Beato Jacobo de Varazze, religioso y obispo
fecha: 13 de julio
n.: c. 1230 - †: 1298 - país: Italia
otras formas del nombre: Jacobo de la Vorágine, Santiago de la Vorágine
canonización: Conf. Culto: Pío VII 1816
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 1230 - †: 1298 - país: Italia
otras formas del nombre: Jacobo de la Vorágine, Santiago de la Vorágine
canonización: Conf. Culto: Pío VII 1816
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Génova, ciudad de la Liguria, beato
Jacobo de Varazze o Voragine, obispo, de la Orden de Predicadores, que, para
promover la vida cristiana en el pueblo, ofreció en sus escritos numerosos
ejemplos de virtud.

El apellido del beato Jacobo se deriva del
nombre del pueblecito de Viraggio (actualmente Varazze), cerca de Génova, donde
nació hacia el año 1230. A los catorce años, Jacobo ingresó en la Orden de
Predicadores. Al cabo de varios años de intenso estudio y preparación
espiritual, empezó a predicar en las iglesias de Lombardía, donde pronto se
hizo muy famoso. Enseñó teología y Sagrada Escritura en varios conventos de su
orden. Tras de ejercer el cargo de prior en el convento de Génova, fue elegido,
en 1267, provincial de Lombardía. Como sólo tenía entonces treinta y siete
años, su nombramiento dio ocasión a ciertas murmuraciones, pero la prudencia y
habilidad que demostró en el cargo, redujeron pronto al silencio a sus
opositores. Jacobo desempeñó el cargo de Provincial durante diecinueve años
consecutivos, al cabo de los cuales fue nombrado «Definidor». A la muerte de
Carlos Bernardo, arzobispo de Génova, ocurrida en 1286, el capítulo intentó
elegir a Jacobo, pero éste se negó a aceptar el gobierno de la sede. Dos años
más tarde, el papa Nicolás IV le confió la misión de arreglar el entredicho y
levantar las censuras que pesaban sobre Génova por haber apoyado la rebelión de
los sicilianos contra el rey de Nápoles. En 1292, la sede quedó nuevamente
vacante. El capítulo eligió otra vez a Jacobo y éste se negó de nuevo; pero en
esa ocasión se vio obligado a aceptar y fue consagrado en Roma. Su gobierno de
la diócesis, que sólo duró seis años, fue constantemente perturbado por las
luchas entre güelfos y gibelinos, que en aquella región se llamaban «rampini» y
«mascarati» respectivamente. El nuevo arzobispo trabajó infatigablemente en
favor de la paz política y religiosa. Desgraciadamente, no tuvo éxito, ya que
la aparente reconciliación de 1295 fue sólo una tregua, y las luchas
recomenzaron al año siguiente con el mismo encono que antes. Como Jacobo no
olvidaba su voto religioso de pobreza, empleaba liberalmente las rentas de su
rica diócesis en socorrer a los necesitados y a las víctimas de la guerra
civil, en dotar hospitales y monasterios y en reconstruir iglesias. Fue un
verdadero modelo entre los prelados del norte de Italia, algunos de los cuales
aplicaron las mismas medidas que él para mantener la disciplina entre el clero.
Pero Jacobo de Vorágine es famoso sobre todo
por sus escritos. Se le ha atribuido la traducción de la Biblia al italiano,
pero, en caso de que la haya hecho realmente no queda ningún ejemplar de esa
obra. La razón de la fama del beato es que fue el autor de la «Legenda
Sanctorum», más conocida con el nombre de «Legenda Aurea» («La Leyenda
Dorada»). Dicha obra es sin duda, entre las colecciones de leyendas o vidas de
santos, la más divulgada y la que mayor influencia ha ejercido. Desde el punto
de vista crítico, carece absolutamente de valor histórico; pero tiene la
ventaja de poner de relieve la mentalidad sencilla y crédula del público para
el que fue escrita. Por otra parte, considerada como libro de devoción y
edificación, la obra de Jacobo de Vorágine es una verdadera obra de arte. El
autor realizó perfectamente el objetivo que se había fijado, que consistía en
escribir un libro que el pueblo leyese y que le enseñase a amar a Dios y a
odiar el pecado. De no haber sido por la Reforma, la traducción inglesa del
libro de Jacobo, habría ejercido gran influencia sobre la literatura de
Inglaterra. En otras lenguas la traducción de la «Leyenda Dorada» ejerció gran
influencia sobre la literatura. La estrechez del humanismo histórico llevó a
Luis Vives, a Melchor Cano y a otros, a despreciar la obra de Jacobo de
Vorágine; por el contrario, los bolandistas que poseían un espíritu
verdaderamente científico, jamás han dejado de admirarla. El P. Delehaye dice:
Durante mucho tiempo la «Leyenda Dorada»,
que representa tan fielmente la actitud de los hagiógrafos medievales, fue
tratada con supremo desprecio y los eruditos denigraron implacablemente al gran
Jacobo de Vorágine: «El autor de la 'Leyenda' -declaró Luis Vives- tenía una
boca de bronce y un corazón de plomo».
Tal severidad no sería exagerada, si se admite que hay que juzgar las obras populares según las normas de la crítica histórica. Pero tal método tiene cada vez menos defensores; y quienes han penetrado en el espíritu de la «Leyenda Dorada», están muy lejos de despreciarla. «Por mi parte, confieso que al leerla es, algunas veces, muy difícil dejar de sonreír. Pero se trata de una sonrisa de simpatía y de tolerancia que no perturba en lo más mínimo la emoción religiosa que suscita el relato de las virtudes y los actos heroicos de los santos.
La obra de Jacobo de Vorágine nos presenta a los amigos de Dios como lo más grande que existe sobre la tierra; los santos son seres humanos que están muy por encima de la materia y de las miserias de nuestro pequeño mundo. Los reyes y los príncipes acuden a consultarles y se mezclan con el pueblo para ir a besar sus reliquias e implorar su protección. Los santos viven en la tierra, pero íntimamente unidos con Dios. Y Dios les concede, además de inmensos consuelos, cierta participación de su propio poder. Pero los santos sólo emplean ese poder para bien de sus semejantes y, por eso, el pueblo acude a ellos para obtener la curación de sus enfermedades de cuerpo y de alma. Los santos practican todas las virtudes en grado sobrehumano: la bondad, la misericordia, el perdón de las injurias, la mortificación, la abnegación; hacen amables estas virtudes y exhortan a los cristianos a practicarlas. La vida de los santos es la realización concreta del espíritu del Evangelio. Y por el sólo hecho de poner al alcance del pueblo ese ideal sublime, la «Leyenda Dorada», como cualquier otra forma de poesía, posee un grado de verdad más elevado que el de la historia. («The Legends of the Saints», c. VII, pp. 229-231)
Tal severidad no sería exagerada, si se admite que hay que juzgar las obras populares según las normas de la crítica histórica. Pero tal método tiene cada vez menos defensores; y quienes han penetrado en el espíritu de la «Leyenda Dorada», están muy lejos de despreciarla. «Por mi parte, confieso que al leerla es, algunas veces, muy difícil dejar de sonreír. Pero se trata de una sonrisa de simpatía y de tolerancia que no perturba en lo más mínimo la emoción religiosa que suscita el relato de las virtudes y los actos heroicos de los santos.
La obra de Jacobo de Vorágine nos presenta a los amigos de Dios como lo más grande que existe sobre la tierra; los santos son seres humanos que están muy por encima de la materia y de las miserias de nuestro pequeño mundo. Los reyes y los príncipes acuden a consultarles y se mezclan con el pueblo para ir a besar sus reliquias e implorar su protección. Los santos viven en la tierra, pero íntimamente unidos con Dios. Y Dios les concede, además de inmensos consuelos, cierta participación de su propio poder. Pero los santos sólo emplean ese poder para bien de sus semejantes y, por eso, el pueblo acude a ellos para obtener la curación de sus enfermedades de cuerpo y de alma. Los santos practican todas las virtudes en grado sobrehumano: la bondad, la misericordia, el perdón de las injurias, la mortificación, la abnegación; hacen amables estas virtudes y exhortan a los cristianos a practicarlas. La vida de los santos es la realización concreta del espíritu del Evangelio. Y por el sólo hecho de poner al alcance del pueblo ese ideal sublime, la «Leyenda Dorada», como cualquier otra forma de poesía, posee un grado de verdad más elevado que el de la historia. («The Legends of the Saints», c. VII, pp. 229-231)
La obra de Jacobo de Vorágine alcanzó una
popularidad y una difusión inmensas en la Edad Media. En 1470, se publicó en
Basilea la primera edición impresa. Diez años más tarde, la «Leyenda Dorada»
estaba ya editada en italiano, francés, dialecto alemán, y checo. Caxton
publicó la primera edición inglesa en 1483, en Westminster. Ningún otro libro
tuvo más ediciones que éste entre 1470 y 1530. Hacia 1500, había más de setenta
ediciones en latín, catorce en dialecto alemán, ocho en italiano, cinco en
francés, tres en inglés y tres en checo. La «Leyenda Dorada» fue, por decirlo
así, el primer éxito de librería a partir de la invención de la imprenta. El
culto del Beato Jacobo de Vorágine comenzó inmediatamente después de su muerte,
acontecida en 1298, y fue confirmado en 1816.
La obra de M. de Waresquiel, Le B. Jacques
de Voragine (1902), estudia la vida del beato desde el punto de vista de la
devoción. Casi todos los otros libros y estudios tratan del aspecto literario
de su obra. Mencionaremos simplemente los dos artículos de E. C. Richardson, en
Princeton Theological Review (1903 y 1904); P. Butler, Legenda aurea, Légende
dorée, Golden Legend (1899) ; y el artículo del DTC. En Taurisano, Catalogas
hagiographicus O.P., se encontrará una bibliografía más completa. Acerca de la
obra de Richardson, Materials for a Life of Jacopo da Voragine (1935), cf.
Analecta Bollandiana, vol. LIV (1936), pp. 440-442.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2362
San Manuel Lê Van Phung, mártir
fecha: 13 de julio
n.: c. 1800 - †: 1859 - país: Vietnam
canonización: B: Pío X 2 may 1909 - C: Juan Pablo II 19 jun 1988
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
n.: c. 1800 - †: 1859 - país: Vietnam
canonización: B: Pío X 2 may 1909 - C: Juan Pablo II 19 jun 1988
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
En la ciudad de Chau Dóc, en
Cochinchina, san Manuel Lé Van Phung, mártir, padre de familia, que, pese a
estar detenido en la cárcel, no cesó de exhortar a sus hijos y familiares para
que fueran caritativos con sus enemigos, y finalmente fue decapitado por orden
del emperador Tu Duc.

Nació en la población vietnamita de Dua
Nuoc el año 1800 aproximadamente. Era un fervoroso cristiano, casado y padre de
familia, celoso de la gloria de Dios y del progreso del cristianismo. Él erigió
a sus expensas una iglesia, un convento de religiosas y un colegio, y utilizó
su dinero y su influencia para inutilizar ante el subprefecto de la provincia
las denuncias que llegaban contra los cristianos. Pero dos despechados,
puenteando al subprefecto, se fueron directamente al gobernador y denunciaron
la presencia de un sacerdote en casa de Manuel. Registrada la casa se halló en
ella un sacerdote nativo, por lo que Manuel fue arrestado.
Detenido en la cárcel de Chau-Doc, pudo
ser visitado por sus hijos y él siguió dando ánimos a la comunidad cristiana
para que perseverara en la fe. Se le presionó para que apostatara pero no se
logró de él otra cosa que una firme y sólida confesión de fe en Cristo. Fue
condenado a muerte. En Cay-Met, junto a Chau-Doc, fue estrangulado, recibiendo
un momento antes la absolución sacramental de manos de san Pedro Quy,
sacerdote que fue martirizado unos días más tarde. Su cuerpo, según su deseo,
fue llevado a su pueblo, que era una isla, y enterrado en la iglesia. Fue
canonizado el 19 de junio de 1988 por SS. Juan Pablo II.
Nota de ETF: Aparentemente, por un error
en la confección del Nuevo Martirologio Romano, este santo es el mismo que está
inscripto también el 31 de julio junto con el sacerdote Pedro Doàn Con Quý; no
lo adjunto al grupo de los 117 mártires de Vietnam canonizados por SS Juan
Pablo II porque ya está contado en esa otra fecha.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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