Beata Cristina Camozzi, viuda
fecha: 13 de febrero
n.: 1435 - †: 1458 - país: Italia
otras formas del nombre: Cristina de Spoleto
canonización: Conf. Culto: Gregorio XVI 1834
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1435 - †: 1458 - país: Italia
otras formas del nombre: Cristina de Spoleto
canonización: Conf. Culto: Gregorio XVI 1834
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Spoleto, ciudad de la Umbría, beata
Cristina (Agustina) Camozzi, la cual, muerto su esposo, cedió por un tiempo a
la concupiscencia de la carne, pero recuperada de nuevo la fe, escogió una vida
penitente e ingresó en la Orden Secular de San Agustín, donde se distinguió por
su entrega incesante a la plegaria y por el servicio a enfermos y pobres.
oración:
Oh Dios, que no quieres la muerte del
pecador, sino que se convierta y viva; haz que, también nosotros, siguiendo el
ejemplo de la beata Cristina, demos frutos saludables de verdadera penitencia y
conversión. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Se cuenta que Cristina pertenecía a la familia
Visconti de Milán y que fue notable por su extraordinaria precocidad religiosa.
Cuando tenía poco más de cinco años, ya llevaba vida de oración y
mortificación. Cuando tenía diez años, sus padres comenzaron a hablar de
gestionar un matrimonio para ella: ella se opuso a la idea, porque deseaba ser
monja, pero sus padres persistieron por el deseo de tener herederos. La
contienda duró dos años y sólo tenía doce, cuando dándose cuenta de que la iban
a obligar a contraer matrimonio, se escapó con una joven sirvienta. Cristina
vistió el hábito de las ermitañas de San Agustín.
Las dos jóvenes anduvieron errantes por años, sin
tener morada fija y viviendo de lo que podían. Cuando tenía unos veinte años,
Cristina fue en peregrinación a Asís. Al pasar por Espoleto, se alojó con una
santa mujer llamada Galitia. Después de visitar Asís, se encontró separada de
su amiga, que había salido de la iglesia después de hacer sus devociones,
mientras que Cristina había pasado la noche allí en oración. Al día siguiente,
Cristina buscó por todas partes a su compañera; recorrió Asís y todos los poblados
vecinos, pero fue en vano. De vuelta a Espoleto, se unió al personal de un
hospital y pasó varios meses cuidando a los enfermos. Durante todo este tiempo
nunca disminuyó sus mortificaciones, que eran un tanto excesivas. En esos días,
encontró a su antigua amiga, Galitia, quien la convenció para que permaneciera
con ella por un tiempo; mientras estaba allí, le vino a Cristina una fiebre, de
la cual murió a la edad de veintidós años. Se cuenta que por su intercesión se
obraron numerosos milagros de curación, tanto en su tumba como en otras partes.
El compendio de la historia aquí relatada está tomado
de los bolandistas del siglo diecisiete, quienes a su vez la tomaron del
historiador agustino, Cornelius Curtius, y la publicaron en el Acta Sanctorum,
febrero, vol. II. Investigaciones posteriores, sin embargo, han mostrado que es
una narración novelesca. Sin duda alguna que existió una santa penitente
llamada Cristina, que murió en Espoleto el 13 de febrero de 1458, después de
pasar tres o cuatro años en austeridades que admiran al lector moderno. Pero
esta Cristina no tenía ninguna conexión con la ilustre familia Visconti. Su
nombre era Agustina Camozzi, y era hija de un digno médico que vivía cerca del
Lago Lugano. Siendo muy joven, había llevado una vida algo desordenada y
mundana, pero murió a la edad de veintitrés años poco más o menos, después de
expiar sus pecados con la más austera penitencia.
Los hechos se han aclarado gracias a M. E. Motta en el
Boíletino storico della Svizzera italiana, vol. XV (1873), pp. 85-93. Cfr.
también la Analecta Bollandiana, vol. XIII (1894), p. 411, y XXXVIII (1920),
pp. 434-435.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 666 veces
ingreso o última modificación relevante: ant
2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=567
Beata Eustoquio Bellini, virgen
fecha: 13 de febrero
n.: 1444 - †: 1469 - país: Italia
otras formas del nombre: Eustoquio de Padua
canonización: Conf. Culto: Clemente XIII 1760
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1444 - †: 1469 - país: Italia
otras formas del nombre: Eustoquio de Padua
canonización: Conf. Culto: Clemente XIII 1760
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Padua, en la región de Venecia, beata Eustoquia (Lucrecia) Bellini, virgen de
la Orden de San Benito.

Pocas
hagiografías hay que llamen tanto la atención como la historia de la beata
Eustoquio. Es preciso poner en claro desde el principio, que su culto parece
que nunca ha recibido la aprobación formal de la Santa Sede [ver al final.
n.ETF], aunque su vida se ha escrito repetidas veces y se le honra en Padua
litúrgicamente hasta nuestros días. Su mismo nacimiento nos trae a la memoria
el lamentable período en el cual reinaban escándalos terribles tanto en el
claustro como en el mundo exterior. Fue hija de una monja que había sido
seducida por un libertino. Se cuenta que nació dentro del convento en el cual,
andando el tiempo, murió. Por orden del obispo, esa comunidad, que consentía
tales irregularidades, fue dispersada y sustituida por hermanas de una
fundación más observante. La pequeña Lucrecia (este fue su nombre de pila)
mostró en su niñez señales de ser dominada por cierto tipo de posesión extraña.
Se creía que estaba poseída del demonio. Fue enviada a la escuela de San
Prosdocimo, el convento donde había nacido, y donde su conducta fue edificante
por todos conceptos. Cuando fue un poco mayor, pidió ser admitida allí como
novicia. La mayoría de los miembros de la nueva comunidad se oponían a su
admisión, porque la historia de su nacimiento era bien conocida. Sin embargo,
con la aprobación del obispo, más adelante se le dio el hábito y tomó el nombre
de Eustoquio (como la discípula de san Jerónimo). Apenas había comenzado su
noviciado, cuando se manifestaron los síntomas más extraños. Normalmente era el
ser más apacible, obediente y bondadoso, lleno de fervor y observante de todas
las reglas, pero a intervalos frecuentes su carácter parecía sufrir una completa
transformación. Se volvía terca, grosera y sujeta a violentas explosiones de
irascibilidad. Posiblemente se debiera a uno de esos casos de doble
personalidad, que ahora conocemos por los modernos estudios psicológicos, pero
entonces se atribuía a posesión diabólica.
En
todo caso, la manera como trataban a la desgraciada joven no era muy sensata.
Cierta vez tuvo una horrible escena cuando la atacaron las más horribles
convulsiones; la novicia gritaba agudamente y hasta amenazó con un cuchillo,
cuando intentaron contenerla. Se la trató como se trataba ordinariamente a los
locos en ese tiempo, y por varios días se la tuvo amarrada a un pilar. Durante
estos paroxismos, que recurrían de tiempo en tiempo, parece que algunas veces
ella misma se hacía daño gravemente, lo cual se decía era causado por el
demonio que la poseía. Aunque luego siguió un período de calma, todavía se
miraba a Eustoquio con hostilidad y sospecha, y cuando la abadesa cayó enferma
de una dolencia que los doctores no podían explicarse, se creyó que Eustoquio
la había envenenado con prácticas diabólicas o de magia, en venganza por
haberla tenido amarrada. La noticia de lo que estaba sucediendo se esparció por
la población. Se reunió la multitud alrededor del convento, gritando que se la entregaran
para quemarla por bruja. El obispo decidió que debía quedar presa en una de las
celdas, sin darle nada más que pan y agua, tomando este alimento un día sí y
otro no. Parece que este procedimiento duró por tres meses. Afortunadamente la
abadesa se restableció, pero a pesar de los esfuerzos de su confesor, que
declaró que Eustoquio era completamente inocente, el resentimiento de la
comunidad contra ella era tan fuerte, que era tratada como una proscrita. Nadie
le hablaba ni tenía que ver nada con ella. Se hicieron esfuerzos para
persuadirla a que abandonara el convento por su propia voluntad, porque todavía
no había hecho ningún voto. Se le prometió ayuda amistosa y una dote si
aceptaba un marido, pero Eustoquio, cuando estaba en sus cinco sentidos, creía
que Dios la había llamado para servirlo como religiosa y se negó a consentir.
Por
mucho tiempo, los paroxismos volvieron a presentarse a intervalos. Cuando tenía
estos ataques, Eustoquio, causando horror a las hermanas, subía a una viga en
lo alto del techo, donde un paso en falso hubiera significado su instantánea
perdición. En algunas ocasiones, dicen que era levantada en el aire y después
dejada caer como una piedra; se la encontraba en su celda despojada de todas
sus prendas de vestir, con señales de violencia en el cuello y en sus miembros;
tomaba un cuchillo y se hacía cortaduras, lo cual le hacía perder grandes
cantidades de sangre; pero tan pronto como estos espasmos pasaban, se volvía la
misma criatura dulce y obediente y que no guardaba ningún resentimiento,
dispuesta a sacrificarse en cualquier obra de caridad por los que la trataban
tan duramente. Con el tiempo, después de cuatro años, se le permitió hacer sus
votos, y gradualmente se ganó la buena voluntad y de hecho, la reverencia de sus
compañeras monjas. Pasó sus últimos días en cama, con muchos sufrimientos
físicos, y murió a la edad de veintiséis años, el 13 de febrero de 1469.
Al
preparar su cuerpo para sepultarlo se encontró el nombre de Jesús cauterizado,
aparentemente, sobre su pecho. Se dice que se siguieron muchos milagros y que
del lugar de su sepultura salía una fragancia celestial. Tres años y medio más
tarde, por orden del mismo obispo que había tenido parte en su cruel prisión,
su cuerpo fue trasladado a un sitio de descanso más honroso. Aunque la habían
enterrado sin ataúd, se encontró su cuerpo perfectamente incorrupto, como si lo
acabaran de depositar en la tumba.
Pese
a su apariencia fantástica, esta historia parece basarse en una buena evidencia
contemporánea. Pedro Barozzi, que en 1487 llegó a ser obispo de Pádua donde
dieciocho años antes Eustoquio había terminado sus días, compiló y publicó un
breve ensayo. Posteriormente, se imprimieron biografías más completas por G. M.
Giberti (1672) y por G. Salió (1734); pero la más digna de confianza, sin duda,
es la del bien conocido historiador jesuita Giulio Cordara, que primero
apareció en 1765. Cordara explica que basó su historia en la relación de un
manuscrito, redactado por el sacerdote Jerónimo Salicario, quien era confesor
de la comunidad durante todo el tiempo de la residencia de Eustoquio como monja
y que había seguido personalmente el proceso. Esta relación todavía se
conservaba en San Prosdocimo y se la confió al P. Cordara con motivo de su
biografía.
Puede
encontrarse una relación más detallada de la que aquí presentamos, en The
Month, de febrero, 1926, titulada Una Cenicienta del Claustro, por el P.
Thurston. Nota sobre la aprobación del culto: Según señala Antonio
Borrelli en Santi e beati, el culto fue aprobado para Padua por el papa
Clemente XIII en 1760, y se hizo extensiva la aprobación en 1767 para todos los
estados de la República de Venecia. Es verdad que algunas veces esas
"aprobaciones" no han sido del todo formales, y puede ser que tengan
razón tanto el Butler como Borrelli; pero lo cierto es que en la actualidad
está inscripta en el Martirologio Romano, por lo que no hay duda que goza de
cierto grado de admisibilidad.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 645 veces
ingreso
o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=568
No hay comentarios:
Publicar un comentario