miércoles, 26 de noviembre de 2014

Ejercicio (AUTOLIBERACIÓN INTERIOR) Anthony de Mello

Ejercicio
¿Has experimentado alguna vez un sufrimiento grande? Recuerda la situa­ción y trata de comprender que si hubieras usado tu comprensión no habría surgido el sufrimiento.
El sufrimiento, ¿qué es? Es un de­seo contrariado. Es un desear que las cosas ocurran como tú quieres que ocurran, o que las personas se comporten como tú quisieras y, al no ser así, el deseo choca con la realidad, y de esta fricción surge el sufrimiento.

El problema está en mi insistencia de que ocurra algo distinto a la reali­dad. Es la pretensión de distorsionar la realidad para conformarla a mi apego. Cuando yo deseo retener a un amigo, y ese amigo me abandona, en realidad mi sufrimiento será el creer que, por­que él se va, yo soy despreciado. Mi deseo de ser querido y mi apego por determinada persona hacen que cifre mi felicidad en retenerla. Y si no lo consi­go, mi creencia y mi apego se estrellan contra la realidad. Y esto es el origen del sufrimiento.

Lo cierto es que todo es un engaño de la mente. ¡Tú no eres mi felicidad! Es mi ilusión la que me hace creer que, si te tuviera a mis pies, yo sería feliz. Lo cierto es que no necesitas de nadie para ser feliz, y que el amor no es eso. El amor diría: "Deseo disfrutar libre­mente de ti sin miedo a perderte." Sé que puedo gozar de tu amistad si la tomo tal cual es. El amor se produce en mí y en ti de una forma distinta, y yo no puedo exigir que sientas lo mis­mo que yo siento.

Tú no puedes exigir a nadie que te quiera, pero en cuanto no seas exigen­te y sueltes los apegos, podrás reconocer cuántas personas te quieren así como eres, sin exigirte nada, y comen­zarás a saber lo que es amor.

La realidad es aquella que traspasa todo concepto. Observar cuándo sufres y ver todo lo que se presenta en la pan­talla de tu conciencia para reconocer lo que la realidad te dice, fuera de todo concepto, y separado de tu sufrimien­to. Poco a poco, abrir tu conciencia a las cosas que hasta ahora vivías como hábitos y, por ello, te pasaban inadver­tidas. Saber lo que hay detrás de todo concepto y de todo sufrimiento. Ésta es la liberación de la mística.

No renuncies a nada, pero no te ape­gues a nada. Disfruta de todo lo que te deparen la vida y las personas, pero no retengas nada. Dejar que pasen es dis­frutar de todas y renovar a cada instan­te la felicidad.
"Dios no muere el día que dejamos de creer en un ideal personal, pero no­sotros morimos el día que nuestras vi­das no están iluminadas por una acti­tud de admiración de la realidad más allá de la razón con un respaldo cons­tante, renovado cada día." Si no tene­mos esto, moriremos.
¿Qué decir del concepto Dios? Los cristianos hemos de apearnos de los conceptos de Dios, como los ateos que, en eso, nos llevan ventaja. Conceptos, todos podemos tenerlos, con tal de que no los confundamos con la realidad. El concepto de Dios no deja de ser un con­cepto de una realidad inefable y, si tie­nes ese concepto, por lo menos, que sea un concepto de un Dios bueno, gene­roso, magnánimo y lleno del verdadero amor. Pero, por favor, que no sea un concepto tan raquítico que lo con­vierta en un Dios justiciero, podero­so y vengador. Hagamos por lo me­nos un Dios más grande y generoso que nosotros.

El pintor Peruchini se estaba murien­do y dijo a su mujer: "Déjame en paz, mujer, que quiero saber, tengo la curio­sidad de saber, qué ocurre si me mue­ro sin confesar. Yo he sido de profesión pintor, y Dios tiene como profesión perdonar, y espero que Él sea tan bue­no en su profesión como he sido yo en la mía."

Ha habido en Oriente muchas per­sonas que han sido iluminadas sin ne­cesidad de tener un concepto de Dios, ni siquiera hablar de Él. El Reino de Dios está dentro de ti, no lo busques ni le pongas etiquetas fuera de ti porque harás un ídolo. El padre Rahner, al ha­blar de los sacramentos, dice: "No es la invasión de una fuerza divina exte­rior a ti, más bien es la acción por me­dio de la cual el cristiano da más fuer­za a lo que ya existía allí." El mundo es el Cuerpo de Cristo. El sacramento es una fuerza que da más eficacia a lo que ya existía, a lo que ya tenía.

Ésta es la forma en que lo expresa Rahner. Rahner es tan radical como lo es Hans Küng, y sería también condenado si fuese tan fácil entenderlo como lo es Hans Küng.

Como ejemplo de lo dicho antes, pensemos en el beso. El beso se consi­dera como el sacramento del amor. Se puede dar el amor sin beso, pero el beso sin amor no es nada. Pero el beso pue­de dar más significado a un amor que ya tenías. Cuidado, pues, con el con­cepto que tenéis de Dios, no os quedéis en el concepto, hay que ir más allá, a la esencia.

"Cuando el padre ayuda a su hijo pe­queño, todo el mundo sonríe. Cuando el padre ayuda a su hijo mayor, todo el mundo llora." No se puede crear una dependencia, ni aun de Dios. Dios quie­re que te liberes de esos conceptos para ayudarte a confiar en ti mismo, para li­berarte.

Recuerda aquello de "vete a atar tu ca­mello, idiota". Has olvidado encontrar quién eres tú, y en vez de buscar los obs­táculos que te lo impiden, clamas a Dios para que te solucione el problema. Bus­cas la felicidad sin darte cuenta de que es una cosa que ya tienes, y no reparas más que en los obstáculos, sin molestar­te en descubrir lo que hay detrás.

Toda la Creación es Cuerpo de Cris­to, y tú crees que sólo está en la euca­ristía. La eucaristía señala esa Creación. El Cuerpo de Cristo está por todas par­tes, y tú sólo reparas en un símbolo que te está apuntando lo esencial, que es la vida. La vida que en la eucaristía se está anunciando.

Sabes que el amor incondicional es el que te ama así como eres, hagas lo que hagas; pues así es como Dios nos ama, y ése es el sacramento de la peni­tencia, que celebra ese amor incondi­cional.

El bautismo es celebrar que el niño viene a Dios, es de Dios; y vamos a ce­lebrar esto con el agua bautismal.

El amor incondicional es el que te ama así como eres, hagas lo que hagas.


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