miércoles, 26 de noviembre de 2014

Persecución de los discípulos (Evangelio meditado) 26112014

Persecución de los discípulos
Tiempo Ordinario
Lucas 21, 12-19. Tiempo Ordinario. Ser discípulos de Jesús no es un camino fácil, pero Él va delante de nosotros.


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Lucas 21, 12-19
«Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Oración introductoria
Espíritu Santo, Dulce huésped de mi alma, Tú eres mi Consolador, el que me asiste, el que me ilumina y guía. Gracias por este día y por este momento de oración, oportunidad para crecer en gracia y santidad. Ayúdame a ponerte en el centro de mi vida y de mi actividad, de mis pensamientos y deseos.

Petición
Señor, dame la gracia para afrontar las dificultades derivadas de vivir auténticamente mi fe.

Meditación del Papa Francisco
Para conocer los signos verdaderos, para conocer el camino que debo tomar en este momento, es necesario el don del discernimiento y la oración para hacerlo bien. En cambio, para ver el tiempo, del cual solo el Señor es dueño, Jesucristo, nosotros no podemos tener ninguna virtud humana. La virtud necesaria para ver el tiempo debe ser dada, regalada por el Señor: ¡es la esperanza! Oración y discernimiento para el instante; esperanza para el tiempo. Y así el cristiano se mueve en este camino, momento tras momento, con la oración y el discernimiento, pero deja tiempo a la esperanza”:
El cristiano sabe esperar al Señor en cada instante, pero espera en el Señor hasta el fin de los tiempos. Hombre y mujer de instante y de tiempo: de oración y discernimiento, y de esperanza. Que el Señor nos dé la gracia para caminar con la sabiduría, que también es uno de sus dones: la sabiduría que en el instante nos lleve a rezar y a discernir. Y en el tiempo, que es el mensajero de Dios, nos haga vivir con esperanza.  (Cf. S.S. Francisco, 26 de noviembre de 2013, homilía en Santa Marta).

Reflexión
Jesús nos muestra cómo el ser discípulos suyos, no es un camino fácil ni agradable. No nos equivoquemos, nuestra recompensa no es en la tierra sino en el cielo. Y todo por causa de la Verdad, del Evangelio. Sólo necesitamos mirar a tantos y tantos hermanos que ya han pasado por lo que Cristo nos anunció: encarcelamientos, persecuciones e incluso la muerte. Y precisamente en nuestro caso, situaciones no muy lejanas en el tiempo han bañado nuestro pueblo con la sangre de los mártires. "Seréis odiados por todos a causa de mi nombre" dice el Señor. Odio, traición, soledad... estos y otros más, son los recursos que el maligno utiliza ante el triunfo que ya nos ha alcanzado el Señor. Es así de sencillo, y debemos confiar en Cristo y estar preparados pues "a fuerza de constancia poseeremos nuestras vidas".

Sólo el Señor puede darnos la gracia de mantenernos firmes en la fe ante las contrariedades de la vida, por eso nosotros debemos estar preparados para recibirlas, sobrenaturalizarlas y mediatizarlas como una escalera hacia el cielo, escalera que se identifica con la Cruz. En primer lugar, hay que esperar todo de Dios, saber que la fuerza viene de Él, confiar ciegamente en Él, y desconfiar de nosotros y de "nuestras" capacidades, pues son dones recibidos.

¡Pobre aquel que espera vivir sin dificultades, imprevistos, sin dolor, sin sufrimiento...! ¡Aún no hemos alcanzado el cielo! ¡seguimos desterrados! En segundo lugar, permitirle a Dios, pues nuestra libertad nos juega a menudo malas pasadas, que derrame su gracia sobre nosotros. Él está siempre esperando nuestra respuesta afirmativa, "sí quiero, Señor". Esta declaración debe estar secundada en el amor y la responsabilidad por adquirir e imitar las virtudes del Corazón de Cristo. Sólo Jesús puede ser el agua que sacie nuestra sed, el bálsamo que cure nuestras heridas espirituales, el vino que embriague nuestro amor. Sólo Él puede revestirnos de "un lenguaje y sabiduría que no podrán contradecir ninguno de nuestros adversario".

Que ante cada dificultad en el camino, veamos las huellas del Maestro que va por delante y que como buen Maestro, ya ha experimentado en su persona todo lo que tengamos que padecer nosotros. "Confiad, Yo he vencido al mundo".

Propósito
Participar, sin ningún temor, en mi apostolado, poniendo todo en manos de Dios.

Diálogo con Cristo
Señor, seguir tu Evangelio, ser un discípulo y misionero de tu amor, es oponerse a lo que el mundo ofrece y que la mayoría considera como auténtica felicidad. Necesito hacer un sincero esfuerzo por adquirir aquellas virtudes que me permitan vivir auténticamente mi fe: la pureza, la fidelidad, la humildad, la sinceridad y la autenticidad. Te pido, por intercesión de María, la sabiduría y la fuerza que necesito para serte fiel.

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