miércoles, 20 de julio de 2016

San Frumencio de Aksum, obispo - San Aurelio de Cartago, obispo (20 de julio)

San Frumencio de Aksum, obispo

fecha: 20 de julio
fecha en el calendario anterior: 27 de octubre
†: s. IV - país: Etiopía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Etiopía, san Frumencio, obispo, que, habiendo sido hecho prisionero, vivió primero como esclavo, y después, ordenado obispo por san Atanasio, propagó el Evangelio en esta región.

Hacia el año 330, cierto filósofo de Tiro, llamado Meropio, deseoso de ver el mundo y aumentar sus conocimientos, emprendió un viaje a las costas de Arabia. Le acompañaron en ese viaje dos discípulos: Frumencio y Edesio. Al regresar, el navío en que iban tocó un puerto de Etiopía. Los nativos del país atacaron a los marineros y ejecutaron a todos los pasajeros, excepto a los dos jóvenes, quienes estudiaban bajo un árbol, a cierta distancia. Cuando los nativos los descubrieron, los llevaron a la presencia del rey, el cual residía en Aksum, en la región de Tigray. El monarca se sintió atraído por los modales y la ciencia de los jóvenes cristianos y al poco tiempo, nombró a Frumencio, que era el mayor, secretario suyo, e hizo a Edesio copero de palacio. Poco antes de morir, el rey agradeció a los dos jóvenes sus servicios y les devolvió la libertad. La reina, que ocupó la regencia durante la minoría de su hijo mayor, pidió a Frumencio y Edesio que se quedasen a su servicio. Frumencio, que tenía a su cargo la administración, persuadió a ciertos mercaderes cristianos para que se estableciesen en el país; no sólo obtuvo permiso de la reina para que practicasen libremente su religión, sino que, con el ejemplo de su propio fervor, era un modelo viviente para los infieles.
Cuando los dos hijos del rey tomaron en sus manos las riendas del gobierno, Frumencio y Edesio renunciaron a sus cargos, a pesar de los ruegos de los monarcas. Edesio volvió a Tiro; ahí recibió la ordenación sacerdotal y refirió sus aventuras a Rufino, quien las consignó en su «Historia de la Iglesia». Por su parte, Frumencio, cuyo principal deseo consistía en convertir a los etíopes, fue a Alejandría a pedir al obispo san Atanasio que enviase un pastor a los etíopes. San Atanasio, juzgando que Frumencio era el más capacitado para llevar a cabo la obra que había comenzado, le consagró obispo. Tal fue el principio de las relaciones de los cristianos de Etiopía con la Iglesia de Alejandría, que persisten aún en nuestros días.
Probablemente, la consagración de San Frumencio tuvo lugar en 340 o inmediatamente después de 346 (o tal vez entre los años 355 y 356). El santo volvió a Aksum, donde con su predicación y milagros obró numerosas conversiones. Se cuenta que consiguió ganar al cristianismo a los dos reyes, Abreha y Asbeha, cuyos nombres figuran en el santoral etíope. Pero el emperador Constancio, que era arriano, concibió un odio implacable por san Frumencio, porque estaba unido con san Atanasio por los lazos de la fe y el cariño. Viendo que no podía atraerle a la herejía, Constancio escribió a los dos reyes etíopes que enviasen a san Frumencio a Jorge, el obispo instruso de Alejandría, quien se encargaría de velar por «su bienestar». En la misma carta, el emperador los prevenía contra Atanasio «por sus muchos crímenes». Lo único que consiguió Constancio con su carta fue que ésta cayese en manos de san Atanasio, quien la incluyó en su «Apología». San Frumencio murió antes de convertir a todos los aksumitas. Después de su muerte, se le dieron los títulos de «Abuna» (nuestro padre) y «Aba salama» (padre de la paz) . El primado de la Iglesia disidente de Etiopía lleva todavía hoy el título de «Abuna».
Se conserva hasta hoy una larga inscripción griega descubierta en Aksum, que conmemora las hazañas de Aizanas, rey de los homeritas, y de su hermano Saizanas. Ahora bien, Constancio escribió precisamente a Aizanas y Saizanas la carta de la que hablamos arriba, que se conserva en la Apología de san Atanasio; por consiguiente, no puede ponerse en duda que san Frumencio haya predicado realmente el Evangelio en Aksum. Aunque tal vez el relato de Rufino está desfigurado por ciertas adiciones legendarias, es perfectamente histórico que san Atanasio consagró a san Frumencio obispo de Aksum. por otra parte en el siglo IV el reino de Aksum, con su capital en la ciudad del mismo nombre, era uno de los más poderosos de la región, y fue semillero de la cristiandad en África. En la actualidad la ciudad de Aksum se considera sagrada y es la capital religiosa de la ortodoxia etíope (además de ser «patrimonio de la humanidad» por su valor arqueológico).
En Acta Sanctorum, oct., vol. XII, se encontrarán el relato de Rufino y otros documentos, como la inscripción griega mencionada; Cf. Guidi, en Enciclopedia italiana, vol. XIV, pp. 480-481; Duchesne, Histoire ancienne de l'Eglise, vol. III, pp. 576-578; y el relato que hay sobre San Frumencio en el Sinaxario Etíope (ed. Budge, 1928), vol. IV, pp. 1164-1165. Según F. G. Holwecq, la antigua diócesis de Lousiana (erigida en los Estados Unidos en 1787) celebraba la fiesta de san Frumencio; tal vez se trataba de un gesto de benevolencia para con los esclavos de origen africano.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=4672





San Aurelio de Cartago, obispo

fecha: 20 de julio
†: c. 430 - país: África Septentrional
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Cartago, san Aurelio, obispo, firmísimo pilar de la Iglesia, que protegió a sus fieles para que no se dejasen arrastrar por las costumbres paganas y colocó su sede episcopal en el mismo lugar donde primero se encontraba una estatua de la diosa del cielo.

Hacia el año 392, poco después de que san Agustín recibiera la ordenación sacerdotal y el obispado de Hipona, Aurelio, un diácono, fue elegido obispo de Cartago. En aquella época, esa gran Iglesia de África estaba en la cumbre de su esplendor y de su influencia; el obispo de Cartago era a la vez primado o patriarca de Africa, es decir, uno de los prelados más importantes de la Iglesia universal. San Aurelio tuvo que hacer frente a dos herejías: la de los donatistas, que tocaba ya a su fin, y la de los pelagianos, que apenas comenzaba. Durante los treinta y siete años que gobernó la sede, san Aurelio convocó numerosos sínodos provinciales y concilios plenarios de los obispos africanos para resolver ésos y otros problemas. Los sínodos y los viajes absorbían de tal modo al santo, que se vio obligado a delegar el ministerio de la predicación a los presbíteros de mayores cualidades, lo cual era entonces desacostumbrado en la Iglesia.
San Aurelio era íntimo amigo de san Agustín y, cuando aquél se quejó de que muchos monjes, so pretexto de vida contemplativa, eran simples holgazanes, Agustín escribió un tratado, «Sobre el trabajo de los monjes», para tratar de mejorar la situación. San Fulgencio de Ruspe, obispo africano de la siguiente generación, escribió en términos muy encomiásticos acerca de san Aurelio, como lo hizo también por la misma época el erudito español Pablo Orosio. La fecha de celebración proviene de un calendario cartaginés del siglo VI que dice lo siguiente: «El 20 de julio, la sepultura de San Aurelio, Obispo».
Ver Acta Sanctorum, octubre, vol. IX, pp. 852-860. No existe ninguna biografía propiamente dicha del santo, escrita por sus contemporáneos; pero se encuentran numerosas alusiones a él en las cartas de san Agustín y en los documentos conciliares, etc.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2472

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