San Pacomio, abad
fecha: 9 de mayo
n.: c. 292 - †: 347/348 - país: Egipto
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 292 - †: 347/348 - país: Egipto
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En la región de Tebaida, en Egipto, san
Pacomio, abad, que, cuando aún era pagano, se sintió impresionado por el
testimonio de caridad cristiana para con los soldados detenidos en la cárcel
común y, después de abrazar el cristianismo, recibió el hábito monástico de
manos del anacoreta Palamón. Al cabo de siete años, por inspiración divina fue
abriendo numerosos monasterios con el fin de recibir a los monjes en régimen de
vida común, y escribió para ellos una célebre Regla.
refieren a este santo: San Palemón, San Teodoro de
Tabennesi

Aunque generalmente se considera a san
Antonio como el fundador del monaquisino cristiano, san Pacomio el Viejo tiene
todavía mayor derecho a ese título. En efecto, aunque él no fue el primero que
reunió comunidades numerosas de ascetas cristianos, fue el primero que les dio
una verdadera organización y dejó reglas escritas. Pacomio nació de padres
paganos en la Tebaida superior hacia el año 292. A los veinte años fue llamado
al servicio militar en los ejércitos imperiales. Durante la travesía del Nilo,
que se realizó en pésimas condiciones, los cristianos de Latópolis (Esneh),
compadecidos de Pacomio y sus compañeros, los trataron con gran bondad. Pacomio
no olvidó nunca ese ejemplo de caridad. Tan pronto como terminó el servicio
militar, volvió a Khenoboskion (Kasr-as-Syad), donde había un templo cristiano,
y entró a formar parte de los catecúmenos. Después del bautismo, su principal
preocupación fue encontrar la manera de corresponder perfectamente a la gracia
que había recibido. Cuando oyó decir que un ermitaño llamado Palemón servía
a Dios con gran perfección en el desierto, fue a buscarle y le rogó que le
tomase por discípulo. El anciano anacoreta no le ocultó las dificultades de la
vida solitaria, pero Pacomio no se amedrentó. Después de prometer obediencia a
su maestro, recibió el hábito. Ambos anacoretas llevaban una vida muy austera.
Sólo comían pan y sal; no bebían vino ni empleaban aceite; oraban buena parte
de la noche y, con frecuencia, pasaban la noche entera sin dormir. Unas veces
recitaban juntos todo el salterio; otras, se dedicaban al trabajo manual en
tanto que su espíritu oraba. Un día que Pacomio había ido, como acostumbraba
hacerlo de vez en cuando, a un vasto desierto de las riberas del Nilo, llamado
Tabennisi, oyó una voz que le ordenaba fundar ahí un monasterio; al mismo
tiempo, se le apareció un ángel, el cual le instruyó sobre la vida religiosa.
Pacomio contó lo sucedido a Palemón, quien se trasladó con él a Tabennisi,
hacia el año 318, le ayudó a construir una celda y permaneció con él algún
tiempo.
El primer discípulo que se reunió con san
Pacomio en Tabennisi, fue su hermano mayor, Juan. Pronto acudieron otros
discípulos y, al poco tiempo, la comunidad contaba ya con más de cien monjes.
San Pacomio los condujo a una alta perfección, sobre todo dándoles ejemplo de
fervor. El santo vivió quince años sin acostarse. Tomaba su frugal comida
sentado en una piedra y, desde el momento de su conversión, nunca comió hasta
saciarse. Sin embargo, acomodaba sus exigencias a la capacidad de cada uno de
los monjes y no se negaba a aceptar a los candidatos más ancianos y débiles.
Estableció, además, otros seis monasterios en la Tebaida. A partir del año 336,
fijó su residencia en el monasterio de Pabau, cerca de Tebas, que llegó a ser
más famoso que Tabennisi. Para que los pastores pudiesen asistir a los divinos
misterios, fundó también una iglesia, en la que ejerció algún tiempo el cargo
de lector; pero sus discípulos no pudieron nunca persuadirle a que recibiese la
ordenación sacerdotal ni a permitir que sus monjes se ordenasen, aunque no
rehusaba la admisión en el monasterio a quienes ya eran sacerdotes. San Pacomio
se opuso valientemente a los arríanos y, el año 333, recibió la visita de san Atanasio.
A instancias de su hermana, a la que nunca quiso volver a ver, construyó un
convento para religiosas del otro lado del Nilo. Convocado ante un sínodo en Latópolis
para responder a ciertas acusaciones, san Pacomio dio muestras de tal humildad,
que todos quedaron maravillados. Ciertamente san Pacomio practicó la humildad y
la paciencia en grado heroico. Dios obró por su intercesión numerosas
curaciones.
El santo murió el 15 de mayo de 348,
durante una epidemia que diezmó a los monjes. A su muerte, había ya tres mil
monjes en los nueve monasterios que dirigía. Casiano cuenta que cuanto más
numerosas eran las comunidades, más perfecta era su disciplina, ya que todos
los monjes obedecían al superior con la prontitud de una sola persona. Para
mantener la observancia, san Pacomio tenía la costumbre de clasificar a sus
subditos en veinticuatro categorías, según las letras del alfabeto; así, por
ejemplo, la "iota" significaba que se trataba de un monje sencillo e
inocente; la "beta" indicaba que tenía un carácter terco y difícil,
etc. Los monjes vivían en grupos de tres en cada celda, repartidos según sus
oficios, y se reunían los sábados y domingos para los oficios de la noche y la
misa. Se daba gran importancia a la lectura de la Biblia, y los monjes
aprendían de memoria pasajes enteros. Generalmente, los discípulos de san
Pacomio eran gentes del pueblo.
No todos los autores prestan fe a la
leyenda de que un ángel se apareció a san Pacomio y le ordenó fundar un
monasterio en Tabennisi y, mucho menos, que le dio las reglas escritas sobre
una tabla de bronce. Sin embargo, el resumen de las reglas, que se halla en la
"Historia Lausiaca" de Paladio, no es una caricatura de las
costumbres de los monjes. Tal vez el origen de las reglas de san Pacomio es
legendario y sería muy difícil determinar exactamente su contenido; pero no se
puede negar que los textos griego y etíope se parecen al original sahídico, que
sólo conocemos a través de la traducción que hizo san Jerónimo, valiéndose de
un intérprete. Probablemente es verdad que, como lo hace notar Paladio, san
Pacomio mitigaba la regla sagún las posibilidades de cada monje. En efecto, una
de las reglas que el ángel dio al santo decía: «Dejarás que cada uno coma y
beba según sus fuerzas, y le darás un trabajo proporcionado a ellas. No
prohibas a nadie comer o beber. Pero haz que los que comen y tienen más
fuerzas, ejecuten los trabajos que exigen mayor vigor y deja para los más débiles
y ascéticos los trabajos menos pesados». De igual modo, Paladio refleja
probablemente la práctica usual cuando escribe: «Que no duerman acostados, sino
sentados en sillas inclinadas, que son fáciles de construir. Durante la comida,
los monjes deben tener el capuchón bajado para que nadie vea masticar a su
vecino. Los monjes no deben hablar en la mesa ni mirar más allá de su plato».
Una cosa es cierta, a saber: que san Benito, el fundador del monaquismo en
occidente, tomó muchas cosas de las reglas de san Pacomio. En su edición de la
Regula S. Benedicti, el abad Cuthbert Butler cita treinta y tres veces las
Pachomiana de san Jerónimo; pero, más que en las frases, el parecido de la
regla de san Benito con la regla «angélica» está en el espíritu.
San Pacomio es probablemente el santo
oriental que mayor interés ha despertado en los últimos años. Se han
descubierto varios textos coptos (es decir, sahídicos), aunque por desgracia
casi todos son fragmentarios. También se han editado en diversas lenguas otros documentos
a los que en el pasado se había prestado menos atención. Esto se debe en gran
parte al trabajo de los antiguos bolandistas (Acta Sanctorum, mayo, vol II) ;
pero en el siglo XVII era imposible investigar a fondo en las fuentes
orientales. La actual generación de bolandistas publicó una magnífica edición
de S. Pachomii Vitae Graecae (1932), dirigida por el P. F. Halkin. A esta gran
obra hay que añadir el estudio, no menos importante, de L. T. Lefort, S.
Pachomii Vitae Sahidicae Scriptae (publicado en dos partes en el Corpus
Scriptorum Christianorum Orientalium, 1933 y 1934), y su edición de la
biografía bohaírica de san Pacomio (1925) y Vies coptes de S. Pacomé, en la
misma colección. Sobre estas obras cf. Analecta Bollandiana, vol. II (1934),
pp. 286- 320, y vol. LXIV (1946), pp. 258-277. Entre otras obras de
investigación hay que mencionar la de A. Boon, Pachomiana latina (1932), que es
un ensayo sobre la traducción jeronimiana de la regla, con un apéndice sobre
los textos griego y copto. Ver también B. Albers, S. Pachomii... Regulae
Monasticae (1923). Entre los estudios más antiguos merecen especial atención el
ensayo de F. Ladeuze, Le Cénobitisme Pakhomien y el largo artículo de H.
Leclercq sobre el "monaquismo" (DAC, vol. xi, 1933), sobre todo ce.
1807-1831, donde se hallarán numerosas referencias bibliográficas. Existen
también algunas biografías en sirio y en árabe, con ligeras variantes. M.
Amélineau, que fue uno de los primeros que tomaron en cuenta los textos coptos,
publicó en 1887 Etude historique sur S. Puchóme. En 1948, con motivo del
decimosexto centenario de san Pacomio, celebrado en Egipto, varios
historiadores y autoridades eclesiásticas de diferentes países publicaron un
volumen de conferencias, titulado Pachomiana. Sobre la Regla Angélica y el
monaquismo de occidente, véase J. McCann, St Benedict (1938), p. 152 y ss.,
passim. Pero, a pesar de todas las investigaciones que se han llevado a cabo,
la vida y la obra de san Pacomio plantean todavía muchos problemas, como lo
confiesan autoridades de la talla del P. Paul Peeters. Nota de ETF: sin ninguna
pretensión de exhaustividad, agrego la bibliografía de la noticia del Año
Cristiano 2003, por contar con algunos títulos referidos a Pacomio un poco más
recientes que los mencionados en el Butler: Bacht, H., «Pacóme (Samt)», en
Dictionnaire de spiritualité, ascétique et mystique, XlI/1: Pacaud-Photius
(París 1984), cols.7-16. Colombas, G. M., La tradición benedictina. Ensayo
histórico. 1: Las raíces (Zamora 1989), 229-262. Deseilie, P., El espíritu del
monacato pacomiano. Seguido de la traducción española de la Pacomia latina
(Monasterio de las Huelgas, Burgos 1986). Di Sprez, V., «Le cénobitisme
pacómien»: Lettre de Ligugé (1988) n 243, p.8-25; n.245, p.14-27, n.246,
p.12-26.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?ids=1549
can.: pre-congregación
país: Irak-Irán - †: c. s. IV
país: Irak-Irán - †: c. s. IV
En Persia, trescientos
diez santos mártires.
can.: pre-congregación
país: Francia - †: s. IV
país: Francia - †: s. IV
En Vienne, en la Galia
Lugdunense, san Dionisio, obispo.
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