Santo Domingo Savio, laico
fecha: 9 de marzo
n.: 1842 - †: 1857 - país: Italia
canonización: B: Pío XII 5 mar 1950 - C: Pío XII 12 jun 1954
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1842 - †: 1857 - país: Italia
canonización: B: Pío XII 5 mar 1950 - C: Pío XII 12 jun 1954
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Mondonio, en el Piamonte, santo Domingo Savio, que, dulce y jovial desde la infancia,
todavía adolescente consumó con paso resuelto el camino de la perfección
cristiana.
patronazgo: patrono de los
jóvenes y de los coros de niños.

EN
1950, fue canonizada la jovencita María Goretti, mártir de la castidad. En el
mismo año tuvo lugar la beatificación de Domingo Savio, confesor, de quince
años de edad. La Iglesia ha elevado a los altares a muchos niños mártires, pero
el caso de santo Domingo Savio es único. Su canonización tuvo lugar en 1954.
Domingo nació en Riva del Piamonte en 1842. Era hijo de un campesino y desde
niño manifestó deseos de ser sacerdote. Cuando san Juan Bosco empezó
a preparar a algunos jóvenes para el sacerdocio, con objeto de que le ayudaran
en su trabajo en favor de los niños abandonados de Turín, el párroco de Domingo
le recomendó al chico. San Juan Bosco, en el primer encuentro que tuvieron los dos,
se sintió muy impresionado por la evidente santidad de Domingo, quien ingresó
en octubre de 1854 en el Oratorio de San Francisco de Sales de Turín, a los
doce años de edad.
Uno
de los recuerdos imborrables que dejó Domingo en el Oratorio fue el grupo que
organizó en él. Se llamaba la Compañía de María Inmaculada. Sin contar los
ejercicios de piedad, el grupo ayudó a Don Bosco en trabajos tan necesarios
como la limpieza de los pisos y el cuidado de los niños difíciles. En 1859,
cuando Don Bosco decidió fundar la Congregación de los Salesianos, organizó una
reunión; entre los veintidós presentes se hallaban todos los iniciadores de la
Compañía de la Inmaculada Concepción, excepto Domingo Savio, quien había volado
al cielo dos años antes.
Poco
después de su llegada al Oratorio, Domingo tuvo oportunidad de impedir que dos
chicos se peleasen a pedradas. Presentándoles su pequeño crucifijo, les dijo:
«Antes de empezar, mirad a Cristo y decid: 'Jesucristo, que era inocente, murió
perdonando a sus verdugos; yo soy un pecador y voy a ofender a Cristo tratando
de vengarme deliberadamente'. Después podéis empezar arrojando vuestra primera
piedra contra mí». Los dos bribonzuelos quedaron avergonzados. Domingo
observaba escrupulosamente el reglamento; por supuesto, algunos de sus
compañeros llevaban a mal que el santo quisiese que ellos observasen el
reglamento en la misma forma. Le llamaban chismoso y le decían: «Corre a
acusarnos con Don Bosco»; con lo cual no hacían sino mostrar cuán poco conocían
al fundador del Oratorio, que no soportaba a los chismosos. Muy probablemente
santo Domingo reía de buena gana en esas ocasiones, pues era de un espíritu muy
alegre, cosa que algunas veces le creó dificultades. Si Domingo no tenía nada
de chismoso, era en cambio muy hábil para contar cuentos; ello le daba gran
ascendiente con sus compañeros, sobre todo con los más jóvenes.
Fue
en verdad una feliz providencia de Dios que Domingo cayese bajo la dirección de
un director tan experimentado como Don Bosco, pues de otro modo se habría
convertido fácilmente en un pequeño fanático. Don Bosco alentaba su alegría, su
estricto cumplimiento del deber de cada día y le impulsaba a participar en los
juegos de los demás niños. Así, santo Domingo podía decir con verdad: «No puedo
hacer grandes cosas. Lo que quiero es hacer aun las cosas más pequeñas para la
mayor gloria de Dios.» «La religión debe ser como el aire que respiramos; no
hay que cansar a los niños con demasiadas reglas y ejercicios de devoción»
-solía decir Don Bosco-. Fiel a sus principios, prohibió a Domingo que hiciese
mortificaciones corporales sin permiso expreso, diciéndole: «La penitencia que
Dios quiere es la obediencia. Cada día se presentan mil oportunidades de
sacrificarse alegremente: el calor, el frío, la enfermedad, el mal carácter de
los otros. La vida de escuela constituye una mortificación suficiente para un
niño». Una noche Don Bosco encontró a Domingo temblando de frío en la cama, sin
más cobertor que una sábana: «¿Te has vuelto loco? -le preguntó-. Vas a pescar
una pulmonía.» Domingo respondió: «No lo creo. Nuestro Señor no pescó ninguna
pulmonía en el establo de Belén.»
La
fuente más importante sobre la corta vida de santo Domingo Savio es el relato
que escribió el mismo Don Bosco. El santo se esforzó por no decir nada que no
pudiese afirmar bajo juramento, particularmente por lo que se refiere a las
experiencias espirituales de Domingo, tales como el conocimiento sobrenatural
del estado espiritual del prójimo, de sus necesidades y del futuro. En cierta
ocasión, Domingo desapareció durante toda la mañana hasta después de la comida.
Don Bosco le encontró en la iglesia, arrebatado en oración, en una postura muy
poco confortable; aunque había pasado seis horas en aquel sitio, Domingo creía
que aún no había terminado la primera misa de la mañana. El santo joven llamaba
esas horas de oración intensa «mis distracciones»: «Siento como si el cielo se
abriera sobre mi cabeza. Tengo que hacer o decir algo que haga reír a los
otros.»
La
delicada salud de Domingo empezó a debilitarse y en 1857, fue enviado a
Mondonio para cambiar de aire. Los médicos diagnosticaron que padecía de una
inflamación en los pulmones y decidieron sangrarlo, según se acostumbraba en
aquella época. El tratamiento no hizo más que precipitar el desenlace. Domingo
recibió los últimos sacramentos y, al anochecer del 9 de marzo, rogó a su padre
que recitara las oraciones por los agonizantes. Ya hacia el fin, trató de
incorporarse y murmuró: «Adiós, papá . . . El padre me dijo una cosa . . . pero
no puedo recordarla . . . » Súbitamente su rostro se transfiguró con una
sonrisa de gozo, y exclamó: «¡Estoy viendo cosas maravillosas!» Esas fueron sus
últimas palabras. La causa de beatificación de Domingo se introdujo en 1914. Al
principio despertó cierta oposición, por razón de la corta edad del santo. Pero
el Papa Pío X consideró, por el contrario, que eso constituía un argumento en
su favor y su punto de vista se impuso. Sin embargo, la beatificación no se
llevó a cabo sino hasta 1950, dieciséis años después de la de Don Bosco.
El
texto definitivo de la biografía escrita por Don Bosco fue publicado en Turín
en 1950 por el P. E. Ceria. Otras biografías en italiano son las del cardenal
Salotti (1921) Don Cojazzi (1950). La corta biografía escrita en inglés por el
P. Juan Sexton (Salessian Press, Londres, 1950) es excelente. N.ETF: extraido
del Butler excepto un párrafo dedicado a Inglaterra que tiene sentido en al
edición original. La biografía escrita por Don Bosco se encuentra en la Biblioteca de ETF.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=827
Santos Pedro Ch’oe Hyong y Juan Bautista
Chon Chang-un, mártires
fecha: 9 de marzo
†: 1866 - país: Corea
canonización: B: Pablo VI 6 oct 1968 - C: Juan Pablo II 6 may 1984
hagiografía: Abel Della Costa
†: 1866 - país: Corea
canonización: B: Pablo VI 6 oct 1968 - C: Juan Pablo II 6 may 1984
hagiografía: Abel Della Costa
En
la aldea de Nei-Ko-Ri, en Corea, santos Pedro Ch'oe Hyong y Juan Bautista Chon
Chang-un, mártires, los cuales, siendo padres de familia, se distinguieron por
administrar el bautismo y publicar escritos cristianos, razón por la cual
fueron entregados al suplicio, en el transcurso del cual se mantuvieron tan
constantes en la fe que suscitaron la admiración de sus mismos perseguidores.
Ver más información en:
103 mártires de la persecución en Corea (1839 - 1867)
103 mártires de la persecución en Corea (1839 - 1867)

Pedro Ch’oe había nacido en 1814 en
Gongju, Chungcheong-do, Corea del Sur. Pertenecía a una familia de cristianos;
su hermana mayor, virgen consagrada, murió hacia 1856, luego de una vida
edificante, y su hermano menor estudiaba en Macao al tiempo del martirio de
Pedro, para ser ordenado sacerdote. Cuando el P. Maubant,
misionero y mártir, llegó a Corea, se fijó en Pedro como un secretario digno
por su piedad e inteligencia; y este correspondió sirviéndolo hasta el martiro
del misionero.
Hacia
el final de la persecución de 1839 Pedro fue apresado como tantos otros, por
ser cristiano; pero en ese caso los espías se limitaron a conseguir dinero por
medio de extorsiones, que era una práctica habitual de los funcionarios
intermedios en época de persecución: pedir rescate a los familiares y amigos.
Tras
el martirio de Maubant pasa al servicio de san Andrés Kim,
a quien también servirá hasta el martirio del sacerdote, en 1846. En este
tiempo contrae matrimonio, y se instala en la capital con un pequeño comercio.
Allí continúa catequizando, exhortando -con doctrina y ejemplo- a la fidelidad
al evangelio, y realizando una tarea necesaria: copiar libros religiosos.
A
la llegada del P. Berneux en
1855 Pedro se pone a disposición del nuevo obispo, y éste lo entusiasma con un
proyecto importante para la misión: montar una imprenta. En cuatro años de
trabajo, Pedro llegó a imprimir y distribuir millares de libros utilizados en
la catequesis.
Con
el juicio del P. Berneux llegan a manos de los jueces algunos de esos
ejemplares, y los espías se encargan de seguir el rastro de los títulos hasta
dar con un traidor que denuncia a Pedro. La prisión del obispo y la pesquisa
sobre los libros puso en guardia a Pedro y llegó a poder esconderse, pero el
cerco se fue cerrando sobre él, hasta que finalmente es apresado.
Juan
Bautista Chon, nacido en 1811 en Seúl, era cristiano también, y había comprado
la casa y la imprenta de Pedro unos pocos días antes. La historia de este
mártir no está exenta de sinuosidades: en la persecución de 1839 había sido
apresado y torturado bárbaramente en la prisión de Kou-riou-kan, de modo que terminó
apostatando para librarse. Sin embargo, a la salida de la cárcel su madre,
ferviente cristiana, le reprochó su cobardía. Juan comprendió con el tiempo su
error, y quiso volver a la práctica de la fe, pero la ausencia de sacerdotes le
impedía confesarse, y cayó así en una profunda depresión.
Con
la llegada del P. Andrés Kim su espíritu tomó nuevo impulso, realizó una
confesión general, e inició una vida de penitencia que fue edificante para
todos los cristianos que se habían escandalizado con su caída.
Fue
apresado junto con Pedro, y recibió como él las torturas acostumbradas:
bastonazos y puntazos -que fueron con Pedro especialmente crueles-; pero los
dos se negaron a dar ningún dato que pudiera comprometer a otros cristianos, a
la vez que mantuvieron con entereza la confesión de la fe. Llegaron a ver la
muerte del P. Berneux, y dos días más tarde, el 9 de marzo, fueron
crucificados, decapitados, y sus cuerpos expuestos -a tenor de la ley- tres
días.
Pagando
un soborno, la familia de Juan consiguió la devolución del cuerpo, pero en
cambio el de Pedro fue abandonado en el campo para que fuera comido por las
alimañas y aves carroñeras. Sin embargo no ocurrió eso, y los cristianos
pudieron, algunos días más tarde, recoger las preciosas reliquias y enterrarlas
junto a las de Juan, cerca del escenario de su pasión. Fueron canonizados
el 6 de mayo de 1984.
Ver
Ch. Dallet, Historire de L'Église de Corée, II, 535-537; me he limitado a
resumir de allí la historia de estos mártires, contada en el original de manera
vivaz y emocionante.
Abel Della Costa
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o última modificación relevante: 8-3-2013
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
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completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
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