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martes, 27 de noviembre de 2018

Almas con olor a cebolla (Cecilia COURTOISIE NIN) (Primer Premio "ex aequo" 2009-2010)

Almas con olor a cebolla

Cecilia COURTOISIE NIN




Esta mujer tiene algo especial en las manos. Sus dedos gruesos hablan. Sus uñas negras, los nudillos apenas deformados. La resequedad de la piel.
Aprieta el cuchillo entre los dedos y corta la zanahoria casi sin esfuerzo. Pedazos chiquitos para la sopa. Calabaza, puerro, cebolla. Bandejitas de verdura en juliana.
Buen día ¿me da una banana? ¿una sola? Sí. Dos pesos. ¿Dos pesos? Por unidad es más caro. Bueno. ¿Algo más va a llevar? No, nada más, gracias.
Detrás de la expresión seria, un dolor atrasado. El estómago oprimido se oculta bajo la redondez del cuerpo. Cuerpo cansado. Lento.
Lejos quedaron los días de críos en la espalda. De palabras crueles de gente igual, pero con otra vida. Lejos, pero más presente que nunca.
Los anhelos se arrancan de los azotes recibidos, los sueños deformados por lágrimas imperceptibles. Inaceptables. El pecho que se incendia con la naturalidad del aire y trasmite en esa fuerza, generación tras generación, el sabio sigilo de la lucha imperecedera.
La victoria descalza deja huellas en la planta del pie.
La angustia en silencio. El silencio que asume la rabia del otro, la absurda intolerancia.
Los huesos sufren, pero se callan.
¡Deja las ciruelas quietas! Gabriel, vigila a tu hermano. ¿Qué le doy, señor? ¿un kilo? Los zapallitos dos kilos cinco pesos. Un kilo, tres. ¡Gabriel, vigila a tu hermano te he dicho! El brócoli se lo dejo dos con cincuenta porque no vino bueno. ¡Quita tu mano de allí te he dicho! ¡Gabriel! El tomate de oferta se ha acabado, tiene esos a cuatro pesos. ¡Gabriel!
Muchos siglos esperando la esperanza. Con la esperanza a cuestas se sueña distinto, se lucha distinto, la dignidad es posible.
El día empieza mucho antes si se hacen trámites.
Filas eternas de personas que acampan, en busca de un sueño deseado por obligación. Dejar de pertenecer para ser de otra parte. Colas inacabables por una identidad legal. Prueba indeleble del exilio.
Madrugadas enteras desperdiciadas en un papel. Punto de partida de una aparente vida nueva. Sudamérica, hermanos latinoamericanos. Buenos Aires, la utopía disfrazada de anhelos tangibles. Sábanas limpias, un trabajo digno. ¿Digno de quién? ¡Sudamérica! ¿hermanos latinoamericanos?
La Patria Grande.
Falta la partida de nacimiento. Pero yo he traído todo. Todo no, le falta la partida legalizada en su país de origen. Pero yo he traído todo lo que me han dicho ustedes. ¿No entiende lo que le digo, señora? Falta la partida legalizada. A ver, ¿de dónde es usted? ¿y tiene familia allá? Bueno, mándeles la partida para que le hagan el trámite y vuelva otro día. Ya vine cinco veces. ¡Le falta la partida, señora! Vuelva otro día, hoy no puedo hacer nada.
Otra vez el silencio.
Las manos de esta mujer tienen algo. Hablan. Cuentan su historia.
Llega a casa cuando la noche está avanzada, con sus hijos de las manos. El más pequeño quizás en brazos. Abierta al reencuentro que la espera puertas adentro, donde todo está en calma.
La familia unida, por el exilio, por la historia compartida, por el porvenir que están creando. La familia toda, completa, los que ya están, los que van llegando.
La esperanza contenida en los sabores que pasan de mano en mano, hombres y mujeres, núcleo inseparable, inquebrantable. El aroma de los otros que allá están, que son pero no son. Desconocidos de la misma raza, humanos, seres que explotan de vida, de angustia, de anécdotas que son distintas y tan iguales. Rituales que son de todos y que ellos se llevaron a otra parte. Rituales compartidos a la distancia con aquellos que aún luchan en la tierra que los trajo. Pacha al rojo vivo que guarda en frasquitos los vientos huracanados.
Puertas adentro el alma se reconstruye, se comprende. Puertas adentro de casa, y del país que una vez fue nuevo.



(Em português:)

Almas com cheiro de cebola

Cecilia COURTOISIE NIN



Esta mulher tem algo especial nas mãos. Seus dedos rudes falam. As unhas negras, as articulações ligeiramente deformadas, a secura da pele.
Aperta a faca entre os dedos e, quase sem esforço, corta a cenoura. Pedaços pequeninos, para a sopa. Abóbora, alho-poró, cebola. Bandejinhas de verdura picada.
Bom dia; me dá uma banana? Uma só? Sim. Dois pesos. Dois pesos? Por unidade é mais caro. Tudo bem. Vai levar mais alguma coisa? Não, nada mais, obrigado.
Por trás da expressão séria, uma dor que se prolonga. O estômago oprimido se esconde sob a redondez do corpo. Corpo cansado. Lento.
Já vão longe os dias de carregar bebês nas costas. Dias de palavras cruéis de gente igual, mas com outra vida. Já vão longe, embora estejam mais presentes do que nunca.
Os anseios se apartam dos açoites recebidos, os sonhos deformados por lágrimas imperceptíveis. Inaceitáveis. O peito que se incendeia com a naturalidade do ar e transmite, nessa força, de geração em geração, o sábio segredo da luta imperecível.
A vitória descalça deixa marcas na planta dos pés. A angústia em silêncio. O silêncio que assume a raiva do outro, a absurda intolerância.
Os ossos sofrem, mas se calam.
Largue essas ameixas, Gabriel! Tome conta do seu irmão. O que deseja, senhor? Um quilo? Dois quilos de abobrinha, cinco pesos. Um quilo, três. Gabriel, tome conta do seu irmão, eu já disse! O brócolis, deixo dois por cinquenta, porque não está muito bom. Já disse para tirar a mão daí, Gabriel! O tomate em oferta acabou, tenho esses outros, a quatro pesos. Gabriel!
Muitos séculos à espera da esperança. Com esperança, sonha-se diferente, luta-se diferente, a dignidade é possível.
O dia começa muito antes, quando há trâmites a fazer.
Filas eternas de pessoas que acampam, em busca de um sonho desejado por obrigação. Deixar de ser de um lugar, para ser de outro. Filas intermináveis, por uma identidade legal. Prova indelével do exílio.
Madrugadas inteiras desperdiçadas num papel. Ponto de partida de uma vida aparentemente nova. América do Sul, irmãos latino-americanos. Buenos Aires, a utopia disfarçada de anseios tangíveis. Lençóis limpos, um trabalho digno. Digno de quem? América do Sul! Irmãos latino-americanos?
A Pátria Grande.
Falta a certidão de nascimento. Mas eu já trouxe tudo. Tudo, não. Falta a certidão, autenticada em seu país de origem. Mas eu trouxe tudo o que me disseram para trazer! Não entende o que eu falo, senhora? Falta a certidão autenticada. Vejamos, de onde a senhora é? E tem familiares, por lá? Bem, mande-lhes a certidão para que a autentiquem, e volte outro dia. Já vim cinco vezes. Falta a certidão, senhora! Volte outro dia, hoje não posso fazer nada.
Outra vez o silêncio.
As mãos desta mulher têm algo. Falam. Contam sua história.
Chega à casa, a noite já avançada, puxando os filhos pela mão, o menor provavelmente no colo. Aberta ao reencontro que a espera, lá dentro, onde tudo é calmaria.
A família unida pelo exílio, pela história compartilhada, pelo futuro que está criando. A família toda, completa, os que já chegaram, os que vão chegando.
A esperança contida nos sabores que passam de mão em mão, homens e mulheres, núcleo inseparável, inquebrantável. O aroma dos outros que lá estão, que são mas não são. Desconhecidos da mesma raça, humanos, seres que explodem de vida, de angústia, de casos que são diferentes e tão iguais. Rituais que são de todos e que eles levaram para outro lugar. Rituais compartilhados à distância, com aqueles que ainda lutam na terra de onde vieram. Pacha incandescente que guarda em pequeninos frascos os ventos que têm a força de furacões.
Portas adentro, a alma se reconstrói, se acalma. Portas adentro de casa e do país que um dia foi novo.

Cecilia Courtoisie Nin
Buenos Aires, Argentina

jueves, 11 de octubre de 2018

Carta a papá querido (Patricia SUÁREZ)

Carta a papá querido

Patricia SUÁREZ




“-María Chucena, ¿qué estás techando?
-No estoy techando mi choza, ni la choza ajena.
Estoy techando la choza de María Chucena”.
Trabalenguas popular
Leyó:
“Papá querido:”, en el comienzo de esa extraña carta sin fecha, en el papel amarillento, con la letra igual que pequeños obreros de los ingenios, con íes con puntos como sombreros, con íes como hongos,
“Papá querido”, decía la carta, y a continuación hacía una sangría y la lapicera hacía un corte profundo sobre el papel, signo que el padre a quien iba dirigida la misiva, al verlo en esa carta escrita para a él, habrá interpretado como signo de nerviosismo. “Yo sé que usted dijo”, decía la carta inmediatamente, “que prefería que su mano derecha perdiera la destreza antes de olvidarse de su familia y de su tierra, y por eso nos prometió que vendría, apenas pudiera, del sur, aunque más no fuera para devolver la cortitrilla que no era suya, por más cosecha que usted tuviera que recoger los Jarma reclaman la cortitrilla y no supimos que hacer, con los reclamos, y cuando la mamá les dijo que usted nos había jurado que prefería perder la destreza de la mano derecha antes de olvidarse de nosotros y de la tierra, y que eso quería decir que tampoco se olvidaba de los amigos ni de ellos de los Jarma, ellos se le rieron a la mamá en la cara. Yo no puedo recordar que usted, papá, haya dicho que prefería perder la destreza de la mano derecha antes que olvidarse de nosotros, no lo puedo recordar, porque usted sabrá, si me recuerda, que yo era muy chica. Me gustaría saber si usted se acuerda de mí, papá querido, como yo me acuerdo de usted a veces. Me parece estar viéndolo, levantándose con el canto del gallo, y saliendo a sembrar, -siempre le pido a la virgen santa por usted, papá-, yo no recuerdo muy bien qué sembraba usted, papá, pero mi hermano dice que usted era un buen sembrador, y también me dijo que lo extraña, aunque él no lo perdona. Cuando el tiempo en que usted dijo que iba volver se cumplió y usted no volvía, empezó a rondar la casa la gente rara. Yo tampoco me acuerdo de eso porque seguía siendo muy chica, pero me dijo mi hermano que por aquel tiempo la mamá estaba muy asustada, y creía que nos iban a sacar la tierra y que nos iban a echar del pueblo por la fechoría que usted había hecho en el sur, que se comentaba que debía había matado a un cristiano. La mamá tenía el susto de que nos sacaran la tierra, porque decían que a los parientes de ella, los que vivían en los cerros se lo habían hecho. La madrina de la mamá, ya sabía que iban a llegar las gentes raras a sacarles la tierra, que ella lo había leído en las entrañas de la cabra, que la madrina de la mamá era muy sabia en eso. Que les habían pedido, primero, que les mostraran las escrituras, y la madrina de la mamá no tenía escritura de la tierra, que esa tierra era suya y de sus gentes de toda la vida, desde antes que llegaran los otros hombres, que las tierras eran de las gentes. Entonces los hombres de traje que fueron les gritaron que ellos era indios y que los indios no valen nada en ningún país y que no tienen tierra, mataron el ganado, los pollos, los cabritos y todo, hasta el guanaco que la madrina de la mamá tenía para hacerse compañía, y así les sacaron la tierra, por ser indios, aunque la madrina de la mamá tuviera también la sangre de un blanco, su padre era un español, de esos que fueron por el oro que escondía el valle, igual eso no les importaba a ellos, ellos lo único que querían era la tierra, por codiciosos, porque son así, porque dicen que un hombre sin ambiciones no es un hombre. Y la madrina de la mamá y la mamá misma les replicaron que ellos no eran hombres, no eran gentes buenas, que ellos eran buitres, que eran peor que los cuervos y los perros del desierto cuando están muertos de hambre. Y a los hombres no les importó nada. Los hombres solamente querían la tierra, y para ellos las gentes no eran gentes, papá, eran no más indios; y los indios no valían nada en ningún país, decían ellos. Yo siempre pensé, papá, que si usted mató a alguien sus razones habrá tenido, porque usted es muy hombre para matar por matar, para andar cuchilleando porque sí a cualquiera. Pero la mamá dice que usted se daba a la bebida, y que el vino es lo peor que le puede pasar a un hombre y a un padre, que después se le olvida todo, nomás por tomar muy mucho, aunque haya prometido que prefería perder la destreza de la mano derecha antes que el olvido, muy bebedor dice que era usted la mamá, y que se le olvidó que nosotros seguimos en el pueblo, que somos su familia, y que pensamos en usted aunque usted esté en la cárcel. Yo lo tengo en mi pensamiento, papá, todo el tiempo, a cada momento. Cada cosa que hago, me digo, ¿cómo sería si estuviera el papá conmigo? Y a veces le pregunto a mi hermano, le pregunto, ¿Cómo sería si papá estuviera con nosotros?, pero a mi hermano no le importa, porque no lo perdona a usted, y dice que todo seguiría igual, que las cosas del mundo no cambian por un padre que esté o que no esté, sino que van a cambiar cuando cambien los patrones, los patrones de la tierra, que son los que nos dañan, ellos, aunque la Lili, por nombrarle alguno, que es la hija del Viejo Álvarez, parezca tan calma y tan buena, ellos, los patrones son los que nos hacen mal, dice mi hermano, y que cuando los patrones se terminen se van terminar nuestros problemas, que son muchos y no se los voy a andar numerando, papá, para que no se me ponga triste. Mi mamá dice que si nosotros, mi hermano y yo decimos estas cosas vamos a terminar presos igual que usted, porque estas cosas no se dicen, claro que no se dicen, a los patrones no les gusta escuchar lo que uno piensa. Creen que ellos solos tienen lengua y seso, y que nosotros somos como un atajo de piernas y brazos, que no somos personas, que no somos gentes. A mí no importaría ir presa, papá querido, si supiera que así voy a estar más cerca suyo, que es lo único que yo deseo, y que la virgen me lo tiene que cumplir. Yo lo único que quiero es que usted vuelva, se lo pido a la santa virgen todo el día, pero la mamá dice que ella tampoco nos escucha, y que a lo mejor no nos escucha porque ella una vez cometió un gran pecado, y de ese pecado le viene el dolor de los huesos de las manos, viera, papá, usted, cómo le duelen a la mamá los huesos de la mano, la dolor de ella es más grande de lo que dice. Mi hermano dice que habría que ir al médico de la ciudad, para que la vea, pero el Viejo Alvárez que sabe mucho le dijo que no sea una burra, que no hace falta ir a la ciudad para que se le vaya el dolor en los dedos, que si se pone la crema de ordeñe el dolor se le va a ir y los dedos no se le van a disformar nunca ni se le van a poner morados, dice, que eso es lo que hace la Señora. Pero la Señora, papá, a la Señora del Viejo Álvarez yo jamás la ví andar lavando la ropa que mamá lava, y menos en esa cantidad, si hasta da pena, por eso no sé por qué lo dice el Viejo, yo creo que nos miente, yo creo, al final, que es como dice mi hermano, que los patrones son los dueños de nuestros dolores. Le dije a la mamá que igual vaya a la ciudad a hacerse ver las manos, pero ella, vió cómo es, papá, cabezuda como una mula, dice que el Viejo Álvarez es bueno y no va a querer hacerle mal, ni tampoco los Jarma, que le hacen lavar la ropa y atender los críos sólo porque usted, papá querido, y no vaya a enojarse por esto que le digo, los Jarma la hacen trabajar a la mamá nada más que porque usted no les devolvió la cortitrilla en aquel tiempo, cuando se fue al sur para la cosecha de la soja, y nos dijo aquello de la mano, que usted prefería perder la destreza en la mano derecha antes que olvidarse de su familia y de su tierra. Yo tengo miedo por la mamá, que se desloma de sol a sol, y se va poniendo vieja, y a veces no quiere comer ni dormir, ni le dice a mi hermano “mi negrito” que es como le decía ella antes, cuando parecía más contenta, tal vez usted se acuerde, papá, de cuando mi mamá estaba contenta. Ha dicho que quiere volverse a los cerros, que ella nunca debería haber dejado su tierra, que su padre era baqueano y su mamá era una criolla guapa que pasaba las horas tejiendo ponchos, y que ella dejó aquello, para venirse con usted, que ella le tenía a usted tantas ganas que eso la hizo venirse de los cerros; yo creo que ese es el gran pecado del que ella habla: haber dejado el cerro, por las ganas del cuerpo que tenía de usted; si usted supiera, papá, qué triste que estoy a veces. La mamá dice que los suyos le ordenan que se vuelva, que la están esperando, se lo dicen a cada rato, en los sueños, la mamá habla con las almas de los suyos. Tiene metido en la cabeza lo de la vuelta, porque las almas de sus gentes se lo dicen en los sueños. Uno de los Jarma, dice, papá, pero yo no le creo, que la vió a la mamá andando dormida por el campo, como perdida. El Jarma que la vió, yo no creo que usted se acuerde de él, uno con cara de bien turquito, que cuando usted se fue, aún él estaba adentro de la panza de su madre, que su madre estaba gruesa de él, y cuando el turquito nació, ella le quiso poner a él su nombre, papá, el nombre de usted, para recordarlo, pero Jarma el viejo dijo que no, se lo prohibió, porque si le ponía el nombre de usted, decía, el chico iba a salir matungo y asesino, y no es justo, papá, que ese viejo amarrete diga lo que dice de usted. Cuestión que el turquito de los Jarma dice que él salió afuera porque sintió la bulla que hacían las gallinas, y pensó que una comadreja estaba dándose una panzada con sus huevos. Salió con la escopeta, el hijo de los Jarma, viera qué atorrante, papá, salir con una escopeta por unos pocos huevos que pierde, y capaz que mata a una persona, pero ellos son así, qué se le va a hacer, parece que no se puede hacer nada con cómo son ellos, tienen el espíritu violento. El turquito dice que vió a la mamá, que andaba en redondo alrededor del álamo que plantó el Viejo Álvarez en el tiempo viejo, cuando esa propiedad todavía era suya y no se la había vendido a los Jarma. Los Jarma odian la tierra en que viven, se lo juro, papá. Es porque el Viejo Alvarez hizo la porquería de vendérselas sabiendo que la tierra estaba agotada, que él la había agotado sembrando maíz y trigo durante más de cinco años seguidos. Trató a la tierra peor que a las bestias de carga. Que cuando los Jarma compraron la tierra, ni los cardos crecían ahí, y la mamá les hizo un trabajo, una vez, para ayudarlos, usted debe acordarse de eso, papá, usted todavía no se había ido al Sur, y debe de acordarse de cuando la mamá hizo aquel trabajo con un toro negro y muy bravo y lo puso a montarse a las vacas justo encima de aquella tierra yerma, la de los Jarma, para que se les volviera fértil. Y ahora uno de ellos viene con el cuento de que la mamá se pasea en sueños por sus tierras, que les pisotea la siembra, dicen, y hablan de la mamá como de una vaca que se cruza los cercos y arruina los sembrados, y una de las Jarma dice que la mamá es bruja porque hizo que ella perdiera la criatura que estaba esperando. Que ni mi mamá ni yo ni nadie, sabíamos que esa estaba preñada, y que si lo perdió fue porque era un hijo malhabido, que vaya a saber con quién lo hizo, papá, esa Jarma que es una víbora. Yo quisiera que todo esto no pasara, papá, que no ocurriera, y que las cosas volvieran a ser como antes, cuando usted estaba en la casa. Yo siempre me acuerdo de cuando usted se levantaba al alba con el canto del gallo, qué lindo hombre era usted, papá, cuando yo le veía en la madrugada y usted se iba a sembrar, que era un buen sembrador, usted, me dijo mi hermano. Y lo que más me apena, papá, es que mi mamá dice que si ella se vuelve para los cerros, nosotros, mi hermano y yo, deberemos quedarnos en el pueblo, porque ese es nuestro lugar, ha dicho ella, nuestro lugar en la tierra. Pero fíjese, papá, ¿qué va a ser de mí? Porque mi hermano es un hombre, y yo sé que el se está buscando mujer, y la hija del Viejo Álvarez, la que parece tan buena, la que le he dicho antes, ella, antes de irse a la ciudad a estudiar a las leyes, me regaló una chiva, para que me hiciera compañía y para que yo no la extrañara a ella, a la Lili, porque ella creía, pobrecita, que con todos sus caprichos y las bondades esas que le venían y se le iban, yo la iba a querer como a una hermana. La cosa es, papá, que ella me regaló una chiva, hasta le puso un nombre y todo pero que me resulta muy difícil de pronunciar porque no es en este idioma que hablamos usted y yo. O sea, papá, que si mi mamá se empeña en irse a los cerros, y cuando mi hermano se encuentre una mujer, yo me voy a quedar sola con la chiva, sirviendo a los Alvarez hasta que las manos se me hagan de polvo, un polvo hasta más chiquito que el cubre la tierra, porque para eso están los patrones, dice mi hermano, les voy a lavar todas sus ropas, la blanca, la de vestir, viera usted, que ni los calzones se lavan, y eso que hay entre ellos tres muchachas ya grandes. Más valiera, papá, morirme, que la vida que me espera. Y yo ni siquiera, puedo decir que estoy pagando un pecado muy grande, porque ni tiempo para pecar he tenido, y todavía ninguno se me arrimó para hacerme un hijo, cosa que espero, papá, según la mamá me ha dicho, que no me pase, nunca, nunca, papá, hasta que yo lo encuentre a usted otra vez, hasta que usted vuelva, papá querido, acuérdese de lo que usted prometió, aquello de que prefería perder la destreza de su mano derecha antes que olvidarse de su familia y de su tierra; y después, quiso el diablo o quien haya sido, que usted se entremetiera a matar al hombre que mató y lo llevaran preso, sin hacerle verdadera justicia, papá, y a la mamá y a nosotros nos rodeara la gente rara y nos obligara a trabajar para pagar la cortitrilla que usted se llevó, y la tierra, el trozo de tierra que tenemos y que es nuestro, y donde no podríamos cavar ni nuestras tres tumbas de estrechito que es, pero es nuestro, aunque mi hermano diga que la tierra no es ni debería ser de nadie, que la tierra es como el aire y como el agua de los ríos y de los lagunas, donde todos toman, yo quiero que mi tierra sea mía, papá, mía para mí sola, y que mi hermano se busque otra para él, y para la mujer que tenga cuando la tenga, y que mi mamá se vaya a los cerros, si ella está emperrada con eso, pero yo quiero mi tierra, la mía, papá, para cuando usted venga. Yo le pido siempre a la virgen santa que usted vuelva. Cuando usted venga, papá, yo voy a estar esperándolo en nuestra tierra. Y vamos a ser usted y yo, solos, papá, para toda la vida“

Patricia Suárez
Buenos Aires, Argentina

sábado, 11 de noviembre de 2017

San Martín de Tours. Patrono de la Guardia Suiza del Vaticano (11 de noviembre)

San Martín de Tours. Patrono de la Guardia Suiza del Vaticano

san martin de tours patrono de la guardia suiza del vaticano

San Martín de Tours renunció al ejército para servir al Señor. Patrono de los soldados, la Guardia Suiza del Vaticano, Francia y Hungría

 
San Martín de Tours fue obispo de Tours, cuyo santuario en Francia se convirtió en un famoso punto de parada para los peregrinos que realizan el camino a Santiago de Compostela en España. San Martín es uno de los santos cristianos que es muy reconocido por los fieles, a veces venerado como un santo militar. Es considerado un puente espiritual en toda Europa. Es el Santo patrono de los soldados, tejedores y fabricantes textiles. Patrono de Francia, de Hungría y de las ciudades de Utrecht en Holanda, Buenos Aires, Argentina y la Colonia Tovar en Venezuela.

Fiesta: 11 de Noviembre

Martirologio romano: Memoria de san Martín, obispo, en el día de su sepultura. Nacido en Panonia de padres gentiles, siendo soldado en las Galias y aún catecúmeno, cubrió con su manto a Cristo en la persona de un pobre, y luego, recibido el bautismo, dejó las armas e hizo vida monástica en un cenobio fundado por él mismo en Ligugé, bajo la dirección de san Hilario de Poitiers. Después, ordenado sacerdote y elegido obispo de Tours, teniendo ante sus ojos el ejemplo del buen pastor, fundó en distintos pueblos otros monasterios y parroquias, adoctrinó y reconcilió al clero y evangelizó a los campesinos, hasta que fue al encuentro del Señor en Candes (397)

Biografía de San Martín de Tours

San Martín de Tours, nació en Hungría hace casi 1700 años, allá por el año 316. Recibió su educación en Pavía, Italia, y aunque se sentía inclinado por la Religión, su padre que era tribuno militar, lo hizo entrar en la guardia imperial romana a la edad de 15 años, en la que sirvió a caballo, primero en Italia y luego en Galia (hoy Francia); de allí le vino el apodo de “Caballero”.

El llamado y su visión mística

Cuando contaba con 21 años, un frío día de invierno entra la tropa romana a la ciudad de Amiens, Francia, y Martín encuentra cerca de la puerta de la ciudad a un mendigo tiritando de frío, a quien da la mitad de su capa, pues la otra mitad pertenece al ejército romano.
En la noche siguiente, Cristo se le aparece vestido con la media capa para agradecerle su gesto, diciéndole: "Hoy me cubriste con tu manto".
Martín decide entonces dejar el ejército romano y servir a Dios, lo cual no puede hacer de inmediato, al negarle su licencia de retiro el emperador, el César Juliano.
Cuando las legiones romanas se alistaban para entrar en combate contra los invasores bárbaros, Juliano pasaba delante de las legiones alineadas en perfecto orden, dando un incentivo económico a cada soldado.
Aproximándose a Juliano, Martín le dijo: "Hasta ahora, César, he luchado por ti; permite que ahora luche por Dios. El que tenga intención de continuar siendo soldado que acepte tu donativo; yo soy soldado de Cristo, no me es lícito seguir en el ejército".
Juliano no permitiría entre sus tropas ni la deserción ni la disensión. Lo podría mandar a ejecutar, pero Martín era apreciado por los soldados y hacerlo bajaría la moral y ocasionaría descontento en la tropa en la víspera de la batalla, por lo que prefirió desacreditar a Martín diciéndole con voz potente:
"Los bárbaros nos atacarán mañana y hemos de responder con contundencia, la seguridad del Imperio peligra. Tu actitud, querido Martín, parece que está más motivada por el miedo que por tus convicciones religiosas. Dices ser cristiano, es decir, cobarde. Tienes miedo de enfrentarte al enemigo".
Lleno del Espíritu de Dios, Martín respondió:
"Mañana, al amanecer, cuando sitúes tus legiones en orden de combate, déjame en primera línea, sin armas, sin escudo y sin casco y me internaré tranquilo en las filas enemigas. Así te probaré mi valor y mi fidelidad y te demostraré que el miedo que tengo no es a morir sino a derramar la sangre de otros hombres".
Así se acordó. Increíblemente, por la mañana los bárbaros pidieron la paz y se rindieron. Las crónicas oficiales anotaron que los bárbaros no se atrevieron a enfrentarse a la pericia militar de Juliano. Pero algunos legionarios afirmaron que lo que realmente les espantó fue el haber sabido, gracias a sus espías, que los romanos estaban tan seguros de la victoria que habían soldados que acudirían al combate sin armas. Juliano no tuvo más remedio que permitirle a Martín dejar la vida militar.

Inicios en la vida religiosa

Inmediatamente después, Martín se bautiza y se une a los discípulos de San Hilario en la ciudad de Poitiers. Al cabo de unos años se retiró a una pequeña isla cerca de Génova, llevando una vida de silencio, oración, estudio de las Sagradas Escrituras, meditación y austeridad, como ermitaño.
Pero San Hilario le pidió que regresara a Poitiers y allí San Martín fundó el primer monasterio que hubo en Francia, en la localidad de Ligugé.
Los habitantes de los alrededores consiguieron por sus oraciones y bendiciones, muchas curaciones y prodigios. Cuando después le preguntaban qué profesiones había ejercido respondía:
"Fui soldado por obligación y por deber, y monje por inclinación y para salvar mi alma".

Obispo lo quiera o no

Un día fue invitado a Tours con el pretexto de que lo necesitaba un enfermo grave, pero era que el pueblo quería elegirlo obispo.
Apenas estuvo en la catedral toda la multitud lo aclamó como obispo de Tours, pero Martín, por humildad, se escapó y se ocultó en un escondrijo, pero fue delatado por el ruido de un ganso que no paraba de dar graznidos. Allí lo encontraron y por más que él se declarara indigno de recibir ese cargo, lo obligaron a aceptar.
Por est razón, en algunas estampas se representa un ganso al lado del santo. Así, en el año 370 es consagrado obispo de Tours (Francia).
Uno de sus primeros actos fue fundar otro monasterio, el de Marmoutiers, que rápidamente contó con 80 monjes. Durante su ministerio en Tours luchó contra el paganismo, la adoración a falsos ídolos y contribuyó especialmente en la divulgación de la fe cristiana, aunque esto no siempre le fue fácil.
Recorrió todo el territorio de su diócesis dejando en cada pueblo un sacerdote. Él fue fundador de las parroquias rurales en Francia. Dice San Sulpicio, su biógrafo y discípulo, que la gente se admiraba al ver a Martín siempre de buen genio, alegre y amable. Que en su trato empleaba la más exquisita bondad con todos.
En los 27 años que fue obispo se ganó el cariño de todo su pueblo, y su caridad era inagotable con los necesitados. Los únicos que no lo querían eran ciertos tipos que querían seguir viviendo con sus vicios, pero el santo no los dejaba.
De uno de ellos, que inventaba toda clase de cuentos contra San Martín, porque éste le criticaba sus malas costumbres, dijo el santo cuando le aconsejaron que lo debía hacer castigar: "Si Cristo soportó a Judas, ¿por qué no he de soportar yo a este que me traiciona?".
Con varios empleados oficiales tuvo fuertes discusiones, porque torturaban a los prisioneros para que declararan sus delitos. Nuestro santo se oponía totalmente a esto, y aunque por ello se ganó la enemistad de altos funcionarios, no permitía la tortura.

La hora de su muerte

Martín supo por revelación cuándo le iba a llegar la muerte y comunicó la noticia a sus numerosos discípulos. Estos se reunieron junto a su lecho de enfermo y le suplicaban llorando: "¿Te alejas padre de nosotros, y nos dejas huérfanos y solos y desamparados?". En respuesta, el santo mira hacia el cielo y ora:
"Señor, si en algo puedo ser útil todavía, no rehuso ni rechazo cualquier trabajo y ocupación que me quieras mandar".
Pero Dios decidió que ya había trabajado y sufrido bastante y se lo llevó a que recibiera en el cielo el premio por sus grandes labores en la tierra. Falleció en Candes, Francia, en el año 397, a la edad de 81.
El medio manto de San Martín (el que cortó con la espada para dar al pobre) fue guardado en una urna y se le construyó un pequeño santuario para guardar esa reliquia.
Como en latín para decir "medio manto" se dice "capilla", la gente decía: "Vamos a orar donde está la capilla". Y de ahí viene el nombre de capilla, que se da a los pequeños salones que se hacen para orar.

Oración a San Martín de Tours

Glorioso soldado Romano, que fuiste de Dios conferido a cumplir el don de la caridad. Por las pruebas más grandes a que fuiste sometido por el Señor, yo te pido de todo corazón que combatas la miseria de mi casa, que la caridad de tu Alma me siga por dondequiera que vaya, y me consigas la bendición del Señor en todos mis negocios. 
¡Oh! San Martín Caballero, del Señor fiel Misionero, líbrame de todo mal. Para que nunca me falte Salud, Trabajo y Sustento.
Oh Dios, que conoces que por nuestras fuerzas no podemos subsistir; concédenos benigno que, por la intercesión de tu confesor y pontífice san Martín, seamos fortalecidos contra todos los males que nos cercan.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
 
PildorasdeFe.net | Biografía de Santos y Beatos. Con información de Adorasi.com

viernes, 1 de julio de 2016

Cuatro décadas de la masacre de San Patricio: testimonio de luz y vida 01072016

Cuatro décadas de la masacre de San Patricio: testimonio de luz y vida

Placa en memoria de los Padres Palotinos en la iglesia de San Silvestre, en Roma. - RV
01/07/2016 14:37
 
(RV).- El próximo lunes 4 de julio se cumplirá un nuevo aniversario del crimen de los siervos de Dios Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Duffau y de los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, cruelmente ultimados en la casa parroquial de San Patricio, ubicada en el barrio de Belgrano de la ciudad de Buenos Aires (Argentina) el domingo 4 de julio de 1976.
“40 años después seguimos haciendo memoria”, afirmó ante los micrófonos de Radio Vaticano el padre Juan Sebastián VelazcoPostulador de la causa de canonización de los cinco hermanos. "Esto significa para nosotros celebrar la misa y recordar lo que sucedió, que para la Comunidad Palotinamarca un antes y un después".
“La misa concelebrada será presidida por el cardenal Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, y en ella participarán también obispos, sacerdotes y el numeroso pueblo fiel de Dios que siempre, para esta fecha, nos acompaña”,  explica además el Postulador.
La Eucaristía tendrá lugar a las 20.00 horas en el templo donde fue perpetrada la Masacre de San Patricio, considerada "el atentado más violento que sufrió la Iglesia argentina en toda su historia”.
La convocatoria lleva por lema "Juntos vivieron y juntos murieron. Hoy son luz y vida" y recuerda palabras pronunciadas por el cardenal Jorge Mario Bergoglio, actual Papa Francisco, en una misa que presidió el 4 de julio de 2001, en ocasión del 25° aniversario de la masacre, en el templo de Villa Urquiza.
"Esta parroquia ungida por la decisión de quienes juntos vivieron, ungida por la sangre de quienes juntos murieron, nos dice algo a esta ciudad, algo que cada uno tiene que recoger en su corazón y hacerse cargo – afirmaba el entonces arzobispo de Buenos Aires, quien invitaba además a “despejar etiquetas y mirar el testimonio”, entendiendo la entrega de estos hermanos.
“Es éste el espíritu de esta convocatoria”, afirma por su parte la Comisión organizadora de los 40 años que junto a la Comunidad Palotina, sostienen asimismo: "Nos encontramos con dos certezas: los ‘cinco' entregaron sus vidas por fidelidad a Jesús, siendo testigos de los valores que el Evangelio anuncia: el respeto a la vida, la justicia y la paz y este hecho, desde la perspectiva de la fe, nos impulsa a seguir su camino".
(MCM-RV)


viernes, 13 de noviembre de 2015

San Martín de Tours, obispo (+ 397) (Vida y anécdotas) 11112015

San Martín de Tours, obispo (+ 397)

Su fiesta se celebra el 11 de Noviembre.
San Martín de ToursSan Martín nació en Panonia, Hungría, el 316. Sus padres eran paganos. Estudia en Pavía, donde conoce el Cristianismo. Su padre, que era tribuno militar, para desviarle del cristianismo, le obliga a ingresar en el ejército. Martín concilia sus deberes militares con sus aspiraciones cristianas. Vida ejemplar de monje y soldado: valentía y vida santa y caritativa.
Siendo militar sucedió el hecho tan tratado en la iconografía. Era invierno, y al entrar en Amiens, encuentra un mendigo casi helado, sin ropa. Divide su clámide en dos partes y entrega una al pobre. Cristo se le aparece vestido con la media capa: "Martín, catecúmeno, me ha cubierto con este vestido".
Pronto recibe el bautismo. Deja la milicia para seguir a Cristo. San Hilario de Poitiers quiere ordenarle de diácono. Él se queda de exorcista. Vuelve a su patria, convierte a su madre. De nuevo en Poitiers, funda Ligugé, auténtico monasterio misional. Allí pasa once años, feliz en su ambiente, pues Martín fue "soldado por fuera, obispo a la fuerza, monje por gusto".
Sulpicio Severo escribió Cartas y Diálogos y sobre todo la Vida de San Martin. Pocos libros habrán sido más leídos que éste, que ha servido de fuente para llevar por todas partes a través de cantares y poemas, representaciones teatrales, la pintura y la escultura la imagen de este Santo "el más popular y conocido de toda Europa".
Un historiador ha contado en Francia 3.667 parroquias dedicadas a él y 487 pueblos que llevan su nombre. Un buen número hay también en Alemania, Italia y España. Es simpático el párrafo en que Don Quijote enseña a Sancho la imagen de San Martín y le explica el caso de la capa.
Martín vivía feliz en Ligugé. Pero Tours se había quedado sin obispo. Un día del año 371, fue invitado a Tours con el pretexto de que lo necesitaba un enfermo grave, pero era que el pueblo quería elegirlo obispo. Apenas estuvo en la catedral toda la multitud lo aclamó como obispo de Tours, y por más que él se declarara indigno de recibir ese cargo, lo obligaron a aceptar. Establece cerca, para su humilde residencia, el monasterio de Marmoutiers, centro misionero de donde saldrán San Patricio y San Paulino de Nola. Desde allí parte para sus agotadoras correrías apostólicas, durante 35 años, por toda la Galia. Nada le retiene. Acusa a emperadores, reprime a los herejes, defiende a los débiles y a los condenados a muerte, realiza innumerables milagros, y entre ellos se le atribuye la resurrección de varios muertos. Su fama es indescriptible. Es llamado "el apóstol de las Galias" nadie hizo tanto como él por Francia católica y San Gregorio de Tours le invoca como "Patrón especial del mundo entero".
Tan intensos viajes apostólicos, tanta obra de caridad, hasta vaciarse totalmente, agotaron sus fuerzas físicas. Se veía morir. Sus discípulos le piden que no les deje huérfanos. Martín contestó: "Señor, si aún soy necesario, no rehúso el trabajo. Sólo quiero tu voluntad". La liturgia comenta: "¡Oh feliz varón, que ni temió morir, ni recusó la vida".
Los discípulos querían colocarle más cómodo. "Dejadme así, les dijo, mirando al cielo, para dirigir mi alma en dirección hacia Dios". El demonio no dejaba de importunarle. "¿Qué haces ahí, gritó Martín, bestia sanguinaria? No hay nada en mí que te pertenezca, maldito. El seno de Abrahán me espera". Y entregó su alma a Dios. Era el 8 de noviembre del año 397.
Martín fue un asceta, un apóstol, un hombre de oración, muy influyente en toda la espiritualidad medieval. Su faceta principal, la caridad. El gesto de Amiens, dar media capa, fue superado, cuando siendo obispo, entregó su túnica entera a un mendigo gesto menos conocido . Sus mismos milagros, como los de Cristo, fueron milagros de caridad. Pasó haciendo el bien.
Autor del texto: Padre Rafael María López-Melús.

Anécdotas

* San Martín de Tours es el Santo Patrono de la ciudad de Buenos Aires, capital de Argentina.
Según la tradición, se cuenta que el 20 de octubre de 1580, cuando los ediles españoles debían elegir qué santo sería el patrono de Buenos Aires, pusieron en un sombrero papelitos con los nombres de varios santos. El primero que salió fue San Martín de Tours y se decidió realizar de nuevo el sorteo porque ese santo era francés y preferían que el patrono fuese un santo español. No se sabe por qué, el papelito volvió al sombrero. Al realizarse de nuevo el sorteo,  San Martín de Tours volvió a salir dos veces consecutivas más, por lo que decidieron nombrarle como Patrono.
* El medio manto de San Martín (el que cortó con la espada para dárselo al pobre) fue guardado en una urna y se le construyó un pequeño santuario para guardar esa reliquia. Como en latín para decir "medio manto" se dice "capilla", la gente decía: "Vamos a orar donde está la capilla". Y de ahí viene el nombre de capilla, que se da a los pequeños salones que se hacen para orar.
* San Martín de Tours es uno de los santos más populares. Por ejemplo, en Francia, tiene dedicadas 3.667 iglesias que llevan su nombre. Además, 487 pueblos llevan también su nombre.

Oración a San Martín de Tours

Oh Dios, que conoces que por nuestras fuerzas no podemos subsistir; concédenos benigno que, por la intercesión de tu confesor y pontífice san Martín, seamos fortalecidos contra todos los males que nos cercan. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.