lunes, 16 de mayo de 2016

San Ubaldo de Gubbio, obispo - Beato Vladimir Ghika, presbítero y mártir (16 de mayo)

San Ubaldo de Gubbio, obispo

fecha: 16 de mayo
n.: c. 1085 - †: 1160 - país: Italia
otras formas del nombre: Ubaldo Baldassini, Theobaldo, Teobaldo
canonización: 
C: Celestino III 4 mar 1192
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Gubbio, en la región de Umbría, san Ubaldo, obispo, que se entregó a la labor de reformar la vida común de los clérigos.
patronazgo: patrono de los niños, los albañiles y canteros; protector contra el dolor nervioso, la obsesión y la epilepsia.
Felizmente poseemos una excelente biografía de san Ubaldo Baldassini, obispo de Gubbio, escrita por Teobaldo, su sucesor en la sede. Ubaldo pertenecía a una noble familia de Gubbio. Quedó huérfano a temprana edad; su tío, el obispo de la ciudad, se encargó de educarle en la escuela de la catedral. Ubaldo recibió la ordenación sacerdotal al terminar sus estudios. Aunque era muy joven, fue nombrado deán de la catedral para que llevase a cabo la reforma de los canónigos, cuya existencia disipada era el escándalo de la ciudad. La tarea no era fácil, pero Ubaldo logró convencer a tres de los canónigos para que formasen una comunidad. Con el propósito de familiarizarse con la vida en común de los canónigos regulares, Ubaldo fue a pasar tres meses en la comunidad que Pedro de Honestis había fundado en el territorio de Ravena. A su regreso estableció en Gubbio las mismas reglas y, al poco tiempo, las aceptó todo el capítulo. Algo más tarde, un incendio consumió la casa de los canónigos y Ubaldo aprovechó la ocasión para trasladarse a Fonte Avellano y consultar a Pedro de Rímini, pues tenía la intención de retirarse a la soledad. Pero el siervo de Dios le hizo ver que se trataba de una tentación muy peligrosa y le exhortó a volver a ocupar el puesto que Dios le había señalado para bien de los demás. Ubaldo retornó, pues, a Gubbio y, bajo su dirección, el capítulo floreció más que nunca. En 1126, el santo fue elegido obispo de Perugia, pero se escondió para que los delegados de la ciudad no le encontrasen; en seguida fue a Roma a rogar al papa Honorio III que le permitiese rehusar el cargo. El Papa accedió a su petición, pero dos años después, quedó vacante la sede de Gubbio y el mismo Pontífice aconsejó al clero que eligiese a Ubaldo.
El santo practicó todas las virtudes dignas de un sucesor de los Apóstoles, pero se distinguió sobre todo por la mansedumbre y paciencia con que soportaba las injurias y afrentas, como si fuese insensible a ellas. En cierta ocasión, los obreros que reparaban las murallas de la ciudad, penetraron en la viña de san Ubaldo y dañaron las plantas. Al ver esto, el santo les rogó que procediesen con mayor cuidado; pero el capataz, que probablemente no le reconoció, le propinó un empellón con el que le hizo caer en un charco de mortero. San Ubaldo se levantó cubierto de lodo y se retiró sin decir palabra; pero algunos testigos del incidente esparcieron la noticia y el pueblo pidió que se castigase al capataz. La gran indignación popular estaba a punto de ejecutar un castigo brutal contra el capataz, cuando se presentó san Ubaldo en la corte y manifestó que, como se trataba de una ofensa cometida contra un miembro del clero, el culpable debía ser juzgado por el obispo. Después, se acercó al acusado, le dio el beso de paz en señal de reconciliación, rogó a Dios que le perdonara ésa y todas las otras injurias que hubiese cometido en su vida y pidió al juez que dejera en libertad al reo.
El santo defendió, repetidas veces, a su grey contra los peligros públicos. El emperador Federico Barbarroja había saqueado Espoleto y amenazaba con caer sobre Gubbio. San Ubaldo salió al encuentro del emperador y consiguió que desistiese de su propósito. Durante los dos últimos años de su vida, el santo obispo tuvo una serie de enfermedades que le hicieron sufrir mucho; pero todo lo soportó con heroica paciencia. El día de Pascua de 1160, aunque estaba muy enfermo, se levantó a celebrar la misa, predicó y dio la bendición al pueblo para que no quedase decepcionado. Al terminar estaba tan débil, que debió ser trasportado a su lecho, del que ya no se levantó. El día de Pentecostés, todo el pueblo de Gubbio desfiló por su habitación para despedirse del que cada uno consideraba como a un padre. San Ubaldo murió el 16 de mayo de 1160. La multitud que acudió a sus funerales, desde muy lejos, fue testigo de los numerosos milagros que Dios obró en su tumba.
La biografía escrita por el obispo Teobaldo se halla en Acta Sanctorum, mayo, vol. III; en el vol. VII hay una colección de milagros. En 1885 se publicó otra biografía, en Gianpaoli de Italia. Ha habido cierta confusión, muy curiosa, entre san Ubaldo y el patrono de Thann de Alsacia, san Teobaldo; cf. sobre este punto H. Lempfrid en Mittheilwngen d. Gesellschaft f. Erhalt d. gesch. Denkmaler im. Elsass, vol. XXI (1903), pp. 1-128.
Cuadro: san Ubaldo libera a una obsesa, por Giovan Francesco Nagli detto Centino, 1650/60, Museo de la Ciudad de Rímini.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1643





Beato Vladimir Ghika, presbítero y mártir

fecha: 16 de mayo
n.: 1873 - †: 1954 - país: Rumania
canonización: 
B: Francisco 31 ago 2013
hagiografía: Abel Della Costa

En Bucarest, Rumania, beato Vladimir Ghika, quien durante la represión comunista en su país mantuvo su fidelidad a la fe católica, y, tras padecer torturas, murió en la prisión como mártir.
Monseñor Vladimir Ghika, había nacido el día de Navidad de 1873 en Constantinopla (actualmente Estambul, en Turquía), de una familia ortodoxa, fe en al que fue bautizado. La familia representaba una de las más tradicionales del lugar: de los príncipes de Valaquia y Moldavia, que habían contribuido a forjar una Rumania independiente en el siglo XIX.
En 1902, tras un largo discernimiento, se convierte al catoicismo, y por copnsejo de Pío XI se dedica al apostolado como seglar, desarrollando su tarea a escala mundial, en Bucarest, Roma, París, Congo, Tokio, Sydney, Buenos Aires... el Papa Pío XI en broma lo llamará «gran vagabundo apostólico». En 1923 es ordenado sacerdote en París, país en el que ejerció su ministerio durante casi dos décadas.
En 1939 regresa a Rumania, y una vez instaurado allí el régimen comunista de Gheorghe Gheorgiu-Dej, preconizador de un comunismo nacional (aunque no menos estalinista en sus métodos que sus colegas soviéticos) comenzó a tener problemas por la fe católica que profesaba, ya que era visto como espía del Vaticano, y se le exigía que la abandonase y volviese a abrazar la la Iglesia ortodoxia, manipulada por el régimen. Mas no consiguieron doblegarle y, en consecuencia, le condenaron a tres años de prisión. Moriría en total soledad humana, pero muy próximo a ese Dios sufriente que había visto en tantas personas, en la enfermería de Jilava, el 16 de mayo de 1954.
Ghika podía haber evitado aquella situación. Habría bastado con volver a París poco antes, cuando los comunistas maniobraban para hacerse con los resortes del poder en Rumania. Después de todo, los años de entreguerras en la capital francesa habían sido inolvidables; un tiempo para cultivar la amistad de grandes intelectuales de la época como Maritain, Bergson, Claudel o Mauriac, pero también para atender espiritualmente a la diáspora de los exiliados del este de Europa, particularmente los rusos, en la actual iglesia de Saint Ignace, en la rue de Sèvres, e incluso para vivir una experiencia muy próxima a la de Charles de Foucauld entre los tuaregs, en el barrio marginal de Villejuif, donde llegaría a habitar en una barraca para acercarse a unas gentes alejadas de Dios y de los demás hombres. Sin embargo su ministerio y su fe no hubieran admitido huir cobardemente de la persecución.
La completa entrega de su apostolado se completa con sus libros, entre los que tuvieron un gran éxito aquellos que recogían los pensamientos que iba anotando en hojas de bloc o en sobres, y a los que luego daba forma definitiva. Eran llamadas de atención a una sociedad no pocas veces frívola y aburrida. Ghika consideraba el aburrimiento como una forma de cobardía, aunque a la vez un signo de la vocación divina del hombre, que no se sacia con lo creado.

Basado en la biografía del sitio oficial de la diócesis (en rumano y otras lenguas) y en el escrito hagiográfico «El nuevo Beato Vladimir Ghika y la liturgia del prójimo», de Antonio R. Rubio Plo, publicado originalmente en Alfa y Omega, de los que tomo párrafos literales.
Abel Della Costa
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