San Frumencio de Aksum, obispo
fecha: 20 de julio
fecha en el calendario anterior: 27 de octubre
†: s. IV - país: Etiopía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 27 de octubre
†: s. IV - país: Etiopía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Etiopía, san Frumencio, obispo, que,
habiendo sido hecho prisionero, vivió primero como esclavo, y después, ordenado
obispo por san Atanasio, propagó el Evangelio en esta región.

Hacia el año 330, cierto filósofo de Tiro,
llamado Meropio, deseoso de ver el mundo y aumentar sus conocimientos,
emprendió un viaje a las costas de Arabia. Le acompañaron en ese viaje dos
discípulos: Frumencio y Edesio. Al regresar, el navío en que iban tocó un
puerto de Etiopía. Los nativos del país atacaron a los marineros y ejecutaron a
todos los pasajeros, excepto a los dos jóvenes, quienes estudiaban bajo un
árbol, a cierta distancia. Cuando los nativos los descubrieron, los llevaron a
la presencia del rey, el cual residía en Aksum, en la región de Tigray. El
monarca se sintió atraído por los modales y la ciencia de los jóvenes
cristianos y al poco tiempo, nombró a Frumencio, que era el mayor, secretario
suyo, e hizo a Edesio copero de palacio. Poco antes de morir, el rey agradeció
a los dos jóvenes sus servicios y les devolvió la libertad. La reina, que ocupó
la regencia durante la minoría de su hijo mayor, pidió a Frumencio y Edesio que
se quedasen a su servicio. Frumencio, que tenía a su cargo la administración,
persuadió a ciertos mercaderes cristianos para que se estableciesen en el país;
no sólo obtuvo permiso de la reina para que practicasen libremente su religión,
sino que, con el ejemplo de su propio fervor, era un modelo viviente para los
infieles.
Cuando los dos hijos del rey tomaron en
sus manos las riendas del gobierno, Frumencio y Edesio renunciaron a sus
cargos, a pesar de los ruegos de los monarcas. Edesio volvió a Tiro; ahí
recibió la ordenación sacerdotal y refirió sus aventuras a Rufino, quien las
consignó en su «Historia de la Iglesia». Por su parte, Frumencio, cuyo
principal deseo consistía en convertir a los etíopes, fue a Alejandría a pedir
al obispo san Atanasio que
enviase un pastor a los etíopes. San Atanasio, juzgando que Frumencio era el
más capacitado para llevar a cabo la obra que había comenzado, le consagró
obispo. Tal fue el principio de las relaciones de los cristianos de Etiopía con
la Iglesia de Alejandría, que persisten aún en nuestros días.
Probablemente, la consagración de San
Frumencio tuvo lugar en 340 o inmediatamente después de 346 (o tal vez entre
los años 355 y 356). El santo volvió a Aksum, donde con su predicación y
milagros obró numerosas conversiones. Se cuenta que consiguió ganar al
cristianismo a los dos reyes, Abreha y Asbeha, cuyos nombres figuran en el
santoral etíope. Pero el emperador Constancio, que era arriano, concibió un
odio implacable por san Frumencio, porque estaba unido con san Atanasio por los
lazos de la fe y el cariño. Viendo que no podía atraerle a la herejía,
Constancio escribió a los dos reyes etíopes que enviasen a san Frumencio a
Jorge, el obispo instruso de Alejandría, quien se encargaría de velar por «su
bienestar». En la misma carta, el emperador los prevenía contra Atanasio «por
sus muchos crímenes». Lo único que consiguió Constancio con su carta fue que
ésta cayese en manos de san Atanasio, quien la incluyó en su «Apología». San
Frumencio murió antes de convertir a todos los aksumitas. Después de su muerte,
se le dieron los títulos de «Abuna» (nuestro padre) y «Aba salama» (padre de la
paz) . El primado de la Iglesia disidente de Etiopía lleva todavía hoy el
título de «Abuna».
Se conserva hasta hoy una larga inscripción
griega descubierta en Aksum, que conmemora las hazañas de Aizanas, rey de los
homeritas, y de su hermano Saizanas. Ahora bien, Constancio escribió
precisamente a Aizanas y Saizanas la carta de la que hablamos arriba, que se
conserva en la Apología de san Atanasio; por consiguiente, no puede ponerse en
duda que san Frumencio haya predicado realmente el Evangelio en Aksum. Aunque
tal vez el relato de Rufino está desfigurado por ciertas adiciones legendarias,
es perfectamente histórico que san Atanasio consagró a san Frumencio obispo de
Aksum. por otra parte en el siglo IV el reino de Aksum, con su capital en la
ciudad del mismo nombre, era uno de los más poderosos de la región, y fue
semillero de la cristiandad en África. En la actualidad la ciudad de Aksum se
considera sagrada y es la capital religiosa de la ortodoxia etíope (además de
ser «patrimonio de la humanidad» por su valor arqueológico).
En Acta Sanctorum, oct., vol. XII, se
encontrarán el relato de Rufino y otros documentos, como la inscripción griega
mencionada; Cf. Guidi, en Enciclopedia italiana, vol. XIV, pp. 480-481;
Duchesne, Histoire ancienne de l'Eglise, vol. III, pp. 576-578; y el relato que
hay sobre San Frumencio en el Sinaxario Etíope (ed. Budge, 1928), vol. IV, pp.
1164-1165. Según F. G. Holwecq, la antigua diócesis de Lousiana (erigida en los
Estados Unidos en 1787) celebraba la fiesta de san Frumencio; tal vez se
trataba de un gesto de benevolencia para con los esclavos de origen africano.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=4672
San Aurelio de Cartago, obispo
fecha: 20 de julio
†: c. 430 - país: África Septentrional
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: c. 430 - país: África Septentrional
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Cartago, san Aurelio, obispo,
firmísimo pilar de la Iglesia, que protegió a sus fieles para que no se dejasen
arrastrar por las costumbres paganas y colocó su sede episcopal en el mismo
lugar donde primero se encontraba una estatua de la diosa del cielo.

Hacia el año 392, poco después de que san Agustín recibiera
la ordenación sacerdotal y el obispado de Hipona, Aurelio, un diácono, fue
elegido obispo de Cartago. En aquella época, esa gran Iglesia de África estaba
en la cumbre de su esplendor y de su influencia; el obispo de Cartago era a la
vez primado o patriarca de Africa, es decir, uno de los prelados más
importantes de la Iglesia universal. San Aurelio tuvo que hacer frente a dos
herejías: la de los donatistas, que tocaba ya a su fin, y la de los pelagianos,
que apenas comenzaba. Durante los treinta y siete años que gobernó la sede, san
Aurelio convocó numerosos sínodos provinciales y concilios plenarios de los
obispos africanos para resolver ésos y otros problemas. Los sínodos y los
viajes absorbían de tal modo al santo, que se vio obligado a delegar el
ministerio de la predicación a los presbíteros de mayores cualidades, lo cual
era entonces desacostumbrado en la Iglesia.
San Aurelio era íntimo amigo de san
Agustín y, cuando aquél se quejó de que muchos monjes, so pretexto de vida
contemplativa, eran simples holgazanes, Agustín escribió un tratado, «Sobre el
trabajo de los monjes», para tratar de mejorar la situación. San Fulgencio de
Ruspe, obispo africano de la siguiente generación, escribió en
términos muy encomiásticos acerca de san Aurelio, como lo hizo también por la
misma época el erudito español Pablo Orosio. La fecha de celebración proviene
de un calendario cartaginés del siglo VI que dice lo siguiente: «El 20 de
julio, la sepultura de San Aurelio, Obispo».
Ver Acta Sanctorum, octubre, vol. IX, pp.
852-860. No existe ninguna biografía propiamente dicha del santo, escrita por
sus contemporáneos; pero se encuentran numerosas alusiones a él en las cartas
de san Agustín y en los documentos conciliares, etc.
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