San Simón Stock, monje y presbítero
fecha: 16 de mayo
n.: c. 1200 - †: 1265 - país: Francia
otras formas del nombre: Simón Anglo
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 1200 - †: 1265 - país: Francia
otras formas del nombre: Simón Anglo
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Burdeos, en el territorio de Gascuña,
san Simón Stock, presbítero, que, primero ermitaño en Inglaterra, ingresó
después en la Orden de los Carmelitas, que guió admirablemente, siendo célebre
por su devoción singular a la Virgen María.
refieren a este santo: Bienaventurada
Virgen María del Monte Carmelo, Beata Juana de
Toulouse

San Simón Stock fue indudablemente un
destacado miembro de la Orden del Carmelo en una época crítica de su historia,
y su nombre, relacionado con la revelación del escapulario,
es conocido de todos los católicos. Sin embargo, hemos de confesar que sabemos
realmente muy poco sobre su vida y su carácter. Se dice que tenía cien años
cuando murió, en Burdeos, el 16 de mayo de 1265; pero el dato procede de un
catálogo de santos carmelitas redactado más de un siglo y medio después y, por
consiguiente, es de autenticidad dudosa. Por otra parte, es inverosímil que el
santo haya sido elegido prior general de la orden a los ochenta y dos años y
que haya podido viajar, a esa edad, a sitios tan alejados como Inglaterra,
Sicilia, Gascuña y Bolonia. El catálogo arriba citado cuenta que san Simón era
vegetariano; como le ofreciesen un día un pescado asado, el santo dio la orden
de que lo echaran de nuevo al río y ¡el pez volvió a nadar como si nada hubiera
pasado! Tampoco tiene ningún fundamento la leyenda donde se afirma que se dio a
san Simón el apellido de Stock (en inglés esta palabra significa «tronco»)
porque de joven había vivido como anacoreta en el hueco de un tronco. En
general, los datos que poseemos sobre el santo antes de 1247, se reducen a
simples conjeturas.
El P. Benito Zimmerman supone, con
bastante probabilidad, que después de haber vivido algunos años como ermitaño
en Inglaterra, Simón se trasladó a Tierra Santa. Ahí entró en contacto con
algunos de los primeros carmelitas, que originalmente eran ermitaños, e ingresó
en dicha orden. Los sarracenos hicieron imposible la vida a los carmelitas,
quienes se vieron obligados a disolver las comunidades de oriente y a emigrar a
Europa. Según parece, san Simón regresó a Kent, donde había nacido. Como era un
hombre muy vigoroso y de excepcional santidad, el capítulo general de
Aylesford, de 1247, le eligió para suceder a Alan en el cargo de superior
general.
Bajo el gobierno del santo, la orden
creció mucho. El P. Zimmerman escribe: «San Simón estableció conventos en cuatro
ciudades universitarias: Cambridge, Oxford, París y Bolonia. Con ello
ingresaron en la orden muchos jóvenes, algunos de los cuales no eran tal vez
muy maduros. Además, san Simón fundó cierto número de conventos en Inglaterra e
Irlanda y tal vez, también en Escocia, en España y en diversos países del
continente europeo». Es de suponer que, bajo el gobierno del santo, la regla
que había sido concebida originalmente para ayudar a los ermitaños a alcanzar
la perfección, fue adaptada a las nuevas necesidades de una orden de frailes
mendicantes, dedicados a la predicación y al ejercicio de los ministerios
sacerdotales. El Papa Inocencio IV, en 1247, aprobó las nuevas constituciones.
En 1252, el mismo Sumo Pontífice publicó una carta en defensa de los carmelitas,
cuyo éxito provocó la envidia y la hostilidad del clero en varios países.
Por aquellos mismos días tuvo lugar, según
se cree piadosamente, la aparición de la Santísima Virgen a san Simón, cuando
le comunicó el extraordinario privilegio del escapulario. La Madre de Dios
llevaba el escapulario en la mano y dijo a Simón: «Cuantos mueran con este
hábito se salvarán. He aquí el privilegio que te concedo a ti y a todos los
carmelitas». No vamos a discutir aquí este punto que ha suscitado controversias
durante tantos siglos. Lo único que podemos decir es que las pruebas de la
historicidad de la aparición no son muy satisfactorias, ya que no existe ningún
documento de la época que haga mención de ese suceso. Pero lo cierto es que la
devoción del escapulario se ha extendido en toda la Iglesia y ha sido
enriquecida con indulgencias por varios Papas. En la liturgia de los carmelitas
calzados se conservan dos antífonas, la «Flos Carmeli» y el «Ave Stella
Matutina», que se atribuyen unánimemente a san Simón y muestran la devoción que
profesaba a la Santísima Virgen. San Simón no ha sido canonizado oficialmente y
su nombre aparece en el Martirologio Romano sólo como culto autorizado (es
decir, equivalente a beato); pero la Santa Sede ha dado permiso de celebrar su
fiesta a la Orden del Carmelo y a las diócesis de Birmingham, Northampton y
Southwark. Se cuenta que el santo obró numerosos milagros en Burdeos, donde fue
sepultado. Sus restos fueron solemnemente trasladados, en 1951, al nuevo
convento de Aylesford, en Kent.
Prácticamente todos los documentos
auténticos sobre el santo se hallan reunidos en Monumento Histórica Carmelitana
(1907) del P. Benito Zimmerman, O.D.C. Véase también su artículo en The Month
(oct. 1927), y De sacro Scapulari Carmelitano en Analecta OCD., vol. II
(1927-1928), pp. 70-89. La obra del P. B.M. Xiberta, De visione Sti. Simonis
Stock (1950), representa bien la actitud conservadora de la Orden del Carmelo
en lo referente a la entrega del escapulario. Como ilustración de la actitud
extremista, véase H. Thurston en The Month (junio y julio de 1927). Cf. Études
Carmélitaines, vol. XIII (1928), pp. 1 ss.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1645
Santos Abdas, Abieso, y treinta y ocho compañeros, mártires
fecha: 16 de mayo
†: 375-376 - país: Irak-Irán
otras formas del nombre: Abdjesus, Ebediesus, Abdiso
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
†: 375-376 - país: Irak-Irán
otras formas del nombre: Abdjesus, Ebediesus, Abdiso
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
En Persia, santos Abdas y Abieso,
obispos y mártires, que fueron inmolados en tiempo del rey Sapor II, junto con
treinta y ocho compañeros.
La Iglesia ha sido siempre (y lo sigue
siendo) martirial; el testimonio de los mártires la sostiene y hace crecer.
Así, cuando en los primeros años del siglo IV acabaron la más terribles
persecuciones romanas, comenzaron sin descanso en otros sitios. Aunque en ese
siglo no faltaron martirios en el Imperio, puede contarse la persecución del
rey sasánida Sápor II de Persia (actuales Irak e Irán) como de las más
numerosas de la antigüedad.
Este rey llevó al imperio sasánida a la
plenitud de su capacidad militar y de conquista. Se sacudió los límites que
territoriales que le imponían una paz con Roma firmada a fines del siglo
anterior por su padre, y amplió las fronteras de su dominio. Esto ocurría
siendo emperador romano Constantino, que acababa de dictar su edicto de
tolerancia, que en la práctica implicó una promoción del cristianismo en el
Imperio. Los cristianos devinieron así de enemigos en amigos de Roma. Sápor,
que alentaba el mazdeísmo -con su culto al sol- como fuerza espiritual
aglutinante de su reinado, veía en los cristianos una peligrosa presencia
romana.
El grueso de la persecución duró un siglo
(del 342 al 450, más allá del reinado de Sápor II), y se cobró miles de
testigos. El historiador eclesiástico Sozómeno, que vivió apenas un siglo
después habla de que sólo en época de Sápor se pueden contar 16 mil víctimas.
Entre ellas muchos obispos, dos de los cuales celebramos hoy; pero el nombre de
la mayor parte de los mártires de este período es desconocido: presbíteros,
diáconos, monjes, vírgenes, laicos que en un incontable número llenan las
listas de la iglesia oriental. En el martirologio Romano no están representados
todos, sólo aquellos que en la tradición occidental se fueron conociendo, sobre
todo con el traslado de sinaxarios (santorales) orientales a Roma y otras
ciudades.
El Sinaxario Constantinopolitano registra
en esta fecha los nombres de dos obispos, Abdas y Abdieso, y un número de
compañeros de martirio que aparece de distintas formas según las distintas
copias o recensiones; en algunas pasa el centenar, en otras son cerca de
setenta personas, etc. El Martirologio actual opta por una lista moderada,
representada en los manuscritos más antiguos, de treinta y ocho acompañantes de
distintos estados eclesiásticos, todos anónimos.
«Interrogados por el rey, confesaron a
Cristo, y enviados a comparecer ante Arthes, hermano del rey, para ser
sometidos por él a tormentos. Cuando estuvieron ante él, prudentemente
respondieron con razones, dejándolo perplejo. Fueron atados con cuerdas a
maderos, y sus huesos descoyuntados. Tanto los obispos como sus compañeros
fueron sometidos a tales violencias, que se oía el ruido de los huesos al
romperse. Luego de siete días, casi muertos, fueron puestos en la cárcel, sin
que se les diera ninguna comida. Pero recibiendo por la ventana pan y agua de
algunas mujeres, glorificaban a Dios. Luego fueron sacados de la cárcel,
expuestos a los rayos del sol, apedreados en la boca, y sus cabezas cortadas.»
Así narra el Sinaxario Constantinopolitano
la gloriosa gesta de estos mártires, que en el Martirologio Romano queda como
representante, junto con unas pocas entradas más, de una persecución que, no
por desconocida entre nosotros, fue menos cruel -pero a la vez fecunda- que las
del Imperio Romano.
Ver Acta Sanctorum, mayo III, pág. 574 (de
allí traduje el texto del sinaxario). Sozómeno, Historia Eclesiástico, libro
II, cap. 15. Leclerq, Les Martyrs, tomo III pass.
Abel Della Costa
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