solidaridad
Toda Centroamérica, y
de un modo particular Nicaragua -si no me engaño con mi pasión nicaragüense- ha
puesto sobre el candelero la palabra y la realidad de la
"solidaridad".
No es que
antes no la haya habido, claro. Y no es que no haya solidaridad con muchos
otros países del mundo, y en momentos de terremotos, de desastres, etc. Pero no
hay duda de que la solidaridad que se le está dando a Nicaragua, la que ella
está suscitando, le ha dado a la palabra y a la realidad de la solidaridad como
una especie de características nuevas: esa especie de caridad política
internacional de las solidaridades... Es algo que lo estamos palpando, que se
está viviendo.
Recuerdo a un Delegado
de la Palabra de Santa Clara un pueblecito del interior de Nicaragua. Nos dijo:
"Mire monseñor, los internacionalistas internacionalizan el amor". Me
pareció una expresión redonda. La gran poetisa nicaragüense Gioconda Belli lo
ha dicho también, de otra manera: "la solidaridad es la ternura de los
pueblos".
Aquí en torno a la
solidaridad, es donde la Iglesia de Centroamérica podría dar un testimonio
vital, podría aportar una experiencia orgánica, incluso quizá una contribución
teológica, antropológica, sociológica... o hasta un grito profético de cara a
ese nuevo derecho de gentes, a ese nuevo derecho internacional que late y se
deja intuir como queriendo brotar detrás de esta experiencia mundial de la solidaridad...
Si la Iglesia, cada vez más, sintiese, viviese, organizase y potenciase la
solidaridad, con sus agentes de pastoral, desde el pueblo, con todos sus
recursos y posibilidades, con su vida testimonial y con su sangre martirial...,
la Iglesia centroamericana sería para toda Centroamérica y para el mundo entero
luz, sol, fermento.
Gracias a Dios,
tampoco esto es un mero deseo. Gracias a Dios la Iglesia viene dando ya este
testimonio. Basta leer la lista de los mártires de Centroamérica. Con no pocos
"internacionalistas" dentro de ella. Un testimonio de solidaridad
extrema.
mientras haya primer
mundo
A veces me preguntan
los hermanos del primer mundo qué podrían hacer ellos por el tercer mundo. Yo
les digo, lapidario: "suicídense". Y se asustan. No entienden, de
momento. Claro, a nadie le gusta suicidarse, y por otra parte no parece éste un
consejo propio de la boca santa de un obispo. Y les digo: "pues sí,
suicídense en cuanto primer mundo". Y ésa es una convicción que ni san
Pedro me va discutir: habrá tercer mundo mientras haya primer mundo.
Para que haya primer
mundo tiene que haber un tercer mundo dependiente, sometido, a su servicio, a
suficiente distancia en el progreso, con mano de obra barata, con un suelo y
subsuelo de explotación, y donde ellos, los del primer mundo, puedan plantarnos
sus grandes conjuntos industriales de polución, lo que ellos no quieren... Sólo
así es posible el primer mundo. A costa del tercero.
Por eso, para que deje
de haber tercer mundo hay que acabar con el primero. Y ellos son los que
deberían comenzar. Por eso es por lo que les digo: "suicídense". Y si
la Iglesia y la llamada sociedad occidental "cristiana" no se
convencen de eso, no hay salida. Pero, triste papel histórico -dentro de la
historia de la salvación, que es la única historia- el de una sociedad y una
Iglesia -"cristianas", para más "inri"- que no llegaran a
captar ésta su mayor responsabilidad en esta hora histórica...
la casa del diablo
Tuve una reunión en
Honduras, abierta, con todo tipo de cristianos. Y cuando cité a Miguel
D'Escoto, seis o siete se levantaron. Y otro casi me ataca. Todo por citar a
Miguel D'Escoto y por decir que yo había venido a participar en el ayuno de
Miguel y a apoyarlo. Porque Nicaragua, para el gobierno de Honduras como para el
de Costa Rica continúa siendo como la casa del diablo. La población hondureña
recibe un tipo de información terrible. Pero, a pesar de ese bloqueo
informativo, los comprometidos -agentes de pastoral, delegados de la palabra,
grupos de jóvenes, que los encontré bien majos, muy comprometidos, trabajando
muy bien con los campesinos- son muy solidarios, y viven una situación bien
tensa. Debemos apoyarlos.
testigo de Nicaragua
Yo, cristiano, obispo,
allí en Nicaragua vi, y soy testigo: sigo pensando que Nicaragua tiene razón a
pesar de todos los pesares y con todas las deficiencias y fallas.
Pienso que el proceso
revolucionario de Nicaragua, hoy por hoy, era la única salida y continúa siendo
la mejor salida, a pesar de todos los pesares y a pesar de todas las fallas, y
dentro de esa perspectiva difícil, angustiante que Nicaragua vive.
Pienso también que la
Iglesia -y concretamente la jerarquía- podía, puede y debe tener en Nicaragua
palabras claras. La palabra de la Paz, evidentemente, que es tan cristiana. Es
la primera y última palabra que nos dijo Jesús, en su nacimiento y en su
resurrección. La palabra que él mismo es: "El es nuestra Paz".
Pienso que la Iglesia,
la jerarquía, podía, debía y debe condenar abiertamente la agresión. Una
agresión que es abiertamente imperialista, contra el derecho fundamental de los
pueblos, que conculca abiertamente el derecho de gentes.
También -tanto en
Nicaragua como en Centroamérica toda- la Iglesia, y la jerarquía muy
concretamente, pueden y deben ejercer el ministerio de la consolación: aquella
conmiseración de Jesús... ante esas madres...
Pienso que en
Nicaragua -y también en Centroamérica- la Iglesia debe ejercer otro ministerio
que yo llamaría "de frontera": hay que dialogar, hay que ser
sensibles a desafíos nuevos hay que aprender a hacer pastoral en circunstancias
difíciles, extremas incluso.
"caminhada":
andadura del Pueblo de Dios
La palabra brasileña
"caminhada" es una síntesis de muchas cosas. Significa todo ese
proceso del pueblo, su caminar hacia la liberación. Significa también todo el
proceso de las comunidades eclesiales de base, las luchas sindicales, las
luchas políticas...
Es una palabra
hermosísima, que lo dice todo, hasta el punto de que, por ejemplo, se emplea a
veces para decir: "mira, ése ha entrado en la caminhada". O
"aquel obispo está en la caminhada". Que quiere decir: ya es
de los nuestros, ya entró en la línea, ya se contagió del compromiso
liberador... Entró en la caminhada. O también se dice cuando alguien
ayuda o es colaborador... de la caminhada, de la "andadura"
del Pueblo de Dios.
continúan siendo
pueblo
Afortunadamente, los
delegados de la Palabra continúan siendo Pueblo. Demos gracias a Dios porque,
quién sabe, después del mismo evangelio, quizá el pueblo-pueblo sea el mayor de
los sacramentos. ¿Y cómo íbamos a vivir la eucaristía, el Pan de su Cuerpo
partido fuera del Pueblo? ¿Cómo vamos a vivir la eucaristía si no partimos del
Pueblo, si no compartimos con el Pueblo, si no partimos para el Pueblo.
cambiar el mundo
Ustedes
saben muy bien que el Día puede nacer, que debe nacer, que el mundo debe
cambiar. Ustedes los jóvenes centroamericanos deben sentirse en la
responsabilidad de cambiar el mundo, de darle la vuelta al mundo. Yo les
pediría a ustedes, muchachos y muchachas, la capacidad, las ganas, la voluntad
de soñar, de cambiar... No se conformen con las cosas como están. Ni en sus
familias, ni en nuestros pueblos, ni en la sociedad, ni en la Iglesia. ¡Vamos a
cambiar!
sobre todo pueblos
Antiguamente, dentro del Pueblo de
Dios, Dios escogía sobre todo personas, grandes figuras de la historia del
cristianismo, grandes santos, para transmitir su mensaje, para encarnar el
evangelio, para sacudir a la Iglesia para transformar el mundo.
Yo pienso que el Señor
como que se está "colectivizando" en sus gestos, en sus actitudes.
Dios se está expresando cada vez más en comunidad, más en colectivo. Yo pienso
que ahora el Señor quiere sobre todo grupos, hasta organizaciones,
instituciones, y sobre todo pueblos... que anuncien el evangelio, que encarnen
el Reino, que sacudan a la Iglesia y a la sociedad.
los documentos
Los
documentos de la Iglesia, como los documentos de cualquier institución, son
siempre mejores y peores que la vida misma. Todas las autoridades eclesiásticas
son teólogas y santas en sus documentos. Ya después, en su vida concreta y
diaria se les puede encontrar sus defectos y contradicciones... Y también
tienen derecho a tener esas contradicciones, como ocurre con toda la Iglesia.
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