Beatos Juan Lorenzo de Cetina y Pedro de Dueñas, religiosos
mártires
fecha: 19 de mayo
†: 1397 - país: España
canonización: Conf. Culto: Clemente XII 26 ago 1731
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
†: 1397 - país: España
canonización: Conf. Culto: Clemente XII 26 ago 1731
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
En Granada, en la
región hispánica de Andalucía, martirio de los beatos Juan Lorenzo de Cetina,
presbítero, y Pedro de Dueñas, religioso, ambos de la Orden de los Hermanos
Menores Conventuales, que fueron degollados por mano del propio monarca, al
haber ido a aquel reino musulmán a predicar a Cristo.
Juan Lorenzo, nacido en
Cetina (Aragón, España), después de haber estado al servicio de un noble, llevó
vida eremítica cerca de Murcia. Al volver a Aragón tomó el hábito franciscano
entre los Hermanos Menores de Monzón. Terminados los estudios en el convento de
San Francisco en Barcelona, y ordenado sacerdote, se dedicó con gran éxito a la
predicación. Al llegar la noticia del martirio de san Nicolás
Tavelic y compañeros, en Jerusalén (1391), fue a Roma para
solicitar de Bonifacio IX la licencia para ir a Tierra Santa; el Pontífice le
negó esta gracia, pero le concedió la facultad de predicar el evangelio entre
los infieles. Al volver a España, hacia 1395, Fr. Juan se dirigió a Córdoba,
destinado al nuevo convento de San Francisco del Monte y llevó una vida de
contemplación; allí se reunió con Fr. Pedro de Dueñas.
Pedro había nacido en
Dueñas (Palencia, también España) y muy joven ingresó en la Orden de los
Hermanos Menores en calidad de religioso laico. Tenía unos dieciocho años y
hacía poco se había consagrado al Señor con la profesión religiosa cuando
aceptó con mucho entusiasmo la propuesta de Fray Juan de Cetina de ser su
compañero en la ardua misión de evangelizar a los moros. Fue mucho más contento
por el hecho de que Fray Juan había sido su maestro en el año de noviciado.
Obtenida la licencia de
los superiores para ir a predicar el Evangelio a los moros de Granada, los dos
entraron a esta ciudad el domingo 8 de enero de 1397, gozosos de poder predicar
la fe en Cristo a tantos pobres e infelices hermanos. El objetivo de su misión
era sublime: anunciar la fe en Cristo a los sarracenos, pero bien pronto fueron
arrestados y conducidos a la presencia del Cadi, el cual los interrogó sobre su
misión. Los dos religiosos respondieron firmemente que se habían trasladado a
Granada para anunciar la fe en Cristo y exhortarlos a abandonar la religión de
Mahoma. El Cadi se rió de sus pretensiones, los creyó medio locos, y les aconsejó
que si querían salvar la vida, abandonaran de inmediato la ciudad. Los
intrépidos defensores de la fe insistieron en la necesidad de abrazar la fe
cristiana porque es la única verdadera.
Juan, movido por divino
impulso, les propuso la prueba del fuego, pero el Cadi no aceptó, dio orden de
que fueran conducidos a la casa de algún cristiano para que fueran luego
alejados de la ciudad. Después de algún tiempo de silencio volvieron a aparecer
en las plazas públicas anunciando la fe cristiana. Los sarracenos no tardaron
en levantarse contra ellos acusándolos nuevamente en el tribunal del Cadi, como
perturbadores del pueblo y blasfemos contra su gran profeta.
Los ardientes apóstoles
de la fe, que presentían ya cercana la muerte, quisieron prepararse con la
confesión y la bendición del cohermano portugués Padre Eustaquio, capellán de
los mercaderes cristianos, y luego serenamente se presentaron al Cadi. Fueron
condenados a prisión junto con los esclavos cristianos para el cultivo de los
viñedos. La vida de los dos religiosos fue un verdadero y prolongado suplicio,
pero estaban felices de sufrir por amor de aquel Dios que murió por la
salvación de la humanidad. En los días festivos fray Juan instruía en la fe a
sus compañeros de prisión, algunos de los cuales habían defeccionado de la fe o
estaban vacilantes. Celebraba la Santa Misa en una pobre y angosta habitación
con gran satisfacción propia y de los compañeros de esclavitud, que se sentían
fortalecidos en la confianza en Dios, que proclamó felices a los que sufren a
causa de la justicia.
La prisión de los dos
cohermanos duró más de dos meses: de día eran obligados a un trabajo
extenuante, de noche, en la cárcel, después de un breve sueño, se dedicaban a
la oración. Por los muchos padecimientos fray Pedro enfermó gravemente, por
tres semanas luchó entre la vida y la muerte con fiebre altísima. Finalmente
sanó, de lo cual se alegró, pues esperaba dar a Dios el testimonio supremo de
su incondicional amor con el martirio, como siempre había deseado. En el
segundo domingo de Pascua el beato Juan pronunció un vibrante discurso a los
cristianos y a los musulmanes, explicando el trozo del Evangelio del buen
Pastor. Perfiló la figura de Cristo buen Pastor comparándola con Mahoma, falso
Pastor. El Cadi hizo llamar a los dos misioneros y los interrogó largamente. Ni
con las promesas, ni con las amenazas logró removerlos de su fe; entonces se
lanzó furioso contra el beato Juan y lo golpeó terriblemente en la cabeza,
luego ordenó que fuera decapitado.
El Cadi esperaba que el
joven fray Pedro, ante el cuerpo exánime de su maestro, cambiase de parecer y
abjurase de la fe cristiana para abrazar la religión de Mahoma. Con promesas de
dinero, de placeres y de honores intentó removerlo, pero irritado finalmente,
con un golpe de cimitarra cortó la cabeza al joven mártir, que tenía 18 años.
Era el 19 de mayo de 1397. Después de algunos años sus reliquias fueron
rescatadas por unos mercaderes catalanes y enviadas a los conventos
franciscanos de Sevilla y de Córdoba, y a la catedral de Vic. En 1583 la
provincia franciscana de Granada los escogió como sus patronos. Aprobó su culto
Clemente XII el 26 de agosto de 1731.
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Estas biografías de
santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta
ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y
servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar
esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el
siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1679
Beato Rafael Luis Rafiringa, religioso
fecha: 19 de mayo
n.: 1856 - †: 1919 - país: Madagascar
canonización: B: Benedicto XVI 7 jun 2009
hagiografía: Hermanos de las Escuelas Cristianas - La Salle
n.: 1856 - †: 1919 - país: Madagascar
canonización: B: Benedicto XVI 7 jun 2009
hagiografía: Hermanos de las Escuelas Cristianas - La Salle
En Fianarantsoa, Madagascar, beato
Rafael Luis Rafiringa, religioso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas,
que, convertido del paganismo, mantuvo la presencia y la vitalidad de la
Iglesia en Madgascar cuando todos los sacerdotes habían sido expulsados.

Nació en Antananarivo (Madagascar) el 1 de
mayo de 1856.
Su incansable actividad misionera en su
propia patria fue puesta de relieve durante dos guerras, la de 1883 y la de
1895. Expulsados en esos años de la isla todos los misioneros, el Hno Rafael
supo afrontar con valentía y éxito la difícil situación . Las autoridades
francesas, reconociendo este mérito, le condecoraron con la Medalla de Oro del
Mérito malgache. Por su notable actividad literaria fue nombrado miembro de la
Academia malgache. Murió en Fianarantsoa el 19 de mayo de 1919.
Además de esta muy breve semblanza, está
disponible en el sitio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas un libro en pdfsobre
el beato, con una biografía más extensa.
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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