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martes, 19 de febrero de 2019

Newman venció sus reticencias ante la Virgen cuando comprendió que ella «protege» la doctrina 18022019

Newman venció sus reticencias ante la Virgen cuando comprendió que ella «protege» la doctrina

Benedicto XVI beatificó al cardenal John Henry Newman el 19 de septiembre de 2010 en el Cofton Park de Rednal (Birmingham), durante su viaje apostólico al Reino Unido.
Benedicto XVI beatificó al cardenal John Henry Newman el 19 de septiembre de 2010 en el Cofton Park de Rednal (Birmingham), durante su viaje apostólico al Reino Unido.
Un reciente artículo sobre el Beato John Henry Newman en el portal mariano Cari Filii recuerda unas apreciaciones sobre el futuro santo inglés del cardenal Francis George (1937-2015), entonces arzobispo de Chicago, donde ha tenido lugar el milagro que abre la puerta a su canonización:
Este miércoles la Santa Sede ha hecho público los decretos aprobados por el Papa Francisco de la Congregación para las Causas de los Santos entre los que destacaba el nombre del cardenal John Henry Newman (1801-1890), ya beato, y que tras reconocerse un nuevo milagro atribuido a su intercesión podrá ser declarado santo. 

Este milagro se ha producido en Chicago con la curación de una joven estudiante de Derecho que sufría gravísimas complicaciones durante su embarazo y que amenazaban su vida. Tras orar a este converso británico se curó de manera inexplicable. 

El cardenal Newman es un referente intelectual, que primero fue clérigo anglicano en Oxford y que después experimentó una conversión al catolicismo que se culminó en 1845 generando un enorme escándalo en la sociedad británica de la época. 

Creado cardenal por León XIII en 1879 

Esto le costó grandes sufrimientos, entre ellos la pérdida de muchos amigos e incluso familiares, que se sintieron traicionados. Pero el perseveró en esta fe llegando a ser ordenado sacerdote católico en 1847 y luego en 1879 el Papa León XIII lo creó cardenal a pesar de no ser obispo. 

Fundó dos escuelas para chicos, escribió sin cesar (sermones, historia, teología) y creó el Oratorio de Birmingham, una comunidad para sacerdotes católicos inspirada en los oratorios de San Felipe Neri. Al Oratorio perteneció el sacerdote anglo-español Francis Morgan, que fue el tutor del joven huérfano J.R.R.Tolkien, que era monaguillo en el Oratorio en la primera misa de la mañana y con los años sería el famoso escritor de El Señor de los Anillos. Muchos intelectuales y clérigos se vieron atraídos por el catolicismo y la necesidad de unión visible de los cristianos que el cardenal Newman promulgaba. 

Su profunda devoción a María
Uno de los elementos llamativos del próximamente santo Newman es la profunda devoción a la Virgen María con la que murió y cómo este amor a la Madre de Dios fue evolucionando al igual que su conversión al catolicismo. 

 

Precisamente, una de las dificultades a las que se enfrentó John Henry Newman fue el lugar preeminente de la Virgen en la doctrina y la devoción católica. Pero pese a su fe anglicana, nunca estuvo alejado de la figura de la Virgen. De hecho, siendo sacerdote anglicano esto le acabaría costando  más de un disgusto. 

Uno de los que mejor analiza esta relación del futuro santo con la Virgen es el cardenal Francis George, fallecido en 2015 por un cáncer, y que era precisamente arzobispo de Chicago, lugar donde se ha producido el milagro que propiciará la canonización. 

Recordaba el cardenal George que cuando tenía quince años, John Henry Newman tuvo una experiencia religiosa que lo dejó con un fuerte sentido de la doctrina. Sin embargo, como miembro de la Iglesia de Inglaterra, evitó la invocación de los santos, incluida la Virgen. 

La devoción protege a la doctrina 

El purpurado explicaba que “conforme Newman estudió a los padres de la Iglesia, a los obispos y a los predicadores que guiaron a la Iglesia en los primeros siglos posteriores a los Apóstoles, vio cómo la Iglesia apostólica es católica. En un principio trató de profundizar el movimiento católico en la Iglesia de Inglaterra y luego llegó a entender que el catolicismo está anclado en la Iglesia de Roma. Una vez que entró en la Iglesia católica, volvió a examinar la relación entre la doctrina y la devoción a la Santísima Virgen María. Del desarrollo de la devoción mariana, escribió: ‘La idea de la Santísima Virgen fue como lo estaba, magnificada en la Iglesia de Roma, conforme pasó el tiempo, pero también lo fueron todas las ideas cristianas, como la de la Sagrada Eucaristía. Toda la escena del pálido, débil, distante cristianismo apostólico es visto en Roma, como a través de un telescopio o lente de aumento. Sin embargo, la armonía del conjunto es por supuesto lo que era’”. 

¿Qué descubrió Newman? El cardenal George aseguraba que este intelectual inglés reconoció que “la devoción protege a la doctrina; sin una devoción apropiada, una doctrina disminuye en su influencia en la vida cristiana. En concreto, relacionó la doctrina de la Encarnación del Hijo Eterno de Dios en Jesús de Nazaret a la devoción a María como la Madre de Dios. Debido a que Jesús tuvo una madre humana, Él es verdaderamente hombre; debido a que Jesús es Dios, María es la Madre de Dios. La devoción a María como Madre de Dios protege nuestra creencia en Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre. La misión de María en la historia de la salvación es fortalecer nuestra fe en la doctrina de la Encarnación”. 

María "protege" la doctrina católica 

Siguiendo con estas relaciones que hizo el cardenal Newman, George hablaba de la que estableció entre la redención del género humano del pecado original y la devoción a María como la Inmaculada Concepción.  “Los padres de la Iglesia a menudo hablaron de María como la nueva Eva. Al igual que Eva, María nació sin pecado, a diferencia de Eva, María cooperó con la voluntad de Dios para su salvación y la de todo su pueblo. María fue redimida por Cristo antes de ser tocada por el pecado y por lo tanto, estuvo en condiciones de cooperar plenamente en la misión redentora de su Hijo. La devoción a la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María mantiene la naturaleza de nuestra redención en un lugar destacado de nuestra conciencia”, explicaba el cardenal norteamericano al analizar el pensamiento del todavía beato. 

Por otro lado, Newman –agregaba el cardenal George- “también vio cómo la doctrina de la resurrección de Cristo de entre los muertos y la promesa para nosotros de ser resucitados de entre los muertos en el último día está relacionada con la devoción a la Santísima Virgen María, asunta al cielo. Jesús venció a la muerte en su propia carne y dicha carne es de su madre. Así como el cuerpo de Jesús fue preservado de la corrupción que sigue a la muerte y luego resucitó al tercer día, así mismo el cuerpo de la Virgen María fue preservado de la corrupción que sigue a la muerte y fue asunto al cielo. La devoción a la Asunción de la Bienaventurada Virgen María conserva nuestra creencia en la doctrina de la resurrección”.

De este modo, en la Teología de Newman, la devoción a María “protege” las doctrinas fundamentales de la fe católica y apostólica. De hecho, en una conferencia dirigida tanto a católicos como a protestantes el futuro santo escribió: “La Iglesia nos da a Jesucristo para ser nuestro alimento y a María para ser nuestra Madre. Demuestra al mundo que sigues una enseñanza que no es falsa, reivindica la gloria de su Madre María, a quien el mundo blasfema, frente a todo el mundo, mediante la simplicidad de tu propia conducta y la santidad de tus palabras y tus hechos. Ve a ella por el corazón real de la inocencia. Ella es el don hermoso de Dios, que brilla más que la fascinación de un mundo malo y a quien nadie que haya buscado con sinceridad resultó decepcionado. Ella es la imagen de tipo personal, representativa de la vida espiritual y la renovación en la gracia, sin la cual nadie verá a Dios”.

martes, 12 de febrero de 2019

Guadalupe Ortiz de Landázuri © Opus Dei
Guadalupe Ortiz De Landázuri © Opus Dei

España: Presentación del reportaje multimedia ‘Guadalupe Ortiz de Ladázuri’

Con motivo de su beatificación, el próximo 18 de mayo
(ZENIT – 12 febrero 2019).- El jueves, 14 de febrero de 2019, se presentará en el cine Proyecciones de Madrid, España, el reportaje multimedia Guadalupe, realizado con motivo de la beatificación de la química e investigadora madrileña Guadalupe Ortiz de Landázuri, que tendrá lugar el próximo 18 de mayo de 2019, en Madrid.
Familiares y amigos de la futura beata participarán en el acto, nacida en Madrid en 1916, Gonzalo del Prado, periodista de A3TV conducirá el acto,
El reportaje multimedia cuenta con la intervención de historiadores, biógrafas, un médico cardiólogo, el vicepostulador de la Causa y el prelado del Opus Dei, ya que Guadalupe Ortiz de Landázuri es la primera fiel laica de esta institución de la Iglesia que será beatificado.
Cada uno de los siete vídeos aborda alguno de los episodios más significativos de la vida de química madrileña: infancia, familia, carrera profesional, encuentro con san Josemaría, etc.
Aunque los vídeos se pueden ver juntos, la idea del reportaje es navegar entre los diferentes elementos; las infografías, los mapas, los audios, sus cartas o una tabla periódica de elementos diseñada para la ocasión. Se ha buscado una proximidad al personaje y un enfoque narrativo actual, para  romper la distancia generacional. Una estética vintage y una técnica de collage acercan al personaje a la actualidad.
El multimedia podrá visitarse a partir del día 15 en la página web del Opus Dei y está prevista su traducción a diferentes lenguas.
Del barrio de Malasaña
Nacida en el barrio de Malasaña, Guadalupe vivió con su familia en la Plaza de Santa Bárbara. Después de estudiar bachillerato en el Instituto Miguel de Cervantes, se matriculó en 1933 en la carrera de Ciencias Químicas en la entonces Universidad Central, siendo una de las 5 mujeres de una clase de 70 estudiantes.
Perteneciente al Opus Dei desde 1944, Ortiz de Landázuri desarrolló su vida profesional en España, México e Italia, países en los que llevó a cabo una intensa evangelización y promoción social, especialmente dedicada a la mujer.
Doctora en Químicas
La próxima beata era doctora en Químicas con una tesis sobre “Refractarios aislantes con cenizas de cascarilla de arroz”, y en 1965 recibió el “Premio Juan de la Cierva” de investigación. Descubrió que la cascarilla del arroz se podía utilizar como aislante térmico y sacarle el rendimiento oportuno.
A partir de los años 40, Guadalupe enseñó Física y Química en varios centros de Madrid, como el Colegio de las Irlandesas, el Liceo Francés, la Escuela femenina de Maestría Industrial, el Instituto Santa Engracia y el Instituto Ramiro de Maeztu.
Tras su trabajo en España, México e Italia, Guadalupe es recordada por su “pasión universitaria e investigadora”, su “compromiso social lleno de disponibilidad y alegría”.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Eduviges Carboni, sus visiones nos recuerdan que las ánimas del Purgatorio necesitan oraciones 18122018

Será beata: el Papa ya reconoció un milagro por su intercesión

Eduviges Carboni, sus visiones nos recuerdan que las ánimas del Purgatorio necesitan oraciones

La imagen de Edvige Carboni en la iglesia de su pueblo natal, Pozzomaggiore (Sassari, Cerdeña).
La imagen de Edvige Carboni en la iglesia de su pueblo natal, Pozzomaggiore (Sassari, Cerdeña).
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El Papa Francisco reconoció en noviembre un milagro obtenido por la intercesión de Edvige (Eduviges) Carboni , futura beata a quien Ermes Dovico consagra un reciente artículo en La Nuova Bussola Quotidiana:
Su nombre, 66 años después de su muerte y de una vida vivida en la más humilde reserva, aún es relativamente poco conocido. Basta leer su diario, escrito por obediencia a su confesor, para comprender la riqueza de los dones sobrenaturales que el Señor le concedió. Hablamos de la venerable Eduviges Carboni (1880-1952), una laica sarda de corazón sencillo y fe inmensa, que pronto será proclamada beata: el 7 de noviembre, el Papa Francisco autorizó la promulgación del decreto en el que se reconoce el primer milagro atribuido a su intercesión.
Una verdadera gracia para la Iglesia, porque proponer esta alma predilecta a la imitación de los fieles será de gran ayuda para la catequesis sobre las realidades últimas y, en consecuencia, para reavivar la fe.
Eduviges se puede incluir, por derecho propio, entre las grandes místicas por los innumerables éxtasis, las apariciones de Jesús y María, los estigmas, la coronación de espinas, las revelaciones proféticas, las visiones del más allá, en particular de las almas del Purgatorio, además de numerosos santos, sobre todo San Juan Bosco y Santa Teresa del Niño Jesús, que la aconsejaban con frecuencia.
Nació en Pozzomaggiore, en la provincia de Sassari, y ya desde su nacimiento se manifestó en ella una señal celestial: una pequeña cruz, «signo de que tú, en el mundo, deberás sufrir», como siempre le decía su madre, que le transmitió una piedad cristiana viva. Cuando tenía cinco años sintió que su ángel custodio la exhortaba a consagrarse a Dios: la niña hizo voto de virginidad ("comprendí que Jesús lo quería", recordará en su diario), que renovó varias veces. Creció tranquila y obediente, entre misas, sacramentos y momentos ante el sagrario.
Eduviges, junto a su familia. Es, en la foto, la primera por la derecha.
Le hubiera gustado ser monja, pero renunció para asistir con dedicación a sus familiares enfermos: primero a su tía, después a su madre, su tío, su abuela, su padre, su hermano Giorgino, recibiendo a cambio, en algunos casos (como con su abuela y su hermano), sólo amarguras. Giorgino se casó con 38 años y murió repentinamente cinco meses después. Nada más llegar la noticia, Eduviges reaccionó al dolor diciendo: "Señor, hágase tu voluntad". Y se recogió en oración.
Visiones y quemaduras
Un día, su hermano se le apareció inmerso en sufrimiento, diciéndole que había sido condenado a descontar ocho años en el Purgatorio y pidiéndole oraciones para abreviar los tiempos de su liberación. Al sincerarse con ella le apretó la mano, sacudiéndosela. La señal de la quemadura se le quedó de por vida. El inmenso amor por las almas de los difuntos, no solo de sus familiares, sino de toda la Iglesia penitente, es un rasgo peculiar de su santidad. "Ama las almas del Purgatorio, reza por ellas", la había pedido Jesús. 
En favor de estas almas, que podía ver por bondad divina, Eduviges ofrecía oraciones, misa, sacrificios, humillaciones y dolores que aceptaba con paciencia. Participaba en la buena obra también su hermana Paolina, la sexta y la última, que la madre había confiado en particular a la hija mayor. Por esta razón, en 1929, cuando tenía ya 49 años, Eduviges dejó Cerdeña para trasladarse a Lacio con su hermana, que era maestra de escuela primaria y que cambió con frecuencia de sede. Una mañana, en julio de 1941, después de Comunión sintió que le tocaban la espalda y advirtió una voz triste que le decía: "Soy un alma que ha muerto hace pocas horas bajo los escombros. Hace pocas horas que sufro en el Purgatorio: ¡me parece que ha sido un siglo! Dios es severo, Dios es justo, Dios castiga. Reza por mí y haz que monseñor Massimi rece por mí, también Paola y también Vitalia (una buena amiga de Eduviges, ndr)".
Otra vez se le presentó una persona que "me tocó la muñeca, que se quedó quemada. No le reconocí. Iba vestido de oficial. 'He muerto en la guerra', me dijo. 'Desearía misas: haréis que monseñor Vitali las celebre para mí. Paola y tú haréis la santa comunión por mí'". Una vez acabada esa súplica, vio reaparecer al oficial "resplandeciente" y lleno de gratitud: "Voy al Paraíso donde rezaré por vosotros, especialmente por monseñor Vitali. Soy ruso y me llamo Paolo Vischin. Mi madre me había educado en la santa religión; después, al crecer, me dejé llevar por la vida rusa, mala. En el momento de mi muerte me arrepentí, y recordé las bellas palabras que desde niño me decía mi madre. El buen Jesús me ha perdonado". Se ve aquí la importancia de la educación cristiana como medio de salvación, verificable más de una vez en el diario de Eduviges, escrito en buena parte durante la Segunda Guerra Mundial y en un siglo en el que el nazismo y, de manera más duradera, el comunismo, rechazan radicalmente a Dios.
La inmodestia y el trabajo dominical
En mayo de 1943, viendo a Jesús sufriendo, oyó que le decían: "Hija mía... estoy triste porque veo que la mayor parte de los hombres, en sus familias, han otorgado el poder al diablo, y me han expulsado a Mí, su Creador y Dios". Se lee con especial frecuencia también el desdén de Dios por la pérdida del pudor, las "modas inmodestas" y "escandalosas", la participación -incluso el domingo- en espectáculos impuros en el teatro y en el cine, a los que van no sólo los adultos, sino que también "llevan a sus pequeños inocentes para destrozarles antes de tiempo viendo escenas inmodestas", como le reveló Jesús en diciembre de 1944, lamentando también que "poquísimos son aquellos que respetan el día festivo a Mí consagrado".
En el día de Pascua de 1943 había visto un ángel con la espada en la mano, que le explicó una visión relacionada con los pecados de la carne: "El mundo busca los placeres impuros y feos; estos, si no se limpian con el sacramento de la Confesión, serán castigados por Dios para la eternidad, porque delante del tribunal divino no se puede salvar nadie si antes no se ha limpiado de la inmundicia con una confesión, y el arrepentimiento y la promesa de no volver a sumergirse nunca más en esos sucios lodazales".
En el mausoleo familiar de los Carboni se guarda especial recuerdo por la futura beata.
Las visiones de Eduviges conciernen también al Infierno, donde ve caer a muchas almas por haber rechazado hasta el final la Misericordia divina, y el Paraíso, donde un ángel le mostró dos tronos preparados para ella y para su hermana, pidiéndole que perseverara "en la santa pureza, del amor de Dios y del prójimo". Le enseñó también que la gloria eterna es proporcional a los sufrimientos padecidos en la tierra y ofrecidos al cielo, en unión con el sacrificio de Cristo, por la salvación de las almas: por ello estas, cuanto más resplandecen, más se asemejan a Jesús crucificado, abrazando con humildad la propia cruz. Especialmente "en el día de difuntos", como testimoniará en el proceso por su causa su amiga Flora Argenti, Eduviges "veía multitud y multitud de almas que le expresaban su agradecimiento, y que le pedían que se lo expresara también a las personas que habían rezado por ellas para volar al Paraíso". Eduviges, que también era muy humilde, mostraba la misma caridad en las necesidades materiales de los pobres, de los parados, de los prisioneros de guerra.
El poder del Rosario
Satanás la odiaba particularmente y le vejaba físicamente, no soportando sobre todo que se confiara a la protección de la Virgen María. "Tú rezas a mi enemiga -y me indicó a la Virgen. Hasta que no dejes de rezar a mi eterna enemiga, yo no te dejaré nunca en paz", le dijo el diablo en enero de 1942. Pero la Virgen la sostenía en su lucha espiritual, vertiendo sobre ella abundantes gracias y consolándola con visiones, como cuando Eduviges la vio distribuir rosarios a muchas almas: "Hijitos míos, hijitas mías, vosotros con esta corona apagaréis el fuego que se ha difundido en casi todo el universo. Si vosotros recitáis con fe esta corona, este fuego se apagará pronto. Esta es el arma más poderosa; y arma más poderosa que esta el hombre no la encontrará. Dichas estas palabras, desapareció resplandeciendo".
Partícipe como era de las misericordias divinas, quería que también los demás las descubrieran; por ello escribía: "Si fuese un ángel, cogería una trompeta, recorrería el océano y gritaría a todos los seres humanos: amad a Jesús, amadlo, amadlo, hombres, amad al buen Jesús, recordad que ha muerto en la cruz para salvarnos a nosotros, míseros pecadores".
Traducción de Elena Faccia Serrano.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Clelia Merloni, nueva beata, gracias a la sanación de un moribundo con una enfermedad degenerativa 05112018

El Papa pone de ejemplo a esta religiosa italiana que fue víctima de las calumnias

Clelia Merloni, nueva beata, gracias a la sanación de un moribundo con una enfermedad degenerativa

Clelia Merloni fue beatificada en la basílica de San Juan de Letrán de Roma  / ACI
Clelia Merloni fue beatificada en la basílica de San Juan de Letrán de Roma / ACI
Este sábado en la basílica romana de San Juan de Letrán fue beatificada la religiosa Clelia Merloni (1861-1930), fundadora de las Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús. Tras una vida religiosa que no fue fácil para ella y en la que tuvo que soportar duras calumnias, el Papa Francisco la recordó este domingo durante el Ángelus como “una mujer plenamente abandonada a la voluntad de Dios, celosa en la caridad, paciente en las adversidades y heroica en el perdón”.
El milagro que ha propiciado la beatificación de Clelia Merloni se produjo en un médico brasileño que sufría el síndrome de Landry, una enfermedad degenerativa que va paralizando uno a uno todos los músculos, empezando desde los pies y llegando a la garganta impidiendo respirar y tragar, lo que acaba produciendo la muerte. Y tras la intercesión de la ya beata se curó totalmente viviendo 35 años más.
Desde niña quería ser religiosa
Clalia nació el 10 de marzo de 1861. Con tan sólo tres años quedó huérfana de madre. Fue educada en la fe por su abuela y por la mujer con la que posteriormente se casó su padre, un rico industrial.
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Esta joven italiana era de salud muy frágil y tuvo que abandonar el internado debido a la enfermedad. En casa fue educada en lenguas extranjeras y en piano. Aunque su padre quería para ella una vida de lujo, Clelia sólo quería ser religiosa. Por ello, en 1883 ingresó en la Congregación de las Hijas de Nuestra Señora de las Nieves, aunque tuvo que volver a casa tras cuatro años debido a su empeoramiento físico.
Las calumnias que la alejaron de la obra que creó
Ya en 1892, Clelia entró en la Congregación de las Hijas de Nuestra Señora de la Providencia, y tras la inesperada recuperación de la tuberculosis al final de una novena al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, sintió la llamada a iniciar una congregación consagrada al Corazón de Jesús y así servir a los pobres, los huérfanos y los abandonados.
Fue a partir de entonces donde las tribulaciones marcaron su vida religiosa. Debido a una mala administración económica de un sacerdote de la congregación y tras una serie de calumnias contra ella, Clelia Merloni fue destituida en 1904 como superiora general.
Tras 24 años alejada de la congregación que había creado, en 1928 la autorizaron a volver, aunque ya muy débil y enferma. Este último periodo de tiempo de su vida estuvo marcado por una intensa vida de oración ofrecida al Corazón de Jesús para la salvación de las almas.
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En 1930 falleció en Roma en un cementerio que fue prácticamente destruido durante la II Guerra Mundial debido a los bombardeos. Una vez acabada la guerra se encontró el ataúd de la religiosa, cuyo cuerpo estaba incorrupto.
"¡La cruz fue el sello de su vida!"
En su homilía durante la misa de beatificación, el cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, destacó cómo la vida de la nueva beata “estuvo marcada de manera impresionante por los sufrimientos y las tribulaciones: ¡La cruz fue el sello de toda su vida! Pero su mirada, especialmente en el momento de la prueba, siempre estaba dirigida hacia Dios”.
“Cuando fue azotada por calumnias que determinaron su destitución del gobierno y luego incluso el alejamiento del Instituto que fundó. Fue el periodo de su calvario. Un calvario personal duro y agotador, hecho de soledad y aislamiento, de debilitamiento de la salud y miseria, al límite de la desesperación. Fue el momento del encuentro con su esposo, Jesús Crucificado”, agregó el purpurado.
El cardenal Becciu definió el carisma fundado por la religiosa como “actual y fascinante” a través del ofrecimiento total y alegre al Corazón de Jesús. “Como era una mujer toda de Dios, fue una mujer toda de los hermanos, especialmente de los pequeños, los pobres, los simples, los indefensos. Su amor por Dios no podía sino reflejarse y encarnarse en el amor por el hombre”.
El milagro que la ha hecho beata
Fue 21 años después de su muerte cuando se produjo el milagro que ha propiciado la actual beatificación de Clelia Merloni. Se produjo en 1951 en Ribeirao Preto, en el estado brasileño de Sao Paulo y tuvo como beneficiario al médico Pedro Ángel de Oliveira.
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Este doctor empezó a notar que sus extremidades se iban paralizando. Sufría el síndrome de Landry, una enfermedad que va paralizando todos los músculos hasta provocar la muerte. En aquel momento en Brasil no había recursos para tratarle. Se moría e incluso el médico que le atendía dijo a la familia que aquella sería la última noche con vida.
La esposa, Angelina Oliva, pidió desesperadamente ayuda a una religiosa que estaba allí. Era la hermana Adelina Alvez Barbosa, que dio a la familia una oración para pedir la intercesión de Clelia Merloni.
Junto a la oración había una reliquia de la ahora beata. Se trataba de unos hilos del hábito que usaba. La religiosa colocó uno de esos hilos en un poco de agua y se la dio a beber al enfermo. Con gran dificultad logró tragar un poco de agua. Al poco rato notaron una mejoría. Por ello, le dieron una cucharada de agua que también tragó. Después un poco más en un vaso, y también pudo.
A la mañana siguiente el médico no podía creer lo que estaba viendo. “¡Es un milagro!”, dijo. La recuperación siguió produciéndose y a las pocas semanas Pedro Ángel volvía a hablar y a caminar normalmente. No había en él ninguna secuela de la enfermedad.  Este médico curado moriría muchísimos años más tarde, concretamente en 1986.

domingo, 21 de octubre de 2018

España: Beatificación de Tiburcio Arnáiz Muñoz en Málaga 21102018

Beato Tiburcio Arnáiz Muñoz © Vatican News

España: Beatificación de Tiburcio Arnáiz Muñoz en Málaga

Homilía del Cardenal Angelo Becciu
(ZENIT – 21 oct. 2018).- El 20 de octubre de 2018, el Cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, presidió en la Catedral de Málaga (España) la ceremonia de beatificación de Tiburcio Arnáiz Muñoz, sacerdote de la Compañía de Jesús.
Arnáiz nació en Valladolid el 11 de agosto de 1865. Fue ordenado sacerdote el 20 de abril de 1890, y desde 1893 fue párroco en Villanueva de Duero hasta al menos 1896. Se unió a los jesuitas el 30 de marzo de 1902.
En 1911 estuvo en Málaga donde se dedicó a atender a los pobres y necesitados. Pronto se preocupó por aquellos que viven en granjas y en otras zonas rurales, aunque también pasó algún tiempo en Loyola.
Cofundó en 1922 los Misioneros de las Parroquias Rurales, junto a la Sierva de Dios María Isabel González del Valle Sarandeses, a quienes había conocido. Esta organización sería útil para el sacerdote en su compromiso inquebrantable con el bienestar moral y cultural de los pobres, con un énfasis adicional en aquellos que vivían en áreas remotas y rurales.
En junio de 1926, cayó enfermo al predicar la novena para el Sagrado Corazón de Jesús. Sufrió una fiebre alta y le enviaron un coche para llevarlo a su residencia donde estuvo recluido en cama y pronto se le diagnosticó. Murió a causa de esto un mes después, sus restos fueron enterrados en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en Málaga, después de que sus compatriotas jesuitas obtuvieran un permiso especial para hacerlo.
Sigue la homilía pronunciada por el cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos durante la santa misa de beatificación de Tiburcio Arnaiz Muñoz, celebrada esta mañana en Málaga (España).
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Homilía del cardenal Angelo Becciu
 “Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios” (Lc 12,8).
Queridos hermanos y hermanas,
Estas palabras que hemos escuchado en el Evangelio nos recuerdan nuestra responsabilidad de ser testigos de Jesús. Mientras estaba rodeado por la multitud que lo seguía, Jesús, antes de hablar a las miles de personas, se dirige a sus discípulos y les recuerda un hecho que sucederá al final de los tiempos: el juicio final. Este será pronunciado por Dios Padre, juez justo, rodeado de ángeles, y en la presencia decisiva del Hijo del hombre. Este no es otro que el mismo Jesús. Él, mientras habla a los discípulos, es consciente de que el Padre lo ha destinado a actuar como el Hijo del hombre en el último día, cuando desempeñará la función de abogado de los justos, es decir, aquél que tiene el poder de decidir por cada persona ante el tribunal de Dios. Y esto es lo que sucederá: el que sea reconocido por Él se salvará; quien no sea reconocido por Él será condenado. La intervención del Hijo del hombre en nuestro favor dependerá de un hecho preciso: ¿hemos reconocido o no a Jesús en el curso de nuestra vida? Reconocerlo o negarlo en este mundo será decisivo para nuestro destino final. La posición que asumamos ante Cristo será decisiva para nuestro destino eterno; todo se jugará en dos palabras: “me reconocerá” o “me negará”.
Reconocer a Cristo significa no tener el temor de declararse cristianos, siendo testigos de su Evangelio y de los valores en él contenidos. Negar a Cristo significa rechazar tanto a Él como a su enseñanza de vida, de amor, de justicia, de paz, de fraternidad. Es más, ¡negar a Cristo significa no haber experimentado su amor!
Y el reconocimiento de Jesús debe hacerse “ante los hombres”, es decir, públicamente; de hecho, poco antes él mismo había recordado: “lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea” (Lc 12,3). El amor de Dios que ha tocado nuestros corazones en algún momento de nuestra vida debe brotar y volverse efusivo y operativo. Si se secara, todo perdería color, sentido, luz. Seríamos como sarmientos separados de la vid, que únicamente sirven para ser arrojados al fuego.
La fe profesada con los labios debe manifestarse en una actitud de amor total hacia el mundo y hacia las realidades que nos rodean. El creyente está llamado a ser presencia viva y penetrante del Evangelio en el tejido cultural y social en el que vive. En este sentido, el Santo Padre Francisco afirmó: “Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye en nuestros labios” (Homilía en la Basílica de San Pablo Extramuros, 14 de abril de 2013).
El beato Tiburcio Arnaiz Muñoz, con el intenso sabor de su fiel testimonio del Evangelio hasta el heroísmo, supo impregnar de la doctrina de Cristo el ambiente en el que vivió, contribuyendo así a la misión de la Iglesia en el mundo. Con su vida, marcada por las buenas obras, nos ofrece un claro ejemplo de fe sincera y profunda, enriquecida por el sentido de la presencia de Dios y por la disposición a conformar su existencia con la voluntad divina. El intenso y fructífero ministerio apostólico de este celoso sacerdote e hijo espiritual de San Ignacio de Loyola se ejerció sobre el fundamento de la fe y de la caridad, todo orientado a la edificación de las almas y a la salvación de quienes fueron objeto de su cuidado pastoral. Su vivaz y cálida predicación se convirtió en un motivo decisivo para la conversión de muchos, especialmente durante las misiones populares, a través de las cuales llevaba a cabo una intensa y fructífera evangelización y promoción social.
Él fue un pastor según el corazón de Cristo y un misionero de la fe y de la caridad. Fue el típico ejemplo del “pastor con olor a oveja”, como hoy diría el Papa Francisco. Fue un intrépido heraldo del Evangelio, especialmente entre los más humildes y olvidados de los llamados “corralones”, los barrios más pobres y también más hostiles a la Iglesia de Málaga, consumiendo su vida por el prójimo, sostenido por un gran amor a Dios. Él encontró el valor fundamental de su vida sacerdotal y religiosa precisamente en el don de sí mismo y en el ferviente ministerio de la Palabra. De este rasgo esencial de su fisonomía pastoral hizo partícipes a un grupo de fieles laicas, comprometidas con la catequesis en las zonas rurales, que aún hoy, reunidas en la sociedad de vida apostólica de las Misioneras de las Doctrinas Rurales, realizan un apreciable apostolado.
 ¿De dónde provenía todo este ardor apostólico del Beato Tiburcio Arnaiz Muñoz? De una vida espiritual intensa, que encontró su culmen en la oración y en la Eucaristía: precisamente de aquí él obtenía la fuerza para poder gastarse sin reservas en el ministerio sacerdotal. Esta unión con el Señor, fruto de la fe, era la razón de su esperanza y se manifestaba después en el amor a los demás. En el encuentro orante con Cristo, corazón con corazón, él fue madurando poco a poco en ese conocimiento del Señor (Ef 1,17), al que nos invitaba San Pablo en la segunda lectura, obteniendo así un “espíritu de sabiduría” (ibíd.) a través del cual formaba y guiaba las conciencias en la incansable actividad del confesionario, punto de referencia en la Iglesia del Corazón de Jesús para los penitentes de Málaga y de otros lugares, de la dirección espiritual, de los retiros y, sobre todo, de los Ejercicios espírituales predicados a personas de todas las clases sociales.
Queridos hermanos y hermanas: ¿cuál es el mensaje que el Beato Tiburcio Arnaiz Muñoz ofrece a la Iglesia y a la sociedad de hoy? Él representa para todos nosotros, singularmente para los sacerdotes y las personas consagradas, el ejemplo del hombre que no se conforma con lo ya conquistado sino que, siendo dócil a las exigencias del espíritu, se propone entregarse a Dios con mayor radicalidad. De aquí nace su decisión de ingresar en la Compañía de Jesús tras doce años de ministerio diocesano. Él respondió al amor de Dios a través de una creciente entrega en el ministerio y en el amor por los últimos, los descartados. ¡Cuánta necesidad hay, en nuestros días, de abrir el corazón a las necesidades espirituales y materiales de tantos hermanos nuestros, quienes esperan de nosotros palabras de fe, de consuelo y de esperanza, así como gestos de atenta acogida y de generosa solidaridad!
Presentar a Tiburcio Arnaiz Muñoz, hoy, a la Iglesia, significa reafirmar la santidad sacerdotal, pero sobre todo supone dar a conocer a un ministro de Dios que hizo de su existencia un camino constante, luminoso y heroico de total entrega a Dios y a los hermanos, especialmente los más débiles. Él se sentía corresponsable de los males espirituales y morales, así como de las heridas sociales de su tiempo y era consciente que no podía salvarse sin salvar a los otros.
Esta asunción de responsabilidad, esta madurez de fe, este estilo de presencia sacerdotal y cristiana en el mundo, son también necesarios en el actual contexto eclesial y social, el cual tiene extrema necesidad de la presencia y del compromiso de sacerdotes, de personas consagradas y de fieles laicos que sepan testimoniar con coraje y firmeza, con entusiasmo e ímpetu, su mismo sentirse con Cristo, en Cristo y por Cristo, convirtiéndose en testigos creíbles del Evangelio.
El nuevo Beato representa para la Iglesia de hoy un modelo que estimula a vivir de Cristo, al tiempo que para toda la sociedad supone una antorcha capaz de iluminar la historia de nuestros tiempos.
Que su ejemplo nos acompañe y su intercesión nos sostenga. Por eso le invocamos: ¡Beato Tiburcio Arnaiz Muñoz, ruega por nosotros!
© Librería Editorial Vaticano

sábado, 20 de octubre de 2018

El Sagrado Corazón, la confianza y el «negocio de Dios», los rasgos espirituales del beato Tiburcio 20102018

Fue un apóstol incansable entregado a las misiones populares

El Sagrado Corazón, la confianza y el «negocio de Dios», los rasgos espirituales del beato Tiburcio

Esta mañana, ante más de 10.000 personas, fue beatificado el P. Tiburcio Arnaiz, S.J., en la Catedral de Málaga. La celebración fue presidida por el Cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos, en cuya homilía destacó "el intenso y fructífero ministerio apostólico de este celoso sacerdote e hijo espiritual de San Ignacio de Loyola", el cual "se ejerció sobre el fundamento de la fe y de la caridad, todo orientado a la edificación de las almas y a la salvación de quienes fueron objeto de su cuidado pastoral. Su vivaz y cálida predicación -explicó el representante del Papa- se convirtió en un motivo decisivo para la conversión de muchos, especialmente durante las misiones populares, a través de las cuales llevaba a cabo una intensa y fructífera evangelización y promoción social".
Monseñor Becciu también explicó que presentar a Tiburcio Arnaiz Muñoz, hoy, a la Iglesia, "significa reafirmar la santidad sacerdotal, pero sobre todo supone dar a conocer a un ministro de Dios que hizo de su existencia un camino constante, luminoso y heroico de total entrega a Dios y a los hermanos, especialmente los más débiles. Él se sentía corresponsable de los males espirituales y morales, así como de las heridas sociales de su tiempo y era consciente que no podía salvarse sin salvar a los otros".
Fieles en la beatificación de esta mañana del P. Tiburcio, en Málaga
Para conocer más en profundidad a este nuevo beato misionero, que además también fundó a las Misioneras Doctrinales Rurales, en la web dedicada a su beatificación se ofrece un semblante suyo recorriendo algunos aspectos fundamentales de su espiritualidad: su devoción al Sagrado Corazón de Jesús, su confiada entrega a Dios, el olvido de sí y la entrega al “negocio de Dios”, y que ofrecemos a continuación.
“Vivamos sólo para Dios y como si solos con Él estuviéramos en el mundo”
La devoción al Corazón de Jesús era el centro de su vida espiritual. La fuerza expansiva del amor de Cristo era su motor. “El que vive vida de mucha unión con Dios participa de los afectos de su Corazón”, decía… y lo vivía. Recordaban, quienes lo trataron, que hasta su manera de pronunciar el nombre de Jesús hacía bien al alma, y que no había más que observarlo cuando celebraba Misa: entonces parecía que se transformaba y veía a Jesús en la Eucaristía.
La penitencia y mortificación de su persona era proverbial, tenía verdaderas ansias de reparación, amaba con locura al Señor. Con un fervor que contagiaba, entronizó en cientos de casas al Corazón de Jesús, para que fuese el centro, y la vida misma, de cada familia.
Fue nombrado director del Apostolado de la Oración de Málaga y, además de aumentar el número de los socios, pues pasaron de varios centenares a miles, infundió en ellos un espíritu verdaderamente cristiano que cuajó en obras de amor a Dios y al prójimo.
En 1915 se decidió, con la colaboración de los miembros del Apostolado, a posesionar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que hacía catorce años que no salía por miedo al ambiente anticristiano en que se vivía. Tuvo que vencer la oposición de los que les parecía una imprudencia salir a la calle. Pero, el Padre, con esa seguridad en las cosas de Dios que sólo tienen los santos, siguió adelante con su propósito. Sacó la procesión con una concurrencia numerosísima y gran fruto espiritual, y se hicieron eco del acontecimiento todos los periódicos de Málaga. Nadie esperaba un éxito semejante y desde entonces no se ha dejado de celebrar este acto en honor al Divino Corazón.
Manuel Lucena, quien experimentó el milagro que ha permitido la beatificación, orando ante la tumba del P. Tiburcio

Un pacto de confianza
El P. Arnaiz hizo un pacto con el Señor, parece que antes de los últimos votos, y que más tarde reveló a sus íntimos, de que si le concedía diez años de vida los emplearía en “matarse” por su Gloria, sin descanso, y aseguraba, sin darle la más mínima importancia al cuidado de su salud: “Es Dios el que quiere cuidar de mi cuerpo con tal que yo viva confiado en Él”.
“Vivamos -decía a sus compañeros-, vivamos sólo para Dios y como si solos con Él estuviéramos en el mundo; esto es más fácil de lo que muchos creen pues, comparadas con Él, todas las cosas son despreciables y sólo por Él les damos lugar o dedicamos tiempo, mas a Él sólo y siempre debemos atender, empezando por el olvido de nosotros mismos”.
Su vida era Cristo; y el deseo de identificarse con Él, lo llevó hasta el extremo de escribir los siguientes propósitos, concebidos en los Ejercicios que había hecho antes de sus últimos votos:
“Deseo ardiente de adversidades o injurias y afrentas.
Querer que no sepan mis servicios o méritos.
Desear que no aprueben mi parecer.
Callar, no disculparme ni declarar a nadie mi inocencia ni mis penas.
No querer ni menos pretender que me amen, sino que me aborrezcan.
Dejarlo todo, si lo ordena la obediencia sin cuidarme de que se seguirá deshonra.
No mostrar sentimiento ni dolor.
No buscar comodidad de criatura alguna.
No decir nada bueno de mí, antes querer que se ignore lo que haga.”
Olvidado de sí: “Ten tu vivir en el cielo, en Jesús. Te olvidarás de ti…”
A su hermana Gregoria, ya religiosa, le aconsejaba en una carta: “¡Qué vida más feliz es ésta cuando se vive en Jesús y para Jesús! No me cansaría de ponderar a las almas, máxime a las religiosas, de los bienes que pierden cuando piensan, quieren, recuerdan, hallan o buscan otra cosa que a Dios. Sé tú de éstas, hermana mía, que tienen su vivir en el cielo, en Jesús. Te olvidarás de ti…”.
Así vivía el P. Arnaiz, tal como había pactado con el Corazón de Jesús, olvidado por completo de sí y dejando todo su cuidado en Él: la comida era siempre parca y desechaba cuanto se le presentara, una vez que consideraba que había tomado lo suficiente. El vestido, muy usado, el mismo en verano que en invierno.
Una vez un penitente suyo, que era sastre, le propuso que le diese la sotana, que se la dejaría como nueva; el Padre, que adivinó la intención del buen hombre y que lo que pretendía era cambiársela por otra, le preguntó:
- “¿Y ese trabajo cuánto podría costar?”
- “Pues X pesetas”
- “Démelas para mis pobres que, con la sotana tal como está, voy muy bien”.
Para hacer sus viajes o determinar trabajos nunca se arredraba, ya lloviese, ya hiciese calor o frío, parecía impasible, decía: “Yo no me entero”. Un día María Isabel, su más fiel colaboradora, le protestaba: “Pero Padre, puede uno callarse y no decir nunca si siente frío o calor pero, no notarlo, me parece imposible”, y él replicó: “Pero ¡qué boba es!; claro que es posible, ¡y tan posible! Vaya usted a uno que se le está muriendo un ser querido, o que le viene la ruina o la deshonra, con que hace mucho frío o cosa así, y verá cómo la mira. Él no lo ha notado ni piensa en eso, esta embargado por otra idea, y esa le llena y le absorbe. Si se llenase usted de Dios y del deseo de que se salvasen las almas, y esa fuese su preocupación y anhelo, no sentiría esas cosas ni pensaría en esas tonterías”.
“Es negocio de Dios el nuestro”
El negocio de salvar las almas y ganar el cielo no lo dejaba vivir. “Es una pena que, teniendo una eternidad para descansar, queramos aquí descanso”, repetía con sentimiento.
No perdía oportunidad. En una ocasión hubo de embarcar con el santo Obispo de Málaga, D. Manuel González, para Melilla y llegó al puerto media hora antes de la partida; al ver que había de estar esperando, voló al hospital vecino; llegó el Señor Obispo y preguntó ansioso por el Padre; la hora de salir se echaba encima y cuando faltaban unos momentos apareció corriendo:
- “¿Dónde ha ido?”, le preguntó el prelado…
- “A aprovechar el tiempo, Señor Obispo”.
San Manuel lo apreciaba en grado sumo y se valía de él muchas veces para preparar la visita pastoral, sobre todo en los sitios más alejados de la diócesis, o especialmente dificultosos por las condiciones sociopolíticas de aquellos tiempos.
Llevado de su amor al Señor nunca decía basta y todo le parecía poco: “¡Qué fácil es predicar cuando se ama a Cristo! ¿Qué diría ahora Jesús a estas almas?… pues pidamos a Jesús que nos lo diga a nosotros, y repitámoslo, en su Nombre”.
Dio muchas tandas de Ejercicios Espirituales a sacerdotes, religiosas y maestros, a dirigidos suyos de intensa vida espiritual y a sencillas muchachas de condición humilde. Este apostolado de los Ejercicios se prolongaba después en una intensa correspondencia con los que se acogían a su dirección espiritual. Muchas veces no daba abasto para contestar y aprovechaba hasta los desplazamientos en el tren.
Las doctrinas rurales
Las "Doctrinas Rurales" son fruto de la intensa labor apostólica del ahora beato Tiburcio Arnaiz durante sus años de trabajo misionero en la provincia de Málaga. Junto a él, se unió Mª Isabel González del Valle, una joven asturiana que, siguiendo las pautas del santo jesuita, pone en marcha la realidad de las Misioneras de las Doctrinas Rurales. El siguiente vídeo, elaborado por Gaudium Producciones Multimedia, acerca a la labor actual de las Misioneras del Padre Arnaiz, conocidas también con el nombre de "Misioneras de las Doctrinas Rurales".


El siguiente vídeo está elaborado por H.M. Televisión, y en él se narra la vida, la obra y espiritualidad del nuevo beato.