sábado, 5 de marzo de 2016

San Teófilo de Cesarea, obispo - San Conon el Jardinero, mártir (5 de marzo)

San Teófilo de Cesarea, obispo

fecha: 5 de marzo
†: 195 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa

Conmemoración de san Teófilo, obispo de Cesarea de Palestina, que bajo el emperador Septimio Severo brilló por su sabiduría e integridad de vida.
El testimonio principal acerca de san Teófilo de Cesarea de Palestina se encuentra en la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea, que tantas veces citamos en este santoral. La primera de las tres menciones que hace el historiador (todas en el libro V de su obra) incluye a Teófilo entre los obispos célebres del período que está considerando, es decir, hacia el año 190 (año X del emperador Cómodo). Las otras dos citas se refieren a un problema que agitó a las iglesias locales desde el siglo segundo y hasta comenzado el cuarto, hasta que el Concilio de Nicea (año 325) zanjó la cuestión: se trató de si la Pascua debía celebrarse siguiendo la fecha judía, es decir, el día 14 de Nisán, esto es: 14 días después de la luna nueva del equinoccio de primavera (en el hemisferio norte), cayera el día de la semana en que cayera (esto decían los «cuartodecimanos»), o si debía trasladarse la celebración al domingo siguiente a esa fecha (esto decían los «dominicales», tesis que finalmente prevaleció). Parece una cuestión menor, y lo era efectivamente para algunos obispos que consideraban que el problema se resolvía según la tradición de cada sitio (ver la biografía de san Ireneo), pero algunas iglesias locales estaban sinceramente contrariadas por las por la existencia de las dos tradiciones, y en algunos casos se había llegado a la excomunión mutua.
San Teófilo de Cesarea, junto con san Narciso de Jerusalén, perteneció al partido de los dominicales, y aún en época de Eusebio se conservaba la carta que, con la firma de estos dos santos y otros obispos, enviaran a las iglesias de Asia para oponerse a la práctica "cuartodecimana". Unos siglos después de Eusebio, Beda el Venerable pretende transcribir la carta, pero la autenticidad del texto transmitido por Beda ha sido denegada por los historiadores. No sabemos más sobre Teófilo, ni cuándo ni cómo murió, aunque podemos afirmar casi con completa certeza que no fue mártir, porque sería verdaderamente muy extraño que ese dato hubiera sido pasado por alto por Eusebio. Es posible (aunque conjetural) que muriera hacia el 195, a inicios del imperio de Septimio Severo.
Teófilo es también mencionado por San Jerónimo, quien en el capítulo 43 de su Catálogo de Escritores Eclesiásticos lo describe como adversario de los cuartodecimanos, en una breve noticia biográfica que depende sin duda del texto de Eusebio. No aparece sin embargo en los martirologios antiguos, hasta el de Petrus De Natalibus (s. XV), de donde parece que pasa al de Baronio, es decir, al primer Martirologio Romano, donde queda inscrito con el mismo elogio que en el Martirologio actual. La fecha de inscripción el 5 de marzo es arbitraria, debida al Card. Baronio.
Para los textos de Eusebio, ver H.E, libro V, caps 22, 23 y 25. las demás referencias pueden verse en Acta Sanctorum, marzo, I, pág. 361-362.
Abel Della Costa
accedida 607 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=771




San Conon el Jardinero, mártir

fecha: 5 de marzo
fecha en el calendario anterior: 6 de marzo
†: c. 250 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Panfilia, san Conón, mártir, hortelano de profesión, que en tiempo del emperador Decio fue obligado a correr ante un carro con los pies atravesados por clavos y, cayendo de rodillas, entregó el espíritu mientras oraba.
Conon era de Galilea y se había retirado a Panfilia, en Maguido, en donde cultivaba un pequeño jardín. Después del martirio de los santos Papías, Diodoro y Claudiano, durante la persecución de Decio, el prefecto Publio fue a la región, se detuvo en las puertas de la ciudad e hizo saber a los habitantes que deberían reunirse a su alrededor. Todo el mundo respondió al llamado; sin embargo un tal Naódoro, con algunos ancianos de la ciudad pidió ayuda para buscar a los que pudiesen haberse escondido. Se organizó un equipo, al que se unió un tal Orígenes y no tardó en llegar al sitio donde Conon cultivaba su jardín. Después de haberle saludado, Orígenes le dijo:
-El prefecto os llama.
-¿Qué quiere de mí el prefecto? -dijo Conon-, soy un extranjero y, sobre todo, un cristiano. Que busque el prefecto a quienes tengan su misma calidad y rango, en vez de un pobre hombre como yo, que trabaja con pena la tierra.
Inmediatamente mandó Naódoro que ataran a Conon a su caballo y se lo llevó a rastras, sin que el santo hombre opusiera resistencia. Por el camino, Naódoro dijo a Orígenes: «Nuestra cacería no fue en vano, puesto que llevamos una buena pieza. Este tendrá que justificarse más que ningún otro cristiano». Al llegar ante el prefecto, Naódoro le mostró al cautivo y dijo con marcado tono de ironía: «Por la vigilancia de los dioses, según la orden del todopoderoso Emperador y, gracias a vuestra buena fortuna, acabamos de descubrir a este hombre, el bienamado de los dioses, el más sumiso a las leyes y a los mandatos del gran Rey». Entonces Conon, se irguió para gritar con todas sus fuerzas: «¡No es cierto! ¡Yo no obedezco sino al gran Rey que es Cristo!»
Entonces intervino Orígenes para dar explicaciones al asombrado prefecto: «Excelencia, le dijo; después de haber recorrido toda la ciudad no encontramos más que a este pobre anciano en un jardín». El prefecto se dirigió a Conon y le preguntó quién era, de dónde venía y cuál era su familia. A todo esto, Conon respondió sencillamente:

-Soy de Nazaret de Galilea. Mi familia es la de Cristo, a quien desde mi infancia reconozco como a supremo Dios.
-Si conoces a Cristo como un Dios -dijo el prefecto-, reconoce también a nuestros dioses y ríndeles homenaje.
Conon dejó escapar un suspiro, levantó al cielo la vista y exclamó:
-¡impío! ¿Cómo puedes blasfemar así del Dios Supremo?, te aseguro que no podrás persuadirme a que haga lo que dices.
Entonces el tirano mandó que le encajaran clavos en la planta de los pies y, en esas condiciones, obligó al anciano a que corriera delante de su carro. El santo atleta de Cristo obedeció y comenzó a correr al tiempo que entonaba el salmo 39: «Esperé en Yahvé confiadamente y se inclinó hacia mí y oyó mi grito», para que no escapara de su boca queja alguna, sino solo alabanzas, al sufrir por su Señor. No dejó de cantar hasta que le faltaron las fuerzas y cayó al suelo agonizante. Todavía tuvo alientos para exclamar: «¡Señor, recibe mi espíritu!», antes de expirar.
No se encuentra vestigio alguno del culto a san Conon en Panfilia, pero parece haber sido muy popular, como lo atestiguan diversos conventos con su advocación. O. von Gebhardt, Acta martyrum selecta, Berlín 1912. —Delehaye, Les origines du culte des martyrs, p. 194.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 516 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=772

No hay comentarios:

Publicar un comentario