Beato Ambrosio Sansedoni, religioso presbítero
fecha: 20 de marzo
n.: 1220 - †: 1287 - país: Italia
otras formas del nombre: Ambrosio de Siena
canonización: Conf. Culto: Gregorio XV 1622
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1220 - †: 1287 - país: Italia
otras formas del nombre: Ambrosio de Siena
canonización: Conf. Culto: Gregorio XV 1622
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Siena, en la Toscana, beato Ambrosio
Sansedoni, presbítero de la Orden de Predicadores, que fue discípulo de san
Alberto Magno, y aunque eximio en doctrina y predicación, se mostró al mismo
tiempo sencillo para con todos.

En este día, Siena venera la memoria de
uno de los más notables de sus hijos, Ambrosio Sansedoni. Sus padres
pertenecían a dos distinguidas familias sienesas y su padre, apodado por su
valor «Buonattaco», fue el primero en la defensa de la cristiandad contra los
moros. El niño había nacido con la cabeza anormalmente grande y, al parecer,
sin el uso de sus brazos y sus piernas. Un día, cuando su aya lo llevó a la
iglesia dominica de Sta. María Magdalena, se le vio agitarse y, después de
haber sido sacado de los lienzos en los que estaba envuelto, se dieron cuenta
de que sus miembros estaban tan vigorosos como los de cualquier otro chico
normal. Sus biógrafos dan muchos ejemplos de su exquisita piedad y, conforme
crecía, desarrollaba una gran devoción por los enfermos y los pobres, visitando
el hospital cada sábado y la cárcel cada viernes. A los 17 años, Ambrosio
decidió entrar a la Orden de Predicadores. No tardaron sus superiores en
reconocer su habilidad y lo enviaron a Colonia, donde tuvo asan Alberto
Magno como maestro y a santo Tomás de
Aquino como condiscípulo. Un alumno tan inteligente, no
podía por menos que progresar bajo tal maestro y, al poco tiempo, se encontraba
asediado en su celda por estudiantes que acudían a él para consultarlo. Esta
fama le disgustaba y rogó a sus superiores que le permitieran retirarse a la
soledad. Habiendo obtenido el consentimiento, se retiró de la vida pública,
pero no por mucho tiempo. Gente influyente pidió a los dominicos que lo
llamaran y lo pusieran a predicar. Durante tres años enseñó teología en París,
donde multitud de estudiantes acudían a sus clases. Fue enviado a predicar a
Alemania, Francia e Italia y se dice que sus sermones parecían inspirados. Los
pecadores se convertían y los enemigos zanjaban sus diferencias amistosamente.
Algunos de sus oyentes declaran que, mientras él estaba de pie en el pulpito,
habían visto descender al Espíritu Santo sobre su cabeza, en forma de paloma.
Como muchos otros santos italianos,
hombres y mujeres, el elocuente fraile no limitaba sus energías a exhortaciones
espirituales, sino que fue llamado a tomar parte en importantes asuntos
públicos. Con persuasivas palabras, trató de reconciliar a los príncipes electores
quienes, en sus sectores privados, se encontraban en vísperas de provocar una
guerra civil. Detuvo una nueva herejía en Bohemia que estaba causando singular
desorden y, cuando el papa beato Gregorio X le encargó predicar la cruzada,
obtuvo generosa respuesta a sus llamados. Dos veces reconcilió con la Santa
Sede al pueblo de Siena, quien, habiéndose puesto de parte de Manfredo, el hijo
bastardo de Federico II, había sido declarado en entredicho. Varios escritores
afirman que, cuando Ambrosio entró al consistorio para interceder por sus
conciudadanos, su cara se iluminó con luz sobrenatural y el papa exclamó:
«¡Padre Ambrosio, no necesitas explicar tu misión; te concedo lo que deseas!»
A pesar de todas las importantes misiones
que se le habían confiado y el éxito que coronaba sus esfuerzos, Ambrosio
permaneció siempre singularmente humilde. El papa deseaba hacerlo obispo, pero
nunca pudo convencérsele de que aceptara, aunque desempeñó el cargo de maestro
del sacro palacio. Después de la muerte de Gregorio, buscó el retiro en una de
las casas de su orden. Allí con frecuencia barría la iglesia, los dormitorios,
los claustros y nunca dio más de cuatro horas al sueño. Después de maitines,
oraba durante dos horas en el coro y estudiaba el resto de la noche, hasta
prima. Durante los cuarenta y cinco años de su vida religiosa, no comió carne
una sola vez -sin que hubiera una orden al respecto- y los viernes no tomaba
más que pan y agua. No dejó de predicar, pese a su avanzada edad, y sus
sermones no perdieron nada de su fuego y de su elocuencia. A principios de la
cuaresma de 1286, predicando un día contra la usura, habló con tal vehemencia,
que se le reventó una vena. Al día siguiente, contenida ya la hemorragia,
intentó continuar su sermón, pero el mal volvió a presentarse. Evidentemente,
sus días estaban contados. Murió a la edad de sesenta y seis años. El culto que
se le había tributado en Siena desde su muerte, fue confirmado en 1622.
Un amplio material para la biografía del
beato Ambrosio se encontrará en Acta Sanctorum, marzo, vol. III, donde se
incluye una colección muy interesante de testimonios contemporáneos sobre los
numerosos milagros obrados en su tumba. Apartándose de la práctica habitual, el
papa Clemente VIII parece haber ordenado que su nombre se incluyera en el
Martirologio Romano antes de cualquier formal canonización o «confirmatio
cultus», pero Baronio, en su nota sobre este elogio, proporciona gran número de
referencias de escritores que prestan testimonio de la santidad de san
Ambrosio, y de los milagros que obró. Para una bibliografía más completa, véase
Taurisano en Catalogus Hagiographicus O.P., p. 22.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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San Juan Nepomuceno, presbítero y mártir
fecha: 20 de marzo
fecha en el calendario anterior: 16 de mayo
n.: 1330 - †: 1393 - país: República Checa
otras formas del nombre: Jan Nepomuk
canonización: B: Inocencio XIII 1721 - C: Benedicto XIII 1729
hagiografía: Abel Della Costa
fecha en el calendario anterior: 16 de mayo
n.: 1330 - †: 1393 - país: República Checa
otras formas del nombre: Jan Nepomuk
canonización: B: Inocencio XIII 1721 - C: Benedicto XIII 1729
hagiografía: Abel Della Costa
En Praga, en Bohemia, san Juan
Nepomuceno, presbítero y mártir, que por defender la Iglesia sufrió muchas
injurias por parte del rey Venceslao IV, y sometido a tormentos y torturas,
todavía con vida fue arrojado al río Moldava.
patronazgo: patrono de la República Checa, y
en especial de la región de Bohemia, de los sacerdotes confesores, los marineros,
los constructores de puentes, los molineros; se lo invoca para tener una buena
confesión; protector de la confidencialidad y frente a los peligros del agua.
oración:
Oh Dios, que por el
invencible silencio sacramental del bienaventurado Juan Nepomuceno adornaste a
tu iglesia con una nueva corona del martirio; concédenos, por su intercesión y
ejemplo, que moderemos nuestra lengua y cumplamos nuestros compromisos religiosos
de manera inquebrantable. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

San Juan de Pomuk es conocido
universalmente como «el santo del secreto de confesión». La historia,
suscintamente evocada, cuenta que, siendo sacerdote en Praga -en ese momento
capital del reino de Bohemia- fue nombrado predicador de la corte del rey
Wenceslao IV, conocido por su carácter violento; a su vez la reina -una mujer muy
piadosa- escogió a Juan como su confesor. El rey Wenceslao concibió la sospecha
de que su mujer lo engañaba, y quiso conseguir de Juan un relato de lo que ella
le revelara en confesión, pero el santo rehusó, hasta costarle esta orden del
rey la vida, que perdió en 1393, al ser arrojado al río Moldava desde el puente
Karl (Karlsbrück).
Esto nos viene aludido por primera vez
(aunque sin detalles), en una crónica del siglo siguiente, escrita por Thomas
Ebendorfer en 1459. En 1471 otro autor, Paul Zidek, cuenta el detalle de que el
rey pidió al santo que revelara el amante de su esposa, pero no lo entiende
como celos imaginarios, sino como que verdaderamente la primera esposa del rey,
Juana, le había revelado al santo el nombre de su amante, que es el secreto que
Juan guardó con su vida. Este mismo autor adelanta el martirio de Juan a diez
años antes. Posteriormente, en la transmisión ejemplar de la historia, la
esposa resultó ser una mujer muy piadosa, y por lo tanto los celos del rey,
imaginarios, aunque posiblemente esta derivación del asunto se deba al deseo de
unir hagiografía y ejemplaridad moral.
Ahora bien, aunque este relato es casi
contemporáneo -como vemos, la primera aparición del tema es de sólo 60 o 70
años después del martirio-, no es la versión más antigua del martirio: el
arzobispo de Praga, y tres fuentes más dan una versión enteramente distinta de
los hechos. Según esta versión -que es anterior a la mencionada de Thomas
Ebendorfer- Juan no murió por nada que tenga que ver con el secreto de confesión.
Era Vicario General del Arzobispo, y el rey Wenceslao, para favorecer a uno de
sus cortesanos, deseaba convertir el territorio de una abadía en un nuevo
título episcopal, por lo que había prohibido que los monjes eligieran nuevo
abad a la muerte del que la regía en ese momento. Juan, que además de vicario
era Doctor en Derecho Canónico, se opuso con firmeza a esta violación de la
jurisdicción eclesiástica, y a la muerte del abad promovió la elección del
nuevo, apresurándose a convalidarlo canónicamente, saltando, por lo tanto, por
sobre la orden del rey. Enterado el rey, reaccionó con violencia encarcelando a
Juan y a otros tres eclesiásticos implicados, y sometiéndolos a crueles
torturas. Esos otros tres cedieron a las pretensiones del rey, e incluso uno de
ellos propuso guardar todo el asunto en secreto; pero Juan vehementemente
mantuvo la posición, hasta que el 20 de marzo de 1393 fue arrojado al Moldava
desde el Karlsbrück, habiendo sido previamente paseado por la ciudad en
cadenas, con un madero en la boca.
Esta versión parece ser la más correcta
históricamente, ya que no sólo cuenta con amplios y antiguos testimonios, sino
con el del propio arzobispo, el superior de Juan en ese momento, que narra esta
cuestión al papa Bonifacio IX apenas un mes después de ocurrida, y como parte
de un descargo contra el rey Wenceslao. Asimismo poco más tarde Juan es ya
conocido como mártir, y su culto está establecido entre el pueblo. La
controversia sobre las dos versiones comenzó en el siglo XVI y ha dado lugar a
diferentes soluciones:
-el relato popular, apoyado en el lema «el santo del secreto de confesión», pasa simplemente por encima de este problema, y elimina de hecho la primera versión.
-La solución del historiador Hajek, de mediados del siglo XVI y que es quien descubre el problema, pasa por duplicar los santos: según él habría habido dos Juan de Pomuk en la corte de Wenceslao, uno mártir de la confesión y otro de la defensa del derecho eclesiástico, los dos martirizados de la misma manera. No se puede decir que sea imposible: Juan es un nombre más que común en la cristiandad, y un rey que reacciona violentamente en un caso, podría haber reaccionado diez años más tarde con la misma violencia, y en cuanto a que suene extraño que los dos hayan sido arrojados del mismo puente, basta recorrer el siglo y medio de martirios en Inglaterra o los casi dos siglos de martirios en la antigua Roma, para ver cuán escasamente imaginativos son los poderosos a la hora de dar mártires a la Iglesia: los procedimientos se repiten una y otra vez con una monotonía exasperante. Sin embargo, el hecho de que una y otra versión se hayan sucedido en el tiempo, da la impresión de que se trata de que la de la confesión es una adaptación popular del relato de un martirio ocurrido por ccircunstancias más complejas.
-La tercera consiste en negar toda realidad al personaje y considerar que se trata de una mera invención posterior con fines propagandísticos, pero ésta debe ser descartada, ya que los testimonios, incluso los de la segunda versión, son muy cercanos a los hechos, y el culto al mártir está atestiguado de manera contemporánea.
-Parece plausible una cuarta forma de resolverlo: la de J.P. Kirsch, quien da crédito a la historia del secreto de confesión, pero esto no habría sido el motivo inmediato del martirio, sino que habría mal dispuesto el ánimo del rey hacia Juan, y cuando ocurrió, diez años más tarde, el incidente de la elección del abad, dio rienda suelta a su rencor, castigando con el martirio la doble firmeza del santo. Naturalmente, la cuestión del secreto de confesión caló más hondo en la piedad popular que la compleja y jurídica cuestión de los fueros eclesiásticos.
Llama la atención, por último, que las dos
historias tienen algo de simetría inversa: en la de la confesión Juan es
condenado por no hablar, mientras que en la otra es condenado por no callarse y
agachar la cabeza ante el rey. Posiblemente el propio rey se dio cuenta que el
problema de este Juan estaba en la boca, y procuró humillarlo aun más haciendo
que muerda un madero en el paseo hacia el patíbulo. Según se cuenta, cuando en
1719 se abrió la tumba, su lengua fue hallada incorrupta. Juan Nepomuceno fue
canonizado en 1729 por el papa Benedicto XIII.
Toda esta hagiografía está basada, aunque
con redacción libre, en el excelente artículo de
J.P. Kirsch en la Catholic Encyclopedia (1910); vale la pena leerlo, aunque no
pueda decirse lo mismo de su traducción en Aciprensa. la historia del
mantenimiento del secreto de confesión puede leerse bien contada en el artículo de Antonio Galuzzi en
Santi e Beati. La imagen reproduce una estatua de bronce actualmente emplazada
en Praga.
Abel Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=942
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