En medio de las tinieblas
actuales, ábrete a la Luz de lo Alto
2016-05-17
Después
de semanas de turbulencia política, donde dominaron densas tinieblas hechas de
distorsiones, deseo de destruir y rabia visceral, pero afortunadamente con
algunos destellos de luz, escribimos esta meditación sobre la Luz. Hasta hoy la
luz es para los cosmólogos un misterio indescifrable todavía. Sólo la
entendemos un poco pensándola bien como onda y como partícula.
Independientemente
de esta imponderabilidad sobre la naturaleza de la luz, profesamos la creencia
firme de que la Luz tiene más derecho que las tinieblas. Basta la pequeña luz
de una cerilla encendida para ahuyentar la oscuridad de una habitación entera.
Fue
lo que nos ha movido a publicar comedida y reverentemente esta pequeña reflexión.
Del
fondo más profundo del universo viene una Luz misteriosa. Incide en nuestra
cabeza, exactamente donde tenemos el cuerpo calloso, la parte que separa el
lado derecho del cerebro del izquierdo. Esta separación es la fuente de
nuestras dualidades, por un lado el sentimiento y por otro el pensamiento, por
un lado la capacidad de análisis y por el otro nuestra capacidad de síntesis,
por un lado el sentido de objetividad y por el otro la subjetividad, por un
lado el mundo de los fines y por el otro el universo del sentido y de la
espiritualidad.
La
Luz beatísima de lo Alto suspende la separación de los cerebros y obra la
unión. Pensamos amando y amamos pensando. Trabajamos haciendo poemas.
Combinamos el arte con el ocio. Pero con una condición, la de abrimos
totalmente a la Luz de lo Alto.
«¡Acoge
la misteriosa Luz que atraviesa todo el universo y llega hasta ti! Hazla correr
por todo tu cuerpo, por la cabeza, por los ojos, los pulmones, el corazón, los
intestinos, los genitales. Hazla descender por las piernas, detenla en tus
rodillas, y fíjala por un momento en tus pies, pues ellos son los que te
sostienen.
«Y
sube con ella, pasando por todo tu cuerpo, dirígela nuevamente hasta el
corazón, para que de allí te vengan los buenos sentimientos de amor y
compasión. Hazla subir hasta el centro de la cabeza, hasta lo que llamamos el
tercer ojo. Ella te traerá pensamientos brillantes. Finalmente déjala reposar
en la parte superior de tu cabeza».
«Desde
ahí llenará todo tu cuerpo de luz. Y se abrirá a todo el universo, dándote la
sensación de ser uno con el Todo. Se superarán las dualidades, harás la
experiencia bienaventurada de la unidad original de todo lo que existe y vive.
Y conocerás una paz que es la integración de las partes en el Todo y del Todo
en las partes. Y de ti saldrá una luz como la del primer momento de la
creación. Sabrás, siquiera por un momento, lo que es ser feliz en plenitud».
«Por
último, agradece la presencia transformadora de la Luz de lo Alto. Déjala salir
hacia el seno del Misterio de donde vino».
«Escucha
también este consejo: Prepárate siempre para acogerla, porque ella nunca deja
de venir. Y si no se ha abierto todo tu ser, pasará de largo y tú,
curiosamente, te sentirás vacío, con un sentimiento de falta de sentido y
significado».
«Siempre que acojas a la Luz beatísima irradiarás bondad y benevolencia. Y
todos se sentirán bien a tu lado».
«Ábrete enteramente a la Luz
hasta que tu mismo te vuelvas plena luz».
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