domingo, 8 de mayo de 2016

San Isaías, santo del AT - San Hermas, santo del NT (9 de mayo)

San Isaías, santo del AT

fecha: 9 de mayo
fecha en el calendario anterior: 6 de julio
†: s. VII a. C.
canonización: bíblico
hagiografía: Comentario Bíblico «San Jerónimo»

Conmemoración de san Isaías, profeta, que en tiempo de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá, fue enviado a un pueblo infiel y pecador para manifestarle al Dios fiel y salvador, en cumplimiento de la promesa hecha por el Señor a David. Conforme ha transmitido la tradición existente entre los judíos, murió martirizado bajo el reinado de Manasés.
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Los Profetas
Lo poco que sabemos de Isaías es lo que el profeta nos dice de sí mismo en Is 1-39. Pertenecía al reino de Judá y profetizó durante cuatro reinados: Ozías (783-742), Jotam (742-735), Ajaz (735-715) y Ezequías (715-687). Se suele admitir, sobre la base de 6,1, que la actividad profética de Isaías dio comienzo el año de la muerte de Ozías. Pero hay que dejar abierta la posibilidad de una actividad anterior a la arrolladura visión de Yahvé entronizado en el templo. Isaías estaba casado y era padre de dos hijos, al menos, cuyos nombres tenían un significado simbólico. Es verosímil que toda la actividad profética de Isaías tuviera por escenario la ciudad de Jerusalén. Aunque el profeta se movía con soltura entre los reyes y tenía fácil acceso a la real presencia, no es de creer que perteneciese a la familia real. Sus títulos de nobleza consisten en su talla humana y la alta misión a que Dios le había llamado.
Esta misión consistió en guiar a Israel a través de una de las peores épocas de su historia. Con la muerte de Ozías tocó a su fin el período de gloria y prosperidad nacional que había disfrutado Judá. La sombra de Asiría, que una vez más empezaba a caminar por los senderos de la conquista, se abatía amenazadora sobre el país. Durante su propia vida Isaías tendría que ver cómo el reino del norte se hundía en el remolino de las conquistas, y su propia patria era invadida por los poderosos ejércitos asirios. Pero en Judá aún era más amenazadora la crisis espiritual que el peligro de destrucción física. La misma avaricia, hipocresía e injusticia que Amos había fustigado en el reino de Israel estaban minando la integridad espiritual de Judá.
A todo ello hay que añadir la pérdida del vigor nacional, que condujo a los dirigentes a buscar la forma de llegar a un acuerdo con Asiría y sus dioses, minando así en sus mismas bases la existencia de Judá como pueblo de la alianza. El rey de Judá pertenecía a la casa de David, a quien había sido prometida una descendencia dinástica eterna (2Sam 7). Con Asiría arrasando todo lo que se le ponía enfrente, muchos judaítas empezaron a dudar de que Yahvé tuviera poder para salvar a la dinastía davídica, según sus promesas. Otros adoptaron una actitud opuesta, pero igualmente falta de espíritu. Interpretando la alianza davídica como una garantía absoluta de invencibilidad, sin que para ello importaran los crímenes de cualquier género que se cometían contra Yahvé, intentaron arrastrar a la nación a una serie de revueltas poco menos que suicidas. Cuando la religión se convierte en una garantía para la injusticia a escala nacional, el fin no está lejano. Nadie supo comprenderlo mejor que Isaías.
Su ministerio puede dividirse en tres períodos, en cada uno de los cuales podemos situar con cierta seguridad un cierto número de los oráculos pronunciados por el profeta:
-El primer período, que se extiende a lo largo de los reinados de Jotam y Ajaz, está representado por el contenido de los caps. 1-12. El punto culminante de esta etapa fue la ruptura de Isaías con Ajaz y su política nacional, en la crisis de 735-733, cuando Siria e Israel formaron una coalición para obligar a Judá a entrar en la rebelión armada frente a Asiría.
-El segundo período nos sitúa en el reinado de Ezequías, que sufrió fuertes presiones por parte de Egipto y de los filisteos para que se les uniese en la sublevación contra Sargón de Asiría. Son pocos los oráculos que pueden asignarse con toda seguridad a esta primera etapa del reinado de Ezequías, cuando toda Palestina vivía bajo la sombra amenazadora de Sargón el Grande. El cap. 20 pertenece con seguridad a esta etapa y, con la ayuda de los anales asirios, puede fecharse en los años 714-711, cuando Asdod y otras ciudades-estados se unieron en un levantamiento contra la poderosa Asiría. La posición adoptada por Isaías aparece clara en este capítulo 20. Caminando por las calles de Jerusalén, descalzo y cubierto tan sólo de un ceñidor, el profeta subrayaba la locura de confiar en Egipto y en sus aliados. Parece ser que en esta ocasión se impuso la política preconizada por el profeta, pues Judá se libró del castigo cuando Sargón sofocó la revuelta.
-El último período coincide con las campañas de Senaquerib en Palestina; este rey sucedió a Sargón en el trono de Asiría en 705. El material en prosa del apéndice histórico (caps. 36-39) nos ofrece importantes noticias sobre aquellos tiempos penosos, que vinieron a dar la razón a las palabras proféticas de Isaías. La actividad militar de Senaquerib en Palestina sigue siendo un problema histórico. En el comentario se adoptará la teoría de las dos campañas, que parece estar más de acuerdo con las pruebas históricas. A esta última etapa de la actividad profética de Isaías corresponden los oráculos reunidos en 28,7-33,24. Isaías llevó adelante su tarea como portavoz de Yahvé durante más de cuarenta largos y difíciles años.
Una tradición tardía y no comprobada supone que sufrió la muerte bajo el impío rey Manases, que rechazó de plano las reformas de su padre Ezequías, es decir que murió en algún momento posterior al año 687 a.C.
Pero Isaías no sólo fue un gran profeta, sino que dejó escuela, y nuevos acontecimientos históricos dieron lugar a que su posición espiritual ante la historia, la primacía de la fidelidad a la Alianza con Dios, fuera revitalizada y releída en nuevos contextos. Así, cuando siglo y medio más tarde el pueblo de Judá está en el exilio babilónico, un profeta anónimo -al que llamamos Segundo Isaías- le lleva de parte de Dios una lectura de la historia donde ese exilio no es el signo del fracaso, sino el compás de espera de un nuevo triunfo de Dios: «Consolad, consolad a mi pueblo...» (Is 40,1). Y a su vez, cuando la nueva etapa que se abrió con la vuelta del destierro exige leer de nuevo los signos de los tiempos para volver a encontrar la Alianza, un nuevo profeta, también anónimo -al que llamamos Tercer Isaías-, imbuido del «espíritu isaiano», alzará su voz: « Alegraos, Jerusalén, y regocijaos por ella todos los que la amáis, llenaos de alegría por ella todos los que por ella hacíais duelo...» (Is 66,10). La tradición posterior ha compilado estos «tres Isaías» en un mismo libro, que es el que conocemos con el nombre de Libro del profeta Isaías, pero que realmente comprende varios siglos de historia viva de la Alianza de Dios con su pueblo. En la memoria de hoy celebramos al Isaías que más conocemos, autor de los oráculos de Is. 1-39, pero también con él a toda una manera de permanecer proféticamente atentos a los signos de Dios en la historia.
Excepto el último párrafo, todo el texto es de Frederick L. Moriarty, SJ, en «Comentario bíblico San Jerónimo», vol 1, Cristiandad, 1971, pp 705-707. El último párrafo fue redactado en ETF.
El cuadro es de Raphael, de 1511-12, fresco en la iglesia de San Agustín, en Roma.
fuente: Comentario Bíblico «San Jerónimo»
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1547



San Hermas, santo del NT

fecha: 9 de mayo
†: s. I
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa

Conmemoración de san Hermas, mencionado por san Pablo en la Carta a los Romanos.
Herodión, Asíncrito y Flegón (8 de abril), Hermas (9 de mayo), Prisca y Aquila (8 de julio), Febe (3 de septiembre), Rufo (21 de noviembre), son nombres que provienen del capítulo final de la Carta a los Romanos, de los saludos, y que la tradición martirológica ha incorporado a las celebraciones de los santos, no sólo en el Martirologio Romano, sino desde muchos siglos antes, en martirologios tan antiguos como el Hieronymianum, o el de Usuardo. En la carta a los Romanos se nombran muchos más -todo el capítulo 16 es un largo recuerdo de nombres-, e incluso en otras cartas tenemos más nombres que van salpicando las referencias de san Pablo a las comunidades con las que tenía trato. Todos esos personajes, aunque de ellos sólo se nos conserva el nombre, son en definitiva los santos de la primera hora cristiana, los que cimentaron la Iglesia, humanamente hablando. La Iglesia inicial no se reduce a la Virgen, los Doce y san Pablo, hay muchos, muchísimos más creyentes que fueron aceptando la fe, y propagándola entre sus familiares y conocidos; de hecho el Nuevo Testamento los llama a todos, sin más, apóstoles (ver Rom 16,7). ¿Por qué entonces estos y no otros han sido recogidos en la memoria santoral? Habremos de decir que en definitiva la intención del Martirologio al inscribirlos no es tanto la exhaustividad, cuanto resumir en ellos este vastísimo conglomerado de casi anónimos creyentes que pusieron cuerpo concreto a la Iglesia de los primeros años.
Pero es verdad que al escogerse estos nombres y no otros, la tradición ha optado en muchos casos por personajes que parecían emblemáticos, por alguna obra o anécdota que se le atribuyera, aunque luego resultara ser una atribución incorrecta. Por ejemplo, el 21 de noviembre celebramos a san Rufo, mencionado un versículo antes que Hermas; pero sin duda que este nombre entró al santoral porque se consideró durante algún tiempo que debía identificarse con el Rufo que es hijo de Simón de Cirene, según Marcos 15,21. La memoria oral tiende a realizar tales síntesis.
En el caso de Hermas, fue famoso en el siglo II y también después, un libro que llegó a ser tan difundido en las asambleas cristianas, que muchos consideraron que formaba parte del canon; un apocalipsis llamado «El Pastor, de Hermas», escrito quizás a inicios o a mediados del siglo II. Es una obra de las más importantes de la primera patrística cristiana, cuyo autor se identifica como Hermas, ex esclavo, de origen judío. Efectivamente Hermas es un nombre de esclavo, atestiguado también por otras fuentes... pero a la tradición oral le faltó tiempo para identificar a ese autor con el Hermas de Carta a los Romanos. Así, Eusebio de Cesarea dirá -cuando trata de los libros aceptados y los rechazados en el canon de la Iglesia en el siglo IV-: «el mismo apóstol, en su salutación final de la Epístola a los Romanos, hace mención, junto con otros, de Hermas (de quien, según dicen, es el libro del Pastor), ha de saberse que también algunos rechazan este libro, y que por causa de ellos no se lo puede poner entre los admitidos...» (Hist. Ecl. III,3,6)
De esa identificación tomaba el antiguo Martirologio Romano -copiando al de Usuardo- el elogio: «En Roma san Hermas, del que el Apóstol Pablo hace memoria en la Carta a los Romanos. Este mismo Hermas, que se sacrificó a Dios haciéndose a sí mismo hostia digna y agradable, resplandeciente en virtudes pidió los reinos celestes.» Todas las referencias que aparecen en la segunda parte del elogio provienen del «Pastor». En realidad nunca hubo acuerdo sobre la identidad entre el autor del escrito y el mencionado por Pablo (ya vimos que Eusebio lo da como una identificación que hacen «algunos»), y en la actualidad ya nadie queda que afirme que los dos Hermas son la misma persona, por lo que el nuevo Martirologio Romano ha dejado sólo la mención del discípulo de Pablo.
Ver Acta Sanctorum, mayo, II, pág. 360, para los martirologios históricos y algunos otros interesantes testimonios. Para el libro del «Pastor», auqnue colaterala esta celebración de hoy, puede verse la Patrología de Quasten, tomo I.
Abel Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1548

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