San Anselmo de Nonantola, abad
fecha: 3 de marzo
†: 803 - país: Italia
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: 803 - país: Italia
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Nonántola, en la Emilia, san Anselmo, fundador y primer abad de este
monasterio, en el que durante cincuenta años promovió la disciplina monástica,
tanto con sus normas como con el ejercicio de las virtudes.

Cuando
el rey Aistulfo gobernaba Italia, su cuñado Anselmo, duque de Friuli, le
acompañó en sus campañas militares. El duque no sólo era un valiente soldado,
sino también un fervoroso cristiano. Primero fundó un monasterio y un hospital
en Fanano, en la provincia de Módena y más tarde, una gran abadía a unos
treinta kilómetros al sur de Nonantola.
Deseoso
de consagrarse enteramente a Dios, san Anselmo fue a Roma, donde tomó el hábito
de san Benito y fue nombrado abad de la nueva comunidad. El papa Esteban III le
dio también permiso de trasladar a Nonantola el cuerpo del papa san Silvestre.
Aistulfo enriqueció mucho la abadía y le concedió grandes privilegios, de
suerte que se hizo famosa en toda Italia. El abad Anselmo llegó a gobernar a
más de mil monjes. Igualmente estaba encargado de un gran hospital y de un
albergue para los enfermos y peregrinos que él mismo había construido cerca del
monasterio, en honor de san Ambrosio.
Desiderio,
el sucesor de Aistulfo, desterró al santo abad a Monte Casino, donde pasó siete
años; pero Carlomagno le restituyó a Nonantola, y allí murió, ya muy anciano,
después de haber pasado cincuenta años en religión.
El
P. Barlotti publicó con muchas ilustraciones (Antica vita di S. Anselmo di
Nonantola, 1892) la corta biografía latina de san Anselmo, que había sido ya
editada varias veces (por Mabillon, Muratori y MGH).
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 504 veces
ingreso
o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace:http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=751
Santa Cunegunda, viuda y
fundadora
fecha: 3 de marzo
n.: c. 980 - †: 1033/1039 - país: Alemania
otras formas del nombre: Kunigunde, Cunegundis
canonización: C: Inocencio III 3 abr 1200
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 980 - †: 1033/1039 - país: Alemania
otras formas del nombre: Kunigunde, Cunegundis
canonización: C: Inocencio III 3 abr 1200
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
el monasterio de Oberkaufungen, en Hesse, santa Cunegunda, que aportó muchos
beneficios a la Iglesia junto con su cónyuge, el emperador san Enrique, y que,
tras la muerte de éste, abrazó la vida cenobítica en el monasterio donde se
había retirado. Al morir, hizo a Cristo heredero de todos sus bienes, y su
cuerpo fue colocado junto a los restos de su esposo, en Bamberg.
patronazgo: patrona de las
mujeres embarazadas y protectora de los niños enfermos.
refieren a este santo: Santa Emma, San Enrique II

Santa
Cunegunda era hija de Sigfrido de Luxemburgo y de su santa esposa, Eduviges,
quienes la educaron piadosamente. Cunegunda se casó con el duque Enrique de
Baviera (el futuro emperador san Enrique II).
Este le regaló un crucifijo oriental, idéntico, según parece, al que se halla
actualmente en Munich. Algunos autores posteriores afirman que ambos esposos
hicieron voto de virginidad el día de su matrimonio; pero los historiadores
actuales niegan que haya pruebas suficientes en favor de esa tesis. El cardenal
Humberto, que escribió a mediados del siglo XI, no menciona dicho voto y
atribuye la esterilidad del matrimonio a un castigo de Dios por las exacciones
que Enrique cometió contra la Iglesia. A la muerte del emperador Otón III,
Enrique fue elegido rey de los romanos: Wiligio le coronó en Mainz y santa
Cunegunda fue coronada como reina dos meses después, en Paderborn. En 1013,
fueron juntos a Roma para recibir la corona imperial de manos del Papa Benedicto
VIII.
Según
cuentan los hagiógrafos de épocas posteriores, santa Cunegunda fue víctima de
las malas lenguas, a pesar de la santa vida que llevaba, y hasta su mismo
esposo dudó de ella alguna vez. Comprendiendo que su posición exigía la
reivindicación de su fama, la emperatriz decidió someterse a la prueba del
fuego y atravesó ilesa una cama de carbones ardientes. Enrique le pidió perdón
por haber dudado de ella y, a partir de entonces vivieron estrechamente unidos,
promoviendo de todas las maneras posibles la gloria de Dios y el progreso de la
religión. Pero debe advertirse que no existen pruebas suficientes de esta
leyenda.

Cediendo,
en parte, a los ruegos de santa Cunegunda, el emperador fundó el monasterio y
la catedral de Bamberg, que fue personalmente consagrada por el Papa Benedicto
VIII. La emperatriz consiguió tales privilegios para una ciudad que, según la
voz popular, los hilos de seda de Cunegunda la defendían mejor que todas las
murallas. Durante una peligrosa enfermedad, la emperatriz prometió fundar un
convento en Kafungen de Hesse, cerca de Cassel. Así lo hizo en cuanto recobró
la salud y, cuando murió su esposo, estaba ya a punto de terminar otro convento
para las religiosas de san Benito. Según parece, la emperatriz tenía una
sobrina joven, llamada Judit, a la que profesaba mucho cariño y a la que había
educado con gran solicitud. Santa Cunegunda nombró a Judit superiora del nuevo
convento, no sin haberle dado antes muchos buenos consejos. Pero la joven
abadesa empezó a dar muestras de laxitud y frivolidad, en cuanto se vio libre
de la tutela de su tía. Era la primera en acudir al refectorio y la última en
llegar a la capilla; y prestaba oídos a toda clase de habladillas y las
propagaba. Inútiles resultaron todas las reprensiones de santa Cunegunda: la
crisis estalló el día en que la abadesa, en vez de asistir a una procesión
dominical, se quedó a pasar el rato con otras religiosas jóvenes. Llena de
indignación, santa Cunegunda reprendió ásperamente a la culpable y aun la
golpeó. Las marcas de los dedos de la santa quedaron impresas en las mejillas
de la abadesa hasta el día de su muerte, y ese milagro no sólo convirtió a la abadesa
desobligada, sino que ejerció un efecto saludable sobre toda la comunidad.
En
1024, el día del aniversario de la muerte de su esposo, santa Cunegunda invitó
a numerosos prelados a la dedicación de la iglesia que había construido en
Kafungen. Después del canto del Evangelio, la santa depositó sobre el altar una
reliquia de la cruz de Jerusalén, cambió sus vestiduras imperiales por el
hábito religioso y recibió el velo, de manos del obispo de la ciudad. Una vez
en religión, pareció olvidar que había sido emperatriz y se consideraba como la
ultima de las monjas, convencida de que eso era, a los ojos de Dios. Nada temía
tanto como aquello que pudiera recordarle su antigua dignidad. Oraba y leía
mucho, y se dedicaba especialmente a visitar y consolar a los enfermos. Así
pasó los últimos años de su vida. Murió el 3 de marzo de 1033 (o 1039). Su
cuerpo fue sepultado en Bamberg junto al de su esposo.
Sobre
la vida de santa Cunegunda son más de fiar las crónicas contemporáneas que la
biografía de época relativamente tardía; sobre todo, teniendo en cuenta que
esta última fue escrita probablemente con miras a la canonización de la santa,
que tuvo lugar hacia el año 1200. J. B. Sagmüller (Theologische Quartalschrift,
1903, 1907, 1911), ha estudiado a fondo las razones para descartar el voto de
perpetua virginidad de santa Cunegunda y su esposo; cf. A. Michel, ibid., vol.
XCVIII (1916), pp. 463-467. Los diversos textos de la biografía de santa
Cunegunda, han sido publicados en Acta Sanctorum y en MGH, Scriptores, vol.
VII. Existen algunas biografías modernas, más populares que críticas, como la
de Toussaint y la de H. Müller; esta última es más bien una biografía de san
Enrique y santa Cunegunda. Cf. Hauck, Kirchengeschichte Deutschalands, vol.
III, p. 539.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
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