San Francisco Régis Clet, presbítero
y mártir
fecha: 18 de febrero
n.: 1748 - †: 1820 - país: China
canonización: B: León XIII 27 may 1900 - C: Juan Pablo II 1 oct 2000
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1748 - †: 1820 - país: China
canonización: B: León XIII 27 may 1900 - C: Juan Pablo II 1 oct 2000
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
el lugar de Wuchang, en la provincia de Hubei, en China, san Francisco Régis
Clet, presbítero de la Congregación de la Misión y mártir, que durante treinta
años, y en medio de grandes dificultades, anunció en aquellos lugares el
Evangelio, pero denunciado por un apóstata, después de una larga cautividad fue
estrangulado por su condición de cristiano.
refieren a este santo: Santos Agustín
Zhao Rong, Pedro Sans i Jordá, obispo y compañeros, San Juan Gabriel
Perboyre
Ver más información en:
Mártires de la evangelización de China (ss XVII - XX)
Mártires de la evangelización de China (ss XVII - XX)

San Francisco Régis Clet nació en
Grénoble, Francia, en 1748, y a los veintiún años entró en la Congregación de
la Misión (Lazaristas). Tras un corto período de profesorado de teología en
Annecy, el P. Clet fue maestro de novicios en Saint-Lazare de París, en 1788.
En la turbulenta época de la Revolución, resultaba difícil enviar regularmente
misioneros al Lejano Oriente. En 1791, se presentó la oportunidad de conseguir
pasaje para dos misioneros a la China; como uno de ellos se encontrase en la
imposibilidad de partir, el P. Clet le sustituyó gustoso.
Desembarcó
en Macao, y desde allí consiguió introducirse en el Imperio, después de vencer
muchas dificultades. Sería largo describir todos los obstáculos que el P. Clet
debió superar en cerca de treinta años que pasó en China. Aparte de la
dificultad del idioma, que nunca pudo dominar del todo, pues había empezado a
aprenderlo a los cuarenta años; el distrito que le tocó en suerte despertaba la
suspicacia del emperador, por haberse mostrado desafecto a la corona y aun
rebelde. Los soldados hacían allí frecuentes inspecciones. Durante largos
períodos, la vida del misionero fue como la que describe la Epístola a los
Hebreos: «anduvieron errantes, vestidos con pieles de corderos y de cabras,
faltos de todo, angustiados y afligidos» (11,37). Los pocos sacerdotes que
había en la vasta provincia de Hu-Kuang murieron o cayeron en manos de los
perseguidores. El P. Clet vivió tres años absolutamente solo. Las
comunicaciones eran muy difíciles y muchas de sus cartas a sus superiores en
Europa se perdieron. La salud del misionero se quebrantó a causa del clima y
las terribles penurias. Los escasos cristianos del lugar le querían mucho y él
tuvo el consuelo de presenciar, repetidas veces, la extraordinaria constancia
de sus hijos frente a los peores tormentos y brutalidades.
En
1818, empezó un período de persecución más seria. Cierta mañana, se produjo en
Pekín un fenómeno extraño e inexplicable que oscureció durante algunas horas el
cielo luminoso y limpio. El emperador se alarmó y, aunque hasta entonces había
sido tolerante con los cristianos, se dejó persuadir por algunos malos
consejeros de que las divinidades locales estaban encolerizadas y había que
suprimir las religiones extranjeras. Se publicó, pues, un decreto que afectaba
a una enorme región. El P. Clet logró al principio escapar de los
perseguidores; pero al fin, por la maldad de un pagano que quería vengarse de
un convertido, y por la traición de un cristiano que entregó al misionero por
1000 taels, cayó en manos de sus enemigos.
Hubo
de soportar la flagelación, el encierro en un calabozo solitario, el hambre, la
sed y otras horribles formas de tortura, particularmente crueles tratándose de
un hombre de su edad, ya que tenía en ese momento más de 70 años. La firmeza de
sus respuestas provocaba la cólera de los jueces, que a menudo ordenaron a los
soldados que le abofetearan, hasta que finalmente le condenaron a ser
estrangulado. Este suplicio no se practicaba ahí en la forma ordinaria, sino
que se aflojaba la cuerda, cuando la víctima perdía el conocimiento, hasta que
lo recobraba de nuevo. Así se hizo dos veces con el P. Clet, que exhaló el
último suspiro cuando los verdugos apretaron la cuerda por tercera vez. El
sitio de su martirio fue Wu-Chang-Fu, frente a Hankow, la capital de Hupeh. Era
el 17 de febrero de 1820.
Artículo
extraído del dedicado a los Mártires de China de fecha 17 de febrero, cuya
bibliografía se refiere sobre todo al conjunto de los santos de esa celebración
(beatos en época de la edición). El sitio dedicado a los santos vicencianos «Somos Vicencianos» trae una amplísima colección de
cartas del santo traducidas al castellano, así como diversos escritos
biográficos que abarcan con mayor amplitud cada una de las etapas de su vida.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 1059 veces
ingreso
o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=620
No hay comentarios:
Publicar un comentario