miércoles, 9 de marzo de 2016

Santo Domingo Savio, laico - Santos Pedro Ch’oe Hyong y Juan Bautista Chon Chang-un, mártires (103 mártires de la persecución en Corea (1839 - 1867)) 9 de marzo

Santo Domingo Savio, laico

fecha: 9 de marzo
n.: 1842 - †: 1857 - país: Italia
canonización: 
B: Pío XII 5 mar 1950 - C: Pío XII 12 jun 1954
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Mondonio, en el Piamonte, santo Domingo Savio, que, dulce y jovial desde la infancia, todavía adolescente consumó con paso resuelto el camino de la perfección cristiana.
patronazgo: patrono de los jóvenes y de los coros de niños.
EN 1950, fue canonizada la jovencita María Goretti, mártir de la castidad. En el mismo año tuvo lugar la beatificación de Domingo Savio, confesor, de quince años de edad. La Iglesia ha elevado a los altares a muchos niños mártires, pero el caso de santo Domingo Savio es único. Su canonización tuvo lugar en 1954. Domingo nació en Riva del Piamonte en 1842. Era hijo de un campesino y desde niño manifestó deseos de ser sacerdote. Cuando san Juan Bosco empezó a preparar a algunos jóvenes para el sacerdocio, con objeto de que le ayudaran en su trabajo en favor de los niños abandonados de Turín, el párroco de Domingo le recomendó al chico. San Juan Bosco, en el primer encuentro que tuvieron los dos, se sintió muy impresionado por la evidente santidad de Domingo, quien ingresó en octubre de 1854 en el Oratorio de San Francisco de Sales de Turín, a los doce años de edad.
Uno de los recuerdos imborrables que dejó Domingo en el Oratorio fue el grupo que organizó en él. Se llamaba la Compañía de María Inmaculada. Sin contar los ejercicios de piedad, el grupo ayudó a Don Bosco en trabajos tan necesarios como la limpieza de los pisos y el cuidado de los niños difíciles. En 1859, cuando Don Bosco decidió fundar la Congregación de los Salesianos, organizó una reunión; entre los veintidós presentes se hallaban todos los iniciadores de la Compañía de la Inmaculada Concepción, excepto Domingo Savio, quien había volado al cielo dos años antes.
Poco después de su llegada al Oratorio, Domingo tuvo oportunidad de impedir que dos chicos se peleasen a pedradas. Presentándoles su pequeño crucifijo, les dijo: «Antes de empezar, mirad a Cristo y decid: 'Jesucristo, que era inocente, murió perdonando a sus verdugos; yo soy un pecador y voy a ofender a Cristo tratando de vengarme deliberadamente'. Después podéis empezar arrojando vuestra primera piedra contra mí». Los dos bribonzuelos quedaron avergonzados. Domingo observaba escrupulosamente el reglamento; por supuesto, algunos de sus compañeros llevaban a mal que el santo quisiese que ellos observasen el reglamento en la misma forma. Le llamaban chismoso y le decían: «Corre a acusarnos con Don Bosco»; con lo cual no hacían sino mostrar cuán poco conocían al fundador del Oratorio, que no soportaba a los chismosos. Muy probablemente santo Domingo reía de buena gana en esas ocasiones, pues era de un espíritu muy alegre, cosa que algunas veces le creó dificultades. Si Domingo no tenía nada de chismoso, era en cambio muy hábil para contar cuentos; ello le daba gran ascendiente con sus compañeros, sobre todo con los más jóvenes.
Fue en verdad una feliz providencia de Dios que Domingo cayese bajo la dirección de un director tan experimentado como Don Bosco, pues de otro modo se habría convertido fácilmente en un pequeño fanático. Don Bosco alentaba su alegría, su estricto cumplimiento del deber de cada día y le impulsaba a participar en los juegos de los demás niños. Así, santo Domingo podía decir con verdad: «No puedo hacer grandes cosas. Lo que quiero es hacer aun las cosas más pequeñas para la mayor gloria de Dios.» «La religión debe ser como el aire que respiramos; no hay que cansar a los niños con demasiadas reglas y ejercicios de devoción» -solía decir Don Bosco-. Fiel a sus principios, prohibió a Domingo que hiciese mortificaciones corporales sin permiso expreso, diciéndole: «La penitencia que Dios quiere es la obediencia. Cada día se presentan mil oportunidades de sacrificarse alegremente: el calor, el frío, la enfermedad, el mal carácter de los otros. La vida de escuela constituye una mortificación suficiente para un niño». Una noche Don Bosco encontró a Domingo temblando de frío en la cama, sin más cobertor que una sábana: «¿Te has vuelto loco? -le preguntó-. Vas a pescar una pulmonía.» Domingo respondió: «No lo creo. Nuestro Señor no pescó ninguna pulmonía en el establo de Belén.»
La fuente más importante sobre la corta vida de santo Domingo Savio es el relato que escribió el mismo Don Bosco. El santo se esforzó por no decir nada que no pudiese afirmar bajo juramento, particularmente por lo que se refiere a las experiencias espirituales de Domingo, tales como el conocimiento sobrenatural del estado espiritual del prójimo, de sus necesidades y del futuro. En cierta ocasión, Domingo desapareció durante toda la mañana hasta después de la comida. Don Bosco le encontró en la iglesia, arrebatado en oración, en una postura muy poco confortable; aunque había pasado seis horas en aquel sitio, Domingo creía que aún no había terminado la primera misa de la mañana. El santo joven llamaba esas horas de oración intensa «mis distracciones»: «Siento como si el cielo se abriera sobre mi cabeza. Tengo que hacer o decir algo que haga reír a los otros.»
La delicada salud de Domingo empezó a debilitarse y en 1857, fue enviado a Mondonio para cambiar de aire. Los médicos diagnosticaron que padecía de una inflamación en los pulmones y decidieron sangrarlo, según se acostumbraba en aquella época. El tratamiento no hizo más que precipitar el desenlace. Domingo recibió los últimos sacramentos y, al anochecer del 9 de marzo, rogó a su padre que recitara las oraciones por los agonizantes. Ya hacia el fin, trató de incorporarse y murmuró: «Adiós, papá . . . El padre me dijo una cosa . . . pero no puedo recordarla . . . » Súbitamente su rostro se transfiguró con una sonrisa de gozo, y exclamó: «¡Estoy viendo cosas maravillosas!» Esas fueron sus últimas palabras. La causa de beatificación de Domingo se introdujo en 1914. Al principio despertó cierta oposición, por razón de la corta edad del santo. Pero el Papa Pío X consideró, por el contrario, que eso constituía un argumento en su favor y su punto de vista se impuso. Sin embargo, la beatificación no se llevó a cabo sino hasta 1950, dieciséis años después de la de Don Bosco. 
El texto definitivo de la biografía escrita por Don Bosco fue publicado en Turín en 1950 por el P. E. Ceria. Otras biografías en italiano son las del cardenal Salotti (1921) Don Cojazzi (1950). La corta biografía escrita en inglés por el P. Juan Sexton (Salessian Press, Londres, 1950) es excelente. N.ETF: extraido del Butler excepto un párrafo dedicado a Inglaterra que tiene sentido en al edición original. La biografía escrita por Don Bosco se encuentra en la Biblioteca de ETF.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=827





Santos Pedro Ch’oe Hyong y Juan Bautista Chon Chang-un, mártires

fecha: 9 de marzo
†: 1866 - país: Corea
canonización: 
B: Pablo VI 6 oct 1968 - C: Juan Pablo II 6 may 1984
hagiografía: Abel Della Costa

En la aldea de Nei-Ko-Ri, en Corea, santos Pedro Ch'oe Hyong y Juan Bautista Chon Chang-un, mártires, los cuales, siendo padres de familia, se distinguieron por administrar el bautismo y publicar escritos cristianos, razón por la cual fueron entregados al suplicio, en el transcurso del cual se mantuvieron tan constantes en la fe que suscitaron la admiración de sus mismos perseguidores.
Pedro Ch’oe había nacido en 1814 en Gongju, Chungcheong-do, Corea del Sur. Pertenecía a una familia de cristianos; su hermana mayor, virgen consagrada, murió hacia 1856, luego de una vida edificante, y su hermano menor estudiaba en Macao al tiempo del martirio de Pedro, para ser ordenado sacerdote. Cuando el P. Maubant, misionero y mártir, llegó a Corea, se fijó en Pedro como un secretario digno por su piedad e inteligencia; y este correspondió sirviéndolo hasta el martiro del misionero.
Hacia el final de la persecución de 1839 Pedro fue apresado como tantos otros, por ser cristiano; pero en ese caso los espías se limitaron a conseguir dinero por medio de extorsiones, que era una práctica habitual de los funcionarios intermedios en época de persecución: pedir rescate a los familiares y amigos.
Tras el martirio de Maubant pasa al servicio de san Andrés Kim, a quien también servirá hasta el martirio del sacerdote, en 1846. En este tiempo contrae matrimonio, y se instala en la capital con un pequeño comercio. Allí continúa catequizando, exhortando -con doctrina y ejemplo- a la fidelidad al evangelio, y realizando una tarea necesaria: copiar libros religiosos.
A la llegada del P. Berneux en 1855 Pedro se pone a disposición del nuevo obispo, y éste lo entusiasma con un proyecto importante para la misión: montar una imprenta. En cuatro años de trabajo, Pedro llegó a imprimir y distribuir millares de libros utilizados en la catequesis.
Con el juicio del P. Berneux llegan a manos de los jueces algunos de esos ejemplares, y los espías se encargan de seguir el rastro de los títulos hasta dar con un traidor que denuncia a Pedro. La prisión del obispo y la pesquisa sobre los libros puso en guardia a Pedro y llegó a poder esconderse, pero el cerco se fue cerrando sobre él, hasta que finalmente es apresado.
Juan Bautista Chon, nacido en 1811 en Seúl, era cristiano también, y había comprado la casa y la imprenta de Pedro unos pocos días antes. La historia de este mártir no está exenta de sinuosidades: en la persecución de 1839 había sido apresado y torturado bárbaramente en la prisión de Kou-riou-kan, de modo que terminó apostatando para librarse. Sin embargo, a la salida de la cárcel su madre, ferviente cristiana, le reprochó su cobardía. Juan comprendió con el tiempo su error, y quiso volver a la práctica de la fe, pero la ausencia de sacerdotes le impedía confesarse, y cayó así en una profunda depresión. 
Con la llegada del P. Andrés Kim su espíritu tomó nuevo impulso, realizó una confesión general, e inició una vida de penitencia que fue edificante para todos los cristianos que se habían escandalizado con su caída.
Fue apresado junto con Pedro, y recibió como él las torturas acostumbradas: bastonazos y puntazos -que fueron con Pedro especialmente crueles-; pero los dos se negaron a dar ningún dato que pudiera comprometer a otros cristianos, a la vez que mantuvieron con entereza la confesión de la fe. Llegaron a ver la muerte del P. Berneux, y dos días más tarde, el 9 de marzo, fueron crucificados, decapitados, y sus cuerpos expuestos -a tenor de la ley- tres días.
Pagando un soborno, la familia de Juan consiguió la devolución del cuerpo, pero en cambio el de Pedro fue abandonado en el campo para que fuera comido por las alimañas y aves carroñeras. Sin embargo no ocurrió eso, y los cristianos pudieron, algunos días más tarde, recoger las preciosas reliquias y enterrarlas junto a las de Juan, cerca del escenario de su pasión. Fueron canonizados el 6 de mayo de 1984.
Ver Ch. Dallet, Historire de L'Église de Corée, II, 535-537; me he limitado a resumir de allí la historia de estos mártires, contada en el original de manera vivaz y emocionante.

Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: 8-3-2013
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=828

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