domingo, 8 de mayo de 2016

Santa Magdalena Cannosa - Beato Russolillo (8 de mayo)

Santa Magdalena Cannosa

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 Santa Magdalena de Canossa
Mujer que creyó en el Amor del Señor Jesús, fue enviada por el Espíritu entre los hermanos más menesterosos a   los que sirvió con corazón de madre y ardor de apóstola.
Nace en Verona el 1 de marzo de 1774 de noble y rica familia, tercer nacida de seis hermanos.
A través de etapas muy dolorosas, como la muerte de su padre, las segundas   nupcias de su madre, la enfermedad y la incomprensión, el Señor la guía   hacia caminos imprevedibles que Magdalena intenta recorrer con muchos   esfuerzos.
UNA LLAMADA
Atraída por el Amor de Dios, a los 17 años desea consagrar   su vida a El y por dos veces intenta la esperiencia del Carmelo.
Pero su Espíritu la solicita interiormente a recorrer un   nuevo camino: dejarse amar por Jesús, el Crucificado, pertenecer a Él sólo   para dedicarse completamente a sus hermanos afligidos por distintas pobrezas.
Vuelve a su familia y, obligada por eventos dolorosos y   trágicas situaciones históricas de fines del siglo XVIII, encierra en el   secreto de su corazón la vocación y participa en la vida del Palacio Canossa   aceptando la gestión del cuantioso patrimonio familiar.
UN DON
Con empeño y dedicación, Magdalena cumple con sus deberes   diarios y amplía su círculo de amigos, quedando disponible a la misteriosa   acción del Espíritu que, poco a poco, plasma su corazón y la hace   partícipe de la pasión del Padre para el hombre, demostrada en el don   completo y supremo de Jesús Crucificado, en el ejemplo de María, la Virgen   Madre Dolorosa.
Prendida por esta caridad, Magdalena oye el grito de los   pobres hambrientos de pan, instrucción, comprensión y de la Palabra de Dios.   Ella los descubre en los barrios periféricos de Verona, donde los reflejos de  la Revolución francesa, las subsiguientes dominaciones de Emperadores   extranjeros y las Pascuas de Verona, habián dejado signos de patente   devastación y de sufrimiento humano.
Magdalena busca y encuentra a las primeras compañeras   llamadas a seguir Cristo pobre, casto, obediente y enviadas a testimoniar su incondicionada Caridad entre los hermanos.
En 1808, superadas las últimas oposiciones de su familia, Magdalena deja definitivamente el Palacio Canossa para empezar, en el barrio más pobre de Verona, aquella que interiormente reconoce como la voluntad del Señor: servir a los más necesitados con el corazón totalmente plasmado en Cristo.
¡La Caridad es un fuego que inflama! Magdalena está dispuesta   al Espíritu que la guía también entre los pobres de otras ciudades: Venecia,   Milán, Bérgamo, Trento ... En pocos decenios, las fundaciones de la Canossa   se multiplican, la familia religiosa crece al servicio del Reino.
El amor por Cristo Muerto y Resucitado arde en el corazón de Magdalena que, con sus compañeras, se vuelve testimonio del mismo Amor en cinco sectores específicos: la escuela de caridad por el crecimiento integral de la persona; la catequesis a todas las clases, privilegiando a los más lejanos; la asistencia sobre todo hacia las enfermas en los hospitales; seminarios residenciales para formar maestras, que obrasen en el campo, y   preciosas colaboradoras de los párrocos en las actividades pastorales; cursos   de ejercicios espirituales anuales para las damas de la alta nobleza, con el   fin de animarlas espiritualmente y envolverlas en los distintos ámbitos   caritativos.
Más tarde, esta actividad es dirigida a cualquier clase de   personas.
Alrededor de la figura y de la obra de Magdalena nacen   constantemente otros testimonios de la Caridad: la Naudet, el Rosmini, el   Provolo, el Steeb, el Bertoni, la Campostrini, la Verzeri, la Renzi, los   Cavanis, el Leonardi, todos fundadores de otras Familias religiosas.
UNA FAMILIA
La Institución de las Hijas de la Caridad obtiene, entre 1819   y 1820, la aprobación eclesiástica en las distintas diócesis donde las   Comunidades ya están presentes.
El 23 de diciembre de 1828, Su Santidad león XII aprueba la   Constitución del Instituto con el Breve Si Nobis.
Después de repetidos intentos negativos con Don Antonio   Rosmini y con Don Antonio Provolo, hacia el fin de su vida, Magdalena   consigue empezar también el Instituto masculino que proyectó ya desde 1799.
En Venecia, el 23 de mayo de 1831, abre el primer oratorio de   los Hijos de la Caridadpara la formación cristiana de los jóvenes y de los   adultos, entregándolo al Sacerdote veneciano Don Francesco Luzzo, coadyuvado   por dos laicos de Bérgamo: Giuseppe Carsana y Benedetto Belloni.
Magdalena acaba su intensa y fecunda existencia terrena a la edad de 61 años.   Muere en Verona el 10 de abril de 1835 asistida por sus Hijas. Era Viernes   Santo.
UNA MISIÓN
¡Hagan conocer sobre todo a Jesucristo! la grande pasión del   corazón de Magdalena, es la grande herencia que las Hijas y los Hijos de la   Caridad están llamados a vivir, una disponibilidad radical, "dispuestos   por el divino servicio a ir a cualquier pueblo, aun al más lejano" (Magdalena,   EpII / I, p. 266).
Las Hijas de la Caridad cruzan el Océano hacia el Extremo   Oriente en 1860. Hoy son cerca de 4000, presentes en los cinco continentes,   divididas en 24 Organismos.
Los Hijos de la Caridad son cerca de 200 y obran en distintas   ciudades de Italia y de ultramar.
Hermanas y Hermanos Canosianos llamados "ad Gentes"   tratan de entender y acogen "las semillas del verbo", presentes en   cada cultura y, con sus testimonios, anuncian "lo que han visto, oído y   contemplado...": el Amor del Padre que en Jesucristo alcanza a todos los   hombres para que haya vida y, en este dar y recibir, el carisma se enriquece y   se vuelve fecundo para el Reino.
El carisma que es el Espíritu Santo en Magdalena seguramente   no agota su vitalidad en la realización de los dos Institutos.
Como consecuencia, distintos grupos laicos encuentran en   Magdalena y en su don, su especial manera de vivir la fe, de testimoniar la   caridad en los distintos ámbitos apostólicos de las distintas comunidades   cristianas.
UN CANTO DE GRATITUD
La Iglesia nos propone a todos a Magdalena, y en especial, a   sus Hijos e Hijas, como un testigo del Amor gratuito y fiel de nuestro Dios.
A Él damos gracias por el don de esta Madre y Hermana y por   su intercesión pedimos de poderlo amar como Ella, por encima de cualquier   otra cosa y hacerlo conocer a los hombres de nuestro tiempo, viviendo nuestra   específica vocación.






Dios Omnipotente y Eterno que  das a tus Santos una gran luz   y un fuerte sostén para la debilidad humana, dígnate escuchar nuestra oración  por intercesión de Santa Magdalena de Canossa.  Danos la gracia de seguir a Cristo humilde y pobre y de caminar,  como María, en la fidelidad a tu Palabra, para llegar hasta Ti y participar un día  de tu gloria con todos los santos.  Por Cristo Nuestro Señor.







Beato Russolillo

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Beato Justino María Russolillo
POZZUOLI, domingo 8 de mayo de 2011.- “Haceos santos, de verdad que todo lo demás es cero”. Era el lema de Justino María Russolillo, fundador de la sociedad de las Divinas Vocaciones, quien fue beatificado este sábado en una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato SDB, prefecto para la Congregación de la Causa de los Santos, en representación del Papa Benedicto XVI.
Dondequiera que iba, su objetivo principal era la búsqueda y el cultivo de las vocaciones, especialmente entre los pobres y los desfavorecidos. La Santísima Trinidad, la Sagrada Familia y la Iglesia fueron los tres grandes pilares para su obra.
El viernes su cuerpo fué expuesto a las 18:30 horas en la Iglesia – cripta del vocacionario de Pianura, (municipio cercano a Nápoles), su lugar nativo, donde se celebró una liturgia de la palabra.
Don Justino, como le llaman sus devotos, nació en Pianura, 18 de enero de 1891. Su familia era sencilla y rica en valores cristianos. Fue educado, especialmente por su tía Michelena. Desde pequeño ya mostraba una inclinación a la vida sacerdotal: “Junto con sus amiguitos improvisaba pequeñas procesiones y liturgias en el patio de la casa paterna”, dijo el postulador para su causa, padre Giacomo Capraro SDV. 
Era el tercero de diez hijos de una familia acomodada. Su hermano Ciro también entró a ser sacerdote vocacionista y su hermana Giovanna fue religiosa y la primera superiora general de la rama femenina de esta comunidad. 
La familia pasó por un momento difícil económicamente y aún así él se empeñaba en su llamado al sacerdocio. “No te preocupes, que empeñaría mis ojos con tal de hacerte sacerdote”, le dijo un día su madre. 
Era tan destacado en el seminario que el padre Antonio Stravino, en ese entonces rector del Pontificio Seminario Regional de Napoli-Posillipo dijo un día: “Si tuviéramos 30 alumnos como Russolillo, seríamos el seminario más envidiado de Italia”.
“Siempre se dejó guiar por el padre espiritual mostrando gran disponibilidad a las divinas inspiraciones y atribuyendo una gran obediencia a sus directores espirituales”, asegura el padre Capraro. 
Cuando era joven seminarista, el 16 de julio de 1912 participó en una lectura de la circular consistorial en la que invitaba a todos los ordinarios de Italia a examinar la situación de los seminarios.
“Don Justino la meditó. ¡El beato tenía sólo 21 años!”, anota el padre Caprarro. “Ese fue el motivo inspirador para una familia religiosa dedicada enteramente a la formación y a la cultura de las vocaciones al estado eclesiástico – religioso”, agrega.
Era el inicio de la Sociedad de las Divinas Vocaciones. Así instituyó los vocacionistas, una casa para educar a quienes presentan signos de vocación pero tuvieran una orientación adecuada. 
Las dos congregaciones religiosas vocacionistas se convirtieron luego en congregaciones de derecho pontificio. La primera en 1948 y la segunda en 1947.
Estas comunidades se encuentran en diferentes diócesis de Italia, así como en Francia, Brasil, Argentina, Estados Unidos, Nigeria, India, Filipinas, Madagascar, Colombia y Ecuador.
“Los padres y hermanas vocacionistas deben ser para quienes se inician en la vocación a la vida consagrada como los padres y las madres: prontos a educar a quienes la Divina Providencia ha llamado a donarse para la Iglesia”, dice el postulador de don Justino, que pertenece a esta comunidad.
Pero no sólo la acción caracteriza a los miembros de esta familia espiritual. El padre Russolillo dijo a sus hijos que deberían dedicar tres santas horas al día: “una a la lectura espiritual, una a la meditación y una al trabajo”, dice el padre Caparro.
Además, nutrido de varios maestros espirituales, dejó muchos escritos, los cuales han sido publicados en 20 volúmenes, según su postulador quien asegura. “Era un hombre de gran prudencia, oración y discernimiento”.
Así la diócesis de Pozzuoli prepara para la beatificación de este fundador con momentos de vigilia, oración y reflexión, cuya celebración se extiende a los países donde está presente su obra: “La beatificación de don Justino Russolillo representa un motivo de gran alegría para todo el presbiterio y para muchos países de la diócesis de Pozzuoli que don Justino ha podido visitar y en cuyas iglesias ha predicado”, concluye su postulador.

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