San Juan Bueno, obispo
fecha: 2 de enero
fecha en el calendario anterior: 10 de enero
†: c. 660 - país: Italia
otras formas del nombre: Juan el Bueno
canonización: pre-congregación
hagiografía: Santi e Beati
fecha en el calendario anterior: 10 de enero
†: c. 660 - país: Italia
otras formas del nombre: Juan el Bueno
canonización: pre-congregación
hagiografía: Santi e Beati
Elogio: En Milán, ciudad de Lombardía, san
Juan Bueno, obispo, que restituyó a esta población la sede episcopal,
anteriormente trasladada por causa de los lombardos a la ciudad de Génova. Por
su fe y sus buenas costumbres fue grato a Dios y a los hombres.

La archidiócesis de Milán, universalmente
conocida como «Iglesia Ambrosiana», por el nombre de su más grande obispo y
doctor de la Iglesia, san Ambrosio, tuvo una pléyade de hasta 143 obispos, 38
de los cuales fueron santos y 2 beatos. Durante sus diecisiete siglos de la
historia, hubo un momento en que la sede episcopal de la antigua «Mediolanum»
se tuvo que trasladar temporalmente a la Liguria, con la invasión de los
lombardos, que aún eran paganos. Justo al final de este triste período fue el
obispado de san Juan Bueno.
El santo nació en Camogli, cerca de
Génova, o de acuerdo con una antigua tradición, en Recco, una localidad de la
ribera ligura de Levante. Las vicisitudes de su historia están indisolublemente
entretejidas con la leyenda. Algunos datos biográficos nos llegan a través de
un poema muy probablemente compuesto entre los siglos XI y XIII. El anónimo
autor afirma que Juan nació en Camogli, de una familia noble del valle de
Recco, y esto podría ser una explicación de la antigua rivalidad acerca de su
ciudad natal. Ya de niño Juan fue llevado a Milán, donde emprendió los estudios
eclesiásticos y fue incardinado en la Iglesia de Milán. Mientras tanto, después
de casi ochenta años de exilio forzoso, Rotario, el famoso rey lombardo, que
había invadido incluso la Riviera italiana, acuerda con el clero ambrosiano el
regreso del obispo a su lugar natural. Así fue que Juan, apreciado por todos
por su calidad humana y por su inteligencia, en el 641 fue aclamado trigésimo
sexto obispo de Milán, primero en gobernar nuevamente en la restaurada sede
episcopal de Lombardía.
Su humildad y su generosidad se
convirtieron casi en proverbiales entre la grey confiada a sus cuidados
pastorales, que pronto comenzó a llamarlo cariñosa y afectuosamente Juan «el
bueno». El poema mencionado lo recuerda así: «Solícito en confortar y consolar
a los pobres, alimentar al hambriento, vestir al desnudo, dar de beber al
sediento, visitar a los enfermos y los presos, ofrecer hospitalidad a los
viajeros. Lleno de gracia, fe y buenas costumbres, agradable a Dios y a los
hombres, brilló en sus acciones. Juan se mostraba tan humilde ante todos que,
por esa humildad, era difícil discernir si realmente era el obispo». El único
episodio históricamente bien señalado en la vida de este santo obispo fue un
viaje a Roma que hizo a finales del 649, para asistir a un sínodo convocado por
el papa Martín I, que se celebró en la basílica lateranense.
San Juan Bueno murió en Milán después de
al menos diez años de episcopado y sus restos mortales fueron sepultados en la
actual iglesia de «San Miguel in Duomo», llamada así porque estaba al lado de
la «Domus Sancti Ambrosii», el antiguo nombre de la sede episcopal. Cuatro
siglos después el obispo Ariberto reavivó el culto en toda la diócesis, tras el
descubrimiento del cuerpo que se creía perdido. Pero fue san carlos Borromeo
quien trasladó las reliquias a la catedral, el 24 de mayo de 1582, y erigió un
altar en su honor, entre los más ricos y más magníficos del sagrado edificio.
En 1951, el beato cardenal Ildefonso Schuster ordenó un nuevo reconocimiento de
los restos del santo, que resultó medir cumplidos 190 centímetros de altura, y
los hizo colocar en una nueva urna metálica.
Extractado y traducido del artículo de
Fabio Arduino.
fuente: Santi e Beati
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_24
San Vincenciano, eremita
fecha: 2 de enero
†: 672 - país: Francia
otras formas del nombre: Viance, Viants
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: 672 - país: Francia
otras formas del nombre: Viance, Viants
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En la región de Tulle, en Aquitania,
san Vincenciano, eremita.

La única fuente de información que
poseemos sobre este santo es muy poco de fiar. Se trata de una biografía cuyo
autor, un diácono llamado Hermemberto, intenta hacerse pasar por tutor de
Vicenciano, aunque vivió lo suficiente para escribir esta vida después de
muerto su pupilo. Según dicha «biografía», Vicenciano perdió a sus padres
cuando era todavía muy niño, y fue educado por un tal Heraldo, duque de
Aquitania. De acuerdo con san Didier, obispo de Cahors, Heraldo decidió que un
talento tan brillante como el de Vicenciano no podía encontrar mejor empleo que
sirviendo a Dios en el sacerdocio. Pero Beraldo murió poco después y su hijo y
heredero obligó al obispo a enviar a Vicenciano a servir en los establos del
nuevo duque. Para entonces Vicenciano había adquirido ya una ferviente piedad;
repartió, pues, sus vestidos entre los pobres, se negó a casarse con la mujer
que su señor quería imponerle y, por último, ante la fuerza de los golpes y de
las amenazas, huyó al bosque, donde vivió como ermitaño.
Inútil hablar de los extravagantes
milagros que caracterizan cada una de las etapas de esta vida. Vicenciano
murió, como le había sido revelado en una visión, el 2 de enero del año 672. Un
carro tirado por dos bueyes transportó las reliquias del santo al sitio que
éstas iban a hacer famoso. En el camino, un oso mató a uno de los bueyes, pero
un discípulo del santo mandó al oso que ocupara el sitio del buey que había
matado, y la fiera obedeció dócilmente y se puso a tirar el carro.
W. Levison publicó esta vida en Monumenta
Germaniae Historica, Scriptores Merov, vol. v, pp. 112-128; en la introducción
demuestra que no puede tratarse de un escrito de un contemporáneo del santo y
que es en realidad, una obra de ficción escrita doscientos o trescientos años
después. Ver también Bruno Krusch en Neues Archiv, vol. XXVIII, p. 561. No
existe ninguna prueba concluyente de la existencia de san Vicenciano, pero
incluso la última edición del Martirologio ha decidido mantener la inscripción,
sólo para el culto local. En la imagen: relicario del santo, siglo XIII.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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