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sábado, 29 de diciembre de 2018

Susurros de mainumbí (Julieta María BERBEL)

Susurros de mainumbí

Julieta María BERBEL



Comienza un nuevo día, el sonido del despertar del monte aparta los sueños intranquilos de una noche que parecía no tener fin. Abro los ojos y una bóveda de verdes tornasolados promete protegerme del calor que ya empieza a sentirse en mi cuerpo sudado. Como en los últimos dos días, no hay demasiado tiempo para detenerme en la selva que nos rodea. El último trozo de sólo unas miles de hectáreas de monte natural. Miro alrededor y contemplo cómo el pequeño grupo de tres personas ya está preparado para continuar el camino. Los miro y pienso en el contraste de mi persona junto a ellos. Como si fueran parte del monte, caminan con pasos que apenas se distinguen del movimiento del viento entre las hojas. Son del color de la tierra, de la corteza de los árboles y de las hojas caídas que nos cobijaron anoche. Ramón, el más anciano de los tres, mira el monte, como leyendo las palabras que la selva garabatea en el follaje. Él puede leerlo todo en el monte, la tierra y las huellas que en ella se esconden, los indicios de agua para descubrir una vertiente cristalina y fresca, los aromas y los sonidos. Su especialidad son los yuyos y sus dones. Por eso está viajando con nosotros. Él fue quien encontró a Ará tendida en la tierra, y es el único de la comunidad con la capacidad de mantenerla con vida en el monte, mientras nos dirigimos al puesto de salud del pueblo más cercano.
Yo había llegado a pensar que Ramón todo lo podía curar con los yuyos del monte, pero el anciano supo reconocer que aquello que consumía el cuerpo de la niña no era algo que supiera curar el monte, porque no era una enfermedad de aquí. La sabiduría milenaria transmitida por los padres y abuelos de Ramón era ilimitada, en cuanto a los secretos de las plantas se tratara, y podían curar todos los males conocidos y estudiados por ellos a lo largo de su historia como pueblo. Pero esta enfermedad, que se llevaba el aire de Ará no se curaba con yuyos, porque no era una enfermedad de esta tierra. Y Ramón nos decía que es un mal del hombre blanco, y por eso ellos son quienes tienen la cura. Sabía que la comunidad, indirectamente, me consideraba responsable por la vida de Ará. Yo que soy “blanca”, soy responsable de sus miserias y dolores, de sus ultrajes y de estas enfermedades que no les pertenecen y que les trajimos junto a muchos otros dolores y atrocidades.
Hasta yo misma me sentía responsable, más aún porque podía reconocer la enfermedad de Ará. Una enfermedad que yo suponía extinta y vencida. Una enfermedad para la que existía vacuna, y para la cual, muchos en las ciudades ya no vacunaban a sus hijos porque, se suponía, ya había sido erradicada del planeta. Y me encontraba aquí, extraña, ajena y responsable, por el dolor de una comunidad que veía morir sus niños con este mal “extinto”. Un mal que los tomaba de noche, que les quitaba el aliento y el descanso. Un mal que les golpeaba el pecho y les arañaba la garganta hasta hacerlos escupir sangre. En este rincón del planeta, en este, quizá único, rincón del planeta donde el monte albergaba vida humana ancestral, aquí y ahora, los niños morían de tuberculosis.
Una seña de Ramón me devuelve al presente. Hoy me toca el primer turno, junto a Juanjo para cargar la camilla de Ará. No es una tarea fácil, menos aún con mis pies torpes e inexpertos en este suelo blando y vivo de la selva. Como si los árboles se movieran, debo caminar con sumo cuidado entre las raíces escondidas. Cada tropezón es un retraso de este tiempo que vuela y no perdona y que se nos escurre como arena entre los dedos. Trato de concentrarme en el suelo que piso, pero mis ojos se encuentran una y otra vez con los de Ará. Me miran con una transparencia tal, que por un instante siento que puedo asomarme directo a su alma. No hay reproche en su mirada, sino calma, la calma de quien comprende muchas cosas, quizá todas las cosas, que están aconteciendo. La miro y me cuesta recordar su rostro antes de que la tuberculosis la tomara. Con sus catorce años, ya es considerada una adulta en su comunidad, las niñas con las que creció ya tienen un compañero e hijos. Pero no Ará. Ella se estaba reservando, por su interés especial en “las cosas” de Ñamandú. Ella acompañaba a Ramón en sus expediciones por la selva, aprendía de él a reconocer las flores y los yuyos curativos, y distinguirlos de aquellos que, aunque atractivos, escondían una dulzura venenosa. Era ella quien lo ayudaba a preparar los remedios, pisando los ingredientes en un mortero y la que disponía todo cuando la luna señalaba la hora de un nuevo nacimiento. Ella, con sus escasos catorce años, era quien más conocía los secretos de la salud y de la enfermedad de su pueblo, la única de la aldea a quien Ramón había volcado sus conocimientos. Pero ninguno de aquellos conocimientos había alcanzado cuando la encontró inconsciente sobre los yuyos que recogía en el monte.
Es cerca del mediodía, sólo nos hemos detenido dos o tres veces para beber agua de los arroyos que surgen, generosos, de la tierra. No debe faltar mucho para alcanzar la ruta de asfalto, que nos dirigirá al poblado. Se nota por la densidad de la selva, que va disminuyendo gradualmente, y los claros que se hacen más frecuentes. Ramón se detiene repentinamente, escudriñando hacia adelante con los ojos entornados. Y nosotros, como presintiendo aquello que no se explica sino con el alma, lo imitamos. La voz de Ramón, que siempre me hace pensar en el sonido del viento deslizándose por el tronco hueco de una caña fístola, surge de sus entrañas y deja transparentes sus pensamientos. “Este es el último tramo, el último pedazo de monte espeso antes de llegar al camino del blanco”. Quedamos en silencio un instante, tomando fuerzas para el último tirón, o eso creo yo. En realidad el silencio esconde un misterio, y lo descubro cuando veo que los ojos de Ará parecen perderse en la penumbra de la bóveda de árboles y en la espesura de las enredaderas y rastreras. De pronto, el monte parece más silencioso de lo común y me sobrecoge una extraña sensación de que están observándonos. Como si todo el monte hubiera volteado a mirarnos y tuviera sus ojos fijos en nosotros. Repentinamente recuerdo lo que las ancianas de la aldea me han contado sobre esta parte del monte. El último retazo de selva virgen a orillas de la carretera, cargada de secretos. Este lugar está cargado de mística para los pobladores de la aldea y hasta los hombres blancos le temen.
Damos el último vistazo hacia atrás, ya tan sólo nos quedan unas pocas hectáreas y encontraremos la ruta. Ramón dice unas palabras en su lengua natal, que salen y se escurren como suspiros, pidiéndole permiso al monte para cruzar. Nos hace una seña para que continuemos el viaje. Miro a Ará y sé que el tiempo apremia. Caminamos más silenciosos de lo normal, hasta nuestra respiración se desliza cuidadosa por nuestros pulmones. Sólo el ruido de las hojarascas bajo mis pies corta este silencio, y eso nos incomoda a todos.
De pronto, un zumbido casi imperceptible comienza a acercarse. Puede que no sea nada, más que mi imaginación jugando con las historias de las abuelas de la aldea. Pero parece que no soy la única que escucha el pequeño zumbido, porque Ramón y Juanjo se miran, aunque no detienen la marcha. A mi izquierda, de refilón, veo un destello, muy pequeño, entre las hojas. Sigo caminando, tratando de parecer concentrada en la tierra que piso, pero el destello aparece y desaparece, un poco más adelante, un poco por detrás. Escucho la voz susurrante de Ramón “mainumbí”, es decir “colibrí”. Nos detenemos, y no debo preguntar porqué. Este pequeño pajarito, quizá el más pequeño de la selva, es un animalito sagrado. Se acerca a nosotros, nos rodea con su danza suave pero electrizante, como suspendida en el tiempo y el espacio. Sus diminutas plumas de colores cristalinos, parecen alimentarse de retazos de sol. Ramón lo mira fijamente, sigue los movimientos de su pequeño cuerpo en el aire, como queriendo descifrar el mensaje que su aleteo deja en una estela invisible. El pequeño ser se detiene, por un instante fugaz y eterno, sobre el cuerpo inmóvil de Ará. Se posa en su pecho y sacude sus alas, antes de revolotear y desaparecer velozmente en la espesura. Los ojos de Ará se iluminan con una nueva luz, una luz que ni siquiera en sus mejores tiempos había yo llegado a apreciar. Una luz que revelaba que algo se ha transformado en su interior, y esa luz se desborda y se rebalsa por todos los poros de su piel de niña. Rebalsa y nos salpica a nosotros con suaves gotas que parecen miel.
Sabemos que es hora de continuar, luego de este momento que puede haber durado segundos, horas o años. Ya no se cuanto tiempo ha pasado, no recuerdo si fue hace solo un instante que nos detuvimos o si llevamos una vida suspendidos en este ensueño. Un poco más allá, la ruta se dibuja surrealista, recortada entre los árboles.
Algo ha cambiado en nosotros, y descubro dentro mío que aunque el futuro, de Ará, el nuestro, incluso el de la aldea que dejamos atrás hace una eternidad, es incierto, algo ya no es lo mismo. Algo ya nunca será lo mismo, porque algo nuevo esta naciendo, algo está empujando los restos añejos, como un arroyo lava y purifica la tierra y la fecunda llenándola de vida. Algo se está despertando, como de un sueño sin tiempos. Y ya no importa lo que suceda, no importa qué nos espere en la ruta, no importa si llegamos al pueblo, ni al puesto de salud. En los ojos de Ará sólo hay felicidad, y tampoco le importan ya los remedios del blanco. Ya nada importa, todo es relativo. Porque esto nuevo que nos brota a borbotones del pecho, sólo puede llamarse ESPERANZA.

Julieta María Berbel
Puerto Esperanza, Misiones, Argentina

domingo, 25 de septiembre de 2016

LA LABOR MISIONERA

LA LABOR MISIONERA
La labor misionera es sólo un pequeña muestra de la titánica historia de la evangelización protagonizada por los misioneros que a lo largo de tantos siglos han puesto en marcha un desarrollo integral del hombre.
El anuncio del Evangelio no puede desligarse de la promoción humana del hombre y por eso lo misioneros se han convertido er los verdaderos protagonistas de desarrollo de estos pueblos. Han sido elegidos y enviados a servir a los demás, no son meros gestores de obras sociales. Enseñan en las escuelas, sanan en los hospitales, promocionan a la mujer en los países donde están completamente olvidadas y relegadas, se encargan de miles de niños abandonados, huérfanos y víctimas de conflictos armados, se trasladan a los campos de refugiados, acompañan y trabajan por esos grandes olvidados de la historia que son los pobres.
Sus vidas, como la de Jesús, representan un compromiso. Han comprometido sus vidas con los más pobres, con los que no tienen, con los que no pueden alzar su voz, con los que no saben, con todos aquellos a los que las sociedades más avanzadas han convertido en números estadísticos.
Un famoso periodista los definió como obstinados, audaces, abnegados... hombres y mujeres llenos de coraje y entrega que se encuentran siempre en los lugares más castigados del planeta, en cada uno de los infiernos que se abren sobre la faz de la tierra. Hombres y mujeres sencillos que luchan como humanamente pueden contra las consecuencias de luchas políticas o intereses económicos que les son ajenos, poniéndose siempre del lado de los más pobres, cumpliendo su vocación y la llamada de la misión fuera de su patria.
Los catequistas, los religiosos, los párrocos, los animadores misioneros y todos en general debemos hacer que niños, jóvenes y adultos vean la importancia de la labor de los 25.000 misioneros españoles repartidos por todo el mundo y que descubran que estamos ante los 2000 años de la primera misión de la Iglesia.
Todos estamos llamados a ser misioneros en este Tercer Milenio siguiendo el ejemplo de Santa Teresita de LisieuxSan Francisco Javier y tantos otros misioneros santos que ha dado la historia de las misiones.
Los misioneros atienden:Cantidad:
Vicariatos apostólicos1.000
Seminarios1.000
Parroquias250.000
Instituciones de asistencia y beneficiencia112.053
Hospitales5.188
Ambulatorios o dispensarios17.157
Leproserías825
Hogares de ancianos y minusválidos12.209
Orfanatos8246
Guarderías infantiles10.344
Consultorios matrimoniales10.317
Centros de educación o reeducación11.347
Otras instituciones (Centros terminales de SIDA, Drogadicción, etc.)36.574
Como de costumbre, la Agencia Fides publica al final del año la lista de los agentes pastorales que han perdido la vida en modo violento durante los últimos 12 meses.  Según las informaciones que tenemos, en el año 2012 han sido asesinados 12  agentes pastorales, casi todos  sacerdotes, se trata de 10 sacerdotes, 1 religiosa, 1 laica. 
Por cuarto año consecutivo, con el mayor número de agentes pastorales asesinados, en primer lugar se encuentra AMÉRICA, bañada por la sangre de seis sacerdotes. Le sigue ÁFRICA, donde fueron asesinados tres sacerdotes y una religiosa. Después ASIA, donde encontraron la muerte un sacerdote y una laica. 
Como sucede desde hace tiempo, el recuento de Fides no hace referencia sólo a los misioneros ad gentes en sentido estricto, sino a todos los agentes pastorales muertos de forma violenta. Con respecto a estos solo usamos el término “mártires” en su sentido etimológico de “testigo”, para no entrar en mérito al juicio que la Iglesia podrá eventualmente dar sobre algunos de ellos, y también por las pocas noticias que, en la mayor parte de los casos, se logran recoger sobre su vida e incluso sobre las circunstancias de su muerte.
La mayor parte de los agentes pastorales asesinados en el 2012 ha perdido la vida a raíz de intentos de robo: algunos sorprendieron a los ladrones en su casa y sus cuerpos fueron encontrados con signos de haber sufrido tortura y crueldad. Otros fueron atacados en la calle y despojados de todo lo que tenían consigo o de su coche. La Hermana Liliane Mapalayi, fue apuñalada hasta la muerte mientras se encontraba en su puesto de trabajo en un instituto dirigido por su congregación, donde era la ecónoma.
Don David Donis Barrera fue agredido y apuñalado, después de un accidente leve, tras un altercado con los ocupantes del otro coche. Don Anastasio Nsherenguzi fue asesinado por unos jóvenes que estaban tratando de dividir durante una pelea. La laica Conchita Francisco recibió varios disparos de frente a la Catedral de Bongao, en el sur de Filipinas, donde se vive una gran tensión por la presencia de los rebeldes musulmanes, piratas, terroristas y criminales.
Como escribía el Santo Padre Benedicto XVI en el Motu Proprio “Porta fidei”, con el que convocó el Año de la fe que la Iglesia está celebrando, “Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos. Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida, han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban”. (PF, 13)
Los Agentes pastorales asesinados en el año 2012 no han realizado actos sensacionalistas, no se han puesto en el centro de la atención de los medios de comunicación por proyectos o toma de posiciones espectaculares, sino que  simplemente “han confesado la belleza de seguir al Señor Jesús donde eran llamados a dar testimonio de sus ser cristianos”.
Ellos vivieron su fe en la humildad de la vida cotidiana, especialmente en el contexto de la pobreza humana y espiritual, la degradación, la violencia, donde el respeto por la vida y la dignidad humana son valores que no se tienen en cuenta, tratando de llevar en estos ambientes su testimonio de amor, de ese amor del Padre que Jesucristo ha venido a mostrar.
El 26 de diciembre, el Papa Benedicto XVI ha recordado en el Ángelus que el martirio del diácono Esteban muestra que “el nacimiento del Hijo de Dios inauguró para la humanidad una nueva era, la del amor. El amor hace caer las barreras entre las personas. Nos hace hermanos...”. Después ha puesto bajo la intercesión de San Esteban a los cristianos perseguidos, pidiendo y orando por ellos, invitando a “perseverar sin temor en el testimonio de la fe”.  
A este elenco provisional redactado anualmente por la Agencia Fides, debe añadirse siempre la larga lista de aquellas personas de las que quizás nunca se tendrá noticia, que en cada ángulo del planeta sufren y pagan incluso con la vida su fe en Cristo, son esa “nube de soldados desconocidos de la gran causa de Dios” como decía el Papa Juan Pablo II.



PANORAMA DE LOS CONTINENTES

AMÉRICA
En América han sido asesinados 6 sacerdotes: 2 en Brasil; 2 en México; 1 en Colombia; 1 en Guatemala.
En Brasil ha sido asesinado en su casa el sacerdote italiano Fidei donum don Luigi Plebani. Mientras que don Eduardo Teixeira ha sido asesinado en la calle, durante el transcurso de un robo.
En México han muerto don Jenaro Aviña García, asesinado en su casa por unos ladrones, y don Teodoro Mariscal Rivas, encontrado atado de manos y pies y con una bolsa en la cabeza.
En Colombia ha sido asesinado durante un robo don Pablo Emilio Sánchez Albarracin.
En Guatemala ha muerto don David Donis Barrera, agredido y acuchillado después de un accidente de coche.


ÁFRICA
En África han sido asesinados 3  sacerdotes y 1 religiosa: 1 en la R.D.Congo; 1 en Mozambique; 1 en Tanzania; 1 en Madagascar.
En la R.D. del Congo ha muerto Sor Liliane Mapalayi, de la congregación de las Hermanas de la Caridad de Jesús y María, apuñalada en la escuela en la que trabajaba.
En Mozambico ha sido brutalmente asesinado el Misionero de la Consolación (IMC) p. Valentim Eduardo Camale, durante un robo en su misión.
En Tanzania ha perdido la vida don Anastasius Nsherenguzi, asesinado por algunos jóvenes que estaba tratando de separar durante una pelea.
En Madagascar ha sido asesinado durante un robo en la calle el jesuita p. Bruno Raharison (SJ). 


ASIA
En Asia han sido 2 los Agentes pastorales que han perdido la vida: 1 sacerdote y una laica; respectivamente en el Líbano y en las Filipinas.
En el Líbano ha muerto el padre Elie Gergi al-Makdessi, de la Orden Libanesa Maronita, asesinado en la calle en un intento de robo.
En las Filipinas ha muerto la laica Conchita Francisco, agente pastoral,  asesinada con arma de fuego por unos desconocidos ante la catedral católica de Bongao, donde poco antes había dirigido la oración del Rosario y participado en la Santa Misa.  

miércoles, 16 de septiembre de 2015

De atleta a misionera

De atleta a misionera
María Del Pino Rodriguez RiveraA María del Pino Rodríguez de Rivera, Mapi, ex saltadora de la isla de Gran Canaria (España), no le bastó ganar el Oro  en deporte, en 1994: se lanzó a conquistar el campeonato del Amor.

Con 37 años, conserva la vitalidad y robustez física de la deportista que fue. Trabaja como misionera en un barrio marginal de Manila, la capital de Filipinas. Su amor a Cristo la ha llevado a 13.000 kilómetros de su Gran Canaria natal para servirle en los más pobres. Pero no siempre fue así. Durante un tiempo vivió -explica ella misma- «sin rumbo, como perdida, una época en la que todo me daba igual». Buscaba la felicidad en las marchas nocturnas, en las fiestas, incluso en el deporte, donde fue campeona de España de saltos en 1994, con el Club Natación Metropole. «Todo eso es bueno si se vive de forma sana y si se sabe colocar en el lugar que corresponde, pero cuando lo pones en el centro de tu vida, te destruye, porque eso pasa y no es la verdadera felicidad», asegura.

Hoy, el centro de su vida es su vida de consagrada con las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada y el trabajo con los pobres de Baseco Tondo, una de las zonas más míseras de Manila. Cómo llegó hasta aquí desde esa otra vida de confusión y desorden, es una historia que merece ser contada.

«Lo más importante es mi familia. Mis padres y mis hermanos, una familia cristiana que me ayudó a descubrir a Dios en mi vida», ha comentado por correo electrónico desde Manila. Mapi estudió en el colegio de las Teresianas, en Las Palmas de Gran Canaria, y allí transcurrió su infancia y parte de su adolescencia. Estuvo en algunos grupos de apostolado, pero más por conocer gente y participar en las excursiones.

En esa época practicó en el colegio gimnasia deportiva, y saltos de trampolín en el CN Metropole. De ahí aprendió «lo que significa esforzarse y luchar por aquello que uno quiere de verdad». También «el sacrificio y la renuncia por alcanzar la meta deseada». Unos años que la ayudaron a crecer y forjaron su personalidad.

Se decidió a estudiar Derecho, pero entonces algo en su vida cambió. «Me fui alejando de Jesús y de todo lo relacionado con la Iglesia cada vez más. Todo para mí fue perdiendo importancia y mi rutina se redujo a un malvivir continuo que se iba apoderando de mí y de mis sueños. Todo fue perdiendo brillo en mi vida, hasta que me vi sumida en la más profunda tristeza. Viví desde ese vacío durante casi tres años, nada me llenaba, nada me atraía». Fue la época de las fiestas y la vida nocturna.

Granada en los planes de Dios

Un día despertó del letargo. Sintió la necesidad de salir de Gran Canaria, alejarse de un ambiente que la contaminaba. Dejó su casa y se fue a estudiar a Granada. «Algo dentro de mí me decía que iba a encontrar cosas buenas», explica. «Allí empezó la más bella historia de amor que nunca hubiera soñado».

Se instaló en una residencia llevada por religiosas, frente a la casa madre de las citadas Misioneras, donde acabaría integrándose gracias a dos novicias que la invitaron al grupo de oración. «Yo continuaba con mi vida de estudiante, salía con mis amigos, hacía muchas cosas, pero sentía que me faltaba algo», confiesa. En su primer día de oración, ante Jesús Sacramentado, sintió un torbellino de emociones: «Tuve una sensación que no puedo describir, me sentía incapaz de mirarle, me sentía indigna de estar en su Presencia, pero al mismo tiempo me atraía; rompí a llorar como una niña. Me entró miedo y dejé el grupo».

En pocas semanas volvió y entró a formar parte de las Misioneras. Sus primeros años de formación los pasó allí mismo, en Granada. Después estuvo cuatro años en Pamplona y dos más en el Puerto de Motril. En otoño de 2011 aterrizó en Manila junto a dos misioneras más: una colombiana y otra estadounidense, con el objetivo de fundar una misión, la primera en Asia de esta congregación.

Manila: pobreza y hospitalidad

La hospitalidad es uno de los rasgos que más han sorprendido a la hermana María del Pino desde su llegada a Manila. «Para cualquier filipino lo primero es la persona, y aunque tengan mucho que hacer, lo dejan todo para atender a quien llega a sus casas»,comenta. Un rasgo que incluye también -o sobre todo- a pobres de Baseco Tondo, un lugar inmenso que crece cada año porque se van instalando allí familias de otras provincias. «Es impactante ver cuánta gente malvive en la calle. Baseco Tondo es una zona marginal, está en la misma ciudad, pero sus habitantes son como el deshecho de la sociedad, porque nadie quiere saber nada de ellos... Sería imposible sacarlos de toda esa pobreza. Se trata de ayudarles a que salgan adelante desde su propia realidad, que aprendan a luchar y a trabajar por una vida mejor».

El trabajo que hacen la hermana María del Pino y sus dos compañeras es acompañar a las familias a la Eucaristía y otras celebraciones de la devoción popular, pero al mismo tiempo les ayudan con ropa y comida. Y, para una mayor cercanía, están aprendiendo taga-log, el idioma local. «Fundamental para poder trabajar con ellos -apunta-, y también como una señal de respeto».

La última vez que Mapi estuvo en su casa fue en el verano de 2011, para despedirse de su familia antes de partir a Filipinas. Asegura que sus padres y amigos están contentos porque la ven feliz, pero que la vida del misionero es dura. Lo sabe y está bien entrenada. Y en cualquier caso, como ella dice, «a eso nos llama Jesús, y por eso estamos en Manila, en la otra punta del mapa, pero felices».


Revista Ave María, nº 783
 http://webcatolicodejavier.org/MariaDelPinoRodriguezRivera.html

domingo, 1 de marzo de 2015

Misionero que salvó de morir junto a los mártires de Perú cuenta su historia

Misionero que salvó de morir junto a los mártires de Perú cuenta su historia

Por Marta Jiménez

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P. Jarek Wysoczanki (Foto: Captura de video) y sus tres hermanos de misión asesinados por Sendero Luminoso.
P. Jarek Wysoczanki (Foto: Captura de video) y sus tres hermanos de misión asesinados por Sendero Luminoso.




ROMA, 07 Feb. 15 / 04:06 am (ACI/EWTN Noticias).- Sendero Luminoso lo quería muerto, pero Dios tenía otros planes para él. El P. Jarek Wysoczanki hoy vive para contar su historia y la de sus hermanos de misión: Los mártires Zbignew Strzalkowski (33), y Michele Tomaszek (31), de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, asesinados por los terroristas comunistas que dejaron muerte y destrucción en todo el país en las décadas de 1980 y 1990.
El pasado 3 de febrero el Papa Francisco aprobó el decreto que reconoce el martirio de ambos sacerdotes, asesinados en 1991, y de otro misionero italiano. Ese mismo día el Santo Padre aprobó el martirio también de Mons. Oscar Romero, Arzobispo de San Salvador.
“¡Estoy feliz! Como fraile franciscano, esta noticia simboliza que estamos en esta gran familia de grandes mártires, beatificados, canonizados y anónimos. Me encanta que Miguel y Zbigneo estén al lado de tantos mártires que dieron la vidapor Jesús, por estar al lado de los pobres. Es un gesto simbólico, es decir, unidos por tantos que lucharon por la justicia y por estar al lado de los pobres”, explicó el P. Jarek en declaraciones a ACI Prensa.
Este franciscano de 54 años de edad, que actualmente vive en Roma, dirigía la misión pastoral de los frailes polacos en Perú, y perteneció al grupo que servía en Pariacoto, la localidad andina en donde los religiosos fueron asesinados. Cuando llegaron allí encontraron la pobreza extrema y se organizaron para asistir pastoralmente a las familias.
La zona sufría una grave epidemia de cólera y una grave sequía. En ese contexto, Sendero Luminoso sembraba el terror entre la población: “sabíamos que Sendero Luminoso estaba presente en Pariacoto, en la zona habían habido otros atentados contra nuestra misión y acompañábamos a los familiares de los asesinados por Sendero”.
“Pero nunca pensamos que nos pudieran atacar, porque nunca abríamos un discurso político. No criticábamos, eso no nos interesaba, nuestro objetivo era ayudar”, señala el misionero polaco.
Con la llegada de los misioneros, comenzaron a desarrollarse proyectos sociales en colaboración con otras organizaciones del Perú, lo que enfureció más a Sendero Luminoso. El 9 de agosto de 1991, después de celebrar Misa, Michele y Zbignew sufrieron una emboscada, fueron secuestrados y finalmente ejecutados.
“Con el asesinato de mis hermanos misioneros, Sendero demostró el odio contra la Iglesia Católica en general, que estaba al lado de los pobres”, recuerda.
El P. Jarek también estaba bajo la mira de los terroristas, pero Dios quiso que esos días no estuviese en Perú. “Hacía tres años que estábamos de misión y tocaba un tiempo de reposo en casa... Yo pensaba volver el último a Polonia, pero mi hermana me pidió ir antes para bendecir su matrimonio. De no ser así, yo no estaría hoy para contarlo”, explica.
El martirió de sus compañeros tuvo lugar dos semanas antes de terminar sus vacaciones, durante las cuales el mismo Papa Juan Pablo II lo reconfortó personalmente junto a los familiares de Michele y Zbignew. El Pontífice había viajado a Polonia con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud.
“Me parece que Sendero Luminoso quería aprovechar la presencia del Papa en Polonia, sabía que matando a los sacerdotes polacos la noticia se difundiría más rápido. Además, Abimael Guzmán tenía odio a Juan Pablo II, porque para él era el símbolo del capitalismo, era el enemigo, y lo odiaban”, relata.
Ellos “me cuidan” desde el cielo
Aunque nunca es fácil perder a unos amigos tan especiales, el P. Jarek señala que no le entristece su recuerdo, y cada día siente que Miguel y Zbigneo lo cuidan desde el Cielo.
“Siento que después de su muerte, ellos me dejaron dos fuertes mensajes. Tengo el sentimiento y el convencimiento de que ellos me cuidan, no solo a mí, sino a las personas que conozco”.
“He vivido en África y en muchas otras partes del mundo, y yo siento que ellos siempre están a mi lado. Además, me invitan, me empujan a ser bueno, a ser como ellos fueron. A ser santo, pero una santidad en el sentido de abrazar el Evangelio, de estar al lado de las personas. En el sentido de acompañar de manera muy sencilla con lo poco que uno tiene”, asegura.
Para el P. Jarek, el mundo campesino peruano es sencillo. Un pueblo tierno y acostumbrado al trabajo duro, que siempre le repetirá que Michele y Zbignew (Miguel y Zbigneo) “eran buenos”.
“Esta frase a primera vista puede parecer superficial, pero cuando uno comienza a pensar y a sentir lo que significa, se da cuenta de que es una hermosura, porque expresa que Dios es bueno. Ellos transmitieron y grabaron en el corazón de la gente que existen personas buenas, igual que Dios es bueno, y cada día siento con más fuerza que no hay nada mejor que estar con la gente de manera sencilla como buenos”, afirma.
Según explica, el P. Zbignew tenía un amor extraordinario por los enfermos, a quienes visitaba de manera muy discreta; y un sentido muy práctico de cómo alcanzar un nivel de desarrollo social y cooperativo. Organizaba granjas agrícolas y tenía una especial sensibilidad social.
Por su parte, el P. Miguel era un hombre sencillo, atento, cercano a las familias, de los jóvenes y de los niños, creaba profundo vínculos de amistad y fue director espiritual de muchos.
El pueblo de Pariacoto nunca olvidará el funeral de sus mártires, donde no solo hubo llantos, sino también cantos alegres. Los niños cantaron todas las canciones que el Hermano Miguel les enseñó, y el P. Jarek asegura que parecía que se despidieran de su papá “que los quería mucho y los dejaba huérfanos”.
Después del martirio, el P. Jarek volvió al Perú, y siguió trabajando junto a la Iglesia en la ciudad de Lima por siete años más. Actualmente es Secretario General de Animación Misionera de los franciscanos conventuales.

miércoles, 14 de enero de 2015

Papa Francisco en salida misionera 14012015

Papa Francisco en salida misionera

Damnificados Tifón Filipinas 2014 - REUTERS
14/01/2015 02:13
Con Papa Francisco en Viaje Apostólico, jesuita Guillermo Ortiz de RADIO VATICANA
Coherente con su solicitud de una Iglesia en salida, Francisco no se queda en Santa Marta en el Vaticano, sino que se descentra y sale. Y es una salida misionera siguiendo ese llamado de Jesús cuando paso del seminario diocesano en Buenos Aires a la Compañía de Jesús, para ser misionero en Japón. Lo que antes no pudo, lo realiza ahora como Sucesor de Pedro y respondiendo a las necesidades actuales de la Iglesia, con un segundo viaje apostólico en Asia. Primero Corea y ahora Sri Lanka y Filipinas.
Francisco encarna así, como Vicario de Cristo, una Iglesia en salida misionera como pide a todos. Francisco quiere una Iglesia discípula misionera, empezando por los obispos, sacerdotes, religiosos y consagrados. No quiere que el cura o el católico se instale, tampoco en la sacristía o la secretaria parroquial, sino que salga a las periferias existenciales y geográficas. El sacerdote que no ejercita su ministerio se convierte en un burócrata y esto para Francisco es una enfermedad espiritual grave, lo diagnostico claramente muchas veces, especialmente en el discurso de fin de año a la Curia vaticana.
Por lo tanto, siguiendo su llamado a todos los católicos, este viaje apostólico se encuadra en la solicitud pastoral de salir al otro; de salir de sí para ir al encuentro del otro; descentrarse; desinstalarse. Directa e indirectamente, interpretando su magisterio de gestos y palabras, más allá del destino específico de este viaje apostólico concreto, se trata de una invitación a vivir una Iglesia en salida misionera. Una invitación también para mí y para vos que no podemos ser verdaderos discípulos sin ser a la vez misioneros; que podemos vencernos a nosotros mismos, descentrarnos, desinstalarnos para ir a nuestras propias periferias al encuentro con Cristo en el hermano que sufre.


martes, 21 de octubre de 2014

Papa Pablo VI Beato: “El amor por las Misiones es amor por la iglesia, es amor por Cristo!” 21102014

Papa Pablo VI Beato: “El amor por las Misiones es amor por la iglesia, es amor por Cristo!”

Ciudad del Vaticano – “¡El amor por las Misiones es amor por la iglesia, es amor por Cristo! Ningún cristiano puede replegarse sobre sí mismo, sino que debe estar abierto a las necesidades espirituales de aquellos que no conocen a Cristo, y son cientos de millones”: con estas palabras el Santo Padre Pablo VI se dirigía a los directores diocesanos de las Obras Misionales Pontificias de Italia, recibidos en audiencia el 28 de junio de 1978, pocas semanas antes de su muerte.

En la Jornada Misionera de este año 2014, en la conclusión del Sínodo extraordinario de los Obispos, el Papa Pablo VI , civilmente Giovanni Battista Montini, será proclamado beato. En sus quince años de pontificado Pablo VI dio un fuerte impulso a la conciencia misionera de la Iglesia, a la animación y cooperación misionera, continuando con un compromiso que ya había manifestado como arzobispo de Milán. En el Magisterio misionero de Pablo VI surgen el Decreto conciliar “Ad Gentes” sobre la actividad misionera de la Iglesia, completado por el Motu Proprio “Ecclesiae Sanctae”, con las normas para la aplicación de ciertos decretos del Concilio Vaticano II; el mensaje “Africae terrarum” en defensa de la identidad africana y sus valores tradicionales; la Exhortación Apostólica “Evangelii Nuntiandi” sobre el compromiso de anunciar el Evangelio a los hombres de nuestro tiempo.

Junto a estos documentos no podemos pasar por alto la gran cantidad de cartas, mensajes y discursos, a todos los niveles y en las ocasiones más diversas, sobre la responsabilidad misionera de toda la Iglesia. Con las Cartas Apostólicas “Benegnissimus Deus” y “Graves et Increscentes” destacó la importancia y relevancia de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol y la Pontificia Unión Misionera. En su carta a la Conferencia Misionera Internacional en Lyon , que conmemoraba el aniversario de la Obra Pontificia para la Propagación de la Fe, pidió una toma de conciencia del problema moderno de la evangelización con el fin de renovar el impulso a la actividad misionera. En su mensaje al Congreso Misionero de México y América Latina recomendó a todas las iglesias locales el realizar un esfuerzo pastoral conjunto “para hacer de toda la Iglesia de América Latina una Iglesia misionera”. A lo largo de su pontificado, a excepción del 1964, el Papa Pablo VI envió siempre un mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones de octubre. El último, que ya había preparado antes de morir, insiste una vez más en la responsabilidad de todo el pueblo de Dios para con la obra misionera.

Pablo VI fue el primer Papa en visitar todos los continentes y las tierras de misión : Tierra Santa y la India en 1964, Europa en 1967, América en 1968, Africa en 1969, el Lejano Oriente y Oceanía en 1970 en su encuentro con las Iglesias jóvenes, siempre las invitó a tomar conciencia de su responsabilidad misionera, ya sea en sus propios territorios como en todo el mundo.

viernes, 3 de octubre de 2014

“La vida del misionero es a veces aparente fracaso, pero Dios la transforma en triunfo”, dice Obispo de Bangassou 03102014

“La vida del misionero es a veces aparente fracaso, pero Dios la transforma en triunfo”, dice Obispo de Bangassou

Por Blanca Ruiz

 
Javier Gomá, filósofo, Mons. Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou y Jose Francisco Serrano, decano de Humanidades y Comunicación de Universidad San Pablo CEU. Foto: OMP
Javier Gomá, filósofo, Mons. Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou y Jose Francisco Serrano, decano de Humanidades y Comunicación de Universidad San Pablo CEU. Foto: OMP
 
MADRID, 03 Oct. 14 / 10:51 am (ACI).-

 El Centro Cultural Arganzuela (Madrid) acogió "El Domund, al descubierto" organizado por  Obras Misionales Pontificias, que pretende que el ciudadano conozca la realidad de la misión.

El Obispo de Bangassou (República Centroaficana), Mons. Juan José Aguirre junto con el filósofo Javier Gomá reflexionaron sobre la misión, la Iglesia y el Papa en una conferencia titulada ‘Los misioneros, un bien para la humanidad’.

“Somos 13 mil misioneros españoles que se encuentran esparcidos por todo el mundo dando nuestra vida gota a gota, porque creemos que todo hombre es mi hermano”, afirmó el Obispo de Bangassou quien recordó en su intervención el consejo que le dieron en su primer día de misión: "Déjate querer por ellos. Como has tocado la forma de Cristo en la Misa, tócalos a ellos". Y subrayó que aunque "la vida del misionero es muchas veces un aparente fracaso, luego Dios sabe transformarla en triunfo".

El Obispo, misionero comboniano, lleva 34 años viviendo en Centroáfrica. A comienzos de 2013 los yihadistas robaron todo lo que el Obispo tenía en la misión, algo que el Prelado explicó diciendo: "La misión es muy frágil, no es nuestra, es del Señor; por eso, si se cae, empezamos de nuevo".
También denunció que en su diócesis en República Centroafricana "han degollado a más de 200 personas" y preguntó "cómo se puede hacer algo así en nombre de Dios".

Mons. Aguirre explicó que "miles de personas que huyen del Congo” para entrar en República Centroafricana. “Allí no hay vallas, ni policía, ni centros de acogida, sólo un río por donde entran quienes huyen del peligro y tienen derecho a vivir en paz", afirmó.

Esta dimensión de "cientos de miles de inmigrantes internos en el corazón de África no es noticia en Occidente”, observó el misionero quien también denunció que no se "empatice" con el inmigrante y se pregunte por "cuántos" llegan a la valla y no "por qué" lo hacen.