San Zenón de Verona, obispo
fecha: 12 de abril
†: c. 372 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: c. 372 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Verona, en el territorio de Venecia,
san Zenón, obispo, que con su trabajo y predicación condujo a la ciudad al
bautismo de Cristo.
patronazgo: patrono de los niños con
dificultades para aprender a caminar o hablar, de Verona y otras ciudades de
Italia, protector contra las inundaciones y los daños provocados por el agua.

Los «Diálogos» de san Gregorio y algunos
martirologios ponen a san Zenón en el número de los mártires, pero san
Ambrosio, que fue contemporáneo suyo, en una carta dirigida a su sucesor
Siagrio, habla de la apacible muerte del santo. Sin embargo, aunque hubiese
muerto en paz, san Zenón podría considerarse mártir, por lo que tuvo que sufrir
en las persecuciones de Constancio, Juliano y Valente. De un panegírico que san
Zenón pronunció sobre san Arcadio, mártir de la Mauritania, se desprende que
nació en Africa. El excelente latín de sus escritos y las frecuentes citas de
Virgilio, prueban que conocía muy bien a los clásicos.
Según parece, fue hecho obispo de Verona
el año 362. En sus tratados, que son breves sermones de estilo familiar, hay
muchos detalles interesantes sobre el santo y su diócesis. Así, sabemos que
todos los años bautizaba a muchos paganos, y que luchó con celo y éxito contra
los arrianos, a los que había favorecido mucho el emperador Constancio. El gran
número de conversiones de herejes y gentiles que consiguió, le obligó a
construir una gran basílica. Los habitantes de Verona contribuyeron
generosamente. Por lo demás, la liberalidad de los veroneses era proverbial:
todas las casas de la ciudad estaban abiertas a los extranjeros; los pobres
apenas tenían tiempo de manifestar sus necesidades, pues al punto encontraban
quien les socorriese. San Zenón felicitó a su grey por acumular en esa forma un
tesoro en el cielo. Después de la batalla de Adrianópolis, en 378, cuando los
godos derrotaron a Valente e hicieron una terrible matanza, los bárbaros
tomaron muchos prisioneros de las provincias de Iliria y Tracia. Según parece,
en esa ocasión los veroneses rescataron de la esclavitud, de la muerte o de los
trabajos forzados a un gran número de prisioneros. Aunque esto ocurrió
probablemente después de la muerte de san Zenón, el desinterés de sus
compatriotas se inspiraba sin duda en el ejemplo de su celo.
San Zenón vivía en gran pobreza. Con
frecuencia habla en sus sermones de la formación de su clero y de los regalos
que sus hermanos en el sacerdocio recibían en Pascua. También hace alusión a
las ordenaciones que llevaba a cabo en el tiempo pascual y a la solemne
reconciliación de los penitentes, que tenía lugar en Semana Santa. San Ambrosio
cuenta que san Zenón había formado en Verona un cuerpo de religiosas que vivían
en sus casas y consagraban su virginidad a Dios. El santo obispo fundó y dirigió
también un convento, de religiosas propiamente dicho, antes de que san Ambrosio
hiciese lo propio en Milán.
El celoso obispo condenó los escandalosos
abusos que se cometían en el «ágape» o fiesta del amor, así como la costumbre
de interrumpir las misas de difuntos con lamentaciones. Los sermones del santo
conservan el recuerdo de muchas costumbres de la época. Según parece, por lo
menos en Verona, se practicaba todavía el bautismo de inmersión, pero se
calentaba previamente el agua. San Zenón es el único escritor que menciona la
costumbre de dar medallas a los bautizados. San Gregorio el Grande cuenta un
notable milagro ocurrido dos siglos después de la muerte de san Zenón, tal como
se lo había relatado uno de los testigos presenciales, Juan el Patricio: el año
598, el río Adige amenazaba inundar la ciudad de Verona. El pueblo se refugió
en la iglesia de un santo obispo y patrón para protegerse de la inundación;
aunque las aguas llegaron hasta la altura de los ventanales, no penetraron en
la iglesia. El pueblo permaneció ahí, orando, y esto no hizo sino aumentar el
prestigio del santo.
Se suele representar a san Zenón con el
báculo episcopal del que cuelga un pescado; bien sea por la tradición de que el
santo acostumbraba pescar en el río Adige, bien por que ha sido un eminente
pescador de hombres.
Ver Acta Sanctorum, abril, vol. II, y
algunos documentos biográficos sueltos en Biblioteca Hagiográfica Latina, nn.
9001-9013. La mejor biografía es la de Bigelmair, Zeno von Verona (1904); pero
cf. Bardenhewer, Geschichte der altkirchuchen Literatur, vol. III, pp. 478-481.
Del santo se conservan 93 sermones o «tratados», 16 extensos y 77 breves, donde
trata de diversos asuntos, hay una introducción desde la perspectiva de su obra
en Patrología,
Di Berardino, BAC, III, 1981, 146-150.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1201
San Sabas Godo, mártir
fecha: 12 de abril
†: 372 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: 372 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Capadocia, san Sabas Godo, mártir,
que durante la persecución contra los cristianos bajo Atanarico, rey de los
godos, por haber rechazado tres días después de la celebración de la Pascua los
alimentos inmolados a los ídolos, fue arrojado a un río tras crueles tormentos.
refieren a este santo: San Bretanión de
Tomis, San Nicetas Godo

En el siglo III, los godos cruzaron el
Danubio y se establecieron en las provincias romanas de Dacia y Moesia. De ahí
partían a sus expediciones al Asia Menor, especialmente a Galacia y Capadocia,
de las que traían muchos esclavos cristianos, tanto sacerdotes como laicos. Los
prisioneros empezaron pronto a convertir a sus amos y construyeron varias
iglesias. El año 370, uno de los jefes godos emprendió una persecución contra
los cristianos para vengarse, según se cree, de la declaración de guerra del
emperador romano. Los martirologios griegos conmemoran a cincuenta y un
mártires de esa persecución; los dos más famosos son san Sabas y san Nicetas.
Sabas, que se había convertido al cristianismo cuando era muy joven, trabajaba
como cantor o lector en la iglesia. Al principio de la persecución, los
magistrados dieron la orden de que los cristianos comiesen la carne ofrecida a
Ios ídolos; pero algunos paganos, que querían salvar a sus parientes
cristianos, persuadieron a los guardias de que los hiciesen comer carne que no
había sido ofrecida a los ídolos. Sabas denunció valientemente este método
ambiguo; no sólo se negó a comer la carne, sino que declaró que quien la comía
era reo de traición. Algunos cristianos aplaudieron su manera de proceder, pero
otros se rebelaron y le obligaron a salir de la ciudad. Sin embargo, el santo
pudo volver pronto.
Al año siguiente, la persecución volvió a
desencadenarse y algunos de los principales personajes de la ciudad se
ofrecieron a jurar que no quedaba ya ningún cristiano. Cuando estaban a punto
de prestar el juramento, se presentó Sabas y dijo: «No juréis por mí, pues yo
soy cristiano». El juez preguntó a los presentes si Sabas era rico; al saber
que lo único que poseía eran los vestidos que llevaba puestos, le dejó en
libertad, diciendo despectivamente: «Este pobre diablo no puede hacernos bien
ni mal».
Dos o tres años más tarde, se recrudeció
nuevamente la persecución. Tres días después de la Pascua, llegó a la ciudad un
pelotón de soldados, al mando de un tal Ataridio. Inmediatamente se
precipitaron a la casa del sacerdote Sansala, donde Sabas se hallaba
descansando, después de las fiestas. Los soldados maniataron a Sansala en el
lecho y le arrojaron en un carro; a Sabas le sacaron también de la cama, le
arrastraron desnudo sobre unos arbustos espinosos y le molieron a palos. A la
mañana siguiente, Sabas dijo a los perseguidores: «¿No es cierto que me
arrastrasteis anoche sobre las espinas? Pues, como veis, no hay en mi cuerpo
ninguna herida ni cicatriz». Los perseguidores, en efecto, no pudieron
descubrir el más leve rasguño en su piel. Decididos a hacerle sufrir, le ataron
de brazos y pies a las rejas de un carro y le torturaron gran parte de la noche.
Cuando se cansaron de ello, la mujer en cuya casa se alojaban, movida a
compasión, desató a san Sabas, pero éste se negó a huir. A la mañana siguiente,
los verdugos le ataron de las manos a una de las vigas de la casa. Después
pusieron delante de Sabas y Sansala la carne ofrecida a los ídolos. Ambos se
rehusaron a comerla y Sabas exclamó: «Esta carne es tan sucia e impura como
Ataridio, quien nos la ha enviado». Entonces uno de los soldados le golpeó con
su jabalina, con tal violencia, que todos creyeron que le había matado. Pero el
siervo de Dios no sintió el golpe, y dijo: «¿Creías haberme matado? Pues te
confieso que si tu jabalina fuera de lana, no me habría hecho más daño».
En cuanto Ataridio se enteró de lo
ocurrido, mandó que ahogasen a san Sabas en el río. Al llegar a la orilla, uno
de los soldados dijo a sus compañeros: «Dejemos escapar a este inocente, pues
su muerte no hará ningún bien a Ataridio». Pero Sabas increpó al soldado que no
quería cumplir las órdenes que había recibido, diciéndole: «Yo veo lo que tú no
ves. Del otro lado del río hay una multitud que está esperando a mi alma para
conducirla a la gloria; lo único que hace falta es que mi alma se separe del
cuerpo». Entonces los verdugos le sumergieron en el río y le mantuvieron debajo
del agua con una losa atada al cuello. Según parece, el martirio de san Sabas
tuvo lugar en Targovisto, al noroeste de la actual ciudad de Bucarest.
El relato del martirio de san Sabas, en
forma de carta, recuerda ciertas frases de la carta en que los habitantes de
Esmirna describieron el martirio de san Policarpo; sin embargo, Delehaye
considera que el documento es sustancialmente auténtico y fidedigno. Dicho
autor publicó una revisión crítica del texto griego en Analecta Bollandiana,
vol. XXXI (1912), pp. 216-221; en las pp. 288-291 hay algunos comentarios
importantes. El P. Delehaye demostró, entre otras cosas (cf. Analecta
Bollandiana, XXIII (1904), pp. 96-98, que la hipótesis de H. Boehmer-Romundt de
que el autor de las actas de san Sabas es Ulfilas, Neue Jahrbücher, etc., vol.
XI, p. 275, es inadmisible. El texto puede verse también en la edición que hizo
G. Krüger de las Ausgewühlte Martyrerakten de R. Knopf, en 1929.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1202
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