San Bruno de Querfurt, obispo y
mártir
fecha: 9 de marzo
fecha en el calendario anterior: 19 de junio
n.: c. 974 - †: 1009 - país: Polonia
otras formas del nombre: Bonifacio de Querfurt
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 19 de junio
n.: c. 974 - †: 1009 - país: Polonia
otras formas del nombre: Bonifacio de Querfurt
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Moravia oriental, san Bruno, obispo de Querfurt y mártir, el cual, acompañando
a Italia al emperador Otón III, movido por la autoridad de san Romualdo abrazó
la disciplina monástica y recibió el nombre de Bonifacio. Vuelto a Moravia y
nombrado obispo por el papa Juan X, durante una expedición apostólica fue
despedazado, junto con dieciocho compañeros, por unos idólatras.
patronazgo: patrono de
Prusia (territorios que en la actualidad se extienden por Alemania, Polonia,
Lituania).
refieren a este santo: Santos Benito,
Juan, Mateo, Isaac y Cristiano, San Bruno de
Wurzburgo, San Vladimiro
Basilio

Este
santo monje misionero, descendiente de una noble familia sajona, vino al mundo
alrededor del año 974 en Querfurt, y fue bautizado con el nombre de Bruno.
Recibió su educación en Magdeburgo, la ciudad de san Adalberto y de allí pasó a
la corte del rey Otón III, quien le profesaba mucho afecto y le dispensaba su
confianza. El monarca lo nombró capellán de la corte; en el año 998, cuando
Otón viajó a Italia, se llevó consigo a Bruno y éste, lo mismo que el rey,
quedó bajo la saludable influencia de san Romualdo.
Con el recuerdo de san Adalberto de Praga, martirizado el año anterior, fresco
en su memoria, Bruno quiso seguir su ejemplo y, a instancias de san Romualdo,
tomó el hábito de monje en la abadía de los santos Bonifacio y Alejo, en Roma.
Alrededor del año 1000, se unió a san Romualdo y, con la generosa ayuda del
emperador, fundaron los dos el monasterio de Pereum, cerca de Ravena.
Fue
en aquel lugar donde Bruno (quien desde que tomó los hábitos cambió su nombre
por el de Bonifacio) se sintió llamado a llevar el mensaje del Evangelio a los
valetianos y prusianos. En consecuencia, resolvió volver a unirse a san
Adalberto, cuya biografía comenzaba a escribir por entonces y, tras de recibir
la aprobación imperial, envió a dos monjes a Polonia para que aprendieran la
lengua eslovaca, mientras él se trasladaba a Roma para obtener la comisión del
Papa. Cuando realizaba aquellas gestiones, el 10 de noviembre de 1003, llegaron
las noticias funestas de que aquellos dos monjes, Benedicto y Juan, junto con
otros tres que los acompañaban, habían sido brutalmente asesinados por una
banda de asaltantes en Kazimierz, cerca de Gniezno. Bonifacio, que se disponía
a unirse a aquel grupo de avanzada, quedó profundamente impresionado e hizo el
proyecto, que más tarde realizó, de escribir la historia de aquellos monjes
como un homenaje, bajo el título de «Los Cinco Hermanos Mártires». Poco tiempo
después, con la autorización del papa Silvestre II, emprendió el viaje hacia
Alemania en mitad del invierno y con un frío tan riguroso, que muchas veces
tenía que detenerse porque sus botas, congeladas y endurecidas, le impedían
caminar. Al llegar a Regensburgo, se entrevistó con el nuevo emperador, san
Enrique II, y se trasladó a Merseburgo, en Magdeburgo, cuyo arzobispo lo
consagró como obispo misionero. Tal vez sería más correcto decir «arzobispo
misionero», puesto que Bonifacio había recibido el palio de manos del papa y el
propio pontífice había sugerido que Bonifacio podría llegar a ser el
metropolitano del oriente de Polonia. Debido a las dificultades políticas, tuvo
que trabajar durante algún tiempo entre los magiares, en la comarca del bajo
Danubio; como no progresaba su obra, partió hacia Kiev, donde obtuvo la
protección de san Vladimiro y pudo predicar el Evangelio de Cristo a los
pechenegs.
Poco
después, san Bonifacio hizo un nuevo intento de llegar a los lugares habitados
por los prusianos, desde los territorios polacos de Boleslao el Valiente, luego
de escribir una carta muy elocuente pero inútil al emperador san Enrique, para
suplicarle que no llegase a realizar la alianza con los herejes en contra del
cristiano Boleslao. A pesar de que hay muchos puntos oscuros en la carrera de
san Bonifacio, podemos aceptar sin vacilaciones lo que relatan las crónicas de
Thietmar, obispo de Merseburgo, quien llevaba amistad con Bonifacio. El obispo
nos dice que su amigo encontró una tenaz oposición en sus esfuerzos por
evangelizar a los pueblos de las regiones fronterizas al oriente de Masovia; el
mismo cronista nos informa que, no obstante la hostilidad demostrada y las
continuas amenazas, Bonifacio persistió en sus propósitos y acabó por ser
cruelmente asesinado, junto con otros dieciocho compañeros, el 14 de marzo de
1009. Los restos del santo fueron rescatados por Boleslao, quien los llevó a
Polonia; posteriormente, los prusianos honraron su memoria al bautizar a la
ciudad de Braunsberg con su nombre, ya que fue fundada en el sitio mismo en que
Bonifacio sufrió el martirio. San Bonifacio fue un misionero de grandes ideales
que comprendían incluso la evangelización de los suecos, a quienes envió dos de
sus monjes auxiliares; pero desde el punto de vista humano, todas sus empresas
culminaron en el fracaso.
Debido
a que algunas veces se le llama Bruno y otras tantas Bonifacio, muchos
historiadores, incluso el cardenal Baronio en el antiguo Martirologio Romano
(19 de junio y 15 de octubre), cometieron el error de considerar a Bonifacio y
a Bruno de Querfurt, como dos personas distintas. No abundan las informaciones
para esta biografía. Hay un párrafo en la crónica de Thietmar de Merseburg,
otro en la Vida de San Romualdo, de San Pedro Damián y una breve pasión
atribuida a Wibert, quien asegura haber sido compañero del mártir; existen
también varias leyendas, recopiladas en el Breviario de Halberstadt. H. G.
Voigt publicó un documento muy poco digno de confianza que, si bien procede de
un manuscrito de fecha antigua, pretende conservar los datos de una biografía
mucho más antigua, de la que nada más se sabe. Este documento se publicó por
primera vez en el periódico Sachsen und Anhalt, vol. III (1927), pp. 87-134;
desde entonces, lo incluyó Pertz en el Monumenta Germaniae Historica,
Scriptores, vol. XXX, parte II. Véase a H. G. Voigt Bruno von Querfurt (1907) y
Bruno als Missionar der Ostens (1909); la Historisches Jahrbuch, vol. XIII
(1892), 493- 500; el Stimmen aus Maria-Laach, vol. LIII (1897), pp. 266 y ss.; F. Dvornick The Making of
Central and Eastern Europe (1949), pp. 196-204; y la Cambridge History of
Poland, vol. I (1950), pp. 66-67.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 990 veces
ingreso
o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=825
Santa Catalina de Bolonia, virgen
fecha: 9 de marzo
n.: 1413 - †: 1463 - país: Italia
canonización: C: Clemente XI 22 may 1712
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1413 - †: 1463 - país: Italia
canonización: C: Clemente XI 22 may 1712
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Bolonia, en la Emilia, santa Catalina, virgen de la Orden de las Clarisas,
quien, notable por sus dotes naturales, fue aún más ilustre por sus virtudes
místicas, así como por la vida de penitencia y humildad, y se convirtió en guía
de vírgenes consagradas.
patronazgo: patrona de las
artes plásticas.

Juan
de Vigri, padre de Catalina, era abogado y agente diplomático del marqués de
Ferrara, Nicolás d'Este. A instancias del marqués, Juan envió a su hija, de
once años de edad a servir como dama de honor a la joven Margarita d'Este.
Catalina hizo sus estudios con Margarita y fue amiga íntima suya. Entre otras
materias, las jóvenes estudiaron el latín; Catalina escribió posteriormente
varias obritas en esa lengua. Al casarse con Roberto Malatesta, Margarita tenía
intención de conservar a Catalina a su servicio, pero ésta se sintió llamada a
la vida religiosa. Poco después de regresar a su casa, perdió a su padre y, casi
inmediatamente ingresó en una congregación de terciarias franciscanas de
Ferrara, que llevaban una vida semimonástica, bajo al dirección de una mujer
llamada Lucía de Mascaroni.
Aunque
Catalina sólo tenía catorce años, su deseo de perfección le ganó la admiración
de sus hermanas. Desde tan temparana edad empezó a tener visiones, algunas de
las cuales provenían de Dios y otras del demonio, como la misma Catalina se vio
obligada a reconocerlo más tarde. Para ayudar a otras almas a distinguir entre
las visiones divinas y los artificios del diablo, Catalina escribió que había
aprendido a discernir las unas de las otras por la santa luz de la humildad,
«que precedía siempre a la salida del Sol». Citemos sus propias palabras: «Esa
alma, cuando se acercaba el Huésped divino, experimentaba un sentimiento de
respeto que ponía de rodillas a su corazón y la obligaba a doblar exteriormente
la cabeza; en otras ocasiones, le sobrevenía una gran claridad sobre sus faltas
pasadas, presentes y futuras y se veía a sí misma como la causante de las
faltas de sus prójimos, por los cuales sentía una inflamada caridad. Así
entraba Jesús en su alma, como un rayo de sol y establecía en ella la más
profunda paz».
Más
tarde, el demonio trató de infiltrar en su alma dudas y pensamientos blasfemos,
particularmente sobre la presencia real de Jesucristo en el Santísimo
Sacramento. Esto la hizo sufrir mucho, hasta que Dios le reveló claramente la
doctrina de la Iglesia y respondió en forma definitiva a sus dificultades de
modo que desaparecieron las dudas. Santa Catalina aseguraba que, en las almas
puras, los efectos del Sacramento no dependen del fervor sensible y que
aquellas dudas no disminuyen tampoco su eficacia, con tal de que el alma no
consienta en ellas. También afirmaba que quienes llevan con paciencia tales
pruebas sacan de la comunión mayores frutos que si tuviesen las más altas
consolaciones. Probablemente a causa de todo lo que había sufrido, Catalina
sentía un indomable deseo de dormir, que ella consideraba como tentación del demonio,
pero que era probablemente una gracia que le permitía rehacerse de los
esfuerzos corporales y mentales anteriores. Después de algún tiempo,
desapareció también esa inclinación exagerada al sueño y la paz completa se
estableció en el alma de Santa Catalina.
Pensando
que con ello podría ayudar a otros después de su muerte, Catalina empezó a
escribir un relato de las pruebas que había sufrido y las gracias que recibía.
Para evitar que sus hermanas descubrieran su diario, acostumbraba coserlo en el
interior de un cojín; pero ellas, sospechando lo que sucedía, buscaron el
manuscrito hasta dar con él. Cuando Catalina cayó en la cuenta de la
indiscreción de que había sido objeto, arrancó las hojas y las arrojó al fuego.
La santa estaba encargada del horno, pues era la panadera de la casa. En cierta
ocasión, al darse cuenta de que el resplandor del fuego le hacía daño a la
vista, temiendo que eso la inutilizara para el servicio de la comunidad, habló
del asunto con su superiora; pero ésta le respondió que permaneciese en su
puesto y dejara la salud en manos de Dios. Después de ejercer durante largo
tiempo el oficio de panadera, santa Catalina pasó a ser maestra de novicias.
Por la misma época, tuvo una extraordinaria visión, a la que aluden con
frecuencia sus imágenes y que referiremos con sus propias palabras: «Esa
persona pidió permiso a su superiora para pasar toda la noche de Navidad en la
iglesia del monasterio y se dirigió allá lo más pronto que pudo, con la
intención de recitar mil avemarías en honor de la Santísima Virgen. Así lo
hizo, con toda la atención y el fervor de que fue capaz. En esa ocupación la
sorprendió la medianoche, es decir la hora en que, según se cree, nació Nuestro
Señor. En ese preciso momento, se le apareció la Santísima Virgen, llevando en
sus brazos al Niño Jesús cubierto con pañales. La Madre de Dios se le acercó y
le puso a su Hijo en los brazos. Ya podéis imaginar el gozo de esa pobre
criatura cuando vio en sus propios brazos al Hijo del Padre Eterno. Temblando
de respeto, pero sobre todo abrumada de felicidad, se tomó la libertad de
acariciar al Niño, de estrecharlo contra su corazón y de acercar los labios a
su rostro... En el momento en que la pobre criatura de la que estamos hablando
acercaba los labios a la boca del Divino Niño, se esfumó la visión, dejándola
sumida en un gozo indescriptible». La santa escribió por entonces dos libros en
versos libres sobre los misterios de la vida de Cristo y su Madre, a los que
dio el título de «Rosario», que las religiosas del monasterio de Bolonia
conservaron como un tesoro. Escribió igualmente un tratado sobre «Las Siete
Armas espirituales», que vio la luz después de su muerte y alcanzó gran fama en
Italia.
Algunos
años antes, la pequeña comunidad gobernada por Lucía Mascaroni había abrazado
la estrecha regla de Santa Clara y se había cambiado a una casa más adaptable a
los usos de la vida religiosa; pero tanto santa Catalina como las más austeras
de sus hermanas estaban convencidas de que la única manera de asegurar la
perfecta observancia consistía en instituir la clausura. Sin embargo, los
habitantes de Ferrara se opusieron durante mucho tiempo a tal innovación, hasta
que finalmente el Papa Nicolás V decretó y sancionó la clausura, gracias sobre
todo a las oraciones y esfuerzos de santa Catalina. La santa fue entonces
nombrada superiora de otro convento de la estrecha observancia en Bolonia; ella
hubiese preferido permanecer en Ferrara como simple súbdita, pero el cielo le
dio a entender que debía aceptar el cargo y al punto obedeció. Dos cardenales
recibieron en Bolonia a la santa y a su acompañante, seguidos por el senado y
toda la población. A pesar de la estricta clausura, la fama de santidad,
milagros y dones de profecía de santa Catalina, atrajeron a tantas postulantes
al nuevo convento de Corpus Christi, que apenas había sitio suficiente.

Santa Catalina trabajaba con todas sus
fuerzas durante la semana; los domingos y días de fiesta aprovechaba el tiempo
libre para copiar e iluminar su breviario. Este libro, compuesto totalmente por
manos de la santa, con miniaturas de Cristo y de la Virgen, se conserva
todavía. Catalina compuso también varios himnos y pintó algunos cuadros. La
santa recomendaba a sus hijas tres cosas que ella había practicado durante toda
su vida: La primera era hablar amablemente a todos, la segunda practicar
constantemente la humildad y la tercera no mezclarse nunca en los asuntos
ajenos. Aunque era muy estricta consigo misma, la santa se mostraba
extraordinariamente bondadosa con las debilidades de sus prójimos. En las
elecciones de la nueva abadesa, el único reproche que sus hermanas pudieron
hacer a Catalina fue que era demasiado bondadosa para urgir severamente la
observancia. Siendo maestra de novicias, le pareció que algunas de las hermanas
no se alimentaban suficientemente; para remediarlo pidió en la cocina algunos huevos
duros, les quitó el cascarón y los deslizó en las bolsas de las hermanas,
dejando en su propio plato sólo los cascarones. Por ello, fue acusada de
sensualidad durante la visita anual, pero la santa soportó la reprimenda sin
decir una palabra, como si realmente fuese culpable.
Su
salud, que había empezado a debilitarse desde su vuelta a Bolonia, decayó
rápidamente. El primer domingo de cuaresma del año de 1463 se vio atacada por
violentos dolores, de suerte que debió acostarse y ya no se levantó más. El 9
de marzo entregó su alma a Dios en forma tan apacible, que sus hermanas no se
dieron cuenta de que había muerto, sino hasta que empezaron a percibir una
deliciosa fragancia y advirtieron que su faz tenía la belleza y frescura de una
quinceañera. Su cuerpo fue enterrado sin caja, pero a los dieciocho días fue
desenterrado, debido a los numerosos milagros que había obrado y a la suave
fragancia que se escapaba de su tumba. Desde entonces, se encuentra incorrupto
en la capilla del convento de Bolonia, donde puede verse a través de un
cristal. La santa se halla sentada, ricamente vestida; pero el rostro y las
manos, que están al descubierto, se han ennegrecido con el tiempo y la humedad.
Santa Catalina es la patrona de los artistas. Las miniaturas que pintó se
conservan aún en el convento de Corpo di Cristo, en Bolonia; según los
expertos, se trata de obras de gran delicadeza. También se conservan dos de sus
pinturas, una en la pinacoteca de Bolonia y la otra en la Academia de Bellas
Artes de Venecia. Fue canonizada en 1712.
Los
principales datos sobre la santa se encuentran en la corta biografía publicada
cincuenta años después de su muerte por un fraile franciscano, llamado Dionisio
Paleotti. Pero es mucho más completa la biografía del P. J. Grassetti, quien,
aunque escribió en 1610, tuvo acceso a todos los documentos de Bolonia. Ambas
biografías, escritas originalmente en italiano, pueden leerse en Acta
Sanctorum, marzo, vol. II, donde se hallan traducidas al latín. Es de lamentar
que la más rica de las fuentes sobre Santa Catalina no haya visto la luz hasta
el presente. Nos referimos al Specchio d'illuminazione, que es una serie de
recuerdos escritos por la Hermana Iluminata Bembi, súbdita de Catalina; el
manuscrito se conserva en el convento. La mayoría de los historiadores modernos
se basan principalmente en la obra de Grassetti. La más voluminosa de las
biografías modernas es la de J. E. Duver, Vie de saillte Catherine de Bologne
(1905); ver también la obra francesa de J. Stiénon du Pré (1949). En 1912 apareció
en Bolonia una colección de ensayos sobre Santa Catalina, con el título de La
Santa nella storia, nelle lettere e nell'arte. Cf.igualmente Leon, Aureole Seraphique (trad. inglesa,
vol. I, pp. 394-437) y Dunbar, Dictionary of Saintly Women, vol. I,
pp. 160-161. En la Oratorian Series se publicó la traducción inglesa de la obra
de Grassetti.
N.ETF:
La segunda imagen de este artículo es la obra de Catalina de Bologna «Madonna
del pomo» (Virgen de la manzana) que se encuentra en Bologna, en el Museo del Corpus
Domini, y que ilustra muchas páginas de internet dedicadas a la santa.
Posiblemente sea esta la obra que menciona el Butler que se conserva en la
pinacoteca de Bolonia, ya que, según el catálogo en línea en el sitio oficial
de dicha pinacoteca, no hay ninguna en el propio museo. En Venecia se conserva
una Santa Ursula pintada por santa Catalina, donde ella misma
se ha retratado en miniatura, a los pies de la otra santa; asímismo en el museo
del Corpus Domini hay también un manuscrito iluminado por la santa. La iconografía
donde ella aparece como personaje es amplia.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 757 veces
ingreso
o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=826
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