martes, 12 de abril de 2016

San Zenón de Verona, obispo - San Sabas Godo, mártir (12 de abril)

San Zenón de Verona, obispo

fecha: 12 de abril
†: c. 372 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Verona, en el territorio de Venecia, san Zenón, obispo, que con su trabajo y predicación condujo a la ciudad al bautismo de Cristo.
patronazgo: patrono de los niños con dificultades para aprender a caminar o hablar, de Verona y otras ciudades de Italia, protector contra las inundaciones y los daños provocados por el agua.
Los «Diálogos» de san Gregorio y algunos martirologios ponen a san Zenón en el número de los mártires, pero san Ambrosio, que fue contemporáneo suyo, en una carta dirigida a su sucesor Siagrio, habla de la apacible muerte del santo. Sin embargo, aunque hubiese muerto en paz, san Zenón podría considerarse mártir, por lo que tuvo que sufrir en las persecuciones de Constancio, Juliano y Valente. De un panegírico que san Zenón pronunció sobre san Arcadio, mártir de la Mauritania, se desprende que nació en Africa. El excelente latín de sus escritos y las frecuentes citas de Virgilio, prueban que conocía muy bien a los clásicos.
Según parece, fue hecho obispo de Verona el año 362. En sus tratados, que son breves sermones de estilo familiar, hay muchos detalles interesantes sobre el santo y su diócesis. Así, sabemos que todos los años bautizaba a muchos paganos, y que luchó con celo y éxito contra los arrianos, a los que había favorecido mucho el emperador Constancio. El gran número de conversiones de herejes y gentiles que consiguió, le obligó a construir una gran basílica. Los habitantes de Verona contribuyeron generosamente. Por lo demás, la liberalidad de los veroneses era proverbial: todas las casas de la ciudad estaban abiertas a los extranjeros; los pobres apenas tenían tiempo de manifestar sus necesidades, pues al punto encontraban quien les socorriese. San Zenón felicitó a su grey por acumular en esa forma un tesoro en el cielo. Después de la batalla de Adrianópolis, en 378, cuando los godos derrotaron a Valente e hicieron una terrible matanza, los bárbaros tomaron muchos prisioneros de las provincias de Iliria y Tracia. Según parece, en esa ocasión los veroneses rescataron de la esclavitud, de la muerte o de los trabajos forzados a un gran número de prisioneros. Aunque esto ocurrió probablemente después de la muerte de san Zenón, el desinterés de sus compatriotas se inspiraba sin duda en el ejemplo de su celo.
San Zenón vivía en gran pobreza. Con frecuencia habla en sus sermones de la formación de su clero y de los regalos que sus hermanos en el sacerdocio recibían en Pascua. También hace alusión a las ordenaciones que llevaba a cabo en el tiempo pascual y a la solemne reconciliación de los penitentes, que tenía lugar en Semana Santa. San Ambrosio cuenta que san Zenón había formado en Verona un cuerpo de religiosas que vivían en sus casas y consagraban su virginidad a Dios. El santo obispo fundó y dirigió también un convento, de religiosas propiamente dicho, antes de que san Ambrosio hiciese lo propio en Milán.
El celoso obispo condenó los escandalosos abusos que se cometían en el «ágape» o fiesta del amor, así como la costumbre de interrumpir las misas de difuntos con lamentaciones. Los sermones del santo conservan el recuerdo de muchas costumbres de la época. Según parece, por lo menos en Verona, se practicaba todavía el bautismo de inmersión, pero se calentaba previamente el agua. San Zenón es el único escritor que menciona la costumbre de dar medallas a los bautizados. San Gregorio el Grande cuenta un notable milagro ocurrido dos siglos después de la muerte de san Zenón, tal como se lo había relatado uno de los testigos presenciales, Juan el Patricio: el año 598, el río Adige amenazaba inundar la ciudad de Verona. El pueblo se refugió en la iglesia de un santo obispo y patrón para protegerse de la inundación; aunque las aguas llegaron hasta la altura de los ventanales, no penetraron en la iglesia. El pueblo permaneció ahí, orando, y esto no hizo sino aumentar el prestigio del santo.
Se suele representar a san Zenón con el báculo episcopal del que cuelga un pescado; bien sea por la tradición de que el santo acostumbraba pescar en el río Adige, bien por que ha sido un eminente pescador de hombres.
Ver Acta Sanctorum, abril, vol. II, y algunos documentos biográficos sueltos en Biblioteca Hagiográfica Latina, nn. 9001-9013. La mejor biografía es la de Bigelmair, Zeno von Verona (1904); pero cf. Bardenhewer, Geschichte der altkirchuchen Literatur, vol. III, pp. 478-481. Del santo se conservan 93 sermones o «tratados», 16 extensos y 77 breves, donde trata de diversos asuntos, hay una introducción desde la perspectiva de su obra en Patrología, Di Berardino, BAC, III, 1981, 146-150.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1201





San Sabas Godo, mártir

fecha: 12 de abril
†: 372 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Capadocia, san Sabas Godo, mártir, que durante la persecución contra los cristianos bajo Atanarico, rey de los godos, por haber rechazado tres días después de la celebración de la Pascua los alimentos inmolados a los ídolos, fue arrojado a un río tras crueles tormentos.
refieren a este santo: San Bretanión de TomisSan Nicetas Godo
En el siglo III, los godos cruzaron el Danubio y se establecieron en las provincias romanas de Dacia y Moesia. De ahí partían a sus expediciones al Asia Menor, especialmente a Galacia y Capadocia, de las que traían muchos esclavos cristianos, tanto sacerdotes como laicos. Los prisioneros empezaron pronto a convertir a sus amos y construyeron varias iglesias. El año 370, uno de los jefes godos emprendió una persecución contra los cristianos para vengarse, según se cree, de la declaración de guerra del emperador romano. Los martirologios griegos conmemoran a cincuenta y un mártires de esa persecución; los dos más famosos son san Sabas y san Nicetas. Sabas, que se había convertido al cristianismo cuando era muy joven, trabajaba como cantor o lector en la iglesia. Al principio de la persecución, los magistrados dieron la orden de que los cristianos comiesen la carne ofrecida a Ios ídolos; pero algunos paganos, que querían salvar a sus parientes cristianos, persuadieron a los guardias de que los hiciesen comer carne que no había sido ofrecida a los ídolos. Sabas denunció valientemente este método ambiguo; no sólo se negó a comer la carne, sino que declaró que quien la comía era reo de traición. Algunos cristianos aplaudieron su manera de proceder, pero otros se rebelaron y le obligaron a salir de la ciudad. Sin embargo, el santo pudo volver pronto.
Al año siguiente, la persecución volvió a desencadenarse y algunos de los principales personajes de la ciudad se ofrecieron a jurar que no quedaba ya ningún cristiano. Cuando estaban a punto de prestar el juramento, se presentó Sabas y dijo: «No juréis por mí, pues yo soy cristiano». El juez preguntó a los presentes si Sabas era rico; al saber que lo único que poseía eran los vestidos que llevaba puestos, le dejó en libertad, diciendo despectivamente: «Este pobre diablo no puede hacernos bien ni mal».
Dos o tres años más tarde, se recrudeció nuevamente la persecución. Tres días después de la Pascua, llegó a la ciudad un pelotón de soldados, al mando de un tal Ataridio. Inmediatamente se precipitaron a la casa del sacerdote Sansala, donde Sabas se hallaba descansando, después de las fiestas. Los soldados maniataron a Sansala en el lecho y le arrojaron en un carro; a Sabas le sacaron también de la cama, le arrastraron desnudo sobre unos arbustos espinosos y le molieron a palos. A la mañana siguiente, Sabas dijo a los perseguidores: «¿No es cierto que me arrastrasteis anoche sobre las espinas? Pues, como veis, no hay en mi cuerpo ninguna herida ni cicatriz». Los perseguidores, en efecto, no pudieron descubrir el más leve rasguño en su piel. Decididos a hacerle sufrir, le ataron de brazos y pies a las rejas de un carro y le torturaron gran parte de la noche. Cuando se cansaron de ello, la mujer en cuya casa se alojaban, movida a compasión, desató a san Sabas, pero éste se negó a huir. A la mañana siguiente, los verdugos le ataron de las manos a una de las vigas de la casa. Después pusieron delante de Sabas y Sansala la carne ofrecida a los ídolos. Ambos se rehusaron a comerla y Sabas exclamó: «Esta carne es tan sucia e impura como Ataridio, quien nos la ha enviado». Entonces uno de los soldados le golpeó con su jabalina, con tal violencia, que todos creyeron que le había matado. Pero el siervo de Dios no sintió el golpe, y dijo: «¿Creías haberme matado? Pues te confieso que si tu jabalina fuera de lana, no me habría hecho más daño».
En cuanto Ataridio se enteró de lo ocurrido, mandó que ahogasen a san Sabas en el río. Al llegar a la orilla, uno de los soldados dijo a sus compañeros: «Dejemos escapar a este inocente, pues su muerte no hará ningún bien a Ataridio». Pero Sabas increpó al soldado que no quería cumplir las órdenes que había recibido, diciéndole: «Yo veo lo que tú no ves. Del otro lado del río hay una multitud que está esperando a mi alma para conducirla a la gloria; lo único que hace falta es que mi alma se separe del cuerpo». Entonces los verdugos le sumergieron en el río y le mantuvieron debajo del agua con una losa atada al cuello. Según parece, el martirio de san Sabas tuvo lugar en Targovisto, al noroeste de la actual ciudad de Bucarest.
El relato del martirio de san Sabas, en forma de carta, recuerda ciertas frases de la carta en que los habitantes de Esmirna describieron el martirio de san Policarpo; sin embargo, Delehaye considera que el documento es sustancialmente auténtico y fidedigno. Dicho autor publicó una revisión crítica del texto griego en Analecta Bollandiana, vol. XXXI (1912), pp. 216-221; en las pp. 288-291 hay algunos comentarios importantes. El P. Delehaye demostró, entre otras cosas (cf. Analecta Bollandiana, XXIII (1904), pp. 96-98, que la hipótesis de H. Boehmer-Romundt de que el autor de las actas de san Sabas es Ulfilas, Neue Jahrbücher, etc., vol. XI, p. 275, es inadmisible. El texto puede verse también en la edición que hizo G. Krüger de las Ausgewühlte Martyrerakten de R. Knopf, en 1929.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1202

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