Beata Paula Montaldi, abadesa
fecha: 18 de agosto
n.: 1443 - †: 1514 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Pío IX 6 sep 1876
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
n.: 1443 - †: 1514 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Pío IX 6 sep 1876
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
En Mantua, de la Lombardía, beata Paula
Montaldi, virgen, abadesa de la Orden de las Clarisas, que se distinguió por su
devoción a la pasión del Señor y por su constante oración y austeridad.
Paula Montaldi nació en Volta Mantovana en
1443. Con sólo quince años, en 1458, ingresó en el monasterio de las Hermanas
Clarisas de Santa Lucía, en Mantua, donde por largos años fue abadesa. La
Pasión de Jesús era el objeto más familiar de sus conversaciones, como también
de sus meditaciones y contemplaciones. Fue devotísima de la Eucaristía. Llevó
una vida muy austera, llevaba cilicio, se flagelaba y ayunaba, siempre feliz en
las humillaciones, en el trabajo y en las fatigas. Para con sus cohermanas se
mostró llena de caridad y pronta a todas sus necesidades. Bajo su dirección el
monasterio de Santa Lucía fue floreciente por las numerosas vocaciones y por la
vida seráfica que allí se llevaba.
Agradecida al Señor por los favores que le
había concedido, solía repetir esta oración: «Dios mío, te amo con todo mi
corazón, con un amor sin medida y por toda mi vida no cesaré de cantar tus
alabanzas!». En 56 años de vida religiosa nunca dio un disgusto a sus
cohermanas. Como superiora prudente, procuró también el bien material de su
comunidad, convencida de que habrá perfecta observancia de la regla cuando no
falte lo necesario para la vida. En el jardín hizo excavar un pozo, llamado
«Pozo de la beata Paula», cuya agua abundante posee virtudes curativas.
Su confianza en Dios era grande. A menudo
repetía la expresión de san Pablo: «Sé de quién me he fiado». Su alma a veces
era arrebatada en dulces éxtasis, a veces se oyeron coros angélicos que
cantaban junto al tabernáculo. Escribió varios opúsculos especialmente sobre el
nombre de Jesús, que lamentablemente se han perdido.
Un día mientras oraba en éxtasis ante un
crucifijo situado en lo alto de una escalera, el demonio la atacó y la arrojó
por tierra pavorosamente. Fue recogida por las cohermanas y recostada sobre un
jergón. Eran los últimos días y las últimas pruebas. Exhausta por las vigilias
prolongadas, por el riguroso ayuno y otras ásperas penitencias, asistida por su
confesor y sus cohermanas, apretando contra su corazón el crucifijo, repitió
nuevamente su jaculatoria predilecta: «Pasión de Cristo, Sangre de Cristo,
misericordia de mí». Y serenamente expiró. Era el 18 de agosto de 1514. Tenía
71 años, de los cuales transcurrió en el monasterio 56. Aprobó su culto Pío IX
el 6 de septiembre de 1876.
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2927
San Alberto Hurtado Cruchaga, presbítero
fecha: 18 de agosto
n.: 1901 - †: 1952 - país: Chile
canonización: B: Juan Pablo II 16 oct 1994 - C: Benedicto XVI 23 oct 2005
hagiografía: Vaticano
n.: 1901 - †: 1952 - país: Chile
canonización: B: Juan Pablo II 16 oct 1994 - C: Benedicto XVI 23 oct 2005
hagiografía: Vaticano
En Santiago de Chile, san Alberto
Hurtado Cruchaga, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús, que fundó una
obra para que los pobres sin techo y los vagabundos, sobre todo niños, pudiesen
encontrar un verdadero y familiar hogar.

Alberto Hurtado Cruchaga nacido en Viña
del Mar, Chile, el 22 de enero de 1901. Quedó huérfano de padre a la edad de 4
años. Su madre se vio obligada a vender en condiciones desfavorables su
propiedad para pagar las deudas de la familia. Como consecuencia de ello,
Alberto y su hermano debieron ir a vivir con parientes, y a menudo a
transferirse de uno a otro de ellos. Así experimentó desde pequeño la condición
de los pobres, sin casa y dependiendo de otros. Una beca le permitió estudiar
en el Colegio San Ignacio de Santiago. Aquí se hizo miembro de la Congregación
Mariana (lo que hoy son las Comunidades de Vida Cristiana, CVX) y como tal se
interesó vivamente por los pobres, yendo a trabajar con ellos a los barrios más
miserables todos los domingos por la tarde.
Terminados los estudios secundarios en
1917 quiso hacerse jesuita, pero le recomendaron postergar la realización de su
deseo con el fin de que se pudiera ocupar de su madre y su hermano menor.
Trabajando por las tardes, logró mantener a los suyos y al mismo tiempo
estudiar en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica. En este período
continuó dedicándose a los pobres, a quienes seguía visitando cada semana. El
deber del servicio militar le hizo interrumpir sus estudios, pero luego pudo
graduarse al inicio de agosto de 1923.
El 14 de este mes entró al Noviciado de la
Compañía de Jesús en Chillán, Chile. En 1925 se trasladó a Córdoba, Argentina.
En 1927 fue enviado a España para realizar
sus estudios de filosofía y teología. Sin embargo, la expulsión de los jesuitas
de este país en 1931 le obligó a partir a Bélgica y continuar la teología en
Lovaina. Allí fue ordenado sacerdote el 24 de agosto de 1933. En 1935 obtuvo el
doctorado en Pedagogía y Psicología. Después de realizar la experiencia de Tercera
Probación en Drongen (Bélgica), regresó a Chile en enero de 1936.
Una vez que volvió a su patria, su celo
apostólico se fue extendiendo paulatinamente a todos los campos. Comenzó su
actividad como profesor de Religión en el Colegio San Ignacio y de pedagogía en
la Universidad Católica y el Seminario Pontificio. Escribió varios artículos
sobre educación y acerca del orden social cristiano. Construyó una casa de
Ejercicios Espirituales en un pueblo que hoy lleva su nombre. Fue director de
la Congregación Mariana de los jóvenes del colegio, a quienes invitó a ser
catequistas en medios populares. Dio Ejercicios Espirituales en incontables
ocasiones. Fue director espiritual de muchos jóvenes, acompañando a varios en
su respuesta a la vocación sacerdotal, y contribuyendo notablemente a la
formación de muchos laicos cristianos.
En 1941 el Padre Hurtado publicó su libro
más famoso: «¿Es Chile un país católico?». En el mismo año se le confió el
cargo de Asesor de la rama juvenil de la Acción Católica de la Arquidiócesis de
Santiago, y al año siguiente, de toda la nación. Desempeñó el cargo con
extraordinario espíritu de iniciativa, dedicación y sacrificio.
En octubre de 1944, mientras daba un
retiro, sintió una imperiosa necesidad de llamar a la conciencia de sus auditores
acerca de la necesidad que pasaban muchos pobres en la ciudad, y en especial
muchos niños que vivían en las calles. Esto despertó una pronta reacción
generosa. Fue el inicio de la iniciativa que ha hecho más conocido al P.
Hurtado: se trata de aquella forma de actividad caritativa que ayuda a gente
sin techo, dándole no sólo un lugar para vivir sino un verdadero hogar: el
Hogar de Cristo.
A través de la contribución de
benefactores y con la activa colaboración de laicos comprometidos, el Padre
Hurtado abrió una primera casa de acogida para niños, luego una para mujeres y
otra para hombres. Los pobres comenzaron a tener en el Hogar de Cristo un
ambiente de familia en el cual vivir. Estas casas se fueron multiplicando y
adquiriendo nuevas formas y características: en algunos casos se convirtieron
en centros de rehabilitación, en otros, de educación artesanal y muchos otros.
Todo se inspiraba en los valores cristianos, que empapaban la obra entera.
En 1945, el P. Hurtado viajó a Estados
Unidos, y estudió cómo adaptar al país el movimiento «Boys Town». Los últimos
años de su vida los dedicó al desarrollo de las varias formas en las que el
Hogar de Cristo había llegado a existir y operar.
En 1947 fundó la Asociación Sindical
Chilena (ASICH), con el objetivo de promover un sindicalismo inspirado en la
Doctrina Social de la Iglesia.
Entre el 1947 y 1950 escribió tres
importantes libros: Sindicalismo, Humanismo Social y El Orden Social Cristiano
en los Documentos de la Jerarquía Católica. En 1951 fundó la Revista Mensaje,
conocida revista de los jesuitas chilenos dedicada a dar a conocer y explicar
la doctrina de la Iglesia.
Un cáncer al páncreas terminó con su vida
en pocos meses. En medio de los grandes dolores solía repetir: «Contento,
Señor, contento».
Después de haber pasado su existencia
manifestando el amor de Cristo a los pobres, fue llamado por Él el 18 de agosto
de 1952.
Desde su regreso a Chile vivió solamente
poco más de quince años: fue un tiempo de intenso apostolado, expresión
profunda de su amor personal por Cristo y, precisamente por eso, caracterizado
por una gran dedicación a los niños pobres y abandonados, por un celo ardiente
por la formación de los laicos, y por un vivo sentido de justicia social
cristiana.
El Padre Hurtado fue beatificado por Juan
Pablo II el 16 de octubre de 1994, y canonizado por SS Benedicto XVI el 23 de
octubre de 2005.
fuente: Vaticano
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