Beato Mariano de Jesús Euse Hoyos, presbítero
fecha: 13 de julio
n.: 1845 - †: 1926 - país: Colombia
canonización: B: Juan Pablo II 9 abr 2000
hagiografía: Vaticano
n.: 1845 - †: 1926 - país: Colombia
canonización: B: Juan Pablo II 9 abr 2000
hagiografía: Vaticano
En la ciudad de Angostura, en Colombia,
beato Mariano de Jesús Euse Hoyos, presbítero, quien, sencillo e íntegro, se
entregó totalmente a la oración, a los estudios y a la formación cristiana de
los niños.

El beato Mariano de Jesús Euse Hoyos nació
en Yarumal, Colombia, en la diócesis de Antioquia, el 14 de octubre de 1845.
Era el mayor de siete hermanos. Sus padres se llamaban Pedro Euse y Rosalía de
Hoyos. Fue bautizado al día siguiente, y confirmado cuando tenía tan solo dos
años. El apellido Euse es de origen francés, de la Normandía. Desde allí había
emigrado el bisabuelo de Mariano. Los padres de Mariano eran muy religiosos,
por eso, desconfiando de la escuela pública, que entonces se comportaba de mondo
muy hostil a la Iglesia, se ocuparon personalmente de la educación de su
primogénito. De ellos aprendió Mariano no sólo las buenas costumbres sino
también a leer, escribir y los rudimentos de las ciencias. El empeño de los
padres dio sus frutos, y muy pronto, el muchacho comenzó a enseñar a otros
niños menos afortunados que él.
Por haber pasado su infancia y
adolescencia en el campo y entre campesinos, Mariano de Jesús parecía un
verdadero campesino. Esto le fue de gran ayuda más tarde, cuando siendo ya sacerdote,
ejerza su apostolado entre la gente del campo.
Cuando, a los 16 años, manifestó su deseo
de ser sacerdote, fue confiado a la solicitud de su tío Fermín Hoyos, párroco
de Girardota, sacerdote de reconocidas virtudes y ciencia. A su lado Mariano dio
comienzo a su formación cultural y espiritual. Acompañó a su tío cuando éste
fue trasladado a San Pedro como párroco y vicario foráneo. Mariano pasaba su
vida, sencilla e íntegra, entre la oración, el estudio y el trabajo. En 1869, a
los 24 años de edad, entró en el recientemente abierto Seminario de Medellín,
donde se preparó al sacerdocio. El 14 de julio de 1872 recibió la ordenación
sacerdotal.
Inició su ministerio en San Pedro, como
coadjutor de su tío Don Fermín, quien lo había solicitado del Sr. Obispo. Esta
colaboración no duró mucho, porque Don Fermín murió en enero de 1875, y Don
Mariano fue trasladado, siempre como coadjutor, primero a Yarumal (1876) y
luego a Angostura (1878). El párroco de Angostura era Don Rudesindo Correa,
anciano y de salud muy precaria. Apenas tomó posesión de su cargo, Don
Marianito, como era llamado afectuosamente, se dio cuenta de las muchas y no
pequeñas dificultades que se le presentaban. Lo primero de todo, la
construcción del templo parroquial, que había comenzado, pero que estaba parada
por falta de fondos, por las dificultades técnicas y por las amenazas de guerra
civil en la región. Después de un año de espera, con paciencia y perseverancia,
superadas las dificultades, pudo concluir la construcción. Durante la guerra se
vio obligado a esconderse varias veces en las montañas o en las cuevas.
Nombrado párroco de Angostura, permaneció en su puesto hasta su muerte, siendo
un pastor eximio y solícito para todos sus fieles.
Su fama de santidad se difundió en toda la
región. Nada era capaz de frenarle en su celo: ni los obstáculos de parte de la
autoridad civil, en aquel entonces muy contraria a la Iglesia, ni las
dificultades de tiempos y lugares. Su apostolado constante y eficaz produjo
muchos frutos, dejando entre la gente un profundo efecto y un vivo recuerdo.
Los pobres, que él llamaba «los nobles de Cristo», eran sus preferidos. No
tenía ningún reparo en emplear sus propios bienes para aliviar las penurias y
la indigencia de los más débiles. Visitaba con frecuencia a los enfermos, y
para asistirles estaba dispuesto a cualquier hora del día o de la noche. Con
infinita mansedumbre y sencillez se ocupaba de los niños y de los jóvenes para
guiarlos por el camino de las buenas costumbres y de la prudencia.
Tenía un grande amor por los campesinos,
recordando que él mismo había sido uno de ellos hasta los 16 años. Estaba muy
atento a sus necesidades espirituales y sociales, e incluso a las económicas.
Conociendo como conocía a su gente, sabía hablarles al corazón. Su predicación
era muy sencilla, pero al mismo tiempo muy eficaz. Difundía la buena prensa y
enseñaba la doctrina cristiana a todos, pobres y ricos, niños y adultos,
hombres y mujeres. En su parroquia promovió mucho la práctica religiosa: la
asistencia a la misa dominical y festiva, el rezo del rosario en familia, la
devoción al Corazón de Jesús, las asociaciones católicas, la oración por las
vocaciones santas.
Hizo además algunas obras materiales: la
conclusión de la iglesia parroquial, su propia casa de habitación, el campanario,
la ermitas de la Virgen del Carmen y de San Francisco y el cementerio. Estas
obras contribuyeron mucho a despertar y sostener la vida cristiana de los
fieles. Su vida era muy pobre, austera y mortificada. Era muy constante en su
vida de oración en la que se hallaba la raíz de su apostolado y de su vida
sacerdotal. Durante muchos años gozó de buena salud. Eso le permitía practicar
la mortificación con penitencias y ayunos. Pero al fin le sobrevino una grave
infección de la vejiga y una fuerte inflamación de la próstata. A mitad de
junio de 1926 se vio obligado a guardar cama. El 12 de julio tuvo un ataque de
enteritis. Era tan grande su pobreza que no tenía ni la ropa necesaria para
cambiarse. Los que le cuidaban tuvieron que acudir a la caridad de la gente
para poder asistir al enfermo como convenía. Él dijo entonces: «Ya he vivido
bastante. Ahora mi deseo más grande es unirme a mi Jesús». Murió el 13 de julio
de 1926, justo 46 años después de su ordenación sacerdotal. Fue sepultado en la
capilla de la Virgen del Carmen, que él mismo había hecho construir. Su muerte
fue muy sentida por el pueblo, que participó en pleno en los funerales junto
con varios sacerdotes y las autoridades.
Ya en vida gozaba de fama de santidad. Fue
beatificado por SS Juan Pablo II el 9 de abril del 2000.
fuente: Vaticano
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2371
Beato Carlos Manuel Rodríguez Santiago, laico
fecha: 13 de julio
n.: 1918 - †: 1963 - país: Puerto Rico
canonización: B: Juan Pablo II 29 abr 2001
hagiografía: Vaticano
n.: 1918 - †: 1963 - país: Puerto Rico
canonización: B: Juan Pablo II 29 abr 2001
hagiografía: Vaticano
En Caguas, ciudad de Puerto Rico, beato
Carlos Manuel Rodríguez Santiago, que se consagró incansablemente en la
renovación de la sagrada liturgia y a la difusión de la fe entre los jóvenes.

Carlos Manuel Rodríguez nació en Caguas,
Puerto Rico, el 22 de noviembre de 1918, hijo de Manuel Baudilio Rodríguez y
Herminia Santiago, ambos de familias numerosas, sencillas y de gran arraigo
cristiano. Fue bautizado en la Iglesia Dulce Nombre de Jesús en Caguas el 4 de
mayo de 1919. Fue el segundo de cinco hermanos: dos hermanas se casaron, otra
es religiosa Carmelita de Vedruna y su único hermano es sacerdote benedictino y
primer Abad puertorriqueño.
Las primeras lecciones en la fe católica y
las vivencias de esa fe las recibe y experimenta Carlos desde muy temprano en
el seno de su propia familia. A los seis años comenzó su vida escolar en el
Colegio Católico de Caguas, en donde permaneció hasta octavo grado. Allí
conoció a las Hermanas de Notre Dame y cultivó una especial amistad con ellas
durante toda su vida. Bajo la tutela de éstas y de los Padres Redentoristas,
desarrolla su primera educación formal, humanística y religiosa; recibe a
Cristo por vez primera en la Sagrada Eucaristía que marcaría un amor para
siempre; se hace monaguillo y posiblemente siente el llamado inicial a una vida
de entrega total a Cristo. Como monaguillo, empieza a degustar las riquezas de
la fe a través de la sagrada liturgia.
Ya en la escuela superior, durante el
segundo semestre de ese curso escolar empieza a notar los primeros síntomas de
una enfermedad que sugería un trastorno gastrointestinal: colitis ulcerosa.
Este habría de causarle muchísimos inconvenientes por el resto de su vida, y se
iría agravando paulatinamente. Ello jamás llegó a doblegar su espíritu de
entrega a Cristo y a Su Iglesia. Más tarde, renueva su contacto con las
Hermanas de Notre Dame y los Padres Redentoristas, esta vez en la Academia
Perpetuo Socorro en el sector Miramar de San Juan, donde cursa su tercer año de
Escuela Superior (1934-35), pero su salud le impide continuar. Vuelve a Caguas,
trabaja por algún tiempo y por fin termina ambos cursos, el comercial y el
científico, en 1939.
Su salud le impide estudiar formalmente.
Sin embargo los estudios jamás terminaron para él. Era un lector voraz, al
quien todo le interesaba: las artes, las ciencias, filosofía, religión, música.
Otro de sus grandes amores era la naturaleza. Desde niño acostumbraba pasar las
vacaciones de verano en el campo. Solía ir con hermanos y primos de pasadía, al
río o a la playa. Ya de adulto organizaba junto a sus hermanos, caminatas de un
día al campo; ligero de equipaje, frugal el alimento, pero abundante el deseo
de comulgar con la creación entera.
Carlos Manuel trabajó como oficinista en
Caguas, Gurabo y en la Estación Experimental Agrícola, donde además traducía
documentos. Empleaba casi todo su modesto salario en promover el conocimiento y
el amor a Cristo, especialmente a través de la Sagrada Liturgia. Por eso, se
afanaba en traducir artículos que leía sobre la materia y que él editaba para
nutrir dos publicaciones a manera de folletos mimeografiados, Liturgia y
Cultura Cristiana, tarea a la que dedicaba incontables horas de trabajo. Cada
vez más convencido de que la liturgia es la vida de la Iglesia (a través de la
oración, la proclamación de la Palabra, la Eucaristía y los misterios de
Cristo), organiza en Caguas un «Círculo de Liturgia» junto al P. McWilliams y
luego, en 1948, funda junto al P. McGlone el coro parroquial «Te Deum
Laudamus».
En Río Piedras, donde sus hermanos Pepe y
Haydée eran ya profesores de la Universidad de Puerto Rico, Carlos realiza su
ardiente deseo de dar a conocer a Cristo entre profesores y estudiantes de ese
centro docente. Al ampliarse el grupo de sus «discípulos» se mueve con ellos al
Centro Universitario Católico, organiza otro Círculo de Liturgia (más tarde
llamado Círculo de Cultura Cristiana). Continúa con sus publicaciones y
organiza y da forma a sus célebres «Días de Vida Cristiana» junto con los
universitarios a quienes desea que entiendan y gocen los tiempos litúrgicos.
Participa en paneles sobre diversos temas, siendo él el portaestandarte de la
vida litúrgica y el sentido pascual de la vida y la muerte en Cristo. Organizó
grupos de discusión en varios pueblos y participó en la Cofradía de la Doctrina
Cristiana. Otras organizaciones católicas en las cuales participó fueron la
Sociedad del Santo Nombre y los Caballeros de Colón. Impartió catequesis a
jóvenes de escuela superior, aportando él todo el material que mimeografiaba
sin descanso para suplir las limitaciones económicas de sus jóvenes alumnos.
Defendió y promovió con fervor extraordinario entre obispos, clero y seglares,
la renovación litúrgica de la Iglesia a través de la participación activa de
los fieles, el uso de la lengua vernácula y, muy especialmente, de la
observancia de la Vigilia Pascual, felizmente restaurada por SS Pío XII. Todo
ello, antes del Concilio Vaticano II.
Sus fuerzas físicas decaían, pero jamás su
espíritu se doblegó. Vivía cada momento superando calladamente su dolor con el
gozo profundo de quien se sabía resucitado. Minada finalmente su salud por la
enfermedad que se diagnosticó como un cáncer terminal del recto, tras una larga
operación en marzo de 1963, padeció una noche oscura, pensándose abandonado de
Dios. Antes de morir, reencontró con emoción la Palabra que estuvo perdida, la
que le había dado sentido a su vida. Su paso a la vida eterna fue el 13 de
julio de 1963. Tenía 44 años. Fue beatificado por SS Juan Pablo II el 29 de
abril del 2001.
fuente: Vaticano
accedida 470 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2372
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