jueves, 13 de agosto de 2015

Beata Gertrudis de Alemania - San Máximo de Constantinopla - Beatos Patricio O’Healy y Connon O’Rourke 13082015


Beata Gertrudis de Alemania

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Beata Gertrudis, abadesa
En el cenobio de Aldenburg, en la región de Wetzlar, en Alemania, beata Gertrudis, abadesa de la Orden Premonstratense, que, siendo todavía una niña, fue ofrecida a Dios por su madre santa Isabel, reina de Hungría, en este lugar.
Luis de Otranto murió en septiembre de 1227, en marcha hacia una Cruzada; dos semanas después, su esposa,santa Isabel de Hungría, dio a luz a su tercera hija, a quien llamó Gertrudis. Antes de partir, el beato Luis y su esposa habían decidido consagrar al servicio de Dios a su próximo heredero para agradecer al Señor los años de felicidad conyugal que les había concedido; si era una mujercita, debía ingresar en el convento de las canonesas premonstratenses de Altenberg, cerca de Wetzlar. El director espiritual de Santa Isabel, fray Conrado de Marburgo, quien tenía mano dura, exigió que la promesa se cumpliese cuando Gertrudis tenía dos años, de suerte que la niña fue internada en el convento desde esa temprana edad y, al crecer, ratificó la promesa de sus padres, cuando los dos habían muerto ya. A los veintidós años fue elegida abadesa del convento. Siguiendo los pasos de su madre, empleó la herencia que recibió de su tío en edificar una iglesia para el monasterio y un albergue para los pobres, cuya construcción dirigió personalmente. En una época en que las abadesas de sangre real tendían más bien a ser grandes señoras, Gertrudis no se distinguía en nada del resto de sus religiosas, cuyos trabajos y mortificaciones compartía.

Durante la séptima Cruzada, Gertrudis, en memoria de su padre, «tomó la Cruz» con toda su comunidad. Naturalmente su compromiso no consistía en ir a combatir en Tierra Santa, sino en sostener a los cruzados con oraciones y mortificaciones incesantes. La beata obtuvo permiso de celebrar la fiesta del Corpus en su convento hacia el año 1270 y, por consiguiente, fue una de las primeras en introducir la fiesta en Alemania. El fraile dominico Dietrich, quien escribió en 1289 la «Vida de Santa Isabel de Hungría», hacía notar en ella que todavía vivía su hija Gertrudis; efectivamente, ésta no murió sino hasta ocho años más tarde, al cabo de cincuenta años de superiorato.

Ver Acta Sanctorum, agosto, vol. III: cf. Stimmen aus María Laach (1893), vol. II, pp. 415 ss. Muchas de las biografías de santa Isabel de Hungría hablan de la beata Gertrudis. El papaa Clemente VI en 1311 autorizó el culto de la beata en el monasterio, y el papa Benedicto XIII extendió la autorización a toda la Orden Premonstratense el 11 de julio de 1729, lo que puede considerarse una confirmación de culto (datos tomados de Enciclopedia dei Santi).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


San Máximo de Constantinopla

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San Máximo el Homologueta monje ilustre de Constantinopla, que con sus escritos y discursos combatió a los monotelitas. Relegado por el emperador Constante al Quersoneso, sufrió los más terribles  tormentos en compañía de su discípulo Anestesio y otros muchos monjes.
Se conservan, entre otros escritos suyos, Comentarios a varios libros de la Escritura y del seudo Dionisio; Tratados polémicos, contra los monotelitas; un discurso ascético, en el que se revela como doctor eminente; Máximas espirituales, sobre todo acerca de la caridad, y algunas Cartas.

Beato Patricio O’Healy

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17 mártires de la persecución religiosa en Irlanda
Aunque pertenecen al contexto general de la persecución religiosa en Inglaterra a partir del nacimiento del Anglicanismo, la persecución en Irlanda revistió algunas características peculiares, y un grupo de 17 mártires, representativos de un conjunto mucho más amplio, fue beatificado por SS. Juan Pablo II en 1992.
El contexto histórico en el que se coloca el martirio de estos 17 gloriosos mártires es el de la Reforma protestante, y más específicamente del cisma anglicano, en la particular situación de las relaciones civiles y políticas entre Inglaterra e Irlanda, que terminó con el triunfo de la supremacía de Inglaterra sobre la isla vecina. La evolución de la situación religiosa en Inglaterra tuvo consecuencias inevitables en la población de Irlanda, que se mantuvo fiel a la fe católica de sus padres. En el corazón de esta trágica persecución está la doctrina de la supremacía del Romano Pontífice en lo espiritual.

La excomunión impuesta en 1570 por el papa san Pío V a la reina Isabel I de Inglaterra dio inicio a una persecución frenética en Inglaterra, en particular, contra los sacerdotes. En Irlanda, en cambio, las primeras ejecuciones se llevaron a cabo con la esperanza de infundir miedo en los corazones de la gente. La rebelión iniciada por el conde de Desmond en el sur de la isla, la expedición militar de James Fitzmaurice Fitzgerald en julio de 1579 con el apoyo de Gregorio XIII, la insurrección de Lord Baltinglass en 1580, realizada en nombre de la libertad del catolicismo, todas fallaron miserablemente. En opinión de las autoridades protestantes en Dublín, sin embargo, estas iniciativas constituyen un motivo válido de preocupación.

Fue en este clima que se ejecutaron obispos, sacerdotes, religiosos y laicos. El trágico destino de todas estas personas depende más de un motivo único, a saber, la negativa a profesar el juramento de supremacía, que reconocía a la Reina como única cabeza de la Iglesia Anglicana.

Pasaron los días de martirio, pero afortunadamente no se perdió la memoria de los mártires. David Rothe, obispo de Ossory, fue uno de los primeros en preocuparse por mantener viva la memoria de los que habían derramado su sangre por la fe en Irlanda, y en su «Analecta de rebus Hibernicis», impreso en Colonia en 1619, publicó el frutos de sus investigaciones. En la recopilación de las listas pudo servirse del trabajo de dos predecesores: Conor O'Devany, él mismo mártir en 1612, y el jesuita Juan Howlin Waterford.

En 1661, un sínodo celebrado clandestinamente en Fethard, en la provincia eclesiástica de Cashel, instó a todos los obispos a elaborar una especie de martirologio diocesano, de los cuales ya no existe, por desgracia, ninguna copia, pero sí hay de las listas enviadas por diversas concregaciones religiosas a las respectivas Curias Generales. El número inicial de 460 nombres bajó prontamente a 292. Recientemente, a invitación de la Santa Sede, fue seleccionado entre un total de casi 260 Siervos de Dios, un grupo más pequeño, de sólo 17 mártires perfectamente documentados, provenientes de las cuatro provincias de Irlanda, que el Papa Juan Pablo II beatificó a 27 septiembre de 1992.

Traducido para ETF de un artículo de Fabio Arduino.
fuente: Santi e Beati

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