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martes, 12 de noviembre de 2019

Beata Vincenta María Poloni, virgen y fundadora (11 de noviembre)


Beata Vincenta María Poloni, virgen y fundadora

fecha: 11 de noviembre
n.: 1802 - †: 1855 - país: Italia
canonización: 
B: Benedicto XVI 21 sep 2008
hagiografía: Vaticano
Elogio: En Verona, de la región del Véneto, beata Vincenta María (Luisa) Poloni, virgen, fundadora, junto con el beato Carlos Steeb, del Instituto de Hermanas de la Misericordia, para ayuda de los afligidos, pobres y enfermos.
refieren a este santo: Beato Carlos Steeb

Nació en Verona el 26 de enero de 1802 y falleció el 11 de noviembre de 1855. La casa donde nació Luigia Poloni se encuentra en el número 8 de la Piazza delle Erbe, donde los padres atienden un negocio de comestibles y herboristería. Su familia, sustentada por profundos principios cristianos y tocada por muchos acontecimientos dolorosos, es para Luigia el lugar más rico de estímulos y de formación. Su inteligencia práctica y concreta, su actitud reservada y amable, cualidades que la caracterizan, facilitan su disposición al servicio serio y gratuito. Desde muy joven, se entrega a los hermanos en grave necesidad y a los numerosos sobrinos, que la ven como a una madre. Tras la muerte del padre, graves problemas económicos desequilibran a la familia. Luigia entonces desarrolla y practica cualidades de «manager», en la conducción y en lo administrativo de la familia, sin descuidar la asistencia como voluntaria, en la Institución del Asilo de ancianos de la ciudad.
El sacerdote Carlos Steeb, su director espiritual, que la aprecia mucho y confía en sus cualidades, le dice: «Hija mía, el Señor la quiere Fundadora de un Instituto de Hermanas de la Misericordia, ninguna dificultad la atemorice o la detenga, para Dios nada es imposible». Luigia, segura de que su camino, ya marcado por una caridad insomne, va hacia un designio que solo Dios conoce, con sencillez y confianza filial en el Padre misericordioso, contesta: «Yo soy la más incapaz de todos pero el Señor se sirve, a veces, de los instrumentos más débiles para llevar a cabo sus designios: que se cumpla su voluntad». El 2 de noviembre de 1840, Luigia Poloni, avalada y acompañada por el padre Carlos Steeb, inicia el Instituto de Hermanas de la Misericordia. Su servicio humilde y precioso a las personas ancianas y a los huérfanos abandonados, encuentra su más alta expresión en el servicio de Madre y Maestra de numerosas jóvenes que, imitando su ejemplo, aprenden a donar en la humildad, sencillez y caridad su vida a Dios como hermanas de la Misericordia. Luigia Poloni, que al emitir los votos religiosos toma el nombre de hermana Vicenta María, muere el 11 de noviembre de 1855, dejando como último testamento de su afecto hacia sus hermanas una sola cosa: La caridad. Fue beatificada por SS Benedicto XVI el 21 de septiembre de 2008, en Verona (Italia).
El Instituto Hermanas de la Misericordia de Verona, fundado el 2 de noviembre de 1840 en Verona, Italia, por el beato Carlos Steeb y la beata Madre Vicenta María Poloni, tiene como carisma honrar a Nuestro Señor Jesucristo, sirviéndolo corporal y espiritualmente en las personas de los pobres, niños, jóvenes, ancianos, enfermos, encarcelados y abandonados, mediante sus actividades y obras en escuelas, parroquias, hospitales, asilos para ancianos, salas de primeros auxilios en barrios necesitados y cárceles.
Tomamos del blog Virgen Peregrina de Schoenstatt, la traducción al castellano de la noticia hagiográfica que se encuentra en Vatican.va
fuente: Vaticano
accedida 1621 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_4760

sábado, 15 de diciembre de 2018

Beato Carlos Steeb, presbítero y fundador (15 de diciembre)


Beato Carlos Steeb, presbítero y fundador

fecha: 15 de diciembre
n.: 1773 - †: 1856 - país: Italia
otras formas del nombre: Johannes Heinrich Karl Steeb
canonización: 
B: Pablo VI 6 jul 1975
hagiografía: Santi e Beati
Elogio: En Verona, de la región del Véneto, beato Carlos Steeb, presbítero, nacido en Tubinga, que abrazó la fe católica en Verona y, ordenado sacerdote, fundó el Instituto de Hermanas de la Misericordia, para ayuda de los afligidos, pobres y enfermos.
refieren a este santo: Beata Vincenta María Poloni

Nació en 1773 en Tubinga. Su padre, un empresario muy respetado (y también administrador de los bienes del Duque de Württemberg), lo envía a los dieciséis años a París y a los dieciocho a Verona, para aprender lenguas y práctica comercial. Se trata de un joven reservado y maduro, todo estudio y trabajo. Ferviente protestante, como toda su familia. Sin embargo, lo fascina el mundo vivaz de Verona con su vitalidad cultural y religiosa. Lo atrae el diálogo con algunas grandes figuras, de entre sacerdotes y laicos, y esto lo lleva en septiembre de 1792 a convertirse al catolicismo. Cuatro años después será ordenado sacerdote, con gran amargura de su familia, que lo deshereda (pero a la muerte de su hermana Guillermina los bienes paternos pasarán a él).
Es tiempo de guerra entre Napoleón y Austria: las batalla de Bassano, de Arcole, de Rivoli, y luego las revueltas antifrancesas de 1797 (las «Pascuas Veronesas»). Verona, ya bajo Venecia, por 18 años verá alternarse el dominio francés y el de los Habsburgo. Carlos Steeb vive este tiempo entre enfermerías, hospitales militares y lazaretos, como sacerdote, enfermero e intérprete en tres lenguas. Se mantiene enseñando, no tiene otros trabajos retribuidos. Su «trabajo estable» es el lecho de los sufrientes, en la guerra y la paz, entre quienes vive como un hombre de punta de la «Fraternidad evangélica de sacerdotes y laicos hospitalarios», fundada en 1796 por Pietro Leonardi, con hombres y mujeres. Se contagia el tifus y hace testamento, pero su director espiritual, el P. G.B. Bertolini, le advierte: «No es tu hora, el Señor espera algo grande de ti».
Eso grande nació en 1840, en dos pequeñas habitaciones: es el Instituto de Hermanas de la Misericordia, dedicadas a todo sufrimiento y necesidad; nace con el impulso y el apoyo económico suyo, y con el trabajo de la veronesa Luisa Poloni, después Madre Vincenza, de la que es confesor (confiesa a toda Verona, este alemán de voz débil). Desde aquellas dos habitaciones, el Instituto inició un viaje que continúa en el tercer milenio, con casas en Europa, América Latina y África. Y él muere después de ver completada la iglesia del Instituto en Verona, donde está depositado su cuerpo. SS Pablo VI lo beatificó en 1975.
Traducido para ETF de un artículo de Domenico Agasso en Famiglia Cristiana.
fuente: Santi e Beati
accedida 1291 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_4528

domingo, 11 de noviembre de 2018

Beata Vincenza María (Luigia) Poloni, 11 de noviembre

Vincenza María (Luigia) Poloni (Web arquidiócesis de Trento)
Vincenza María (Luigia) Poloni (Web Arquidiócesis De Trento)

Beata Vincenza María (Luigia) Poloni, 11 de noviembre

Fe al servicio de los débiles y entrañas de misericordia
«Solidaridad, fe al servicio de los débiles y entrañas de misericordia, llevaron a esta beata, alentada por el beato Carlos Steeb, a fundar un Instituto dirigido al amplio colectivo de desfavorecidos que iba hallando a su paso»
Nació en Verona, Italia, el 26 de enero de 1802. Pertenecía a una familia plenamente comprometida con la fe cristiana; fue heredera de esa riqueza que sus padres, Gaetano y Margherita, le legaron. Ambos habían sido puestos a prueba reiteradamente con la pérdida de gran parte de su numerosa prole. De doce hijos habidos en el matrimonio –Luigia fue la última– solo tres sobrevivieron. Inteligente y capaz, sensible ante las adversidades, supo ser motivo de descanso para su familia. De su padre, integrado en una asociación benéfica, aprendió la riqueza que esconde el desprendimiento, acogiéndolo para sí. Sin duda, las personas que frecuentaran el establecimiento de comestibles y herboristería que regían, tendrían constancia fehaciente de su virtud. Además, Gaetano pertenecía a una asociación volcada en auxiliar a los desfavorecidos.
Tras la muerte de su progenitor se pusieron de manifiesto las cualidades de la beata para conducir los negocios familiares. Discreta y servicial acertaba siempre en el trato dispensado a los clientes; supo custodiar perfectamente los bienes comunes. Fue una persona de inestimable ayuda, dadora de consuelo cuando tuvieron que afrontar los nuevos infortunios que se produjeron en su entorno. Su generosidad hizo que sus propios sobrinos acudieran a ella por considerarla como una madre. Conocía en carne propia el zarpazo del sufrimiento, su valor purificativo, el cúmulo de enseñanzas que conlleva humanas y espirituales, y había adquirido el sentimiento de solidaridad universal que aglutina a quienes han pasado por él. Sus entrañas de misericordia serían manifiestas de forma singular en la obra que le aguardaba y de la que sería artífice.
Poco a poco hechos diversos fueron conduciéndola a la entrega definitiva a Dios. La oración sostenía su intensa dedicación a paliar las necesidades ajenas y a administrar la economía familiar. En ese cuidar a los demás se incluía su labor como voluntaria en el asilo de ancianos de su ciudad natal. Fue Carlos Steeb, su director espiritual, quien se percató de la grandeza humana y virtudes de la joven, su abnegación y el desasimiento de todo lo que no fuese su prójimo, precisamente porque era una mujer orante. Él entrevió la misión a la que estaba destinada. Atento a los signos, como es propio de los grandes apóstoles, la alentaba a seguir el sendero de la perfección a la espera de que se manifestase la voluntad divina sobre ella.
Entre tanto, la entrega de Luigia a los necesitados crecía. Durante la epidemia de cólera fue evidente que la acción de la futura fundadora no era un acto solidario, sino que iba acompañada de un cariz de ternura con los damnificados en el que latía el amor divino. Era una persona apreciada por su talento, agudeza, discreción y espíritu de servicio, entre otras virtudes. Carlos Steeb la abordó un día, diciéndole: «Hija mía, el Señor la quiere fundadora de un Instituto de Hermanas de la Misericordia, ninguna dificultad la atemorice o la detenga, para Dios nada es imposible». A lo que ella replicó humildemente: «Yo soy la más incapaz de todos pero el Señor se sirve, a veces, de los instrumentos más débiles para llevar a cabo sus designios: que se cumpla su voluntad».Y el 2 de noviembre de 1840, junto a otras tres mujeres, emprendió la fundación del Instituto, animada y asistida por el padre Steeb, con el carisma de servir a Cristo dirigiéndose a ese amplio colectivo que carece de afecto y de bienes: ancianos, pobres, niños, jóvenes, personas privadas de la libertad, etc., con un extenso programa de acciones llevadas a cabo en parroquias, hospitales, escuelas, asilos, centros médicos de primeros auxilios y prisiones, entre otros.
Al profesar en 1848 Luigia tomó el nombre de Vincenza en honor de san Vicente de Paúl. Y realmente se dejó guiar por el espíritu de este santo, porque los abandonados y los enfermos afectados por lesiones contagiosas tuvieron en ella otro ángel tutelar. Fueron quince años de intensa acción, en la que incluyó la formación de jóvenes adolescentes y de niñas, siempre con el afán de que pudieran conocer y experimentar el amor misericordioso de Dios. Extendió sus caritativos brazos a través de las religiosas, y así fueron abriéndose nuevas fundaciones hasta que un cáncer de mama, que inicialmente ocultó a los miembros de su comunidad y que después de ser intervenido no se erradicó, acabó con su vida el 11 de noviembre de 1855.
En su testamento había encomendado a sus hijas que viviesen la caridad, que reinara entre ellas el respeto, que no alentasen malos entendidos ni resentimientos. Hizo notar que si algo tormentoso se cernía en el horizonte, que no caminasen ni una hora con el peso de esa amargura, sino que inmediatamente debían buscar la reconciliación. Con toda claridad les había recordado la responsabilidad que tenían: Si mantenían viva la caridad entre todas, preservarían indemne el Instituto; de lo contrario, desaparecería. Quería pensar, y así lo expresó, que eso no sucedería jamás. Una vez les hubo asegurado que las asistiría desde el cielo, finalizó diciendo: «La caridad sobrevive a la muerte; esa, no lo dudéis, nos unirá en el Señor eternamente». Después de su deceso, el beato padre Steeb no dejó abandonadas a las religiosas sino que sostuvo la obra hasta su muerte. Luigia fue beatificada por Benedicto XVI el 21 de septiembre de 2008.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Beato Carlos Steeb, presbítero y fundador (15 de diciembre)

Beato Carlos Steeb, presbítero y fundador

fecha: 15 de diciembre
n.: 1773 - †: 1856 - país: Italia
otras formas del nombre: Johannes Heinrich Karl Steeb
canonización: 
B: Pablo VI 6 jul 1975
hagiografía: Santi e Beati
Elogio: En Verona, de la región del Véneto, beato Carlos Steeb, presbítero, nacido en Tubinga, que abrazó la fe católica en Verona y, ordenado sacerdote, fundó el Instituto de Hermanas de la Misericordia, para ayuda de los afligidos, pobres y enfermos.
refieren a este santo: Beata Vincenta María Poloni

Nació en 1773 en Tubinga. Su padre, un empresario muy respetado (y también administrador de los bienes del Duque de Württemberg), lo envía a los dieciséis años a París y a los dieciocho a Verona, para aprender lenguas y práctica comercial. Se trata de un joven reservado y maduro, todo estudio y trabajo. Ferviente protestante, como toda su familia. Sin embargo, lo fascina el mundo vivaz de Verona con su vitalidad cultural y religiosa. Lo atrae el diálogo con algunas grandes figuras, de entre sacerdotes y laicos, y esto lo lleva en septiembre de 1792 a convertirse al catolicismo. Cuatro años después será ordenado sacerdote, con gran amargura de su familia, que lo deshereda (pero a la muerte de su hermana Guillermina los bienes paternos pasarán a él).
Es tiempo de guerra entre Napoleón y Austria: las batalla de Bassano, de Arcole, de Rivoli, y luego las revueltas antifrancesas de 1797 (las «Pascuas Veronesas»). Verona, ya bajo Venecia, por 18 años verá alternarse el dominio francés y el de los Habsburgo. Carlos Steeb vive este tiempo entre enfermerías, hospitales militares y lazaretos, como sacerdote, enfermero e intérprete en tres lenguas. Se mantiene enseñando, no tiene otros trabajos retribuidos. Su «trabajo estable» es el lecho de los sufrientes, en la guerra y la paz, entre quienes vive como un hombre de punta de la «Fraternidad evangélica de sacerdotes y laicos hospitalarios», fundada en 1796 por Pietro Leonardi, con hombres y mujeres. Se contagia el tifus y hace testamento, pero su director espiritual, el P. G.B. Bertolini, le advierte: «No es tu hora, el Señor espera algo grande de ti».
Eso grande nació en 1840, en dos pequeñas habitaciones: es el Instituto de Hermanas de la Misericordia, dedicadas a todo sufrimiento y necesidad; nace con el impulso y el apoyo económico suyo, y con el trabajo de la veronesa Luisa Poloni, después Madre Vincenza, de la que es confesor (confiesa a toda Verona, este alemán de voz débil). Desde aquellas dos habitaciones, el Instituto inició un viaje que continúa en el tercer milenio, con casas en Europa, América Latina y África. Y él muere después de ver completada la iglesia del Instituto en Verona, donde está depositado su cuerpo. SS Pablo VI lo beatificó en 1975.
Traducido para ETF de un artículo de Domenico Agasso en Famiglia Cristiana.
fuente: Santi e Beati
accedida 964 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4528

Beato Carlos Steeb, 15 de diciembre

Beato Carlos Steeb, 15 de diciembre

Cofundador del Instituto de Hermanas de la Misericordia
Carlos Steeb (Archivo ZENIT)
Carlos Steeb (Archivo ZENIT)
«De origen luterano, al convertirse fue repudiado por su familia. Cofundador del Instituto de Hermanas de la Misericordia. Conocido como la mamá y el samaritano de Verona por sus desvelos y ternura con los enfermos»
Nació en Tübingen, Alemania, el 18 de diciembre de 1773 en un hogar de prósperos comerciantes de lana. Su familia era luterana de gran influencia y reconocimiento social porque su padre se ocupaba de la administración de las posesiones del duque de Württemberg. Además, su abuelo paterno había ocupado puestos relevantes en la ciudad. Su infancia estuvo marcada por la sucesiva muerte de sus hermanos, seis de los cuales no sobrevivieron a los primeros años de vida, quedándole solo una hermana. A su padre estas pérdidas le afectaron sobremanera. Pero a Carlos las desgracias familiares le enseñaron el valor de la paciencia y de la generosidad; hicieron de él una persona indulgente y comprensiva. Su madre, una mujer fuerte, influyó en su formación.
Recibió una esmerada educación humanística en su ciudad y con 16 años fue enviado a estudiar a París, pero la enrarecida situación política que culminó en la Revolución aconsejó su salida del país en 1791 y regresó a su hogar. Al año siguiente se trasladó a Verona con la misma idea que guió su viaje anterior: consolidar el aprendizaje de idiomas e irse introduciendo en el mundo de los negocios textiles, aprovechando las excelentes relaciones de su padre. Su madre, férrea luterana, temía el influjo que podían tener en él los católicos. Y no se equivocó. La Providencia había guiado los pasos de Carlos, porque fue allí donde su contacto habitual en foros donde existía una viva presencia eclesial le atrajo al catolicismo.
Hasta ese momento había sido un fiel luterano, como toda su familia, pero se encontró con muchas preguntas sobre la fe católica y la protestante. Leyó, reflexionó y tras encomendarse a María y aceptar la dolorosa ruptura que impuso su familia, que rechazó su decisión y le cerró las puertas del hogar por completo, en septiembre de ese mismo año 1792 se convirtió. Quedaba sin recursos económicos, desamparado en un país lejano al suyo. Pero era más fuerte su convicción espiritual y no le faltó la ayuda de amigos religiosos que habían apreciado ya sus muchas virtudes.
Ingresó en el Oratorio de san Felipe Neri y fue ordenado sacerdote el 8 de septiembre de 1796. Verona era invadida y saqueada por las tropas napoleónicas. Y Carlos, a sus 24 años, influenciado por el testimonio del padre Pietro Leonardi, artífice de la «Fraternidad evangélica de sacerdotes y laicos hospitalarios», se implicó de lleno en acciones caritativas de asistencia y consuelo a enfermos, heridos de guerra, mutilados y moribundos, sin tener en cuenta sus ideologías y bandos en los que luchaban. Además, se volcó con los «sin techo», abandonados y faltos de trabajo para elemental sustento.
Su dominio de lenguas le permitió ser un providencial traductor de emociones y necesidades. Hombres, mujeres, ancianos, niños, los huérfanos, todos sintieron el calor de su ternura y la generosidad que brotaba de él a manos llenas, hasta el borde del agotamiento. Su estrecho contacto con los enfermos hizo que contrajese el tifus, y pensando que llegaba su fin redactó su testamento. Estaba dispuesto a morir. Pero el padre Bertolini, su director espiritual, vaticinó: «No es tu hora, el Señor espera algo grande de ti».
Fue profesor de teología en el seminario de Verona y también en colegios de Alemania y de Francia, pero su vocación a paliar las carencias humanas, que tanto sufrimiento reportan, alimentaban sus súplicas a la Santísima Trinidad. Y en torno a 1835 compartió el sueño que tenía de poner en marcha una fundación destinada a la asistencia de los que padecen con una veronesa que dirigía espiritualmente: la beata Vincenza Luigia Poloni. «Hija mía, el Señor la quiere fundadora de un Instituto de Hermanas de la Misericordia, ninguna dificultad la atemorice o la detenga, para Dios nada es imposible», le dijo. Como le sucedió a Carlos, ella había perdido a nueve de los doce hermanos que nacieron en su hogar, una familia de farmacéuticos, negocio en el que trabajaba. Cuando conoció al beato en 1821 ya pensaba ser religiosa. Así que, alentada por él, y mostrando su plena disponibilidad, se unió a unas cuantas mujeres dispuestas a entregar su vida junto a los que sufren, en los que veían el rostro de Jesucristo, y en 1840 dieron origen a ese Instituto.
A la muerte de su hermana el padre Steeb heredó los bienes de la familia, y pudo ayudar económicamente a la fundación, aunque tuvo que afrontar muchos contratiempos y críticas malsanas. Entonces ya se hallaba muy agotado físicamente; estaba enfermo. Siguieron llenando su vida los constantes desvelos por los necesitados, al punto que fue denominado «mamá» de los enfermos por su trato hacia ellos, plagado de ternura. Y de hecho, por esta acción fue galardonado por el emperador de Austria con la Cruz de Oro. También se le ha denominado el «samaritano de Verona».
Fue un gran director espiritual y apóstol ejemplar. No perdió ocasión para animar a los jóvenes en la búsqueda del ideal religioso. La última etapa de su vida atendió a sus hijas, las formó y las acompañó en la senda incomparable de la caridad, prestando servicio junto a ellas con el lema: «Servir al hombre en humildad, simplicidad, caridad por el solo amor a Dios». Llegó a conocer la expansión del Instituto dentro y fuera del país. Vincenza le antecedió en su ingreso en el cielo, falleciendo de forma inesperada con 53 años el 11 de noviembre de 1855. Él murió el 15 de diciembre de 1856 a la edad de 83 años dejando a sus hijas este postrer testamento con su bendición: «la unión, la paz, la obediencia, y los enfermos…». Fue beatificado por Pablo VI el 6 de julio de 1975.