viernes, 28 de agosto de 2026

Día 29 (Una reflexión para cada día del mes de agosto)

 

Una reflexión para cada día del mes de agosto

Web católico de Javier

Inmaculado Corazón de María

Día 29

El 6 de agosto de 1.945, a las 2:45 a.m., un avión B29 despegó de la isla Tinian para soltar la primera bomba atómica sobre Japón. A las 8:15 a.m. la bomba explotó a ocho manzanas de la iglesia de los jesuitas en la Asunción de Nuestra Señora en Hiroshima. 500.000 personas fueron aniquiladas. Lo que quedó fue terror, oscuridad, sangre, quemaduras, gemidos y fuego. Sin embargo, la iglesia y los cuatro padres jesuitas ahí asignados no murieron. De acuerdo a los expertos "deberían estar muertos", pues estaban dentro del radio mortal de una milla de la explosión. Nueve días después, el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de Nuestra Señora, vino la paz. El milagro de haber sobrevivido, su devoción a la Stma. Virgen, su iglesia dedicada a la Asunción, mostró claramente a estos supervivientes que esto era más que una coincidencia. Les enseñó el poder de María y de su oración. Ellos rezaban el Rosario a la Virgen todos los días, por lo que su respuesta fue lanzar una Cruzada del Rosario por la paz en el Japón.

Hoy 29 de agosto se celebra el día internacional contra los ensayos nucleares, por lo que te invito a rezar a la Virgen María para que nunca más se utilicen armas nucleares en el mundo.

29 de agosto: Nuestra Señora de la Guardia

 

29 de agosto: Nuestra Señora de la Guardia

Un humilde pastor cuidaba su rebaño cerca de Génova cuando repentinamente se le apareció la Madre de Dios para ordenarle que le construyera un santuario sobre el Monte Figogna. Según la tradición, el hecho aconteció el 29 de agosto de 1490.

Benedicto Pareto era un humilde campesino de Livellato, un pequeño pueblo del valle de Polcevera, próximo a Génova, donde vivía con su esposa y sus dos hijos, Bartolomé y Pascual.

Una mañana, como acostumbraba hacerlo, cuidaba sus ovejas en espera del almuerzo que a diario le alcanzaba su mujer cuando, súbitamente, se le apareció una señora de bello aspecto, resplandeciente como el sol, quien le habló dulcemente y le solicitó que le construyese una capilla sobre la ladera del monte. Y al decirlo así, extendió su mano señalando el lugar.

Al ver que hablaba con la mismísima Madre del Redentor, Benedicto cayó de rodillas diciéndole que, pobre como era, le resultaría imposible concretar el pedido. “No temas – le dijo la Virgen – pues recibirás toda mi ayuda”.


Milagrosa curación

De regreso en su casa, el pastor, presa de viva excitación, narró lo ocurrido a su familia, recibiendo como respuesta que se estaba volviendo loco y que el pueblo entero de mofaría de él. En vista de ello, Benedicto decidió olvidar lo acontecido y seguir su vida normalmente.

Unos días después, se hallaba en lo alto de una higuera cuando la rama sobre la que se hallaba parado se quebró.

Benedicto cayó pesadamente al suelo, fracturándose ambas piernas por lo que debió guardar cama varios días. Mientras convalecía, se le apareció nuevamente a la Virgen que, con tono suave y delicado, le reiteró su pedido.

Pareto comprobó emocionado que sus heridas habían sanado y que ya no padecía dolores, novedad que corrió por todo el pueblo, despertando el asombro y curiosidad de sus habitantes y la sorpresa de su familia.


La construcción del santuario

Con la ayuda de sus hijos y el vecindario, Benedicto comenzó a construir la capilla, tarea a la que se sumó la familia Ghersi, aportando una importante suma de dinero y una bella imagen de mármol para el altar, que representaba a Nuestra Señora con el Niño en brazos.

Cuando el templo estuvo terminado, comenzaron a acudir los fieles en gran número. Sin embargo, poco después se pudo comprobar que no era suficiente para tantos, razón por la cual, se decidió levantar una iglesia mayor, capaz de recibir a las grandes multitudes que llegaban permanentemente del norte de Italia y de la misma Francia.

En 1530 comenzó a edificarse un nuevo santuario que sería reemplazado en 1890 por la grandiosa basílica actual.


La devoción por el mundo

La devoción a Nuestra Señora de la Guardia se difundió por el valle de Polcevera primero, por la Liguria después y finalmente por toda Italia, convirtiéndose en la advocación preferida de los antiguos navegantes genoveses.

En 1915 el Papa Benedicto XV elevó el santuario a basílica menor mandando además, colocar una imagen de la Virgen de la Guardia en los jardines del Vaticano.

Desde el monte Figogna, la devoción se expandió por el mundo siendo de destacar los santuarios del Piamonte, América y África pertenecientes a la Pequeña Obra de la Divina Providencia, fundada en Tortona.

En la Argentina, San Luis Orione en persona atribuyó a un milagro el que Monseñor Francisco Alberti, Obispo de La Plata, le concediese la abandonada iglesia de Victoria, en el partido de San Fernando, para iniciar desde allí su apostolado. “Vine a la Argentina a levantarle una iglesia –exclamó al ver la imagen de la Virgen genovesa sobre una caja de madera, a un costado del altar – pero ella fue mucho más diligente y me la entrega hecha”. En 1990 Monseñor Giovanni Canestri, Arzobispo Emérito de Génova, puso bajo su auspicio la misión diocesana que dos años después se puso en marcha en el barrio de Guaricano, Santo Domingo, República Dominicana.

Todos los 29 de agosto la Iglesia celebra la fiesta de Nuestra Señora de la Guardia, patrona de Génova, fecha en la que, según la tradición, se produjo su aparición en los alrededores de Livellato.


Oración a la Virgen de la Guardia.

La suplica siguiente es recitada por el Cardenal Arzobispo de Génova, a las diez horas de cada 29 de agosto, en la hora y en el día de la primera aparición sobre el Fignona.

Oh, María, nuestra dulce madre y amorosa custodia, recordando tu aparición a Benito Pareto en la cumbre del monte Fignona, recibe nuestro homenaje lleno de gratitud y de confianza.

Tú escuchas siempre las oraciones de tus hijos, en el modo y en el tiempo querido por la Providencia de Dios; desde que te has aparecido sobre la Santa Montaña a Nuestro Humilde hermano, has hecho descender sobre quienes has invocado tu intercesión copiosas bendiciones.

Reconocemos que somos indignos de tu bondad, pero por esta razón esperamos tu amor de Madre que nunca rechaza la ayuda a sus hijos más débiles y pecadores, y por lo tanto más necesitados por la misericordia de Dios, para que se conviertan y obtengan tu perdón.

Implora de tu Divino Hijo la salud del alma y del cuerpo, consuela a quien llora, inspira concordia donde hay incomprensión, da fuerza a quien es perseguido, paciencia a quien esta atribulado, lleva a todas partes la serenidad, la paz y el gozo.

Ayúdanos, con tu ejemplo de plena fidelidad al Señor, a custodiar en nosotros el preciosismo don de la vida Divina que Jesús nos ha merecido con su muerte y resurrección y nos ha dado en el Bautismo que nos ha hecho miembros de la familia de Dios, la Iglesia, de la que Tú eres la Madre.

Agradecidos por tantos dones pide para nosotros al Señor: fe sin tinieblas, esperanza inquebrantable y caridad ardiente.

Así, después de haber caminado en la vida terrena con los hermanos hacia los bienes que la bondad de Dios nos ha prometido, podremos alcanzar la eterna felicidad en Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

AMÈN.

(fuente: www.salesianos-bernal.com.ar)

jueves, 27 de agosto de 2026

Catequesis para el hombre nuevo (Los sacramentos del hombre) L.5/8 Cap.3/3 Curso del P. Antonio Oliver

Catequesis para el hombre nuevo (Los sacramentos del hombre) L.5/8 Cap.3/3


                                                      https://youtu.be/cYGiMHnc6IQ


Los sacramentos del hombre. [6/Feb./88] (Lección 5 de 8) Cap. 3 de 3

Los sacramentos. El admirable valor de la materia y del cuerpo. La autonomía y la responsabilidad de lo profano. Lo laico. El carisma y la jerarquía. La autoridad y la libertad según Jesucristo.

Catequesis para el hombre nuevo (Los sacramentos del hombre) L.5/8 Cap.2/3 Curso del P. Antonio Oliver

Catequesis para el hombre nuevo (Los sacramentos del hombre) L.5/8 Cap.2/3


                                                     https://youtu.be/wwF1O1nJZws


Los sacramentos del hombre. [6/Feb./88] (Lección 5 de 8) Cap. 2 de 3 Los sacramentos. El admirable valor de la materia y del cuerpo. La autonomía y la responsabilidad de lo profano. Lo laico. El carisma y la jerarquía. La autoridad y la libertad según Jesucristo.

Catequesis para el hombre nuevo (Los sacramentos del hombre) L.5/8 Cap.1/3 Curso del P. Antonio Oliver

Catequesis para el hombre nuevo (Los sacramentos del hombre) L.5/8 Cap.1/3 


                                                           https://youtu.be/99amGNll2iA


Los sacramentos del hombre. [6/Feb./88] (Lección 5 de 8) Cap. 1 de 3 Los sacramentos. El admirable valor de la materia y del cuerpo. La autonomía y la responsabilidad de lo profano. Lo laico. El carisma y la jerarquía. La autoridad y la libertad según Jesucristo.

Santos del día 28 de agosto

                                     Santos del día 28 de agosto


   San Agustín de Hipona, obispo y doctor de la Iglesia (3 coms.) - Memoria litúrgica   

patronazgo: patrono de los teólogos, los impresores y los fabricantes de cerveza; protector de la vista.
can.: pre-congregación
país: África Septentrional - n.: 354 - †: 430
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
  
Memoria de san Agustín, obispo y doctor eximio de la Iglesia, que, convertido a la fe católica después de una adolescencia inquieta por los principios doctrinales y las costumbres, fue bautizado en Milán por san Ambrosio y, vuelto a su patria, llevó con algunos amigos una vida ascética y entregada al estudio de las Sagradas Escrituras. Elegido después obispo de Hipona, en la actual Argelia, durante treinta y cuatro años fue maestro de su grey, a la que instruyó con sermones y numerosos escritos, con los cuales también combatió valientemente los errores de su tiempo y expuso con sabiduría la recta fe. († 430)

En Roma, en el cementerio de Basila, en la vía Salaria Antigua, san Hermes, mártir, que, como refirió el papa san Dámaso, vino de Grecia y Roma lo acogió como ciudadano suyo, cuando fue martirizado por el santo nombre. († s. III)
En Constanza, de Suabia, conmemoración de san Pelagio, mártir. († c. s. III)
En Brioude, en el territorio de los arvernios, en Aquitania, san Julián, mártir, acerca del cual la tradición refiere que, por consejo de san Ferreolo, fue a aquel territorio en tiempo de persecución y allí alcanzó la palma del martirio. († c. s. III)
En Constantinopla, san Alejandro, obispo, cuya plegaria apostólica, según escribe san Gregorio Nazianceno, logró vencer al jefe de la herejía arriana. († c. 336)
En Cartago, san Restituto, obispo, en cuya festividad san Agustín ofreció al pueblo un sermón en su honor. († c. 360)
En Sarsina, de la Romagnola, san Vicinio, primer obispo de esta ciudad. († s. IV/V)
En Saintes, en la Galia, san Viviano, obispo. († s. V)
En Egipto, san Moisés Etíope, que de conocido ladrón se convirtió en célebre anacoreta, convirtió a muchos de su condición de malhechores y los condujo con él al monasterio. († c. 404)
En Sevilla, en la región hispánica de Andalucía, santa Florentina, virgen, muy versada en las disciplinas eclesiásticas, a la cual sus hermanos los obispos Isidoro y Leandro dedicaron tratados de insigne doctrina. († s. VII)
En Londres, en Inglaterra, beatos mártires Guillermo Dean, presbítero, y siete compañeros, que durante el reinado de Isabel I, en el mismo día, aunque en distintos o cercanos lugares de la ciudad, consumaron en la horca su martirio.
Son sus nombres: Beatos Guillermo Gunter, Roberto Morton, Tomás Holford y Jacobo Claxton, presbíteros; Tomás Felton, clérigo de la Orden de los Hermanos Menores; Enrique Webley y Hugo More, seglares. († 1588)
En Lancaster, también en Inglaterra, san Edmundo Arrowsmith, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús y mártir, que, oriundo del mismo ducado, después de pasar muchos años entregado al cuidado pastoral en su patria, durante el reinado de Carlos I, por ser sacerdote y haber llevado a muchos a la fe católica, fue condenado a morir en la horca, con la oposición incluso de los mismos protestantes del lugar. († 1628)
En Monterrey, en el territorio de California, san Junípero (Miguel) Serra, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que pasó por muchas dificultades y sufrimientos predicando el Evangelio en su propia lengua a las tribus todavía paganas de aquella región, y defendió con gran valentía los derechos de los pobres y los humildes. († 1784)
Cerca de la costa de Rochefort, en el litoral francés, beato Carlos Arnaldo Hanus, presbítero y mártir, que, en tiempo de la Revolución Francesa, por ser sacerdote fue encarcelado en una sórdida nave, donde, débil de fuerzas y atacado prontamente por una enfermedad, consumó el martirio. († 1794)
En Barcelona, en España, santa Joaquina de Vedruna, madre de familia, que educó piadosamente a sus nueve hijos y, una vez viuda, fundó el Instituto de Hermanas Carmelitas de la Caridad. Soportó con ánimo tranquilo toda clase de sufrimientos hasta su muerte, que ocurrió por contagio del cólera. En la Iglesia española se conmemora el 22 de mayo. († 1854)
En Burdeos, Francia, santa Celia Guérin, esposa de san Luis Martin y madre de santa Teresa del Niño Jesús, canonizada conjuntamente con su marido, cuya memoria se celebra el 29 de julio, como ejemplo de matrimonio cristiano. († 1877)
En la región de Valencia, también en España, beatos mártires Juan Bautista Faubel Cano y Arturo Ros Montait, padres de familia, que, durante la persecución contra la Iglesia, de los hombres recibieron la muerte y de Dios la vida eterna. († 1936)
Cerca de la localidad de Vinalesa, en la misma región valenciana, beato Aurelio (José) Ample Alcaide, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y mártir, que en la referida persecución dio un fruto de gloria a través de la prueba de su fe. († 1936)
En Elche de la Sierra, Albacete, beato Mamerto Carchano Carchano, presbítero diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En el camino de Berbegal de Barbastro, Huesca, beatos Aurelio Boix Cosials, en el siglo Ángel Carmelo, Domingo Caballé Bru, en el siglo Jaime, Leandro Cuesta Andrés, en el siglo Juan, Rosendo Donamaría Valencia, en el siglo Martín, Ildefonso Fernández Muñiz, en el siglo Julio, Ángel Fuertes Boira, en el siglo Antonio, Lorenzo Ibáñez Caballero, en el siglo Leoncio, Raimundo Lladós Salud, en el siglo Antonio, Anselmo Palau Sin, en el siglo Mariano, Santiago Pardo López, Fernando Salinas Romeo, Ramiro Galdeano Mañeru, en el siglo Ramón Sanz de, Lorenzo Sobrevía Cañardo, en el siglo Toribio, y Honorato Suárez Riu, en el siglo Antonio, de la Orden de San Benito, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En el muro del cementerio de Barbastro, Huesca, beato Mauro Palazuelos Maruri, en el siglo Abel Ángel, de la Orden de San Benito, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Beas de Segura, Jaén, beato Francisco de Paula López Navarrete, presbítero diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En El Barraco, Ávila, beato Agustín Bermejo Miranda, presbítero diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Reus, Tarragona, beatos Jacinto Jorge Camprubí Corrubí, en el siglo José, Eladio Vicente España Ortíz, en el siglo Cesáreo, Anselmo Félix Godo Buscató, en el siglo Modesto, Agapito Modesto Pamplona Falguera, en el siglo Modesto, Elías Paulino Pradas Vidal, en el siglo Javier, y Daniel Antonino Rueda Barriocanal, en el siglo Nicolás, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas e Isidre Fàbregas Gils y Eladi Perés Bori, presbíteros diocesanos, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Salardú, Lleida, beato Joan Tomás Gibert, presbítero diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En el cementerio de Torredembarra, Tarragona, beato Jaume Tarragó Iglesias, presbítero diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Huércal, Almería, beatos Francisco Romero Ortega y José Romero Ortega, presbíteros diocesanos, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En el puente del río Torres, Baeza, Jaén, beato Juan Olid Martínez, sacerdote diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En El Frage, Iznalloz, Granada, beatos Manuel Ureña Abolafia y Manuel Checa Martínez, sacerdotes diocesanos, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En la ciudad de Nawojowa Góra, en Polonia, beato Alfonso María Mazurek, presbítero y mártir, que, durante la guerra, por su fe en Cristo recibió la muerte a manos de los invasores de su patria. († 1944)
En Sil´tse, Irshava, Ucrania, beato Pedro Pablo Oros, presbítero de la Eparquía de Mukacevo y mártir, que ante las presiones para que se convirtiera a la ortodoxia, permaneció fiel al Santo Padre y vivió conscientemente como una persona sospechosa, controlada y expuesta a detenciones arbitrarias e injusticias, hasta dar su vida por fidelidad a la Iglesia. († 1953)