Beato Cristóbal Macassoli, religioso
presbítero
fecha: 5 de marzo
fecha en el calendario anterior: 1 de marzo
n.: c. 1415 - †: 1485 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: León XIII 29 jul 1890
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
fecha en el calendario anterior: 1 de marzo
n.: c. 1415 - †: 1485 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: León XIII 29 jul 1890
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
En
Vigevano, en Lombardía, beato Cristóbal Macassoli, presbítero de la Orden de
Hermanos Menores, insigne por su predicación y su caridad para con los pobres.

Cristóbal
Macassoli nació en Milán a comienzos del siglo XV. Transcurrió su infancia en
la inocencia y la bondad, bajo los cuidados solícitos de sus padres. Hacia los
20 años se hizo franciscano, cuando san Bernardino de Siena (1389-1444)
recorría las ciudades de Italia predicando incansablemente el evangelio, y
suscitando un profundo cambio en las almas, con grandiosas conversiones, y
trabajaba intensamente para volver a la Orden Franciscana a la primitiva
observancia de la regla como la había dictado y practicado san Francisco de
Asís.
Cristóbal,
ardiendo en amor a Dios y a los hermanos, recorriendo el camino de la virtud,
con pureza de corazón, con una viva confianza en Dios, en la austera
observancia de la pobreza, se colocó en el camino luminoso de San Bernardino,
místico sol del siglo XV. Ordenado sacerdote, fue insigne por su predicación y
santidad, y por su entrega generosa y sin medida al ministerio apostólico. Su
fama fue creciendo, ya por las numerosas conversiones que obró, ya por los
poderes taumatúrgicos que se le atribuyeron. Con el ejemplo y con la palabra
edificó la Iglesia de Cristo.
Con
el beato Pacífico
Ramati de Cerano fundó el convento de Santa María de las
Gracias en Vigevano, cuya admirable iglesia fue construida por Galeazzo Sforza
y consagrada en 1476. Allí fijó su residencia después de una vida de gran actividad
apostólica. Pronto la fama de su santidad se extendió tan ampliamente, que aun
de partes lejanas llegaban a él numerosos fieles para pedir su oración y
escuchar su palabra siempre llena de caridad y comprensión, para que bendijera
a los enfermos y a los niños. Dios a menudo glorificó la santidad de su siervo
fiel con prodigios.
Murió
el 5 de marzo de 1485, aproximadamente a los 85 años de edad. Su cuerpo,
rodeado de la veneración de sus devotos, fue sepultado en la iglesia de Santa
María de las Gracias, en la capilla de San Bernardino. En 1810 sus reliquias
fueron trasladadas a la catedral de Vigevano. Un antiguo testimonio del culto
que le fue rendido es el cuadro del altar de Santa María de las Gracias de
1653, en el cual el Beato es representado junto con san Bernardino al lado de
la Virgen. León XIII aprobó su culto el 25 de julio de 1890. No es raro que
Manzoni haya tomado del Beato Cristóbal de Milán el nombre y la figura del
Padre Cristóbal de Pescarenico, en su novela «Los Novios».
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Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=779
Beato Jeremías Kostistik de Valacchia, religioso
fecha: 5 de marzo
n.: 1556 - †: 1625 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 30 oct 1983
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
n.: 1556 - †: 1625 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 30 oct 1983
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
En
Nápoles, de la Campania, beato Jeremías (Juan) Kostistik de Valacchia,
religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que, con caridad y
alegría, asistió incesantemente a los enfermos durante cuarenta años.

Jeremías
(Juan Kostist) nació el 29 de junio de 1556 en Tzazo, región de Valaquia, en
Rumania, en el seno de una familia que se distinguía por su fe católica en una
región infestada por la herejía. Después de una infancia y una juventud vividas
santamente, a los diecinueve años sintió la vocación religiosa, pero quiso
realizar su ideal en Italia. Su madre lo animó diciéndole que Italia era tierra
de buenos cristianos y de santos religiosos. En su viaje demoró dos años al
servicio del príncipe Esteban Bathery. Luego se puso al servicio de un médico
italiano para acompañarlo a Bari. En este revuelto puerto se encontró lo
contrario de lo que le había dicho su madre: blasfemos, borrachos, ladrones,
salteadores... Cuando pensaba volverse a su tierra natal, alguien le aconsejó
dirigirse a Nápoles, a donde llegó en un tiempo propicio para su piedad: era la
cuaresma de 1578, tiempo penitencial: iglesias llenas, procesiones devotas,
gente a la escucha de la Palabra de Dios: «Si aquí están los buenos cristianos,
también estarán los santos monjes de que me habló mi madre». Entró a la iglesia
de los capuchinos, asistió devotamente a la liturgia celebrada por los frailes,
quedó muy conmovido, y se dijo: «Seré uno de ellos».
Se
presentó al provincial, quien, después de probar la vocación del joven, lo
aceptó al noviciado. Cambió el nombre de Juan por el de Jeremías, e hizo su
profesión religiosa en 1579, a los 23 años de edad. Se dedicó a alcanzar la
santidad siguiendo las huellas de san Francisco. Ejerció los oficios de
cocinero, hortelano, sacristán, limosnero. Después fue destinado a Nápoles para
atender a los enfermos de la gran enfermería provincial. Allí, en el oficio de
buen samaritano, se entrega totalmente al servicio del prójimo por amor a
Cristo. Se reservaba el cuidado de los más necesitados, los más llagados, los
más difíciles y desagradables, o locos. Ninguna madre habría cuidado a su
propio hijo con tanta ternura como fray Jeremías curaba a sus pobres
cohermanos. La fama de su santidad se extendió por todas partes y mucha gente
acudía a él. Realizó milagros, se distinguió por su caridad para con los
pobres, enseñó catecismo a los niños que se sentían especialmente atraídos
hacia él. Fue muy devoto de la Santísima Virgen. Permaneció en su oficio hasta
su muerte, en la noche del 5 de marzo de 1625 a los 69 años de edad. Juan Pablo
II lo inscribió entre los beatos el 30 de octubre de 1983, con ocasión del
Santo Jubileo de la Redención.
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