26 mártires capuchinos en Cataluña,
grupo de Federico de Berga
El
grupo comprende 25 frailes capuchinos que dieron testimonio de la fe en
Cataluña entre julio de 1936 y febrero de 1937.
En este grupo:

Carta
circular del General de los Capuchinos, Fr. Mauro Jöhri, con vistas a la
beatificación del grupo de capuchinos
Queridos
hermanos y hermanas:
Nos
llegan casi cotidianamente noticias de cristianos asesinados, especialmente en
el Medio Oriente, únicamente por motivo de su pertenencia a la religión
cristiana. Son hechos que nos causan horror. Nos preguntamos ¿cómo es posible
que esto suceda todavía en nuestros días? Se trata realmente de hechos
inaceptables, pero olvidamos quizá demasiado fácilmente que cosas semejantes
sucedieron por ejemplo en España hace menos de cien años y que entre las
victimas de aquella persecución figuran también muchos hermanos capuchinos.
2.
La Orden se une muy estrechamente a los hermanos de la Provincia capuchina de
Cataluña en la celebración de la beatificación de 26 de sus hijos, asesinados
en odio a la fe durante la guerra civil (1936-1939). El próximo 21 de noviembre
en la catedral de Barcelona a las 11.30, la Iglesia proclamará beatos a fr.
Frederic de Berga y 25 compañeros de martirio. ¡Alegrémonos y demos gracias al
Señor!
El
contexto histórico
3.
La Provincia de Cataluña tuvo el Capítulo provincial del 13 al 16 de julio de
1936. Ya durante aquel Capítulo se habló de la posibilidad de que estallase
algún tipo de revuelta, con incendios de iglesias y asesinatos de sacerdotes,
como había sucedido ya en otros lugares. Se buscó el modo de poner a salvo en
casa de amigos los enseres más preciosos y los paramentos sagrados. Cada
convento, además, tenía una lista de personas cercanas a los frailes,
dispuestas a acogerlos. De manera que, al iniciarse la persecución,
inmediatamente después del estallido de la Guerra Civil, los hermanos se
dispersaron y fueron acogidos por los familiares y por los amigos. Los lugares
donde los hermanos encontraron refugio, podían dar seguridad por algunos días o
a lo más por alguna semana; eso se pensaba que pudiera durar la turbulencia, y
no ciertamente por dos años y medio, que era cuanto iba a durar la
clandestinidad y la persecución y la caza a quien fuera sacerdote o religioso.
4.
No fueron las autoridades de la República quienes persiguieron a los
religiosos. En aquellos primeros meses de guerra, la retaguardia republicana
permaneció bajo el poder de los comités revolucionarios anárquicos, que se
hicieron dueños de la calle sin que nadie se lo impidiese. Nuestros hermanos,
en general, habían mantenido siempre una actitud dialogante con la República.
Además, en Cataluña eran particularmente amados por su sintonía con "la
Renaixença", el movimiento de redescubrimiento y revalorización de la
identidad catalana de fines del s. XIX y principios del s. XX. Sin embargo,
precisamente esto constituyó un agravante para algunos revolucionarios, los
cuales consideraban la misma República y el amor a la propia tierra y cultura
como características burgueses que debían ser erradicadas como la religión.
5.
La persecución no fue simplemente obra de personas no controladas. Había
instrucciones bien precisas para buscar y suprimir a los religiosos. Se
hicieron pesquisas en muchas casas privadas. Algunos de estos mártires tuvieron
que huir de una a otra casa, sin poder hallar un refugio seguro. En el caso de
fr. Martín de Barcelona, historiador que había estudiado en Lovaina y era autor
de estudios sobre san Francisco y Raimundo Lulio, los revolucionarios
detuvieron a toda su familia y, bajo amenaza de muerte, obtuvieron que los
familiares revelaran donde se encontraba. Otros, como fr. Vicenç de Besalú,
tuvieron que dormir al raso durante muchos días.
6.
He aquí el elenco de los hermanos capuchinos de los cuales se ha reconocido el
martirio y serán beatificados:
P.
Frederic de Berga (Martí Tarrés Puigpelat)
P. Modest de Mieres (Joan
Bover Teixidó)
P.
Zacaries de Llorenç del Penedés (Sebastiá Sonet Romeu)
P.
Remigi del Papiol (Esteve Santacana Armengol)
P.
Anselm d'Olot (Laurentí Basil Matas)
P.
Benigne de Canet de Mar (Miquel Sagré Fornaguera)
P.
Josep de Calella de la Costa (Joan Vila Colomé)
P.
Martí de Barcelona (Jaume Boguñá Casanova)
P.
Rafael Maria de Mataró (Francesc de Paula Soteras Culla)
P.
Agustí de Montclar de Donzell (Josep Alsina Casas)
P.
Doroteu de Vilalba dels Arcs (Jordi Sampé Tarragó)
P.
Alexandre de Barcelona (Jaume Nájera Gherna)
P.
Tarsici de Miralcamp (Josep Vilalta Saumell)
P.
Vincenç de Besalú (Julià Gebrat Marcé)
P.
Timoteu de Palafrugell (Jesús Miquel Girbau)
Fr.
Miquel de Bianya (Pelai Ayats Vergés)
Fr.
Jordi de Santa Pau (Manuel Collellmir Senties)
Fr.
Bonaventura de Arroyo Cerezo (Tomás Díaz Díaz)
Fr.
Marçal del Penedès (Carles Canyes Santacana)
Fr.
Eudald d'Igualada (Lluís Estruch Vives). El más joven, tenía sólo dieciocho
años
Fr.
Paciá Maria de Barcelona (Francesc Maria Colomer Presas)
Fr.
Ángel de Ferreries (Josep Coll Martí)
Fr.
Cebrià de Terrassa (Ramon Gros Ballvé)
Fr.
Eloi de Bianya (Joan Ayats Plantalech)
Fr.
Prudenci de Pomar de Cinca (Gregori Charlez Ribera)
Fr.
Félix de Tortosa (Joan Bonavida Dellà).
Conozcamos
más de cerca a algunos de estos hermanos.
7.
Fr. Frederic de Berga, que es el primero en la lista, había sido guardián,
misionero en América Central y Provincial por un trienio. El Obispo de Vic
había dicho de él que era el predicador más apostólico que había en su diócesis.
Al principio de la revolución era guardián en el convento de Arenys. Después de
esconderse algunos días por los montes, llegó a Barcelona y participó
activamente en la red clandestina de la Iglesia que se estaba formando. Poco
antes de la muerte, en febrero de 1937, calculaba haber distribuido, siempre
con peligro de la vida, cerca de 1200 comuniones. Celebraba la Eucaristía en
casas privadas, donde se reunían pequeños grupos de fieles, haciendo uso del
permiso dado por la Santa Sede de celebrar sin ornamentos ni vasos sagrados.
Fue descubierto durante una pesquisa en la casa donde había sido acogido.
8.
Fr. Eloy de Bianya es quizá la figura más amada de todo el grupo de los
mártires. Era hermano portero del convento de Sarriá. El padre de un fraile
actual, que lo conoció, había dicho de él que era "el hombre que me ha
hablado menos y me ha comunicado más". Estuvo acogido en la casa del señor
Maurici Serrahima, vecino al convento, el cual en sus memorias ha dejado esta
bellísima descripción: "Mucho se ha hablado de fr. Eloy, y con razón. (…)
Tenía en el rostro una sonrisa buena y al mismo tiempo dulcemente irónica. (…)
Era una figura de hombre agradable de ver y de tener cercano. Las simpatías que
había despertado en la portería del convento eran inmensas, y todos lo
conocían. Sonreía y sabía gastar una broma cuando era oportuna. Pero en él
debía haber una vida interior muy intensa, de la cual tenía que provenir el
equilibrio en todo. No molestaba y no hacía ruido. No hablaba si no le
hablaban. Y cuando hablaba, lo hacía con una suavidad que deseaba ser solo
discreta y muchas veces resultaba impresionante. No una palabra de lamento ni
de protesta. Durante su permanencia en nuestra casa, nunca habló de venganza,
incluso tampoco de hacer justicia. 'Estos hombres (decía, refiriéndose a
aquellos que se habían lanzado a la locura de los incendios y de los
asesinatos) son buena gente. Han sufrido mucho, han pasado por estrecheces y
humillaciones. Estoy seguro de que han sido fieles a su mujer, han luchado por
su familia. Lo que están haciendo ahora es la primera maldad que cometen. Y lo
hacen porque están convencidos de que así mejorarán el destino de los pobres.
Los encontraremos en el cielo…'. No aseguro que haya dicho literalmente estas
palabras. Pero que era esto lo que significaban cuando me hablaba". Fr.
Eloy fue arrestado en la estación del tren junto a otros tres frailes cuando
pretendía dirigirse a su país natal.
9.
Entre los jóvenes estudiantes asesinados se puede destacar a fr. Marçal de
Villafranca, el más joven de cuatro hermanos frailes. Tenía 19 años. Después de
dos pesquisas de los revolucionarios que estaban buscando a sus hermanos
mayores, la familia decidió trasladarse a otro barrio, pero una vecina los
siguió y los denunció al comité de zona y lo arrestaron. Saludando a su madre,
dijo: "Mama, no sufrir por lo que me pueda pasar. Mi conciencia está en
paz con Dios".
10.
Fr. Modest de Mieres y fr. Ángel de Ferrieres eran un anciano teólogo y un
joven hermano laico que se refugiaron en la casa de otro hermano, cercana al
convento de Sarriá. La casa fue sometida a varias pesquisas, durante las cuales
ellos se hicieron pasar como parientes de la familia. Fr. Ángel habría podido
escapar, pero no quiso abandonar a fr. Modest y a otro hermano, enfermo en cama.
Fr. Modest compuso una oración que recitaban juntos todos los días: "En
este momento y ciertamente en la hora de la muerte, si no me encontrara en
circunstancias convenientes, con la ayuda de la divina gracia que humildemente
confío que me concederéis, acepto, oh Dios mío, voluntariamente, con todo el
placer, humildemente y de todo corazón, aquella muerte que queráis enviarme.
Cualquiera que ella sea, uno mi muerte a la muerte santísima de nuestro Señor
Jesucristo, que en este momento se está renovando en el santo sacrificio de la
Misa, y así unida os la ofrezco, oh Dios mío, suplicándoos humildemente que os
dignéis aceptarla benignamente, no obstante mi bajeza y miseria, en unión con
la muerte de nuestro Señor Jesucristo, para la remisión de todas mis culpas y
pecados, y de las culpas y pecados de todos los hombres". Finalmente,
denunciados por algunos vecinos, fueron arrestados y asesinados en las
cercanías del convento.
11.
Algunos de los nuevos mártires fueron misioneros: fr. Anselm d'Olot y fr.
Benigne de Canet habían estado en el Caquetá (Colombia); fr. Zacaries de
Llorenç terminó sus estudios en Pasto (Colombia) y fue ordenado sacerdote en
Bogotá; fr. Remigi de Papiol estuvo en Manila (Filipinas), en el vicariato de
Bluefields (Nicaragua) y en Costa Rica; y fr. Frederic de Berga estuvo en Costa
Rica.
12.
De los 26 que son beatificados en esta ocasión, 17 murieron entre julio y
agosto. Luego la persecución comenzó a perder intensidad. El último en morir
fue fr. Frederic de Berga el 16 de febrero de 1937. En mayo de 1937 el gobierno
de la República tomó el control de la situación de Barcelona y prácticamente
cesaron los asesinatos. No obstante, la Iglesia continuó viviendo en la
clandestinidad hasta el fin de la guerra en 1939.
El
papel de familiares y amigos
13.
Juntamente con el heroísmo de los mártires, hay que resaltar el de las familias
que acogieron en sus casas, con peligro de la propia vida, a ellos y a otros
que sobrevivieron a la persecución. Hubo casos de personas asesinadas por haber
acogido en sus casas a un sacerdote o a un religioso, sin embargo no sucedió
esto entre aquellos que acogieron a nuestros hermanos. En algunos casos
ciertamente fueron arrestados algunas horas o días miembros de las familias que
los habían acogido, pero al fin fueron siempre liberados. En un primer momento,
estas familias fueron de personas muy cercanas a los conventos. Pero en seguida
se debió recurrir a otros amigos o amigos de amigos, los cuales también
generosamente se prestaron a dar acogida, por amor a los hermanos y a la
Iglesia, conscientes también del riesgo que ello comportaba. A veces en las
familias se enseñó a los niños de la casa a llamar al fraile "abuelo"
o "tío" cada vez que entraba algún desconocido. Se dio un caso en que
un dirigente anárquico tomó bajo su protección a un fraile que había sido
arrestado por el simple hecho de estar rezando discretamente el rosario en un
lugar público.
Dispuestos
a donarse hasta el fondo
14.
Estos nuestros hermanos eran conscientes de lo que podía sucederles. Buscaron
protección aquí y allá, recordando cuanto afirma Jesús en el Evangelio de Mateo
(10,23): "Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra", pero cuando
el momento de la prueba se presentó de modo serio, ellos no se tiraron atrás y
dieron el testimonio supremo. Me pregunto si nosotros hoy como hermanos
capuchinos tenemos la misma convicción y disponibilidad para dar, si fuera
necesario, nuestra vida por Cristo, caso de que tuviera que presentarse lo que
Hans Urs von Balthasar llamaba: "El caso serio" (Cordula oder der
Ernstfall, Johannes 19874).
15.
Me parece justo proponeros esta pregunta, porque todos corremos el peligro
denunciado por San Francisco en la VI Admonición:
"Reparemos
todos los hermanos en el buen Pastor, que por salvar a sus ovejas soportó la pasión
de la cruz. Las ovejas del Señor le siguieron en la tribulación y la
persecución, en el sonrojo y el hambre, en la debilidad y la tentación, y en
todo lo demás; y por ello recibieron del Señor la vida sempiterna. Por eso es
grandemente vergonzoso para nosotros los siervos de Dios que los santos
hicieron las obras, y nosotros, con narrarlas, queremos recibir gloria y
honor".
16.
Alegrémonos por el don de esto 26 nuevos mártires que la Iglesia proclama, y
con la intercesión de la Virgen Inmaculada, Patrona de la Orden, pidamos para
nosotros, hermanos capuchinos, un renovado empeño para seguir a Cristo con
alegría anunciando la misericordia y la paz de Dios.
¡Fraternamente!
Fr.
Mauro Jöhri, Ministro general OFMCap
Roma,
4 de octubre de 2015, Solemnidad de San Francisco de Asís
fuente: Directorio Franciscano
accedida 13 veces
ingreso
o última modificación relevante: 25-1-2016
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=5046
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