Beata Plácida Viel, virgen
fecha: 4 de marzo
n.: 1815 - †: 1877 - país: Francia
canonización: B: Pío XII 6 may 1951
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1815 - †: 1877 - país: Francia
canonización: B: Pío XII 6 may 1951
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
el cenobio de Saint-Sauveur-le-Vicomte, en Normandía, región de Francia, beata
Plácida (Eulalia) Viel, virgen, que brilló por su celo y humildad dirigiendo la
Congregación de Hermanas de las Escuelas Cristianas de la Misericordia.
refieren a este santo: Santa María
Magdalena Postel, Beata Marta Le
Bouteiller

Victoria
Eulalia Jacqueline Viel, que un día sería superiora general de las Hermanas de
las Escuelas Cristianas, nació en el pueblecito normando de Val-Vacher. Era la
octava hija de un agricultor y su instrucción se redujo a siete años de escuela
primaria, en la ciudad de Quettehou. La beata era seria y tímida por
temperamento. Hasta los diecisíete años, vivió la existencia tranquila y
ordenada de una hija de agricultor, encargada de hacer casa a su hermano. A esa
edad fue a visitar a una tía suya, que era religiosa en el convento fundado por santa María
Magdalena Postel, en Saint-Sauveur-le-Vicomte. La visita
impresionó tanto a la joven, que decidió ingresar en la comunidad. Fue admitida
y tomó el nombre de Plácida.
La
madre Postel, que tenía ya ochenta años, vio en la joven religiosa a una
sucesora ideal para el gobierno de la congregación. Así pues, cuando Plácida
terminó sus dos años de noviciado, asistió a unos cursos intensivos en la
escuela normal de Argentan y después fue nombrada profesora en un pensionado.
Al mismo tiempo, la santa fundadora la iba iniciando en los deberes y
responsabilídades de la administración y aun la mandó a abrir algunas nuevas
casas. A los cinco años de vida religiosa, Plácida fue nombrada maestra de
novicias, pero bien pronto tuvo que dejar el cargo para ir a París a reunir
fondos para la restauración de la iglesia de la abadía de Saint-Sauveur y a
arreglar otros asuntos de importancia.
Santa
María Magdalena Postel murió el 16 de julio de 1846. El capítulo general de las
Hermanas de las Escuelas Cristianas escogió a Plácida para sucederla. La
hermana María, su tía, esperaba ser elegida y, aunque la nueva superiora le dio
mucha autoridad y responsabilidades, la hermana María, que ya desde antes se
había mostrado hostil a su sobrina, obstaculizó mucho el gobierno de la madre
Plácida durante los diez años siguientes. Para evitar esa dificultad, la beata
residía el menor tiempo posible en la casa matriz y, mientras vivió su tía,
gobernó la congregación «desde los abruptos y tortuosos caminos y senderos del
centro y el oeste de Francia». En efecto, durante esa época, la beata viajó
mucho por Francia para recoger fondos y visitar los conventos de la congregación,
que crecía rápidamente. Trabajó con particular empeño por obtener la aprobación
oficial de la congregación. Las negociaciones fueron muy laboriosas y en una
ocasión, la beata tuvo que hacer un viaje secreto a Viena para ver al conde de
Chambord.
La
madre Plácida fue superiora general durante treinta años y la congregación
prosperó mucho bajo su gobierno; se multiplicaron los orfanatos, las casas de
cuna, los talleres y las escuelas primarias gratuitas. Una de las más famosas
fundaciones fue el orfanato del Sagrado Corazón de María, en París, donde en
1877, había ya 500 niños. La beata pudo también llevar felizmente a término la
reconstrucción de la gran iglesia de la casa matriz, emprendida por la
fundadora. El cardenal Guibert, arzobispo de Burdeos, hablando de la situación
de Francia en 1870, aplicó a la madre Plácida lo que se había dicho de la beata
Ana Javouhey: «Sólo conozco a una persona capaz de restablecer el orden en
Francia: la madre Plácida, del convento de Saint-Sauveur-le-Vicomte». La impresión
que dejan la vida y las realizaciones de la beata es la de que fue una
religiosa de gran encanto personal y buen humor, serenamente decidida a hacer
por las niñas lo que San Juan Bautista de la Salle había hecho por los niños.
Durante su gobierno, se abrieron en Normandía treinta y seis colegios para
niñas pobres y se suprimió como libro de lectura «Les ordonnances de Louis XIV»
[lo que significa que la beata vio claro que la formación religiosa debía
desprenderse de cerrar filas con el Antiguo Régimen].
La
vida de la beata fue muy sencilla en todos sentidos. No tuvo pruebas
espirituales especiales ni gracias místicas. Sin embargo, no faltaron algunos
hechos milagrosos, que ella atribuía a la intercesión de la madre Postel por
cuya beatificación trabajó mucho. Su muerte ocurrió el 4 de marzo de 1877,
cuando tenía sesenta y dos años de edad. Plácida Viel fue beatificada en 1951.
Bajo su gobierno, el número de conventos de la congregación aumentó de treinta
y siete a ciento cinco y el número de religiosas, de ciento cincuenta a más de
mil.
Ver
D. Meunier, Une gerbe de merveilles (1931); L. Canuet, Bonne Mere Placide
(1925),y la biografía escrita por P. de Crisenoy (1943). En inglés, ver Bd.
Placide Viel, de S.C. Cf. también las biografías de Santa María Magdalena
Postel.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
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Beata María Luisa Isabel De Lamoignon, fundadora
fecha: 4 de marzo
n.: 1763 - †: 1825 - país: Francia
canonización: B: Benedicto XVI 27 may 2012
hagiografía: «L`Osservatore Romano»
n.: 1763 - †: 1825 - país: Francia
canonización: B: Benedicto XVI 27 may 2012
hagiografía: «L`Osservatore Romano»
En Vannes, Morbihan, beata María Luisa
Isabel De Lamoignon, Madre San-Luis, viuda, fundadora de las Hermanas de la
Caridad de San Luis de Vannes.

Marie-Louise Élisabeth de Lamoignon
(1763-1825) nació en París, en el seno de una familia de alto linaje, y creció
en un ambiente cristiano atento a la justicia y a la caridad. A los quince
años, se casó con el conde Molé de Champlatreux, hombre virtuoso. Tuvieron
cinco hijos, de los cuales sólo dos sobrevivieron. Animada por su marido,
visita a los pobres y a los enfermos de su parroquia, pero, por su rango social
de condesa, es considerada de la parte de los explotadores. Por ello en la
tormenta revolucionaria sufrió la confiscación de sus bienes, privaciones y
detenciones. Su esposo fue guillotinado el día de Pascua de 1794. Marie-Louise
Élisabeth tenía 31 años.
A pesar de ello, continúa su camino espiritual, guiada
por el párroco de Pancemont. Una tarde de 1792 reconoció la llamada particular
del Señor a seguirlo, llevando su cruz. Ella respondió generosamente con lo que
llamó su «pacto con la cruz». Renunció a todo, incluso al deseo de vida
religiosa contemplativa para responder a una necesidad urgente de la Iglesia de
Vannes: el obispo le pidió que le ayudara con una obra educativa y caritativa.
El 25 de mayo de 1803 hizo la profesión religiosa, tomando el nombre de sor
Saint-Louis.
Enseguida fue nombrada superiora general de la nueva
congregación, que puso bajo la protección de san Luis, modelo de fe, artífice
de justicia y de paz. Organizó la vida religiosa de la comunidad y acogió a
niñas pobres, cuyo número fue creciendo cada vez más. Velaba por la calidad de
su instrucción y las preparaba para vivir y ganar dinero aprendiendo un oficio.
Además de la lectura y de la escritura, las jóvenes aprendían a tejer la tela y
a realizar bellísimos encajes. Después de Vannes, otros párrocos le pidieron
fundar una «casa de caridad» en sus respectivas parroquias. La madre
Saint-Louis en 1818 añadió a esto la obra de los retiros espirituales.
Impulsada por el amor de Cristo redentor, sacaba su
fuerza de la lectura diaria de la Palabra de Dios y de la Eucaristía. Quería
que todas las personas fueran acogidas y sirvieran a Jesucristo: «Si la
atención que prestáis a las niñas pobres la ofrecierais con espíritu de fe
viva... veríais en ellas a Jesucristo. Diríais: estoy con Jesucristo, hablo con
Jesucristo, vivo con Jesucristo. Me glorío en vivir con Jesucristo pobre y
humillado». Y como toda forma de espiritualidad está inevitablemente marcada por
la época que la vio nacer y por la personalidad de quien la suscita en un
determinado contexto familiar y social, la formación familiar de Marie-Louise
Élisabeth la puso muy pronto en contacto con los Padres de la Iglesia,
desarrollando en ella el gusto ardiente por la Palabra de Dios, que ella
transmitió a sus religiosas: «La Sagrada Escritura es la base fundamental de
toda forma de piedad... Es necesario, por tanto, que cuantos quieren avanzar en
el estado de perfección no dejen pasar ni siquiera un solo día sin leerla y
meditarla... Esta Palabra es el alimento del hombre, del mismo modo que la
santa Eucaristía es el alimento del alma; es preciso acogerla, tratarla con la
misma dignidad, con el mismo respeto; ¿habéis pensado alguna vez en ello?, ¿os
habéis comportado alguna vez en consecuencia y habéis intentado poneros, para
recibirla, en la misma disposición que deseáis tener para participar en la
santa Mesa?».
Murió en Vannes el 4 de marzo de 1825, lámpara
brillante de la caridad y la bondad, capaz de mostrar todo el camino a seguir,
contrastando las obras de la carne (la idolatría, la enemistad, la discordia y
los celos) con las obras del Espíritu, cuyos frutos benéficos son amor,
alegría, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio
de sí.
Publicado en L'Osservatore Romano en lengua española
del 3 de junio de 2012, pág 13, junto con la homilía de la misa de
beatificación.
fuente: «L`Osservatore
Romano»
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