret, y se entregó a predicar ejercicios espirituales y misiones populares. En 1848 recibió el título de «Misionero Apostólico». Diferentes Prelados lo llamaron a sus diócesis para que desarrollara una predicación misionera, que fue pacificadora en tiempo de frecuentes guerras civiles. Su nombre se hizo popular y venerado por las diferentes comarcas de Cataluña.
Reclamaban a porfía su predicación evangélica orientada a reavivar la fe en medio del Pueblo de Dios y a conseguir el retorno de los alejados a las prácticas religiosas. Se valió muy especialmente del Rosario, que propagó entre las gentes de pueblos y ciudades por medio de la renovación de cofradías, establecimiento del «Rosario Perpetuo» en que se alistaban miles de personas, e instrucciones dirigidas a los fieles para que meditaran con fruto sus misterios. En orden a este mismo objeto publicó pequeños libros, titulados «La Hermosa Rosa» y «Escala del Cielo», de los que se hicieron varias ediciones con gran número de ejemplares en cada una de ellas, porque los distribuía abundantemente en las misiones. Predicaba todos los años la cuaresma y los meses de mayo y octubre en honor de María en núcleos importantes por su población: Barcelona, Lérida, Vic, Gerona, Solsona, Manresa, Igualada, Tremp, Agramunt, Balaguer...
Al comprobar la ignorancia religiosa y la falta de correspondencia a las normas de la vida cristiana por parte de los bautizados fundó el 15 de agosto de 1856 la Congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata, para la santificación de sus miembros y la educación cristiana de la infancia y de la juventud, muy afectada por el abandono e ignorancia religiosa. Se halla extendida, no sólo por Europa, sino también por América, África y Asia.
La entrega a la predicación, particularmente por medio de ejercicios espirituales dirigidos a sacerdotes y religiosas, misiones populares, cuaresmas, novenarios y otros modos de evangelización, bien puede decirse que continuó hasta el fin de la vida, aun cuando en los cinco últimos años se vio afectado por una progresiva enfermedad de apoplejía y consiguiente ceguera, que se le declaró el mismo día en que los Obispos del mundo católico se reunían en Roma para iniciar los trabajos del Concilio Vaticano I. Falleció santamente en Vic el 2 de abril de 1875. Fue beatificado por SS Juan Pablo II el 29 de abril de 1979 y canonizado or SS Benedicto XVI el 11 de octubre de 2009.

De sus Obras:

Debemos hacer oración para dar gloria a Dios. A ella acudiremos con gran esperanza de alcanzar fortaleza en la lucha cotidiana. Durante la misma se ha de avivar la fe en la presencia de Dios que quiere tratar con todos. (Obras Completas, p. 10)
Quiero hacer la voluntad de Dios y prometo practicar la oración con toda humildad y confianza, conformándome a la voluntad divina, por más tentaciones, desconfianzas y sequedades que el Señor permita. El ejemplo de Cristo orante me servirá de ánimo y de consuelo. Es muy necesario saber practicar la humildad de corazón. (OC, pp. 63-64)
Hagamos oración, hijos de Jesús y de María. Es tan importante para nosotros, como lo es el alimento para el cuerpo. Así como el alimento es necesario al rey y al vasallo, al rico y al pobre, al eclesiástico y al seglar; del mismo modo, a todos éstos para cumplir sus deberes como buenos cristianos, les es indispensable la oración. Aseguran los Santos, que el cristiano sin oración es un árbol sin fruto, una fuente sin agua, un soldado sin armas y un plaza sin muralla que no puede defenderse de los enemigos. (OC, p. 386)
Tenemos el memorial del Rosario de María. Éste es nuestro santo rezo, y éste es el que ponemos, cuando lo rezamos, en manos de María, y ella lo presenta y pone en las manos de nuestro Padre celestial. ¿Habrá gracia alguna que no alcancemos para nosotros o para nuestros prójimos, si presentamos, como se debe, este perfectísimo memorial, el Santo Rosario? Estoy cierto y seguro que no, si lo rezamos como corresponde, pues la misma Virgen María lo ha asegurado. Rezadlo, rezadlo con viva fe, con toda humildad, con todo el fervor y atención posibles. (OC, p. 225)
fuente: Vaticano
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San Francisco de Paula, eremita fundador (2 de abril)


San Francisco de Paula, eremita fundador

fecha: 2 de abril
n.: 1416 - †: 1507 - país: Francia
canonización: 
C: León X 1 may 1519
hagiografía: José Gros y Raguer
Elogio: San Francisco de Paula, ermitaño, fundador de la Orden de los Mínimos en Calabria. Prescribió a sus discípulos que viviesen de limosnas, que no tuvieran propiedad ni tocasen nunca dinero, y que utilizasen sólo alimentos cuaresmales. Llamado a Francia, por el rey Luis XI, le asistió en el lecho de muerte, y, célebre por la austeridad de vida, murió a su vez en Plessis-les-Tours, junto a la ciudad francesa de Tours.
Patronazgos: patrono de los ermitaños, los marineros, para pedir descendencia, contra la peste y la tristeza.
Oración: Señor, Dios nuestro, grandeza de los humildes, que has elevado a san Francisco de Paula a la gloria de tus santos, concédenos, por su intercesión y a imitación suya, alcanzar de tu misericordia el premio prometido a los humildes. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. (de la liturgia)

Nacido en Paola, reino de Nápoles, el 27 de marzo de 1416. Anacoreta de muy joven, más tarde apóstol y fundador de la Orden de los Mínimos. Muere en Tours (Francia), el día 2 de abril de 1507. Al cabo de sólo doce años fue elevado al honor de los altares, en 1519, por León X.
Francisco de Paula no fue sacerdote, pero sí un reformador auténtico. Influyó poderosamente en la historia del Renacimiento. La vertiente paganizante del movimiento renacentista aparecía muy peligrosa para el espíritu cristiano, que tan celosamente había conservado y fomentado los grandes focos monacales de la Edad Media. La sensualidad y el afeminamiento se iban infiltrando en todos los ambientes y, a grandes pasos, se desmoronaba la ascética cristiana por el enfriamiento de quienes debieran practicarla. Por ello el joven Francisco ataca de raíz el mal de la época cuando, tras el año de oblación transcurrido en el convento franciscano de San Marcos Argentato, decide retirarse a la soledad penitente.
Había pisado la misma tierra bendita de su patrón y se sentía impulsado a imitar al Poverello en su modo filial de vivir en manos de Dios. También de la libertad de espíritu del patriarca franciscano encontramos ya rasgos en la peregrinación de Francisco de Paula por tierras de Umbría. Ha encontrado a un cardenal del siglo viajando con un lujo extraordinario. Y el joven mendigo, de aspecto ignorante, ha sabido reprender discretamente al magnate de elegantes y ricas vestiduras. Luego pasa meses y meses encerrado en vida austerísima: durmiendo en la tierra desnuda, alimentándose de las hierbas crudas; el cuerpo, ceñido de cuerda con nudos. Al cabo de cinco años la fama de su virtud llega al cenit y, pese a su resistencia, afluyen los discípulos. Al lado de su cabaña plantan muchas más, tiene que pensar en un convento, y lo edifican, con la ayuda de todos sus conciudadanos. En medio de la pobreza y la alegría se van fundando nuevas comunidades.
El renombre del ermitaño llega a Sicilia. Le llaman allá. Llega a pie a orillas del mar, con el bordón de peregrino. Dícele al barquero: «Hermano, ¿me pasa usted?». El barquero contesta con ironía: «Señor, ¿me paga usted?». «No tengo dinero para pagarle», replica el ermitaño. «Ni yo barca para pasarle», concluye el otro. Entonces, ante multitud de testigos, el Santo, tras una breve oración y bendición de las olas, atraviesa el estrecho de Messina sobre la cubierta de su manto extendido sobre el mar y con su mismo borde sirviéndole de vela.
Muchos otros milagros acompañaron el paso de Francisco, signos de la presencia de Dios al lado del Reformador. Este don taumatúrgico tenía sus raíces en las sólidas virtudes que adornaban su alma y que culminaban en la que era su consigna constante y que, como tal, pasó a su familia espiritual: Caridad. Bondad y dulzura resplandecían en quien por natural debía aparecer como severo y retraído. La alegre humildad le facilitó la convivencia amorosa con la gente sencilla del pueblo, con los desvalidos y desheredados, de los que se constituyó en valiente defensor ante los atropellos de los señores. «La tiranía no place a Dios bendito», era su estribillo. Frente al mismo Fernando, déspota rey de Nápoles, se mantuvo en su intrepidez; y el soberano, con sus consejeros, tuvo que rendirse ante la fuerza de la santidad, viéndose obligado a prometerle administración justa y caritativa. También en la corte resplandecieron sus virtudes y milagros. Cuentan sus biógrafos que una vez tomó una moneda de la bandeja repleta que le ofrecía el rey para comprar su silencio, y desmenuzándola entre sus dedos, brotaron de ellos gotas de sangre, símbolo de la opresión de los débiles.
Su vida termina con la célebre expedición a Francia. Luis XI, otro tirano de la época, se siente morir en su retiro de Plessisdu-Parc (Tours) y ansioso de salud hace llamar al taumaturgo de Paula. Éste sólo acude tras la recomendación del Papa Sixto IV. Llegado a la corte, rechaza los interesados favores del rey y le indica el camino de la vida verdadera, invitándole a devolver el dinero, que le ofrecía a él, a todos los que había expoliado en su reinado. Y Luis XI se rendía también ante la santidad. El fundador de los Mínimos no le libró de la muerte, pero alegró sus últimos días con palabras celestiales, que le prepararon una agonía llena de esperanza.
Desde entonces permanece el Santo en Francia, realizando nuevas fundaciones. Y en Tours le llega la hora del triunfo. El Viernes Santo, 2 de abril de 1507, a los acordes de la pasión de San Juan, que se hace leer en el lecho de muerte, Francisco de Paula, el taumaturgo, penitente y fundador, entrega el alma a Dios. Dios acepta su vida y al punto sanciona con maravillas el clamor de la gente de Tours, que en plena calle le proclama digno de los altares.
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martes, 17 de marzo de 2020

Beato Juan Nepomuceno Zegri y Moreno, presbítero y fundador (17 de marzo)


Beato Juan Nepomuceno Zegri y Moreno, presbítero y fundador

fecha: 17 de marzo
n.: 1831 - †: 1905 - país: España
canonización: 
B: Juan Pablo II 9 nov 2003
hagiografía: Vaticano
Elogio: En la ciudad de Málaga, en España, beato Juan Nepomuceno Zegri y Moreno, presbítero, que santificó su vida en el ministerio al servicio de la Iglesia y de las almas, y para promover más eficazmente la gloria de Dios Padre en Cristo, fundó la Congregación de Hermanas Mercedarias de la Caridad.
Juan Nepomuceno Zegrí y Moreno, fundador de la Congregación religiosa de las Hermanas Mercedarias de la Caridad, nació en Granada, el 11 de octubre de 1831, en el seno de una familia cristiana. Sus padres, don Antonio Zegrí Martín y doña Josefa Moreno Escudero, le dieron una esmerada y cuidada educación. Forjaron su rica personalidad en los valores humano-evangélicos, haciendo de él un verdadero cristiano, comprometido con la causa de Jesucristo y de los pobres, desde su juventud. Fue un excelente estudiante y una gran persona. Cursó estudios de humanidades y de jurisprudencia, destacando por su inteligencia, pero, sobre todo, por su gran humanidad y por una intensa vida cristiana: dedicado a la oración y a la caridad con los pobres.
Dios Padre, que llama a los que quiere para realizar sus grandes obras, le llamó a participar del sacerdocio de Jesucristo para servir a los seres humanos el Evangelio de la caridad redentora. Cursó sus estudios en el Seminario de San Dionisio de Granada, siendo ordenado sacerdote en la catedral de Granada el día 2 de junio de 1855. Ser sacerdote de Jesucristo fue su gran vocación, de tal manera que estaba dispuesto a los mayores sacrificios, con tal de realizar este sueño, alimentado desde su temprana juventud.
Fue un evangelizador infatigable. Le gustaba orar, reflexionar y escribir sus sermones. No decía lo que no oraba, y proclamaba lo que estaba en el centro de su corazón, inflamado por el amor de Dios. Anunciaba lo que creía. Su palabra invitaba a todos a vivir la vida cristiana con radicalidad y los sagrados vínculos de la religión cristiana. Toda su vida fue Eucaristía, pan partido para ser comido; celebración del amor de Dios en la entrega de su propia existencia. Y fue, también, reconciliación. Celebró el sacramento del perdón haciéndose perdón, misericordia y compasión para todos, especialmente para sus enemigos y para aquellos que le calumniaron.
Ostentó cargos importantes, pero él vivió la maravillosa humildad de Dios, revelada en el himno de la carta a los Filipenses 2,5. Fue examinador sinodal en las diócesis de Granada, Jaén y Orihuela; juez sinodal y secretario en oposiciones a curatos en la diócesis de Málaga; Canónigo de la catedral de Málaga y visitador de religiosas. También fue formador de seminaristas, predicador de su Majestad la Reina, Isabel II, y capellán real.
Impactado por los problemas sociales y por las necesidades de los más desfavorecidos, se sintió llamado a fundar una Congregación religiosa para liberar a los seres humanos de sus esclavitudes. La funda bajo la protección e inspiración de María de la Merced, la peregrina humilde de la gratuidad de Dios, en Málaga, el 16 de marzo de 1878. El fin:Practicar todas las obras de misericordia espirituales y corporales en la persona de los pobres, pidiendo a las religiosas que todo cuanto hicieran fuera en bien de la humanidad, en Dios, por Dios y para Dios. La Congregación, en pocos años, se extiende por muchas diócesis españolas bajo la exigencia de la dinamicidad de su inspiración carismática: Curar todas las llagas, remediar todos los males, calmar todos los pesares, desterrar todas las necesidades, enjugar todas las lágrimas, no dejar, si posible fuera en todo el mundo, un solo ser abandonado, afligido, desamparado, sin educación religiosa y sin recursos. El P. Zegrí, inflamado en el amor de Dios, llegó a decir que la caridad es la única respuesta a todos los problemas sociales y que no concluirá mientras haya un solo dolor que curar, una sola desgracia que consolar, una sola esperanza que derramar en los corazones ulcerados; mientras haya regiones lejanas que evangelizar, sudores que verter y sangre que derramar para fecundar las almas y engendrar la verdad en la tierra.
Probado como oro en el crisol, y enterrado en el surco de la tierra, como el grano de trigo, pues fue calumniado y apartado de la obra por él fundada, primero por la Iglesia, y después, por las mismas religiosas, muere un 17 de marzo de 1905 en la ciudad de Málaga, solo y abandonado, como él había decidido morir; a ejemplo del Crucificado, fijos los ojos en el autor y consumador de nuestra fe. Muere como fiel hijo de la Iglesia, y bajo el signo de la obediencia de la fe, como los grandes testigos y los grandes creyentes.
fuente: Vaticano
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_913

sábado, 14 de marzo de 2020

Beato Jacobo Cusmano, presbítero y fundador (24 de marzo)


Beato Jacobo Cusmano, presbítero y fundador

fecha: 14 de marzo
n.: 1834 - †: 1888 - país: Italia
otras formas del nombre: Santiago Cusmano
canonización: 
B: Juan Pablo II 30 oct 1983
hagiografía: Santi e Beati
Elogio: En Palermo, en la región de Sicilia, en Italia, beato Jacobo Cusmano, presbítero, que fundó la Congregación de Siervos y Siervas de los Pobres, y se destacó por su caridad hacia los necesitados y enfermos.
El beato padre Santiago Cusmano nació en Palermo, Italia, el 15 de marzo de 1834. Huérfano de madre a la corta edad de tres años, fue educado por su hermana mayor Vincentina. Desde la infancia mostró una gran sensibilidad ante el sufrimiento de los demás. Después de completar sus estudios superiores en el Colegio Máximo de los Jesuitas, se matriculó en la Facultad de Medicina, graduándose a los 21 años. Rápidamente se convirtió en el «médico de los pobres», por su generosidad y abnegación.
Pero la voz de Dios, cada vez más imperiosa, instaba al joven médico a complementar y enriquecer aun más la noble profesión con su dedicación y consagración total a Dios, y por él, a los pobres. Abraza el estado eclesiástico y el 22 de diciembre de 1860 es ordenado sacerdote. El 21 de febrero 1867 da inicio a la Asociación del Bocado de los Pobres, compuesta por sacerdotes y laicos de ambos sexos, bajo la presidencia del Arzobispo de Palermo, Mons. Naselli, que bendijo la obra y, después de la aprobación pontificia, la instituyó canónicamente en 1868.
El 23 de mayo de 1880, Fiesta de la SS. Trinidad, vistió a la primera Hermana. El 4 de octubre de 1884 da el hábito a los primeros hermanos, y el 21 de noviembre de 1887 reune en comunidad a los misioneros que desde hacía tiempo se le habían unido trabajando para los pobres: funda así oficialmente las dos congregaciones de las Siervos y de los Siervos de los Pobres. Abre hospitales, hogares de ancianos pobres y abandonados y huérfanos. Le llaman el «Padre de los Pobres». Murió el 14 de marzo de 1888 en Palermo, con fama de santidad, querido por todos, sin distinción de clases sociales, ideologías o partidos. Fue beatificado por SS Juan Pablo II el 30 de octubre de 1983. La obra por él fundada se extiende hoy, además de en Italia, por Rumania, América (Estados Unidos, México, Brasil), África (República Democrática del Congo, Camerún, Uganda), y Asia (Filipinas y la India).
Traducido para ETF de un artículo de Silvestre Terranova.
fuente: Santi e Beati
accedido 1862 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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martes, 10 de marzo de 2020

Beato Juan José Lataste, religioso y fundador (10 de marzo)


Beato Juan José Lataste, religioso y fundador

fecha: 10 de marzo
n.: 1832 - †: 1869 - país: Francia
canonización: 
B: Benedicto XVI 3 jun 2012
hagiografía: Congregación
Elogio: En Frasne-Le-Château, Haute-Saône, beato Juan José Lataste, en el siglo Alcides Vital, religioso de la Orden de Santo Domingo, fundador de las Hermanas Dominicas de Betania.
El beato Juan José Lataste nació el 5 de Septiembre de 1832 en Cadillac, Francia, y fue bautizado como Alcides Vital lataste. Fue el más joven de siete hijos. Mientras su madre era cristiana, su padre era un librepensador. Fue bautizado al siguiente día de su nacimiento y su hermana mayor, Rosy, fue su madrina. De niño, fue curado milagrosamente de una seria enfermedad y él atribuía esa curación al patrocinio de la Santísima Virgen.
Estudió en el seminario menor de Bordeaux, donde hizo su primera comunión y su confirmación. Allí vio por primera vez a Henri Lacordaire, dominico inspirador de gran parte del movimiento social cristiano en el siglo XIX. Aunque deseaba ser sacerdote, nunca pensó que fuera digno, por lo que estudió en la universidad secular, pero mantuvo su deseo vivo, con el apoyo de su hermana Rosy, quien ya estaba en el convento. Se graduó en 1850 y regresó a su pueblo natal. Se quedó con sus padres por un año y dedicó su tiempo a leer y escribir poesía. Trabajó como servidor público de 1851 a 1857.
Mientras estaba trabajando, era un miembro activo de la Sociedad de San Vicente de Paul, lo cual le ayudó a nutrir su deseo de entrar en la vida religiosa. Después de mucha reflexión, finalmente entró en el Noviciado Dominicano de Flavigny en Noviembre de 1857. Enfermó gravemente de nuevo y esto retrasó su profesión. Una vez curado, hizo profesión en presencia de su padre y dos hermanos y fue enviado a Toulouse para terminar los estudios. Vivió en los conventos de Chalais, Grenoble y St Maximin-la-Sainte-Baume, donde se familiarizó con María Magdalena a través de una profunda contemplación. El 10 de Mayo de 1862 hizo profesión solemne y el 8 de Febrero de 1963 fue ordenado sacerdote en Marseille a manos del Obispo Petagna. Continuó estudiando y fue finalmente asignado al convento de Bordeaux. Su ministerio sacerdotal se caracterizó por sermones inspirados, retiros, confesiones, mortificación y adoración del Santísimo Sacramento.
Fray Lataste se enteró por primera vez acerca de las penurias de las mujeres prisioneras en Pyrenees pero nunca tuvo un contacto directo con ellas hasta que se reunió con las prisioneras de Cadillac en Septiembre de 1864. Esta reunión, que fue inspirada por su profunda devoción a María Magdalena, llevó a la fundación de la congregación dominica de Betania. Él dirigió un retiro para las prisioneras que estaban sirviendo diferentes condenas por varios crímenes y percibió su profundo arrepentimiento y su fe.
Cuando las mujeres comenzaban a ser puestas en libertad, fray Lataste les ofrecía la oportunidad  de consagrar sus vidas a Dios por medio de los votos religiosos. Ellas se convertirían en miembros de la Orden Dominicana, vestirían el mismo hábito de las Hermanas Dominicas, sin que nada las distinguiera. Con la asistencia de la Madre Dominique-Henri de las Hermanas de la Presentación de Tours, fray Lataste comenzó la Congregación de Hermanas Dominicas de Betania en 1866. Debe señalarse que la obra tuvo que soportar gran oposición, no sólo fuera de la Orden sino también dentro de ella.
Fray Lataste volvió a enfermarse en 1868. En esa ocasión, su enfermedad era tan seria que tuvo que dictar de manera oral las Constituciones de las Hermanas de Betania a la Madre Dominique-Henri, las cuales fueron completadas más tarde, después de su muerte, por fray Baker. Murió el 10 de Marzo de 1869 con un gran amor por sus hermanas y una gran gratitud a Dios. Fue inicialmente sepultado en el convento de las Hermanas en Frasne-le-Chateau. Su cuerpo fue trasladado posteriormente, cuando las hermanas se movieron a un nuevo convento en Montferrand-le-Chateau y fue trasladado de nuevo, esta vez a la capilla de las hermanas, cuando fue abierta la causa de beatificación, en 1937. Fue finalmente beatificado en 2012.
Tomado, con algunos cambios, de la biografía breve en la página de la Congregación, con vistas a la ceremonia de beatificación. En esta otra página dominica, el postulador de la causa presenta una breve historia del proceso.

fuente: Congregación
accedido 1470 veces
ingreso o última modificación relevante: 9-3-2013
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_4968

domingo, 8 de marzo de 2020

San Faustino Míguez González, presbítero y fundador (8 de marzo)


San Faustino Míguez González, presbítero y fundador

fecha: 8 de marzo
n.: 1831 - †: 1925 - país: España
canonización: 
B: Juan Pablo II 25 oct 1998 - C: Francisco 15 oct 2017
hagiografía: Instituto Calasancio «Hijas de la Divina Pastora»
Elogio: En la ciudad de Getafe, cerca de Madrid, en España, san Faustino Míguez González (Faustino de la Encarnación), religioso de la Orden de Clérigos Regulares de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, que, ordenado sacerdote, se entregó por entero a la tarea docente y consiguió gran prestigio como maestro y perito en ciencias naturales. Fue diligente en su actividad pastoral y fundó el Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora, para la educación integral de la mujer.
Faustino Míguez nace en el año 1831 en Xamirás, una de las trece aldeas pertenecientes a Acebedo del Río, provincia de Ourense, España. Crece en un ambiente familiar enmarcado por una gran fe en Dios, la oración, la devoción a María, la solidaridad con los más necesitados y el trabajo. En su juventud y sintiéndose llamado al sacerdocio, estudia en el Santuario de Nuestra Señora de los Milagros, en la provincia de Ourense. Allí su vida fue regada con un aguaviva, regalo de Dios, que hizo brotar en su interior valores humano-religiosos y profundas convicciones. Todo ello le modela para acoger la llamada de Dios a entregar su vida.
Conoce allí a un sacerdote escolapio, familiar de uno de los compañeros a los que ayuda en el estudio. Este encuentro supone para Manuel (su nombre de pila) descubrir una nueva dimensión de la elección divina: ser sacerdote y además maestro-educador para identificarse así con Jesús que ama, enseña y acoge a los niños. Y todo según el espíritu de José de Calasanz. La respuesta de Manuel es «Sí, Señor».
Ingresa al Noviciado de las Escuelas Pías de Madrid en diciembre de 1850. Es entonces cuando cambia su nombre de Manuel por el de Faustino de la Encarnación. Hizo su Profesión de Votos Solemnes el día 16 de enero de 1853 y fue ordenado sacerdote el día 8 de marzo de 1856, en la parroquia de San Marcos de Madrid. En 1857 es enviado a la nueva fundación escolapia de Guanabacoa, en Cuba, donde permanece durante casi tres años y allí manifiesta sus dotes de educador y sus inclinaciones a la botánica y al estudio de las propiedades terapéuticas de las plantas.
En 1860 regresa de nuevo a la Península y es destinado a los colegios de San Fernando, Getafe y Celanova. En 1869 llega a Sanlúcar de Barrameda y permanece allí hasta 1873. Sale para desempeñar el cargo de bibliotecario en el Real Monasterio de El Escorial y durante su estancia tiene la posibilidad de seguir investigando sobre las plantas y sus propiedades curativas. Posteriormente es enviado a Monforte de Lemos donde desempeñó el servicio de Rector. En 1879 regresa a Sanlúcar de Barrameda; aquí descubre la situación de abandono en que estaban las niñas, e impulsado por el Espíritu da respuesta e inicia una nueva obra: La Congregación de Hijas de la Divina Pastora dedicada a la educación integral de la infancia y juventud. En el año 1888 es enviado a Getafe, lugar en el que muere el 8 de marzo de 1925.
Faustino Míguez como escolapio, nos dice él mismo, que se siente «consagrado a la educación». Acercarnos a él como educador es acercarnos a alguien enamorado y amante de la educación. Así se percibe en todos sus escritos de carácter pedagógico. Se nos muestra totalmente convencido de la importancia de la educación para que la persona llegue a ser feliz y como medio para renovar la sociedad. Escribe en el discurso pedagógico de Celanova: «renovar la sociedad desde su misma base y hacer la felicidad humana, mediante una educación sincera...» Es un educador fiel a su fundador, José de Calasanz. Su tarea educativa está marcada por el lema calasancio PIEDAD y LETRAS. Luchó siempre por un mundo donde los pequeños fueran los más queridos.
Como educador hay que destacar su entrega diaria, su trato amable, humano y delicado con los alumnos -lo constatan así los propios alumnos en los testimonios que de ellos tenemos, y las personas que le conocieron- el carácter experimental y práctico que da a las asignaturas que imparte; su capacidad de animar y alentar hacia el bien, y su preocupación por los alumnos más atrasados. Son interesantes sus aportaciones a la didáctica de las Ciencias, con los libros que escribió: Nociones de Historia Natural, Nociones de Física Terrestre y Diálogos sobre las Láminas de Historia Natural. Así se reconoce en el Diccionario de Ciencias de la Educación, en el que aparece como pedagogo.
Su acción educativa no se redujo al ámbito de la escuela, sino que saliendo de sí mismo toma contacto con las realidades vitales del pueblo, vive sus problemas y necesidades, su dolor y enfermedad. Está atento a los cambios esenciales de la sociedad de su tiempo, al ambiente familiar, al entorno del niño.
Semblanza que es bueno completar con otros aspectos -como su tarea científica- que están en la misma página de donde hemos tomado estos fragmentos; hay allí mismo un interesante museo fotográfico sobre el santo.

fuente: Instituto Calasancio «Hijas de la Divina Pastora»
accedido 2381 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_820