jueves, 3 de junio de 2021

Santos del día 3 de junio

 

Santos del día 3 de junio
Tertio Nonas iunii
Memoria de los santos Carlos Lwanga y doce compañeros, todos ellos de edades comprendidas entre los catorce y los treinta años, que perteneciendo a la corte de jóvenes nobles o al cuerpo de guardia del rey Mwanga, de Uganda, y siendo neófitos o seguidores de la fe católica, por no ceder a los deseos impuros del monarca murieron en la colina Namugongo, degollados o quemados vivos. Estos son sus nombres: Mbaya Tuzinde, Bruno Seronuma, Jacobo Buzabaliao, Kizito, Ambrosio Kibuka, Mgagga, Gyavira, Achilles Kiwanuka, Adolfo Ludigo Mkasa, Mukasa Kiriwanvu, Anatolius Kiriggwajjo y Lucas Banabakintu.
En Cartago, san Cecilio, presbítero, que convirtió a la fe en Cristo a san Cipriano.
En Carcassonne, en la Galia Narbonense, san Hilario, considerado como primer obispo de esta ciudad, y en cuyo tiempo los godos difundieron la herejía arriana.
En Tours, en la Galia Lugdunense, santa Clotilde, reina, cuyas oraciones indujeron a su esposo Clodoveo, rey de los francos, a abrazar la fe cristiana, y al enviudar se retiró a la basílica de San Martín, donde deseó no ser considerada como reina sino como sierva de Dios.
En Meung-sur-Loire, en el territorio de Orleans, también en la Galia, san Lifardo, presbítero, que en dicho lugar llevó vida solitaria.
En Anagni, de la Campania, santa Oliva, virgen.
En Glandaloch, en Hibernia, san Coemgeno, abad, que fundó este monasterio, en el que vivieron muchos monjes, de los cuales fue padre y guía.
En Auvernia, en Aquitania, san Genesio, obispo de Auvernia, que recibió sepultura en la iglesia del monasterio Manglieu que él mismo había fundado con el hospicio anexo.
En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, san Isaac, mártir, que, siendo monje, en tiempo de la dominación musulmana, llevado por un impulso no humano sino divino, salió del monasterio de Tábanos para presentarse ante el juez sarraceno y hablarle acerca de la verdadera religión, razón por la cual fue decapitado.
En la ciudad de Lucca, en la Toscana, san Divino, que, armenio de nacimiento, vendió todos sus bienes para ser peregrino por Cristo, visitando los Santos Lugares y los sepulcros de los Apóstoles, hasta que, habiendo enfermado, descansó en el Señor.
En la aldea de Altkirch, en la región de Basilea, entre los helvecios, san Morando, monje, oriundo de Renania, que de presbítero peregrinó a Compostela y, al regresar, se hizo monje en Cluny, fundando después el monasterio donde terminó su intensa vida.
En Spello, lugar de Umbría, beato Andrés Caccioli, que, primero presbítero agregado a la Orden de los Hermanos Menores, recibió el hábito de la Orden de manos de san Francisco, a quien asistió en su lecho de muerte.
En el cenobio de Santa María de Cadossa, en Lucania, san Cono, monje, que mediante la práctica monástica y la inocencia de vida llegó en breve tiempo, con la ayuda de Dios, a la culminación de todas las virtudes.
En York, en Inglaterra, beato Francisco Ingleby, presbítero y mártir, alumno del Colegio de los Ingleses de Reims, que bajo la reina Isabel I, por ejercer el sacerdocio en su patria, fue condenado a muerte.
En Jerez, en la región española de Andalucía, san Juan Grande, religioso de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, insigne por su dedicación a los cautivos, abandonados y marginados, que, cuidando de los apestados durante una epidemia, falleció al haberse contagiado.
En el mar, frente al puerto de Rochefort, en Francia, beato Carlos Renato Collas du Bignon, presbítero de la Compañía de Sacerdotes de San Sulpicio y mártir, rector del Seminario Menor de Bourges, que durante la Revolución Francesa, por el hecho de ser sacerdote, fue encarcelado en una nave prisión, donde murió a consecuencia de la enfermedad que allí contrajo.
En la ciudad de Au Thi, en Tonkín, san Pedro Dong, mártir, padre de familia, que prefirió sufrir crueles torturas antes que pisar la Cruz, y logró que en su frente se escribiese «verdadera religión» en lugar de «falsa religión» como se pretendía, por lo cual pereció decapitado en tiempo del emperador Tu Duc.
En la localidad de Bellegra, en los alrededores de Roma, beato Diego (José) Oddi, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, eximio por su vida de oración y su sencillez.
En Roma, san Juan XXIII, papa, cuya vida y actividad estuvieron llenas de una singular humanidad. Se esforzó en manifestar la caridad cristiana hacia todos y trabajó por la unión fraterna de los pueblos. Solícito por la eficacia pastoral de la Iglesia de Cristo en toda la tierra, convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II.

martes, 1 de junio de 2021

Junio: Mes del Sagrado Corazón de Jesús

 

Junio: Mes del Sagrado Corazón de Jesús 

Junio: Mes del Sagrado Corazón de Jesús
Adoramos el Corazón de Cristo porque es el corazón del Verbo encarnado, del Hijo de Dios hecho hombre


Por: Teresa Vallés | Fuente: Catholic.net




Explicación de la fiesta

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida.
Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días.

Esto significa que debemos vivir este mes demostrandole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.
Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.

Debemos vivir recordandolo y pensar cada vez que actuamos: ¿Qué haría Jesús en esta situación, qué le dictaría su Corazón? Y eso es lo que debemos hacer (ante un problema en la familia, en el trabajo, en nuestra comunidad, con nuestras amistades, etc.).
Debemos, por tanto, pensan si las obras o acciones que vamos a hacer nos alejan o acercan a Dios.

Tener en casa o en el trabajo una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, nos ayuda a recordar su gran amor y a imitarlo en este mes de junio y durante todo el año.

Origen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Santa Margarita María de Alacoque era una religiosa de la Orden de la Visitación. Tenía un gran amor por Jesús. Y Jesús tuvo un amor especial por ella.

Se le apareció en varias ocasiones para decirle lo mucho que la amaba a ella y a todos los hombres y lo mucho que le dolía a su Corazón que los hombres se alejaran de Él por el pecado.
Durante estas visitas a su alma, Jesús le pidió que nos enseñara a quererlo más, a tenerle devoción, a rezar y, sobre todo, a tener un buen comportamiento para que su Corazón no sufra más con nuestros pecados.

El pecado nos aleja de Jesús y esto lo entristece porque Él quiere que todos lleguemos al Cielo con Él. Nosotros podemos demostrar nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús con nuestras obras: en esto precisamente consiste la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Las promesas del Sagrado Corazón de Jesús:

Jesús le prometió a Santa Margarita de Alacoque, que si una persona comulga los primeros viernes de mes, durante nueve meses seguidos, le concederá lo siguiente:

1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado (casado(a), soltero(a), viudo(a) o consagrado(a) a Dios).
2. Pondré paz en sus familias.
3. Los consolaré en todas las aflicciones.
4. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.
5. Bendeciré abundantemente sus empresas.
6. Los pecadores hallarán misericordia.
7. Los tibios se harán fervorosos.
8. Los fervorosos se elevarán rápidamente a gran perfección.
9. Bendeciré los lugares donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.
10. Les daré la gracia de mover los corazones más endurecidos.
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de Él.
12. La gracia de la penitencia final: es decir, no morirán en desgracia y sin haber recibido los Sacramentos.

Oración de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús

Podemos conseguir una estampa o una figura en donde se vea el Sagrado Corazón de Jesús y, ante ella, llevar a cabo la consagración familiar a su Sagrado Corazón, de la siguiente manera:

Señor Jesucristo, arrodillados a tus pies,
renovamos alegremente la Consagración
de nuestra familia a tu Divino Corazón.

Sé, hoy y siempre, nuestro Guía,
el Jefe protector de nuestro hogar,
el Rey y Centro de nuestros corazones.

Bendice a nuestra familia, nuestra casa,
a nuestros vecinos, parientes y amigos.

Ayúdanos a cumplir fielmente nuestros deberes, y participa de nuestras alegrías y angustias, de nuestras esperanzas y dudas, de nuestro trabajo y de nuestras diversiones.

Danos fuerza, Señor, para que carguemos nuestra cruz de cada día y sepamos ofrecer todos nuestros actos, junto con tu sacrificio, al Padre.

Que la justicia, la fraternidad, el perdón y la misericordia estén presentes en nuestro hogar y en nuestras comunidades.
Queremos ser instrumentos de paz y de vida.

Que nuestro amor a tu Corazón compense,
de alguna manera, la frialdad y la indiferencia, la ingratitud y la falta de amor de quienes no te conocen, te desprecian o rechazan.

Sagrado Corazón de Jesús, tenemos confianza en Ti.
Confianza profunda, ilimitada.

Sugerencias para vivir la fiesta:
Poner una estampa del Sagrado Corazón de Jesús, algún pensamiento y la oración para la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús.
Hacer una oración en la que todos pidamos por tener un corazón como el de Cristo.
Leer en el Evangelio pasajes en los que se podamos observar la actitud de Jesús como fruto de su Corazón.
Consulta también
El Sagrado Corazón de Jesús, una devoción permanente y actual.
Un corazón Traspasado 
Visita el Especial de Junio Mes del Sagrado Corazón: Ideas para vivir la fe en familia del portal Familia Católica
Apóstoles del Sagrado Corazón
 
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02 de junio: Nuestra Señora de Edesa

 

02 de junio: Nuestra Señora de Edesa

Nuestra Señora de Edesa, en Asia Menor

San Alexis , también conocido como San Alejo, tiene fama de haber sido el hijo de un prominente senador romano llamado Euphemian, de familia rica y virtuosa. Euphemian y su esposa Algas eran católicos devotos. Ellos no habían podido tener hijos por algún tiempo, pero después infalible oración a Dios, un hijo fue nacido de ellos y llamaron Alexis.

Alexis vivió en Roma en el Siglo IV, donde recibió una excelente educación durante su juventud, aprendiendo de sus padres a una edad temprana que Dios espera que la prosperidad de usar su riqueza para ayudar y aliviar a los pobres.

Cuando Alexis creció, Euphemian y su esposa Algas eligieron una buena esposa para su hijo; una muchacha que pertenecía a la familia imperial romana, pero Alexis quería consagrar su vida entera a Dios y no deseaba casarse. Pero, en obediencia a los deseos de sus padres, Alexis se casó; pero después de la ceremonia, por inspiración divina, se quitó la venda de la boda y se lo devolvió a su novia.

Al parecer, la novia de Alexis había consentido ésto de antemano, y así Alexis salió de Roma en secreto y se embarcó hacia Siria . Luego viajó a Edesa, donde, a pesar de que una vez había sido muy rico, empezó a vivir la vida de un mendigo común a la entrada de una iglesia dedicada a la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Edesa. Sin saber las circunstancias de su desaparición, su familia lo buscó en vano durante muchos años.

San Alexis estaba contento de vivir la vida de un mendigo, sobreviviendo fuera de las escasas limosnas que obtuvo cada día después de rezar ante la imagen de la Santísima Virgen en el santuario. Pasó gran parte del resto de su tiempo cuidando a los enfermos y débiles en el hospital de Edesa. Nunca hablaba de sí mismo ni de la vida que había dejado atrás, y no había ninguno a quien él nunca reveló su nombre.

Un día, la imagen venerada por San Alexis habló a un sacristán, quien revela que Alexis era un "hombre de Dios" y dando a conocer su santidad a todo el pueblo de Edesa.

San Alexis, viéndose a sí mismo como nada más que un mendigo humilde, de repente fue venerado como un santo. Humillado por la revelación de Nuestra Señora de Edesa, huyó de la ciudad por un lugar donde pudiera permanecer desconocido. Abordó un barco rumbo a Tarso, pero una tormenta obligó al buque a atracar en la costa italiana. Al ver la mano de Dios en esto, y siguiendo la inspiración divina, San Alexis regresó a su casa de la infancia en el monte Aventino en la ciudad de Roma.

Los padres de San Alexis todavía estaban vivo , pero no reconocen su propio hijo en el mendigo harapiento se había convertido. El que era el heredero de un título nobiliario y magnífica propiedad se le dio modesto empleo y un rincón triste debajo de las escaleras donde podía dormir. Él no se reveló a nadie y nunca pidió nada má . San Alexis pasó los restantes 17 años de su vida como un extraño en su propia casa, sufriendo el desprecio y buffets de los siervos de su padre en la paciencia y la humildad.

Cuando San Alexis murió, las campanas de la iglesia sonaron de su propio acuerdo. El Papa Inocencio estaba celebrando misa cuando fue interrumpido por una voz que le decía que "Buscad al hombre de Dios". El emperador romano y el Papa Inocencio en la búsqueda, guiados por la voz misteriosa, encontraron el cuerpo de San Alexis donde había expirado debajo de la escalera.

Cuando se descubrió que San Alexis ocupó un pergamino que detalla el relato de su vida que Dios le había ordenado que puso por escrito, y este documento también reveló su identidad. Los padres de Alexis fueron profundamente entristecidos al saber que el mendigo que había vivido bajo las escaleras y que había comido las migajas de su mesa en realidad había sido su propio hijo, a pesar de que también se dieron cuenta de que era un santo que había sufrido todo por el amor de Dios.

San Alexis fue enterrado en la Basílica de San Pedro, aunque sus restos fueron trasladados más tarde a la iglesia de San Bonifacio en el Camino del Aventino de Roma. Hay una presentación cerrada que muestra la escalera muy por debajo de la que San Alexi , una vez dormido .

San Alexis es el modelo para los Hermanos Alexianos, y él también ha sido durante mucho tiempo considerado como el santo patrón de los peregrinos y mendigos, y su fiesta del 17 de julio fue eliminado del calendario de los santos en el Vaticano II.

traducido por mallinista 
(fuente: www.roman-catholic-saints.com)

Santos del día 2 de junio

 

Santos del día 2 de junio
Quarto Nonas iunii
   Santos Marcelino y Pedro, mártires - Memoria litúrgica   
San Marcelino, presbítero, y san Pedro, exorcista, mártires, acerca de los cuales el papa san Dámaso cuenta que, durante la persecución bajo Diocleciano, condenados a muerte y conducidos al lugar del suplicio, fueron obligados a cavar su propia tumba y después degollados y enterrados ocultamente, para que no quedase rastro suyo, pero más tarde, una piadosa mujer llamada Lucila trasladó sus santos restos a Roma, en la vía Labicana, dándoles digna sepultura en el cementerio «ad Duas Lauros».
En Lyon, en la Galia, santos mártires Potino, obispo, Blandina y cuarenta y seis compañeros, cuyo valeroso y reiterado combate, que tuvo lugar en tiempo del emperador Marco Aurelio, está atestiguado en la carta que la Iglesia de Lyon envió a las Iglesias de Asia y Frigia. El obispo Potino, ya nonagenario, falleció al poco de ser encarcelado, y algunos otros también murieron en prisión, mientras que los restantes fueron expuestos como espectáculo en el anfiteatro, ante miles de personas, donde los que eran ciudadanos romanos perecieron decapitados y los demás entregados a las fieras. Por último, Blandina, reservada para un combate más cruel y prolongado, después de haber estado alentando a sus compañeros, les siguió a la gloria al ser también decapitada, tras padecer prolongadas y crueles torturas. Estos son los nombres: Zacarías, presbítero, Vecio Epagato, Macario, Asclibíades, Silvio, Primo, Ulpio, Vital, Comino, Octubre, Filomeno, Gemino, Julia, Albina, Grata, Emilia, Potamia, Pompeya, Rodana, Biblis, Quarcia, Materna, Helpis; Santo, diácono; Maturo, neófito; Atalo de Pérgamo, Alexander de Frigia, Pontico, Justo, Aristeo, Cornelio, Zosimo, Tito, Julio, Zotico, Apolonio, Geminiano, otra Julia, Ausona, otra Emilia, Jamnica, otra Pompeya, Domna, Justa, Trófima y Antonia.
En Formia, de la Campania, san Erasmo, obispo y mártir.
En Roma, en la basílica de San Pedro, san Eugenio I, papa, que fue sucesor de san Martín, mártir.
En el Bósforo, en la Propóntide, muerte de san Nicéforo, obispo de Constantinopla, que, tenaz defensor de las tradiciones, se opuso con decisión al emperador iconoclasta León el Armenio, sosteniendo el culto de las sagradas imágenes. Expulsado de su sede, fue relegado largo tiempo en un monasterio, donde entregó su alma a Dios.
En Acqui, del Piamonte, san Guido, obispo.
En Trani, de la Apulia, san Nicolás, peregrino, que, natural de Grecia, recorría toda la región llevando un crucifijo en la mano y repitiendo incesantemente «Señor, ten piedad».
En Sandomierz, junto al río Vístula, en Polonia, beatos Sadoc, presbítero, y sus compañeros de la Orden de Predicadores, mártires, que, según la tradición, fueron víctimas de los tártaros mientras cantaban la Salve Regina, saludando al final de su existencia a la Madre de la Vida.
En la ciudad de Au Thi, en Tonquín, santo Domingo Ninh, mártir, joven agricultor, que, por no querer pisotear la Cruz, fue decapitado en tiempo del emperador Tu Duc.
En Ban Talang, Houaphan, Laos, beato Joseph Tien [Thao Tien], sacerdote del vicariato apostólico (actual diócesis) de Thanh Hoá y mártir.