San Juan de Valence, abad y obispo
fecha: 21 de marzo
fecha en el calendario anterior: 26 de abril
†: c. 1145 - país: Francia
canonización: Conf. Culto: Pío X 9 dic 1903
hagiografía: Abel Della Costa
fecha en el calendario anterior: 26 de abril
†: c. 1145 - país: Francia
canonización: Conf. Culto: Pío X 9 dic 1903
hagiografía: Abel Della Costa
En Valence, en la región de Vienne, san
Juan, obispo, que primero fue abad de Bonnevaux, y luego, elegido para la sede
episcopal, padeció muchas contrariedades en defensa de la justicia y ayudó
generosamente a los pobres y a los mercaderes arruinados.

San Juan nació en Lyon. En su juventud,
mientras era canónigo de la catedral de su ciudad natal, hizo voto de ingresar
en la abadía de Citeaux; pero luego, desconfiando de sus fuerzas, y por
parecerle la Regla impracticable, conmutó él mismo el voto por una
peregrinación a Santiago de Compostela. Sin embargo, tras esta tuvo un sueño
terrible: Nuestro Señor se le aparece, acompañado por San Pedro y
Santiago. El primero de los dos tenía en la mano un libro con los nombres de
los elegidos, y dijo en voz alta «Juan». Pero el Señor, airado, le dijo a
Pedro: «Borra ese nombre del libro de los elegidos, pues es un perjuro».
Santiago se arrojó entonces a los pies del Salvador, exclamando: «¡Te pido
gracia, Señor, por él, que es uno de mis más fervientes peregrinos ... Es
verdad que Juan no ha sido fiel a su promesa, pero perdónalo; el miedo de tus
amenazas y el toque de tu misericordia, hará que cumpla su promesa de ingresar
en el Císter.» Despertó lleno de espanto, e interpretando el sueño
como una comunicación divina, partió en medio de la noche a Citeaux, sin
comunicarlo a nadie.
Evidentemente llegó a ser un monje
ejemplar, porque tiempo después, en 1117, es enviado a fundar la abadía de
Bonnevaux, cerca de Vienne, en el Delfinado. En esa fundación serán recibidos por
él mismo monjes que fueron luego grandes obispos o padres de nuevas
fundaciones, como san Pedro de
Tarantaise, san Amadeo de
Lausana, y varios más.
La diócesis de Valence estaba desde hacía
tiempo gobernada por un pastor del todo indigno: Eustacio, cuyas extravagancias
de vida, y dureza para con los pobres, no eran propias de un obispo. San
Bernardo le había escrito una dura carta, y el propio papa lo había
excomulgado, pero el obispo siguió aferrado a su sede por seis años más, hasta
que el pueblo tomó las riendas, y el día de Pascua del 1141, entró en casa del
obispo y lo expulsó de la ciudad. tres días más tarde san Juan fue propuesto
por los abades de la región, y consagrado, a su entero pesar, obispo de
Valence.
Su hagiógrafo anónimo resume en tres
palabras su vida de pastor: dar gloria a Dios, salvar su alma, cuidar su
rebaño. Recibía insultos y pedradas de los partidarios de Eustacio, pero
respondía con indiferencia, y oraba pidiendo al Señor que no les tuviera en
cuenta ese pecado. Sus oficiales de justicia se quejaban de su indulgencia con
los condenados, pero les respondía que era también un vicio ensañarse en al
severidad con los delincuentes, como había hecho sus predecesor, y que los
propios jueces quizás no hubieran resistido la tentación de haber estado en el
lugar de los delincuentes. La bolsa parecía multiplicarse sola a pesar de la
gran largueza en ayudar a los pobres.
Murió el 21 de marzo de hacia el 1145. Su
fecha de celebración en la diócesis de Valence y en la tradición cúltica es el
26 de abril, aniversario de su consagración episcopal. Fue sepultado en la
catedral, y su tumba se convirtió en meta de peregrinación, hasta que en 1562
la tumba y reliquias fueron profanadas por los hugonotes, y ya no han quedado
restos de ellas. Su culto fue confirmado en 1903.
La biografía de este santo obispo, escrita
por un tal Giraudo, se halla en el «Thesaurus novus anecdotorum» de Marténe y
Durand, vol. III, pp. 1693-1702. Ver también Nadal, Histoire hagiologique de
Valence, pp. 273 ss., y las obras de los historiadores del Cister, como
Manrique y Le Nain. Decreto de confirmación de culto en ASS 36 (1903-4) pág.
424. Hagiografía redacta sobre los datos del Butler (21 de marzo, de quien tomo
la bibliografía) y Guerin (26 de abril).
Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: 20-3-2013
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cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que
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adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio
(El Testigo Fiel
San Nicolás de Flüe, eremita
fecha: 21 de marzo
fecha en el calendario anterior: 22 de marzo
n.: 1417 - †: 1487 - país: Suiza
canonización: B: Clemente IX 1669 - C: Pío XII 15 may 1947
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 22 de marzo
n.: 1417 - †: 1487 - país: Suiza
canonización: B: Clemente IX 1669 - C: Pío XII 15 may 1947
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En la región montañosa comúnmente
llamada Ranft, junto a Sachseln, en Suiza, san Nicolás de Flüe, que, por
inspiración divina, deseoso de otro género de vida, dejó a su esposa y a sus
diez hijos, y se retiró al monte para abrazar la vida de anacoreta, en la cual
llegó a ser célebre por su dura penitencia y desprecio del mundo. Solamente una
vez salió de su celda, y fue para apaciguar con una breve exhortación a quienes
estaban a punto de enfrentarse en una guerra civil.
patronazgo: patrono de Suiza.

Nicolás von Flüe, «Bruder Klaus», ocupa un
lugar privilegiado en la estimación de sus conciudadanos. Eclesiásticos,
patriotas, políticos, historiadores y poetas de todos los credos han cantado
sus alabanzas y puede asegurarse que ninguna figura religiosa en la historia de
Suiza ha inspirado tan variada y voluminosa literatura. El santo nació cerca de
Melchthal y de la hacienda de Flüeli, en el Sachsterberg, del que deriva su
nombre. Su padre, Enrique, tenía un puesto civil en el servicio del Cantón. Su
madre, Emma Robert, nativa de Wolfenschiessen, era una mujer profundamente
religiosa, quien educó a sus dos hijos, Nicolás y Pedro, para que pertenecieran
como ella a la hermandad de «amigos de Dios» (Gottesfreunde). Los miembros de
esta sociedad, diseminados por Alemania, Suiza y Holanda, eran de ambos sexos y
de cualquier clase social. Con una leal adhesión a la Iglesia católica,
pretendían, mediante una estricta vida, así como una constante meditación de la
Pasión del Señor, entrar en especial e íntima relación con Dios, como lo indica
el nombre de la sociedad. Algunos de ellos vivían con sus familias, otros
formaban comunidades pequeñas y unos cuantos se retiraban del mundo para llevar
una vidá eremítica. Nicolás respondió especialmente a la formación recibida y
su piedad, amor a la paz y sano criterio, fueron notables desde su infancia.
A la edad de veintidós años y a pesar de
su disposición apacible, Nicolás luchó como soldado en la guerra con Zürich.
Catorce años después, con ocasión de la ocupación de Thurgau, tomó de nuevo las
armas, pero esta vez como capitán de una compañía. La alta estima en que se le
tenía, fue la causa de que se le nombrara magistrado y juez, enviándosele
varias veces como delegado a los concilios y asambleas de Obwalden, donde su penetrante
sabiduría tuvo gran influencia. Repetidas veces le fue ofrecido un puesto más
alto, el de «landamman», o gobernador, pero no pudo persuadírsele a aceptarlo.
Se casó con una devota joven, llamada Dorothea Wissling y su matrimonio fue
feliz. De sus diez hijos, Juan, el mayor, llegó a ser «landamman» todavía en
vida de su padre y el más joven, estudió en la Universidad de Basilea y fue
después, durante varios años, párroco de Sachseln. A lo largo de su vida
matrimonial, Nicolás continuó las prácticas devotas de su juventud. Citaremos
el testimonio de su hijo mayor: «Mi padre se retiraba a descansar al mismo
tiempo que sus hijos y criados; pero cada noche lo veía yo levantarse y lo oía
rezar en su cuarto hasta la madrugada. Con frecuencia iba, en el silencio de la
noche, a la iglesia de San Nicolás o a otros lugares sagrados». Su hijo, al
observarlo, se convenció de que tenía una vocación sobrenatural a la
contemplación, puesto que tuvo visiones y revelaciones; acostumbraba retirarse
a la soledad en el valle de Melch y, cuando tenía alrededor de cincuenta años
se sintió irresistiblemente atraído a abandonar el mundo por completo y pasar
el resto de sus días como ermitaño. Su esposa no se opuso, porque los «amigos
de Dios», reconocían tales vocaciones como venidas de lo alto. Nicolás renunció
a sus cargos, dejó a su mujer y a sus hijos en el otoño de 1467, y partió
descalzo y descubierta la cabeza, enfundado en un hábito oscuro, llevando un
rosario y su báculo. Su destino parece haber sido Estrasburgo en cuyas
cercanías había un convento de los hermanos, con sede principal en AIsacia.
Antes de cruzar la frontera, sin embargo, recibió hospitalidad de un campesino
que resultó ser también «amigo de Dios». En el curso de la conversación, su
huésped trató de disuadirlo de abandonar el país, asegurándole que los suizos
eran mal vistos en AIsacia y dondequiera, por sus maneras ásperas, y que no
encontraría el retiro tranquilo que buscaba. Aquella noche hubo una tremenda
tormenta de rayos y, al mirar hacia el pequeño pueblo de Liechstall, allende la
frontera, Nicolás lo vio, a la luz de los relámpagos, como si estuviera en
llamas. Tomó esto como una señal que confirmaba el consejo del campesino e
inmediatamente volvió sobre sus pasos. Una tarde, durante su viaje de retorno a
casa, tendido bajo un árbol, fue presa de cólicos tan violentos, que pensó
llegada su última hora: pasó el dolor, pero desde ese momento perdió todo deseo
de comer o beber. Después de ese mismo otoño, unos cazadores que buscaban
piezas en el Melchthal, disfundieron la noticia de que se habían encontrado con
Nicolás, en su dehesa del Kluster, donde se había construido un refugio de
ramas, bajo un alerce. Su hermano Pedro y otros amigos fueron a pedirle que no
permaneciera allí, expuesto a morir, y lo convencieron a que se trasladara a
Ranft, otra parte del valle, donde la gente de Obwalden pronto le construyó una
pequeña celda con una capilla adjunta.
En este lugar, situado arriba de una
estrecha garganta, cuya soledad era enfatizada por el rugido del torrente en el
valle, san Nicolás, pasó diecinueve apacibles años. Durante las primeras doce
horas del día estaba en oración y contemplación y por las tardes, entrevistaba
a los que tomaban el camino de su ermita, buscando su consejo sobre asuntos
espirituales o temporales. Dios le había dado el don de saber aconsejar, como
se lo confió a su amigo Henry Inmground y continuó ejercitándolo como lo había
hecho en el pasado. Los extranjeros también fueron atraídos por la fama de este
hombre notable, que vivía sin comer ni beber. Nunca fue demasiado comunicativo,
pero era particularmente avaro de sus palabras para aquellos que acudían a él
por mera curiosidad. Así también, cuando alguien le preguntaba sobre las
razones que tenía para abstenerse de alimento, solamente respondía: «Dios
sabe». Que nadie le llevaba alimento, quedó probado por los magistrados del
cantón, quienes, durante todo un mes, tuvieron vigilados todos los senderos de
acceso a su celda. Los extraños sin ningún prejuicio, como el médico del archiduque
Segismundo o los enviados por el emperador Federico II, quedaron satisfechos de
la veracidad del informe y profundamente conmovidos por la sinceridad del
ermitaño. Una vez al año, Nicolás tomaba parte en la gran procesión del
Musegger, en Lucerna, pero de otra manera, sólo abandonaba su retiro para
asistir a los oficios divinos y visitar ocasionalmente Einsiedeln. Los regalos
de los fieles le permitieron, en sus últimos años, fundar una capilla para un
sacerdote, comunicada con su propia capillita y así pudo asistir a misa
diariamente y comulgar con frecuencia.
La Confederación Suiza acababa de pasar,
en esa época, por la fase más gloriosa de su historia. En un período de seis
años, en las tres batallas de Grandson, Morat y Nancy, los porfiados montañeses
habían reconquistado su independencia y derrotado al hasta entonces invencible
Carlos el Temerario, dueño de las dos Burgundias y de casi toda Bélgica; su
reputación era tan grande, que todos los príncipes de Europa buscaban su
alianza. La hora del más significativo triunfo, demostró ser la de mayor
peligro, porque las disensiones internas amenazaban anular el éxito ganado con
las armas. Hubo disputas sobre la división del botín entre el partido de los
campesinos y los de la ciudad. Otro motivo de disputa fue el propósito de
incluir Friburgo y Soleure (o Solothurn) en la Confederación. A la larga se
llegó a un acuerdo sobre la mayoría de los puntos y fue incorporado en un
documento conocido como Edicto de Stans. Sobre el asunto de la inclusión de
Friburgo y Soleure, sin embargo, no podía llegarse a ningún acuerdo y la pasión
llegó a tal extremo, que parecía que la cuestión iba a dirimirse por las armas.
La asamblea se convirtió en un desordenado motín cuando el párroco de Stans
sugirió que se pidiera la opinión final de Nicolás von Flüe. Los delegados
consintieron y se resolvió buscar al ermitaño. La sugerencia no fue casual o
inspirada repentinamente. Como sabemos por los protocolos del Concilio de
Lucerna, aquella ciudad, que ocupaba una posición ambigua entre los dos
partidos, en una de las primeras etapas de la lucha, había enviado delegados al
hermano Nicolás para obtener un consejo y es muy probable que los otros
distritos también lo hicieran así. Y aun se ha sugerido que el Edicto de Stans,
un documento muy al estilo de los estadistas, pudo haber sido redactado en la
celda del ermitaño. En cualquier caso, habla muy en favor de los delegados el
hecho de que, al calor de su disputa, hubiesen aceptado someterle el asunto. El
cronista Diebold Schilling, quien representaba a su padre en el concilio, nos
cuenta que el sacerdote Imgriend, regresó a Stans sudando a mares y que,
localizando a los delegados en sus domicilios, les rogó con lágrimas en los
ojos, que se reunieran inmediatamente para escuchar el mensaje que sólo a ellos
debía entregar. Schilling no recuerda las palabras de aquel mensaje, pero nos
informa que, en una hora, el concilio llegó al acuerdo unánime. Friburgo y
Soleure iban a ser admitidos en la Confederación Suiza, pero bajo ciertas condiciones
que fueron aceptadas por ellos en la persona de Hans von Stall, delegado de
Soleure. Esto aconteció el 22 de diciembre de 1481. Aquella Navidad hubo una
especial alegría en toda Suiza y el Concilio de Stans expresó en términos
laudatorios su gratitud a Nicolás por sus servicios. Existen todavía cartas de
agradecimiento de los ciudadanos de Berna y Soleure al santo varón, así como
una carta escrita en su nombre por su hijo Juan, agradeciendo a Berna el don
que había otorgado a la Iglesia. (El no podía ni leer, ni escribir, pero usaba
un sello especial como firma).
Varios de los visitantes del ermitaño han
dejado relatos de sus entrevistas con él; es particularmente interesante el
escrito por Albert von Bonstetten, decano del monasterio de Einsiedeln, que
describe al recluso como un hombre alto, moreno y arrugado, con cabello
delgado, entrecano y una corta barba; sus ojos eran brillantes, sus dientes
blancos y bien conservados y su nariz bien formada. Añade: «Alaba y recomienda
la obediencia y la paz. Así como exhortó a los confederados a mantenerla, de la
misma manera exhorta a la paz a todo el que se llega a él». El decano lo tuvo
en gran veneración, pero respecto a los dones proféticos atribuidos a Nicolás
en algunos medios, dice cautelosamente que no se ha obtenido ninguna evidencia
de ellos. Seis años después del concilio de Stans, Nicolás cayó presa de su
última enfermedad, la que solamente duró ocho días, pero le causó un
sufrimiento intenso. Lo soportó con resignación perfecta y murió tranquilamente,
en su celda, el día en que cumplió setenta años. Inmediatamente después de que
se conoció su muerte, fue honrado en toda Suiza como patriota y como santo,
aunque hasta 1669 su culto no fue formalmente sancionado. Se le canonizó en
1947. Sus restos yacen en un sepulcro, bajo el altar de mármol negro que se
levanta cerca de la entrada al coro, en la actual iglesia de Sachseln; el
hábito con el que murió, se conserva en una vitrina, en el ábside. Las dos
"Flüe Hauser" que hay en Flüeli, datan desde los días de san Nicolás
y aunque han sido muy modernizadas, el cuarto en que habitaba permanece
intacto.
En 1917 se celebró en toda Suiza, con
notable entusiasmo, el quinto centenario del nacimiento de Bruder Klaus. Quizá
el resultado más valioso del interés suscitado fue la publicación de una gran
monografía histórica, escrita por Robert Durrer, un erudito con conocimientos
inigualables sobre los archivos de su país. En estos dos volúmenes en cuarto,
titulados Bruder Klaus con un total de mil trescientas cincuenta páginas, se
encontrará todo el material disponible sobre la vida de Nicolás von Flüe. La
colección incluye dos antiguos bocetos de la vida de Bruder Klaus, uno por
Albrecht von Bonstetten, el otro por Heinrich von Gündelfinguen, ambos
completados por una multitud de pruebas documentales, sacadas de los registros
antiguos y de otras fuentes. Una biografía completa del siglo xix, es la de J.
Ming, Des selige Bruder Nikolaus von Flüe y otras, desde entonces, han sido
escritas por A. Baumberguer, F. X. G. Wetsel y J . T. de Belloc, en italiano
por F. Andina (1945), y en francés por A. Andrey (1941) y C. Journel (1947).
Véase también Acta Sanctorum, marzo, vol. III y el Kirchenlexikon, vol. ix, pp.
316-319.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 657 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=956
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