San Adriano, mártir
fecha: 5 de marzo
fecha en el calendario anterior: 4 de marzo
†: 309 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 4 de marzo
†: 309 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Cesarea de Palestina, san Adriano, mártir, que en la persecución desencadenada
bajo el emperador Diocleciano, en el día en que solían celebrarse los festejos
de la Fortuna, por orden del procurador Firmiliano, y por su fe en Cristo, fue
arrojado ante un león y después degollado a espada.
Aunque
por la índole del Martirologio Adrián y Eubulio se encuentran inscriptos en
días distintos (uno el 5 y el otro el 7 de marzo), el Butler, y en general la
tradición narrativa en torno a estos mártires, cuenta su pasión conjuntamente:

En
el sexto año de la persecución de Diocleciano, siendo Firmiliano gobernador de
Palestina, Adrián y Eubulo fueron de Batanea a Cesarea para visitar a los
confesores de la fe. Cuando los guardias de la ciudad les interrogaron sobre el
motivo de su viaje, los mártires respondieron sin rodeos que habían ido a
visitar a los cristianos. Inmediatamente fueron conducidos ante el gobernador,
quien les mandó azotar y desgarrar las carnes con garfios de hierro, para ser
arrojados después a las fieras. Dos días más tarde, durante las fiestas de la
diosa Fortuna, Adrián fue decapitado, después de haber sido atacado por un león.
Eubulo
corrió la misma suerte, uno o dos días después. El juez había prometido la
libertad a este último, con tal de que sacrificara a los ídolos; pero el santo
prefirió la muerte. Fue el último de los que sufrieron el martirio en Cesarea
durante esta persecución, que había durado doce años, bajo el mando de tres
gobernadores: Flaviano, Urbano y Firmiliano. El cruel Firmiliano pronto cayó en
desgracia y fue decapitado por orden del emperador. Su predecesor, Urbano,
había corrido la misma suerte dos años antes.
El
historiador Eusebio, contemporáneo de los hechos, es nuestra principal fuente
de información sobre estos mártires. Ver su obra, Mártires de Palestina, XI,
29-31 (la obra se publica normalmente como apéndice al libro VIII de la
Historia Eclesiástica).
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=775
San Gerásimo, eremita
fecha: 5 de marzo
†: 475 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: 475 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Palestina, en la ribera del Jordán, san Gerásimo, anacoreta, que en tiempo del
emperador Zenón, convertido a la fe ortodoxa por obra de san Eutimio, se entregó
a grandes penitencias, y ofreció a todos los que bajo su dirección se
ejercitaban en la vida monástica la norma de una integérrima disciplina y el
modo de sustentarse.
refieren a este santo: San Jerónimo

San
Gerásimo nació en Licia de Asia Menor, donde abrazó la vida eremítica. Después
pasó a Palestina y, durante algún tiempo cayó en los errores eutiquianos [es
decir, el monofisismo, la afirmación de que Jesús sólo era de naturaleza
divina], pero san Eutimio le
devolvió a la verdadera fe. Más tarde, parece que estuvo en varias comunidades
de la Tebaida y finalmente, retornó a Palestina, donde se hizo íntimo amigo de san Juan el
Silencioso, de san Sabas,
de san Teoctisto y de san Atanasio de
Jerusalén. Tan numerosos fueron sus discípulos, que el santo
fundó una «laura» de sesenta celdas, cerca del Jordán, y un convento para los
principiantes. Sus monjes guardaban silencio casi completo, dormían en lechos
de juncos y jamás encendían fuego dentro de las celdas, a pesar de que las
puertas tenían que estar siempre abiertas. Se alimentaban ordinariamente de
pan, dátiles y agua y dividían el tiempo entre la oración y el trabajo manual.
A cada monje se asignaba un trabajo determinado, que debía estar listo el sábado
siguiente. Aunque la regla ya era de suyo severa, san Gerásimo la hacía todavía
más rigurosa para sí y nunca cesó de hacer penitencia por su caída en la
herejía eutiquiana. Según se cuenta, durante la Cuaresma su único alimento era
la Sagrada Eucaristía. San Eutimio le profesaba tal estima, que le enviaba, por
medio de los discípulos, a aquellos de sus seguidores a quienes consideraba
llamados a la más alta perfección. La fama de san Gerásimo sólo cedía a la de
san Sabas. El año 451, durante el Concilio de Calcedonia, su nombre sonó en
todo el Oriente. La «laura» que él había fundado florecía todavía un siglo
después de su muerte.
En
el «Prado Espiritual» Juan Mosco nos ha dejado una anécdota encantadora: un día
en que el santo se hallaba a orillas del Jordán, se le acercó cojeando
penosamente un león. Gerásimo examinó la zarpa herida, extrajo de ella una
aguda espina y lavó y vendó la pata de la fiera. El león se quedó desde
entonces con el santo y fue tan manso como cualquier otro animal doméstico. En
el monasterio había un asno, que los monjes utilizaban para ir a traer agua, y
éstos hacían que el león cuidara del asno cuando iba a pastar; pero un día,
unos mercaderes árabes se lo robaron y el león volvió sólo y muy deprimido al
convento. A las preguntas de los monjes, el león respondía con miradas
lastimeras. El abad le dijo: «Tú te comiste al asno. Bendito sea Dios por ello.
Pero de ahora en adelante tú harás el trabajo del asno». El león tuvo que
acarrear agua para la comunidad. Poco tiempo después, los mercaderes árabes
pasaron de regreso con el asno y tres camellos; el león les puso en fuga, cogió
entre los dientes la brida del asno y lo llevó triunfalmente al monasterio,
junto con los camellos. San Gerásimo reconoció su error y dio al león el nombre
de Jordán. Cuando murió el anciano abad, el león estaba desconsolado. El nuevo
abad le dijo: «Jordán, nuestro amigo nos ha dejado huérfanos para ir a reunirse
con el Amo a quien servía; pero tú tienes que seguir comiendo». Pero el león
siguió rugiendo tristemente. Finalmente el abad, que se llamaba Sabacio,
condujo al león a la tumba de Gerásimo y, arrodillándose junto a ella, le dijo:
«Aquí está enterrado tu amo». El león se echó sobre la tumba y empezó a
golpearse la cabeza contra la tierra; nadie pudo apartarle de ahí y pocos días
más tarde le encontraron muerto. Según algunos autores, el león que se ha
convertido en el símbolo de san Jerónimo era en realidad el de san Gerásimo; la
confusión se habría originado en la grafía "Geronimus" de ciertos
documentos.
El
Acta Sanctorum, marzo, vol. I, cita algunos extractos de la Vida de san Eutimio
escrita por Cirilo de Escitópolis, en la que se menciona frecuentemente a
Gerásimo; también cita algunos párrafos de Juan Mosco. Además de estas fuentes,
existe una biografía griega de Gerásimo, publicada por Papadópulos Kerameus, en
el cuarto volumen de sus Analecta. Dicho autor atribuye esa biografía a Cirilo
de Escitópolis, pero H. Grégoire en Bqzantinische Zeitschrift (vol. XIII, pp.
114-135), ha demostrado que la opinión de Papadópulos es insostenible.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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