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viernes, 1 de enero de 2016

El Papa Francisco abre la Puerta de la Misericordia en Santa María La Mayor 01012016

El Papa Francisco abre la Puerta de la Misericordia en Santa María La Mayor

El Papa Francisco en Santa María La Mayor - ANSA
01/01/2016 17:30
 
(RV).- En el primer día del año 2016, el Papa Francisco invocó a la Virgen María, Madre de la Misericordia, después de abrir la Puerta Santa en la Basílica vaticana de Santa María La Mayor.
En su homilía, Francisco resaltó que esta Puerta Santa es “una puerta de la Misericordia” porque “quien atraviesa ese umbral está llamado a sumergirse en el amor misericordioso del Padre, con plena confianza y sin miedo alguno; y puede recomenzar desde esta Basílica con la certeza de que tendrá a su lado la compañía de María”.
La Madre del Hijo de Dios -explicó el Papa- se hace “peregrina con nosotros para no dejarnos nunca solos en el camino de nuestra vida, sobre todo en los momentos de incertidumbre y de dolor”.
Además, el Obispo de Roma destacó que María es Madre de Dios que perdona, “que da el perdón, y por eso podemos decir que es Madre del perdón”. La palabra «perdón» que es “poco comprendida por la mentalidad mundana, indica sin embargo el fruto propio y original de la fe cristiana. El que no sabe perdonar no ha conocido todavía la plenitud del amor. Y sólo quien ama de verdad es capaz de llegar a perdonar, olvidando la ofensa recibida”.
Por este motivo, -agregó el Pontífice- “para nosotros, María se convierte en un icono de cómo la Iglesia debe extender el perdón a cuantos lo piden. La Madre del perdón enseña a la Iglesia que el perdón ofrecido en el Gólgota no conoce límites. No lo puede detener la ley con sus argucias, ni los saberes de este mundo con sus disquisiciones. El perdón de la Iglesia debe tener la misma amplitud que el de Jesús en la Cruz, y el de María a sus pies. No hay alternativa”.
“La esperanza, la gracia y la santa alegría son hermanas: todas son don de Cristo, es más, son otros nombres suyos, escritos, por así decir, en su carne. El regalo que María nos hace al darnos a Jesucristo es el del perdón que renueva la vida, que le permite cumplir de nuevo la voluntad de Dios, y que la llena de auténtica felicidad. Esta gracia abre el corazón para mirar el futuro con la alegría de quien espera”.
Asimismo, el Papa subrayó que “la fuerza del perdón es el auténtico antídoto contra la tristeza provocada por el rencor y por la venganza. El perdón nos abre a la alegría y a la serenidad porque libera el alma de los pensamientos de muerte, mientras el rencor y la venganza perturban la mente y desgarran el corazón quitándole el reposo y la paz”. 
Al finalizar, el Obispo de Roma invitó a atravesar esta Puerta Santa de la Misericordia “con la certeza de que la Virgen Madre nos acompaña, la Santa Madre de Dios, que intercede por nosotros” y concluyó: “dejémonos acompañar por ella para redescubrir la belleza del encuentro con su Hijo Jesús. Abramos de par en par nuestro corazón a la alegría del perdón, conscientes de ver restituida la esperanza cierta, para hacer de nuestra existencia cotidiana un humilde instrumento del amor de Dios”.
(Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).
Texto completo de la homilía del Papa Francisco:
Salve, Mater misericordiae!
Con este saludo nos dirigimos a la Virgen María en la Basílica romana dedicada a ella con el título de Madre de Dios. Es el comienzo de un antiguo himno, que cantaremos al final de esta santa Eucaristía, de autor desconocido y que ha llegado hasta nosotros como una oración que brota espontáneamente del corazón de los creyentes: «Dios te salve, Madre de misericordia, Madre de Dios y Madre del perdón, Madre de la esperanza y Madre de la gracia, Madre llena de santa alegría». En estas pocas palabras se sintetiza la fe de generaciones de personas que, con sus ojos fijos en el icono de la Virgen, piden su intercesión y su consuelo.
Hoy más que nunca resulta muy apropiado que invoquemos a la Virgen María, sobre todo como Madre de la Misericordia. La Puerta Santa que hemos abierto es de hecho una puerta de la Misericordia. Quien atraviesa ese umbral está llamado a sumergirse en el amor misericordioso del Padre, con plena confianza y sin miedo alguno; y puede recomenzar desde esta Basílica con la certeza de que tendrá a su lado la compañía de María. Ella es Madre de la misericordia, porque ha engendrado en su seno el Rostro mismo de la misericordia divina, Jesús, el Emmanuel, el Esperado de todos los pueblos, el «Príncipe de la Paz» (Is 9,5). El Hijo de Dios, que se hizo carne para nuestra salvación, nos ha dado a su Madre, que se hace peregrina con nosotros para no dejarnos nunca solos en el camino de nuestra vida, sobre todo en los momentos de incertidumbre y de dolor.
María es Madre de Dios que perdona, que da el perdón, y por eso podemos decir que es Madre del perdón. Esta palabra –«perdón»– tan poco comprendida por la mentalidad mundana, indica sin embargo el fruto propio y original de la fe cristiana. El que no sabe perdonar no ha conocido todavía la plenitud del amor. Y sólo quien ama de verdad es capaz de llegar a perdonar, olvidando la ofensa recibida. A los pies de la cruz, María vio a su Hijo ofrecerse totalmente a sí mismo y así dar testimonio de lo que significa amar como Dios ama. En aquel momento escuchó a Jesús pronunciar palabras que probablemente nacían de lo que ella misma le había enseñado desde niño: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). En aquel momento, María se convirtió para todos nosotros en Madre del perdón. Ella misma, siguiendo el ejemplo de Jesús y con su gracia, fue capaz de perdonar a los que estaban matando a su Hijo inocente.
Para nosotros, María se convierte en un icono de cómo la Iglesia debe extender el perdón a cuantos lo piden. La Madre del perdón enseña a la Iglesia que el perdón ofrecido en el Gólgota no conoce límites. No lo puede detener la ley con sus argucias, ni los saberes de este mundo con sus disquisiciones. El perdón de la Iglesia debe tener la misma amplitud que el de Jesús en la Cruz, y el de María a sus pies. No hay alternativa. Y por eso el Espíritu Santo ha hecho que los Apóstoles sean instrumentos eficaces de perdón, para que todo lo que nos ha conseguido la muerte de Jesús pueda llegar a todos los hombres, en cualquier momento y lugar (cf. Jn 20,19-23).
El himno mariano, por último, continúa diciendo: «Madre de la esperanza y Madre de la gracia, Madre llena de santa alegría». La esperanza, la gracia y la santa alegría son hermanas: todas son don de Cristo, es más, son otros nombres suyos, escritos, por así decir, en su carne. El regalo que María nos hace al darnos a Jesucristo es el del perdón que renueva la vida, que le permite cumplir de nuevo la voluntad de Dios, y que la llena de auténtica felicidad. Esta gracia abre el corazón para mirar el futuro con la alegría de quien espera. Es la enseñanza que proviene del Salmo: «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. […]Devuélveme la alegría de tu salvación» (51, 12.14). La fuerza del perdón es el auténtico antídoto contra la tristeza provocada por el rencor y por la venganza. El perdón nos abre a la alegría y a la serenidad porque libera el alma de los pensamientos de muerte, mientras el rencor y la venganza perturban la mente y desgarran el corazón quitándole el reposo y la paz. 
Atravesemos, por tanto, la Puerta Santa de la Misericordia con la certeza de que la Virgen Madre nos acompaña, la Santa Madre de Dios, que intercede por nosotros. Dejémonos acompañar por ella para redescubrir la belleza del encuentro con su Hijo Jesús. Abramos de par en par nuestro corazón a la alegría del perdón, conscientes de ver restituida la esperanza cierta, para hacer de nuestra existencia cotidiana un humilde instrumento del amor de Dios.
Y con amor de hijos aclamémosla con las mismas palabras pronunciadas por el pueblo de Éfeso, en tiempos del histórico Concilio: «Santa Madre de Dios».  

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Las Puertas Santas en los países en guerra

Las Puertas Santas en los países en guerra
En países como Siria, Libia, Irak, Yemen, y también en Túnez, Gaza, Sarajevo, Ucrania y Crimea, serán abiertas Puertas Santas de la Misericordia


Por: JSG | Fuente: es.gaudiumpress.org 



Las palabras pronunciadas por el Papa Francisco cuando da la apertura de la Puerta Santa en Bangui, en la República Centro-Africana, llamaron la atención de la opinión pública mundial sobre los países que viven en estado de guerra:
"El Año Santo de la Misericordia llega antes en esta tierra. Una tierra que sufre hace muchos años con la guerra y el odio, la incomprensión, la falta de paz. Pero en esta tierra sufridora, también están todos los países que están viviendo la cruz de la guerra. Todos pedimos paz, misericordia, reconciliación, perdón, amor. Para Bangui, para toda la República Centro-Africana, para el mundo entero, para los países que sufren con la guerra, pedimos la paz!".
Ahora, durante el Jubileo de la Misericordia en países como Siria, Libia, Irak, Yemen, y también en países donde la guerra continúa siendo una realidad de cada día como Túnez, Gaza, Sarajevo, Ucrania y Crimea, serán abiertas Puertas Santas de la Misericordia.
Siria
En el día 13 de diciembre, en coincidencia con la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, fueron abiertas tres Puertas Santas. Una en la ciudad de Alepo, que hace tres años vive en el centro de los bombardeos y batallas entre el ejército de Assad, los rebeldes y los yihadistas del llamado Estado Islámico.


La Puerta Santa de Alepo está en la parroquia de San Francisco, en el barrio de Aziziyeh, alcanzada por una granada al final de octubre. Otras dos puertas serán abiertas en el país: una en Damasco y otra en Latakia.
Irak
En los entornos de Irbil, capital del Kurdistán iraquí, en el barrio cristiano de Ankawa, el arzobispo caldeo Mons. Bashar Warda abre la Puerta Santa en la Catedral de San José.
Una pequeña Puerta Santa será abierta también en el pueblo de Enishke, en las montañas entre Zakho y Dohuk, en el extremo norte del Kurdistán iraquí.
Se trabaja además para que pueda ser abierta una "barraca santa" en los campamentos de los sin techo y desplazados.
En Bagdad, la Puerta Santa será abierta el 19 de diciembre por el patriarca Mons. Sako, en la primera catedral de Irak dedicada a Nuestra Señora de los Dolores.
Libia
La Puerta Santa en este país dividido por conflictos sangrientos fue abierta el 11 de diciembre, en la catedral de San Francisco, en Trípoli. Ella será abierta por el vicario coadjutor, padre George Bugeja.
La situación de violencia y tensión en Libia obligó a muchos trabajadores extranjeros, como los filipinos, que componen la comunidad cristiana local, a abandonar el país.
En Benghazi, segunda ciudad del país, debido a la delicada situación, no habrá celebración.
Ucrania y Crimea
En los territorios todavía no pacificados de Donbass, donde el conflicto provocó la muerte de más de mil civiles y el desplazamiento de más de 700 mil personas, la Puerta Santa del Jubileo fue abierta en la Catedral de Kharkiv y en la co-catedral de Zaporizhya, el 13 de diciembre.
No habrá Puertas Santas en las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donetsk y de Lugansk.
El 13 de diciembre, en la Crimea, región ucraniana anexada a Rusia, fue abierta la Puerta Santa en la catedral de Odessa, en la co-catedral de Simferopoli y en las iglesias de Bilgorod-Dniestrovski, Balta, Kirovograd, Nikolaiv, Kherson.
Túnez
La Puerta Santa fue abierta en Túniz el 13 de diciembre.
La ciudad continúa en estado de alerta después de los recientes atentados y la Puerta será abierta por el arzobispo Mons. Ilario Antoniazzi, en la catedral de San Vicente de Paoli.
Palestina
En Gaza, la Puerta Santa será abierta en el día 20 de diciembre por el patriarca latino de Jerusalén, Mons. Fouad Twal, en la pequeña parroquia de la Sagrada Familia.
Bosnia-Herzegovina
Además con señales visibles de la guerra de los años 90, en Sarajevo, será el cardenal Vinko Pulji que abre, el 13 de diciembre, la Puerta Santa en la Catedral del Sagrado Corazón.