martes, 12 de mayo de 2015

Santos Nereo y Aquiles - San Pancracio Roma - Beata Juana de Portugal - San Epifanio de Salamina 12052015


San  Nereo

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Santos Nereo y Aquiles  

Mártires (s. I )  Son dos mártires que desde muy antiguo recibieron culto en la iglesia de Roma.

Probablemente fueron martirizados en la persecución de Diocleciano.

Sus sepulcros se conservan en las catacumbas romanas de la Via Ardentina. Fueron militares de profesión.

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Han llegado hasta nosotros unas actas tardías del martirio de los santos Nereo y Aquiles. Debieron escribirse hacia finales del siglo V, y de las mismas se conservan dos recensiones, una griega y otra latina.

 El valor histórico de estas actas es muy dudoso; se trata más bien de una novela que agrupa alrededor de Flavia Domitila a una serie de personajes conocidos por la arqueología, y de cuya existencia no puede en modo alguno dudarse. Suele ser el éxito de todas las leyendas partir de lo cierto para montar un relato fabuloso.

 Mombritius, un renacentista del siglo XV, fue quien dio primero a luz estas actas en 1479. De él las tomó Surio para sus Vitae Sanctorum; de Surio pasaron a los Bolandos en 1680 y de allí corrieron por los "años cristianos" populares. Estudios críticos emprendidos el pasado siglo han conseguido cribar lo que hay de leyenda y de historia en la vida de estos santos mártires.

 Veamos primero qué nos dicen las referidas actas.

 Flavia Domitila, sobrina del emperador Domiciano, tuvo por servidores a Nereo y Aquiles, que habían sido convertidos por San Pedro, los cuales la persuadieron a rechazar las promesas de matrimonio que la hiciera Aureliano, hijo del cónsul, animándola a abrazar la virginidad.

 El papa Clemente, sobrino del cónsul Clemente, recibió los votos de Domitila y le dio el velo de virgen.

 Furioso Aureliano por la repulsa de la que había solicitado por esposa, acusa a Domitila y a sus servidores de cristianos, y son desterrados a la isla Ponciana, la cual encuentran pervertida por Furio y Prisco, discípulos ambos de Simón el Mago.

 Los Santos ruegan a Marcelo, hijo del prefecto urbano Marcos, discípulo de San Pedro, que narre la historia de su maestro y la defección de Simón el Mago.

 Mientras que llega Marcelo crece el furor de Aureliano al ver que no puede vencer la resistencia de Nereo y Aquiles y los envía a Terracina, donde el procónsul Menio Rufo los condena a muerte. Auspicio, su discípulo, y padre nutricio de Domitila, transporta sus cuerpos al cementerio propiedad de ésta, en un arenario de la vía Ardentina, junto al sepulcro de Petronila, pretendida hija de San Pedro.

 Entretanto Domitila continúa su resistencia, logrando convertir a sus hermanas de leche Eufrosina y Teodora, animándolas a abrazar la virginidad. Luxurio, hermano de Aureliano, las ordena sacrificar a los dioses, y ante su negativa las encierra en su habitación de Terracina, prendiéndole fuego. Mueren las santas vírgenes, pero sus cuerpos quedan intactos y son enterrados por el diácono Cesáreo en un sarcófago nuevo. Este último martirio ocurre en tiempos del emperador Trajano.

 Las actas saben aprovechar toda la rica literatura apócrifa del siglo I: Actas de San Pedro y San Pablo, actas orientales de San Lino, noticias topográficas y aún seguramente tradiciones romanas que perduraban.

 Nos encontramos frente a un caso de leyenda hagiográfica característica, basado en el prurito de glorificar a un personaje —Flavia Domitila— y alrededor del mismo juntar y relacionar otros mártires de los que se tienen escasas noticias.

 Con los mártires del siglo I la historia ha sido parca, pues de la persecución neroniana descrita por Tácito, escritor profano, como nombres seguros sólo han llegado hasta nosotros los de San Pedro y San Pablo; los demás quedan en el anonimato.

 Ya Baronio, que tanta parte tuvo en la restauración del culto de San Nereo y Aquiles, y fue quien influyó para que su fiesta se desgajara de la de Santa Flavia Domitila, del 7 de mayo, incluyéndola en los nuevos calendarios litúrgicos postridentinos en la fecha de hoy, tiene una frase llena de dudas para las mencionadas actas: fide non integra.

 Y Tillemont piensa que debieron ser redactadas por algún maniqueo enemigo del matrimonio, pues los diálogos entre Nereo y Domitila, aparte de lo inverosímiles y con frecuencia tan crudos al describir el matrimonio, los trabajos de la gestación y los dolores del alumbramiento, son más un alegato contra las nupcias que una defensa de la virginidad.

 Sin embargo, las actas no son las únicas fuentes históricas que poseemos.

 Existe, en primer lugar, el culto antiquísimo, atestiguado por los más respetables martirológios, por los libros litúrgicos y por los monumentos.

 No podemos determinar la época en que los dos Santos sufrieron el martirio, tal vez en el siglo I, hacia el año 95, en la persecución de Domiciano,. En la de Nerón, algo anterior, no parece probable, por la razón antes dicha. Más razones habría para probar que hubieran muerto en la persecución de Trajano, al tiempo de la propia Domitila.

 Dos cosas hay ciertas: el hecho de su martirio y el lugar de su sepulcro. Nereo y Aquiles, que las actas llaman eunucos, con terminología y mentalidad de las cortes bizantinas del siglo V, y las lecciones del Breviario tienen por hermanos, eran simplemente soldados según las noticias del papa San Dámaso, cuando se construyó la basílica de Santa Petronila, mártir, junto a cuyo sepulcro fueron enterrados los dos Santos.

 Su martirio estaba representado en dos columnitas que debieron servir para el teguriun o baldaquino que cubría el altar, y en una de las cuales aparece esculpido el martirio de Aquiles y su nombre (Acilleus), viéndose a un personaje junto a un poste con las manos atadas a la espalda, el cual recibe del verdugo el golpe fatal. De la otra columna queda solamente un fragmento, y se aprecia algo del bajorrelieve, cuya reconstrucción permite suponer que se trata de la escena equivalente a San Nereo, aunque falte el nombre.

 Nos quedan, por fin, unos dísticos de San Dámaso que este Papa, tan devoto del culto de los mártires, dedicó a Nereo y Aquiles. Pequeños fragmentos del epitafio damasiano fueron descubiertos por Rossi, el investigador de las catacumbas, y la totalidad del elogio fue reconstruida a base de las copias que nos legaron los antiguos peregrinos, que lo vieron íntegro, y a través de los manuscritos medievales ha llegado hasta nosotros.

 Dice así el elogio martirial de San Dámaso:

 "Nereo y Aquiles, mártires”.

 "Se habían inscrito en la milicia y ejercitaban su cruel oficio, atentos a las órdenes del tirano, y prontos a ejecutarlas, constreñidos por el miedo.

 “¡Milagro de la fe! De repente dejan su cruel oficio, se convierten, abandonan el campamento impío de su criminal jefe, tiran los escudos, las armaduras, los dardos ensangrentados y, confesando la fe de Cristo, se alegran de alcanzar mayores triunfos.”

 "Tened noticia por Dámaso a qué alturas puede llegar la gloria de Cristo."

 El epitafio de San Dámaso es bastante impreciso. Unas veces la carencia de datos exactos, otras la estrechez de los metros, y su afán de recurrir a frases hechas, lo cierto es que San Dámaso aporta escasas noticias al historiador. Tal vez porque un elogio epigráfico no es la ficha biográfica de una enciclopedia moderna.

 Los datos ciertos que el Papa español nos proporciona son la condición militar de los mártires, que pertenecían a la guardia pretoriana del emperador, si el término “tirano" ha de aplicarse a alguno de los césares antes mencionados: Nerón, Domiciano o Trajano.

 Que el dicho tirano, abusando de su poder, obligaba a sus soldados a ejercer el oficio de verdugos, ejecutando sus crueles órdenes, que deben referirse a penas capitales.

 Que ambos soldados, al convertirse, abandonan su profesión, y al confesar la fe de Cristo alcanzan honroso martirio.

 ¿Cuál pudo ser la relación de ambos mártires con la familia imperial de los Flavios, aparte de ser enterrados en la propiedad familiar que ellos usaban de cementerio (cementerio de Domitila) y que cedieron a la comunidad cristiana del siglo I? A ciencia cierta no la sabemos.

 ¿Habrían sido, ciertamente, convertidos por San Pedro o San Pablo? Las relaciones de los dos apóstoles con la guardia imperial fueron muy intensas, y en la epístola a los romanos (16, 15) aparece un Nereo. Si fueron enterrados en el hipogeo de los Flavios, cuando todavía el cementerio de la vía Ardentina era propiedad particular, no cabe duda que las actas, dentro de su fondo novelesco, nos proporcionan noticias de interés, y tampoco pueden desecharse todos sus datos. Sí, que la Petronila mártir, junto a cuyo sepulcro fueron enterrados Nereo y Aquiles, no es hija de San Pedro, pues se llamaba Aurelia y el cognomen Petro (de una de las ramas de los Flavios) dio lugar al equívoco. Pudieron ser desterrados a la isla Poncia Nereo y Aquiles, pudieron huir a la misma y encontrarse allí con Flavia Domitila, y animarla en su desgracia, o tal vez pudieron ser adscritos a su servicio, cuando, al hacerse pública su situación de cristianos, entre que se solventaba su caso, bueno era dejarles juntos y que se ayudasen en el destierro de la isla.

 Lo cierto es que hay indicios seguros para suponer relaciones indiscutibles entre este grupo de santos. Y tratándose de relatos tan venerables por su antigüedad, hemos de proceder con cautela y tratar con respeto las referencias que nos ofrece el pasado.

El culto de los Santos Nereo y Aquiles es antiquísimo, localizado junto al sepulcro de Aurelia Petronila, en el cementerio de la vía Ardentina. La tumba y la basílica subterránea que llevan su nombre fueron levantadas por el papa Siricio en 390.

Anteriormente esta basílica llevaba el título de Fasciola, que hacia el siglo VIII se empezó a perder, para conservarse el de los santos mártires. En el siglo XIII fue restaurada, pero nuevamente sufrió el abandono al despoblarse aquella región romana en la Edad Media, y entonces el papa Gregorio IX transportó a la iglesia de San Adriano, en el foro, las reliquias de los mártires. El papa Sixto IV, en la fiebre del primer Renacimiento, vuelve a restaurar la basílica, que un siglo después necesitaba nuevamente de urgente reparación, la cual llevó a cabo el propio cardenal Baronio al solicitarla como su título cardenalicio. A la misma devolvió las reliquias, recabando con este motivo que su fiesta se celebrase el 12 de mayo.

En la primitiva basílica de San Nereo y San Aquiles pronunció San Gregorio Magno su homilía 38 sobre la curación del hijo del régulo, que todavía rezábamos en el breviario los sacerdotes antes de la reciente simplificación de rúbricas, en que la condición litúrgica de semidoble de estos mártires ha pasado a la categoría de "simple". Desde luego este evangelio contiene una alusión a la difusión del cristianismo entre los miembros de la casa imperial de los Flavios. Las palabras "Y creyó él y toda su casa" no dejarían de producir profunda impresión dichas por el diácono bajo las bóvedas terrosas del cementerio de la vía Ardentina, donde se guardaban las tumbas de Nereo y Aquiles, de Flavio Clemente, de Flavio Sabino y de otros familiares de Domiciano.







Oremos

Señor, ya que nos has dado a conocer el valiente testimonio que dieron de tu Hijo los santos Nereo y Aquiles, haz que sintamos también en nuestra vida la fraternal intercesión de estos santos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.



San Pancracio Roma

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Huérfano de 14 años traído a Roma por su tío. Se convirtió a la fe y fue martirizado al día siguiente de su bautismo, rechazando premios y ayudas para el futuro si renegaba de su fe. Luego de dar las gracias a sus verdugos, no dudó en sacrificar su juventud para mantenerse fiel a Cristo. El mismo día fueron martirizados S. Nereus, S. Aquileo.


Murió mártir, decapitado c. 304 en Roma a los quince años.

Nacido en Frigia, provincia romana del Asia Menor. Su padre era un noble pagano llamado Cleonio que falleció cuando el niño tenía siete años. Pancracio fue a vivir con su tío paterno, Dionisio, quien fue un excelente modelo. Se trasladaron a Roma cuando el niño tenía diez años.

Dionisio y Pancracio tienen un criado cristiano que los evangeliza y los pone en contacto con el Papa. Así conocen a fondo el cristianismo y se convierten. Fueron bautizados y recibieron la comunión. Enseguida se despojaron de muchas posesiones en favor de los pobres.

El emperador Diocleciano, decretó una persecución (la última del imperio romano) contra el Cristianismo. Al poco tiempo Pancracio fue denunciado al emperador, quien conocía a su difunto padre.  Le dijeron "El hijo de Cleonio de Frigia se ha hecho cristiano y está distribuyendo sus haciendas entre viles personas; además, blasfema horriblemente contra nuestros dioses".

Diocleciano mando llamar a Pancracio y conversó largo tiempo con el, tratando de persuadirlo a que renunciase a Jesucristo. Al no lograrlo le condenó a muerte. En el lugar del martirio Pancracio se arrodilló, levantó los ojos y las manos al cielo, dando gracias al Señor porque había llegado a ese momento. Le cortaron la cabeza. Por la noche una noble señora, llamada Octavila, hizo recoger su cuerpo, lo embalsamó, lo amortajó con un lienzo precioso e hizo que lo entierren en un sepulcro nuevo, cerca del lugar del martirio.

El Papa Vitaliano envió sus reliquias desde el cementerio de Calepodius en Roma a Inglaterra para evangelizar y para instalar en los altares. San Agustín de Canterbury dedicó la primera Iglesia de Inglaterra a San Pancracio.

Es titular de una Basílica romana. Aquí los que habían sido bautizados el Sábado de Gloria dejaban sus vestidos blancos en el domingo octava de la Resurrección (llamado Dominica in Albis). Era un acto conclusivo de la Pascua. Sobre la tumba de San Pancrasio renovaban el juramento de fidelidad a Jesucristo.  Desde entonces ha sido un santo muy amado, protector de inocentes y de las víctimas de la perjurio.

Patrón contra falsos testimonios, contra perjurio, juramentos, tratados, dolores de cabeza y calambres.





Oremos

Que tu Iglesia, Señor, se alegre al recordar hoy al mártir San Pancracio y que, por su intercesión, vea alejado todo peligro y pueda consagrarse a tu servicio con la verdadera paz del espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.



Señor Dios misericordioso, con vuestra gracia y para vuestra mayor gloria, y bien de mi alma, acudo a la intercesión de vuestro glorioso mártir, el niño San Pancracio, para alcanzar de vuestra bondad la gracia que especialmente le pido, y con ella y todos los bienes que me convienen para vivir y morir santamente.




 
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Beata Juana de Portugal

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Juana de Avis y Coimbra, llamada la Príncesa Santa, (Lisboa, 6 de febrero de 1452 - Aveiro, 12 de mayo de 1490) fue una Infanta de Portugal, hija mayor del rey Alfonso V el Africano y de su mujer Isabel de Coimbra.

Dado el cariño de su pueblo, a pesar de que al nacer su hermano Juan perdió el título de princesa pasando a ser infanta de Portugal, la llamaban la infanta princesa Juana.

Fue regente de su padre en 1471. Muchos príncipes europeos la pidieron en matrimonio, pero ella los rechazó a todos. De fuerte vocación religiosa, tomo los hábitos el 25 de enero de 1475, en el Monasterio de Jesús, en Aveiro.

Tras su muerte se la veneró espontáneamente como santa, y debido a las múltiples curaciones y milagros que se le atribuyeron, su culto como beata fue confirmado por el Papa Inocencio XII, el 4 de abril de 1693.

Nació en Lisboa, el 16 de Febrero de 1452; murió en Aveiro, el 12 de Mayo de 1490; la hija de Alfonso V, Rey de Portugal, y su esposa Isabel.

Ella sobresalía principalmente por el coraje y la persistencia con que se opuso a todos los intentos de su padre y hermano de hacer que se casara. Ella había decidido desde la infancia ser la esposa de Cristo y, cuando fuese posible convertirse en religiosa; pero siendo la siguiente heredera del trono, lo cual era por defecto un asunto de hombres, su deseo era particularmente intolerable para su familia y su país. Juana era muy hermosa y su mano fue pedida por varios príncipes. Una vez, en la ausencia de su padre, ella tuvo que encargarse del reino, y en ese oficio se dice haber demostrado gran capacidad.

Después de muchas luchas, ella entró en una casa Dominica llamada Convento de Jesús, en Aveiro, donde las reglas eran severas y estrictamente guardadas. Por un tiempo, fue obligada por razones políticas, a dejar el convento y volver a la Corte. No obstante, finalmente, aceptó los votos, y su vida en el convento fue muy penitencial, santa y tan heroicamente humilde, que murió con el olor de la santidad, y los milagros siguieron a su fallecimiento.

El 31 de diciembre de 1692 Inocente XII confirmó su culto beatificándola.







Oremos

El célibe se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor, lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma. 1 Co 7, 32


San Epifanio de Salamina

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San Epifanio de Salamina
Obispo de Constancia, antigua Sálamis, uno de los heresiólogos más importantes de la Antigüedad y notable teólogo mariano del s. IV.
     
      Vida. Nace ca. 315 en una aldea cercana a Eleuterópolis, no lejos de Gaza, en Palestina (cfr. Sozomeno, Historia Eclesiástica, 6,32: PG 67,1392). Su formación espiritual es comenzada por S. Hilarión, padre de los monjes de Palestina. Vive algunos años en Egipto junto a los grandes solitarios, donde según su propio testimonio (cfr. Panarion, 26,17: PG 41,360) mujeres gnósticas intentan atraerle a su forma de vida. Adquiere conocimientos de griego, siriaco, hebreo, copto y algo de latín (cfr. S. Jerónimo, Adversus libros Rufini, 2,22: PL 23,462). Ca. el 335 funda en su pueblo natal un monasterio que gobierna durante casi 30 años. El a. 367 los obispos de Chipre le eligen obispo de Constancia, cargo que le hace metropolita de toda la isla. En el cisma de Antioquía se alinea en contra de Melecio (v.) con quien rehúsa restablecer la comunión eclesiástica y a quien acusa de estar en relación con los pneumatómacos (v.). No es seguro que estuviese en el Conc. I de Constantinopla (a. 381), cuyas primeras sesiones preside el mismo Melecio, puesto que no figura entre los firmantes. Se le encuentra al año siguiente en Roma (S. Jerónimo, Epístola, 108,6: PL 22, 881).
     
      Envuelto en querellas eclesiásticas y opuesto a toda especulación metafísica en teología así como a la interpretación de la S. E. en sentido alegórico, no sólo condena al origenismo (v. ORÍGENES Y ORIGENISMO), que estima la más peligrosa de todas las herejías (Panarion, 64: PG 41,1068-1200), sino que es implacable en su persecución. Ca. el 392 pronuncia un discurso en Jerusalén, invitado por el obispo Juan, en el que pide la condenación de Orígenes. Asiste numeroso público y el propio obispo Juan, defensor de Orígenes. Con este discurso comienza la primera controversia origenista, ya que Juan le contesta esa misma tarde (S. Jerónimo, Contra Johannem, II: PL 23,363). En 394, en carta dirigida al obispo Juan (que le había acusado de haber violado sus derechos al ordenar al monje Paulino sin contar con él) expone con detalle los errores de Orígenes y pide a Juan que le condene (S. Jerónimo, Epístola, 51: PG 22,517). Ante la negativa de Juan, E. rompe la comunión con él.
     
      El a. 400 es condenado Orígenes por un Concilio convocado en Alejandría por el metropolita local Teófilo. E. aúna sus esfuerzos con los de Teófilo para expulsar de sus monasterios a los famosos «Cuatro Hermanos Largos» y a otros adeptos a Orígenes. Al darles asilo S. Juan Crisóstomo (v.), E. marcha a Constantinopla para emprender personalmente la guerra contra el Crisóstomo y obtener su condenación. Al llegar a la ciudad, rehúsa la hospitalidad que le ofrece S. Juan Crisóstomo, e incluso se niega a participar en la Eucaristía celebrada por él mismo (Sócrates, Historia Eclesiástica, 6,12-14: PG 67, 700-712). Ante los motines populares en defensa del Crisóstomo, y apercibido de los manejos de Teófilo (ni el Crisóstomo ni los monjes egipcios eran los terribles herejes que se le habían descrito), abandona Constantinopla, y embarca para Chipre muriendo en alta mar el a. 402. Su postura pesará mucho en las decisiones del sínodo de la Encina, que depone al Crisóstomo el a. 403 (Focio, Biblioteca, LIX: PG 103,108).
     
      Existe una biografía suya (PG 41,24-113), que, aunque pretende estar escrita por dos de sus discípulos, Juan y Polibio, es muy posterior y contiene más de leyenda que de historia. Su fiesta se celebra el 12 de mayo.
     
      Obras. Ancoratus (El hombre seguro, anclado). Compendio del dogma escrito en el a. 374, trata especialmente cuestiones trinitarias. Termina con dos profesiones de fe: en torno a la primera (cap. 119: PG 43,232233), se duda si era el símbolo bautismal de la Iglesia de Constancia y después aceptado por el Concilio de Constantinopla con ligeros retoques, o si E. transcribía el símbolo de Nicea, después retocado o cambiado por un copista. La segunda (cap. 120: PG 43,233-236) está compuesta por el propio E.
     
      Panarion (Botiquín o remedio contra todas las herejías). Escrito entre 374-377, citado comúnmente Haereses, enumera 80 herejías, incluyendo doctrinas anteriores al cristianismo. El epítome final (PG 42,833-886) no parece que sea del autor.
     
      Escritos contra las imágenes. El escrito más antiguo, ca. 394, califica de idolatría la fabricación de imágenes. El mismo año dirige una carta al emperador Teodosio I sugiriendo que sean retiradas. Finalmente, lega un testamento en él que ordena a sus fieles que nunca coloquen imágenes en las iglesias y cementerios (v. IMÁGENES; ICONOCLASTAS).
     
      Escritos sobre arqueología bíblica: De mensuris et ponderibus (Sobre los pesos y medidas del Antiguo Testamento, escrito en 392) y De XII gemmis (Sobre las 12 piedras preciosas del pectoral del Sumo Sacerdote, escrito en 394).
     
      Cartas. De su abundante correspondencia sólo nos han llegado fragmentos y dos cartas traducidas por S. Jerónimo (PG 22,517-526 y 758).
     
      Doctrina. Radicalmente tradicionalista, su obra es esencialmente polémica. Defensor intransigente del omousios (consustancial) de Nicea y hostil a toda fórmula de compromiso. Encuentra en la educación griega la fuente principal de las herejías. Intolerante en la cuestión de las imágenes y en su lucha contra Orígenes, no aprecia los valores positivos de aquellos a quienes combate. Afirma repetidas veces que el Espíritu Santo (v.) procede del Padre y del Hijo (PG 43,148). Coloca en la profesión de fe que María (v.) fue siempre virgen (PG 43,233). La Iglesia (v.), depositaria de la verdad, es al mismo tiempo vía de acceso a la misma (PG 41,1036).
     
    BIBL.: Ediciones: PG 41-43; K. HOLL, Ancoratus et Panarion, en Corpus Berolinense, Leipzig 1915-22, 1931-33; ÍD, Gesammelte Aufsätze zur Kirchengeschichte, II, Tubinga 1928; J. LEBON, Severi antioqueni liber contra impium grammaticum; orationis ter tiae pars posterior, Lovaina 1952. Estudios: V. BOUBLIK, Epifanio di Costanza, en Bibl. Sanct. 4, 1258-1264; B. ALTANER, Augustinus und Epiphanius von Salamis, en Melánges I. de Ghellinck, I, Gembloux 1951, 265-275; ÍD, Patrología, 5 ed. Madrid 1962, 292-295; D. FERNÁNDEZ, Función de María en la salvación según S. Epifanio, «Revista Española de Teología» 19 (1959) 253; P. FRANKEL, Histoire sainte et hérésie chez S. Épiphane de Salamine, d'après le tome I du Panarion, «Rev. de théologie et philosophie» 12 (1963) 175 ss.; J. DUMMER, Epiphanius, Ancoratus 102,7 und die Sapientia Salomonis, «Klio» 43-45 (1965) 344 ss.









Oremos

Confesamos, Señor, que sólo tú eres santo y que sin ti nadie es bueno y humildemente te pedimos que la intercesión de San Epifanio de Salamina venga en nuestra ayuda para que de tal forma vivams en el mundo que merezcamos llegar a la contemplación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.










 
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