Hasta donde
hemos perdido el valor de la vida
¿Por qué parece que cada vez más ponemos a los animales por encima de los seres humanos?
Autor: Mónica Muñoz | Fuente: El Observador
¿Por qué parece que cada vez más ponemos a los animales por encima de los seres humanos?
Autor: Mónica Muñoz | Fuente: El Observador
"Yo de plano no salgo para no ver sufrir a los animalitos,
para eso mejor me quedo en mi casa”, comentó una persona hace poco cuando se le
preguntó qué haría el fin de semana. Sinceramente, me dio mucho tema para
reflexionar. No estoy a favor del maltrato de los animales, de ninguna
manera, pues son seres vivos que dependen del ser humano para subsistir, en el
caso de los domésticos, o bien, como los animales salvajes, coexisten diversas
especies en distintos ecosistemas para que el mundo mantenga su
equilibrio. Como creaturas hechas por Dios, ocupan un sitio importante
dentro de la creación y nos corresponde a los seres pensantes mantenerlos vivos
y a salvo de la violencia innecesaria que pueda cometerse en su contra.
Sin embargo, hemos perdido de vista que se trata de seres
irracionales que no pueden equipararse con el ser humano, a razón de que
nosotros tenemos voluntad y entendimiento. Es decir, tenemos la capacidad
de distinguir el bien del mal, de decidir qué hacer con nuestras vidas y de
responder por nuestras acciones, por lo tanto, aquello que llamamos
"derechos” no podrían aplicarse a los animales, y para ello es necesario
puntualizar que cuando hablamos de derecho, nos referimos a un conjunto
de normas y deberes que regulan la convivencia social y cuyo fin es dotar
a todos los miembros de la sociedad de los mínimos de seguridad, certeza,
igualdad, libertad y justicia.
Por supuesto, cualquier ser vivo debe ser protegido. Lo que me
lleva a la siguiente reflexión: ¿por qué parece que cada vez más ponemos a los
animales por encima de los seres humanos? Y creo que de esto todos nos hemos
dado cuenta. Hace días se anunciaba con bombo y platillo la creación del
primer hospital para perros en la Ciudad de México, mientras el Seguro Social
sufre una de las peores crisis de su historia, obligando a los derechohabientes
a comprar sus medicamentos de forma externa. Hay gente que se horroriza
con las corridas de toros pero no reacciona igual al saber que el aborto se
quiere legalizar en muchos estados de la República. Otros sienten
impotencia cuando se enteran de los abusos cometidos contra especies en peligro
de extinción y hasta reúnen firmas para detenerlos pero no se interesan
por los niños que mueren de hambre y frío en lugares poco afortunados.
Nuestros valores han cambiado, la mercadotecnia nos ha convencido
de que las relaciones humanas son desechables y que lo que más interesa es el
placer por el placer. Nadie quiere sufrir, pero no importa si para
conseguir bienestar hay que atropellar los deseos de otros. Queremos tener pero
no dar. Somos sensibles cuando los problemas nos afectan directamente
pero si se trata de algo ajeno a nuestra conveniencia actuamos con indolencia.
Muerte y destrucción se siembran a diario en el mundo entero pero
a nosotros no nos afecta, ¿qué nos está pasando? Debemos de
sensibilizarnos ante el dolor ajeno y procurar ayudarnos unos a otros.
Pensemos en que a todos nos tocará la desgracia, pues vivimos en una rueda de
la fortuna, unas veces estamos arriba y otras nos tocará caer, por eso,
meditemos qué valdrá más para los tiempos de infortunio, pues no siempre
tendremos todo lo necesario para vivir, quizá en una de tantas vueltas que de
la vida Dios permita que nos toque la catástrofe para sacudir nuestros duros
corazones, y en ese momento desearemos tener a alguien que se apiade de
nosotros y nos ayude a salir del bache. Lo que siembres, cosecharás; como
dice la Escritura: Todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo ustedes
con ellos (Mateo 7,12).
El Papa Francisco, durante del Ángelus del domingo 6 de marzo,
hizo referencia a la violencia sinsentido que se vive en Yemen, donde dos días
antes fueron asesinadas cuatro misioneras de la Caridad, fundadas por la
Madre Teresa de Calcuta. Las religiosas atendían ancianos cuando fueron
víctimas del ataque. El Papa comentó con dolor:
"Expreso mi viva cercanía a las Misioneras de la Caridad por
el grave luto que las ha golpeado hace dos días con el asesinato de cuatro
Religiosas en Adén, en Yemen, donde asistían a ancianos. Rezo por ellas y por
las otras personas asesinadas en el ataque, y por sus familiares. Estos son los
mártires de hoy. Y esto no es titular en los periódicos ¡no es noticia! Estos
mártires que dan su sangre por la Iglesia son víctimas de sus asesinos y
también de la indiferencia. De esta globalización de la indiferencia. Que no
importa. Que la Madre Teresa acompañe en el paraíso a estas hijas suyas
mártires de la caridad, e interceda por la paz y el sagrado respeto de la vida
humana”.
La vida humana es frágil y necesita de nuestro cuidado, pero es
indispensable que reacomodemos nuestra escala de valores y entendamos que lo
más sagrado en el mundo es la vida de una persona, no importando si apenas es
del tamaño de la cabeza de un alfiler o tiene ya cien años. Y urge
inculcar eso en niños, adolescentes y jóvenes, que creen que pueden jugar
con sus cuerpos sin consecuencias, porque el día que se enfrenten a los
problemas de un embarazo, una enfermedad, una vicio o un accidente no se
darán cuenta de que es el resultado de una decisión mal tomada por ellos, que a
lo mejor no tuvieron quien les pusiera límites y les formara como personas e
hijos de Dios. Alguien que da su justo valor a la vida humana sabrá respetar la
existencia de las demás especies. Por eso, de principio a fin hay que defender
la vida y todos sus ciclos, porque si no comprendemos que es lo único que
merece ser preservado, estaremos condenados a desaparecer.
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