domingo, 25 de junio de 2023

Una vez más, las apariencias engañan - Domingo 12º del TO Ciclo A (25.06.2023): Mateo 10,26-33.(EVANGELIZAR no debe confundirse con SACRAMENTALIZAR) y CINCO MINUTOS de AIRES BÍBLICOS (Semana 31ª (25.06.2023): Seis reglas para conservar la amistad)

 Una vez más, las apariencias engañan.

"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya". Esta frase y su mensaje son, a primera y última vista, al menos, interesantes. No lo sé muy bien. Añadiré que hace más de una hora que acabé de leerla y me tiene atrapadas las neuronas por la sencilla razón de que esta frase y su mensaje están escritas en un contexto: la portada de un libro, El Principito. Y como lector curioso, por preguntarse por lo que le pone delante, comprendo que quien escribió la frase y la colocó en tal contexto me está gritando que esa frase y su mensaje pertenecen a ese librito escrito por ese autor y ambos son muy importantes. Y alguna de mis neuronas me grita insistente que ¡no! Hay algo que no me suena. Hay algo que no me encaja. Hay algo que me engaña, Hay algo que me...

Y fue así como tomé en mis manos una edición de El Pincipito que me acompaña desde el año 1976, 47 años. Esta edición tiene, como todas las ediciones, 27 capítulos. Y me acabo de leer detenidamente los diez primeros. Y esa frase sobre las estrellas colocada, supuestamente, en boca de El Principito no existe en mi edición. Me queda leer despacio uno a uno los 17 capítulos restantes, pero me huele que ahí tampoco se dice eso de que la razón de la existencia de una estrella sea que un humano llegue a identificarse con ella. El motivo, la razón, el porqué... de una estrella es, sencillamente, ser estrella y seguir siéndolo siempre. Eso es, ser estrella....Con todo, prometo acabar en una semana la lectura de los 17 capítulos restantes para confirmar mi intuición. Y se lo contaré dentro de una semana a quien desee estar conmigo en esta aventura del leer y del escribir.

Y ahora me pregunto por qué hablo de estas cosas si lo que debo hacer, ¡debo hacer!, es presentar mis comentarios del domingo 25 de junio.

 Muy sencillo. En los días anteriores y mientras escribía tales comentarios a propósito del mensaje del Jesús de Nazaret de Mateo sobre el ejercicio de la misión de sus seguidores he caído en la cuenta de que tal misión es una, muy clara, hablar, escribir, practicar, sembrar, vivir 'el reinado de Dios', es decir, ¡vivir la vida!, aunque suene tan a tópico. ¿Qué se va a vivir si no es la vida? Pues eso es lo que me pregunto y me extraña. Más de uno y en más de una ocasión me ha querido convencer de que la misión de quien desea ser seguidor de Jesús es 'sacramentalizar', hablar, practicar, vivir... los sacramentos, bautizar y bautizarse, comulgar y comulgarse, confirmar o confirmarse, casar o casarse, perdonar o perdonarse... Y no es eso lo que se dice y cuenta de Jesús de Nazaret. Él sólo deseó una cosa: Evangelizar, compartir una buena noticia, la vida de la vida, el gusto por la vida, la práctica del vivir...

Si alguien me quiere convencer de que El Principito me dice tal o cual  y no es cierto, al menos me quedaré tranquilo si lo investigo y lo confirmo o lo rechazo. Pero no me tragaré una piedra de molino, o el molino entero, porque alguien me quiera convencer de lo que no existe. Igualito me sucede con el sacramentalizar o el evangelizar... 

Y un cierto runrun me imagino ya que me zarandea los oídos. Evangelizar y sacramentalizar no son asuntos enfrentados sino conciliables. Lo uno y lo otro. No es que sean iguales, pero sí compatibles. Y es ese runrun el que me lleva de nuevo a constatar si en esos 17 capítulos que me faltan por leer se dice textualmente que: "Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya". Seguiré con esta tarea, porque ya es tiempo de 'ociar' en estas vacaciones del verano, al menos en el hemisferio del norte de esta casa de la tierra.

A continuación se encuentran los comentarios para el domingo 25 de junio.

Carmelo Bueno Heras.

 

Domingo 12º del TO Ciclo A (25.06.2023): Mateo 10,26-33. Así lo comento y comparto CONTIGO:

EVANGELIZAR no debe confundirse con SACRAMENTALIZAR

En el pasado domingo se nos leyó en las eucaristías el relato de Mateo 10,1-8. En este domingo se nos propone la lectura de Mateo 10,26-33 y en el próximo domingo día 2 de julio se nos sugiere la lectura de Mateo 10,34-42. Así, pues, en tres domingos consecutivos se nos ha propuesto la Buena Noticia de Jesús según se nos ha transmitido en el capítulo décimo del Evangelio de Mateo. Casi completo, porque se nos han silenciado los versículos 9 a 25. Y jamás se nos va a leer Mateo 11,1 que nos dice, explícitamente, esto:

 

“Y sucedió que cuando acabó Jesús de comunicar estas instrucciones a sus discípulos partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades”.

 

Este versículo nos está indicando que el segundo discurso del Jesús de Nazaret del Evangelista Mateo se ha terminado. Al primer discurso (de Mateo 5,1 hasta 7,28-29) se le llamó ‘Sermón del Monte’ o ‘de las Bienaventuranzas’. Y aún este Evangelista pondrá en boca de su Jesús otros tres discursos más, de la misma manera que a Moisés se le atribuían los cinco libros de la Ley judía (Génesis, Éxodo, Números, Levítico y Deuteronomio). ¿Sería Jesús un nuevo Moisés?

En este domingo día 25 de junio me volveré a leer completo el relato de Mateo 10,1-42. Y lo seguiré haciendo los dos próximos domingos. Nunca estará de más contemplar cómo me encuentro en este asunto de la EVANGELIZACIÓN. ¿Nos resuena esta palabra tan manida?

En primer lugar, me debo preguntar muy en serio quién debe evangelizar. Y me digo, tú y él y yo y todos. Evangelizar es ser una buena noticia, por ser humanizadora. Y con esto muy conscientemente interiorizado me dispongo a leer este discurso que Mateo se atrevió a poner en boca de su Jesús de Nazaret mientras estaba con quienes le seguían. Me detengo en el comienzo, que ya se nos proclamó el domingo pasado: “llamando a sus doce discípulos les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y para curar toda enfermedad y toda dolencia” (Mt 10,1). Y aquellos doce, ¿fueron doce y nada más que doce y con sus nombres y apellidos? Y desde entonces, ¿a estos doce habrá que identificarlos con sus respectivos seguidores ordenados en el sacerdocio para tal sucesión apostólica? ¿Y nadie más?

Doce fueron aquellos de las tribus de Israel. Todo el pueblo es los doce. Y con los doce de Jesús estamos todos los seguidores. Si estos DOCE de Jesús de Nazaret se refieren sólo a aquellos doce y a sus sucesores propongo que esta página del Evangelista Mateo se diga alto, claro y siempre que sea sólo para ellos. Que esto de enseñar y curar sea sólo para los doce y sus sucesores sacerdotes ordenados desde el papado hasta el recién ordenado sacerdote.

Si se me permite proceder por este camino de la reflexión crítica diré que estos DOCE y sus sucesores se han olvidado del mensaje explícito de este discurso de Jesús de Nazaret. Desde que aprendieron a SACRAMENTALIZAR como tarea exclusiva de su misión de pastores se olvidaron de que EVANGELIZAR es enseñar y curar. Nada dice este Jesús de Mateo, explícitamente, en este capítulo sobre tal y cual sacramento, ni de uno, ni de tres, ni de siete, ni nada semejante.

Este Jesús de Nazaret del Evangelista Mateo dedica su segundo discurso a explicar qué es esa tarea primera, principal y para todos sus seguidores: EVANGELIZAR. Ser, vivir, hablar y hacer como lo veían en Jesús, el judío y laico de Nazaret de Galilea. De él aprendían a enseñar (frente a los espíritus inmundos) y a curar enfermedades y dolencias En el próximo comentario seguiremos hablando de esta EVANGELIZACION. Carmelo Bueno Heras


CINCO MINUTOS de AIRES BÍBLICOS

. Si se puede decir en un artículo de revista, ¿para qué escribir un libro de 200 páginas?

. Si se puede decir en un puñado de versos, ¿para qué escribir una página?

. Este ‘Cinco minutos de aires bíblicos’ es una semilla que confío a la sabiduría de tu saber leer, que es despertar; de tu saber interpretar, que es cuidar; de tu saber compartir, que es saborear. Siempre pretenderé que esta ‘semilla de los cinco minutos’ tenga la ‘denominación de origen’ de su autor.

 

Semana 31ª (25.06.2023): Seis reglas para conservar la amistad

Al final de la ‘ascética de la amistad’, Laín propone seis reglas para conservar la amistad (Laín Entralgo, Sobre la amistad, Círculo de Lectores, Barcelona, 1994, pp. 309ss). Son reglas que están presididas por la convicción de que toda amistad verdadera tiene que renacer cuantas veces se encuentran entre sí los amigos.

Primera: Regla del Respeto.

No olvidar nunca que el amigo es una realidad ‘relativamente absoluta’ y, de algún modo, ’sagrada’. Su intimidad, su libertad y su responsabilidad son suyas; esto es, dejar que el amigo sea lo que él es y quiere ser, ayudándole a que sea lo que él debe ser. Ayudándole delicadamente, enunciando deseos más que prescribiéndole consejos.

Segunda: Regla de la Franqueza. O apertura de corazón.

Hablar y comunicarse con una confiada espontaneidad. Dos extremos que deben evitarse: por un lado, la desenvoltura empapada de simpatía y, por otro, la timidez abierta a la incomunicación.

Tercera: Regla de la Liberalidad.

El hábito de ‘dar de sí’ con una liberalidad que, por obra del respeto, nunca se muestra ostentosa o agresiva. Al igual que la franqueza, sólo serán un sustento para la amistad cuando dejen de ser tendencias naturales para constituirse en hábitos personales.

 Cuarta: Regla del Discernimiento afectivo.

Saber discernir en el trato lo verdaderamente importante y decisivo. Ser capaz de soportar pequeñas decepciones y pequeños disgustos de carácter superficial.

 Quinta: Regla de la Imaginación.

No limitarse a compartir penas y alegrías; dar un paso más e imaginar con tacto lo que al amigo conviene, tanto en el orden de su gusto como en el de su vocación.

 Y Sexta: Regla de la Camaradería.

Procurar que la amistad se realice en la consecución de bienes objetivos en los que también puedan participar otras personas más o menos próximas; es decir, articular en la relación amistosa el ‘amor al próximo’ y ‘el amor al lejano’.

 Pedro Laín Entralgo

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