domingo, 8 de marzo de 2015

EL VUELO DEL QUETZAL 5-6 (Pedro Casaldáliga)

solidaridad
Toda Centroamérica, y de un modo particular Nicaragua -si no me engaño con mi pasión nicaragüense- ha puesto sobre el candelero la palabra y la realidad de la "solidaridad".
No es que antes no la haya habido, claro. Y no es que no haya solidaridad con muchos otros países del mundo, y en momentos de terremotos, de desastres, etc. Pero no hay duda de que la solidaridad que se le está dando a Nicaragua, la que ella está suscitando, le ha dado a la palabra y a la realidad de la solidaridad como una especie de características nuevas: esa especie de caridad política internacional de las solidaridades... Es algo que lo estamos palpando, que se está viviendo.
Recuerdo a un Delegado de la Palabra de Santa Clara un pueblecito del interior de Nicaragua. Nos dijo: "Mire monseñor, los internacionalistas internacionalizan el amor". Me pareció una expresión redonda. La gran poetisa nicaragüense Gioconda Belli lo ha dicho también, de otra manera: "la solidaridad es la ternura de los pueblos".
Aquí en torno a la solidaridad, es donde la Iglesia de Centroamérica podría dar un testimonio vital, podría aportar una experiencia orgánica, incluso quizá una contribución teológica, antropológica, sociológica... o hasta un grito profético de cara a ese nuevo derecho de gentes, a ese nuevo derecho internacional que late y se deja intuir como queriendo brotar detrás de esta experiencia mundial de la solidaridad... Si la Iglesia, cada vez más, sintiese, viviese, organizase y potenciase la solidaridad, con sus agentes de pastoral, desde el pueblo, con todos sus recursos y posibilidades, con su vida testimonial y con su sangre martirial..., la Iglesia centroamericana sería para toda Centroamérica y para el mundo entero luz, sol, fermento.
Gracias a Dios, tampoco esto es un mero deseo. Gracias a Dios la Iglesia viene dando ya este testimonio. Basta leer la lista de los mártires de Centroamérica. Con no pocos "internacionalistas" dentro de ella. Un testimonio de solidaridad extrema.

mientras haya primer mundo
A veces me preguntan los hermanos del primer mundo qué podrían hacer ellos por el tercer mundo. Yo les digo, lapidario: "suicídense". Y se asustan. No entienden, de momento. Claro, a nadie le gusta suicidarse, y por otra parte no parece éste un consejo propio de la boca santa de un obispo. Y les digo: "pues sí, suicídense en cuanto primer mundo". Y ésa es una convicción que ni san Pedro me va discutir: habrá tercer mundo mientras haya primer mundo.
Para que haya primer mundo tiene que haber un tercer mundo dependiente, sometido, a su servicio, a suficiente distancia en el progreso, con mano de obra barata, con un suelo y subsuelo de explotación, y donde ellos, los del primer mundo, puedan plantarnos sus grandes conjuntos industriales de polución, lo que ellos no quieren... Sólo así es posible el primer mundo. A costa del tercero.
Por eso, para que deje de haber tercer mundo hay que acabar con el primero. Y ellos son los que deberían comenzar. Por eso es por lo que les digo: "suicídense". Y si la Iglesia y la llamada sociedad occidental "cristiana" no se convencen de eso, no hay salida. Pero, triste papel histórico -dentro de la historia de la salvación, que es la única historia- el de una sociedad y una Iglesia -"cristianas", para más "inri"- que no llegaran a captar ésta su mayor responsabilidad en esta hora histórica...

la casa del diablo
Tuve una reunión en Honduras, abierta, con todo tipo de cristianos. Y cuando cité a Miguel D'Escoto, seis o siete se levantaron. Y otro casi me ataca. Todo por citar a Miguel D'Escoto y por decir que yo había venido a participar en el ayuno de Miguel y a apoyarlo. Porque Nicaragua, para el gobierno de Honduras como para el de Costa Rica continúa siendo como la casa del diablo. La población hondureña recibe un tipo de información terrible. Pero, a pesar de ese bloqueo informativo, los comprometidos -agentes de pastoral, delegados de la palabra, grupos de jóvenes, que los encontré bien majos, muy comprometidos, trabajando muy bien con los campesinos- son muy solidarios, y viven una situación bien tensa. Debemos apoyarlos.

testigo de Nicaragua
Yo, cristiano, obispo, allí en Nicaragua vi, y soy testigo: sigo pensando que Nicaragua tiene razón a pesar de todos los pesares y con todas las deficiencias y fallas.
Pienso que el proceso revolucionario de Nicaragua, hoy por hoy, era la única salida y continúa siendo la mejor salida, a pesar de todos los pesares y a pesar de todas las fallas, y dentro de esa perspectiva difícil, angustiante que Nicaragua vive.
Pienso también que la Iglesia -y concretamente la jerarquía- podía, puede y debe tener en Nicaragua palabras claras. La palabra de la Paz, evidentemente, que es tan cristiana. Es la primera y última palabra que nos dijo Jesús, en su nacimiento y en su resurrección. La palabra que él mismo es: "El es nuestra Paz".
Pienso que la Iglesia, la jerarquía, podía, debía y debe condenar abiertamente la agresión. Una agresión que es abiertamente imperialista, contra el derecho fundamental de los pueblos, que conculca abiertamente el derecho de gentes.
También -tanto en Nicaragua como en Centroamérica toda- la Iglesia, y la jerarquía muy concretamente, pueden y deben ejercer el ministerio de la consolación: aquella conmiseración de Jesús... ante esas madres...
Pienso que en Nicaragua -y también en Centroamérica- la Iglesia debe ejercer otro ministerio que yo llamaría "de frontera": hay que dialogar, hay que ser sensibles a desafíos nuevos hay que aprender a hacer pastoral en circunstancias difíciles, extremas incluso.

"caminhada": andadura del Pueblo de Dios
La palabra brasileña "caminhada" es una síntesis de muchas cosas. Significa todo ese proceso del pueblo, su caminar hacia la liberación. Significa también todo el proceso de las comunidades eclesiales de base, las luchas sindicales, las luchas políticas...
Es una palabra hermosísima, que lo dice todo, hasta el punto de que, por ejemplo, se emplea a veces para decir: "mira, ése ha entrado en la caminhada". O "aquel obispo está en la caminhada". Que quiere decir: ya es de los nuestros, ya entró en la línea, ya se contagió del compromiso liberador... Entró en la caminhada. O también se dice cuando alguien ayuda o es colaborador... de la caminhada, de la "andadura" del Pueblo de Dios.

continúan siendo pueblo
Afortunadamente, los delegados de la Palabra continúan siendo Pueblo. Demos gracias a Dios porque, quién sabe, después del mismo evangelio, quizá el pueblo-pueblo sea el mayor de los sacramentos. ¿Y cómo íbamos a vivir la eucaristía, el Pan de su Cuerpo partido fuera del Pueblo? ¿Cómo vamos a vivir la eucaristía si no partimos del Pueblo, si no compartimos con el Pueblo, si no partimos para el Pueblo.

cambiar el mundo
Ustedes saben muy bien que el Día puede nacer, que debe nacer, que el mundo debe cambiar. Ustedes los jóvenes centroamericanos deben sentirse en la responsabilidad de cambiar el mundo, de darle la vuelta al mundo. Yo les pediría a ustedes, muchachos y muchachas, la capacidad, las ganas, la voluntad de soñar, de cambiar... No se conformen con las cosas como están. Ni en sus familias, ni en nuestros pueblos, ni en la sociedad, ni en la Iglesia. ¡Vamos a cambiar!

sobre todo pueblos
Antiguamente, dentro del Pueblo de Dios, Dios escogía sobre todo personas, grandes figuras de la historia del cristianismo, grandes santos, para transmitir su mensaje, para encarnar el evangelio, para sacudir a la Iglesia para transformar el mundo.
Yo pienso que el Señor como que se está "colectivizando" en sus gestos, en sus actitudes. Dios se está expresando cada vez más en comunidad, más en colectivo. Yo pienso que ahora el Señor quiere sobre todo grupos, hasta organizaciones, instituciones, y sobre todo pueblos... que anuncien el evangelio, que encarnen el Reino, que sacudan a la Iglesia y a la sociedad.

los documentos

Los documentos de la Iglesia, como los documentos de cualquier institución, son siempre mejores y peores que la vida misma. Todas las autoridades eclesiásticas son teólogas y santas en sus documentos. Ya después, en su vida concreta y diaria se les puede encontrar sus defectos y contradicciones... Y también tienen derecho a tener esas contradicciones, como ocurre con toda la Iglesia.

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