San Lucas Casali de Nicosia, monje
fecha: 2 de marzo
†: c. s. IX - país: Italia
otras formas del nombre: Lucas Casali
canonización: culto local
hagiografía: Santi e Beati
†: c. s. IX - país: Italia
otras formas del nombre: Lucas Casali
canonización: culto local
hagiografía: Santi e Beati
En
Agira, en Sicilia, san Lucas Casale de Nicosia, monje, célebre por su humildad
y demás virtudes.

Su
«Vita» fue escrita probablemente por un monje de nombre Bonus, pero por
desgracia el texto se ha perdido, aunque se conserva una redacción posterior de
la misma, en lengua literaria. De acuerdo con ella Lucas nació en Nicosia, en
Sicilia, en el siglo IX, y hacia los doce años fue acogido por un monje del
monasterio de Santa María Latina de Agira (Enna), donde tomó el hábito, y luego
fue ordenado sacerdote. Creció y se mostró tan lleno de virtudes, que la
población de los alrededores se acercaba al monasterio para consultarlo. Ya
adulto fue elegido abad del monasterio de Agira, pero él rechazó el
nombramiento por humildad. Los monjes no se conformaron, e hicieron intervenir
al papa, por lo que Lucas aceptó finalmente por obediencia.
Transcurrieron
los años, en los cuales desplegó gran sabiduría y prudencia en el desarrollo de
su mandato, hasta que fue golpeado por la ceguera, pero esta grave limitación
-sobre todo en aquel tiempo- no le paralizó, sino que continuó con su
apostolado, haciéndose acompañar de algunos hermanos. La leyenda cuenta que un
día, cuando volvía de Nicosia a donde había ido a ver a sus parientes, le
hicieron creer que había ante él una gran cantidad de fieles esperando su
predicación; el santo predicó en voz alta, y luego dio la bendición, y las
piedras respondieron con un sonoro «¡amén!». Los monjes que le acompañaban,
arrepentidos, le pidieron perdón.
Vuelto
al monasterio de Agira murió en olor de santidad, y fue enterrado en la iglesia
de San Felipe. Su fama de santo creció tanto que su cuerpo fue depositado en la
misma urna que san Felipe de Agira. En seguida se perdió el recuerdo de su
sepulcro, pero no su culto, que continuó. En 1575, al cesar una epidemia de
peste, el pueblo y el senado de la ciudad pidieron al papa el reconocimiento de
Luca como patrono de la ciudad. Veinte años después, en 1596, durante unos
trabajos de reestructuración en la iglesia, se volvieron a hallar los
restos de san Lucas de Nicosia, de san Felipe de Agira y de Eusebio monje,
evidentemente escondidos en tiempo de las invasiones sarracenas. En esa ocasión
la ciudad de Nicosia pidió y obtuvo las reliquias del santo abad, que fueron
trasladadas con toda solemnidad.
Muchas
cuestiones históricas sobre la vida del santo están en discusión: algunos lo
consideran muerto en el año 890, aproximadamente, mientras que otros lo sitúan
hacia el 1164. De ningún modo parece que haya vivido antes de las invasiones
árabes en Sicilia, que comenzaron en el 827. La orden religiosa a la que
perteneció también es objeto de disputa, ya que mientras unos lo consideran
benedictino, otros piensan que fue basiliano.
Adaptado
para ETF de un artículo de Antonio Borrelli. Acta Sanctorum, marzo I, pág.
151-2 discute los distintos problemas, y reproduce la mencionada Vita. Los
Bollandistas se inclinan por considerarlo basiliano, que era lo habitual en
esos siglos en el sur de Italia.
fuente: Santi e Beati
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o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=741
Beato Carlos el Bueno, mártir
fecha: 2 de marzo
n.: c. 1084 - †: 1127 - país: Bélgica
canonización: Conf. Culto: León XIII 4 feb 1882
hagiografía: Abel Della Costa
n.: c. 1084 - †: 1127 - país: Bélgica
canonización: Conf. Culto: León XIII 4 feb 1882
hagiografía: Abel Della Costa
En Brujas, en Flandes, beato Carlos
Bono, mártir, que, siendo príncipe de Dinamarca y después conde de Flandes, se
mostró paladín de la justicia y defensor de los pobres, hasta que fue asesinado
por unos soldados a los que buscaba en vano inducir a la paz.
refieren a este santo: San Canuto IV de
Dinamarca

El gobierno sabio y benéfico de Carlos, conde de
Flandes y de Amiens, así como su santidad personal, le ganaron merecidamente el
título de «el bueno». Era hijo de san Canuto,
rey de Dinamarca, quien había sido asesinado en Odense, en 1086. Carlos no
tenía entonces más de cinco años de edad. Su madre se trasladó con él a la
corte de su propio padre, Roberto, conde de Flandes. Al llegar a la edad
requerida, Carlos recibió, junto con el espaldarazo de caballero, la espada de
su padre, que había vuelto a sus manos de un modo singular, según cuenta la
leyenda. En efecto, siendo todavía niño, Carlos había ido a visitar a los
prisioneros en la cárcel de Brujas; entre ellos se encontraba Ivend Trenson,
quien había pasado allí largos años como rehén. Ahora bien, Ivend Trenson había
recogido la espada de san Canuto, después del asesinato de éste, y la tenía en
la prisión, bajo la almohada de su lecho. Cuando Carlos fue a visitarle, lvend
se hallaba acostado. El niño, al ver la espada, pidió a lvend permiso de
ceñírsela y el prisionero le contestó: «Si quieres, puedes conservarla, pues es
la espada de tu padre». Carlos volvió triunfante al palacio, con la espada, y
logró que su abuelo pusiese en libertad a Ivend y a su compañero. Cuando
Roberto II fue a la Cruzada de Palestina, su sobrino le acompañó y se cubrió de
heridas y de gloria. Carlos también ayudó a su tío en su lucha contra los
ingleses. Sucedió a Roberto en el trono su hijo Balduino; como éste no tenía
hijos, nombró heredero a Carlos, a quien casó con Margarita, hija del conde
Reinaldo de Clermont. Carlos participó en el gobierno desde antes de la muerte
de Balduino, de suerte que el pueblo, que conocía ya la prudencia y bondad de
Carlos, le aclamó espontáneamente como rey, en cuanto murió Balduino.
Pero había también otros pretendientes al trono y
Carlos tuvo que hacer frente, durante varios años, a su oposición. Una vez que
consiguió dominar la situación, se entregó a la tarea de crear una era de paz y
justicia entre sus súbditos. Dictó excelentes leyes y exigió su estricto
cumplimento. Trató de cristianizar a su pueblo, más todavía con su ejemplo que
con sus leyes. Cuando alguien le reprochaba apoyar injustamente la causa de los
pobres contra los ricos, respondía: «Eso se debe a que conozco muy bien las
necesidades de los pobres y el orgullo de los ricos». Tenía tal horror a la
blasfemia, que condenaba a ayunar a pan y agua, durante cuarenta días, a los
miembros de su corte a quienes sorprendía jurando por el nombre de Dios. Una de
sus leyes más sabias fue la de prohibir que se sacase a los hijos de la casa
paterna, sin consentimiento de sus padres. Y se mostró tan severo con quienes
oprimían a los pobres, que estos empezaron a gozar de una paz y una seguridad
hasta entonces desconocidas para ellos. Pero aquella tranquilidad se turbó en
agosto de 1124, a causa de un eclipse que los supersticiosos consideraron como
un augurio de grandes calamidades, así como por la terrible hambre del año siguiente,
a raíz de un invierno excepcionalmente largo y frío.
Carlos daba de comer diariamente a cien pobres en su
castillo de Brujas y en cada uno de sus otros palacios. Sólo en Yprés
distribuyó en un solo día 7.800 kilos de pan. Reprendió ásperamente a los habitantes
de Gante que dejaban morir de hambre a los pobres delante de sus puertas y
prohibió la fabricación de cerveza para que todo el grano se emplease en hacer
pan. Igualmente mandó matar a todos los perros y fijó el precio del vino.
Completó su obra con un decreto para que en las tres cuartas partes del terreno
laborable se sembraran cereales y, en el cuarto restante, legumbres de
crecimiento rápido. Al tener noticia de que ciertos nobles habían comprado
grano para almacenarlo y venderlo más tarde a precios exorbitantes, Carlos y su
tesorero, Tancmaro, les obligaron a revenderlo inmediatamente a precios
razonables. Esto enfureció a los especuladores, quienes, capitaneados por
Lamberto y su hermano Bertulfo, deán de San Donaciano de Brujas, tramaron una conspiración
para asesinar al conde. Entre los conspiradores se hallaban un magistrado de
Brujas, llamado Erembaldo y sus hijos, quienes querían vengarse de Carlos,
porque este había reprimido sus violencias. El conde acostumbraba ir todas las
mañanas, descalzo, a la iglesia de San Donaciano, para orar antes de la misa.
Un día, cuando iba a cumplir con su devoción, le avisaron que los conspiradores
tramaban un atentado contra su vida. Carlos replicó tranquilamente: «Vivimos
siempre en medio del peligro, pero estamos en manos de Dios; si tal es Su
voluntad, no hay causa más noble que la de la verdad y la justicia para dar la
vida por ella». Cuando estaba recitando el «Miserere» ante el altar de Nuestra
Señora, los conspiradores cayeron sobre él; uno le arrancó un brazo y
Borchardo, el sobrino de Bertulfo, le cortó la cabeza.
Las reliquias del mártir se conservan en la catedral
de Brujas, donde se celebra su fiesta con gran solemnidad. Su culto fue
confirmado en 1882. El cronista Galberto hace notar, como una especie de
milagro, que la noticia del asesinato, que había tenido lugar el miércoles en
la mañana, llegó a Londres el viernes a la misma hora, «y sin embargo era
imposible cruzar el mar en tan poco tiempo».
Las fuentes biográficas de Carlos el Bueno son
abundantes y fidedignas. Uno de sus contemporáneos, Walterio, archidiácono del
Thérouanne, escribió un relato; el notario Galberto de Brujas, también
contemporáneo del beato, nos dejó una narración aún más completa de los sucesos
posteriores al martirio. Ambos documentos se encuentran en Acta Sanctorum,
marzo, vol. I y en Migne, PL., así como en MGH., Scriptores, vol. XII, pp.
537-623. Por algún motivo difícil de deducir, la «editio typica» del nuevo
Martirologio Romano coloca al beato después de santa Inés de Bohemia, y no
antes, como sería lo lógico; posiblemente se trate de un simple error, pero que
se repite, como es natural, en las traducciones litúrgicas; en nuestro santoral
hemos corregido ese orden al que seguramente corresponde.
Abel
Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
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