Beato Federico Janssoone, religioso presbítero
fecha: 4 de agosto
n.: 1838 - †: 1916 - país: Canadá
canonización: B: Juan Pablo II 25 sep 1988
hagiografía: Directorio Franciscano
n.: 1838 - †: 1916 - país: Canadá
canonización: B: Juan Pablo II 25 sep 1988
hagiografía: Directorio Franciscano
En Montreal, en la región de Quebec, en
Canadá, beato Federico Janssoone, presbítero de la Orden de los Hermanos
Menores, el cual, para el progreso de la fe, difundió notablemente las
peregrinaciones a Tierra Santa.

Federico nació en Ghyvelde, diócesis de
Lille, Francia, el 19 de noviembre de 1838, hijo de Pedro Janssoone y de María
Isabel Bollengier, campesinos de buena posición económica, cristianos de
profundas convicciones y padres de familia numerosa. En el bautismo recibió el
nombre de Federico Cornelio. A la edad de 10 años quedó huérfano de padre, y
cuatro años más tarde, en 1852, recibió la primera comunión, después de una
larga preparación. Realizó brillantemente los estudios elementales en el
Colegio de Hazebrouck y en el Instituto de Ntra. Sra. de las Dunas de
Dunquerque. Sintiéndose llamado al sacerdocio, ingresó en el seminario, pero
pronto tuvo que dejarlo: su familia tenía que afrontar graves dificultades
económicas y Federico comprendió que su obligación era ayudar a los suyos en
tales circunstancias.
La madre de Federico falleció en 1861,
cuando él tenía 23 años. La llamada a la vida religiosa franciscana se va
haciendo cada más clara y apremiante en su espíritu, y en 1864, a la edad de 26
años, Federico entra en el noviciado de los franciscanos, en el convento de
Amiens. Toda su vida recordará con entusiasmo el fervor de esta primera etapa
de su formación franciscana. El 16 de julio de 1865, terminado el noviciado,
hace la profesión simple o temporal; en 1868 hace la profesión solemne, y en
1870 recibe la ordenación sacerdotal. El P. Federico es llamado pronto a
prestar su servicio como capellán militar durante la guerra franco-prusiana.
Terminada la guerra es enviado a Branday, y después a Burdeos a fundar un nuevo
convento; aquí ejerce un intenso y fecundo apostolado sacerdotal y religioso.
Después fue trasladado a París, como bibliotecario del convento. Y allí termina
la etapa francesa de su vida.
Porque en 1876 le cambia el rumbo: en
efecto, ese año marcha a Tierra Santa, la patria de Jesús, y allí permanecerá,
en una primera etapa, hasta 1881, desempeñando el oficio de Vicario Custodial.
En ese año de 1881, es enviado por la Custodia de Tierra Santa a Canadá para
interesar a los fieles en el apostolado y demás obras que desarrollan los
franciscanos, y recoger limosnas en favor de los Santos Lugares. Pero al año
siguiente, 1882, termina su primera estancia en Canadá y regresa a Tierra
Santa, donde permanecerá hasta 1888.
Durante esta segunda estancia suya en
Palestina, aparte del servicio prestado en diversos santuarios, se reveló, en
la gestión de asuntos complejos, como un diplomático hábil y digno, lleno de
tacto y rectitud. Y así, a él se deben los Reglamentos del Santo Sepulcro y de
Belén. Junto a este Santuario construyó la iglesia de Santa Catalina, parroquia
de los católicos de Belén, aprovechando estructuras de una iglesia anterior,
más pequeña.
En junio de 1888 vuelve a Canadá, lleno de
entusiasmo y de proyectos, confiando en la divina providencia, y allí
permaneció hasta su muerte, sin volver ya más al País de Jesús, aunque no
cesará de trabajar para él en su calidad de Comisario de Tierra Santa. Al
principio se estableció en Montreal, pero poco después se trasladó a
Trois-Rivières, donde emprendió la tarea de restaurar la vida y las actividades
apostólicas que los franciscanos comenzaron en Canadá el año 1615.
Fueron 29 de intensa actividad, en los que
se entregó a la promoción del culto, piedad y peregrinaciones al Santuario de
la Virgen Du-Cap, cercano a Trois-Rivières. Como verdadero hijo de san
Francisco, se empeñó en dar a conocer a la Madre de Cristo, fomentar una tierna
y profunda devoción hacia ella, organizar liturgias y diversos cultos en el
santuario, promover, organizar y acompañar peregrinaciones, exhortando siempre
a los fieles a ir a Jesús por medio de María. El Señor se dignó, por
intercesión de su Madre santísima, otorgar gracias abundantes y
extraordinarias, y aun obrar curaciones que tuvieron gran resonancia. Y así
sucedió que el Santuario pasó de ser parroquial a ser diocesano y después
nacional.
A patir de 1902 amplía su tarea a recaudar
fondos para grandes obras, como el Santuario de la Adoración Perpetua en Québec
o el monasterio de las Clarisas de Valleyfield. Al propio tiempo el P. Federico
seguía siendo un apóstol en plena actividad apostólica: muchas misiones,
predicación y catequesis, organización y dirección de peregrinaciones,
fundación y asistencia de fraternidades de la Orden Franciscana Seglar,
publicación de diversos escritos, etc.
Toda esta actividad tan intensa no le
impidió al P. Federico mantener su entrega a la oración y a la penitencia,
acompañadas de una gran austeridad de vida, de una pobreza personal extrema, de
una marcada predilección por los pobres, de una sencillez, paciencia y
serenidad inalterables en las pruebas y dificultades, de una plena y permanente
conformidad con la voluntad del Padre. Murió en Montreal el 4 de agosto de 1916
a la edad de 77 años; su cuerpo fue trasladado a Trois-Rivières. De inmediato
el pueblo sencillo, que tiene sentido de lo religioso, empezó a venerar al
«buen P. Federico» como verdadero Siervo de Dios. Y el papa Juan Pablo II lo
beatificó el 25 de septiembre de 1988.
fuente: Directorio Franciscano
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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can.: pre-congregación
país: Turquía - †: s. IV
país: Turquía - †: s. IV
En Tarsia, de Bitinia,
san Eleuterio, mártir.
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