San Agustín Roscelli, presbítero y fundador
fecha: 7 de mayo
n.: 1818 - †: 1902 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 17 may 1995 - C: Juan Pablo II 10 jun 2001
hagiografía: Vaticano
n.: 1818 - †: 1902 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 17 may 1995 - C: Juan Pablo II 10 jun 2001
hagiografía: Vaticano
En Génova, en Italia, san Agustín
Roscelli, presbítero y fundador de la Congregación de Hermanas de la Inmaculada
Concepción de la Bienaventurada Virgen María, para la formación de las niñas.

Nació en Bargone de Casarza Ligure
(Génova, Italia), el 17 de julio de 1818 de Domingo y María Gianelli; fue bautizado
el mismo día porque se temía por su vida. Su familia, pobre de medios
materiales, fue siempre para él, un ejemplo de fe y de virtudes cristianas.
Inteligente, sensible, más bien reservado, Agustín muy pronto se mostró útil a
la familia en el cuidado del rebaño paterno.
Sus padres lo confiaron al Párroco, el
Padre Andrés Garibaldi, quien le impartió los primeros elementos del saber. En
mayo de 1835, con ocasión de una misión animada por el Archipresbítero de
Chiavari, Antonio María Gianelli, Agustín se sintió decididamente llamado al
sacerdocio y se trasladó a Génova para comenzar los estudios. Los años de
preparación a la ordenación sacerdotal fueron duros y difíciles, debiendo él
mismo afrontar graves desafíos económicos. Lo sostuvieron la voluntad tenaz, la
intensa oración y la ayuda de personas buenas, tales como el canónigo Gianelli
quien, nombrado Obispo de Bobbio en el año 1838, le encontró una ubicación como
clérigo-sacristán y custodio de la iglesia del Conservatorio de las Hijas de
San José en San Rocchino, de la cual Mons. Gianelli era el Director; los
jesuitas después, lo vieron como el «diligente prefecto», como lo afirma el
mismo Rector en 1845.
El 19 de setiembre de 1846, fue ordenado
sacerdote por el Cardenal Plácido María Tadini. El Padre Agustín fue destinado
inmediatamente al populoso barrio de San Martín de Albaro donde, con el
espíritu de Cristo Pastor y con la administración de todos los sacramentos,
inició su humilde servicio en la obra de santificación, dedicándose con esmero,
caridad y con el ejemplo, al crecimiento espiritual del Cuerpo de Cristo. En el
confesionario adquirió un conocimiento concreto de la triste realidad y de los
peligros en los que se encontraban tantas jóvenes que, por motivos de trabajo,
se trasladaban a la ciudad convirtiéndose en fácil presa para los deshonestos.
Allí, su corazón de padre se angustiaba y se conmovía al pensar que tantas
almas sencillas podían perderse, porque se las dejaba solas e indefensas.
En 1858, si bien continuaba a dedicarse
asiduamente al ministerio de la Confesión, aceptó colaborar con el Padre
Francisco Montebruno en la Obra de los Artesanitos. En 1872 amplió su campo de
apostolado. Como ministro de Cristo «tomado entre los hombres y constituido en
favor de los hombres», se consagró enteramente a la obra a la que el Señor lo
había llamado, sin apartarse de las miserias y de las pobrezas morales de su
ciudad, interesándose no sólo de la juventud masculina y femenina, sino incluso
de los detenidos en la cárcel de San Andrés, para llevar el consuelo y la
misericordia del Señor.
En 1874, Capellán del nuevo Horfanatorio
Provincial en la calle «delle Fieschine», se dedicó a los recién nacidos
administrándoles el Bautismo por un lapso de 22 años (de los registros resulta
que los bautizados fueron 8484) y, haciendo suyas las palabras de San Agustín
«la plenitud de todas nuestras obras es el amor», trabajó intensamente incluso
a favor de las madres solteras, las que eran jovencitas sencillas del pueblo
que, por la falta de un trabajo digno y retribuido, se convertían en víctimas
de los malintencionados.
El Padre Roscelli recibió la propuesta de
abrir escuelas-taller por parte de algunas de sus penitentes, espiritualmente
maduras que, condividiendo su deseo de salvar las almas, le ofrecieron su colaboración
para ayudar a tantas jóvenes necesitadas de asistencia moral, de una guía
segura y de ser capaces de ganar honestamente lo necesario para vivir. En estas
sedes, las jóvenes recibían una instrucción moral y religiosa, junto a una
sólida formación humana y cristiana en forma tal que las preparaba para
prevenir o para defenderse de los peligros de la ciudad, y al mismo tiempo las
capacitaba profesionalmente.
La tímida idea de dar vida a una
Congregación religiosa fue estimulada por Mons. Salvador Magnasco y por las
colaboradoras del Padre Roscelli, las maestras de las Casas-Taller, las que
estaban convencidas que la Consagración a Cristo y el empeño de santificación
en la vida comunitaria, son la fuerza del apostolado.
El Padre Agustín, interpeló incluso al
Papa Pío IX y después de haber recibido la respuesta "Deus benedicat te et
opera tua bona" (Dios te bendiga a ti y a tu buena obra), se sometió
totalmente a la voluntad de Dios y el 15 de octubre de 1876 realizó su sueño, y
el 22 del mismo mes, entregó el hábito religioso a sus primeras Hijas a las que
llamó Hermanas de la Inmaculada, indicando a las mismas el camino de santidad,
señalado particularmente por las virtudes propias de quien es el modelo de la
vida consagrada.
Después de las primeras incertezas, su
obra se consolidó y se dilató más allá de los confines de Génova e incluso de
Italia. La existencia terrena del «pobre sacerdote» concluyó el 7 de mayo del
año 1902. Fue canonizado por SS Juan Pablo II el 10 de junio de 2001.
fuente: Vaticano
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1530
can.: B: Benedicto XVI 17 sep 2011
país: Italia - n.: 1863 - †: 1939
país: Italia - n.: 1863 - †: 1939
En Turín, Italia,
beato Francisco Paleari, sacerdote cottolenguino, que se dedicó a los pobres y
a los enfermos en la Pequeña Casa de la Divina Providencia, y a la enseñanza,
distinguiéndose por su afabilidad y paciencia.
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