Santa Afra, mártir
fecha: 7 de agosto
fecha en el calendario anterior: 5 de agosto
†: 304 - país: Alemania
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 5 de agosto
†: 304 - país: Alemania
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Augsburgo, de la Retia, santa Afra,
mártir, que, convertida al cristianismo desde una vida de pecado, cuenta la
tradición que, sin haber sido aún bautizada, fue quemada viva por haber
confesado su fe en Cristo.
patronazgo: patrona de los penitentes y las
prostitutas arrepentidas.

Maximiano, el colega de Diocleciano,
continuó furiosamente la persecución en las provincias que le tocaron en suerte
cuando se dividió el Imperio. Según las «actas», Afra, que había sido
prostituta, fue arrestada en Augsburgo cuando cambió de vida y se hizo
cristiana. Una versión posterior afirma que había sido convertida por san
Narciso, obispo de Gerona, España, acerca del cual apenas sabemos nada. El juez
Gayo, que conocía bien a Afra, le dijo: «Ofrece sacrificios a los dioses; mejor
es vivir que morir en los tormentos». Afra replicó: «Yo fui una gran pecadora
antes de conocer a Dios. Pero no quiero añadir otros crímenes a mi vida pasada,
de suerte que no haré lo que me ordenas». Gayo le dijo: «Me han dicho que eres
una prostituta. Así pues, lo mejor es que ofrezcas sacrificios, ya que estás
lejos del Dios de los cristianos y Él no querrá aceptarte». Afra replicó: «Mi
Señor Jesucristo dijo que había venido del cielo a salvar a los pecadores. El
Evangelio cuenta que una pecadora le lavó los pies con sus lágrimas y obtuvo su
perdón. Cristo jamás rechazó a los miserables sino que comía con ellos». Al ver
Gayo que no podía convencerla, dictó sentencia contra ella. La santa respondió:
«Bien está que sufra el cuerpo que ha pecado. No perderé mi alma adorando a los
falsos dioses». Los verdugos condujeron a Afra a una isla del río Lech. Después
de desnudarla, la ataron a una estaca y prendieron fuego a las ramas que habían
amontonado junto a ella. Las últimas palabras de Afra fueron: «Gracias te doy,
Señor Jesús, por la bondad con que te dignas aceptar este holocausto que se
consuma en tu nombre. Tú te ofreciste en la cruz por los pecados del mundo. Yo
me ofrezco como víctima tuya, que vives y reinas con el Padre y el Espíritu
Santo por los siglos de los siglos. Amén.» Con estas palabras exhaló el último
suspiro, sofocada por el humo.

Tres servidoras de la mártir, Digna,
Eunomia y Euprepa, quienes habían seguido a su ama en su vida de pecado, pero
que se convirtieron y bautizaron junto con ella, presenciaron el martirio.
Acompañadas por Hilaria, la madre de Afra, recogieron el cadáver por la noche y
le dieron sepultura. Cuando se hallaban aún junto a la tumba, Gayo se enteró de
sus andanzas. Inmediatamente despachó a un pelotón de soldados, con órdenes de
obligarlas a sacrificar a los dioses; si se negaban a ello, debían ser quemadas
ahí mismo. Los soldados emplearon halagos y amenazas, pero al comprobar que
resultaban inútiles, acumularon ramas en el interior de la bóveda, cerraron la
entrada, y quemaron vivas a las cuatro mujeres.
Está fuera de duda que existió en
Augsburgo una mártir llamada Afra, a quien se veneraba desde muy antiguo; lo
que se discute mucho es el valor histórico de las actas que hemos citado. Unos
historiadores se lo niegan todo otros afirman que la narración del juicio y el
martirio es una versión comentada de un original antiguo. En cuanto a la
cuestión de la vida pecadora de Afra, de su conversión y de la ejecución de su
madre y sus sirvientas, se trata, según esos historiadores, de una invención
que data de la época carolingia. Venancio Fortunato menciona a Santa Afra. En
Augsburgo y otros sitios de Alemania se la venera todavía.
B. Krusch publicó en Monumenta Germaniae
Historiae., Scriptores Merov., vol. III, pp. 56-64 y vol. VII, pp. 192-204, los
dos textos latinos más importantes. Según Duchesne, el texto original de las
actas es un documento merovingio; según Krusch, se trata simplemente de un
comentario del texto del Hieronymianum: In provincia Retía civitate Augusta
Afrae veneriae. A. Bigelmair, A. Poncelet y O. Riedner se inclinan por la
opinión de Krusch; sin embargo, en CMH., p. 423, se expone la opinión
contraria; ahí mismo se encontrarán referencias bibliográficas más amplias.
Imagen: tabla anónima del siglo XVI que tiene como tema a san Narciso y santa Afra, en la iglesia de San Feliú, Girona.
Imagen: tabla anónima del siglo XVI que tiene como tema a san Narciso y santa Afra, en la iglesia de San Feliú, Girona.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 806 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2746
San Victricio de Rouen, obispo
fecha: 7 de agosto
n.: c. 340 - †: c. 410 - país: Francia
otras formas del nombre: Victrice
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 340 - †: c. 410 - país: Francia
otras formas del nombre: Victrice
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Rouen, también en la Galia, san
Victricio, obispo, que, todavía soldado, en tiempo del emperador Juliano
abandonó el ejército para seguir a Cristo, por lo cual fue sometido, por orden
del tribuno, a muchas torturas y condenado a muerte. Logró, no obstante,
alcanzar la libertad y, tras ser consagrado obispo, llevó a la fe cristiana a
los feroces pueblos de los morinos y de los nervios, en la Galia del norte.
refieren a este santo: San Maximiliano
Entre los grandes obispos de la Iglesia
occidental en el siglo IV, se distinguieron tres prelados de las Galias: san Hilario de
Poitiers, san Martín de
Toursy san Victricio de Rouen. Este último tiene menor fama
porque poseemos menos datos acerca de él, en tanto que existen numerosos documentos
sobre la vida de los otros dos. Probablemente nació no lejos de Scheldt hacia
el año 330. Su padre, o uno de sus próximos ancestros, había sido soldado de la
legión romana llamada «Victrix». Nada sabemos acerca de sus primeros años, pero
sí que a los diecisiete ingresó en el ejército, y poco después se convirtió al
cristianismo. En aquella época, la Iglesia no había decidido todavía la
legitimidad de la carrera militar y no faltaban hombres buenos y sabios que
pensaban que un cristiano no tenía derecho a abrazar la carrera de las armas.
Así pues, san Victricio las depuso durante un desfile militar y renunció a la
carrera (cf. san Martín de Tours, quien se vio en las mismas circunstancias).
Como su período de servicio no había terminado, el tribuno consideró el gesto
de Victricio como una falta de disciplina y le mandó azotar. Como permaneció
inconmovible durante el castigo, el tribuno apeló al «comes» (conde), quien le
condenó a muerte por deserción. San Paulino de Nola afirma en una de sus cartas
que una intervención milagrosa del cielo impidió la ejecución de la sentencia.
En todo caso, Victricio y otros soldados cristianos fueron dados de baja del
ejército y se los puso en libertad.
A este acontecimiento sigue una laguna en
nuestro conocimiento de la vida del santo. Cuando volvemos a encontrarle, era
ya obispo de Rouen. Debió ser elegido hacia el año 386. En su diócesis había
aún muchos gentiles. El obispo trabajó celosamente por su conversión e
introdujo en Rouen la vida monástica, que todavía no estaba muy organizada por
aquella época en las Galias. Los monjes y monjas de san Victricio eran un
«grupo de ascetas, enflaquecidos por la penitencia» y un «coro de vírgenes,
cuya vida es a los ojos de Dios todavía más espléndida de lo que parece ruda a
los ojos del mundo». San Ambrosio regaló a san Victricio muchas reliquias de
santos que el pueblo de Rouen recibió en solemne procesión, para depositarlas
en un santuario. A propósito de la traslación de esas reliquias, san Victricio
predicó o escribió su tratado «Sobre la alabanza de los santos», que es a la
vez un panegírico y una tesis sobre su culto. Desde el punto de vista
literario, dicho tratado es particularmente interesante para el estudio del
«cursus» rítmico. El santo obispo fundó varias parroquias rurales, que en
aquella época eran casi una novedad. Sin embargo, la conversión de los
campesinos paganos fue muy lenta y duró todavía dos siglos. San Victricio
predicó en el Artois, en el occidente de Flandes, en Hainault y en Brabante.
Pero lo más importante de su obra fue la fundación de centros monásticos, que
los bárbaros destruyeron en las invasiones del siglo V. La fama de la prudencia
y santidad de san Victricio llegó hasta Inglaterra y, el año 396, el santo fue
a ese país, a petición de algunos prelados, para zanjar las diferencias que
existían entre ellos. Ignoramos sobre qué versaban tales diferencias; lo cierto
es que según su propia expresión, san Victricio «hizo todo lo que pudo, aunque
no tal vez todo lo que de él se esperaba ... Inspiré a los sabios el amor de la
paz, lo enseñé a quienes eran capaces de comprenderlo, lo expliqué a los
ignorantes y lo expuse a los obstinados, con insistencia oportuna e importuna
...»
Hacia el fin de su vida, san Victricio fue
acusado de herejía, e hizo un viaje a Roma para defenderse. Consiguió sin
dificultad probar su inocencia y recibió del Papa san Inocencio I, el año 404,
una famosa carta decretal sobre cuestiones disciplinarias; en ella hablaba el
Pontífice de la costumbre de que los obispos refiriesen a la Santa Sede las
causas más importantes. No sabemos con exactitud en qué año murió san
Victricio.
Dada la importancia del papel que
desempeñó San Victricio en la historia, es curioso que tengamos tan pocos datos
acerca de él. Nuestra información se reduce prácticamente a los datos que se
encuentran en las cartas 18 y 37 de san Paulino de Nola. El sermón o tratado
sobre el culto a lso santos fue encontrado en el siglo XVIII. Véase Patrología,
Di Berardino, BAC 1981, pág 670-71.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 775 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2749
No hay comentarios:
Publicar un comentario