¿Puede haber tradiciones que traicionen?
Comentario primero:
Domingo de Ramos. Ciclo A (29.03.2026): Mateo 26,14 hasta 27,66. 'Sólo unas mujeres vieron estos hechos’. Así lo escribo CONTIGO,
En la tradición de la liturgia del Domingo de Ramos siempre se nos lee el relato completo de ‘La Pasión’ según el Evangelista que se esté leyendo durante ese año eclesial. Por estar en el ciclo A, el relato de la Pasión que debemos leer y escuchar será el escrito por Mateo en su Evangelio y en los capítulos vigesimosexto y vigesimoséptimo completos. Mt 26-27. Pero nuestras expertas autoridades en la liturgia nos han ‘podado’ de este relato de la pasión los primeros versos (Mt 26,1-13). Quiero afirmar que esta omisión constituye un preciso y precioso contexto en el que situar los acontecimientos posteriores. Mateo 26,1 nos informa de que su Jesús de Nazaret ha concluido el quinto y último de sus discursos. Este NUEVO MOISÉS que es el Jesús de Mateo nos ha dejado su quinto mensaje (su pentateuco). Luego, Mateo 26,2-6 nos informa de todo cuanto va a pasar, como en la crónica de una muerte anunciada. Los responsables de ella son las autoridades de la Religión del único Templo.
Por fin, en Mateo 26,7-13 nos informa de la existencia de una mujer a la que este Jesús de Mateo sitúa en el primer lugar de sus seguidoras. Es una mujer sin nombre, representante probablemente de quienes entendieron a Jesús y estuvieron con él desde el comienzo hasta su muerte (no deje de leerse Mt 27,45-61, casi el final del relato). ¡Cuánto olvido e injusto desconocimiento sigue pesando sobre la presencia y mensaje de esta mujer sin nombre!
¿Cuándo se van a leer en la liturgia de los domingos de este año de Mateo este relato de 26,1-13? Nunca. Pero sigamos en el comentario que la Pasión del Jesús de este Evangelista es demasiado larga. ¿Por qué se nos tiene que leer todo el relato en un solo domingo? Además, en todo este relato no se habla de ningún tipo de ramos. Creo que algo no está bien organizado en las liturgias de este día en nuestra Iglesia, pero donde hay patrón no manda...
La pasión de Jesús: El inicio de esta pasión está en la celebración de la cena de despedida. Mateo se olvidó de constatar aquellas famosas palabras que más de uno cree que están en todos los Evangelios. ¿Famosas palabras? Sí, éstas: ‘Haced esto en memoria mía’. ¿Qué significa en este Evangelio ‘hacer algo en memoria de Jesús’? Nos lo ha dejado dicho y escrito en el primero de sus discursos puestos en boca de su Jesús: ‘Cuanto desees que te hagan, házselo a los demás. Esta es toda la Ley y los Profetas’ (7,12). No se puede decir más claro.
La pasión de Jesús: El juicio que se suele calificar de ‘religioso’. Es decir, la religión de Israel juzga a Jesús de Nazaret y encuentra que este laico de Galilea es un blasfemo (26,63-68). Según esta Religión y su ‘derecho canónico y canonizado’, no hay otra sentencia que la ejecución en la cruz y fuera de las murallas de Jerusalén para que ésta y su Templo no queden manchadas por tal pecado.
La pasión de Jesús: La ejecución de la sentencia se pone en manos de Roma y de su presencia imperial. El Sanedrín cree que así se libera del peso de la responsabilidad. Tira la piedra y esconde sus manos. El punto final ya estaba anunciado en 26,2: muerto en una cruz y sepultado. Y de sus seguidores, ¡sólo unas mujeres fueron los testigos de todos estos hechos!
Carmelo Bueno Heras. Madrid, 05.04.2020. Y también en Madrid, 29.03.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12).
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 18ª página del Evangelio de Mateo 11,20-30.
El Evangelista Mateo sigue contando en su relato la tarea de su Jesús de Nazaret por las tierras de su región de Galilea. Recuerdo que ya había descrito muy gráficamente la situación en la que se encontraba la inmensidad de la sociedad de entonces: “Jesús sintió compasión de la gente porque estaban vejados y abatidos”. Esto lo he acabado de leer en Mt 9,36-38. Y lo vuelvo a leer ahora mismo de esta manera: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados” (Mt 11,28). ¿Por qué las personas de aquella Galilea donde vivía Jesús en los años iniciales del siglo primero se encontraban tan despersonalizadas? Seguramente que las causas eran muchas, pero la razón de más peso está apuntada en el propio texto del Evangelista. Éste escribe en parábolas o en imágenes fácilmente comprensibles. Aquellas gentes eran y estaban como ovejas sin pastores. Aquellas gentes soportaban, como bestias de carga, un pesado yugo. Por eso, se atreve Mateo a presentar a su Jesús como un pastor comprensivo y bueno que regala a quienes le escuchan o le siguen una carga ligera y suave.
¿A qué se está refiriendo explícitamente aquí este Evangelista? Al yugo de la Ley de Moisés que los escribas y maestros de ella imponen a todo el pueblo de Yavé Dios como ellos lo llaman. Frente a esta manera de comprender y vivir la religión judía, Mateo ya puso en boca de Jesús su propuesta alternativa en el primero de sus discursos: “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás. Ésta es la Ley y los Profetas” (Mt 7,12). No hay otro yugo que tus deseos. No hay otra religión. No hay otro camino, ni ley, ni credo, ni dogma, ni catecismo.
En este breve relato de Mateo 11,20-30 encontramos dos apartados literarios y teológicos. El primero es 11,20-24: Entonces, Jesús se puso a maldecir a las ciudades”. Se trata de una maldición. Y el segundo es 11,25-30: “En aquel tiempo, Jesús dijo: yo te bendigo”. Se trata de una bendición. Para este Evangelista es maldito todo cuanto se encuentra bajo el yugo de la judía Ley de la Religión del Templo y de su Sacerdocio. En cambio, será bendito todo aquello que respira y vive alentado por la confianza en el seguimiento de su Jesús de Nazaret.
No dejaré de recordar que nuestro narrador Mateo escribe unos cincuenta años, más o menos, después de que Jesús fuera condenado, ejecutado, muerto y sepultado. Por eso, no nos extraña que esté relacionando la actividad explícita de su Jesús de Nazaret del año treinta con las actividades evangelizadoras de sus seguidores a lo largo de esos cincuenta primeros años de evangelización sin la presencia histórica de Jesús.
En este contexto es dónde se puede comprender a qué se refiere el Evangelista cuando pone en boca de Jesús una expresión tan general e imprecisa como ‘estas cosas’ (Mt 11,25). ¿Qué cosas son las que, al parecer de Jesús de Nazaret, el Dios Yavé oculta a los sabios y entendidos y, en cambio, se las manifiesta a los pequeños? Quiero no equivocarme si digo que, en aquellos tiempos, los grandes y sabios e inteligentes eran las autoridades sacerdotes del Templo. Es decir: la Ley y los Profetas. Todo cuanto estaba fuera de esta realidad, ¿era pequeño? Sí. Entonces, ¿comprendo a Jesús si digo que ‘la grandeza es ser-hacerse pequeño’?
Carmelo Bueno Heras. Madrid, 31.03.2019. Y también en Madrid, 29.03.2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario