Beato Pedro Renato Rogue, presbítero
y mártir
fecha: 3 de marzo
n.: 1758 - †: 1796 - país: Francia
canonización: B: Pío XI 10 may 1934
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1758 - †: 1796 - país: Francia
canonización: B: Pío XI 10 may 1934
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Vannes, localidad de Bretaña Menor, en Francia, beato Pedro Renato Rogue,
presbítero de la Congregación de la Misión y mártir, que en tiempo de la
Revolución Francesa, rechazando el inicuo juramento impuesto al clero,
permaneció secretamente en la ciudad para atender con su ministerio a los
fieles, y finalmente, condenado a la pena capital, descansó en la misericordia
del Señor en la misma iglesia donde celebraba los sagrados misterios.

Este
piadoso sacerdote bretón, nació en Vannes, en 1758. Estudió en el seminario de
dicha ciudad y fue ordenado allí mismo en 1782. Durante algún tiempo fue
capellán de las Damas del Retiro. Cuatro años más tarde, se transladó a París,
donde ingresó en la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl, cuyos
miembros son bien conocidos con el nombre de Lazaristas. Antes de que terminara
el noviciado, sus superiores le enviaron a enseñar teología en su ciudad natal.
Durante la Revolución, el beato dio muestras del más extraordinario heroismo
apostólico. Se negó a firmar el juramento de la Constitución y durante algún
tiempo, tuvo que disfrazarse y esconderse. Finalmente, denunciado por un ateo,
fue hecho prisionero, pero ni siquiera en la cárcel interrumpió su labor
apostólica, pues se dedicó a escribir en defensa de la religión y a asistir
corporal y espiritualmente a sus compañeros de prisión. Al oir su sentencia de
muerte, se arrodilló a dar gracias a Dios. Fue guillotinado el l de marzo de
1796. Su causa de beatificación empezó a tramitarse en cuanto se restableció la
paz. La beatificación tuvo lugar en 1934, y en el mismo año, las reliquias de
Pedro Rogue fueron transladadas a la catedral de Vannes.
Ver
L. Brétaudeau, Un Martyr de la Révolution a Vannes (1908); M. Misermont, Le bx.
P. R. Rogue (1937), y los decretos de beatificación en Acta Aostolicae Sedis,
vol. XXI (1929), pp. 564-567, y vol. XXVI (1934), pp. 304-308, 292-296, que
incluyen una bibliografía selecta.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=757
Santa Teresa Eustoquio Verzeri, virgen
y fundadora
fecha: 3 de marzo
n.: 1801 - †: 1852 - país: Italia
canonización: B: Pío XII 27 oct 1946 - C: Juan Pablo II 10 jun 2001
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1801 - †: 1852 - país: Italia
canonización: B: Pío XII 27 oct 1946 - C: Juan Pablo II 10 jun 2001
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Brescia, en Lombardía, santa Teresa Eustoquio (Ignacia) Verzeri, virgen,
fundadora del Instituto de Hijas del Sacratísimo Corazón de Jesús.

Teresa
Verzeri nació en Bérgamo de Lombardía, el 31 de julio de 1801. Era una de las
hijas de Antonio Verzeri y de su esposa Elena, perteneciente a la familia de
los condes de Pedroça-Grumelli. Los Verzeri profesaban gran devoción a san
Jerónimo. Uno de sus hijos, que fue más tarde obispo de Frescia, se llamaba
Jerónimo y Teresa tenía como segundo nombre Eustoquio, en recuerdo de la hija
de Santa Paula. Como es bien sabido, estas dos santas habían sido muy amigas de
San Jerónimo y habían ejercido, por turno, el superiorato del convento de
mujeres que éste había fundado en Jerusalén. En el caso de Teresa, el nombre Eustoquio
resultó profético.
Se
cuenta que Teresa decidió hacerse religiosa a los diez años de edad, el día de
su primera comunión. Tales inspiraciones no son raras a esa edad, pero la firme
resolución de Teresa no hizo más que crecer hasta el día de su confirmación. En
esto le ayudó mucho al canónigo José Bengalio, de la catedral de Bérgamo. Es
difícil determinar si el canónigo tenía ideas claras sobre Teresa o si estaba
tratando de probar su vocación, pues tres veces la hizo entrar y volver a salir
del convento de las benedictinas de Santa Grata. La obediencia ciega de Teresa
al canónigo le valió no pocas críticas y burlas, pero la santa las soportó con
paciencia y alegría. Fue sin duda una época de rudo aprendizaje.
Después
de haber salido por tercera vez del convento, Teresa se consagró enteramente a
la instrucción religiosa de las niñas en una pequeña casa llamada Gromo, que
pronto se convirtió en la semilla de la nueva congregación religiosa que había
de fundar. Antonia, su hermana, y otras dos jóvenes llamadas Virginia Simoni y
Catalina Manghenoni, se le unieron al poco tiempo. Las cuatro hicieron la
profesión de votos simples ante el canónigo Benaglio, quien las destinó a la
enseñanza de la juventud. La vida de la nueva comunidad era muy austera, con largos
períodos de silencio y ayuno. Teresa tuvo que hacer frente a muchas
dificultades espirituales, dudas y tentaciones. La congregación empezó pronto a
crecer, pues ingresaron en ella numerosas jóvenes de buena familia, entre las
que se contaban tres hermanas de Teresa, llamadas María, Judit y Catalina,
además de su propia madre que había quedado viuda. El canónigo Benaglio se
encargaba de la dirección espiritual de la comunidad y ayudó a redactar las
reglas y constituciones que comprendían diferentes obras de caridad: escuelas
para los niños pobres, visitas a las mujeres enfermas, centros religiosos y de
recreación para las jóvenes que se hallaban en peligro y sobre todo, retiros
para mujeres, según el espíritu de san Ignacio de Loyola.
El
obispo de Bérgamo, Mons. Carlos Gritti-Morlacchi, favoreció al principio a la
nueva congregación, pero después se dedicó a obstaculizar su crecimiento. Mayor
prueba fue para Teresa su propia indecisión y humildad. ¿La llamaba Dios
realmente a fundar una nueva congregación, dado que ya existían otros
institutos similares, como el del Sagrado Corazón, fundado por Santa Magdalena
Sofía Barat? Teresa fue a Turín, donde la madre Barat había
empezado a organizar, desde 1832, los retiros para mujeres y se sintió muy
inclinada a unir su congregación con la de la santa. Pero pronto comprendió que
la voluntad de Dios era diferente, pues había campo más que suficiente para las
dos congregaciones, por similares que fuesen. Así pues, la santa tuvo que
superar ésta y otras dificultades y soportar con paciencia numerosas
desilusiones, antes de conseguir que se estableciera sólidamente su instituto.
Finalmente, en 1841, Teresa y sus compañeras pudieron hacer la profesión
solemne en manos del mismo prefecto de la congregación de obispos y religiosos,
el cardenal Constantino Patrizi. Unos cuantos días más tarde, fue publicado el
decreto aprobatorio de la Santa Sede y la congregación fue definitivamente
confirmada en 1847. Con esta ocasión, se autorizó a la fundadora a abrir una
casa en Roma.
Entre
los que ayudaron a Teresa Verzeri en las dificultades, se contaba el beato Luis
Pavoni, de Brescia, quien se encargó de imprimir las
constituciones de la nueva congregación, en un momento en que esto significaba
exponerse a muchas molestias; pero el beato hizo caso omiso de las
murmuraciones y hablillas. Además, intercedió ante Mons. Speranza para que apoyase
en Roma la causa de las Hijas del Sagrado Corazón. Cuando Teresa compró un
antiguo monasterio en Brescia, el Beato Luis proyectó los cambios que era
necesario hacer al edificio y se encargó de vigilar personalmente la obra. Para
ayudar a Teresa, hizo varios viajes a Bérgamo y a Trento, y se comprometió a
asegurar la misa diaria en la casa madre. Nada era demasiado difícil para el
Beato Luis, cuando se trataba de ayudar a las religiosas. La gran estima mutua
que se profesaban el Beato Luis y santa Teresa ha continuado entre sus
congregaciones respectivas, en el siglo que ha transcurrido desde su muerte.
La
santa vivió todavía cuatro años después de la fundación de la casa de Roma.
Durante ellos creció en gracia y santidad y su congregación con ella. El cólera
que azotó el norte de Italia, arrebató a la santa el 3 de marzo de 1852. La
multitud que asistió a sus funerales fue el mejor testimonio de la reputación
de santidad de que gozaba y que no ha hecho sino aumentar con el tiempo. Teresa
fue beatificada en 1946 y canonizada en 2001.
Ver
el breve de beatificación, en Acta Apostolicae Sedis, vol. XXXIX, n. I (1947).
No existen biografías de la beata más que en italiano; parece que se han
publicado varios volúmenes de su correspondencia: cí. Un apostolo della
gioventu derelitta (Beato Luis Pavoni), pp. 209.211 (1928).
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
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