San Teófilo de Cesarea, obispo
fecha: 5 de marzo
†: 195 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
†: 195 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
Conmemoración
de san Teófilo, obispo de Cesarea de Palestina, que bajo el emperador Septimio
Severo brilló por su sabiduría e integridad de vida.
El
testimonio principal acerca de san Teófilo de Cesarea de Palestina se encuentra
en la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea, que tantas veces citamos en
este santoral. La primera de las tres menciones que hace el historiador (todas
en el libro V de su obra) incluye a Teófilo entre los obispos célebres del
período que está considerando, es decir, hacia el año 190 (año X del emperador
Cómodo). Las otras dos citas se refieren a un problema que agitó a las iglesias
locales desde el siglo segundo y hasta comenzado el cuarto, hasta que el
Concilio de Nicea (año 325) zanjó la cuestión: se trató de si la Pascua debía
celebrarse siguiendo la fecha judía, es decir, el día 14 de Nisán, esto es: 14
días después de la luna nueva del equinoccio de primavera (en el hemisferio
norte), cayera el día de la semana en que cayera (esto decían los
«cuartodecimanos»), o si debía trasladarse la celebración al domingo siguiente
a esa fecha (esto decían los «dominicales», tesis que finalmente prevaleció).
Parece una cuestión menor, y lo era efectivamente para algunos obispos que
consideraban que el problema se resolvía según la tradición de cada sitio (ver
la biografía de san Ireneo),
pero algunas iglesias locales estaban sinceramente contrariadas por las por la
existencia de las dos tradiciones, y en algunos casos se había llegado a la
excomunión mutua.
San
Teófilo de Cesarea, junto con san Narciso de
Jerusalén, perteneció al partido de los dominicales, y aún en
época de Eusebio se conservaba la carta que, con la firma de estos dos santos y
otros obispos, enviaran a las iglesias de Asia para oponerse a la práctica
"cuartodecimana". Unos siglos después de Eusebio, Beda el Venerable
pretende transcribir la carta, pero la autenticidad del texto transmitido por
Beda ha sido denegada por los historiadores. No sabemos más sobre Teófilo, ni
cuándo ni cómo murió, aunque podemos afirmar casi con completa certeza que no
fue mártir, porque sería verdaderamente muy extraño que ese dato hubiera sido pasado
por alto por Eusebio. Es posible (aunque conjetural) que muriera hacia el 195,
a inicios del imperio de Septimio Severo.
Teófilo
es también mencionado por San Jerónimo, quien en el capítulo 43 de su Catálogo
de Escritores Eclesiásticos lo describe como adversario de los cuartodecimanos,
en una breve noticia biográfica que depende sin duda del texto de Eusebio. No
aparece sin embargo en los martirologios antiguos, hasta el de Petrus De
Natalibus (s. XV), de donde parece que pasa al de Baronio, es decir, al primer
Martirologio Romano, donde queda inscrito con el mismo elogio que en el
Martirologio actual. La fecha de inscripción el 5 de marzo es arbitraria,
debida al Card. Baronio.
Para
los textos de Eusebio, ver H.E, libro V, caps 22, 23 y 25. las demás referencias
pueden verse en Acta Sanctorum, marzo, I, pág. 361-362.
Abel Della Costa
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Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=771
San Conon el Jardinero, mártir
fecha: 5 de marzo
fecha en el calendario anterior: 6 de marzo
†: c. 250 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 6 de marzo
†: c. 250 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Panfilia, san Conón, mártir, hortelano de profesión, que en tiempo del
emperador Decio fue obligado a correr ante un carro con los pies atravesados
por clavos y, cayendo de rodillas, entregó el espíritu mientras oraba.

Conon
era de Galilea y se había retirado a Panfilia, en Maguido, en donde cultivaba
un pequeño jardín. Después del martirio de los santos Papías,
Diodoro y Claudiano, durante la persecución de Decio, el
prefecto Publio fue a la región, se detuvo en las puertas de la ciudad e hizo
saber a los habitantes que deberían reunirse a su alrededor. Todo el mundo
respondió al llamado; sin embargo un tal Naódoro, con algunos ancianos de la
ciudad pidió ayuda para buscar a los que pudiesen haberse escondido. Se
organizó un equipo, al que se unió un tal Orígenes y no tardó en llegar al
sitio donde Conon cultivaba su jardín. Después de haberle saludado, Orígenes le
dijo:
-El
prefecto os llama.
-¿Qué
quiere de mí el prefecto? -dijo Conon-, soy un extranjero y, sobre todo, un
cristiano. Que busque el prefecto a quienes tengan su misma calidad y rango, en
vez de un pobre hombre como yo, que trabaja con pena la tierra.
Inmediatamente
mandó Naódoro que ataran a Conon a su caballo y se lo llevó a rastras, sin que
el santo hombre opusiera resistencia. Por el camino, Naódoro dijo a Orígenes:
«Nuestra cacería no fue en vano, puesto que llevamos una buena pieza. Este
tendrá que justificarse más que ningún otro cristiano». Al llegar ante el
prefecto, Naódoro le mostró al cautivo y dijo con marcado tono de ironía: «Por
la vigilancia de los dioses, según la orden del todopoderoso Emperador y,
gracias a vuestra buena fortuna, acabamos de descubrir a este hombre, el bienamado
de los dioses, el más sumiso a las leyes y a los mandatos del gran Rey».
Entonces Conon, se irguió para gritar con todas sus fuerzas: «¡No es cierto!
¡Yo no obedezco sino al gran Rey que es Cristo!»
Entonces
intervino Orígenes para dar explicaciones al asombrado prefecto: «Excelencia,
le dijo; después de haber recorrido toda la ciudad no encontramos más que a
este pobre anciano en un jardín». El prefecto se dirigió a Conon y le preguntó
quién era, de dónde venía y cuál era su familia. A todo esto, Conon respondió
sencillamente:
-Soy de Nazaret de Galilea. Mi familia es la de Cristo, a quien desde mi infancia reconozco como a supremo Dios.
-Si conoces a Cristo como un Dios -dijo el prefecto-, reconoce también a nuestros dioses y ríndeles homenaje.
Conon dejó escapar un suspiro, levantó al cielo la vista y exclamó:
-¡impío! ¿Cómo puedes blasfemar así del Dios Supremo?, te aseguro que no podrás persuadirme a que haga lo que dices.
-Soy de Nazaret de Galilea. Mi familia es la de Cristo, a quien desde mi infancia reconozco como a supremo Dios.
-Si conoces a Cristo como un Dios -dijo el prefecto-, reconoce también a nuestros dioses y ríndeles homenaje.
Conon dejó escapar un suspiro, levantó al cielo la vista y exclamó:
-¡impío! ¿Cómo puedes blasfemar así del Dios Supremo?, te aseguro que no podrás persuadirme a que haga lo que dices.
Entonces
el tirano mandó que le encajaran clavos en la planta de los pies y, en esas
condiciones, obligó al anciano a que corriera delante de su carro. El santo
atleta de Cristo obedeció y comenzó a correr al tiempo que entonaba el salmo
39: «Esperé en Yahvé confiadamente y se inclinó hacia mí y oyó mi grito», para
que no escapara de su boca queja alguna, sino solo alabanzas, al sufrir por su
Señor. No dejó de cantar hasta que le faltaron las fuerzas y cayó al suelo
agonizante. Todavía tuvo alientos para exclamar: «¡Señor, recibe mi espíritu!»,
antes de expirar.
No
se encuentra vestigio alguno del culto a san Conon en Panfilia, pero parece
haber sido muy popular, como lo atestiguan diversos conventos con su
advocación. O. von Gebhardt, Acta martyrum selecta, Berlín 1912. —Delehaye, Les
origines du culte des martyrs, p. 194.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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